Friday, May 04, 2007

Un idiota

Conque ayer concerté una cita con el Inca Triste para un almuerzo. Pero conté con tan mala suerte que, pese a haberme alistado desde temprano y salir con antelación, las clásicas manifestaciones hicieron demorar en una hora la cita. Toda la séptima, carrera de vital importancia para esta gris ciudad, se cerró por culpa de esos imbéciles que, no contentos con el primero de mayo, seguían protestando. Acerca del primero de mayo: lo que más me sorprende es como antes los antiguos ritos que se ocultaban en las tradiciones de la iglesia hegemónica de la sociedad occidental ahora, sin la necesidad de suplantar su creencia a otro misticismo, se adaptan a las creencias laicas más preciadas. Y qué es lo más sagrado en esta sociedad que se autoproclama laica?: El trabajo, sin lugar a dudas. De este modo es que el equinoccio de primavera, la noche más larga del año, antigua noche de Walpurgis en la cual se creía que demonios y hechiceros se daban cita, se sigue celebrando, bajo una nueva mascarada, desprovista aparentemente de cualquier compromiso espiritual, pero olvidando definitivamente que es la noche en que el mismo espíritu del hombre se juega en lo absoluto.

Mientras el bus trataba de pasar sobre las cabezas huecas de miles de piojosos pseudo-revolucionarios, con olor a pedo, y chiveras llenas de manteca, mochilas repletas de marihuana e incienso, culos sucios y caras de conformistas, trataba de concentrarme en el siguiente pasaje del cuento El que acecha en el umbral de H.P Lovecraft y August Derleth:
  • Si el hombre vulgar llegara a sospechar la grandeza cósmica de los universos, si tuviera un solo vislumbre de las pavorosas profundidades del espacio exterior, o se volvería loco o rechazaría tales conocimientos, prefiriendo aferrarse a cualquier superstición.

Traté de llamar al Inca Melancólico pero la comunicación no se me daba. Desesperado volvía la cara sobre la ventana y me irritaban esas pancartas que proclamaban: Paz y Amor viejito Uribe, a lo bien, sano viejo. Y ese viejito Uribe también me tenía con la piedra afuera, como me la sacaban los ganadores de los cursos de bachillerato, tan presuntuosos con sus novias huecas que les daban sexo y tan amenazadores con esos músculos de gorilas grotescos. Te veían y te cerraban el puño, para que te diera miedo. Y yo siempre los repelí a esos hijosdeputa. Malditos fronterizos que creían lo que decían los fracasados de los profesores, eso de que el bachillerato era la mejor época de la vida. Y lo creían y lo practiban, porque los veías felices, showing off his luxury cars y follando cosa que da miedo. Para ellos fue la mejor época de la vida y eso, a pesar de todo, se te antojaba miserable, porque tendrían una felicidad muy pasajera, banal y prematura. Pero por lo menos tuvieron felicidad, Luis, por lo menos ellos tuvieron esa promesa un instante, así fuera una cosa falsa, simulada. En la calle, los hippies cantaban himnos y reían exageradamente, pura física risa falsa e hipócrita, no sé por qué esos hijosdeputa hippies siempre que se fuman un porro se les da por reir a todo pulmón, cuando ni tienen pulmón ni tienen risa, están bien jodidos y ni se dan por enterado de ellos: porque si tienen una mochila llena de marihuana seguro tienen una idiota que les sigue y que se cree lo máximo por permanecer como una sonsa, quieta, al lado del cavernícola que le provee la precaria droga que es esa marihuana mezclada con pelos de las bolas de traqueto de quinta.

Al poco rato me llamó el Inca Triste, su celular se había descargado, como hace mucho tiempo él mismo lo había decidido hacer. Así que le dije que me demoraba por culpa de ese alcalde de mierda que era tan impotente y tan cómplice que no era capaz de pasar una aplanadora por toda esa multitud de idealistas felices que son los manifestantes de marchas. Tom Waits se sentó a mi lado y se quedó dormido en el asiento, en profundo estado etílico. En la radio hablaban de ese fetiche jarto: la libertad de prensa. Era un "debate". Así que llegando al tema de la censura, uno de los periodistas decía que había que "reconocer el fundamental papel de los blogs en la formación de la opinión pública" frente a los grandes medios. Esa misma sensación peturbadora me había atrapado días antes, en una conferencia en la Feria del Libro en que se discutía el futuro del libro frente a la tecnología. Uno de los invitados, un editor, siempre hablaba en ese mismo tono, un poco sobresaltado, del papel de los Blogs. Y entonces me llega la imagen de ese viejo invisible que habla de "esos loquitos de internet", como la promesa absoluta de la comunicación. Y es que "esos loquitos" me fastidian sencillamente porque sólo su apariencia es loquita, del resto, se puede decir que son tan cuadrados, mediocres y bien pensantes como cualquier periodista de cualquier medio.. Y, peor aún, son iguales de discriminadores, iguales de recatados, iguales de regalados, iguales de levantados, iguales de torpes a cualquiera de cualquier medio, puesto que los blogs son una realidad tan aburrida ahora que ya son un medio tradicional. Me acordé en ese instante que yo era LA EVIDENCIA de la intolerancia salvaje que se vive en ese medio perfecto que es la internet. Mierda, si esto de internet puede ser susceptible de ser divertido se debe aceptar que un tipo ordinario como yo se cague en grandes payasos como el Juglar del Zipa o el Gato C Pardo, prolongación de esos ganadores de bachillerato, sólo que ahora, cosa maravillosa, dicen que han "aprendido a escribir" y quieren alzarse un púlpito de loquitas. Y yo siempre los repelí. Ellos también sentían asco por mí, pero no porque representara una amenaza hacia ellos, sino porque no podían entender cómo alguien tan miserable como yo podría pasar por encima de sus cabezas de gorilas. Alguien tan miserable que no podía follar, ni presumir carros, ni "aprender a escribir (para ganar oh CPB's!)" era tan indiferente a su alegría. Pues resulta que nunca me sentí tan colombianito como ellos, sino un pobre diablo, vuelto mierda y triste. Bien, soy Intolerancia Salvaje en este que no es el mejor de los mundos posibles.

A las dos llegué a la cita con el Inca Triste. Estaba apenado. Pero él ni se inmutó, ni le paró bolas a la pena ni a la tardanza: viejo sabio ese Inca Milenario. Me comentó que durante ese rato había aprovechado para adelantar la lectura de El Señor de las Moscas de William Golding. Y con una risa que sacudió parte de mi existencia, afirmó que por alguna razón este perturbador libro le había acordado de mí. Nos dirigimos, pues, al restaurante de la pastusa, con la prisa de una hora de almuerzo retrasada por hippies alegres e irresponsables que, no contentos con el primero de mayo, se toman otro día para protestar por tonterías, sin ser aplastados por un impotente alcalde. Este restaurante de la pastusa tiene como peculiaridad y ventaja el hecho de que nunca te preguntan qué quieres comer, sino que te tiran de mala gana el plato y tú te limitas a comer y pagar. Ayer nos tocó una frijolada y me pareció la cosa más curiosa ver un chamán que no mascaba coca ni comía maíz, sino que sorbía, poquito a poquito, el plato de fríjoles con una ternura que evocaba tribus enteras de desmuelados, en pleno páramo, lanzándose al precipicio de una montaña en el fin de mundo, a razón de no revelar jamás sus saberes sino morir con ellos, arrastrando poderosos dioses y consumiendo el universo en la afirmación del suicidio.

Al salir del restaurante, nos encontramos al Hombre que amó a las prostitutas. Nos preguntó si estábamos asustados, esa debería ser nuestra apariencia, y los tres reímos para mejor no echarnos a llorar. Se fue a toda prisa a entregar unos legajos al juzgado de familia que queda en la 19 con séptima y nos comentó que estaba triste como nunca. Traté de seguirlo con la vista, pero fue imposible, puesto que su cuerpo se perdió en la masa de empleados públicos que se precipitaban a entregar legajos a los diferentes juzgados que bordean la ciudad: como memorias de invierno que devoran tu interior, no tus entrañas, sino eso que te hace levantar todas las mañanas. El Inca Prístino me sugirió que le aconsejara un lugar para hacerse a unos audífonos. Lo llevé a una miscelánea cerca a la BLAA y allí vimos unos que nos gustó. Al salir de la miscelánea una vieja andrajosa se tropezó conmigo y yo con ella. Mi primera reacción fue de profundo asco, al imaginar el millón de pulgas que albergaría su ruana. Pero entonces vi la reacción de la anciana y también ella tenía una expresión de profundo asco. Cómo no? Si tengo lepra. Soy un leproso y a la vieja bruja le desagradaba la idea de pensar que una parte de mí quedaría en ella, tras el tropiezo. Porque tengo lepra y voy dejando partes mías por todos lados. Partes que se me caen, putrefactas. Pedazos enteros de carne muerta que se van cayendo y dejo regadas por donde paso. Ayer dejé un brazo, hoy dejé una pierna, hace una semana la verga. Y la vieja me repelía con una hostilidad que me hirió. El Inca veía la escena impávido, acostumbrado a este tipo de shows cada vez que sale conmigo. Para darme aliento me compró una bolsita de maní con uvas pasas y me confesó que nada le parecía tan triste como las uvas pasas. Reí de lo insólito que me parecía que a alguien le parecieran tristes las uvas pasas, pero luego pensé que tenía mucho sentido que hasta las uvas pasas le parecieran triste a un Inca desarraigado.

Nos tomamos un café en silencio. Había comprado una chocolatina Jet para mí y le había regalado una al Inca. Lo único que hicimos mientras nos tomamos el café fue compartir las monas de las chocolatinas y leer sus contenidos. La mona que me correspondió fue La Perla. Y lo que más me llamó la atención fue su definición: Se puede considerar que la perla no es más que una excrecencia de la ostra. Qué bonitas palabras para el sol tan espléndido que hacía a esa hora de la tarde.

Nos despedimos cada uno a lo suyo. Preferí no pensar en el daño tan grande que me había ocasionado este desencuentro con ese maldito Inca, porque siempre termino cediendo a sus citas o llamándole para arreglar otro encuentro y son profundamente nocivos para mi salud mental estos desencuentros, pues me hacen sentir como decía Heidegger, como "arrojado al mundo". Gané camino por la plaza de Bolivar. Pasé por el comercio agitado y opaco. Llegué la Jiménez. Apresuré el paso. Pasé rápido por las librerias, por Saint Moritz. Y saliendo del Mercado Mundial del Libro me encontré a Fernando. Acababa de comprar un libro del padre Pierre Teilhard de Chardin y decía que estaba buscando poemas místicos medievales como loco pero que nada que encontraba algo. Yo le repliqué que debería estar en Buenos Aires en este mismo momento y él me dijo que se había aburrido sencillamente. Que prefería dejar deambular su fantasma entre estos libros viejos que aguantarse la soberbia de los argentinos. Yo le dejé y seguí presuroso. Alguien pensaría que llevaba una cagada encima, pero la verdad la frijolada no había sido tan grave. Tomé un bus hacia la biblioteca Virgilio Barco. El bus que tomé era el equivocado, caminé un cuarto de hora hasta que recuperé la ruta y tomé otro bus. Llegué con prisa, me lavé convulsivamente las manos y fui hasta el pasillo. Allí me atacó la ansiedad y abrí el paquete de maní y uvas pasas. Lo comí con avidez. Y preferí tragarme lo más rápido las uvas pasas o confundirlas con el maní, porque su dulce me golpeaba. Y me encontré tragando una bolsa como un niño que traga lo que más le gusta. La ropa quedó llena de migas y me sentí indecente. Un par de colegialas pasaron y me vieron con evidente asco. Así de ridículo debería verme realmente . Alguien diría que alguien de mi edad debería estar trabajando, ganando un salario, aplicando becas o presentando proyectos a entidades. Y ahí estaba yo. Totalmente saciado de maní y uvas pasas, regado de migas por todo el cuerpo, en un pasillo de la biblioteca: dejando pedazos mios por todas partes, pedazos de carne muerta que se van cayendo y dejo regadas por todas partes.

