Thursday, August 30, 2007

Como todos los últimos días, salí de mi casa y me adentré en el barrio con el fin de ganar tiempo para llegar a la avenida y allí coger el bus que más me acercara al video, sitio en el cual me encuentro trabajando desde hace unos 15 días. Paso por el parque y después del parque por la casa amarillenta que hace de ancianato para muchos cadáveres que esperan allí su definitivo reposo. Es la hora en que toman el sol del mediodía y sus cabezas canas irradian una insoportable muerte detrás de la reja que los separa definitivamente del mundo. Me detengo, como impulsado por un secreto deseo de quedarme a reposar con ellos, y veo como un viejo se recuesta apesumbrado sobre las piernas de una enfermera opaca como una lápida. Creo que el viejo va a echarse a llorar o es el momento de su muerte, o tal vez ambas. La enfermera me mira con una leve sonrisa y hace con la cabeza un gesto de "no es nada". Yo quiero saludar a los viejos y les digo: buenos días! Ninguno se voltea a verme, apenas una que hace pucheros con su arrugada boca. Pero ninguno contesta y es lo que me hace sentir peor porque considero como si yo fuera la muerte la que los estuviera saludando con un cínico: buenos días. Y pienso en la canción que me cantaba la golden dawn, a ritmo de una siniestra salsa: Luis es la muerte, Luis es la muerte, la muerte es Luis. A mí me asustaba que me cantaran esa canción y no necesitaba más cerveza para sentirme más borracho, en ese momento ya no podía responder por mí, detrás y en medio de esa horrible canción que me cantaba la golden dawn como si yo ya no necesitara morir porque era la muerte misma bailando y jugando a que vivía.

Abrí el local como es costumbre. Prendí los tacos de la luz, encendí las noticias y el computador. Puse el aviso "vuelvo en 5 minutos" y cerré el local. Fui hasta cafam, allí hice tiempo, sentí que la gente pasaba por encima mío; a pesar de que eran considerablemente más bajos que yo, pasaban como por encima mío. La impulsadora de cerveza águila era una chica guapa con un gesto de trauma en medio de sus ojos que me penetró como una aguja en el corazón y me hizo sentir la depresión en el supermercado. Esa sensación de futilidad, de esencial insustancialidad del mundo a través de un corredor exageradamente alumbrado y los productos como anos cagando aplastando nuestros rostros que se oscurecen detrás de los productos y los menos favorecidos desde abajo agarrando los talones, obligando a que también pasemos por encima de ellos y por encima las grandes marcas cagando sobre nuestros ojos. La gente en los supermercados hincha el pecho y atropella con sus carritos de mercado al igual que lo hacen con sus verdaderos coches y los niños gritan endemoniados porque quieren el último cereal que han visto desde sus televisores y los hombres sólo parecen estar atentos a los culos que aparecen y desaparecen detrás de los corredores, como si se tratara de otro mercados de acciones que hay que adquirir, sólo que éste parece más interesante, este mercado de culos y conchas, porque ofrece las mejores ofertas al servicio de la carne sucia que hay que satisfacer porque ya todos debajo de esa horrible luz fuorescente han defecado y quieren volver otra vez a comer para volver a sentir la terrible sensación de vacío que es volver nuevamente a cagarnos a nosotros mismos. Una coca-cola y unos chicles por favor. En ese par de productos masco y sorbo la angustia del tiempo que pasa por encima y por debajo y por dentro de mí mientras rento videos comerciales con los cuales otra gente puede mascar y sorber sus propias vidas.

