Wednesday, June 27, 2007
CyBeRTRassHH
Annekke abandona The Gathering tras 13 años de buena música y evolución. Por ello, el video.
Friday, June 08, 2007
Le Trou Moroche
Me llamo Carl Rose, empresario de espectáculos y novedades genéticas. La interpretación que me hizo famoso en el Moulin Rouge de Urano fue la del Filósofo en el mall. Algo así como la versión renovada del suprematismo en el cosmos. Cuadro absurdo sobre fondo absurdo. Todo iba tan bien. Me llamaban Señor Carl, Señor Carl, me estremeces y yo iba de planeta en planeta presentando mis exposiciones, algo modestas, pero para el espíritu del idiota cualquier cosa que le haga sentirse superior es suficiente para explotarlo. Y mis novedades genéticas de algún modo lograban su objetivo. Criaturas tan grotescas y horribles a la vista que hasta el americano más feo y el colombiano más repulsivo podían sentirse diamantes en bruto. Mary, la puta melancólica, era el esperpento que más me inquietaba. Algo en sus estriadas tetas, en su inservible culo, en su estúpida mirada, entraba en el fondo de mi corazón cuando la veía, tras bastidores, y la gente se revolcaba en carcajadas y abucheos sobre ella. Alguna vez un niño neptuniano le tiró un bojote de mierda fresca y la gente estalló en una frenética histeria que me hizo apreciarlos en su estado más primitivo, aplaudiendo y chillando del placer, como simios imbéciles que agrupados en un estado insoportable explotan en euforia homicida y se abalanzan, sin razón, unos contra otros porque están incontrolados y sólo sirven para enseñar sus horribles encías negras y aplaudir sus tiesas palmas, una y otra vez, acelerando las palmas. Son felices, se sienten tal y como Dios los mandó al mundo, y pensé que tal vez fue buena idea habernos separado de Dios, porque el aburrimiento sólo pertenece a quien ha estado desde este lado del infierno, sintiendo el desprecio del universo y comprendiendo que su propia vida está más que de sobra. Pero me llamo Carl Rose y tuve un pequeño éxito en el pasado, viajando planeta por planeta, exhibiendo espectáculos que me abochornaban. Alguna vez un sueño me despertó violentamente. Yo era parte de mi obra, se llamaba "Hombre de empresa desnudo".... y pensé que era buena idea que Mary se hubiera separado de Dios. Porque ahora teníamos un suministro de Opio afgano y todo el tiempo del mundo. La besaba en el cuello, porque sus labios me daban asco y lo único que no me asqueaba de esta chica era su cuello. Tenía una expresión fuerte y pensé: Dios, cuánto han maltratado a esta chica en vida. Y me apretaba la sonda en el brazo y pensaba cuánto me asqueaba esta chica. Eran días más fáciles para nosotros, quienes crecimos en las noches del panegírico. Yo era parte de la obra: Hombre triste en un bus de medianoche de regreso a casa. Paredes de cocaína sordas y gente que hablaba demasiado. No había Mary tal en ese entonces, porque creía que ella sintonizaba la melodía que emitía mi emisora estropeada de impotencia. A veces te sientas a ver a través de la ventana de un bus y te preguntas cuánta gente no te ha rechazado en esta vida y cómo definitivamente no existes en esa vida que alguna vez te impulsó a tirarte de la borda del barco al mar del alcohol y la cocaína y esta definitivamente no fue otra cosa que ese espacio en el que ahora te movías, de regreso a casa. Aprendí a pensar como los demás, a odiarme como los demás. Es posible tanta cordura en un empresario? A veces te detienes detrás de los cristales de alguno que otro omnibus a ver cómo los paisajes van quedando atrás a través del compulsivo movimiento del vehículo y tú no tienes nada que ver con ellos, porque allí no tienes ninguna historia y ellos te desconocen tanto como tú los admiras. Parece que un sapo se está comiendo mis excrementos. Parece que un sapo siempre está llamando a mis expensas. Parece que un sapo quiere pertenecer al mundo que yo he creado a través de estas funciones inoperantes que tanto repudian los críticos y que yo sé que no sirven para estimular el progreso humano ni cantar al desarrollo de la ciencia y que yo sé que no sirven para estimular sino idiotas y que yo sé que definitivamente ella cortó con una tijera como si pudiera deshacerse... Porque estamos en una vasta tierra del desperdicio. Decidí convertirme en un empresario porque si hay alguien repulsivo en esta vida es un empresario pero es un estado de decadencia moral que se acepta con sorprendente generalidad en los sitios públicos.
Wednesday, May 30, 2007
ficción de auto-ayuda para espíritus confusos.
MUERE ANGEL JOVEN CADETE KERBEROS
a DÓNDE? A esa soledad cósmica que parece una pantalla estúpida al hombre en tierra? Y la frialdad de los planetas que cruzamos, como si no perteneciéramos a Dios y cerrando los ojos el sexo se potencializara como un árbol que cae en medio del solitario bosque. El héroe de esa guerra contra el Infinito. El hombre aniquila lo que desconoce. De esta manera, quiere escupir en el universo. Anoche me corrí fuera de órbita. El semen casi que no se expulsa. Mi verga tan dura como nunca. Pero yo era un puntico infinito, imposible en tu retina. Y yo me corría. Alzaba la mirada y allí estabas tú. Tal como te había dejado, mi querida. Pero arriba no había nada aun cuando lo era todo. Y yo me golpeaba el casco contra la popa. Y veía con tristeza como el semen se manchaba de rojo. Sexo tan salvaje contra el silencio de los cristales. Prometieron que la cosa se pondría mejor si lográbamos cometer otra dimensión. Pero sólo hubo algo que no llamaría vida pero era igual de opresivo. Entendimos que nos encontrábamos en guerra, cuando era demasiado tarde. Entonces resulté en Lourdes por unos segundos. Y de nuevo duré un tiempo contemplando los magníficos colores del atardecer bogotano. Y de nuevo, desasosiego. Nada me curaría y ya estaba llorando, como si pudiera haber vuelta de hoja. Pero allí había unos ojos que me miraban con desprecio. Ya no era un Punk adolescente en la busca. Ahora pertenecía a la noche y no había espacio para albergar otra noche más. Así que hasta al diablo le tocó de anfitrión de piñata. Incluso el computador se comportaba de una manera más humana que nosotros, en esta desesperación quieta. A veces hasta las malas cosas nos ofrecen esperanza. Hansel y Gretel se refugiaron en la casa de la bruja para no perderse en el bosque. Aterrizamos en este planeta huesudo y misterioso. Colón era un majadero al lado de nuestra impertinencia. Despertarás a Kronos. Las tetas de ella se hinchaban y yo me hacía en posición fetal. Ella me callaba con su dedo. Cuatro cadetes, buenos mozos e intrépidos, qué otra cosa pide un planeta? Creímos estar en Marruecos, rodeados de hermosos chicos opiómanos. Es un sol semejante, sabes, y el cielo a veces se comporta de la misma sensual manera. Amarillo por allí, amarillo por allá, sólo necesitas una buena cerveza helada y un chico nativo algo esquivo. Pero él ya no era un marica adolescente en la busca y en lugar de una verga le clavaron una estaca en el culo. Seguro que en algo se llegó a excitar Puig, pero eso no impidió que nos dijera adiós, de una manera grave. No regresar a la nave, fue la orden. Pero ya éramos la presa. Es extraño porque la soledad en grupo no afecta cuando se va otro. Podría quedarme solo y seguir sintiéndome igual de mal. Miento, tal vez lo que quisiera es estar solo. Deseos asesinos en cada uno de los jóvenes cadetes del ideal humano. El hombre es lobo para el hombre, incluso y tal vez más, fuera de su habitat.
Llegó un ángel cruel y me salvó.
Pálida playa blanca.
Tienes 23 años y yo soy mayor que tú.
Monday, May 21, 2007
Allegro 2005

Conoceremos la historia de Zetterstrøm. Zetterstrøm es un niño especial. Aislado de los juegos de los niños busca refugiarse ante el dolor de la vida en la entrega a la música. La maestra de piano constantemente le reprende: así no es Zetterstrøm. Cuándo aprenderás de tus errores? Zetterstrøm haciendo caso omiso, emprende su propia búsqueda en los sonidos que le apartan del dolor. Acaso no aprende de sus errores? Zetterstrøm demuestra ser un niño bastante prematuro y obra con madurez ante el sufrimiento. Lo que le resulta inaceptable, lo guarda en la cajita de lo definitivo. Lo deja ir. Y queda guardado, sellado para siempre. Y Zetterstrøm, que ha demostrado ser un niño bastante especial, aguarda como un tesoro el talento que le separa del dolor de la vida.
10 años suceden y el niño ahora es un reconocido pianista de su país, Dinamarca. Por una casualidad del destino, Zetterstrøm tendrá la fantástica oportunidad de conocer el amor de su vida. Andrea. Ella, sin quererlo, entrará a formar parte esencial de su vida. Vivirán al borde de su locura todo el tiempo que permanezcan juntos. En un recital, Zetterstrøm se adelantará a su novia y ella desaparecerá para siempre.
En el lapso de otros 10 años, en los cuales Zetterstrøm se alejará de Dinamarca, explota una atroz bomba en todo el centro de Copenhagen. Nada será igual para los Daneses de este lado y un territorio conocido como La Zona será impenetrable para siempre para el mundo exterior. Dicen que allí aún vive gente, que a veces se escuchan voces, pero La Zona, tras la bomba, se ha clausurado al público. La policia monitorea constantemente el lugar, ociosamente, pues La Zona, no es más que una imagen y todo intento de penetrarla es sencillamente imposible. Allí viven los recuerdos de Zetterstrøm.