Monday, April 30, 2007

WALPURGISNACHT

BRUJAS
(En coro)
Marchan las brujas hacia el monte de Brocken;
amarillo es el rastrojo, la simiente es verde.
Todos se reúnen en tropel,
preside Belcebú sentado en su trono.
Las figuras se mueven sobre piedras y palos,
se echa pedos la bruja, huele mal el cabrón.
Noche de Walburga
Montes del Harz
Región de Schierke y Elend.
Fausto- J. W. Goethe.
No hay algo que me resulte más despreciable que las definiciones enciclopédicas o de diccionario, puesto que estas solo dan una idea somera de los temas y pretender un conocimiento a partir de estas fuentes sólo demuestra una infinita pereza mental propia de imbéciles, estudiantes mediocres y periodistas o bloggers. No obstante, y para no ahondar en el terreno de la especulación inconsecuente, es mejor atenerse a la definición menos comprometida para hacerse a una vaga idea de la figura de Santa Walpurgis. Esta definición la encontré en el Diccionario Enciclopédico Plaza y Janés, y me resultó más esclarecedora que muchas de las exaltadas alusiones que abundan por la red, tal vez por su brevedad y abtenerse a tomar partido:
  • Walpurgis (Santa): Religiosa benedictina inglesa (Sussex 710- Heidenheim 779). Se le confió la dirección del convento de Heidenheim, fundado por su hermano Winibaldo. Entre el pueblo se creó la leyenda de que los hechiceros y demonios se daban cita en el Blocksberg durante la noche de Walpurgis (30 de abril - 1 de mayo). Esta leyenda fue citada por Goethe en el Fausto.

A las doce de la noche un estruendo agudo me incorporó de inmediato de la cama. Era la alarma programada del celular. Me pareció insólito, pero luego de ver la nota que acompañaba la alarma, no sé si me tranquilicé, pero por lo menos supe de qué se trataba: 00:00 Noche de Walpurgis. Seguro era una nota fijada tal vez desde los primeros días de comprar el celular, pero me pareció curioso que se adelantara una noche, pues, bien estaba advertido que se trataba de la noche entre el 30 de abril y el 1 de mayo, fecha en que se dan cita los más horribles espantos alrededor de los practicantes de los más morbosos y antiguos ritos.

Apagué sin más la alarma y no me molesté en arreglarla (conducta que a esa hora sería propia de un neurótico sicorígido). No obstante la inoportuna hora de la alarma, agradecí el repentino despertar. Los sueños otra vez empezaban a acosarme de una manera asfixiante y descabellada. Temí por el futuro de la joven humanidad, la que se me presentó como la noticia que apenas si alcancé a escuchar del televisor en que mi padre veía las noticias. Lo que apenas alcancé a oir - y me disculpo si escuché mal- fue la trágica noticia de un niño de dos años que resultó calcinado en una habitación al sur de Bogotá. Al parecer la madre lo dejaba solo y aseguraba la puerta para que el niño no pudiera salir. Al parecer, cuando el fuego empezó en un costado de la habitación, el niño tuvo tiempo de correr temeroso a buscar refugio debajo de la cama. Al parecer, el fuego lo había encontrado allí. Pues debajo de la cama, en esa posición, lo encontraron los agentes del CTI. Sueños horribles, y agradecí haber despertado, en ese instante, por el estruendo de la alarma del celular.

Sin poder recuperar el sueño, bajé al garaje y me fumé un cigarrillo de opio Afganistán. Asomado, a través de las rendijas que daban a la calle, veía con extrañeza el espesor de la niebla, que parecía haber recobrado una extraña no vida sino inteligencia, pues cada nueva asomada, se me antojaban retorcidas figuras infernales; como luchas épicas que no conocieron estos siglos, siglos del hombre, pero que de alguna manera definitiva marcaron la historia de su destino. Al finalizar el cigarrillo, tiré las cenizas hacia afuera y tuve que abstenerme lo más de gritar, cuando un gigante gato negro salta al mismo tiempo, alcanzando a arañar parte de mi mano. Luego, al alejarme, noté la escena completa y pude ver docenas y docenas de gatos negros posados en el frente del edificio, formando un tapete vivo y caliente de peluzas que brillaban de lo negras en la oscuridad siniestra que concedía la espesa bruma.

Dirigí la vista al cielo donde la luna brillaba con sardónica indiferencia. Recordé entonces, no sin ser presa del pánico, la fatal profecía del guardian inefable de la puerta, Yog-Sothoth:

  • Puede verse que la luna se hace más pequeña y la hora del eclipse se acerca. Habrá muerte para los fieles, y sangrienta será la recompensa de los infieles, la luna caerá y será sorprendida, y los gusanos de la tierra se alimentarán pero sólo durante una noche. Y volverá a alzarse en su gloria y matará a los demonios del aire. Y de nuevo... habrá luz de luna.
  • Capítulo XXXII -Libro I.
  • El Manuscrito de Sussex
  • Fred L. Pelton

Las visiones escabrosas siguieron manifestándose durante la noche. A veces seguidas por una relapampagueante carcajada de bruja que me hicieron preguntar en más de una ocasión si este ruido no despertaría a mi hija. Pero me asomaba a su cuna y ella seguía plácida en sus dulces sueños. Me reprendía en seguida convenciéndome de que era fruto de alguna alucinación auditiva debida al opio, pero ni siquiera este sano pensamiento me sacó del irracional miedo que súbitamente se empezó a apoderar en mí respecto al riesgo que corría mi pequeña hija. Así parezca ridículo a algunos de mis compañeros de biblioteca Nous, recé un rosario completo antes de acostarme definitivamente. Y cuando las primeras luces del alba atravezaron la persiana pude relajarme, pero, en seguida, al recordar que hoy era Lunes, otra vez se me revolvió el estómago y el temor se apoderó nuevamente de mí, cosa que no dormí sino hasta las 7 pm, con un pensamiento fijo en mi cabeza, sacado por desgracia del abominable libro prohibido: El Necronomicón de la traducción de Dee, anotada por Lin Carter:

  • (...) Y ten siempre en cuenta que todas las manipulaciones de Hechicería que dependen de los signos de la Luna se realizan de manera más propicia en Lunes, porque ese día en sacrosanto para la Luna (...)
  • V. Acerca de los Poderes de la Luna

Hoy amanecí bajo el desasosiego infinito de estar bajo el acecho de criaturas que no obedecen a leyes humanas. Y el aire no ha mejorado en lo absoluto, de hecho estuve tosiendo toda la mañana pura tos de perro y escupiendo flema de tísico terminal, al punto extremo de manchar la acera del rojo sangre de mi esputo. A la hora de ir a comprar crema para afeitar en la mañana fui sobrecogido de una manera excepcional por la marcada arquitectura inglesa de una vieja casona abandonada ubicada en el barrio Chapinero a la altura de la 16 con 66. Como si una ráfaga indescriptible me poseyera de sensibilidad arquitectónica me sentí sumamente conmovido por el evidente estado de deterioro de la buhardilla. A través de la ventana, una gruesa capa de costal retenía vigas rebeldes que parecían querer escapar afuera para herir al desprevenido transeúnte. El resto del recorrido sentí una hostilidad inexplicable por parte de los perros hacia mi existencia, al punto de tener que arrojarle dos veces piedras a un gigante pit bull terrier.

Ya casi son las siete de la noche. El aquelarre dará inicio en pocas horas. Dios guarde tu familia y tu existencia. Así mismo, pido hagas lo mismo por mí y mi familia. Porque algo sucio se cuece esta noche.

30-abril-2007

Saturday, April 28, 2007

28 de abril 2007. - 2 para el gran sabat

En Los sueños de la casa de la bruja el célebre escritor de ficción popular H.P Lovecraft apenas alcanza a sugerir mediante lúcidas intuiciones las horrendas abominaciones que se juegan cada año en la siniestra noche de Walpurgis. Sólo la lectura de este texto, junto las advertencias que se vislumbran en el famoso libro de Goethe, parece suficiente razón para alarmarse ante la amenaza que representa la víspera del Día de Todos Los Santos para la raza humana.


No me parece extraño que el aire se sienta más viciado en estos días fríos de abril, en los cuales ninguna chaqueta parece suficiente armadura contra la inclemencia del clima. Tampoco me extraña la creciente degradación que va presentando la gente tras cada día que pasa de este mes de abril. Si veo pequeñas prostitutas tiradas en la acera en las calles, completamente ebrias y desvergonzadas. Si veo hombres borrachos sacudiéndose el miembro contra los muros de ladrillo que abundan en mi barrio. Si las ancianas empiezan a verme con una risa socarrona y al acercarme salen despavoridas del espanto. Sé bien a qué se debe toda esta conmoción de la degradación humana: si es que se acerca el primer gran aquelarre del año y tenemos razón para celebrarlo. Legiones de brujas se congregan en esta fecha, afortunada desde el punto de vista de alineación astral y propicia para los más grandes conjuros y celebraciones (incomprensibles para una mente educada en la edad de la razón y la sociedad libre, que sale a protestar grandes sandeces como el día de Trabajo, que pierde el tiempo en tamañas estúpideces, como marchas y manifestaciones, toda esa aglomeración que tanto adora el pueblo y los espíritus vulgares).


La noche está enferma y yo logro entender algunas cosas, aunque dentro de mí siento que me parto, como si chocaran dos inestimables partes esenciales de mi ser. Como lo que sucedió esta mañana. La misma fuerza interior que me impulsaba a visitar al mago al mismo tiempo generaba resistencia. Las visiones grotescas, llenas de escenas de lujuria y pecado, invaden cada noche mis pensamientos, al punto de mantenerme en vela, sudando en abundancia como si ignorara el fuerte ataque constante del helado viento sobre mi cara. Nunca he sentido tan personalmente la fuerza abrumadora de la mente humana como ahora, cuando siento que mis propios pensamientos me traicionan y me abandonan a mi suerte.


Me encuentro súbitamente en extraños escampados en el interior de mi barrio sin saber a ciencia cierta la razón de por qué he llegado allí, ni recordar claramente el recorrido, entonces me apresa el temor y resulto en un bar de mala muerte y algún tío horrendo me habla como si me conociera de toda la vida y resultamos ríendo y de confidentes, sin que nada de esto tenga explicación alguna en el orden lógico de las cosas. Entonces siento que he perdido el principio de realidad y que debo acudir al loquero, porque es claro que algo en mí se ha dividido y ese otro me resulta aborrecible.


Faltan dos días para el gran aquelarre, el sabat de las brujas, esa gran orgía en perjuicio de la raza humana donde se convocan los espíritus más repugnantes, participando de esa gula insaciable de sed y muerte, bajo ritmos frenéticos sólo conocidos por pueblos tan condenados como Sodoma y Gomorra. Y esta legión es un frente de cultos más antiguos y oscuros donde se rezaba a los dioses menos apropiados. Tradiciones de inframundo tan profundamente degeneradas, como las que recoge Georges Bataille en su mito El Ano Solar:


"Se cuenta a propósito de esto que durante el sabat las brujas levantaban el trasero desnudo hacia el cielo y se hacían plantar una antorcha en el agujero del culo para iluminar la misa; otras se mantendrían en equilibrio sobre las manos y la cabeza y tendrían, además una antorcha entre las piernas, otras dos apoyadas en las plantas de los pies. Del mismo modo que un pastor protestante sólo podía eyacular manteniéndose erguido sobre la cabeza, contrayendo y estirando hacia el cielo sus pies desnudos que se le antojaban innobles fetiches".