El trabajo de alquiler de videos se puede considerar como un trabajo básico, a prueba de idiotas, pero incluso como idiota creo que no he logrado superar la prueba. Los primeros días temblaba terriblemente, las cosas se me escapaban de las manos, todo parecía ponerse en contra mío. La mecánica extremadamente sencilla de las azetas con las que se lleva el registro de inscripciones y rentas no hacía sino darme malas pasadas. El primer día de estar completamente a cargo del local demoré unos 40 minutos intentando volver a conectar el aro que cierra los libros azetas. Si no fuera por la ayuda que me socorrió el celador no hubiera podido por mi propia cuenta. Aprendí que las azetas tenían una técnica muy primitiva a partir de una palanca que hasta el momento ignoraba su existencia. Me sentía embarazado de mi propia incapacidad práctica para las cosas sencillas y consideré seriamente la posibilidad de declararme incapacitado mental.

(párrafo perdido o borroso por estar mojado de lágrimas)
...Incluso los que deploran el mapa y se dejan el pelo largo y comen chitos en las conferencias y se hacen llamar los enfant terribles de los mongólicos, incluso ellos adoran el mapa y se contemplan y son contemplados dentro del mapa, porque al mapa le encanta que exista gente que revele su condición de mapa, así sea por negación, para desplegar con toda furia su inmanencia emancipada ante la cabeza de los fraudes y los idiotas.

Me encontraba sentado, a punto del sueño, agotado de mí mismo y de todo, queriendo ser electrónico, deseando volverme una ecuación binaria, añorando reducirme y agrandarme en un algoritmo matemático inexacto. Entra la misma anciana de todos los días ofreciéndome empanadas o arepas de queso. La verdad es que me alcanza el olor de los alimentos y mi estómago responde. Pero la mujer me da asco, me repele y le respondo con displicencia gentil que por hoy no. Vuelvo de nuevo a los sueños cibernéticos de verme como un robot frío y servil, arrinconado en un rincón, sin lágrimas e inmaculado como un artificio místico. Robo-Luis. La robótica de Luis: curso técnico para su integración con el sistema D.O.S. Programación de artefactos Luis y la manera de desconfigurar sus potenciales tanáticos para un mejor rendimiento. KYBER-LUIS-LEXICON #1. DummyLuis para Dummies.

Me despierta un infrahombre de lo peor que he presenciado en los últimos días. Venía con galletas de panela sobre los hombros. Al ofrecérmelas brilla la ausencia de dientes superiores y los que le rodean son grandes ruinas negras y agujereadas. Me interesa el individuo y busco entablar conversación con él, pero sin darme cuenta él ya está hablando de nuevo. Sólo puedo observarlo con un interés cercano al asco y la excitación sexual. Como si estuviera contemplando el rancio culo de una bruja vulgar y asesina. Me detengo a ver su bigote y descubro que lo miro con tanto asco como me he sorprendido tantas veces frente al espejo. Un asco tan desproporcionado que es imposible agotar jamás. No logro comprender por un rato lo que dice. Otra vez esa sensación horrible de ser un idiota. Y lo que más me sorprende al instante es la manera demoníaca en que dobla para abajo su muñeca, como agarrando una esfera imaginaria desde arriba, y pone al descubierto detrás de sus huesudos dedos unas horribles uñas larguísimas y amarillas como de bestia o de demonio. Me embargan entonces todas esas películas de terror barato y las historias más increíblemente idiotas que se escuchan en el camino y siento que me ha visitado un mismísimo duende al negocio para arrinconarme y chuparme toda la sangre del cuello. Escenas de horror y violencia me embargan en el rincón en el que soñaba y entonces algo parecido a la intimidación me obliga a escuchar con más detención las palabras soeces que el idiota se esmera en expresarme.
"Esa programación del canal uno sí es viejísima" Encuentro que me dice.
"Si todavía dan automan y la mujer biónica" Ahora sí no entiendo nada.
"Sabe cuál es la mujer biónica? Una que salta así:" Y otra vez ese horrible gesto con la mano, revelando satánicamente esos dedos ávidos de sangre y terror. Pero sin ninguna intención de asustar, el idiota sólo me está enseñando la manera en que la mujer biónica salta y yo soy presa del terror, estoy paralizado del susto y el idiota vuelve a hacer ese terrible gesto:
"Y salta así:" Y otra vez siento que me va a saltar sobre la cabeza con esos asquerosos dedos amarillos y recreo escenas increíbles de los cinemas. Quedo inmóvil, paralizado, retado y desconcertado. Trato de mantenerme natural para no generar sospechas del idiota pero ya es demasiado evidente que estoy muerto del susto. El idiota infrahumano ríe como he visto reir cienmil veces a drácula y me pregunta si en serio no pienso comprarle sus galletas. Ahora sí que es en serio, no pienso comprarle nada. Me observa un rato con atención, tal vez comparta el mismo interés por las figuras deformes de mi rostro que la que yo siento por las suyas, y se despide.