Por su parte, Zetterstrøm es ahora un celebrado pianista mundial que vive en New York. Su música es irreprochable y su interpretación es magistral. Nada afecta a su música, el ritual algo excéntrico que Zetterstrøm ha adoptado de tocar de espalda al público y con toda luz apagada. Algunos mal pensados incluso han llegado a sugerir la tontería de que él no es quien interpreta o que lo hace para ganar fama. Pero son sólo sandeces. Un especialista de música, en cambio, objeta que esa costumbre no afecta en nada su calidad, que es excelsa, aún, cuando a su parecer, parece carecer de algo en lo profundo... tal vez de pasión.
Ahora nuestra tarea es hacer volver a Zetterstrøm a su lugar de origen, con la ayuda de un misterioso señor llamado Tom. Con la ayuda del chef de Tom daremos el primer paso. El primer paso será una falsa entrevista, en la que interrogado por distintos aspectos, como rodeo, finalmente se le soltará la pregunta fundamental: qué haría si le digo que sus recuerdos fueron secuestrados?
El proclamado director danés, Christopher Boe, famoso por Reconstrucción (2003), vuelve a sorprendernos con otra historia llena de frescos recursos visuales, una narrativa disruptiva, personajes complejos y reflexiones profundas acerca de las relaciones de pareja, la psicología y la sociedad. Todo parece valerse para escamotear la odiosa metáfora y volverla un elemento real dentro del mundo en que se mueven los seres de Boe. Por eso, no es raro el coqueteo con la ciencia ficción como fuente para reflejar de una manera óptima el mundo interior de los personajes - como también sucede en el caso de 2046, de Wong Kar Wai, como recurso radical y definitivo para volver a revisar la historia de In the Mood for Love- La ciencia ficción de este modo no es fin ni medio, es el fruto del movimiento lógico que debería enseñar hasta determinado punto los límites de la comprensión del universo.
La imagen psiconalítica del subconciente como un resguardo de imágenes dolorosas depositadas en cajitas en el sótano de la casa es tan vieja como lo es Freud, quien fue el primero en usarla, prometiendo que la tarea del psiconálisis es la de hacer limpieza a ese sótano en el momento en que las cosas ya empiezan a oler feo, que es cuando surgen las neurosis. En el cine tampoco es novedosa, en el 2003 la película basada en el libro de Stephen King, Dreamcatcher, hace uso de ella como un recurso fundamental dentro de la historia. Pero no molesta para nada en la película el agotado recurso de la caja, y en cambio, resulta suficientemente bonito, hasta un punto en que llega a estremecernos. Lágrimas? Si son un espectador mariquita de películas, como yo, con toda seguridad.
Hasta qué punto se deja de ser metafórico cuando se habla de sentimientos humanos? Acaso no nos son restringidas las Zonas de los amores pasados? Quién no ha sentido eso? Y sí... allí las vemos, en las calles, casi que evidentemente reales.. pero son impenetrables, inaccesibles, prohibidas y hasta impensables. Son sólo imagen. Y llegar a su interior costaría un viaje tan radical y forzoso como el que Zetterstrøm es obligado a tomar en compañía de Tom. Y Tom no parece ser otro que esa exigencia humana, conmovedora e imposible como la es la del amante que lo único que clama, en el silencio de la irreductible noche, es el recuerdo.
Tuesday, May 15, 2007
Je m'isole
Uno de mis grupos favoritos.
(Este no lo encontrarás en You Tube -sino cantado por un imbécil sin camisa-).
Monday, May 14, 2007
Sehnsucht 01
Friday, May 04, 2007
Un idiota
Mientras el bus trataba de pasar sobre las cabezas huecas de miles de piojosos pseudo-revolucionarios, con olor a pedo, y chiveras llenas de manteca, mochilas repletas de marihuana e incienso, culos sucios y caras de conformistas, trataba de concentrarme en el siguiente pasaje del cuento El que acecha en el umbral de H.P Lovecraft y August Derleth:
- Si el hombre vulgar llegara a sospechar la grandeza cósmica de los universos, si tuviera un solo vislumbre de las pavorosas profundidades del espacio exterior, o se volvería loco o rechazaría tales conocimientos, prefiriendo aferrarse a cualquier superstición.
Traté de llamar al Inca Melancólico pero la comunicación no se me daba. Desesperado volvía la cara sobre la ventana y me irritaban esas pancartas que proclamaban: Paz y Amor viejito Uribe, a lo bien, sano viejo. Y ese viejito Uribe también me tenía con la piedra afuera, como me la sacaban los ganadores de los cursos de bachillerato, tan presuntuosos con sus novias huecas que les daban sexo y tan amenazadores con esos músculos de gorilas grotescos. Te veían y te cerraban el puño, para que te diera miedo. Y yo siempre los repelí a esos hijosdeputa. Malditos fronterizos que creían lo que decían los fracasados de los profesores, eso de que el bachillerato era la mejor época de la vida. Y lo creían y lo practiban, porque los veías felices, showing off his luxury cars y follando cosa que da miedo. Para ellos fue la mejor época de la vida y eso, a pesar de todo, se te antojaba miserable, porque tendrían una felicidad muy pasajera, banal y prematura. Pero por lo menos tuvieron felicidad, Luis, por lo menos ellos tuvieron esa promesa un instante, así fuera una cosa falsa, simulada. En la calle, los hippies cantaban himnos y reían exageradamente, pura física risa falsa e hipócrita, no sé por qué esos hijosdeputa hippies siempre que se fuman un porro se les da por reir a todo pulmón, cuando ni tienen pulmón ni tienen risa, están bien jodidos y ni se dan por enterado de ellos: porque si tienen una mochila llena de marihuana seguro tienen una idiota que les sigue y que se cree lo máximo por permanecer como una sonsa, quieta, al lado del cavernícola que le provee la precaria droga que es esa marihuana mezclada con pelos de las bolas de traqueto de quinta.
Al poco rato me llamó el Inca Triste, su celular se había descargado, como hace mucho tiempo él mismo lo había decidido hacer. Así que le dije que me demoraba por culpa de ese alcalde de mierda que era tan impotente y tan cómplice que no era capaz de pasar una aplanadora por toda esa multitud de idealistas felices que son los manifestantes de marchas. Tom Waits se sentó a mi lado y se quedó dormido en el asiento, en profundo estado etílico. En la radio hablaban de ese fetiche jarto: la libertad de prensa. Era un "debate". Así que llegando al tema de la censura, uno de los periodistas decía que había que "reconocer el fundamental papel de los blogs en la formación de la opinión pública" frente a los grandes medios. Esa misma sensación peturbadora me había atrapado días antes, en una conferencia en la Feria del Libro en que se discutía el futuro del libro frente a la tecnología. Uno de los invitados, un editor, siempre hablaba en ese mismo tono, un poco sobresaltado, del papel de los Blogs. Y entonces me llega la imagen de ese viejo invisible que habla de "esos loquitos de internet", como la promesa absoluta de la comunicación. Y es que "esos loquitos" me fastidian sencillamente porque sólo su apariencia es loquita, del resto, se puede decir que son tan cuadrados, mediocres y bien pensantes como cualquier periodista de cualquier medio.. Y, peor aún, son iguales de discriminadores, iguales de recatados, iguales de regalados, iguales de levantados, iguales de torpes a cualquiera de cualquier medio, puesto que los blogs son una realidad tan aburrida ahora que ya son un medio tradicional. Me acordé en ese instante que yo era LA EVIDENCIA de la intolerancia salvaje que se vive en ese medio perfecto que es la internet. Mierda, si esto de internet puede ser susceptible de ser divertido se debe aceptar que un tipo ordinario como yo se cague en grandes payasos como el Juglar del Zipa o el Gato C Pardo, prolongación de esos ganadores de bachillerato, sólo que ahora, cosa maravillosa, dicen que han "aprendido a escribir" y quieren alzarse un púlpito de loquitas. Y yo siempre los repelí. Ellos también sentían asco por mí, pero no porque representara una amenaza hacia ellos, sino porque no podían entender cómo alguien tan miserable como yo podría pasar por encima de sus cabezas de gorilas. Alguien tan miserable que no podía follar, ni presumir carros, ni "aprender a escribir (para ganar oh CPB's!)" era tan indiferente a su alegría. Pues resulta que nunca me sentí tan colombianito como ellos, sino un pobre diablo, vuelto mierda y triste. Bien, soy Intolerancia Salvaje en este que no es el mejor de los mundos posibles.
A las dos llegué a la cita con el Inca Triste. Estaba apenado. Pero él ni se inmutó, ni le paró bolas a la pena ni a la tardanza: viejo sabio ese Inca Milenario. Me comentó que durante ese rato había aprovechado para adelantar la lectura de El Señor de las Moscas de William Golding. Y con una risa que sacudió parte de mi existencia, afirmó que por alguna razón este perturbador libro le había acordado de mí. Nos dirigimos, pues, al restaurante de la pastusa, con la prisa de una hora de almuerzo retrasada por hippies alegres e irresponsables que, no contentos con el primero de mayo, se toman otro día para protestar por tonterías, sin ser aplastados por un impotente alcalde. Este restaurante de la pastusa tiene como peculiaridad y ventaja el hecho de que nunca te preguntan qué quieres comer, sino que te tiran de mala gana el plato y tú te limitas a comer y pagar. Ayer nos tocó una frijolada y me pareció la cosa más curiosa ver un chamán que no mascaba coca ni comía maíz, sino que sorbía, poquito a poquito, el plato de fríjoles con una ternura que evocaba tribus enteras de desmuelados, en pleno páramo, lanzándose al precipicio de una montaña en el fin de mundo, a razón de no revelar jamás sus saberes sino morir con ellos, arrastrando poderosos dioses y consumiendo el universo en la afirmación del suicidio.
