Saturday, April 28, 2007

28 de abril 2007. - 2 para el gran sabat

En Los sueños de la casa de la bruja el célebre escritor de ficción popular H.P Lovecraft apenas alcanza a sugerir mediante lúcidas intuiciones las horrendas abominaciones que se juegan cada año en la siniestra noche de Walpurgis. Sólo la lectura de este texto, junto las advertencias que se vislumbran en el famoso libro de Goethe, parece suficiente razón para alarmarse ante la amenaza que representa la víspera del Día de Todos Los Santos para la raza humana.


No me parece extraño que el aire se sienta más viciado en estos días fríos de abril, en los cuales ninguna chaqueta parece suficiente armadura contra la inclemencia del clima. Tampoco me extraña la creciente degradación que va presentando la gente tras cada día que pasa de este mes de abril. Si veo pequeñas prostitutas tiradas en la acera en las calles, completamente ebrias y desvergonzadas. Si veo hombres borrachos sacudiéndose el miembro contra los muros de ladrillo que abundan en mi barrio. Si las ancianas empiezan a verme con una risa socarrona y al acercarme salen despavoridas del espanto. Sé bien a qué se debe toda esta conmoción de la degradación humana: si es que se acerca el primer gran aquelarre del año y tenemos razón para celebrarlo. Legiones de brujas se congregan en esta fecha, afortunada desde el punto de vista de alineación astral y propicia para los más grandes conjuros y celebraciones (incomprensibles para una mente educada en la edad de la razón y la sociedad libre, que sale a protestar grandes sandeces como el día de Trabajo, que pierde el tiempo en tamañas estúpideces, como marchas y manifestaciones, toda esa aglomeración que tanto adora el pueblo y los espíritus vulgares).


La noche está enferma y yo logro entender algunas cosas, aunque dentro de mí siento que me parto, como si chocaran dos inestimables partes esenciales de mi ser. Como lo que sucedió esta mañana. La misma fuerza interior que me impulsaba a visitar al mago al mismo tiempo generaba resistencia. Las visiones grotescas, llenas de escenas de lujuria y pecado, invaden cada noche mis pensamientos, al punto de mantenerme en vela, sudando en abundancia como si ignorara el fuerte ataque constante del helado viento sobre mi cara. Nunca he sentido tan personalmente la fuerza abrumadora de la mente humana como ahora, cuando siento que mis propios pensamientos me traicionan y me abandonan a mi suerte.


Me encuentro súbitamente en extraños escampados en el interior de mi barrio sin saber a ciencia cierta la razón de por qué he llegado allí, ni recordar claramente el recorrido, entonces me apresa el temor y resulto en un bar de mala muerte y algún tío horrendo me habla como si me conociera de toda la vida y resultamos ríendo y de confidentes, sin que nada de esto tenga explicación alguna en el orden lógico de las cosas. Entonces siento que he perdido el principio de realidad y que debo acudir al loquero, porque es claro que algo en mí se ha dividido y ese otro me resulta aborrecible.


Faltan dos días para el gran aquelarre, el sabat de las brujas, esa gran orgía en perjuicio de la raza humana donde se convocan los espíritus más repugnantes, participando de esa gula insaciable de sed y muerte, bajo ritmos frenéticos sólo conocidos por pueblos tan condenados como Sodoma y Gomorra. Y esta legión es un frente de cultos más antiguos y oscuros donde se rezaba a los dioses menos apropiados. Tradiciones de inframundo tan profundamente degeneradas, como las que recoge Georges Bataille en su mito El Ano Solar:


"Se cuenta a propósito de esto que durante el sabat las brujas levantaban el trasero desnudo hacia el cielo y se hacían plantar una antorcha en el agujero del culo para iluminar la misa; otras se mantendrían en equilibrio sobre las manos y la cabeza y tendrían, además una antorcha entre las piernas, otras dos apoyadas en las plantas de los pies. Del mismo modo que un pastor protestante sólo podía eyacular manteniéndose erguido sobre la cabeza, contrayendo y estirando hacia el cielo sus pies desnudos que se le antojaban innobles fetiches".