Un hombre de aproximadamente 90 años llega al local, se queda un buen ratote apreciando película por película, le saludo y como dicen "me pongo a su servicio", me ignora, sigue absorto, yo lo sigo con la mirada no vaya y robe una carátula, finalmente se me acerca y me pregunta si no tengo una película más fuertecita. Le entrego el catálogo de películas para adultos y me hago el desprevenido, pero estoy más atento a él que nunca. Repasa cada hoja de cada película en su cabeza, hace pucheros similares al de la única anciana que reparó en mi existencia al mediodía en el ancianato, las saborea en su cabeza y decide que yo deba guardar ese catálogo. Vuelve de nuevo a la inspección rigurosa de las películas en los mostradores. Al cabo de un rato vuelve otra vez a mí, esta vez con una película en su mano. La ojeo aparentando desinterés y veo que se trata de Virgen a los 40. Se la entrego y trato de hacerle saber que esa película no es tan fuertecita como las otras, él dice que no importa, me pregunta si es drama y le digo que es comedia. El viejo se va con un paso lento y pesado. Mientras se va pienso en lo terrible que es el hecho de que en la vida lo que es drama en la ficción es comedia. La industria de los sueños se tiene que nutrir necesariamente de la industria de la desilusión y tiene que mofarse de ella necesariamente como una industria en alza que aplasta una industria en picada.

Saturday, August 25, 2007

Coyotes in Koreatown



Collateral: en un primer instante no es más que una clásica película de acción. Tal vez no sea sino eso. No obstante, la capacidad para sumergirnos en una enorme soledad cósmica - en la cual el significado de la muerte, las relaciones (sean sociales o familiares), los sueños, el sentido y la dimensión de la vida son constantemente interrogados en el intercambio de ideas entre el asesino y su instrumento- hacen de la película de Michael Mann una de las más interesantes de la primera mitad de la década del 2000.

La dirección de fotografía echa al piso todas las posturas puritanas del cine frente al video brindando, desde una cámara HD Genesis*, una propuesta estética cercana a la de Wong Kar-Wai al explotar toda la exhuberancia de colores y tonalidades que una ciudad como Los Ángeles ofrece.

Un prejuicio que siempre he tenido a la hora de ver películas tiene que ver con la música que el director escoge a la hora de montar las escenas, ya sea bien como parte esencial de la acción o sencillamente como ambientación. Una de las críticas que haría al cine nacional es que siempre escogen una música de mierda para sus películas. En cambio, directores de culto siempre aciertan con la escogencia exhaustiva de la música. El caso extremo es Woody Allen, quien siempre se esmera por recopilar las mejores interpretaciones de grandes clásicos como Schubert, Prokofiev o Satie. Pero existe otro caso de directores, que no pretenden hacer vuelos tan súblimes en sus películas, y se contentan con recopilar lo mejor de la música popular como banda sonora de sus creaciones. Es el caso de David Lynch, quien en compañía de dos grandes polos opuestos como Angelo Badalamenti y Trent Reznor, sorprendió en Lost Highway con una recopilación que iba desde una colaboración magistral de Brian Eno con David Bowie, siguiendo por Rammstein, pasando por Lou reed, llegando a Barry Adamson, cayendo en Marilyn Manson, recuperándose con Angelo Badalamenti y levantándose definitivamente con Insensatez de Antonio Jobim. Así mismo, otros grandes directores que han ofrecido magníficas bandas sonoras son Wong Kar-Wai, Quentin Tarantino, Oliver Stone y Pedro Almodóvar.

