Friday, May 23, 2008

si el universo se expande por qué no ha de ensancharse mi pecho y mi corazón?

Hoy es viernes y me he quedado dormido en el bus aún no son las 3. La idea de tener un diario es atractiva siempre se tenga una vida con que llenar. Me he levantado tarde y mal. Aún siento que no he descansado pero ya la cama me estaba echando a gritos, como un perro callejero. Me baño, me restriego las pelotas, me enjabono el trasero, dejo caer el chorro en mi cabeza; esto me conforta y trato de prolongarlo; es agradable el agua caliente sobre el cuerpo, sobre la cabeza, sobre la cara; brinda una sensación de bienestar y seguridad que emana de su cándido vapor sobre la aspereza de una piel mal nutrida. Me cepillo los dientes; un gran placer cepillarse y creer que en el acto se estrenan nuevos dientes: la verdad es que el mugre sigue, no se desaparece, la caries se alimenta, la placa bacteriana perdura. Reparo unos segundos de más sobre el espejo. Veo a aquel caballero de ojos tristes, con una figura lamentable y una expresión que provoca burla. No dije figura triste porque no soy el Quijote y de alguna manera siempre me he identificado más con el noble gordo y enano del Sancho Panza. También tengo complejo de gordura y de enanura. No he perdido mi sentido de realidad. Sé que mi estatura está bien, en ocasiones soy alto, en ocasiones tengo buena estatura; sé que mi peso está mal, que estoy muy delgado, que me dan pena mis brazos de alas de pollo. Pero en lo que los sicólogos actuales llaman la autoimagen soy un hombre gordo y enano. Quisiera ser exhuberante y lucir una gordura imponente, llegar a un sitio y ser de esas personas que todo el mundo dice: éste va a acabar con el menú. En cambio inspiro pena y asco; mi delgadez extrema me tiene en vilo. Desearía ser enano y que los niños me tendieran su mano exclamando sorprendidos a sus madres: pero qué hombre tan pequeño, si hasta yo lo supero en estatura. Y yo le miraría directo a los ojos con qué rabia pero ni siquiera podría alcanzar con mis brazos a la corona de su cabeza. Recuerdo que cuando pequeño vi por el barrio polo a aquel actor que personificaba a Max en el seriado Te quiero Pecas. Emocionado se lo señalé a mi madre y ella me dijo, como lo más natural del mundo, pues vaya y pídale un autógrafo. Salí corriendo excitado, con bolígrafo en mano y papel. Le tendí la mano y él me miró con asco. Al ver que no sería correspondido le pedí el favor de que me firmara el autógrafo. En ese momento se puso sus gafas oscuras y subió su mirada hacia su acompañante. En ese momento me percaté que era el "gringo", también de la misma serie, que ahora si mal no recuerdo está protagonizando una novela, también haciendo de gringo. A mí no me causó ningún interés aquel actor y traté de insistir en el pequeño Mac pero aquel, como ofendido por un agravio, siguió su camino parado muy erguido y orgulloso, sin reparar en mí. Me sentí tan miserable y triste que quise tenderme en el suelo a llorar pero mi mamá sólo acertó en decir que se trataba de un enano muy creído. Allí pensé que de quedarme enano sería un enano muy gentil y sería feliz autografiando a pequeños como yo, que ya a mi edad superaba con creces la estatura del actor. Sin embargo, al ser dos años mayor que mi hermana, me aterrorizaba el hecho de que ella, casi en secreto, pues aquello se volvió casi un tabú en casa, me superara por poco la estatura. Siempre asimilé que todos los defectos del mundo iban a parar en mí por el simple acto de reparar en ellos. Como cuando muy pequeños me mandaron a la tienda y en ella se encontraba un hombre ebrio y desagradable, gritando y apostando al dominó; reparé en su horrible rostro, su párpado cayendo infamemente sobre uno de sus ojos y él, tan miserable en su aspecto, no hacía sino gritar y vociferar con alguna esperanza de ganar, pues siempre perdía. A los pocos días me veía al espejo y veía que tenía el párpado caído en el mismo ojo que el de aquel horrible hombre. Lo asimilé como un castigo; aquel sería mi castigo: siempre que juzgara la fealdad de los otros aquella fealdad se posaría en mí de manera que jamás podría entrar a juzgar si un hombre era horrible pues estaría negando mi propia apariencia. Súbitamente sentí una gran congoja al pensar en el futuro de la humanidad cuando el agua escasease. Aquello que me llenaba de gran alivio no podría extenderse demasiado puesto que pronto nuestras gargantas arderán en sed y nuestros cerebros resecos en su propio sudor enloquecerán. Sentí una gran tristeza por mi hija y de verdad que aspiré la mejor suerte a aquellas invaluables expediciones que se han emprendido en busca del menospreciado líquido. Alguna vez el Aszeta me contó del problema del agua mientras nos embriagábamos en chapinero; yo, presa del espanto y la angustia, le conté a la madre de mi hija mis inquietudes, pues en aquella época aún vivíamos juntos, pero para ella no era sino un pretexto más para soltar la lágrima, una manera más de sufrir por algo "sin importancia" aún cuando era de importancia vital para las expectativas de la humanidad y sobre todo de mi hija y qué sería de sus hijos si los tuviera, cómo sufrirían los pobres, así que, la solución, hija, si te amas y amas la humanidad, no te procrees; se lo dije suavemente, soltándole todo el tufo etílico, a