La víspera del primer año... oh qué buen momento para salir a celebrar y quizá encontrar un demonio para amaestrar a mis deseos inhumanos, inhumanos desde que pienso y siento. En el bar se ha acercado el viejo mago y me ha manifestado:

- Mi buen nigromante moderno, es necesario que te hagas de una capa y un par de colmillos, ya que nos adentraremos al bosque a participar del festín del rey de la noche prohibida.

Coe me machuca la cabeza con una gigante mole para aplastar ajos y yo grito de excitación desaforada mientras la sangre fluye y el mundo por fin se ha vuelto rojo ante mis ojos.


Dos días contando para el gran sabat.

Thursday, April 26, 2007

una estirpe maldita

A mostrar todas las cartas se dijo, muchacho. En el año 1959 se encomendó la misión al detective Rodrigo Salazar del Departamento de Seguridad de la República de Colombia de ir a investigar recientes hechos insólitos registrados en la región de Arauca. Así que se le mandó a primera hora en un avión de pasajeros de la aerolínea Scadta.

Al aterrizar lo recibió el teniente Óscar Castellanos de la segunda brigada y le informó con todo detalle de la cuestión. El suceso había ocurrido cerca al corregimiento de Paz de Ariporo. La primera en informar a las autoridades fue una anciana de la región, que asegura haber sido asaltada a altas horas de la noche por un misterioso carro negro, que iba con las luces apagadas y de él salió un tétrico hombre negro, vestido todo de negro, con una elegancia inusual, que le había recomendado no volver por la zona a esas horas de la noche y asegura que lo que más le sorprendió fue su hermosa sonrisa angelical, resaltada por un brillante diente de oro. Ella afirma haber visto al mismo diablo, seguramente lo fuera, si no hubiéramos tenido noticia de una presencia similar en los pueblos de Tame y de Arauquita. Se considera que el individuo negro puede pertenecer a un comando élite de inteligencia pero no se sabe a ciencia cierta si de la Unión Soviética o de los mismos Estados Unidos.





- Siempre creí que no servía para nada, y por eso entré a la tarea de Detective. Ahora se dice que un Detective debe de ser bueno para investigar... y yo creo que no soy bueno ni para eso. - Hablaba entre dientes el detective Salazar.


- Como dice, mi detective? Es que acaso le queda grande este caso? - El tono del teniente era de puro desprecio. Era claro que el detective, hombre de delicadas maneras y semblante pensativo, le había caído mal y no era en definitiva lo que esperaba del Departamento Central.



En la tienda del campamento militar le despacharon una montaña de informes de hechos similares ocurridos en todo el país en el transcurso de los últimos tres años. Le dio pereza estudiarlos y se fue directo al campamento a beber una copa de aguardiente. Los militares conservadores no dudaron en manifestar su extrañeza de tener un civil entre ellos, bebiendo.
- Pertenece a este pelotón, caballero?
- Oh no, estoy en medio de un caso
- Periodista o detective?
- Periodista, gonzo. Periodista gonzo.
- Muy bien, cosas raras se ven todos los días.

Mientras bebía su tercer trago de aguardiente pensaba en lo curioso del caso que le había llevado hasta estas tierras olvidadas del Arauca. Algo no le terminaba de oler bien y empinó el codo. Al otro día partiría a la espesura de la sabana llanera para encontrarse con algo que definitivamente no trataba de cuadrar. Había sentido en estos últimos días esa rara sensación de muerte detrás de sus hombros, como si se estuviera preparando para la catástrofe en cualquier instante y eso de alguna manera lo entristecía: por que en él convivían dos sentimientos contradictorios, el sentimiento de lo eterno, de la vida, del impulso al infinito y por otra parte sentía el vacío, el final, la muerte: la llaga cortante y precisa de lo definitivo en su piel.

- Esta tierra primitiva y lejana del llano se alimenta y vive de los viejos mitos, detective. - Se devolvió sorprendido, quería guardar su oficio lo más discreto posible. Atrás suyo, un hombre grande, de hombros increíblemente anchos, una sonrisa asesina y un gesto vulgar contenido, le invitaba a sentarse en su mesa.

- Debo preguntarle por qué sabe de mi misión, primero que todo. - Trató de sonar duro el detective.
- No pregunte demasiado, camarita. Me llaman el bola de fuego y si acaso es tan torpe de nombrarme quedará como un pendejo. Así que limítese a hacerme caso. - La sonrisa había desaparecido y ahora sólo quedaba el asesino. Un moreno salido de la espesura de una tierra indómita cuya voz recia invitaba al silencio y la reverencia.

Wednesday, April 25, 2007

Una estirpe de demonios

Dedicado al fugitivo que quiso partir
a Buenos Aires-

A las 11 de la mañana ya estaba bebido. Fue cuando lo llamaron de la oficina. Se dijo así mismo: por fin lo logré. Y con el ánimo de triunfo contestó su celular. Estaba soñando que su conducta irresponsable le produjera el despido inmediato de la empresa, la idea de la indeminización no le sonaba mal y además quería conseguir algo mejor finalmente.
- Joder Fernado, dónde estás?
- Borracho, estoy borracho
- Bueno, no importa, total: el jefe ha dicho que empaques maletas que te vas de viaje de negocios
- Mierda.

Ramira se acercó con la otra tanda de cerveza Sol, y le preguntó por qué lucía tan triste.
- Soy un bueno para nada. Y siempre pensé que los buenos para nada estábamos condenados a escribir, a ser escritores. Pero resulta que ahora los escritores son buenos para escribir y yo soy un bueno para nada.
- No te entiendo
- Tengo que recoger maletas, Ramira, me voy para Arauca.
- No te entiendo
- Viaje de negocios.

Hace unos años Fernando no sabía nada en absoluto de Arauca. Y nunca hubiera sabido nada en absoluto de estas tierras de no ser por su amigo Luciano, que resultaba ser oriundo de estas tierras. Pero Luciano era tan absolutamente extraño que le parecía en ocasiones que no pertenecía incluso ni a esta tierra. Alguna vez le dijo a Luciano:
- A veces me gusta ver la cara de todos estos hijosdeputa e imaginármelos cómo fueron de niños. Y alcanzo a adivinar sus caras siguiendo algunos rasgos inocentes que aún prevalecen en sus caras. Pero eso nunca lo he podido hacer con usted, Luciano. Como si usted nunca hubiera sido un niño. De hecho, usted nunca fue niño para mí, Luciano.

Luciano sólo reía y eso le decía todo a Fernando. Como cuando le susurras al oído a una monja que no le crees el cuento de que es virgen y ella sólo sonríe. Como si al ser descubierto fuera incapaz de mentir, pero tampoco se atreviera a aceptar la realidad. De hecho, Fernando en la universidad llamaba a Luciano: El Extraterrestrte. Pero no era el único apodo de Luciano, ni acaso el único que gustara a Fernando Alonso. Fue un día bebiendo en Saint Moritz que Andrés Fernando, al ver la extravagante figura de Luciano, le propinó el acertado sobrenombre de: Marilyn Manson de Arauquita. Y así se quedó por mucho tiempo y esa fue la idea vaga que Fernando Alonso se hizo de estas tierras inhóspitas: una tierra demente que a pesar suyo es capaz de engendrar un extraterreste.

Mientras empacaba sus triste cuatros trapos, además no sabía muy bien que empaquetar, tal vez un sombrero y unos vaqueros, pero temía ser muy caricatúresco, o tal vez empacar nada, o sólo un par de bermudas y un pato de flotador, pero tenía que dictar una conferencia, pero acaso podía llevar un blazer? Mientras empacaba sus tristes cuatro trapos recordaba las pocas veces que Luciano se había referido a su lugar de origen. Su tono siempre había sido demasiado sobresaltado, aunque pensándolo bien, él siempre estaba sobresaltado. Pero además profesaba una suerte de asco por esta tierra, aunque pensándolo bien, él siempre profesaba asco hacia las cosas más cercanas suyas. Finalmente pensó que Luciano no era para nada una buena referencia y que lo mejor era llegar libre de prejuicios hacia una tierra que imaginaba a la vez selvática, en medio de un salvaje recodo del Amazonas, así como una tierra desértica, al mejor tipo de películas del Oeste.

Así que a las 7 de la noche partió de Bogotá a tierras lejanas, con cualidades casi míticas, que había parido una bestia híbrida satánica bajo el nombre de Luciano. Desde la mañana estaba bebido, durante el día había almorzado un bistec que le había repuesto por un par de horas, había dormido y ahora pedía con desenfreno a la azafata botellitas de aguardiente. A pesar de las advertencias sobre la temperatura del lugar, llevaba un lígero buso al suponer que en la noche el viento podía llevar un poco de frío. Pero apenas bajó del avión, lo abrumó una oleada de calor salvaje que no demoró en empaparle el rostro de sudor, como si se encontrara bajo una regadera, pero esa regadera fuera él mismo. Supuso que era cosa del alcohol, el no poder con el clima asfixiante, pero en pocos minutos notó que el trago de su cuerpo se había desvanecido y ahora se encontraba irremediablemente sobrio en una tierra extraña.

Camino al hotel de tres estrellas Capri, observó el primitivo paisaje rural del pueblo, la opaca vida nocturna, la escena al parecer tradicional de las matronas sentadas al frente de las casas, a la tenue luz amarilla de las bombillas, con innumerables niños en sus piernas, todos en medio de un letargo incomprensible, como en medio de una correspondencia infinita entre su olvidada raza y las estrellas del cielo llanero. Esto lo abrumó bastante y un susurro incesante de millones de grillos tras sus orejas parecían invitarlo a perderse en medio del monte. Donde fuera que mirara, encontraba rastros de abandono y pobreza. Una que otra vez podía ver la figura delgada de un hombre entrado en años, con la cara cubierta por el sombrero y si acaso se dejaba adivinar la expresión de los ojos negros, podía sentir una tristeza tan insondable en esa existencia que lo obligaba a desviar la vista hacia otro espacio vacio de abandono y pobreza.

Apenas se bajó del hotel y quiso instalarse en la recepción, la primera cosa que le molestó sobremanera fue el esfuerzo infructuoso de la empleada por hablar en inglés. No, sonrió, sin querer mostrarse superior sino comprensivo, yo soy colombiano. Ella se apenó infantilmente y le despachó con la mayor rapidez posible. Fernando pudo comprender que en esta región tal vez no fuera muy común ver hombres tan blancos, a pesar de que él mismo no fuera tan rubio sino que apenas contara con el pelo castaño claro. Luego de dejar sus cosas en el cuarto y tomar un pequeño baño para contrarrestar un poco el calor, quiso bajar al restaurante a pedir una comida autóctona de la región. Tenía la impresión de que en estos días se saciaría de tanta carne que pasaría el año entero sin querer dar bocado a ningún animal vivo sobre esta tierra. Pero se amargó al ver el menú del restaurant del hotel. Además al ver el sitio completamente vacío decidió que no era muy buena idea comer allí y decidió aventurarse al centro del pueblo con la firme idea de comer algo tradicional de la región. Deambuló poco cuando se dio cuenta que el centro no constaba sino acaso de unas 3 cuadras. En ninguna de ella encontraba algo que le llamara la atención: sólo había sitios de hamburguesas, empanadas, pizzas y comida casera. Así que se fue por la comida casera y sin decir nada, aceptó con estoicismo una sopa fría con nata de grasa, una carne mal servida y unos vegetales podridos. Se tomó una cerveza en una de las fuentes de soda del lugar y al ver que le observaban con mucha atención, prefirió devolverse al hotel. Ya salía de la fuente de soda cuando escuchó un grito dirigido hacia él: Hey Catiro!. Se devolvió con sigilo, como queriendo ahorrarse problemas. "Le devolví mal el cambio, hombre, lo siento. Tenga, este es su cambio". Se devolvió de nuevo hacia la puerta, siempre con la sensación de una mirada incisiva de los hombres sobre sus hombros y la impresión de una risa cizañosa, creciendo en ellos dirigida a él, el forastero.