Una constante en los últimos años en las producciones norteamericanas es lo que se puede considerar un mal hábito de introducir mini-videoclips o incluso videoclips enteros en mitad de la historia. Películas como Constantine, Matrix Reloaded o Pandillas de Nueva York son buenos ejemplos de cómo ganar tiempo en pantalla introduciendo una canción en mitad de película.

Lo que yo quisiera argumentar es que, contrario a lo que sucede en estas grandes producciones cuando se introduce un video-clip, en películas independientes, o alternativas, este mismo recurso puede generar una gran ganancia para la narrativa de la historia. Recuerdo el caso de la película experimental Timecode de Mike Figgs en el 99. Una película también hecha en video, a cuatro cuadros separando la pantalla, cada cuadro contando una historia. En el momento crucial, dígamos que en el clímax de la película, en la que cada personaje parece desbordar de su ocaso en lágrimas, entra intempestivamente el pulso frenético de los beats de Single, canción de Everything But the girl. De no ser por la entrada oportuna de la canción, sólo veríamos desde una distancia incómoda una serie de personajes llorar. Gracias al inserto de video-clip de EBTG todo parece adquirir de nuevo un sentido en torno a los sentimientos deshechos de cada personaje y el clima de degeneración que Figgs es tan hábil para describir con su cámara.

En Collateral tampoco parece sobrar la escena de los coyotes deambulando temprano en la mañana en el barrio koreano. La canción de Audioslave, Shadow on the Sun, registra a la perfección la inquietud que desde un principio el asesino había planteado acerca de la soledad en las grandes ciudades: una persona muere en tren y sólo hasta los 6 días de estar allí la gente se da cuenta que está muerto. Se trata a todas luces de un video-clip, no se puede negar, pero hasta qué punto se está generando una ganancia expresiva en la narrativa de la película: hasta un punto afortunado diría yo. La luz de las primeras horas del día, las calles solitarias, las luces de los clubes que aún quedan en el barrio koreano, los rostros de asombro de los protagonistas cuando sucede lo imprevisto y lo imprevisto no es una bomba, ni sexo, ni un demonio saltando.. sencillamente dos coyotes que atraviezan la calle solitaria, como ellos dos van atravesando la noche sobrepasando la mediocridad de la vida ordinaria.

COLLATERAL(2004, Michael Mann): Disponible en MOVIESTORE 134 -10#20

* Agradecimientos a Tadeshina por los detalles técnicos.