La víspera del primer año... oh qué buen momento para salir a celebrar y quizá encontrar un demonio para amaestrar a mis deseos inhumanos, inhumanos desde que pienso y siento. En el bar se ha acercado el viejo mago y me ha manifestado:

- Mi buen nigromante moderno, es necesario que te hagas de una capa y un par de colmillos, ya que nos adentraremos al bosque a participar del festín del rey de la noche prohibida.

Coe me machuca la cabeza con una gigante mole para aplastar ajos y yo grito de excitación desaforada mientras la sangre fluye y el mundo por fin se ha vuelto rojo ante mis ojos.


Dos días contando para el gran sabat.

Thursday, April 26, 2007

una estirpe maldita

A mostrar todas las cartas se dijo, muchacho. En el año 1959 se encomendó la misión al detective Rodrigo Salazar del Departamento de Seguridad de la República de Colombia de ir a investigar recientes hechos insólitos registrados en la región de Arauca. Así que se le mandó a primera hora en un avión de pasajeros de la aerolínea Scadta.

Al aterrizar lo recibió el teniente Óscar Castellanos de la segunda brigada y le informó con todo detalle de la cuestión. El suceso había ocurrido cerca al corregimiento de Paz de Ariporo. La primera en informar a las autoridades fue una anciana de la región, que asegura haber sido asaltada a altas horas de la noche por un misterioso carro negro, que iba con las luces apagadas y de él salió un tétrico hombre negro, vestido todo de negro, con una elegancia inusual, que le había recomendado no volver por la zona a esas horas de la noche y asegura que lo que más le sorprendió fue su hermosa sonrisa angelical, resaltada por un brillante diente de oro. Ella afirma haber visto al mismo diablo, seguramente lo fuera, si no hubiéramos tenido noticia de una presencia similar en los pueblos de Tame y de Arauquita. Se considera que el individuo negro puede pertenecer a un comando élite de inteligencia pero no se sabe a ciencia cierta si de la Unión Soviética o de los mismos Estados Unidos.





- Siempre creí que no servía para nada, y por eso entré a la tarea de Detective. Ahora se dice que un Detective debe de ser bueno para investigar... y yo creo que no soy bueno ni para eso. - Hablaba entre dientes el detective Salazar.


- Como dice, mi detective? Es que acaso le queda grande este caso? - El tono del teniente era de puro desprecio. Era claro que el detective, hombre de delicadas maneras y semblante pensativo, le había caído mal y no era en definitiva lo que esperaba del Departamento Central.



En la tienda del campamento militar le despacharon una montaña de informes de hechos similares ocurridos en todo el país en el transcurso de los últimos tres años. Le dio pereza estudiarlos y se fue directo al campamento a beber una copa de aguardiente. Los militares conservadores no dudaron en manifestar su extrañeza de tener un civil entre ellos, bebiendo.
- Pertenece a este pelotón, caballero?
- Oh no, estoy en medio de un caso
- Periodista o detective?
- Periodista, gonzo. Periodista gonzo.
- Muy bien, cosas raras se ven todos los días.

Mientras bebía su tercer trago de aguardiente pensaba en lo curioso del caso que le había llevado hasta estas tierras olvidadas del Arauca. Algo no le terminaba de oler bien y empinó el codo. Al otro día partiría a la espesura de la sabana llanera para encontrarse con algo que definitivamente no trataba de cuadrar. Había sentido en estos últimos días esa rara sensación de muerte detrás de sus hombros, como si se estuviera preparando para la catástrofe en cualquier instante y eso de alguna manera lo entristecía: por que en él convivían dos sentimientos contradictorios, el sentimiento de lo eterno, de la vida, del impulso al infinito y por otra parte sentía el vacío, el final, la muerte: la llaga cortante y precisa de lo definitivo en su piel.

- Esta tierra primitiva y lejana del llano se alimenta y vive de los viejos mitos, detective. - Se devolvió sorprendido, quería guardar su oficio lo más discreto posible. Atrás suyo, un hombre grande, de hombros increíblemente anchos, una sonrisa asesina y un gesto vulgar contenido, le invitaba a sentarse en su mesa.