Addiction Kerberos -el profeta- recibiendo transmisión de la entidad extraterreste Aiwass.

Tuesday, April 24, 2007

lunes en feria del libro.

Leer no salvará a nadie. Escribir menos. Escribir honestamente menos. Leer cosas buenas menos. Pensar, en definitiva, sobra mucho. Tomo mi credencial de invitado a la feria del libro y leo la programación: Lectura de cien años de soledad. No estoy haciendo nada igualmente. Considero que es una buena oportunidad para salir de esa mierda de una buena vez. Salir de esa mierda de Cien años de soledad. Esa lectura obligatoria y canónica que pesa sobre la espalda de ser colombiano. Y que pesa sin gusto, no como la fama de la cocaína. Porque finalmente la cocaína se ha probado lo suficiente como para poder sacar pecho y tener esa cosa de identidad nacional. Porque finalmente la coca sí ha dejado su huella sobre uno y sí se ha vivido, no como sombra sino como definitiva presencia hegemónica. Me logro acordar de la cara de indignación, esa falso rubor en las espantosas mejillas de los colombianos en la Florida, cada vez que un gringo bruto nos identificaba y decía: hey colombianos, qué buena su coca. Yo no me enrojecía, al contrarío le agradecía el gesto y hacía un ademán muy colombiano de: siempre a la orden, compadre. Ahora nos sirven en una falsa bandeja de plata al colombiano que más sonroja a la derecha colombiana, al colombiano que para esconder la vergüenza se sobrevalora como el segundo escritor de lengua híspanica, luego de Miguel de Cervantes. El caso es que a pesar de que útimamente se reconozca en el medio intelectual que esa mierda románticona y cula de Cien años de culera no es más que el único best-seller que ha parido esta malparida mierda, no deja de ser bochornoso y un poco indigno el hecho de no leer el libro. Como igual no estoy haciendo nada y quería salir de ese apretón de huevos de ser colombiano y sólo haber probado la buena coca del país, pero no haber leído la buena literatura del país -sino la muy mala-, me dispuse bien tempranito para ir a la feria del libro y participar en la lectura esquizofrénica de Cien años de culera. Llegué tarde, pero eso no me importó. Y no porque llegar tarde sea colombiano, de hecho todo el mundo llega tarde, si los ingleses son famosos por su puntualidad tal vez no se deba a que sean la regla sino la excepción. Dónde están leyendo a Gabo? Claro, ahora todos somos familiares de "Gabo". Me detuve en el recorrido que había hecho en el bus para llegar a Gabo. Una hora esperando en un sol desesperado que quebraba el rigus angustioso de mi rostro. Un negro como los negros ingleses, aferrado a dos celulares. Había algo de terriblemente tierno en el cuerpo exagerado del negroíde pero observarlo mucho podría tener consecuencias violentas. En efecto, la calle no tiene la ley escrita aunque resulta tan rígida que no da lugar a estupideces. Logré acomodarme en una silla en una fila vacía. Me pregunté por qué la gente prefería hacerse a un lado alejado y no sentarse, como yo. Luego me di cuenta. La intimidación. Por qué no sentirse intimidado si la gente bonita era la que ocupaba los puestos de adelante? Y sentarse en las sillas de las filas vacías te acercaba demasiado a la gente de la tele, a esa gente hermosa. Incluso, la gente bonita miraba extrañada a la gente que se sentaba demasiado cerca a ellos, los bonitos. O sea, estaba en medio de dos bandos claramente definidos, aunque ninguna etiqueta rezara: aquí los bonitos de la tele, allá los feos del común. Adelante mío un enano entrado en años y con el rostro agotado trataba de tomar la mejor foto de la farándula. Para no ver a la gente intimidada ni a los intimidadores preferí detener mi vista fijamente en el enano. Era lo que más se parecía a mí en ese instante. Un ser grotesco con un pie en el cielo y otro en el infierno. He ahí mi Virgilio, conduciéndome a las letras que pasan de largo entre los círculos del infierno y los círculos celestiales. Vicky Dávila pretendía ignorar el molesto flash que el enano no temía en escupirle cada segundo. Pero miraba, con más rareza, a ese otro ser grotesco guíado por la antorcha de Virgilio. Era un hecho que nadie prestaba atención al libro. Pensé: para quién se lee el libro? para qué gente se alza este altar? Llegó Maria Emma Mejía. Tiene esa sensualidad que siempre inspiran las brujas malas. Pero como ellas exhala algo innombrable que paraliza. Supe entonces para qué clase de gente se alzaba este altar y me dije: muchacho, este no es tu lugar de poder. Me levanté lo más delicadamente posible. Pero comprendí que el jean se me caía. Y me lo subí bruscamente, como las chicas se suben el descaderado. Tal vez ese acto me haya hecho ver imponente, tal vez arrogante. Pero lo hice porque no quería correr el riesgo de que Vicky Dávila viera mis calzones baratos. Si le interesaba acaso. Pero me relajé al pensar que el enano tal vez también tendría pudor, que le avergonzaría si Vicky Dávila le viera la raya del culo, si le interesaba acaso, porque a la condición de ser grotesco no quería agregarle la condición de ser grosero. Salí sobrecogido. Burlado doblemente. Primero, porque sabía que el evento era una burla y segundo, porque asistí y me presté a la burla. Gabriel García Márquez tal vez lo hubiera tolerado, incluso en su juventud, un buen lagarto cuyo mérito siempre ha sido el de saber su pequeñez. Pero yo? mierda, yo no soy un genio literario y no conozco mis límites de pequeñez. Me alcanzo a reconocer con el enano pero no con su estatura y en ese sentido, estoy perdido. Acaso el hecho de ser enanos nos debe hacer doblar las rodillas? Acaso todos los jorobados debemos ser mayordomos de condes miserables? Y si Gabito no se hubiera acostado con los Santos y Mutis y con todos los que se prostituyó? Acaso le levantarían un altar para que lo escupieran? Ay, ay. Así que lo mejor que pude hacer fue volver a olvidar a ese señor García Márquez e irme con los más propios, con los que aún tienen algo de digno en esta vida, digno en un legado de letras honradas: Manuel Puig, la marica. Desde muy pequeño siempre sentí ese sentido de solidaridad y amistad con los escritores maricas, los que llevaban a cuesta la cruz del estigma y ostentaban una felicidad prohibida, sin mérito. Y eso no lo he encontrado en Gabito, que siempre se ha mostrado muy machito y esa muestra extrema siempre me ha parecido propia de un remaricón encubierto, sin verguenza. Porque también siento un sentido de solidaridad y amistad con quienes profesan verguenza y asco hacia sí mismos. Y Gabriel García Márquez para mí es más extraño que la Cocaína. Y la Cocaína me parece que supera al infinito la obra de Gabo. Pero no quiero altares para ella. Es mi reina trágica, cuya belleza provoca desastres sin quererlo y por esta razón está condenada a la guillotina y no hay nadie que pueda salvarla, ni los que la manosean con la promesa de salvarla, ni los que se condenan con ella: esta condenada a una muerte solitaria e inevitable. Reina dionísiaca que lleva el máximo de su esplendor al fuego, consumiéndose en el resplandor de una risa satánica. Dirigida hacia su propia muerte en la rebelde locura de su felicidad, lloraré por ella en la distancia del público enemigo, que la insulta y la maldice, y no estaré allí para responder a la inquietud de su desvastada figura que encoge su santa rabia, incluso si ella llega a nombrarme en esos últimos instantes, estaré a lo lejos, en la penumbra, humillado por la exaltación de las llamas en su blanco cuerpo de bruja mala. Porque la cocaína está sellada por la fatalidad. Y ahora esta estrella enana se pasea por el infinito negro de la eternidad envidiando el resplandor del desastre de una galaxia en llamas. Y leer no salvará a nadie de esta noche. Escribir consuela a los pendejos. Mientras tanto, gente como Margarita Posada seguirán siendo novelistas consagrados gracias a que pueden alternar columnas con fotos de su trasero: cosa que no hace falta, pues su propia jeta podría sustituir perfectamente un par de nalgas por una cara de culo. Mientras tanto, gente como yo se puede pudrir buscando cafés en los cuales pueda llorar un capítulo hermoso de un escritor en remate en la Panamericana.

Tuesday, April 03, 2007

Sin morir pero



Tirado en un rincón oscuro de la sala, se frotó la frente y con la misma palma de la mano se cerró el párpado derecho y sintió esa mitad de la cara muerta. Se tomó el último pucho de vino directamente desde la botella para arrojarla luego al lado de las otras botellas de cerveza vacías. Pocas horas más tarde lo levantaba Rosa: Lo siento, mi amor, es hora que te vayas yendo. Se incorporó observando a su alrededor y se dio cuenta de que era el único que quedaba. Le preguntó a Rosa qué hora era. Era mediodía pero sentía que el frío le pegaba directamente a las costillas. Apenas si se despidió de la escuálida anfitriona y ya se encontraba de nuevo en las calles, luchando en contra de los inclementes rayos de sol. En su sueño creyó haber encontrado su nombre pero despierto siente que la ha perdido para siempre.

Se revisó los bolsillo de la gran chaqueta negra, que llevaba cerrada hasta el cuello, causando la mala impresión de los deportistas del domingo, que le miraban con repulsión por su sucio aspecto y estar tan arropado en un día en que el sol parecía sonreír a todos los niños del paraíso. No le sorprendió encontrar unas pocas monedas, con lo que había derrochado la pasada noche lo menos extraño era encontrarse quebrado. Decidió que era mejor negocio gastar las pocas monedas en una cerveza para calmar la sed que un bus para descansar las piernas. El tipo de la tienda no pudo contener su asco: venga, le regalo una bandita para que se cubra esa mierda. Se miró al espejo y fue entonces cuando vio la gran herida que le supuraba en una de las comisuras inferiores del labio.

Nada es más ridículo en las calles que un héroe olvidado de una mala guerra venida a menos. Amarillo pus, hematoma creciendo, infección leve, bultos y bultos cerrados en su pecho: creciendo desde adentro: como criaturas de otra dimensión prestas a expulsar su existencia a partir de invasiones mortales. Pudo verlo en el baño de la tienda. Subió la mirada al mohoso espejo y comprobó el gesto instintivo de horror que emergía de sus agotados ojos negros.