Thursday, August 23, 2007

TRISTE Y DESASTROSA

El adelgazamiento constante de la naturaleza le generaba extensiones como de chuzos en las palmas de las manos resecas y amarillas. Había llegado a las 8 am al bar de Chucho y tras pocas cervezas necesitaba recostar su increíblemente pesada cabeza contra sus antebrazos que estaban preparados encima de la mesa. Había empapado claro está la chaqueta de paño, sin darse cuenta que otra vez había vuelto a estropear la ropa incluso recién puesta. Otra vez su mujer le diría que parecía un vagabundo, si lo volvía a encontrar como ayer en el parque Santander, caminando desvariando por un lado del edificio a otro. Ya no podía saber por qué estaba bebiendo de nuevo y por qué si su cabeza le resultaba tan abrumadoramente pesada, si estaba tan realmente agotado que ya ni su cuerpo le respondía con agrado, por qué volvía a pedirle otra cerveza a Chucho y por qué si éste le hacía mala cara no apenas llegaba y por qué si le decían idiota alrededor de toda la cantina y por qué si la hija de Chucho lo miraba con un sentimiento no menor al asco, por qué seguía yendo, por qué bebía tanto, por qué seguía empeñado en seguir muriendo de esta forma y no de otra, que tal vez le resultara menos penosa la partida? De verdad las figuras de la naturaleza no tenían nada que envidiar a los cuadros de Ernst Ludwig Kirchner. Figuras escarpadas y afiladas como brillantes navajas de acero exhibidas en un frigorífico. No tenía por qué seguir aguantando los desplantes realmente vulgares que le acometían a cada segundo no recién acababa de llegar a donde Chucho para sentir que la muerte le convendría por un buen rato. Por lo menos mientras despertaba de esta terrible melancolía que lo tenía apabullado, como un niño chiquito al que los compañeros de aula le pegan para robarle sus cuadritos de azúcar. La brutalidad del mármol blanco de un baño público le acometía como un gancho en su intestino que lo sentía en lo profundo de su cerebro como la más pura crudeza de la sangre que infectaba e inundaba esos ríos de días que requería aplastar y martillar en su cabeza en el imperativo categórico que se había vuelto chucho, el aire de chucho, el sonido de chucho... el ambiente de chucho, las energías y el licor que requería para otra vez sentir ese gancho penetrando en esos ojos obscenos que se cerraban tras el antebrazo que se apoyaba en esa mesa tan inundada de cerveza y aguardiente. Esa alegría esporádica que a veces parecía destellar del bar de Chuchito, cómo lo reconfortaba! Pero sólo era una mirada un poco más intrusiva al grupo desde el que se originaban los estallidos de carcajada y vida, para que alguno lo voltiara a ver mal y le recordara que ese no era su lugar, que esa no era su alegría, que toda esa chispa de vida que podría emerger de allí tenía su exclusividad y él no tenía ningún pase de cortesía porque les daba asco como un cerdo que chilla mientras lo decapitan con un cuchillo atravesándole la garganta en frío. Quisiera meterme una copa de aguardiente y quemarme la garganta. Por que esta historia es desastrosa. Tan desastrosa como la vida misma. Esa vida que empieza aquí, desde este punto y termina allá, sin saber dónde. Yo en la vida real no puedo pronunciar bien las palabras: triste y desastrosa: me queda muy difícil pronunciarlas pese/porque que son palabras muy hermosas. Por eso me permitiré expresarlas en este medio: Una naturaleza que era triste y desastrosa. Ahora vemos una escena que a nadie le va a parecer cómica. El viejo se ha vomitado encima de sus pantalones. Un vómito amarillo y repelente. Como una sopa de su alma, permanece ese vómito en su pantalón y él está tan profundamente intoxicado que ni se ha dado cuenta. Está dormido pero el mundo que le bordea la cabeza está despierto. Todos se han dado cuenta de esa espesura que expulsó su alma. Los que estaban más cerca se alejan, el olor es desastroso. El viejo es triste. La escena es triste y desastrosa. Alguna mujer viciosa, que se encuentra tomando licor a las 10 de la mañana, se permite participar del escándalo con su indignación. "Hagan algo" Dice. Pero nadie quiere hacer nada porque nadie quería ni siquiera hacer parte del _ que se ha revelado. Chucho se acerca y su escasa inteligencia lo escruta a patear al viejo para apartarlo de la silla. El viejo cae como en un jardín de verano perfumado junto su vieja. Y ya no se despierta, no porque esté muerto, como todos quisiéramos, incluso él, sino porque está demasiado apenado para hacerlo. La naturaleza es triste y desastrosa. Y todos hacemos parte de ella como policías voluntarios que queremos imponer la tristeza y el desastre a los otros para olvidarnos de nuestra propia tristeza y desastre. Ahora yo me iré a beber con el viejo. Porque soy tan repulsivo y asqueroso como él. Porque no es justo tratarlo en 3° persona, jamás. Ese viejo soy yo, es ese sujeto viejo, demasiado viejo, que se pudre en mi interior como un óleo descuidado de Kirchner. Eones dentro de mí que se pudren y cierran los ojos para no despertar ya, no porque estén muertos, sino por la pena y la vergüenza. APLAUSOS APLAUSOS BRAVO! BRAVO! BRAVO QUÉ MARAVILLA! HE DESCUBIERTO UNA NUEVA TEORÍA QUE COMPRUEBA TODAS MIS SOSPECHAS: Y a la vez no ha pasado nada, ni ha ocurrido nada sino hasta mi muerte, lo cuál no será otra cosa que una prolongación de una tristeza más grande. La carne ya quiere empezar a oler: suplica por supurar ese olor a podrido que se oculta: es una súplica por oler, por ser. Mi carne, no es tierna? Mi carne que todo tiene que ver con las estrellas que le precedieron, no es una ternura? Mi carne quiere desprenderse y reclamarme todo el horror de la muerte, todo el horror de la sangre, todo el horror de los pensamientos que se desprenden una y otra vez de mí, de mi injuriosa boca, de mi desastrosa mente. La dieta se avecina a nosotros como una fuerte sentencia de nuestra incorporeidad replegada en la atmósfera que debe sucumbir ante el dolor de nuestras vidas y sin embargo no sucumbe. Un beso de una boca es el beso de un culo dando un beso. Los signos de muerte son todo lo que queda para aferrarse. No más trago, no más cerveza, sólo signos de muerte por doquier.