Al salir del restaurante, nos encontramos al Hombre que amó a las prostitutas. Nos preguntó si estábamos asustados, esa debería ser nuestra apariencia, y los tres reímos para mejor no echarnos a llorar. Se fue a toda prisa a entregar unos legajos al juzgado de familia que queda en la 19 con séptima y nos comentó que estaba triste como nunca. Traté de seguirlo con la vista, pero fue imposible, puesto que su cuerpo se perdió en la masa de empleados públicos que se precipitaban a entregar legajos a los diferentes juzgados que bordean la ciudad: como memorias de invierno que devoran tu interior, no tus entrañas, sino eso que te hace levantar todas las mañanas. El Inca Prístino me sugirió que le aconsejara un lugar para hacerse a unos audífonos. Lo llevé a una miscelánea cerca a la BLAA y allí vimos unos que nos gustó. Al salir de la miscelánea una vieja andrajosa se tropezó conmigo y yo con ella. Mi primera reacción fue de profundo asco, al imaginar el millón de pulgas que albergaría su ruana. Pero entonces vi la reacción de la anciana y también ella tenía una expresión de profundo asco. Cómo no? Si tengo lepra. Soy un leproso y a la vieja bruja le desagradaba la idea de pensar que una parte de mí quedaría en ella, tras el tropiezo. Porque tengo lepra y voy dejando partes mías por todos lados. Partes que se me caen, putrefactas. Pedazos enteros de carne muerta que se van cayendo y dejo regadas por donde paso. Ayer dejé un brazo, hoy dejé una pierna, hace una semana la verga. Y la vieja me repelía con una hostilidad que me hirió. El Inca veía la escena impávido, acostumbrado a este tipo de shows cada vez que sale conmigo. Para darme aliento me compró una bolsita de maní con uvas pasas y me confesó que nada le parecía tan triste como las uvas pasas. Reí de lo insólito que me parecía que a alguien le parecieran tristes las uvas pasas, pero luego pensé que tenía mucho sentido que hasta las uvas pasas le parecieran triste a un Inca desarraigado.
Nos tomamos un café en silencio. Había comprado una chocolatina Jet para mí y le había regalado una al Inca. Lo único que hicimos mientras nos tomamos el café fue compartir las monas de las chocolatinas y leer sus contenidos. La mona que me correspondió fue La Perla. Y lo que más me llamó la atención fue su definición: Se puede considerar que la perla no es más que una excrecencia de la ostra. Qué bonitas palabras para el sol tan espléndido que hacía a esa hora de la tarde.
Nos despedimos cada uno a lo suyo. Preferí no pensar en el daño tan grande que me había ocasionado este desencuentro con ese maldito Inca, porque siempre termino cediendo a sus citas o llamándole para arreglar otro encuentro y son profundamente nocivos para mi salud mental estos desencuentros, pues me hacen sentir como decía Heidegger, como "arrojado al mundo". Gané camino por la plaza de Bolivar. Pasé por el comercio agitado y opaco. Llegué la Jiménez. Apresuré el paso. Pasé rápido por las librerias, por Saint Moritz. Y saliendo del Mercado Mundial del Libro me encontré a Fernando. Acababa de comprar un libro del padre Pierre Teilhard de Chardin y decía que estaba buscando poemas místicos medievales como loco pero que nada que encontraba algo. Yo le repliqué que debería estar en Buenos Aires en este mismo momento y él me dijo que se había aburrido sencillamente. Que prefería dejar deambular su fantasma entre estos libros viejos que aguantarse la soberbia de los argentinos. Yo le dejé y seguí presuroso. Alguien pensaría que llevaba una cagada encima, pero la verdad la frijolada no había sido tan grave. Tomé un bus hacia la biblioteca Virgilio Barco. El bus que tomé era el equivocado, caminé un cuarto de hora hasta que recuperé la ruta y tomé otro bus. Llegué con prisa, me lavé convulsivamente las manos y fui hasta el pasillo. Allí me atacó la ansiedad y abrí el paquete de maní y uvas pasas. Lo comí con avidez. Y preferí tragarme lo más rápido las uvas pasas o confundirlas con el maní, porque su dulce me golpeaba. Y me encontré tragando una bolsa como un niño que traga lo que más le gusta. La ropa quedó llena de migas y me sentí indecente. Un par de colegialas pasaron y me vieron con evidente asco. Así de ridículo debería verme realmente . Alguien diría que alguien de mi edad debería estar trabajando, ganando un salario, aplicando becas o presentando proyectos a entidades. Y ahí estaba yo. Totalmente saciado de maní y uvas pasas, regado de migas por todo el cuerpo, en un pasillo de la biblioteca: dejando pedazos mios por todas partes, pedazos de carne muerta que se van cayendo y dejo regadas por todas partes.
Monday, April 30, 2007
WALPURGISNACHT
- Walpurgis (Santa): Religiosa benedictina inglesa (Sussex 710- Heidenheim 779). Se le confió la dirección del convento de Heidenheim, fundado por su hermano Winibaldo. Entre el pueblo se creó la leyenda de que los hechiceros y demonios se daban cita en el Blocksberg durante la noche de Walpurgis (30 de abril - 1 de mayo). Esta leyenda fue citada por Goethe en el Fausto.
A las doce de la noche un estruendo agudo me incorporó de inmediato de la cama. Era la alarma programada del celular. Me pareció insólito, pero luego de ver la nota que acompañaba la alarma, no sé si me tranquilicé, pero por lo menos supe de qué se trataba: 00:00 Noche de Walpurgis. Seguro era una nota fijada tal vez desde los primeros días de comprar el celular, pero me pareció curioso que se adelantara una noche, pues, bien estaba advertido que se trataba de la noche entre el 30 de abril y el 1 de mayo, fecha en que se dan cita los más horribles espantos alrededor de los practicantes de los más morbosos y antiguos ritos.
Apagué sin más la alarma y no me molesté en arreglarla (conducta que a esa hora sería propia de un neurótico sicorígido). No obstante la inoportuna hora de la alarma, agradecí el repentino despertar. Los sueños otra vez empezaban a acosarme de una manera asfixiante y descabellada. Temí por el futuro de la joven humanidad, la que se me presentó como la noticia que apenas si alcancé a escuchar del televisor en que mi padre veía las noticias. Lo que apenas alcancé a oir - y me disculpo si escuché mal- fue la trágica noticia de un niño de dos años que resultó calcinado en una habitación al sur de Bogotá. Al parecer la madre lo dejaba solo y aseguraba la puerta para que el niño no pudiera salir. Al parecer, cuando el fuego empezó en un costado de la habitación, el niño tuvo tiempo de correr temeroso a buscar refugio debajo de la cama. Al parecer, el fuego lo había encontrado allí. Pues debajo de la cama, en esa posición, lo encontraron los agentes del CTI. Sueños horribles, y agradecí haber despertado, en ese instante, por el estruendo de la alarma del celular.
Sin poder recuperar el sueño, bajé al garaje y me fumé un cigarrillo de opio Afganistán. Asomado, a través de las rendijas que daban a la calle, veía con extrañeza el espesor de la niebla, que parecía haber recobrado una extraña no vida sino inteligencia, pues cada nueva asomada, se me antojaban retorcidas figuras infernales; como luchas épicas que no conocieron estos siglos, siglos del hombre, pero que de alguna manera definitiva marcaron la historia de su destino. Al finalizar el cigarrillo, tiré las cenizas hacia afuera y tuve que abstenerme lo más de gritar, cuando un gigante gato negro salta al mismo tiempo, alcanzando a arañar parte de mi mano. Luego, al alejarme, noté la escena completa y pude ver docenas y docenas de gatos negros posados en el frente del edificio, formando un tapete vivo y caliente de peluzas que brillaban de lo negras en la oscuridad siniestra que concedía la espesa bruma.
Dirigí la vista al cielo donde la luna brillaba con sardónica indiferencia. Recordé entonces, no sin ser presa del pánico, la fatal profecía del guardian inefable de la puerta, Yog-Sothoth:
- Puede verse que la luna se hace más pequeña y la hora del eclipse se acerca. Habrá muerte para los fieles, y sangrienta será la recompensa de los infieles, la luna caerá y será sorprendida, y los gusanos de la tierra se alimentarán pero sólo durante una noche. Y volverá a alzarse en su gloria y matará a los demonios del aire. Y de nuevo... habrá luz de luna.
- Capítulo XXXII -Libro I.
- El Manuscrito de Sussex
- Fred L. Pelton
Las visiones escabrosas siguieron manifestándose durante la noche. A veces seguidas por una relapampagueante carcajada de bruja que me hicieron preguntar en más de una ocasión si este ruido no despertaría a mi hija. Pero me asomaba a su cuna y ella seguía plácida en sus dulces sueños. Me reprendía en seguida convenciéndome de que era fruto de alguna alucinación auditiva debida al opio, pero ni siquiera este sano pensamiento me sacó del irracional miedo que súbitamente se empezó a apoderar en mí respecto al riesgo que corría mi pequeña hija. Así parezca ridículo a algunos de mis compañeros de biblioteca Nous, recé un rosario completo antes de acostarme definitivamente. Y cuando las primeras luces del alba atravezaron la persiana pude relajarme, pero, en seguida, al recordar que hoy era Lunes, otra vez se me revolvió el estómago y el temor se apoderó nuevamente de mí, cosa que no dormí sino hasta las 7 pm, con un pensamiento fijo en mi cabeza, sacado por desgracia del abominable libro prohibido: El Necronomicón de la traducción de Dee, anotada por Lin Carter:
- (...) Y ten siempre en cuenta que todas las manipulaciones de Hechicería que dependen de los signos de la Luna se realizan de manera más propicia en Lunes, porque ese día en sacrosanto para la Luna (...)
