Saturday, August 25, 2007

Coyotes in Koreatown



Collateral: en un primer instante no es más que una clásica película de acción. Tal vez no sea sino eso. No obstante, la capacidad para sumergirnos en una enorme soledad cósmica - en la cual el significado de la muerte, las relaciones (sean sociales o familiares), los sueños, el sentido y la dimensión de la vida son constantemente interrogados en el intercambio de ideas entre el asesino y su instrumento- hacen de la película de Michael Mann una de las más interesantes de la primera mitad de la década del 2000.

La dirección de fotografía echa al piso todas las posturas puritanas del cine frente al video brindando, desde una cámara HD Genesis*, una propuesta estética cercana a la de Wong Kar-Wai al explotar toda la exhuberancia de colores y tonalidades que una ciudad como Los Ángeles ofrece.

Un prejuicio que siempre he tenido a la hora de ver películas tiene que ver con la música que el director escoge a la hora de montar las escenas, ya sea bien como parte esencial de la acción o sencillamente como ambientación. Una de las críticas que haría al cine nacional es que siempre escogen una música de mierda para sus películas. En cambio, directores de culto siempre aciertan con la escogencia exhaustiva de la música. El caso extremo es Woody Allen, quien siempre se esmera por recopilar las mejores interpretaciones de grandes clásicos como Schubert, Prokofiev o Satie. Pero existe otro caso de directores, que no pretenden hacer vuelos tan súblimes en sus películas, y se contentan con recopilar lo mejor de la música popular como banda sonora de sus creaciones. Es el caso de David Lynch, quien en compañía de dos grandes polos opuestos como Angelo Badalamenti y Trent Reznor, sorprendió en Lost Highway con una recopilación que iba desde una colaboración magistral de Brian Eno con David Bowie, siguiendo por Rammstein, pasando por Lou reed, llegando a Barry Adamson, cayendo en Marilyn Manson, recuperándose con Angelo Badalamenti y levantándose definitivamente con Insensatez de Antonio Jobim. Así mismo, otros grandes directores que han ofrecido magníficas bandas sonoras son Wong Kar-Wai, Quentin Tarantino, Oliver Stone y Pedro Almodóvar.

Una constante en los últimos años en las producciones norteamericanas es lo que se puede considerar un mal hábito de introducir mini-videoclips o incluso videoclips enteros en mitad de la historia. Películas como Constantine, Matrix Reloaded o Pandillas de Nueva York son buenos ejemplos de cómo ganar tiempo en pantalla introduciendo una canción en mitad de película.

Lo que yo quisiera argumentar es que, contrario a lo que sucede en estas grandes producciones cuando se introduce un video-clip, en películas independientes, o alternativas, este mismo recurso puede generar una gran ganancia para la narrativa de la historia. Recuerdo el caso de la película experimental Timecode de Mike Figgs en el 99. Una película también hecha en video, a cuatro cuadros separando la pantalla, cada cuadro contando una historia. En el momento crucial, dígamos que en el clímax de la película, en la que cada personaje parece desbordar de su ocaso en lágrimas, entra intempestivamente el pulso frenético de los beats de Single, canción de Everything But the girl. De no ser por la entrada oportuna de la canción, sólo veríamos desde una distancia incómoda una serie de personajes llorar. Gracias al inserto de video-clip de EBTG todo parece adquirir de nuevo un sentido en torno a los sentimientos deshechos de cada personaje y el clima de degeneración que Figgs es tan hábil para describir con su cámara.

En Collateral tampoco parece sobrar la escena de los coyotes deambulando temprano en la mañana en el barrio koreano. La canción de Audioslave, Shadow on the Sun, registra a la perfección la inquietud que desde un principio el asesino había planteado acerca de la soledad en las grandes ciudades: una persona muere en tren y sólo hasta los 6 días de estar allí la gente se da cuenta que está muerto. Se trata a todas luces de un video-clip, no se puede negar, pero hasta qué punto se está generando una ganancia expresiva en la narrativa de la película: hasta un punto afortunado diría yo. La luz de las primeras horas del día, las calles solitarias, las luces de los clubes que aún quedan en el barrio koreano, los rostros de asombro de los protagonistas cuando sucede lo imprevisto y lo imprevisto no es una bomba, ni sexo, ni un demonio saltando.. sencillamente dos coyotes que atraviezan la calle solitaria, como ellos dos van atravesando la noche sobrepasando la mediocridad de la vida ordinaria.

COLLATERAL(2004, Michael Mann): Disponible en MOVIESTORE 134 -10#20

* Agradecimientos a Tadeshina por los detalles técnicos.

3 comments:

Tadeshina said...

Es una crítica interesante enfocada hacia un tema que muchos cineastas, cinéfilos y críticos suelen pasar por alto y es el de la música. De nada por los detalles técnicos. ;P. Besos.

Lerner said...

Maldito Kerberos, sabías en tu inmenso mar de conocimiento que ese coyote significa mucho más de lo que te imaginas en esa escena, o por andar leyendo lo que otros no leen te perdiste de apreciar el homenaje oculto a James Ellroy en uno de esos coyotes, la vida de aquellos rechazados de esa ciudad. Pero bueno, ud. decidió hacer la reseña con la música y 'Shadow on the sun' no está tan mal. Hasta aguanta la reseña.
Y antes de que me olvide, la sala de redacción de la revista donde publica El Bocha le manda a decir que nunca atravesarás con Z, Si hasta Caicedo escribió El Atravesado, sin z.

Addiction Kerberos said...

gracias por la corrección ortográfica. Sí, muy paila escribir atravezaron con z. Lo siento. Un error completamente mío sin justificación alguna. Sobre el implícito homenaje tampoco sabía. Gracias de nuevo. Debe ser que mi inmenso mar de conocimiento no es tan inmenso sino que es chiquitico como un ratón.

No acostumbro a responder los comentarios, pero sí creo que su comentario amerita respuesta porque no amerita respuesta alguna. Este rompimiento de mis reglas me obliga a evidenciar lo torpe que soy pero también a repudiarme por tener lectores.