Tuesday, August 21, 2007

Niños. Ellos vivían en apartamentos lujosos, en casas suntuosas. Sus padres tenían carros deportivos para exhibir los fines de semana y camionetas para ir al trabajo. Sus madres tenían citas al esteticista, al masajista, dos celulares y un mozo. Ellos iban a colegios costosos, algunos estudiaban en universidades privadas de prestigio porque odiaban la idea de irse a estudiar al extranjero. Niños. Ellos salían cada noche a pasear sus finos perros al parque aledaño de su conjunto residencial, de su casa en los suburbios; y convergían en el parque, lugar en el que se estrechaban la mano seguido de un lígero abrazo en el hombro; prendían un cigarrillo de marihuana y desde allí apreciaban las estrellas que no los apreciaban a ellos. Niños. Ellos apostaban a hacer barras y a cualquier cosa que pudiera hacerles olvidar del aburrimiento de estas estrellas que no los apreciaban a ellos.

Leo. Leo tenía un tumor en su cabeza. Era el fenómeno y el virgen del grupo. Ya todos habían perdido la virginidad pero Leo era el fenómeno del grupo. Para mí que Leo ardía en la luz de las estrellas cuando se encontraba solo en el parque aledaño. El primero en llegar y el último en irse: a todas luces, el que más necesitaba compañía. Pero los juegos se fueron a él como un huracán incierto y cuando menos supo estaba solo en la casa, de nuevo, pegado al computador, devorando cientos de páginas pornográficas, masturbándose y llorando, porque incluso podía correrse llorando. El sexo era una montaña inaprensible a la que se aferraba incluso si ésta se le venía encima como el efecto de una avalancha.

Lloraba. Lloraba un niño vagabundo que solía golpearse, no sé cómo y con qué, pero siempre lo encontraba llorando, con la cabeza reventada, la cara empapada en mugre y lágrimas, una boca hermosa y unos ojos negros sin esperanza. No podía decir mayor palabra, una clara dislexia ontológica le abrumaba todo su universo de niño vagabundo y no podía decir palabra. No miento si digo que lo más suave que su desesperada madre adolescente podía no decirle sino gritarle al oído sordo era: Pendejo de Mierda. Y yo me subía de hombros como si ella no le hubiera gritado al oído sordo de su hijo, sino a mi propio oído sordo: pendejo de mierda. Por que acaso yo era tan pendejo de mierda como su propio hijo disléxico que a fuerza de tantos golpes no podía decir palabra. Y para qué decir palabras, señor, para qué decirlas si es para desperdiciarlas.