- V. Acerca de los Poderes de la Luna
Hoy amanecí bajo el desasosiego infinito de estar bajo el acecho de criaturas que no obedecen a leyes humanas. Y el aire no ha mejorado en lo absoluto, de hecho estuve tosiendo toda la mañana pura tos de perro y escupiendo flema de tísico terminal, al punto extremo de manchar la acera del rojo sangre de mi esputo. A la hora de ir a comprar crema para afeitar en la mañana fui sobrecogido de una manera excepcional por la marcada arquitectura inglesa de una vieja casona abandonada ubicada en el barrio Chapinero a la altura de la 16 con 66. Como si una ráfaga indescriptible me poseyera de sensibilidad arquitectónica me sentí sumamente conmovido por el evidente estado de deterioro de la buhardilla. A través de la ventana, una gruesa capa de costal retenía vigas rebeldes que parecían querer escapar afuera para herir al desprevenido transeúnte. El resto del recorrido sentí una hostilidad inexplicable por parte de los perros hacia mi existencia, al punto de tener que arrojarle dos veces piedras a un gigante pit bull terrier.
Ya casi son las siete de la noche. El aquelarre dará inicio en pocas horas. Dios guarde tu familia y tu existencia. Así mismo, pido hagas lo mismo por mí y mi familia. Porque algo sucio se cuece esta noche.
30-abril-2007
Saturday, April 28, 2007
28 de abril 2007. - 2 para el gran sabat
Thursday, April 26, 2007
una estirpe maldita
Al aterrizar lo recibió el teniente Óscar Castellanos de la segunda brigada y le informó con todo detalle de la cuestión. El suceso había ocurrido cerca al corregimiento de Paz de Ariporo. La primera en informar a las autoridades fue una anciana de la región, que asegura haber sido asaltada a altas horas de la noche por un misterioso carro negro, que iba con las luces apagadas y de él salió un tétrico hombre negro, vestido todo de negro, con una elegancia inusual, que le había recomendado no volver por la zona a esas horas de la noche y asegura que lo que más le sorprendió fue su hermosa sonrisa angelical, resaltada por un brillante diente de oro. Ella afirma haber visto al mismo diablo, seguramente lo fuera, si no hubiéramos tenido noticia de una presencia similar en los pueblos de Tame y de Arauquita. Se considera que el individuo negro puede pertenecer a un comando élite de inteligencia pero no se sabe a ciencia cierta si de la Unión Soviética o de los mismos Estados Unidos.
- Siempre creí que no servía para nada, y por eso entré a la tarea de Detective. Ahora se dice que un Detective debe de ser bueno para investigar... y yo creo que no soy bueno ni para eso. - Hablaba entre dientes el detective Salazar.
- Como dice, mi detective? Es que acaso le queda grande este caso? - El tono del teniente era de puro desprecio. Era claro que el detective, hombre de delicadas maneras y semblante pensativo, le había caído mal y no era en definitiva lo que esperaba del Departamento Central.
En la tienda del campamento militar le despacharon una montaña de informes de hechos similares ocurridos en todo el país en el transcurso de los últimos tres años. Le dio pereza estudiarlos y se fue directo al campamento a beber una copa de aguardiente. Los militares conservadores no dudaron en manifestar su extrañeza de tener un civil entre ellos, bebiendo.
- Pertenece a este pelotón, caballero?
- Oh no, estoy en medio de un caso
- Periodista o detective?
- Periodista, gonzo. Periodista gonzo.
- Muy bien, cosas raras se ven todos los días.
Mientras bebía su tercer trago de aguardiente pensaba en lo curioso del caso que le había llevado hasta estas tierras olvidadas del Arauca. Algo no le terminaba de oler bien y empinó el codo. Al otro día partiría a la espesura de la sabana llanera para encontrarse con algo que definitivamente no trataba de cuadrar. Había sentido en estos últimos días esa rara sensación de muerte detrás de sus hombros, como si se estuviera preparando para la catástrofe en cualquier instante y eso de alguna manera lo entristecía: por que en él convivían dos sentimientos contradictorios, el sentimiento de lo eterno, de la vida, del impulso al infinito y por otra parte sentía el vacío, el final, la muerte: la llaga cortante y precisa de lo definitivo en su piel.
- Esta tierra primitiva y lejana del llano se alimenta y vive de los viejos mitos, detective. - Se devolvió sorprendido, quería guardar su oficio lo más discreto posible. Atrás suyo, un hombre grande, de hombros increíblemente anchos, una sonrisa asesina y un gesto vulgar contenido, le invitaba a sentarse en su mesa.
- Debo preguntarle por qué sabe de mi misión, primero que todo. - Trató de sonar duro el detective.
- No pregunte demasiado, camarita. Me llaman el bola de fuego y si acaso es tan torpe de nombrarme quedará como un pendejo. Así que limítese a hacerme caso. - La sonrisa había desaparecido y ahora sólo quedaba el asesino. Un moreno salido de la espesura de una tierra indómita cuya voz recia invitaba al silencio y la reverencia.
Wednesday, April 25, 2007
Una estirpe de demonios
a Buenos Aires-
A las 11 de la mañana ya estaba bebido. Fue cuando lo llamaron de la oficina. Se dijo así mismo: por fin lo logré. Y con el ánimo de triunfo contestó su celular. Estaba soñando que su conducta irresponsable le produjera el despido inmediato de la empresa, la idea de la indeminización no le sonaba mal y además quería conseguir algo mejor finalmente.
- Joder Fernado, dónde estás?
- Borracho, estoy borracho
- Bueno, no importa, total: el jefe ha dicho que empaques maletas que te vas de viaje de negocios
- Mierda.
Ramira se acercó con la otra tanda de cerveza Sol, y le preguntó por qué lucía tan triste.
- Soy un bueno para nada. Y siempre pensé que los buenos para nada estábamos condenados a escribir, a ser escritores. Pero resulta que ahora los escritores son buenos para escribir y yo soy un bueno para nada.
- No te entiendo
- Tengo que recoger maletas, Ramira, me voy para Arauca.
- No te entiendo
- Viaje de negocios.
Hace unos años Fernando no sabía nada en absoluto de Arauca. Y nunca hubiera sabido nada en absoluto de estas tierras de no ser por su amigo Luciano, que resultaba ser oriundo de estas tierras. Pero Luciano era tan absolutamente extraño que le parecía en ocasiones que no pertenecía incluso ni a esta tierra. Alguna vez le dijo a Luciano:
- A veces me gusta ver la cara de todos estos hijosdeputa e imaginármelos cómo fueron de niños. Y alcanzo a adivinar sus caras siguiendo algunos rasgos inocentes que aún prevalecen en sus caras. Pero eso nunca lo he podido hacer con usted, Luciano. Como si usted nunca hubiera sido un niño. De hecho, usted nunca fue niño para mí, Luciano.
Luciano sólo reía y eso le decía todo a Fernando. Como cuando le susurras al oído a una monja que no le crees el cuento de que es virgen y ella sólo sonríe. Como si al ser descubierto fuera incapaz de mentir, pero tampoco se atreviera a aceptar la realidad. De hecho, Fernando en la universidad llamaba a Luciano: El Extraterrestrte. Pero no era el único apodo de Luciano, ni acaso el único que gustara a Fernando Alonso. Fue un día bebiendo en Saint Moritz que Andrés Fernando, al ver la extravagante figura de Luciano, le propinó el acertado sobrenombre de: Marilyn Manson de Arauquita. Y así se quedó por mucho tiempo y esa fue la idea vaga que Fernando Alonso se hizo de estas tierras inhóspitas: una tierra demente que a pesar suyo es capaz de engendrar un extraterreste.
Mientras empacaba sus triste cuatros trapos, además no sabía muy bien que empaquetar, tal vez un sombrero y unos vaqueros, pero temía ser muy caricatúresco, o tal vez empacar nada, o sólo un par de bermudas y un pato de flotador, pero tenía que dictar una conferencia, pero acaso podía llevar un blazer? Mientras empacaba sus tristes cuatro trapos recordaba las pocas veces que Luciano se había referido a su lugar de origen. Su tono siempre había sido demasiado sobresaltado, aunque pensándolo bien, él siempre estaba sobresaltado. Pero además profesaba una suerte de asco por esta tierra, aunque pensándolo bien, él siempre profesaba asco hacia las cosas más cercanas suyas. Finalmente pensó que Luciano no era para nada una buena referencia y que lo mejor era llegar libre de prejuicios hacia una tierra que imaginaba a la vez selvática, en medio de un salvaje recodo del Amazonas, así como una tierra desértica, al mejor tipo de películas del Oeste.
Así que a las 7 de la noche partió de Bogotá a tierras lejanas, con cualidades casi míticas, que había parido una bestia híbrida satánica bajo el nombre de Luciano. Desde la mañana estaba bebido, durante el día había almorzado un bistec que le había repuesto por un par de horas, había dormido y ahora pedía con desenfreno a la azafata botellitas de aguardiente. A pesar de las advertencias sobre la temperatura del lugar, llevaba un lígero buso al suponer que en la noche el viento podía llevar un poco de frío. Pero apenas bajó del avión, lo abrumó una oleada de calor salvaje que no demoró en empaparle el rostro de sudor, como si se encontrara bajo una regadera, pero esa regadera fuera él mismo. Supuso que era cosa del alcohol, el no poder con el clima asfixiante, pero en pocos minutos notó que el trago de su cuerpo se había desvanecido y ahora se encontraba irremediablemente sobrio en una tierra extraña.