- Debo preguntarle por qué sabe de mi misión, primero que todo. - Trató de sonar duro el detective.
- No pregunte demasiado, camarita. Me llaman el bola de fuego y si acaso es tan torpe de nombrarme quedará como un pendejo. Así que limítese a hacerme caso. - La sonrisa había desaparecido y ahora sólo quedaba el asesino. Un moreno salido de la espesura de una tierra indómita cuya voz recia invitaba al silencio y la reverencia.

Wednesday, April 25, 2007

Una estirpe de demonios

Dedicado al fugitivo que quiso partir
a Buenos Aires-

A las 11 de la mañana ya estaba bebido. Fue cuando lo llamaron de la oficina. Se dijo así mismo: por fin lo logré. Y con el ánimo de triunfo contestó su celular. Estaba soñando que su conducta irresponsable le produjera el despido inmediato de la empresa, la idea de la indeminización no le sonaba mal y además quería conseguir algo mejor finalmente.
- Joder Fernado, dónde estás?
- Borracho, estoy borracho
- Bueno, no importa, total: el jefe ha dicho que empaques maletas que te vas de viaje de negocios
- Mierda.

Ramira se acercó con la otra tanda de cerveza Sol, y le preguntó por qué lucía tan triste.
- Soy un bueno para nada. Y siempre pensé que los buenos para nada estábamos condenados a escribir, a ser escritores. Pero resulta que ahora los escritores son buenos para escribir y yo soy un bueno para nada.
- No te entiendo
- Tengo que recoger maletas, Ramira, me voy para Arauca.
- No te entiendo
- Viaje de negocios.

Hace unos años Fernando no sabía nada en absoluto de Arauca. Y nunca hubiera sabido nada en absoluto de estas tierras de no ser por su amigo Luciano, que resultaba ser oriundo de estas tierras. Pero Luciano era tan absolutamente extraño que le parecía en ocasiones que no pertenecía incluso ni a esta tierra. Alguna vez le dijo a Luciano:
- A veces me gusta ver la cara de todos estos hijosdeputa e imaginármelos cómo fueron de niños. Y alcanzo a adivinar sus caras siguiendo algunos rasgos inocentes que aún prevalecen en sus caras. Pero eso nunca lo he podido hacer con usted, Luciano. Como si usted nunca hubiera sido un niño. De hecho, usted nunca fue niño para mí, Luciano.

Luciano sólo reía y eso le decía todo a Fernando. Como cuando le susurras al oído a una monja que no le crees el cuento de que es virgen y ella sólo sonríe. Como si al ser descubierto fuera incapaz de mentir, pero tampoco se atreviera a aceptar la realidad. De hecho, Fernando en la universidad llamaba a Luciano: El Extraterrestrte. Pero no era el único apodo de Luciano, ni acaso el único que gustara a Fernando Alonso. Fue un día bebiendo en Saint Moritz que Andrés Fernando, al ver la extravagante figura de Luciano, le propinó el acertado sobrenombre de: Marilyn Manson de Arauquita. Y así se quedó por mucho tiempo y esa fue la idea vaga que Fernando Alonso se hizo de estas tierras inhóspitas: una tierra demente que a pesar suyo es capaz de engendrar un extraterreste.

Mientras empacaba sus triste cuatros trapos, además no sabía muy bien que empaquetar, tal vez un sombrero y unos vaqueros, pero temía ser muy caricatúresco, o tal vez empacar nada, o sólo un par de bermudas y un pato de flotador, pero tenía que dictar una conferencia, pero acaso podía llevar un blazer? Mientras empacaba sus tristes cuatro trapos recordaba las pocas veces que Luciano se había referido a su lugar de origen. Su tono siempre había sido demasiado sobresaltado, aunque pensándolo bien, él siempre estaba sobresaltado. Pero además profesaba una suerte de asco por esta tierra, aunque pensándolo bien, él siempre profesaba asco hacia las cosas más cercanas suyas. Finalmente pensó que Luciano no era para nada una buena referencia y que lo mejor era llegar libre de prejuicios hacia una tierra que imaginaba a la vez selvática, en medio de un salvaje recodo del Amazonas, así como una tierra desértica, al mejor tipo de películas del Oeste.