Solían salir a espantar a los vecinos. Se armaban de los cuchillos alemanes que sus madres habían comprado en televentas. Se hacían de grandes chaquetas y pasamontañas. Los ojos rojos, las caras de malos de cine, los cuerpos moldeados por las barras y los gimnasios, los sexos impacientes por la novia de turno o la modelo, inalcanzable, como las estrellas, incluso para ellos, que algún día tendrían el mundo en la mano.

Tuesday, August 14, 2007

Thursday, August 02, 2007

e-mail art

Un pecado inadmisible: la pretensión.
Revisando mi correo viejo, pearllinmortal, encontré una cosa curiosa, era algo así como un borrador, no estoy seguro, también estaban las direcciones de correo de la gente que fastidiaba con mis pretensiones de escritor, pero mucha de esta gente curiosamente recibía bien estos correos. Era, sin saberlo, una especie de post artista o mail artista, en la medida, sobre todo, que lograba provocar y fastidiar al público al generar un caos en sus correos electrónicos con basura estilizada o arte basura, cuál es la diferencia: arte - basura. Pero, como lo he dicho, había curiosamente un tipo de gente que incomprensiblemente recibía con gusto estos correos llenos de diarrea mental: y en esto mi propio universo se desequilibraba, porque podía entender que la gente se irritara con mis verborreas -para nada cortas- pero que existiera gente que efectivamente le cogiera gusto y gracia a estos textos, que incluso los coleccionaran en sus ordenadores e hicieran carpetas llamadas Luis, eso desequilibraba toda mi concepción del universo. Algunos, para colmo de males, incluso se contagiaban de este bicho cibernético anti-literario extrañamente, como una enfermedad que se apoderara de los dedos con el fin de hacer arder las palabras que a uno le dolían en la pantalla y comunicárselo, en un afán de exhibicionismo exótico, a la gente que uno tenía en sus listas de correo. Así que mucha gente puso su granito de arena en generar un nuevo tipo de spam, el spam de letras etílicas que llegaban de vez en cuando en que un individuo, casi un anónimo, se desnudaba por entero en la pantalla a fuerza de palabras y oraciones, a fuerza de escribir y lo que menos importaba en el asunto era la cuestión horrible de la ortografía, no, eso era lo que menos importaba del asunto porque así como no existen cuerpos perfectos y si existen le generan asco a uno, tampoco existía una llamada "calidad alta" de los escritos y a menudo las faltas de ortografía eran mucho más que graves, pero a quién carajos le importaba si estábamos mostrando nuestro corazón?
Bueno, decía que encontré guardado uno de esos correos, que ahora no recuerdo si envié o no a la gente que tenía en mis contactos, pero que resume mucho de esta experiencia. Además, pese a las graves faltas ortográficas y el pecado mortal de la pretensión intelectual, considero que es un texto altamente elevado. Muchos de mis amigos o conocidos que me leían en esa época también concuerdan con ese criterio y me critican precisamente que haya dejado de escribir como antes, dicen que ahora escribo no mal, pero sí aburrido, que ya no soy yo en mis escritos. Mucha de esta gente ya no me lee y abandonó defraudada mis letras, sintiéndose profundamente timados. Creo que tienen absoluta razón y digo que sí, escribo mal en cuanto me cuido por no hacerlo. Lo triste es que ya no puedo escribir como esa época porque ya no soy el de esa época. O sea, en esos textos de ese entonces estaba yo. Ahora no puedo estar allí porque mis textos han cambiado como yo lo he hecho. Confieso que he intentado volver a esos viejos escritos, pero ya no es más que una ridiculez, una farsa, porque ya no siento así, ya no veo así, ya no soy así: yo no soy ese, yo no soy ese escritorucho que lloraba frente al teclado luego de llegar derrotado y obnubilado por la demencia de largas jornadas continuas de alcohol y desesperanza. Sólo esperando que se malentienda esta entrada como se quiera, reproduzco con todos los errores de ortografía, todo el horror estilístico, todo ese caos pretencioso, reproduzco ese correo que encontré hoy en mi viejo e-mail, pearllinmortal, y que no sé si finalmente envié o no, porque estaba tan borracho que no tengo la menor certeza ni siquiera de lo que escribía.