sus nuevecitos oídos, tan bella ella, como duerme, indiferente a la mierda del mundo, sus sueños, qué serán y recuerdo aquella canción de barenaked ladies que bailábamos juntos: when you dream, what do you dream about. Desayuno caldo de papa con pan. Mi mamá me pregunta si quiero mantequilla y le respondo que no. Encuentro accidentalmente la mantequilla a mi lado y pienso por qué no, así que unto un poco de mantequilla en el pan que imperceptiblemente se iba desintegrando de mis manos, cayendo al antebrazo. El periódico está allí abierto de patas como una prostituta indiferente. Leo las noticias sin mucho interés, es como si comprendiera todo, como si no fuera necesario leer el contenido y ya saber recibir los mensajes entrelineas brutalmente. Como una noticia aparece en la primera página que pronto se estrenarán nuevos capítulos de los simpsons y pienso en todo lo idiota y banal que es el periódico. Paso a la parte de cultura porque a veces salen datos interesantes, sin que por ello sean bien tratados o por lo menos dignamente tratados. Allí veo que en la segunda página hay una reproducción-obra de Beatriz Gonzáles y entiendo que es muy buena cosa. La artista ha sabido valerse del medio popular del periódico para manifestar a través de una austera serie de imágenes repetidas su posición sobre la constante e indolora manera en que la injusticia es re-presentada en el país aludiendo directamente a la imagen de una emprendedora mujer que luchaba por los derechos de su comunidad y fue asesinada impunemente por los paramilitares sin que aquello causara mayor traumatismo en la conciencia de la gente-consumidora de horror y olvido. Le muestro emocionado la imagen a mi madre, quien dice que también la había visto y le había parecido hermosa, que deseaba calcarla para hacer diseños en pirograbado, pero que consultada la opinión de otros miembros de la familia les había parecido un motivo feo y sin gracia. Mi mamá no había leído la noticia ni la explicación de la imagen por lo que pronto supe, así que al contarle sobre lo que versaba y la importancia de la imagen, el renombre de la artista, la denuncia en el trasfondo le resultó más llamativa diciéndome que la guardaría entonces, le dije que de no hacerlo ella la cogería para mí. Esto me hizo pensar en lo que se critica actualmente del arte contemporáneo que se escuda en el discurso y no en la obra misma. Para mi madre la imagen había resultado bonita per-se. Evidentemente la belleza no es el criterio exclusivo de la valoración de la obra, mas, aún sin el discurso, puede el arte cautivar todavía por medio de otros recursos, tales como la provocación, la extrañeza, el cacheteo? Tal vez se diga que es ingenuo y ridículo criticar una obra sencillamente porque me parece bonita, yo aprecio sobremanera que se dirija sin miramientos a un público indefinido y logre cautivar por su propia cuenta. Igual, le dije a mi madre que tenía ojo de artista por haber sabido identificar la belleza en algo que a la mayoría no le parecía atractivo por sí y tuvieran que ir al contexto para entender: de alguna manera sentía que yo entraba en este grupo, pues había leído primero su justificación y luego la había visto ya predispuesto. Siempre he lamentado no haber heredado ese talento natural en ella de dar rienda suelta a su creatividad a través de las manos, haciendo cosas, inventando con materiales, con texturas, creyendo apasionadamente cada vez en la bondad de una nueva técnica. Y, a la par con ese talento, esa capacidad de observación y reconocimiento de lo interesante visualmente. Amanezco con unas ganas irresistibles de escuchar "Sparring Partner" de Paolo Conte, aquella hermosa canción que hace parte del soundtrack de la película 5x2 de Ozon. La crítica se cagó en esta película y dijo: ah bonito experimento formal. A mí me afectó mucho, sobre todo el tema de la película, lo podridas que están las relaciones. Vimos esta película con Kira con nuestro matrimonio ya en crisis. Fue tan triste. Así como existen películas que dan feliz bienvenida a las relaciones también parecen haber unas que se vuelven las películas de la relación pero ya en su muerte, en sus últimos días: la película del fin por decir algo. Uno se sigue riendo pero sabe que ya uno está muerto. La operación que me harán en 8 días no será más que la manipulación de un cadáver, suena ilegal, pero resulta que es con el consentimiento del muerto, hoy viernes firmé mi consentimiento. A pesar de toda esa amargura que me iba embargando encontré colores en la conversación con una buena amiga que he hecho en estos días pero a la cual ya le manifesté mi pesar al temer que sea sólo amistad de una semana y el resto de los días ya todo se desvanezca en la bruma de lo desplomado. No entiendo por qué las cosas siempre se entierran en el lodo y uno sólo puede respirar de la humedad de la muerte. Despierto y no son las 3 aún.

1 comment:

Kira said...

"Un primate sin historia...dice ella a él, que carece de memoria.." A mí tb me marcó esa película. Ahora -parafraseando a Pessoa una vez más- recuerdo esa frase que decía "no amamos a alguien sino la idea que tenemos de alguien". Yo amaba la idea de un hombre talentoso y seguro de sí mismo. Me parece un poco injusto con la vida su manera de quejarse de todo cuanto ud tiene y es.