Así que a las 7 de la noche partió de Bogotá a tierras lejanas, con cualidades casi míticas, que había parido una bestia híbrida satánica bajo el nombre de Luciano. Desde la mañana estaba bebido, durante el día había almorzado un bistec que le había repuesto por un par de horas, había dormido y ahora pedía con desenfreno a la azafata botellitas de aguardiente. A pesar de las advertencias sobre la temperatura del lugar, llevaba un lígero buso al suponer que en la noche el viento podía llevar un poco de frío. Pero apenas bajó del avión, lo abrumó una oleada de calor salvaje que no demoró en empaparle el rostro de sudor, como si se encontrara bajo una regadera, pero esa regadera fuera él mismo. Supuso que era cosa del alcohol, el no poder con el clima asfixiante, pero en pocos minutos notó que el trago de su cuerpo se había desvanecido y ahora se encontraba irremediablemente sobrio en una tierra extraña.

Camino al hotel de tres estrellas Capri, observó el primitivo paisaje rural del pueblo, la opaca vida nocturna, la escena al parecer tradicional de las matronas sentadas al frente de las casas, a la tenue luz amarilla de las bombillas, con innumerables niños en sus piernas, todos en medio de un letargo incomprensible, como en medio de una correspondencia infinita entre su olvidada raza y las estrellas del cielo llanero. Esto lo abrumó bastante y un susurro incesante de millones de grillos tras sus orejas parecían invitarlo a perderse en medio del monte. Donde fuera que mirara, encontraba rastros de abandono y pobreza. Una que otra vez podía ver la figura delgada de un hombre entrado en años, con la cara cubierta por el sombrero y si acaso se dejaba adivinar la expresión de los ojos negros, podía sentir una tristeza tan insondable en esa existencia que lo obligaba a desviar la vista hacia otro espacio vacio de abandono y pobreza.

Apenas se bajó del hotel y quiso instalarse en la recepción, la primera cosa que le molestó sobremanera fue el esfuerzo infructuoso de la empleada por hablar en inglés. No, sonrió, sin querer mostrarse superior sino comprensivo, yo soy colombiano. Ella se apenó infantilmente y le despachó con la mayor rapidez posible. Fernando pudo comprender que en esta región tal vez no fuera muy común ver hombres tan blancos, a pesar de que él mismo no fuera tan rubio sino que apenas contara con el pelo castaño claro. Luego de dejar sus cosas en el cuarto y tomar un pequeño baño para contrarrestar un poco el calor, quiso bajar al restaurante a pedir una comida autóctona de la región. Tenía la impresión de que en estos días se saciaría de tanta carne que pasaría el año entero sin querer dar bocado a ningún animal vivo sobre esta tierra. Pero se amargó al ver el menú del restaurant del hotel. Además al ver el sitio completamente vacío decidió que no era muy buena idea comer allí y decidió aventurarse al centro del pueblo con la firme idea de comer algo tradicional de la región. Deambuló poco cuando se dio cuenta que el centro no constaba sino acaso de unas 3 cuadras. En ninguna de ella encontraba algo que le llamara la atención: sólo había sitios de hamburguesas, empanadas, pizzas y comida casera. Así que se fue por la comida casera y sin decir nada, aceptó con estoicismo una sopa fría con nata de grasa, una carne mal servida y unos vegetales podridos. Se tomó una cerveza en una de las fuentes de soda del lugar y al ver que le observaban con mucha atención, prefirió devolverse al hotel. Ya salía de la fuente de soda cuando escuchó un grito dirigido hacia él: Hey Catiro!. Se devolvió con sigilo, como queriendo ahorrarse problemas. "Le devolví mal el cambio, hombre, lo siento. Tenga, este es su cambio". Se devolvió de nuevo hacia la puerta, siempre con la sensación de una mirada incisiva de los hombres sobre sus hombros y la impresión de una risa cizañosa, creciendo en ellos dirigida a él, el forastero.

