Saturday, January 14, 2006

Medellín

Domingo 8 - Viernes 13.

El día anterior Lain aparece en las wires: "Parto a Medellín mañana a primera hora". Lo más seguro, mientrás caía la lluvia sobre mi cabeza y por consiguiente se agravara más la gripe que la noche anterior me había desvelado, era que la siguiente sería una muy tediosa semana puesto que no creía reunir el dinero necesario para poder acompañarla.

Mi padre llama mientrás consumo café con leche en la tienda asquerosa. Puedes ir muchacho, me dice. Todo parece ir marchando lentamente. Una nueva conexión. Espero la respuesta de Lain. A veces se pierden las telecomunicaciones, pero siempre se renuevan tras unos minutos de matusalénica espera. "Está bien, puedes ir. Mañana a primera hora en Tequila Ice".

A las 8:10 de la mañana del Domingo vuelve a aparecer en las redes. Estoy atrasado y le pido algo más de tiempo. Lo otorga sin mucho entusiasmo. Voyageur. 8:20 de la mañana, por primera vez se puede apreciar la simpática figura de quien en tiempos anteriores hubiera pertenecido exclusivamente a las pantallas de juegos de video. Salta hacía mí con una doble patada mortal y le propongo recompensar el tiempo perdido en la cafetería de los reflejos en los cristales. Ella pide un café con leche y un pan de bono (las diosas también comen pan de bono), yo pido un tinto doble. En ese tiempo, mientrás yo me encuentro absorto con las pericias del Fresh Prince ella empaca sus armas en mi maletin de viejo beatnik trasnochado.

Tomamos un taxi hacia el norte. No demoramos mucho en llegar al viejo edificio de conspiraciones satelitales. Tocamos y una vieja bruja se acerca con los suministros. "Es hora de partir chaval" Exclama Lain antes de salir corriendo. La alcanzo antes de interceptar el automóvil. En el interior del coche VW se encuentran la hermana, Nikka, junto su esposo, Michéle Braukunst, el cual conduce.

Nikka hace el conteo de las armas y provisiones que trae Lain. Braukunst me inspecciona con su mirada rígida mientrás enciende un cigarrillo Laramie. "Cómo sé que no eres un soplón de la pasma". Le respondo sin titubeo: carezco un síndrome de desconfianza inmediata que provoca que ningún Poli crea una palabra de lo que digo. Nikka sonríe. "Deja al crio tranquilo, si lo trae Lain no causará mayor problema".

El pequeño VW no parece poseer la potencia suficiente a la que el inclemente Braukunst lo somete. Los demás carros tragan el polvo de nuestra estampida salvaje mientrás se vuelven diminutos a la distancia que les sometemos. Volamos a través de los baches del Magdalena Medio, el olor a gasolina lo es todo, Lain sale por una ventana y le apunta el dedo corazón a una vieja primitiva que suelta temblorosa el rosario que hace poco sostenía. Bad boys. El sol sobre nuestras cabezas, jazz bebop a todo volumen haciendo de los kilómetros cosa del pasado. Una ardiente botella de tequila circulando el interior del endiablado coche. Lentes oscuros que aplastan el imponente sol de la tarde. Una carretera eterna que aparece y desaparece en los paisajes de selva ardiente en cuartos oscuros de filminas quemadas.

A las 6 de la tarde el sol muere y la ciudad desbarrancadero nace. A través de un extremo de la carretera, en cercanías a la comuna nororiental, puedo observar la figura prepotente y morena de un chico al que le llaman Rodrigo D. No Futuro. "Oye Brau... para el coche un momento". Me acerco a su miseria, le pateo las bolas, le abofeteo su estúpido rostro, escupo sobre él y recuerdo que en algún instante poco cierto D. No Futuro se llamó toda una furia, un desencanto manchado, una no-salida: D. No Futuro se llamó un pelaíto que no duró nada pero sigue latiendo y expeliendo un olor amargo a quien pasa por sus costados.

2 comments:

Anonymous said...

MMM PUES ESTAN BACANOS SU HISTORIAS DEBERIA SACAR UN LIBRO... QUIZA LE VALLA BIEN DIGO YO

luisillo said...

Chevre, esta me ha gustado bastante.