Bueno folks:

GARDEN GUARDIAN-

La noche es otra. Un barniz distinto la cubre. También las horas parecen claras y distorsionadas cuando sus ojos explotan en rojos fulgores de nostalgia y desconsuelo. Esa melancolía atípica que llevas en el seno de tu otro no dispensa de mi comprensión anómala las transacciones hormonales. Eres mi Matryshka. Una luna altanera que tienta al gato a deambular por los tejados en búsqueda de su séptima oportunidad. Y te lovo. Y nunca te agarro porque a cada instante te pierdes de ti misma. Te resuelves entre pequeña y gigante, te deshaces misteriosa y real. >Mi desquebrajado rostro en tus ojos, mis trémulas manos en tus mejillas suplicando por un minuto hecho eterno, para ser feliz contigo fuera de tiempo. Nunca escribí lo verdadero esencial para entender la Carly night. Ahora te he descubierto siendo vaga e inconstante. Mi semblante es un mágico pueblo justo como los otros pueblos fantasmas, hasta que cualquier cosa pasó y te conocí sin sorpresa. Supe que eras tú, mi dulce y vino, en esta noche de verano como todo lo que se dispera en lo que atrapo en un abrazo honesto y cercano a mí. Velvet Underground es la atmosféra que te zigzagea en el humo del cigarillo. Le pregunto a la black magic woman por qué no baila conmigo mientrás sopla su último porro sentido en la carne de su dulce y abierta mente. Estoy tan agradecido por tu no- última danza junto a mí presencia ilusoria. Aprehender el horizonte en una última estampida por saltar y gritar: soy el coco, el demonio. Ser un fragmento, pieza por pieza, y turnar de azul hacía rojo, ir cuesta abajo de ese sol rendido y vivirse en la promesa de un vuelo metáfisico hacía el paraíso de los ojos negros. Por favor no intentar morir esta tarde, mas bien ser el resplandor de un hombre nuevo hecho imagen y semejanza. Muere otro día, la súplica de los sureños fréneticos que se desplazan por el hedor de las cunetas en que los amantes depositaron el entorno de sus concilios lastimosos. Ducho en las lágrimas de un oceáno africano que se esparce en las delicadas gotas de sudor del negro que labra la tierra como un amigo, un cirujano de los frutos de esta tierra, en que come, sueña y muere, por tantos siglos y valles del hombre sin mención luminosa. Sabes que soy un gato. Un loco poltergeist inmune. Tú eres el crisantemo que se oculta al instante en que nace cuando razga mis entrañas carcomidas por el asbesto celestial. Gente odiosa y desagradable me pregunta por ese bienestar en que se acomodan para reír. Encantado me identifico con todo ese dolor de soberbia que aquella señora manifestaba cuando inconforme en su corazón clavaba una espinada rosa y tras sus estriadas piernas, su corazón se preguntaba por el presente de esos hijos muertos que jamás vería mañana. Culpa del sistema de mercados internos en los cuales ellos son el producto a desechar, el pétalo cortado... todo para ver florecer los járdines de Madeline. Madeline lujuriosa y obscena. Aparentar la ausencia es disfrazar de lentejuelas a la calva severa.

- Has visto que últimamente escribes sin amor, sólo por encargo?
-Me he descubierto escribiendo sin sentidos cada vez menos poéticos
- Es que escribes peor?
- Me he descubierto reparando una máquina atrofiada. Queriendo volver a ser el niño tímido que toca las melodías para sus oidos y sus palabras sin encanto. Soy un hombre grande, un obrero, que se esconde sobre las sábanas, como hace 10 años, como cuando era un pequeño anciano, envuelto en lloriqueos insondables, como una mariquita, como un blasfemo. Una prostituta cínica me haría suyo, me comprendería bajo su sucio sexo y me daría palmaditas a la espalda sin reclamar a mi llanto un cese dañino.

Luis must to die.