Addiction Kerberos -el profeta- recibiendo transmisión de la entidad extraterreste Aiwass.

Tuesday, April 24, 2007

lunes en feria del libro.

Leer no salvará a nadie. Escribir menos. Escribir honestamente menos. Leer cosas buenas menos. Pensar, en definitiva, sobra mucho. Tomo mi credencial de invitado a la feria del libro y leo la programación: Lectura de cien años de soledad. No estoy haciendo nada igualmente. Considero que es una buena oportunidad para salir de esa mierda de una buena vez. Salir de esa mierda de Cien años de soledad. Esa lectura obligatoria y canónica que pesa sobre la espalda de ser colombiano. Y que pesa sin gusto, no como la fama de la cocaína. Porque finalmente la cocaína se ha probado lo suficiente como para poder sacar pecho y tener esa cosa de identidad nacional. Porque finalmente la coca sí ha dejado su huella sobre uno y sí se ha vivido, no como sombra sino como definitiva presencia hegemónica. Me logro acordar de la cara de indignación, esa falso rubor en las espantosas mejillas de los colombianos en la Florida, cada vez que un gringo bruto nos identificaba y decía: hey colombianos, qué buena su coca. Yo no me enrojecía, al contrarío le agradecía el gesto y hacía un ademán muy colombiano de: siempre a la orden, compadre. Ahora nos sirven en una falsa bandeja de plata al colombiano que más sonroja a la derecha colombiana, al colombiano que para esconder la vergüenza se sobrevalora como el segundo escritor de lengua híspanica, luego de Miguel de Cervantes. El caso es que a pesar de que útimamente se reconozca en el medio intelectual que esa mierda románticona y cula de Cien años de culera no es más que el único best-seller que ha parido esta malparida mierda, no deja de ser bochornoso y un poco indigno el hecho de no leer el libro. Como igual no estoy haciendo nada y quería salir de ese apretón de huevos de ser colombiano y sólo haber probado la buena coca del país, pero no haber leído la buena literatura del país -sino la muy mala-, me dispuse bien tempranito para ir a la feria del libro y participar en la lectura esquizofrénica de Cien años de culera. Llegué tarde, pero eso no me importó. Y no porque llegar tarde sea colombiano, de hecho todo el mundo llega tarde, si los ingleses son famosos por su puntualidad tal vez no se deba a que sean la regla sino la excepción. Dónde están leyendo a Gabo? Claro, ahora todos somos familiares de "Gabo". Me detuve en el recorrido que había hecho en el bus para llegar a Gabo. Una hora esperando en un sol desesperado que quebraba el rigus angustioso de mi rostro. Un negro como los negros ingleses, aferrado a dos celulares. Había algo de terriblemente tierno en el cuerpo exagerado del negroíde pero observarlo mucho podría tener consecuencias violentas. En efecto, la calle no tiene la ley escrita aunque resulta tan rígida que no da lugar a estupideces. Logré acomodarme en una silla en una fila vacía. Me pregunté por qué la gente prefería hacerse a un lado alejado y no sentarse, como yo. Luego me di cuenta. La intimidación. Por qué no sentirse intimidado si la gente bonita era la que ocupaba los puestos de adelante? Y sentarse en las sillas de las filas vacías te acercaba demasiado a la gente de la tele, a esa gente hermosa. Incluso, la gente bonita miraba extrañada a la gente que se sentaba demasiado cerca a ellos, los bonitos. O sea, estaba en medio de dos bandos claramente definidos, aunque ninguna etiqueta rezara: aquí los bonitos de la tele, allá los feos del común. Adelante mío un enano entrado en años y con el rostro agotado trataba de tomar la mejor foto de la farándula. Para no ver a la gente intimidada ni a los intimidadores preferí detener mi vista fijamente en el enano. Era lo que más se parecía a mí en ese instante. Un ser grotesco con un pie en el cielo y otro en el infierno. He ahí mi Virgilio, conduciéndome a las letras que pasan de largo entre los círculos del infierno y los círculos celestiales. Vicky Dávila pretendía ignorar el molesto flash que el enano no temía en escupirle cada segundo. Pero miraba, con más rareza, a ese otro ser grotesco