Sunday, July 02, 2006

Tengo un rubí en mi corazón. Un secreto que quisiera compartir contigo. Adentro de mí hay felicidad, alegría, un mundo que quisiera abrirte al tuyo. Si tan sólo me pudieras ver, si tan sólo prestaras atención en lo que tengo que decirte. Que es hermoso lo que quiero contarte, un chiste, un secreto, una confesión o un sueño. En mí tengo un mundo que no se ha descubierto pero está con ansía de expresarse. Palabras de infancia, sed de amor, inocencia por manifestarse. He compuesto una canción sólo para ti que proviene del fondo de mi garganta. Que tengo sed de tu atención, de tu risa. También desearía susurrar las rondas de las niñas, llegar a ti en palabras con perfume de rosa de oro. Gritar que te amo, que te necesito. Gritar que soy feliz, que soy niña, que te necesito, que no necesito de tu crueldad. A veces quisiera, como las demás, reclamar y hacer berrinche. No quiero ofenderte y desearía dibujar en mis labios una sonrisa. Es todo lo que desearía poder hacer con el fin de no agredirte: es mi rostro un escándalo y no comprendes la belleza de mi tragedia. No tienes razón para acercarte a mí, entiendo, pero tampoco tienes porque reprochar la forma de mi dolor en mi cara. Sólo que, en las noches, cuando me encuentro más indefensa, doy paso a la irónica fantasía: y en ella me besas y me acaricias la cara, y puedes ver el rubí que aguardo en la profundidad de mi alma. Ambos compartimos el mismo sol que abriga los corazones humanos y nos bastamos. No importa que el lenguaje fluya torpe de mi boca, ríes con mis ocurrencias, sueñas con mis sueños, amas con la palabra que te otorga amor. Y cuando llega la primera luz del alba es lo peor porque entonces recuerdo lo fea que soy. Y cuando lo primero que hago es cruzar la puerta y las miradas me reprochan, me rechazan, me siento avergonzada y humillada por existir. Y cuando las palabras que dirijo con honestidad al cielo de los humanos son entrecortadas por la condición de mi repugnante boca me siento sobrecogida de pena. Y son palabras que se pierden y son mundos de infancia sin piso en el cielo de los humanos que aman, besan y ríen. Y entonces siento que empiezo a odiar a toda la hijodeputa humanidad porque ellos nunca han reparado en mi belleza. Nunca han entendido el brillo que viene en el fondo negro de mis tristes ojos rechazados. Y empiezo a sentir que no hay felicidad. Siento que la noche me viola con sus torpes esperanzas. El padre ha corregido mis vulgares sentimientos de resentimiento contra las personas que no son como yo. Recuerdo lo que ha dicho sobre la naturaleza incomprensible de los arcángeles: si un humano llegara a verlos seguramente pensaría que se trata de un demonio, puesto que su belleza es tan compleja que sólo la inteligencia divina puede apreciarla en su infinita compasión. Soy acaso un arcángel? Por qué, entonces, siento que no me basta el amor infinito del creador y me duele tanto tu indiferencia?

3 comments:

ana's ghost said...

Herr Luis:
El fantasma de Ana te escribe mientras oye tangos de Adriana Varela que hacen llorar a los corazones frágiles.
Tu que has tocado la felicidad sabes que existe y que es tan es escrurridiza que se confunde con su muerte.
Por otro lado, me gusta el nuevo diseño del blog. Todo está mucho mejor ubicado. I like it ;), good job. Y yo no siquiera he puesto links porque no sé como se hace, soy una total ignorante en este lenguaje html o lo que sea, y me da taaanta pereza ponerme a buscar algo parecido a "blogs para dummies" que creo que se quedará así por un tiempo.

Un saludo desde la jaula fantasmal.

Marcela said...

Hola Luis

Tal vez si eres un árcangel o tu el único humano, pero lo que si estoy segura es que tenes ese rubí.

Te quiero mucho

Marcela, la paisa

May Sanabria said...

Oh!
Que lindo