Terminó su cerveza y se sentó en uno de los parques aledaños. Un grupo de chicos se reían y hacían monerías sin parar. Uno de ellos reparó en él y empezó a gesticular, en broma, remedándolo, como a los zombies de la televisión de sábado. Los otros chicos celebraron el chiste y se volvieron al triste sujeto de negro tirado en la loma del parquecito. Lo señalaban con crueldad y se burlaban de su inexplicable conducta ante el generoso rayo de sol de domingo. Sobre todo las chicas, las chicas que acompañaban al fresco grupo de jóvenes universitarios. Ellas se reían con fuerza y una de ellas señaló, en referencia a él: pobre sujeto. Él no alzaba la cabeza y esto irritaba más a los más enérgicos líderes del brillante combo. Cansados de la indiferencia del sujeto, empezaron a cantar canciones de moda y gritar que ellos sí sabían vivir. Uno de ellos, con una gorra de colores, mechones colorados, juglaresco y hábil le tiró una piedra que chocó contra una de sus piernas. El otro, un androide de gimnasio, le retó una pelea: haber hijodeputa, no vaís a venir a dañarnos este hermoso domingo con tu puta actitud de me-vale-mierda-todo.

-Es tan fácil ser gracioso en esta época. La ironía y el sarcasmo está al orden del día en un mundo que no piensa demasiado y que ha dejado las cuestiones serias y ha olvidado las preguntas pertinentes en el momento en que enterró a sus dioses por la facilidad asesina del consumo, la injusticia del liberalismo y el despecho de la liberación sexual. La revolución que planteas me da asco en cuanto no se dirige a recuperar lo básico, que es la dignidad y el honor. Tanta mente abierta para nadie dispuesto a dar la vida, es una estupidez interminable. Puedes creerte el hombre más feliz y rebelde del mundo por fumarte un porrito - y encima creer invocar antiguas divinidades muertas - escuchar rock, follar golfas y vestirte como un pendejo, pero tu propia actitud no es más que una cara de ese horripilante pozo negro y sin sentido en que tratas de afirmar esa sonrisa de idiota mediocre que se resiste a colapsar con el caos de tu propio tiempo.

Mierda, pensó para sus adentros, debo procurar dejar de salir tanto. Esto no me hace ningún bien, llenarme de tanto veneno me asfixia y me perjudica. Es obvio que la gente de la calle es imbécil, sus pretenciones y palabras no son suyas sino de una sociedad envenenada, asesina y cruel: ellos quieren vernos en un lodazal de mierda y los jóvenes son los más dispuestos a aferrarse a él siempre que puedan tener un miserable sexo frío y aséptico. Esta es la democracia, la sicótica bárbara que ataca lo inexplicable y oculto: somos sus enemigos: los vampiros. Somos basura y desecho. Ellos irán con sus antorchas, sus ambiguas imágenes de la luz y su demencial símbolo de la paz dispuestos a invadir nuestros castillos, a enterrar nuestros hastiados corazones y desahogar toda esa sed canibal en nuestros rostros diferentes que los asusta hasta la muerte: porque delata su fealdad infinita.

El androide de gimnasio se acercó y empujó a la triste figura que apenas había pronunciado pocas palabras -sin que se le entendiera la mayor parte. El juglaresco rastafari también se había acercado y le había prometido romperle un bate de beisbol en la pálida cara. Las chicas se habían excitado. Tenían aún ese revanchismo barato que les propiciaba el espectáculo del fútbol.

Y yo decidí desaparecer en ese atardecer de domingo: de tiempo y espacio: desaparecí en un tiempo esputo: grises sombras: promesas de un bonito despojo arrancado de un tráfico de entre semana, esta belleza que ya no recuerda voces de Jeff Buckley ni Andrew Wood. Ya no suenas, recuerdas? Bebé con pistola que sale a disparar al espacio estúpido celeste de un día en que la chica fluía distante, a la distancia. Y crees que estás loquito pedazo de catre incendiario? No estás en su retina de televisón amable. Es hora de que te reúnas con las ratas de ayer, en el fuego que se resistió a revelar su silueta en la noche que para ti fue mejor ni existiera. Un grito amargo sería una inyección negra en el borde del ocèano sin superficie. Yo arrastré algunas olas de mar mientras partía: jugo subrepticio sin letras amargas que tragar para dar forma alguna. Y tú me pateas ese culo que ni siquiera me atrevo a tener en este sueño de almizcles disolutas.

-Chics... -seguía diciendo, mientras le retaban y sin que se le entendiera- este sol de domingo les pertenece todo a ustedes: es su brillo: es su culo: por favor, sean félices a su rayo. Yo sé la razón de su furia... ufff.. este sol de Domingo les pertenece y yo soy una luz sin día. Demasiada luz para aparecer ante el sol: soy demasiado culo para su vista y el culo ya está arriba, sin tener que ser visto, abrigándolos y alegrándoles la muerte. Esa piel curtida. Ya lo decía el muerto: ningún hombre soporta la desnudez del otro. Y yo soy como un culo que se broncea. Pero... estoy mal y muero: o sea, lato más que el mismo sol en sus cabezas. Dejénme relamer mi propia mierda que soy un culo bastante introvertido.

En ese instante un hedor se hizo manifiesto en toda la atmósfera. El cielo empezó a oscurecerse misteriosamente. Y una risotada se escuchó desde lejos. Una brisa inexplicable invadió a todos los presentes - incluso al ausente. Una legión de cuervos y chulos circundó la escena. De repente, apareció, nadie sabe de donde, una escultural mujer vestida con un estrecho vestido, como de seda, que le caía a través de una figura gitana. Su rostro era tan blanco como no se acostumbraba a ver por la región, tan blanco como de extranjera, incluso más. Un lacio pelo negro largo que le llegaba hasta la delgada cintura. Una cara irreprochable de no ser por unos extremados ojos negros hundidos de ultratumba.

El rastafari, haciendo dotes de galán:
-Hola, la Lilly Munster que faltaba. La hora en que salen los Freaks. Yo iría hasta los Carpathos por tu beso mortal.

La mirada de la recién invitada no podía ser más que de reproche. Fue tan severa la mirada que todos tuvieron que callar. Ella se acercó al precario efebo. Nadie recuerda haberle visto el torpe caminar de las piernas. Fue tan perfecto su acercamiento que pareció volar. Tomó por la mandíbula al simulacro de jamaiquino y giró tan fuerte de ella que le separó instantáneamente la cabeza del cuerpo. La sangre soltaba a chorros increíbles y el cuerpo demoro un poquito en caer definitivamente hacia la región en que los chistes están de más. La cabeza se vio rodar por la oscuridad del parque como una pelotita de fútbol golpeada por Pelé.

El hombre de negro, que hace poco estaba arrojado en una lomita del parque, ahora incorporado, sintió unas súbitas ganas de beber de aquel estúpido que ahora desangraba lo poco que tenía de real en vida. Le pareció estar rodeado de un grupo de buenos Kamarades que le invitaban a saciar su mórbido apetito.

Al tiempo que el renovado hombre se saciaba de la sed del desgraciado, la oscura gitana daba consejo a los estupefactos muchachos de barriada de domingo. Al androide de gimnasio, que aún se creía invencible por la ridícula forma que le había dado a su cuerpo hora tras hora en un gimnasio de hedor inmundo de sudor imposible de borrar, que aún conservaba una risa de idiota, le dijo, como una buena mami:

- Con esa risita de superioridad idiota lo más fácil para ti debe ser obtener un premio de Literatura o Cine. Sí, eso se traduce a dinero en efectivo, sin sudor en la frente: todo el sudor que necesitas expulsar lo restringes al gimnasio: buena idea, buen material para tus ideas. Aunque hace años nadie hubiera dado un peso por alguien de peso, ahora las cosas se revierten a tu favor: la frivolidad y la estupidez deben llenar las hojas de gente que apenas se esfuerza en leer cosas no mayores de 120 páginas. Debes estar lo más cercano posible al espíritu del ejecutivo, lo más cercano a su humor para ser vendido como un intelectual de la época. Tan cercano que procures que lo lejos que aún mantienes con él sea visto como marginal y nadie note la hermandad secreta que habeís trazado con él. Porque sos una puta, tanto de cuerpo como de alma, no me llamas la atención y no me provoca tu sangre. Ve a reir al gimnasio o a los clubes que sos la risa que delata la ignorancia de tus lectores. Ellos ríen contigo, creyendo que se ríen de ti -y en parte lo hacen- porque se ríen de ellos mismos. Y todo es una risotada, un conducto espiral de la estupidez que se conoce categóricamente, determinísticamente.

Thursday, March 22, 2007

Sin morir

Dedicado a los sueños imposibles,
o sea, a ti, Kira.

La historia que a mis padres les gusta contar, para abreviar, es que nací en un olvidado pueblo del Arauca, enfermé desde muy pequeño, estuve en innumerables tratamientos médicos y finalmente, terminamos llegando a Bogotá cuando yo contaba con 5 años. Antes de esa época realmente es poco lo que recuerdo. Pero las pocas cosas que recuerdo haber vivido contradicen radicalmente esta historia de mi propia vida.

No recuerdo nunca haber nacido y mucho menos como humano. En cambio, cuento con vagas visiones de esa época que me llegan por medio de sueños, flashes o delirios de fiebre. En estos extremos estados alcanzo a ver la figura de mi padre, un hombre bastante delgado, alto, un bigote rubio ceniciento, ojos grises y expresión severa. Él me recoge de una estación satelital. Recorremos juntos, de la mano, un aséptico corredor, tan blanco que enceguece. El hombre de seguridad le entrega lo que parecen ser unas llaves. Avanzamos callados una extensa avenida en medio de la noche. Había nacido.

Lo que en seguida se consideró sin mayor reparo como el curso de mi vida lo interpreto como la ardua tarea que llevó acomodarme a mi nueva condición. Por otra parte, nunca te has preguntado por qué la palabra "condición", con pocas modificaciones en su estructura, parece estar en el seno de la mayoría de idiomas del mundo? Si hubo una severa infección desde el principio es porque algo definitivamente no cuadraba en mi propio organismo. Y si lloraba a los 9 años, a la inescrupulosa luz nocturna del sanatorio respiratorio, con La isla del tesoro en mi regazo, rogando a Dios que me llevara por una buena vez y la enfermera no demoraba en volver para revisar la temperatura, era porque definitivamente algo no terminaba de cuadrar en mi propio organismo.

Y si demoré en aprender el habla y cuando la adopté la expresión se mofaba de mí y me violentaba como una perra dominatriz, era porque estaba mortalmente enfermo y la interrogación era el impulso básico de mi nueva condición humana.

Había escuchado decir que ellos vendrían por ti. Que ellos rastrean a los de su propia especie y es cuestión de tiempo para que te reclamen. La primera vez que presentí que algo extraño, pero a la vez terriblemente familiar, estaba realmente cerca fue en inmediaciones de la Zona Industrial en Bogotá, Colombia. Era un día espectacular, el cielo estaba totalmente despejado, el sol brillaba como un ano, la gente parecía ir y venir alegre. De repente sentí el hedor. Algo tan horroroso que te provocaba náuseas al instante. Pero lo resistí y empecé a sentirme mareado. El color de las cosas fue otro. La gente se veía tan horrible como en realidad era. Podías ver el grano que este adolescente había estado molestando, la cicatriz que aquella muchacha quería ocultar con un poco de polvos cosméticos, el pelo en la nariz que sobresalía del chacho de la oficina, el diente amarillo de la reluciente prepago que pasaba. Y tú empezabas a extrañar algo realmente sublime que te pudiera abrigar, más allá del hipócrita cielo capitalino, pero que podría esconderse en el subsuelo como un milagro en medio de la mierda. Y entonces viste tres espectros correr por el lado izquierdo, ir por el lado derecho, tan veloz que tu cuello no podía seguirlos. Hasta que sentiste el terror en todo el frente tuyo y dijiste: está es mamá. El resto que supiste es que te encontraron tirado en el césped, creyendo que estabas muerto. Dos ambulancias aparcadas y dos hombres tomando tu pulso.