Camino al hotel de tres estrellas Capri, observó el primitivo paisaje rural del pueblo, la opaca vida nocturna, la escena al parecer tradicional de las matronas sentadas al frente de las casas, a la tenue luz amarilla de las bombillas, con innumerables niños en sus piernas, todos en medio de un letargo incomprensible, como en medio de una correspondencia infinita entre su olvidada raza y las estrellas del cielo llanero. Esto lo abrumó bastante y un susurro incesante de millones de grillos tras sus orejas parecían invitarlo a perderse en medio del monte. Donde fuera que mirara, encontraba rastros de abandono y pobreza. Una que otra vez podía ver la figura delgada de un hombre entrado en años, con la cara cubierta por el sombrero y si acaso se dejaba adivinar la expresión de los ojos negros, podía sentir una tristeza tan insondable en esa existencia que lo obligaba a desviar la vista hacia otro espacio vacio de abandono y pobreza.
Apenas se bajó del hotel y quiso instalarse en la recepción, la primera cosa que le molestó sobremanera fue el esfuerzo infructuoso de la empleada por hablar en inglés. No, sonrió, sin querer mostrarse superior sino comprensivo, yo soy colombiano. Ella se apenó infantilmente y le despachó con la mayor rapidez posible. Fernando pudo comprender que en esta región tal vez no fuera muy común ver hombres tan blancos, a pesar de que él mismo no fuera tan rubio sino que apenas contara con el pelo castaño claro. Luego de dejar sus cosas en el cuarto y tomar un pequeño baño para contrarrestar un poco el calor, quiso bajar al restaurante a pedir una comida autóctona de la región. Tenía la impresión de que en estos días se saciaría de tanta carne que pasaría el año entero sin querer dar bocado a ningún animal vivo sobre esta tierra. Pero se amargó al ver el menú del restaurant del hotel. Además al ver el sitio completamente vacío decidió que no era muy buena idea comer allí y decidió aventurarse al centro del pueblo con la firme idea de comer algo tradicional de la región. Deambuló poco cuando se dio cuenta que el centro no constaba sino acaso de unas 3 cuadras. En ninguna de ella encontraba algo que le llamara la atención: sólo había sitios de hamburguesas, empanadas, pizzas y comida casera. Así que se fue por la comida casera y sin decir nada, aceptó con estoicismo una sopa fría con nata de grasa, una carne mal servida y unos vegetales podridos. Se tomó una cerveza en una de las fuentes de soda del lugar y al ver que le observaban con mucha atención, prefirió devolverse al hotel. Ya salía de la fuente de soda cuando escuchó un grito dirigido hacia él: Hey Catiro!. Se devolvió con sigilo, como queriendo ahorrarse problemas. "Le devolví mal el cambio, hombre, lo siento. Tenga, este es su cambio". Se devolvió de nuevo hacia la puerta, siempre con la sensación de una mirada incisiva de los hombres sobre sus hombros y la impresión de una risa cizañosa, creciendo en ellos dirigida a él, el forastero.
Tuesday, April 24, 2007
lunes en feria del libro.
Tuesday, April 03, 2007
Sin morir pero
Tirado en un rincón oscuro de la sala, se frotó la frente y con la misma palma de la mano se cerró el párpado derecho y sintió esa mitad de la cara muerta. Se tomó el último pucho de vino directamente desde la botella para arrojarla luego al lado de las otras botellas de cerveza vacías. Pocas horas más tarde lo levantaba Rosa: Lo siento, mi amor, es hora que te vayas yendo. Se incorporó observando a su alrededor y se dio cuenta de que era el único que quedaba. Le preguntó a Rosa qué hora era. Era mediodía pero sentía que el frío le pegaba directamente a las costillas. Apenas si se despidió de la escuálida anfitriona y ya se encontraba de nuevo en las calles, luchando en contra de los inclementes rayos de sol. En su sueño creyó haber encontrado su nombre pero despierto siente que la ha perdido para siempre.
Se revisó los bolsillo de la gran chaqueta negra, que llevaba cerrada hasta el cuello, causando la mala impresión de los deportistas del domingo, que le miraban con repulsión por su sucio aspecto y estar tan arropado en un día en que el sol parecía sonreír a todos los niños del paraíso. No le sorprendió encontrar unas pocas monedas, con lo que había derrochado la pasada noche lo menos extraño era encontrarse quebrado. Decidió que era mejor negocio gastar las pocas monedas en una cerveza para calmar la sed que un bus para descansar las piernas. El tipo de la tienda no pudo contener su asco: venga, le regalo una bandita para que se cubra esa mierda. Se miró al espejo y fue entonces cuando vio la gran herida que le supuraba en una de las comisuras inferiores del labio.
Nada es más ridículo en las calles que un héroe olvidado de una mala guerra venida a menos. Amarillo pus, hematoma creciendo, infección leve, bultos y bultos cerrados en su pecho: creciendo desde adentro: como criaturas de otra dimensión prestas a expulsar su existencia a partir de invasiones mortales. Pudo verlo en el baño de la tienda. Subió la mirada al mohoso espejo y comprobó el gesto instintivo de horror que emergía de sus agotados ojos negros.
Terminó su cerveza y se sentó en uno de los parques aledaños. Un grupo de chicos se reían y hacían monerías sin parar. Uno de ellos reparó en él y empezó a gesticular, en broma, remedándolo, como a los zombies de la televisión de sábado. Los otros chicos celebraron el chiste y se volvieron al triste sujeto de negro tirado en la loma del parquecito. Lo señalaban con crueldad y se burlaban de su inexplicable conducta ante el generoso rayo de sol de domingo. Sobre todo las chicas, las chicas que acompañaban al fresco grupo de jóvenes universitarios. Ellas se reían con fuerza y una de ellas señaló, en referencia a él: pobre sujeto. Él no alzaba la cabeza y esto irritaba más a los más enérgicos líderes del brillante combo. Cansados de la indiferencia del sujeto, empezaron a cantar canciones de moda y gritar que ellos sí sabían vivir. Uno de ellos, con una gorra de colores, mechones colorados, juglaresco y hábil le tiró una piedra que chocó contra una de sus piernas. El otro, un androide de gimnasio, le retó una pelea: haber hijodeputa, no vaís a venir a dañarnos este hermoso domingo con tu puta actitud de me-vale-mierda-todo.
-Es tan fácil ser gracioso en esta época. La ironía y el sarcasmo está al orden del día en un mundo que no piensa demasiado y que ha dejado las cuestiones serias y ha olvidado las preguntas pertinentes en el momento en que enterró a sus dioses por la facilidad asesina del consumo, la injusticia del liberalismo y el despecho de la liberación sexual. La revolución que planteas me da asco en cuanto no se dirige a recuperar lo básico, que es la dignidad y el honor. Tanta mente abierta para nadie dispuesto a dar la vida, es una estupidez interminable. Puedes creerte el hombre más feliz y rebelde del mundo por fumarte un porrito - y encima creer invocar antiguas divinidades muertas - escuchar rock, follar golfas y vestirte como un pendejo, pero tu propia actitud no es más que una cara de ese horripilante pozo negro y sin sentido en que tratas de afirmar esa sonrisa de idiota mediocre que se resiste a colapsar con el caos de tu propio tiempo.
Mierda, pensó para sus adentros, debo procurar dejar de salir tanto. Esto no me hace ningún bien, llenarme de tanto veneno me asfixia y me perjudica. Es obvio que la gente de la calle es imbécil, sus pretenciones y palabras no son suyas sino de una sociedad envenenada, asesina y cruel: ellos quieren vernos en un lodazal de mierda y los jóvenes son los más dispuestos a aferrarse a él siempre que puedan tener un miserable sexo frío y aséptico. Esta es la democracia, la sicótica bárbara que ataca lo inexplicable y oculto: somos sus enemigos: los vampiros. Somos basura y desecho. Ellos irán con sus antorchas, sus ambiguas imágenes de la luz y su demencial símbolo de la paz dispuestos a invadir nuestros castillos, a enterrar nuestros hastiados corazones y desahogar toda esa sed canibal en nuestros rostros diferentes que los asusta hasta la muerte: porque delata su fealdad infinita.
El androide de gimnasio se acercó y empujó a la triste figura que apenas había pronunciado pocas palabras -sin que se le entendiera la mayor parte. El juglaresco rastafari también se había acercado y le había prometido romperle un bate de beisbol en la pálida cara. Las chicas se habían excitado. Tenían aún ese revanchismo barato que les propiciaba el espectáculo del fútbol.
Y yo decidí desaparecer en ese atardecer de domingo: de tiempo y espacio: desaparecí en un tiempo esputo: grises sombras: promesas de un bonito despojo arrancado de un tráfico de entre semana, esta belleza que ya no recuerda voces de Jeff Buckley ni Andrew Wood. Ya no suenas, recuerdas? Bebé con pistola que sale a disparar al espacio estúpido celeste de un día en que la chica fluía distante, a la distancia. Y crees que estás loquito pedazo de catre incendiario? No estás en su retina de televisón amable. Es hora de que te reúnas con las ratas de ayer, en el fuego que se resistió a revelar su silueta en la noche que para ti fue mejor ni existiera. Un grito amargo sería una inyección negra en el borde del ocèano sin superficie. Yo arrastré algunas olas de mar mientras partía: jugo subrepticio sin letras amargas que tragar para dar forma alguna. Y tú me pateas ese culo que ni siquiera me atrevo a tener en este sueño de almizcles disolutas.