guíado por la antorcha de Virgilio. Era un hecho que nadie prestaba atención al libro. Pensé: para quién se lee el libro? para qué gente se alza este altar? Llegó Maria Emma Mejía. Tiene esa sensualidad que siempre inspiran las brujas malas. Pero como ellas exhala algo innombrable que paraliza. Supe entonces para qué clase de gente se alzaba este altar y me dije: muchacho, este no es tu lugar de poder. Me levanté lo más delicadamente posible. Pero comprendí que el jean se me caía. Y me lo subí bruscamente, como las chicas se suben el descaderado. Tal vez ese acto me haya hecho ver imponente, tal vez arrogante. Pero lo hice porque no quería correr el riesgo de que Vicky Dávila viera mis calzones baratos. Si le interesaba acaso. Pero me relajé al pensar que el enano tal vez también tendría pudor, que le avergonzaría si Vicky Dávila le viera la raya del culo, si le interesaba acaso, porque a la condición de ser grotesco no quería agregarle la condición de ser grosero. Salí sobrecogido. Burlado doblemente. Primero, porque sabía que el evento era una burla y segundo, porque asistí y me presté a la burla. Gabriel García Márquez tal vez lo hubiera tolerado, incluso en su juventud, un buen lagarto cuyo mérito siempre ha sido el de saber su pequeñez. Pero yo? mierda, yo no soy un genio literario y no conozco mis límites de pequeñez. Me alcanzo a reconocer con el enano pero no con su estatura y en ese sentido, estoy perdido. Acaso el hecho de ser enanos nos debe hacer doblar las rodillas? Acaso todos los jorobados debemos ser mayordomos de condes miserables? Y si Gabito no se hubiera acostado con los Santos y Mutis y con todos los que se prostituyó? Acaso le levantarían un altar para que lo escupieran? Ay, ay. Así que lo mejor que pude hacer fue volver a olvidar a ese señor García Márquez e irme con los más propios, con los que aún tienen algo de digno en esta vida, digno en un legado de letras honradas: Manuel Puig, la marica. Desde muy pequeño siempre sentí ese sentido de solidaridad y amistad con los escritores maricas, los que llevaban a cuesta la cruz del estigma y ostentaban una felicidad prohibida, sin mérito. Y eso no lo he encontrado en Gabito, que siempre se ha mostrado muy machito y esa muestra extrema siempre me ha parecido propia de un remaricón encubierto, sin verguenza. Porque también siento un sentido de solidaridad y amistad con quienes profesan verguenza y asco hacia sí mismos. Y Gabriel García Márquez para mí es más extraño que la Cocaína. Y la Cocaína me parece que supera al infinito la obra de Gabo. Pero no quiero altares para ella. Es mi reina trágica, cuya belleza provoca desastres sin quererlo y por esta razón está condenada a la guillotina y no hay nadie que pueda salvarla, ni los que la manosean con la promesa de salvarla, ni los que se condenan con ella: esta condenada a una muerte solitaria e inevitable. Reina dionísiaca que lleva el máximo de su esplendor al fuego, consumiéndose en el resplandor de una risa satánica. Dirigida hacia su propia muerte en la rebelde locura de su felicidad, lloraré por ella en la distancia del público enemigo, que la insulta y la maldice, y no estaré allí para responder a la inquietud de su desvastada figura que encoge su santa rabia, incluso si ella llega a nombrarme en esos últimos instantes, estaré a lo lejos, en la penumbra, humillado por la exaltación de las llamas en su blanco cuerpo de bruja mala. Porque la cocaína está sellada por la fatalidad. Y ahora esta estrella enana se pasea por el infinito negro de la eternidad envidiando el resplandor del desastre de una galaxia en llamas. Y leer no salvará a nadie de esta noche. Escribir consuela a los pendejos. Mientras tanto, gente como Margarita Posada seguirán siendo novelistas consagrados gracias a que pueden alternar columnas con fotos de su trasero: cosa que no hace falta, pues su propia jeta podría sustituir perfectamente un par de nalgas por una cara de culo. Mientras tanto, gente como yo se puede pudrir buscando cafés en los cuales pueda llorar un capítulo hermoso de un escritor en remate en la Panamericana.

