
En esta ocasión, el último día que estuve en Medellín pude conocer El parque del Periodista, guiado por Victor y su amiga Soledad, los cuales cumplían su rol respectivo de Virgilio y Beatriz en una zona de la ciudad por mí desconocida.
El pequeño parque se trata del lugar suburbano por excelencia de las ciudades y pueblos donde se reúnen las distintas tribus, los jóvenes convergen alrededor del gusto por las drogas y tanto traquetos como proxenetas desarrollan sus actividades con relativa libertad, alrededor de una policía que sólo interviene en los casos necesarios.
En el libro LAS SIAMESAS ASESINAS, Rubén Vélez presenta a manera de pieza teatral el diálogo reiterativo y oscilante entre dos maricas maduros y fracasados que recorren los mismos lugares eternos de una ciudad asfixiante en la búsqueda de la realización de un deseo que ya les repele, excluyéndolos del discurso imperante del placer y situándolos en la dolorosa realidad de lo indeseable.
A continuación reproduzco la recreación que hace Marco Esteban y Sergio Alonso, coproantagonistas de la novela-teatro de Vélez, del Parque del Periodista en cuyos alrededores pueden despreciar las diversas especies que lo recorren:
EL PARQUE DEL PERIODISTA
MARCO ESTEBAN: Oh libertad que perfumas las montañas de mi tierra, deja que aspiren mis hijos tus perturbadoras esencias...
SERGIO ALONSO: No nos hagamos ilusiones, que este parque no huele a Eleusis. Seguiremos en las mismas, eso sí, un poco menos tensos.
MARCO ESTEBAN: Islas libertarias que huelen a semen, islas libertarias que huelen a mierda, islas libertarias que huelen a yerba... Y después dicen que la ciudad de la eterna primavera y la eterna tiradera ya no es habitable.
SERGIO ALONSO: Lástima que estos muchachos prefieran la traba a la trabazón de los cuerpos.
MARCO ESTEBAN: ¿Hemos venido a aspirar o a suspirar? Creo que la pasaríamos mejor si sólo pensáramos con los pulmones.
SERGIO ALONSO: Huy, hermano en la cannabis, si no fuera porque tienes un no-sé-qué de caníbal, me sentiría en un mundo cabal... Huy, hermano, hoy me siento raro; en vez de sembrar cizaña, me ensaño con un manojo de yerba maldita.
MARCO ESTEBAN: Cuando yo tenía la edad de estos alienígenas, me trababa a punta de libros; y claro, cogí fama de intelectual, y a veces me invitaban a encuentros cercanos con la profundidad y la trascendencia. Uno de los círculos sublimes que más frecuenté se llamaba "Grupo de Prospectiva Medellín 2000". Ahora caigo en la cuenta de que no adivinamos ni una: no hay ningún parecido entre la ciudad de postal que imaginamos hace treinta años y la ciudad de cartel de hoy día.
SERGIO ALONSO: ¿Ni siquiera aparecieron en tu bola de cristal los treinta bares, los diez saunas y las cinco discotecas donde podrías encontrar la felicidad? ¿Ni siquiera adivinaste los círculos donde te tocaría esperar a Godot todas las noches?
Vélez, Rubén. LAS SIAMESAS ASESINAS. Transeúnte Editor. Medellín, 2004.
SERGIO ALONSO: No nos hagamos ilusiones, que este parque no huele a Eleusis. Seguiremos en las mismas, eso sí, un poco menos tensos.
MARCO ESTEBAN: Islas libertarias que huelen a semen, islas libertarias que huelen a mierda, islas libertarias que huelen a yerba... Y después dicen que la ciudad de la eterna primavera y la eterna tiradera ya no es habitable.
SERGIO ALONSO: Lástima que estos muchachos prefieran la traba a la trabazón de los cuerpos.
MARCO ESTEBAN: ¿Hemos venido a aspirar o a suspirar? Creo que la pasaríamos mejor si sólo pensáramos con los pulmones.
SERGIO ALONSO: Huy, hermano en la cannabis, si no fuera porque tienes un no-sé-qué de caníbal, me sentiría en un mundo cabal... Huy, hermano, hoy me siento raro; en vez de sembrar cizaña, me ensaño con un manojo de yerba maldita.
MARCO ESTEBAN: Cuando yo tenía la edad de estos alienígenas, me trababa a punta de libros; y claro, cogí fama de intelectual, y a veces me invitaban a encuentros cercanos con la profundidad y la trascendencia. Uno de los círculos sublimes que más frecuenté se llamaba "Grupo de Prospectiva Medellín 2000". Ahora caigo en la cuenta de que no adivinamos ni una: no hay ningún parecido entre la ciudad de postal que imaginamos hace treinta años y la ciudad de cartel de hoy día.
SERGIO ALONSO: ¿Ni siquiera aparecieron en tu bola de cristal los treinta bares, los diez saunas y las cinco discotecas donde podrías encontrar la felicidad? ¿Ni siquiera adivinaste los círculos donde te tocaría esperar a Godot todas las noches?
Vélez, Rubén. LAS SIAMESAS ASESINAS. Transeúnte Editor. Medellín, 2004.





















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