-Chics... -seguía diciendo, mientras le retaban y sin que se le entendiera- este sol de domingo les pertenece todo a ustedes: es su brillo: es su culo: por favor, sean félices a su rayo. Yo sé la razón de su furia... ufff.. este sol de Domingo les pertenece y yo soy una luz sin día. Demasiada luz para aparecer ante el sol: soy demasiado culo para su vista y el culo ya está arriba, sin tener que ser visto, abrigándolos y alegrándoles la muerte. Esa piel curtida. Ya lo decía el muerto: ningún hombre soporta la desnudez del otro. Y yo soy como un culo que se broncea. Pero... estoy mal y muero: o sea, lato más que el mismo sol en sus cabezas. Dejénme relamer mi propia mierda que soy un culo bastante introvertido.
En ese instante un hedor se hizo manifiesto en toda la atmósfera. El cielo empezó a oscurecerse misteriosamente. Y una risotada se escuchó desde lejos. Una brisa inexplicable invadió a todos los presentes - incluso al ausente. Una legión de cuervos y chulos circundó la escena. De repente, apareció, nadie sabe de donde, una escultural mujer vestida con un estrecho vestido, como de seda, que le caía a través de una figura gitana. Su rostro era tan blanco como no se acostumbraba a ver por la región, tan blanco como de extranjera, incluso más. Un lacio pelo negro largo que le llegaba hasta la delgada cintura. Una cara irreprochable de no ser por unos extremados ojos negros hundidos de ultratumba.
El rastafari, haciendo dotes de galán:
-Hola, la Lilly Munster que faltaba. La hora en que salen los Freaks. Yo iría hasta los Carpathos por tu beso mortal.
La mirada de la recién invitada no podía ser más que de reproche. Fue tan severa la mirada que todos tuvieron que callar. Ella se acercó al precario efebo. Nadie recuerda haberle visto el torpe caminar de las piernas. Fue tan perfecto su acercamiento que pareció volar. Tomó por la mandíbula al simulacro de jamaiquino y giró tan fuerte de ella que le separó instantáneamente la cabeza del cuerpo. La sangre soltaba a chorros increíbles y el cuerpo demoro un poquito en caer definitivamente hacia la región en que los chistes están de más. La cabeza se vio rodar por la oscuridad del parque como una pelotita de fútbol golpeada por Pelé.
El hombre de negro, que hace poco estaba arrojado en una lomita del parque, ahora incorporado, sintió unas súbitas ganas de beber de aquel estúpido que ahora desangraba lo poco que tenía de real en vida. Le pareció estar rodeado de un grupo de buenos Kamarades que le invitaban a saciar su mórbido apetito.
Al tiempo que el renovado hombre se saciaba de la sed del desgraciado, la oscura gitana daba consejo a los estupefactos muchachos de barriada de domingo. Al androide de gimnasio, que aún se creía invencible por la ridícula forma que le había dado a su cuerpo hora tras hora en un gimnasio de hedor inmundo de sudor imposible de borrar, que aún conservaba una risa de idiota, le dijo, como una buena mami:
- Con esa risita de superioridad idiota lo más fácil para ti debe ser obtener un premio de Literatura o Cine. Sí, eso se traduce a dinero en efectivo, sin sudor en la frente: todo el sudor que necesitas expulsar lo restringes al gimnasio: buena idea, buen material para tus ideas. Aunque hace años nadie hubiera dado un peso por alguien de peso, ahora las cosas se revierten a tu favor: la frivolidad y la estupidez deben llenar las hojas de gente que apenas se esfuerza en leer cosas no mayores de 120 páginas. Debes estar lo más cercano posible al espíritu del ejecutivo, lo más cercano a su humor para ser vendido como un intelectual de la época. Tan cercano que procures que lo lejos que aún mantienes con él sea visto como marginal y nadie note la hermandad secreta que habeís trazado con él. Porque sos una puta, tanto de cuerpo como de alma, no me llamas la atención y no me provoca tu sangre. Ve a reir al gimnasio o a los clubes que sos la risa que delata la ignorancia de tus lectores. Ellos ríen contigo, creyendo que se ríen de ti -y en parte lo hacen- porque se ríen de ellos mismos. Y todo es una risotada, un conducto espiral de la estupidez que se conoce categóricamente, determinísticamente.
Thursday, March 22, 2007
Sin morir
o sea, a ti, Kira.
La historia que a mis padres les gusta contar, para abreviar, es que nací en un olvidado pueblo del Arauca, enfermé desde muy pequeño, estuve en innumerables tratamientos médicos y finalmente, terminamos llegando a Bogotá cuando yo contaba con 5 años. Antes de esa época realmente es poco lo que recuerdo. Pero las pocas cosas que recuerdo haber vivido contradicen radicalmente esta historia de mi propia vida.
No recuerdo nunca haber nacido y mucho menos como humano. En cambio, cuento con vagas visiones de esa época que me llegan por medio de sueños, flashes o delirios de fiebre. En estos extremos estados alcanzo a ver la figura de mi padre, un hombre bastante delgado, alto, un bigote rubio ceniciento, ojos grises y expresión severa. Él me recoge de una estación satelital. Recorremos juntos, de la mano, un aséptico corredor, tan blanco que enceguece. El hombre de seguridad le entrega lo que parecen ser unas llaves. Avanzamos callados una extensa avenida en medio de la noche. Había nacido.
Lo que en seguida se consideró sin mayor reparo como el curso de mi vida lo interpreto como la ardua tarea que llevó acomodarme a mi nueva condición. Por otra parte, nunca te has preguntado por qué la palabra "condición", con pocas modificaciones en su estructura, parece estar en el seno de la mayoría de idiomas del mundo? Si hubo una severa infección desde el principio es porque algo definitivamente no cuadraba en mi propio organismo. Y si lloraba a los 9 años, a la inescrupulosa luz nocturna del sanatorio respiratorio, con La isla del tesoro en mi regazo, rogando a Dios que me llevara por una buena vez y la enfermera no demoraba en volver para revisar la temperatura, era porque definitivamente algo no terminaba de cuadrar en mi propio organismo.
Y si demoré en aprender el habla y cuando la adopté la expresión se mofaba de mí y me violentaba como una perra dominatriz, era porque estaba mortalmente enfermo y la interrogación era el impulso básico de mi nueva condición humana.
Había escuchado decir que ellos vendrían por ti. Que ellos rastrean a los de su propia especie y es cuestión de tiempo para que te reclamen. La primera vez que presentí que algo extraño, pero a la vez terriblemente familiar, estaba realmente cerca fue en inmediaciones de la Zona Industrial en Bogotá, Colombia. Era un día espectacular, el cielo estaba totalmente despejado, el sol brillaba como un ano, la gente parecía ir y venir alegre. De repente sentí el hedor. Algo tan horroroso que te provocaba náuseas al instante. Pero lo resistí y empecé a sentirme mareado. El color de las cosas fue otro. La gente se veía tan horrible como en realidad era. Podías ver el grano que este adolescente había estado molestando, la cicatriz que aquella muchacha quería ocultar con un poco de polvos cosméticos, el pelo en la nariz que sobresalía del chacho de la oficina, el diente amarillo de la reluciente prepago que pasaba. Y tú empezabas a extrañar algo realmente sublime que te pudiera abrigar, más allá del hipócrita cielo capitalino, pero que podría esconderse en el subsuelo como un milagro en medio de la mierda. Y entonces viste tres espectros correr por el lado izquierdo, ir por el lado derecho, tan veloz que tu cuello no podía seguirlos. Hasta que sentiste el terror en todo el frente tuyo y dijiste: está es mamá. El resto que supiste es que te encontraron tirado en el césped, creyendo que estabas muerto. Dos ambulancias aparcadas y dos hombres tomando tu pulso.
Al otro día, la normalidad tímida que conoce el enfermo crónico. Al decir de los martasanos estabas perfecto. Pero yo sabía que había visto algo realmente cojonudo. Y me emocionaba sólo de pensar en qué podría ser. Le describí la visión a algunas personas un poco más abiertas a este tipo de experiencias y todos parecían querer creer pero al final siempre me decían: bueno, esas cosas suceden siempre antes de un desmayo. La única que pareció seguir en serio mi testimonio pareció ser la empleada de servicio que en ese entonces teníamos. Se llamaba Elsa.
Elsa en ese entonces vivía en una casa al sur en la vía al llano, en un típico barrio de invasión. Era una casa, según lo describía, con una estructura clásica del campo. Por este motivo, no era raro que el baño quedara fuera de la casa y tocara cruzar un poco de la loma para llegar a él. Tampoco es raro encontrar, en estas casas de la zona marginada de la ciudad, sólo una gran habitación para varias personas y cerca a ella, una pequeña salita, en la cual se encuentra la cocineta de gas y varias ollas. El caso es que Elsa dormía junto a su hermana. Una espesa noche de Mayo, la hermana de Elsa sintió unas ganas de ir al baño que le ganaban y por el temor obvio de atravezar parte de la loma sola llamó a Elsa que la acompañara. Elsa renegó un poco puesto que se encontraba en su quinto sueño pero finalmente fue tanta la insistencia de su hermana que se vio obligada a acompañarla. Cruzaron la lúgubre vegetación nocturna hasta llegar al baño. Elsa esperó a su hermana, evidentemente sin gusto alguno y aún renegando por la actitud canalla de la cagona de media noche. En esas se encontraba, cuando de repente pudo divisar algo que se movía cerca a los árboles que circundaban la humilde morada.