Al otro día, la normalidad tímida que conoce el enfermo crónico. Al decir de los martasanos estabas perfecto. Pero yo sabía que había visto algo realmente cojonudo. Y me emocionaba sólo de pensar en qué podría ser. Le describí la visión a algunas personas un poco más abiertas a este tipo de experiencias y todos parecían querer creer pero al final siempre me decían: bueno, esas cosas suceden siempre antes de un desmayo. La única que pareció seguir en serio mi testimonio pareció ser la empleada de servicio que en ese entonces teníamos. Se llamaba Elsa.

Elsa en ese entonces vivía en una casa al sur en la vía al llano, en un típico barrio de invasión. Era una casa, según lo describía, con una estructura clásica del campo. Por este motivo, no era raro que el baño quedara fuera de la casa y tocara cruzar un poco de la loma para llegar a él. Tampoco es raro encontrar, en estas casas de la zona marginada de la ciudad, sólo una gran habitación para varias personas y cerca a ella, una pequeña salita, en la cual se encuentra la cocineta de gas y varias ollas. El caso es que Elsa dormía junto a su hermana. Una espesa noche de Mayo, la hermana de Elsa sintió unas ganas de ir al baño que le ganaban y por el temor obvio de atravezar parte de la loma sola llamó a Elsa que la acompañara. Elsa renegó un poco puesto que se encontraba en su quinto sueño pero finalmente fue tanta la insistencia de su hermana que se vio obligada a acompañarla. Cruzaron la lúgubre vegetación nocturna hasta llegar al baño. Elsa esperó a su hermana, evidentemente sin gusto alguno y aún renegando por la actitud canalla de la cagona de media noche. En esas se encontraba, cuando de repente pudo divisar algo que se movía cerca a los árboles que circundaban la humilde morada.

Cuenta que se quedó completamente paralizada. Fue en ese momento que pudo ver los dos monstruosos ojos. Comprendió, sin saber cómo, que se trataba de una mujer muy blanca, con ojos tan negros como los de cuervo y un cabello largo, lacio e igualmente negro. Pero Elsa se encontraba fija en los aterradores ojos de la aparición. Y en ese shock hipnótico divisó que se filtraba en medio de los ojos un horrendo dedo cadavérico, con una uña tan larga como de bestia, llamándola. Ella iba siguiendo la telepática orden, sin mover los píes, tan etérea como el sueño. A medida que se acercaba, el espectro parecía complacerse más. Fue tal el gusto de la aparición que no se molestó en mostrar los dos afilados dientes que escondía tras su macabra boca.

La hermana de Elsa, al salir del baño, encontró a su hermana yendo por la espesura de la noche a un lugar incierto, sin plena conciencia de ello. La llamó numerosas veces pero la mujer no parecía entender palabra. Así que fue hasta ella y la agarró de la palma de la mano. Notó que estaba helada. Vio en su rostro el letargo y le gritó. Apenas tomó conciencia Elsa. Estaba tan aletargada que tardó unos segundos en reconocer a su hermana. Y cuando reconoció a su hermana, y se enteró de la extraña situación, todo su cuerpo tomó conciencia del peligro y echo a correr hacia adentro con su hermana, sin dar explicación, sin emitir un sólo quejido, sólo echando a correr lo más rápido posible.

Pocos meses después del suceso en la Zona Industrial, encontré un tumulto extraño en medio del pecho. Empecé a espicharlo frente al espejo, tomándolo como una suerte de acné caprichoso que se había depositado en esta inusual zona. Salió algo realmente escabroso. Era un líquido amarillo, pérfido y putrefacto. No descansé hasta no ver que había salido por completo. Pero meses después el bulto aparecía y reaparecía. La última vez fui a ver al doctor, me lo extirpó él mismo y guardó la extraña sustancia en una muestra de tubo...

Monday, March 05, 2007

mujer

Fue Bufalino quien escribió en Bluff de Palabras que el feminismo había sido la única revolución que la humanidad conoce en la cual los amos se sublevan contra los esclavos.

Me confieso un incapacitado mental para escribir sobre la mujer. Lo lamento porque finalmente a ellas les gusta los homenajes. Pero no podría escribir una chica chonqueta o componer Mujeres de Ricardo Arjona.

En cambio, sólo les puedo dedicar esta canción.
Thank you for the roses
Thank you for the roses

Tuesday, February 13, 2007

ángel




Delerium - Angelicus

"Podré vivir hasta que florezca este Adonis?"
Ria - Natural City


Ocurrió luego de la crisis nuclear entre Norcorea e Irak. Desde casi todos los rincones del mundo pareció verse el mismo fenómeno. Una espesa nube rosa cubría la totalidad del cielo, a veces rayos plateados rugían y murmuraban rompiendo el terroso techo que incomprensiblemente se había formado. Los aviones no pudieron despegar más y las aves parecían haber desaparecido por completo. La comunidad científica, por supuesto, ideó la respuesta más rápida para comprender el suceso aunque no generó convicción y las tesis expuestas no tardaron en ser abucheadas por el gran público. En la ciencia no estaba la respuesta. Los predicadores celosos de sus creencias interpretaron a favor de sus iglesias la incertidumbre acrecentada. Un célebre ufólogo convocó a otro suicidio masivo. Los filósofos se travestían en las calles. Los físicos jugaban al yo-yo en sus laboratorios. Los niños mutilaban las muñecas con los dientes. Las amas de casa compraban los periódicos de la farándula. La farándula se hacía a la cienciología de L- Ron Hubard. Yo me emborrachaba cada tarde, desbordado de nostalgia y melancolía. En fin, que Dios se había presentado y el pecado seguía inerme. Pero había suficiente ciencia como para preocuparse por el destino del hombre. Ya no se soñaba con volar a través de las gélidas galaxias. Todo lo que concernía al estúpido hombre post-nuclear era la extensión absurda de la existencia y la calidad de vida. Habíamos perdido el cielo y sólo parecía importar en las tabernas. Chicago era el imperio de la tolerancia y la ciudad más pacífica. Solía beber junto a un antiguo astronauta de la misión Gather Rocks:
- Algo se escapó de TrES-1. Un sórdido invierno en las rocas. Todo un desierto esperando tu muerte. De repente, un silbido enloquecedor. Lágrimas de ángel en tus ojos. Sabías que este tipo de espejismos era algo natural bajo estas condiciones. Pero la risa de un niño te hacía pensar dos veces si no era algo real, como si hubieras aterrizado en el jodido cielo. Imposible, fue lo que pensé. Todos mis camaradas nos devolvimos en silencio. Imposible, fue lo que dictó el juez cuando le revocó la licencia a Dave.

El terruño celestial se desvaneció por los cielos, con la misma naturalidad en que surgió, después de la crisis nuclear entre Norcorea e Irak. Los científicos callaron y los pastores hablaron mucho. 25 años en que el mundo perpetúo su soledad cósmica sin aparente trauma. Pero los borrachos sabíamos que algo había entrado en la tierra de manera definitiva. Las pruebas eran difíciles pero irrefutables. Algo en la sensación parecía comprobarlo. Era como vivir toda una vida a través de una ardiente mirilla invisible.

Soñé después de las noticias. Soñé en el trasbordador Eileen cruzando la bóveda celeste. Estábamos siendo azotados por una fuerte tormenta galáctica. Llovía y la nave daba tumbos. Alguien gritaba sin miedo, como si fuera una reacción natural del cuello al desgarrarse. Entonces las visiones aparecieron. Pasaba junto a la cabina de Andrea cuando lo vi pasar. El trineo de Santa surcando el espacio sideral. Los dos quedamos en shock, cruzamos la mirada como si con ella cerraramos un secreto mortal. Abajo, en la cabina de compresión de gravedad las cosas tampoco andaban para nada bien. Así que le pregunté a Anita si había visto lo mismo que yo. Me respondió: claro, vi el tren de Chicago arder en la pista. Llamé a la Tierra y fue cierto. Un tren en Chicago se descarriló de la vía. De esta manera supe que estábamos en presencia de una entidad extraterrestre. Porque todas estas visiones eran imposibles y algo, de alguna manera, estaba sacando de nuestra mente las fijaciones más absurdas. Al despertar, me sentí menos solo en el universo: ya esa inteligencia había entrado en contacto.

En las noticias el transbordador Eileen se reportaba como pérdida absoluta del sueño del Espacio. Yo, en principio, no debería existir en este tiempo de la Tierra. Debería procurar permanecer invisible ante los A.L (Agentes Lógicos) si no quería ser regresado a casa, a la muerte, en las ciudades del futuro.

Tenía que cumplir una misión por lo pronto. Ir al rescate de los Niños Sagrados de Indonesia. Ellos llegaron a la Tierra hace 25 años. En la época que el cielo desapareció. Tras la crisis nuclear entre Norcorea e Irak. Luego de la bomba. También les llamaron Los Hijos de la Bomba. Unas criaturas excepcionales, en todo caso. Rechazados por sus madres en el nacimiento: la mayoría de ellas con severas heridas en diferentes partes del cuerpo, si no con múltiples mutilaciones. Los centros asistenciales los reportaron como niños con graves alteraciones genéticas, e incluso hubo quien afirmó que se trataba de despreciables mutantes. Si bien cuando nacieron eran niños monstruosos, con algunos órganos vitales externos, la ciencia no tardó en descubrir que de algún modo milagroso estos órganos se acomodaban a su posición "normal" sin sufrir alteración alguna. Muchos de ellos nacieron siendo siameses y a muchos de ellos, por esa obsesión médica de la normalidad, los asesinaron al tratar de separarlos. Los que se salvaron demostraron que eran más perfectos siendo 2 que 1.

Además de estas consideraciones puramente "médicas" lo que más fascinó a la opinión pública era el aspecto de estos niños a medida que maduraban. A los dos años la piel les cambiaba su original aspecto moreno y se veían tan blancos como un mármol. Los ojos tornaban amarillentos, como si sufrieran alguna clase de hepatitis. Algunos incluso desarrollaban una cómica cola al final de su columna vertebral(obviamente la clase media estadounidense no se cansó jamás de decir que eran duendes demoníacos).

Los Hijos de la Bomba estuvieron en la mira pública todo este tiempo. Por eso no fue extraño que cuando cumplieron 16 años se volvieran un fetiche cultural y muchos de ellos fueran utilizados como modelos para marcas como Dior, Gucci, Burberry, Ralph Laurent y Versace.

Los Niños Sagrados de Indonesia, como les conocimos luego, empezaron a morir prematuramente. Morían durante las sesiones de fotos, morían durante los estudios médicos, morían en las escuelas lujosas de Beverly Hills, morían en las ferias de exhibición de fenómenos en los pueblos. El primero en morir se llamaba Hans. Sus últimas palabras fueron: he encontrado el camino. Y se desvaneció. El acta de defunción daba como causa de su muerte Paro Cardíaco. El segundo en morir, Little Mati, exclamó durante un paseo en el campo: el camino se está construyendo. Y sufrió una combustión espontánea. Entonces los científicos locos y parasicólogos se aficionaron a seguir a estos extraordinarios niños con la esperanza de que murieran y dijeran algo que les ayudara a completar el acertijo. Pocos contaron con suerte, muchos de estos niños eran protegidos con recelo por sus portentosos padres adoptivos. No obstante, siempre satisfacían el morbo del público y revelaban las últimas palabras de sus queridos hijos fetiches. Todas las proposiciones de muerte tenían algo que ver con un camino. Y los especuladores del mundo estaban encantados construyendo el rompecabezas de la extinción de los Niños Sagrados.

