Luis Cermeño - Andrés Felipe Escovar (Bogotá, Mayo 2010)
del bolero Frenesí.
No fue Telequinesis.
No fue teletransportación.
Tampoco un viaje austral, como los que acometía Marsella en su pasado futuro a nombre del círculo lingüístico de Viena que tertuliaba en el Club del Beso Negro la poética de Hernán Hoyos.
¿No habrá un sólo macho para mí?, se preguntó Julián Andrés; lo único macho que tienes es esa tristeza, se contestó el propio Julián Andrés.
Se rebotaron las palomas en el puerto.
Marsella no sabía si el que se preguntaba era su psiquis del siglo XXI y la que se contestaba era su mente del siglo XX o viceversa, se figuró a la virgen María empuñando un machete y diciéndole: eso te pasa por rasgar la hendidura del tiempo que Dios Padre nos dio para morirnos.
- Cállese que usted no es virgen.
Replicó la Psiquis postmoderna de Marsella.
- El haber parido a Cristo hizo de mi himen un telar de oro que deslumbró a los siglos, infeliz.
Silencio admonitorio profirió la psiquis continental del otrora escritor colombiano.
Fantasmita quedé yo luego de haberme tomado el veneno. No me importó dejar en mi maleta un montón de textos que buscaban sacarle algún pretexto a este bochorno de amor que sentía por los hombres a los que mi mujer les abrió sus piernas. Esos hombres que llamé flaneur y que desprecié tanto como al perro austríaco.
Flaneur: Deambulantes del sexo sucio de mi mujer marxista. Y claroscuros de mi corazón.
¿Dónde está el aura de mis arterias?
Hombre de Austria: Espadachín de tantos alemanes filenos. Y sombra de Amon Rá.
¿Dónde está mi cadáver?
La dialéctica de mi esposa se agotaba cuando veía los ojos aceituna de los tunecinos y sus ojos claros eran tan parecidos a los de las demás cerdas alemanas; de haberla dejado preñada engendraría un crío que lavaría su cuerpo con el tejido adiposo de mis restos judíos.
Me arranqué la salchicha dándole vueltas y vueltas hasta que se desgajara de mi vientre. Sonreí cuando la tuve entre mi mano ensangrentada. Estuve tranquilo porque si no moría con el veneno que iba a aderezar el embutido para comer, la hemorragia me llevaría un sueño profundo en donde me encontraría con Moisés, Daniel y Esther.
Así fue como salí de ese cuarto de hotel fronterizo con la forma de un fantasma que repetía incansablemente la palabra: Fantasmita.
Julián Andrés Marsella lo vio aparecer en la densa nubla de la madrugada cartagenera, en donde traficaba su hermoso mercado negro - Tan caro para él como para su despecho-. Creyó que lo que estaba sobre la cresta de aquella ola era una inmensa montaña de espuma, pero cuando la ola agonizó en la playa esa espuma se transformó en un espectro de humanoide viejo y judío.
¿¡Eres la virgen María?´- preguntó la psiquis continental de Marsella.
-No, yo sólo creo en él.
- ¿En quién?
El espectro hizo una mueca de desconcierto. Extendió la mano fantasmal a su contertulio.
- Me llamo Walter, aunque puedes decirme Benjamín.
- Hola, me llamo Julián Andrés Marsella, otrora, escritor colombiano y vengo del siglo XXI.
- Yo me morí en la frontera hispano-francesa y no sé por qué estoy acá.
- Acá se llama Cartagena, y hay muchos negros, ¿te gustan?
- No. A mí sólo me gustan los libros y mi mujer aunque me pegue por no ser Marxista.
- Entiendo. En el siglo XXI a mí me pasó algo parecido.
- Entonces, ¿tú también eres un fantasma?
- No. Soy psiquis bifurcada. Mi cuerpo está en Bogotá, mi espíritu en Cartagena y mi alma en un agujero negro.
- ¿Qué es un agujero negro? ¿Es de lo que hablaba el bibliotecario Bataille?
- Sí y no. - Marsella le habló de Dios y la astrofísica.
El fantasma judío saltó de ira diciendo:
-¡De nada han servido mis libros!
-Los míos tampoco, mi amor. ¿Qué otra cosa hacías en tu vida aparte de escribir libros y venerar a tu esposa?
- He estado buscando una salchicha en toda Francia.
-Yo también estoy buscando salchichas a través de los tiempos.
- Yo sé dónde encontrar – contestó Benjamín con suficiencia
- Dime – Parpadeaba Julián Andrés Marsella como una burra enamorada de un potro imposible,
- En Palenque. Acabo de tener una reminiscencia del futuro que me interpela: allí están los arquetipos de las salchichas y no hay tiempo ni historia pero sí aureolas non-sanctas.
Se tomaron de la mano caminando como dos amiguitos. Uno no sabía si era fantasma, el otro si era psiquis postmoderna o mentalidad continental.
Desaparecieron en el horizonte buscando algo que no podría denominarse felicidad.
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[1] -Entiéndase por Histología como la disciplina que estudia el logos de la Historia y la Historia comprendida como el útero canceroso de las deidades masculinas que han parido al cosmos.