Cuenta que se quedó completamente paralizada. Fue en ese momento que pudo ver los dos monstruosos ojos. Comprendió, sin saber cómo, que se trataba de una mujer muy blanca, con ojos tan negros como los de cuervo y un cabello largo, lacio e igualmente negro. Pero Elsa se encontraba fija en los aterradores ojos de la aparición. Y en ese shock hipnótico divisó que se filtraba en medio de los ojos un horrendo dedo cadavérico, con una uña tan larga como de bestia, llamándola. Ella iba siguiendo la telepática orden, sin mover los píes, tan etérea como el sueño. A medida que se acercaba, el espectro parecía complacerse más. Fue tal el gusto de la aparición que no se molestó en mostrar los dos afilados dientes que escondía tras su macabra boca.
La hermana de Elsa, al salir del baño, encontró a su hermana yendo por la espesura de la noche a un lugar incierto, sin plena conciencia de ello. La llamó numerosas veces pero la mujer no parecía entender palabra. Así que fue hasta ella y la agarró de la palma de la mano. Notó que estaba helada. Vio en su rostro el letargo y le gritó. Apenas tomó conciencia Elsa. Estaba tan aletargada que tardó unos segundos en reconocer a su hermana. Y cuando reconoció a su hermana, y se enteró de la extraña situación, todo su cuerpo tomó conciencia del peligro y echo a correr hacia adentro con su hermana, sin dar explicación, sin emitir un sólo quejido, sólo echando a correr lo más rápido posible.
Pocos meses después del suceso en la Zona Industrial, encontré un tumulto extraño en medio del pecho. Empecé a espicharlo frente al espejo, tomándolo como una suerte de acné caprichoso que se había depositado en esta inusual zona. Salió algo realmente escabroso. Era un líquido amarillo, pérfido y putrefacto. No descansé hasta no ver que había salido por completo. Pero meses después el bulto aparecía y reaparecía. La última vez fui a ver al doctor, me lo extirpó él mismo y guardó la extraña sustancia en una muestra de tubo...
Monday, March 05, 2007
mujer
Me confieso un incapacitado mental para escribir sobre la mujer. Lo lamento porque finalmente a ellas les gusta los homenajes. Pero no podría escribir una chica chonqueta o componer Mujeres de Ricardo Arjona.
En cambio, sólo les puedo dedicar esta canción.
Thank you for the roses
Thank you for the roses
Tuesday, February 13, 2007
ángel
Delerium - Angelicus
Ria - Natural City
Ocurrió luego de la crisis nuclear entre Norcorea e Irak. Desde casi todos los rincones del mundo pareció verse el mismo fenómeno. Una espesa nube rosa cubría la totalidad del cielo, a veces rayos plateados rugían y murmuraban rompiendo el terroso techo que incomprensiblemente se había formado. Los aviones no pudieron despegar más y las aves parecían haber desaparecido por completo. La comunidad científica, por supuesto, ideó la respuesta más rápida para comprender el suceso aunque no generó convicción y las tesis expuestas no tardaron en ser abucheadas por el gran público. En la ciencia no estaba la respuesta. Los predicadores celosos de sus creencias interpretaron a favor de sus iglesias la incertidumbre acrecentada. Un célebre ufólogo convocó a otro suicidio masivo. Los filósofos se travestían en las calles. Los físicos jugaban al yo-yo en sus laboratorios. Los niños mutilaban las muñecas con los dientes. Las amas de casa compraban los periódicos de la farándula. La farándula se hacía a la cienciología de L- Ron Hubard. Yo me emborrachaba cada tarde, desbordado de nostalgia y melancolía. En fin, que Dios se había presentado y el pecado seguía inerme. Pero había suficiente ciencia como para preocuparse por el destino del hombre. Ya no se soñaba con volar a través de las gélidas galaxias. Todo lo que concernía al estúpido hombre post-nuclear era la extensión absurda de la existencia y la calidad de vida. Habíamos perdido el cielo y sólo parecía importar en las tabernas. Chicago era el imperio de la tolerancia y la ciudad más pacífica. Solía beber junto a un antiguo astronauta de la misión Gather Rocks:
- Algo se escapó de TrES-1. Un sórdido invierno en las rocas. Todo un desierto esperando tu muerte. De repente, un silbido enloquecedor. Lágrimas de ángel en tus ojos. Sabías que este tipo de espejismos era algo natural bajo estas condiciones. Pero la risa de un niño te hacía pensar dos veces si no era algo real, como si hubieras aterrizado en el jodido cielo. Imposible, fue lo que pensé. Todos mis camaradas nos devolvimos en silencio. Imposible, fue lo que dictó el juez cuando le revocó la licencia a Dave.
El terruño celestial se desvaneció por los cielos, con la misma naturalidad en que surgió, después de la crisis nuclear entre Norcorea e Irak. Los científicos callaron y los pastores hablaron mucho. 25 años en que el mundo perpetúo su soledad cósmica sin aparente trauma. Pero los borrachos sabíamos que algo había entrado en la tierra de manera definitiva. Las pruebas eran difíciles pero irrefutables. Algo en la sensación parecía comprobarlo. Era como vivir toda una vida a través de una ardiente mirilla invisible.
Soñé después de las noticias. Soñé en el trasbordador Eileen cruzando la bóveda celeste. Estábamos siendo azotados por una fuerte tormenta galáctica. Llovía y la nave daba tumbos. Alguien gritaba sin miedo, como si fuera una reacción natural del cuello al desgarrarse. Entonces las visiones aparecieron. Pasaba junto a la cabina de Andrea cuando lo vi pasar. El trineo de Santa surcando el espacio sideral. Los dos quedamos en shock, cruzamos la mirada como si con ella cerraramos un secreto mortal. Abajo, en la cabina de compresión de gravedad las cosas tampoco andaban para nada bien. Así que le pregunté a Anita si había visto lo mismo que yo. Me respondió: claro, vi el tren de Chicago arder en la pista. Llamé a la Tierra y fue cierto. Un tren en Chicago se descarriló de la vía. De esta manera supe que estábamos en presencia de una entidad extraterrestre. Porque todas estas visiones eran imposibles y algo, de alguna manera, estaba sacando de nuestra mente las fijaciones más absurdas. Al despertar, me sentí menos solo en el universo: ya esa inteligencia había entrado en contacto.
En las noticias el transbordador Eileen se reportaba como pérdida absoluta del sueño del Espacio. Yo, en principio, no debería existir en este tiempo de la Tierra. Debería procurar permanecer invisible ante los A.L (Agentes Lógicos) si no quería ser regresado a casa, a la muerte, en las ciudades del futuro.
Tenía que cumplir una misión por lo pronto. Ir al rescate de los Niños Sagrados de Indonesia. Ellos llegaron a la Tierra hace 25 años. En la época que el cielo desapareció. Tras la crisis nuclear entre Norcorea e Irak. Luego de la bomba. También les llamaron Los Hijos de la Bomba. Unas criaturas excepcionales, en todo caso. Rechazados por sus madres en el nacimiento: la mayoría de ellas con severas heridas en diferentes partes del cuerpo, si no con múltiples mutilaciones. Los centros asistenciales los reportaron como niños con graves alteraciones genéticas, e incluso hubo quien afirmó que se trataba de despreciables mutantes. Si bien cuando nacieron eran niños monstruosos, con algunos órganos vitales externos, la ciencia no tardó en descubrir que de algún modo milagroso estos órganos se acomodaban a su posición "normal" sin sufrir alteración alguna. Muchos de ellos nacieron siendo siameses y a muchos de ellos, por esa obsesión médica de la normalidad, los asesinaron al tratar de separarlos. Los que se salvaron demostraron que eran más perfectos siendo 2 que 1.
Además de estas consideraciones puramente "médicas" lo que más fascinó a la opinión pública era el aspecto de estos niños a medida que maduraban. A los dos años la piel les cambiaba su original aspecto moreno y se veían tan blancos como un mármol. Los ojos tornaban amarillentos, como si sufrieran alguna clase de hepatitis. Algunos incluso desarrollaban una cómica cola al final de su columna vertebral(obviamente la clase media estadounidense no se cansó jamás de decir que eran duendes demoníacos).
Los Hijos de la Bomba estuvieron en la mira pública todo este tiempo. Por eso no fue extraño que cuando cumplieron 16 años se volvieran un fetiche cultural y muchos de ellos fueran utilizados como modelos para marcas como Dior, Gucci, Burberry, Ralph Laurent y Versace.
Los Niños Sagrados de Indonesia, como les conocimos luego, empezaron a morir prematuramente. Morían durante las sesiones de fotos, morían durante los estudios médicos, morían en las escuelas lujosas de Beverly Hills, morían en las ferias de exhibición de fenómenos en los pueblos. El primero en morir se llamaba Hans. Sus últimas palabras fueron: he encontrado el camino. Y se desvaneció. El acta de defunción daba como causa de su muerte Paro Cardíaco. El segundo en morir, Little Mati, exclamó durante un paseo en el campo: el camino se está construyendo. Y sufrió una combustión espontánea. Entonces los científicos locos y parasicólogos se aficionaron a seguir a estos extraordinarios niños con la esperanza de que murieran y dijeran algo que les ayudara a completar el acertijo. Pocos contaron con suerte, muchos de estos niños eran protegidos con recelo por sus portentosos padres adoptivos. No obstante, siempre satisfacían el morbo del público y revelaban las últimas palabras de sus queridos hijos fetiches. Todas las proposiciones de muerte tenían algo que ver con un camino. Y los especuladores del mundo estaban encantados construyendo el rompecabezas de la extinción de los Niños Sagrados.