Y estoy ardiendo y me araño la ropa. Salgo del Motel Arizona gritando. Me arrojo a la sucia piscina. Pero sigue doliendo. Algo me está haciendo daño. Es como si estuviera soñando a carne viva. Los huéspedes salen espantados y sé que me están observando pero no sé controlarme. No entienden que me ha cogido nuevamente las 4 am desprevenido. Y estoy seco y solo, solo ardiendo en llamas. En mis sueños ardo y me consumo. Son mis sueños que me asaltan. Son mis sueños que me llaman por mi nombre. Ardor de amor. Es algo familiar? algo que me haya ocurrido antes? Los A.L pronto llegarán en sus cohetes y vendrán por mí. Estos shows no me son permitidos. La fuga tiene que ser nítida, como mi amor. Pero me revuelco un rato en el interior de mis sueños. El agua brota a montones de mi cuerpo. Me ahogo. He muerto y renacido. Puedo gritar y reír. Pero no puedo estar a gusto. Déjame ir al Espacio, conocer tu secreto, besar los túneles del infinito. Jamás podré estar de vuelta allá arriba. En la escotilla, rozando los gases del universo, en el salvaje paisaje del absoluto.

Karl era su nombre. Lo encontré en una jaula para animales en la Feria de Esperpentos en Wichita, Kansas. Sabía que fallecería en menos de doce horas. Tendría que robarlo. Ya la pasma del tiempo me había pisteado durante tres semanas tras el escándalo en el desierto. Era cuestión de horas para salvarlo. Me acerqué con cautela al circo. Estaba tan concentrado que me fue imposible advertir al enano fisiculturista. Creyó que se trataba de un ladrón de gallinas y me agarró a bastonazos. Luché y forcejeé con el enano. Improvisé un salto mortal que maltrató considerablemente al pequeño musculoso. Pensé que lo había derrotado cuando sentí de repente un fuerte dolor en los testículos. Era el enano que me estaba mordiendo las güevas. Traté de desprenderme de él pero más aferraba sus molares en mi sexo. Sentí que me desfallecía. Empezaba a sentir calor allá abajo, era la sangre que corría de mis pelotas. Me abstenía en lo posible de gritar, era lo peor que podía hacer si no quería ser masacrado por una horda de payasos, mujeres barbadas y malabaristas. Pero el enano me estaba ganando la batalla. Jamás creí que un enano de circo contara con una mandibula tan férrea. Supuse que ésta sería mi ridícula muerte. Estaba perdiendo todas mis fuerzas cuando empecé a escuchar un canto divino, algo como los cantos gregorianos, y una luz cegadora pareció nutrirme desde adentro. Obvié el dolor y comencé a reír. Abracé al enano como si fuera mi hijo. Le persigné su cabeza pelada y quise besarlo. Estaba volviéndome loco del dolor y del placer. Fue cuando pude clavarle un mortal puño definitivo en la corona de su cabeza. Subió su infantil mirada hacia mis ojos como en tono de pregunta. Me hice de tripas corazón y le propiné otro puño a su hermosa cara incomprendida. El enano parecía estar llorando y al ritmo de su llanto seguía maltratándolo (pese a que sintiera que los golpes me los estaba dirigiendo a mi mismo y que llorara largamente junto al enano). Finalmente, de su cara sólo se podían apreciar dos inquietos ojos verdes desbordados de lágrimas. Sentí pena por el enano. No quería llevarme ninguna vida en esta misión. Pero desafortunadamente no todas las cosas en este mundo son color de rosa y siempre hay alguien que paga las consecuencias. Miré a través de mi pantalón y vi que chorreaba sangre a la altura de mi pene. Sabía que el enano me había destrozado las güevas. Me recosté al lado del ridículo cuerpo sin vida del enano. Lloré hasta el amanecer.

-Karl, es hora de irnos, joder
-El camino... el camino...

Karl sólo repetía "el camino.. el camino" como un maldito perturbado. Supuse que el dueño del circo lo había estado instigando con el fin de que revelara algo del misterioso camino y que Karl, traumado por ignorancia, sólo decía esta palabra como esperando que algo divino viniera a completarle la oración. Le dije que olvidara por un instante "el camino" y aprovechara para escapar. Karl asintió con risa boba y me siguió por el espesor del monte.

Wednesday, February 07, 2007

deftones en Colombia - 06-02-2007



I think god is moving.

Era el comienzo de un agitado día de vueltas burocráticas. Me preparaba para ir al Distrito Militar a sacar el duplicado por pérdida. Me preparé para las respectivas fotos, afeitarme y acicalarme. Algo me retuvo, no sé qué fue. Tal vez fue la conversación con Adán Smish. Él se responsabilizaba por todo el revuelo causado por el calentamiento global.

-Tío, te lo aseguro. Yo soy uno de los culpables del calentamiento global.

Y no es que Adán Smish sea fumador, taladre bosques o le encante quemar árboles. No es que Adán Smish sea un mal escritor narcisista al que le encante arruinar miles de hojas viendo sus torpes escritos finalmente en papel impreso. No. Adán Smish es un realizador de cintas caseras gays. Ciego, cree que las películas pornos son las causantes de todo el desorden climático. "Con toda esta gente cachonda, cómo no va a arder este pobre planeta?" Se pregunta, convencido, Adán Smish.

Desperdicio toda la mañana corrigiendo el argumento de la próxima cinta de Adán Smish: ATENAS 400 A.C. La inspiración surgió cuando Smish confirmó el rumor de que los primeros filósofos griegos eran homosexuales y probaban con drogas. Este descubrimiento para Smish desencadenó toda una serie de frenesí inspirador y una potencial fuente de creación para sus videos, a los cuales califica de "bastante vulgares y huecos". La verdad es que no le veo ningún problema a que los videos sean vulgares y superficiales, nadie pretende incrementar su cultura al alquilar una cinta porno. Pero Smish difiere de mi tesis y ha investigado sobre la cultura griega para su próxima película.

ATENAS 400 A.C:
La historia surge con el famoso Proemio de Parménides. EL filósofo va por el sendero menos transitado por los hombres, acompañado sólo de una yegua. Antes de entrar a la cueva, una diosa con cara de pocos amigos le dice que la entrada tiene un valor sexual. Así que el filósofo tiene que hacerle un poco de sexo oral antes de proseguir. El filósofo continúa el camino, pero la yegua queda copulando con la diosa: algo de sexo lésbico zoofílico. Al llegar al fondo de la cueva encuentra la famosa esfera, que es la verdad: la verdad es circular, no admite diferencias entre perspectivas. La esfera , que es en realidad un ano, empieza a estremecerse de placer y le grita con desespero que la labor del hombre de conocimiento es penetrarla. Parménides vuelve con ese conocimiento a Atenas y arma su propia escuela de muchachitos. Ahí vendría un corte y se mostraría a los miembros de la escuela haciéndo un gang-bang al atormentado Parménides.

De esta escuela de muchachitos se formaría Sócrates. Sócrates detesta a Protágoras, que afirma que el hombre es la medida de todas las cosas. Al verle la polla a Protágoras se siente engañado y le dice: claro, a ti te conviene decir que la verdad es una cuestión relativa, así te curas en salud de tus pequeños dotes. Así que inventa un método, la mayéutica. La mayéutica consiste en poner en duda la sexualidad de los muchachos hasta que estos terminan, finalmente, accediendo al encuentro carnal con el ya envejecido filósofo. Un amante enamorado de Sócrates declara ante el ágora que el viejo filósofo está copulando a todos los jovencitos. Lo condenan a servir de secretario a Prótagoras o a la muerte. Prefiere la muerte.

Un joven febril, formado en la nueva escuela, asiste a la terrible muerte de su maestro en cárcel. Conmovido por esta visión, decide convertirse en él y emprende la honorable tarea de hacer hablar a su maestro muerto con sus opositores. A este apasionado joven lo llamaban Platón, por la enorme espalda que había adquirido luego de haberse puesto muchas veces de rodillas ante su sabio profesor. Smish, en gran medida, se identifica con Platón, en cuanto cree que el filósofo fue el primer cineasta. O sea, se refiere a la alegoría de la caverna.