Y estoy ardiendo y me araño la ropa. Salgo del Motel Arizona gritando. Me arrojo a la sucia piscina. Pero sigue doliendo. Algo me está haciendo daño. Es como si estuviera soñando a carne viva. Los huéspedes salen espantados y sé que me están observando pero no sé controlarme. No entienden que me ha cogido nuevamente las 4 am desprevenido. Y estoy seco y solo, solo ardiendo en llamas. En mis sueños ardo y me consumo. Son mis sueños que me asaltan. Son mis sueños que me llaman por mi nombre. Ardor de amor. Es algo familiar? algo que me haya ocurrido antes? Los A.L pronto llegarán en sus cohetes y vendrán por mí. Estos shows no me son permitidos. La fuga tiene que ser nítida, como mi amor. Pero me revuelco un rato en el interior de mis sueños. El agua brota a montones de mi cuerpo. Me ahogo. He muerto y renacido. Puedo gritar y reír. Pero no puedo estar a gusto. Déjame ir al Espacio, conocer tu secreto, besar los túneles del infinito. Jamás podré estar de vuelta allá arriba. En la escotilla, rozando los gases del universo, en el salvaje paisaje del absoluto.
Karl era su nombre. Lo encontré en una jaula para animales en la Feria de Esperpentos en Wichita, Kansas. Sabía que fallecería en menos de doce horas. Tendría que robarlo. Ya la pasma del tiempo me había pisteado durante tres semanas tras el escándalo en el desierto. Era cuestión de horas para salvarlo. Me acerqué con cautela al circo. Estaba tan concentrado que me fue imposible advertir al enano fisiculturista. Creyó que se trataba de un ladrón de gallinas y me agarró a bastonazos. Luché y forcejeé con el enano. Improvisé un salto mortal que maltrató considerablemente al pequeño musculoso. Pensé que lo había derrotado cuando sentí de repente un fuerte dolor en los testículos. Era el enano que me estaba mordiendo las güevas. Traté de desprenderme de él pero más aferraba sus molares en mi sexo. Sentí que me desfallecía. Empezaba a sentir calor allá abajo, era la sangre que corría de mis pelotas. Me abstenía en lo posible de gritar, era lo peor que podía hacer si no quería ser masacrado por una horda de payasos, mujeres barbadas y malabaristas. Pero el enano me estaba ganando la batalla. Jamás creí que un enano de circo contara con una mandibula tan férrea. Supuse que ésta sería mi ridícula muerte. Estaba perdiendo todas mis fuerzas cuando empecé a escuchar un canto divino, algo como los cantos gregorianos, y una luz cegadora pareció nutrirme desde adentro. Obvié el dolor y comencé a reír. Abracé al enano como si fuera mi hijo. Le persigné su cabeza pelada y quise besarlo. Estaba volviéndome loco del dolor y del placer. Fue cuando pude clavarle un mortal puño definitivo en la corona de su cabeza. Subió su infantil mirada hacia mis ojos como en tono de pregunta. Me hice de tripas corazón y le propiné otro puño a su hermosa cara incomprendida. El enano parecía estar llorando y al ritmo de su llanto seguía maltratándolo (pese a que sintiera que los golpes me los estaba dirigiendo a mi mismo y que llorara largamente junto al enano). Finalmente, de su cara sólo se podían apreciar dos inquietos ojos verdes desbordados de lágrimas. Sentí pena por el enano. No quería llevarme ninguna vida en esta misión. Pero desafortunadamente no todas las cosas en este mundo son color de rosa y siempre hay alguien que paga las consecuencias. Miré a través de mi pantalón y vi que chorreaba sangre a la altura de mi pene. Sabía que el enano me había destrozado las güevas. Me recosté al lado del ridículo cuerpo sin vida del enano. Lloré hasta el amanecer.
-Karl, es hora de irnos, joder
-El camino... el camino...
Karl sólo repetía "el camino.. el camino" como un maldito perturbado. Supuse que el dueño del circo lo había estado instigando con el fin de que revelara algo del misterioso camino y que Karl, traumado por ignorancia, sólo decía esta palabra como esperando que algo divino viniera a completarle la oración. Le dije que olvidara por un instante "el camino" y aprovechara para escapar. Karl asintió con risa boba y me siguió por el espesor del monte.
Wednesday, February 07, 2007
deftones en Colombia - 06-02-2007

-Tío, te lo aseguro. Yo soy uno de los culpables del calentamiento global.
Y no es que Adán Smish sea fumador, taladre bosques o le encante quemar árboles. No es que Adán Smish sea un mal escritor narcisista al que le encante arruinar miles de hojas viendo sus torpes escritos finalmente en papel impreso. No. Adán Smish es un realizador de cintas caseras gays. Ciego, cree que las películas pornos son las causantes de todo el desorden climático. "Con toda esta gente cachonda, cómo no va a arder este pobre planeta?" Se pregunta, convencido, Adán Smish.
Desperdicio toda la mañana corrigiendo el argumento de la próxima cinta de Adán Smish: ATENAS 400 A.C. La inspiración surgió cuando Smish confirmó el rumor de que los primeros filósofos griegos eran homosexuales y probaban con drogas. Este descubrimiento para Smish desencadenó toda una serie de frenesí inspirador y una potencial fuente de creación para sus videos, a los cuales califica de "bastante vulgares y huecos". La verdad es que no le veo ningún problema a que los videos sean vulgares y superficiales, nadie pretende incrementar su cultura al alquilar una cinta porno. Pero Smish difiere de mi tesis y ha investigado sobre la cultura griega para su próxima película.
ATENAS 400 A.C:

La historia surge con el famoso Proemio de Parménides. EL filósofo va por el sendero menos transitado por los hombres, acompañado sólo de una yegua. Antes de entrar a la cueva, una diosa con cara de pocos amigos le dice que la entrada tiene un valor sexual. Así que el filósofo tiene que hacerle un poco de sexo oral antes de proseguir. El filósofo continúa el camino, pero la yegua queda copulando con la diosa: algo de sexo lésbico zoofílico. Al llegar al fondo de la cueva encuentra la famosa esfera, que es la verdad: la verdad es circular, no admite diferencias entre perspectivas. La esfera , que es en realidad un ano, empieza a estremecerse de placer y le grita con desespero que la labor del hombre de conocimiento es penetrarla. Parménides vuelve con ese conocimiento a Atenas y arma su propia escuela de muchachitos. Ahí vendría un corte y se mostraría a los miembros de la escuela haciéndo un gang-bang al atormentado Parménides.
De esta escuela de muchachitos se formaría Sócrates. Sócrates detesta a Protágoras, que afirma que el hombre es la medida de todas las cosas. Al verle la polla a Protágoras se siente engañado y le dice: claro, a ti te conviene decir que la verdad es una cuestión relativa, así te curas en salud de tus pequeños dotes. Así que inventa un método, la mayéutica. La mayéutica consiste en poner en duda la sexualidad de los muchachos hasta que estos terminan, finalmente, accediendo al encuentro carnal con el ya envejecido filósofo. Un amante enamorado de Sócrates declara ante el ágora que el viejo filósofo está copulando a todos los jovencitos. Lo condenan a servir de secretario a Prótagoras o a la muerte. Prefiere la muerte.
Un joven febril, formado en la nueva escuela, asiste a la terrible muerte de su maestro en cárcel. Conmovido por esta visión, decide convertirse en él y emprende la honorable tarea de hacer hablar a su maestro muerto con sus opositores. A este apasionado joven lo llamaban Platón, por la enorme espalda que había adquirido luego de haberse puesto muchas veces de rodillas ante su sabio profesor. Smish, en gran medida, se identifica con Platón, en cuanto cree que el filósofo fue el primer cineasta. O sea, se refiere a la alegoría de la caverna.
Un hombre es alejado de toda la manada de idiotas de su lado. Es digerido por el gran espíritu cósmico que lo succiona hacia una órbita ininteligible para el hombre común. El hombre sufre y llora. Luce desesperado. Como un perro con ántrax se retuerce ante semejante luminosidad. La sabiduria es tan vasta que le cuesta asimilarla. Tras soportar mucha pena en este nuevo universo verdadero y confrontar su propio espíritu de farsante, empieza a llenar sus pulmones de un nuevo aire, su mirada ya no es la misma, sus pensamientos ahora son claros y reales. Finalmente, el renacido hombre se hace al nuevo mundo y sólo le resta la pena para su anterior estado de ignorancia e infelicidad, mentira y opinión. En este feliz punto, la misma fuerza, el mismo espíritu, el mismo duende burlón, lo devuelve a su lugar de origen. Y el hombre es desgraciado nuevamente. Sabe que su experiencia es tan original para la estupidez del hombre común que sólo remitirse a ella le acareará desgracias y desprestigio. Piensa melancólico sobre la verdad, el bien, la justicia y la belleza: todas esas bondades que su inmediato anterior estado le otorgaba. Aborrece el viejo mundo -o sea, donde se encuentra ahora- que le parece falso, tonto, malo, injusto, horrible, idiota, estúpido. Y lo llama "el mundo de sombras" en comparación al perfecto mundo en el que vivió, el cual era pura luz y belleza. Un hombre de sombras jamás ha visto luces, por lo tanto, sobra hablarle de luces, sobran las palabras bellas y justas. Este hombre entiende no más sombras. La tarea de Platón se reduce a traducir el mundo de la inteligencia al lenguaje del bruto. Palabras brutas para el bruto podrán remitir, así sea por medio de la carencia, a la promesa de una belleza cierta.
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