Un hombre es alejado de toda la manada de idiotas de su lado. Es digerido por el gran espíritu cósmico que lo succiona hacia una órbita ininteligible para el hombre común. El hombre sufre y llora. Luce desesperado. Como un perro con ántrax se retuerce ante semejante luminosidad. La sabiduria es tan vasta que le cuesta asimilarla. Tras soportar mucha pena en este nuevo universo verdadero y confrontar su propio espíritu de farsante, empieza a llenar sus pulmones de un nuevo aire, su mirada ya no es la misma, sus pensamientos ahora son claros y reales. Finalmente, el renacido hombre se hace al nuevo mundo y sólo le resta la pena para su anterior estado de ignorancia e infelicidad, mentira y opinión. En este feliz punto, la misma fuerza, el mismo espíritu, el mismo duende burlón, lo devuelve a su lugar de origen. Y el hombre es desgraciado nuevamente. Sabe que su experiencia es tan original para la estupidez del hombre común que sólo remitirse a ella le acareará desgracias y desprestigio. Piensa melancólico sobre la verdad, el bien, la justicia y la belleza: todas esas bondades que su inmediato anterior estado le otorgaba. Aborrece el viejo mundo -o sea, donde se encuentra ahora- que le parece falso, tonto, malo, injusto, horrible, idiota, estúpido. Y lo llama "el mundo de sombras" en comparación al perfecto mundo en el que vivió, el cual era pura luz y belleza. Un hombre de sombras jamás ha visto luces, por lo tanto, sobra hablarle de luces, sobran las palabras bellas y justas. Este hombre entiende no más sombras. La tarea de Platón se reduce a traducir el mundo de la inteligencia al lenguaje del bruto. Palabras brutas para el bruto podrán remitir, así sea por medio de la carencia, a la promesa de una belleza cierta.
Por eso Smish es realizador de cintas pornográficas. Porque es demasiado metafísico para ser filósofo, demasiado sensible para ser literato, demasiado justo para ser crítico. Y le gustan las sombras sobre todo. Porque le encanta todo el entramado conceptual que se esconde en la superficialidad del sexo. El cuerpo, cómo pintarlo? El sexo, cómo sentirlo, sin estar ahí presente? Y sus películas quisieran ser ausencia. Aspiran al llanto del espectador, que se entiende incapaz de estar en ese cuerpo que goza y se entrega, ahí en la pantalla. Y él, detrás, con la impotencia de la soledad y su propio cuerpo, descorpóreo y asexuado, anhelando un respiro de amor sobre su hombro.
Atenas 400 a.c culmina con el triunfo de la Filosofía encarnado en la gran polla de Aristóteles clavada en el joven Alejandro Magno, quien luego surcaría los mares, expandiendo la intriga griega y un mito sobre la verdad: que es única, verdadera, bella y justa.
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Le digo a Smish que extraño en esta retorcida historia a Heráclito, el señor de los opuestos. Se queda pasmado. Observándome fijamente, suelta un regaño: eso es depravado, Luis.
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Smish se va de la casa al mediodía, tramando una nueva historia sobre el resplandor de Roma. En cambio, yo siento que debo ir a comprar bananos y moras para la casa. Estoy en la caja registradora, preguntando por el precio de los bananos y escogiendo las mejores moras, las más negritas, cuando Santos me llama.
-Chip se consigue dos entradas
-Dos entradas para qué - pregunto
-Para deftones, marica.
El chico de la caja registradora se impacienta. Yo trago saliva. Mierda, ya había perdido todas las esperanzas. Y de repente siento que puede ser real. Puede ser cierto que vaya a ver por fin a Deftones. Mierda, eso no puede ser.
- Tiene por lo menos la mitad de la boleta?
- Ni un chango - Respondo
- Pues llame a Chip a ver si le presta.
Pago los bananos aún temblando. Algunas moras verdes se colaron en la bolsa. No importa. Salgo de Frutas y Verduras y llamo de inmediato a Chip. Mierda, que se conseguió dos boletas. Joder, no tengo un chango. Puede prestarme, le pago la próxima semana. Seguro marica le pago. Ahora era real. Lo que pronosticaba un día de vueltas burocráticas-militares parece cambiar de color. De un segundo a otro. Es increíble. Chino Moreno, por fin te veré. Hijo de puta.
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A las 6 de la tarde, al frente del Palacio de los Deportes, se ve un grupo algo grande de jóvenes rockeros. No es tan grande como lo esperaba encontrar, pero sí es lo suficientemente grande como para saber que hay un concierto. La policia como sabuesos hambrientos ostentando sus risibles bolillos. Los hippies tratando de vender cualquier porquería a cualquier idiota pro-hippie. Los revendedores tratando de recuperar lo perdido. Me percato de toda esta gente clásica de un concierto de rock pero no observo a Chip ni a Santos por ningún lado. Me siento en una lomita a esperar. El frío hace temblar las piernas. Me reprendo al mismo segundo: qué será este temblor: emoción o frío? Me da pena de mí mismo: tan grande y aún con emociones. Al lado tengo a dos ladrones de poca monta. Me agradan porque en cualquier instante me pueden hacer daño. Al otro lado, una pareja de hippies. El hippie rubio se va, me imagino que a fumar bareta y se queda su novia gorda. Ella devora todo lo que tiene en un bolso. La miro con bastante compasión: siempre me han fastidiado las mujeres que comen mucho. Me ofrece un cigarrillo: "mejor compartirlo que perderlo a la entrada" Le agradezco y llamo a Santos: Joder, dónde putas andan?
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Faltando un cuarto para las siete, veo el cuerpo engrandecido de Santos. No deja de sorprenderme, hace un año eran tan flaco como yo y ahora anda tan grande como un integrante de la banda Rammstein -sólo que morenito. Todo este tiempo que lo estuve esperando, fue una búsqueda infructuosa del modo de ingresar por prensa. A la entrada de Prensa estaba una pequeña golfa llamada Diana. Cada segundo que ella hablaba era una pista clave para entrar del modo más estúpido posible.
-Que los de Canal Capital no están en lista pero están permitidos
-Que si preguntan por Alejandro pueden seguir
Así que le dije:
- Vengo de un medio pequeño
Ella me respondió
-Sin escarapela no hay entrada
Le dije que había fundando hace poco, hace un mes, y que como el plan de medios se hizo hace dos meses no había alcanzado pero de hecho estaba invitado. Finalicé diciéndole: Diana, créeme. Ella se sorprendió que supiera su nombre: Awwww. Pero fue demasiado evidente que me estaba pasando por listo y no me dejó entrar.
Santos llegó de todos modos con las dos boletas. Sonreí satisfecho y agradecido. Pero no faltaron los percances. "Oiga, será que me dejan entrar la correa" Me golpié la frente, sorprendido de la ingenuidad de mi amigo. Le hice saber que la única forma era dejarla con la gente de la entrada. En ese momento salía un amigo de Chip del parqueadero y Santos dejó la correa con él. Ahora el problema era la cajetilla de cigarrillos. Tampoco la dejaban entrar. La regateamos con un vendedor y le dio 1000 pesos por ella. Bien vendida, por lo menos. Ahora sí, estábamos adentro.
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A las 7 estábamos adentro del Palacio de los Deportes. No teníamos prisa, ninguno de los dos quería fastidiarse con las bandas teloneras colombianas. No se trata de un gesto de desprecio por el rock nacional y sus bandas: sólo es una visión realista: las bandas colombianas son demasiado malas y ninguna merece telonear una banda tan genial como Deftones sencillamente porque ninguna le puede dar la talla. Y eso fue lo que tristemente comprobamos apenas entramos. Sonaba Raíz y apestaba. Las guitarras eran totalmente predecibles y aburridas. Santos se fijó en la voz:
- Esa voz sirve más para el tropi-pop que para el hardcore.
Le respondí:
-Sí, es como Fonseca.
Gracias a Dios no demoraron mucho los payasos esos y se despidieron. También agradecí que no fueran igualados y se atrevieran a hacer un cover: pues por lo menos no lo hicieron cuando llegué, tal vez antes, nada raro, igual. Las luces se prendieron. Pude ver la gente de VIP y prensa. Los tontos de Dr Krápula se pavóneaban de un lado para otro. Qué hacían allá si su música es como el polo opuesto de la tristeza de Deftones? También estaba el mono estúpido de Koyi K-Utho. Los medios, los "verdaderos", no demoraron en reconocerlo también y correr a entrevistarlo. Es fácil entender por qué. Los Koyi K-Utho son unos moja prensa, unas vedettes y eso le gusta a los medios "verdaderos". Al lado llegaron los apestosos Pornomotora. Ese idiota que tiene una cresta tan postiza como su música, como su "propuesta", como todo el rock nacional: una cresta falsa.
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Son las 8 y ya se ha asomado dos veces un gordo con pinta de chicano. La gente cree que es Chino y lo ovaciona. Él dice: chi, chi. Y la gente lo aclama. Suena Snoop Doogy Dog. Parece ser irónico porque a los que nos gusta el metal en Colombia por lo general odiamos el rap. Pero en USA es diferente y bueno, la influencia Hip Hop es bastante evidente en Deftones. Santos dice: esta es la música que le gusta a esta gente. Pero ya no quiero escuchar esa mierda de rap fiestero, quiero a los deftones. La gente grita: Deftoooones, deftooones, deftooones. Santos dice: esta gente cree que es un partido de fútbol. Antes de que acabe de reir se apagan las luces y la guitarra empieza a tronar.
Be quite and drive (far away) suena y la gente aún está confundida. Demasiado bueno para ser real. Y allí están los 5 deftones. Los guitarristas, antaño rastas, ahora meniando frenéticamente una melena demasiado largo. Chi Cheng furioso tira del bajo que vuelve a él y sigue golpeando ese bajo inclemente. Stephen Carpenter no falla una nota a pesar de la velocidad. Abe Cunninghan destrozando la bateria, con una energía casi de banda de garaje. Frank Delgado, el nuevo integrante, haciendo más delirante la escena sonora con estruendos que sólo un teclado demoníaco podría lograr. Y ahí, el gordo chicano, el increíble frontman de la banda, Chino Moreno, saltando y gritando, como un chaval, con su peturbadora voz que va entre lo divino a lo satánico.
Acto seguido, como para no escapar del ensueño, la fantasía de My Own Summer. El público grita a toda voz: shove it, shove it, shove it. Y la mejor banda californiana del momento no parece reservar entrega y amor a su público. Saltamos y gritamos, no lo podemos creer. Si digo que estábamos al borde de las lágrimas, no exagero.
Aún permanecen complaciendo a su antiguo público, al que pertenezco, ese público que no compró la boleta para escuchar el último albúm o la canción que rotan por Mtv, sino ese público fiel que esperó casi 10 años para verlos y cantar a su lado. Suena Engine 9 y la voz de Moreno, justo al estallido de los locos teclados de Delgado, se mezclan con el grito de la audiencia: un grito desesperado, loco y alegre: orgásmico.
Una de las canciones que más esperaba oir y cantar esa noche era la desoladora Digital Bath. Muy calculada y fría para mi gusto. Aunque la voz de Moreno no desilusiona, esperaba un poco más de sentimiento. En cambio, Bored que predecía bastante artificial fue realmente crispa-huevos. No sólo por las variaciones de la estructura original, sino porque en realidad se vio la simpatía que generó el público bogotano en la banda.
Luego de Bored siguió Roots la cuál realmente no puedo calificar desde un criterio imparcial porque sencillamente en ese momento me enloquecí. A mi lado otro chavo parecía estar pasando el mismo trance. Ya no importaba ni mierda: estaba experimentando a Deftones y comprobando una vez más porque era una de mis bandas favoritas y que algo en mí aún andaba fiero, presto para brincar.
Obviamente no faltaba el mercadeo. Para eso vino la banda, no? Y empezaron las canciones del último albúm. Sonó Hole in the earth con un increíble preludio sampleado, extractado seguramente de algún Star Trek. Una canción fantástica, que enseña la maduración de una banda a sonidos más introspectivos.
Algo que jamás esperé fue escuchar Passenger en vivo. Siempre me pareció una canción tan elaborada y compleja que consideraba que se trata de una presunción de Estudio. Pero ahí la interpretaron y fue tan bonita y bien lograda que se me hizo agua en la boca. Porque deftones es una banda que no titubea en demostrar lo buena que es y lo muy superior que es a otras bandas que se conforman con el rótulo de ser legendarias o tener una buena imagen. Otra cosa que hay que agregar es el buen trabajo de los realizadores del concierto por tener un sonido pulcro. En este momento me sentí respetado como fan y melómano: tanto por la banda como por los organizadores. En un país que es tan difícil ser respetado y la mediocridad es tan arrogante, lograr un espacio de perfección es una bendición -si no un milagro.
Y para no tener que retractarme sino para confirmar mi sospecha de que estaba siendo respetado, casi me caigo al suelo cuando empiezo a reconocer las primeras tonadas del hermoso cover: NO ORDINARY LOVE de Sade. Y fue hermoso, por no decir otra cosa. Pocas personas la cantamos, pocas personas la disfrutamos realmente, porque esas pocas personas somos aquellas que hicimos hasta lo imposible por ir al concierto, lo imposible por conseguir las canciones inéditas de la banda y comprar la mayor parte de su discografía: una retribución cariñosa a los amorosos fieles de la única banda que le da un estatus al Nu Metal.
Pocas cosas quedan para decir de lo que siguió. Ya en ese momento podía morir feliz. Pero seguían las buenas razones para seguir vivo: Around the fur, la enigmática canción nueva Kim Dracula y la enérgica 7 words, en la que Chino Moreno literalmente se puso de ruana a Colombia - bueno, la bandera de Colombia-. Un enloquecido fan pudo subir al escenario a saltar junto a sus ídolos. No demoraron los gorilas en derribarlo y devolverlo -no sin sus buenos puños de por medio-. Pero en ese perfecto momento, todos los fanáticos fuimos ese fan. Él hizo lo que cualquiera, de tener la oportunidad, hubiera hecho. Yo grité, como manera de apoyar a ese pobre diablo, que era yo en medio del éxtasis. Fue bajado y de nuevo el embrujo: ellos son deftones, nosotros unos pobres mortales.
Siguió Change. Frank Delgado justificó su permanencia en la banda y el cielo parecía gritar: I watch your changes in you. Otra memorable canción para la memoria. Por último Head Up, en la que presintiendo el final todos brincamos y gritamos, agradecidos de haber visto una de las mejores bandas de rock del momento.
Las luces se prendieron, Abe Cunninghan regaló las baquetas y la realidad volvió a ser sorda. Otra vez volvió Snoop Doogy Dog. La gente bajaba con mirada grata en sus ojos, los cuerpos cansados y una línea curva en sus labios.
Gracias Deftones!
(si quieren ver un poco de deftones en Colombia: x digital horror x)