Tuesday, April 03, 2007

Sin morir pero



Tirado en un rincón oscuro de la sala, se frotó la frente y con la misma palma de la mano se cerró el párpado derecho y sintió esa mitad de la cara muerta. Se tomó el último pucho de vino directamente desde la botella para arrojarla luego al lado de las otras botellas de cerveza vacías. Pocas horas más tarde lo levantaba Rosa: Lo siento, mi amor, es hora que te vayas yendo. Se incorporó observando a su alrededor y se dio cuenta de que era el único que quedaba. Le preguntó a Rosa qué hora era. Era mediodía pero sentía que el frío le pegaba directamente a las costillas. Apenas si se despidió de la escuálida anfitriona y ya se encontraba de nuevo en las calles, luchando en contra de los inclementes rayos de sol. En su sueño creyó haber encontrado su nombre pero despierto siente que la ha perdido para siempre.

Se revisó los bolsillo de la gran chaqueta negra, que llevaba cerrada hasta el cuello, causando la mala impresión de los deportistas del domingo, que le miraban con repulsión por su sucio aspecto y estar tan arropado en un día en que el sol parecía sonreír a todos los niños del paraíso. No le sorprendió encontrar unas pocas monedas, con lo que había derrochado la pasada noche lo menos extraño era encontrarse quebrado. Decidió que era mejor negocio gastar las pocas monedas en una cerveza para calmar la sed que un bus para descansar las piernas. El tipo de la tienda no pudo contener su asco: venga, le regalo una bandita para que se cubra esa mierda. Se miró al espejo y fue entonces cuando vio la gran herida que le supuraba en una de las comisuras inferiores del labio.

Nada es más ridículo en las calles que un héroe olvidado de una mala guerra venida a menos. Amarillo pus, hematoma creciendo, infección leve, bultos y bultos cerrados en su pecho: creciendo desde adentro: como criaturas de otra dimensión prestas a expulsar su existencia a partir de invasiones mortales. Pudo verlo en el baño de la tienda. Subió la mirada al mohoso espejo y comprobó el gesto instintivo de horror que emergía de sus agotados ojos negros.

Terminó su cerveza y se sentó en uno de los parques aledaños. Un grupo de chicos se reían y hacían monerías sin parar. Uno de ellos reparó en él y empezó a gesticular, en broma, remedándolo, como a los zombies de la televisión de sábado. Los otros chicos celebraron el chiste y se volvieron al triste sujeto de negro tirado en la loma del parquecito. Lo señalaban con crueldad y se burlaban de su inexplicable conducta ante el generoso rayo de sol de domingo. Sobre todo las chicas, las chicas que acompañaban al fresco grupo de jóvenes universitarios. Ellas se reían con fuerza y una de ellas señaló, en referencia a él: pobre sujeto. Él no alzaba la cabeza y esto irritaba más a los más enérgicos líderes del brillante combo. Cansados de la indiferencia del sujeto, empezaron a cantar canciones de moda y gritar que ellos sí sabían vivir. Uno de ellos, con una gorra de colores, mechones colorados, juglaresco y hábil le tiró una piedra que chocó contra una de sus piernas. El otro, un androide de gimnasio, le retó una pelea: haber hijodeputa, no vaís a venir a dañarnos este hermoso domingo con tu puta actitud de me-vale-mierda-todo.

-Es tan fácil ser gracioso en esta época. La ironía y el sarcasmo está al orden del día en un mundo que no piensa demasiado y que ha dejado las cuestiones serias y ha olvidado las preguntas pertinentes en el momento en que enterró a sus dioses por la facilidad asesina del consumo, la injusticia del liberalismo y el despecho de la liberación sexual. La revolución que planteas me da asco en cuanto no se dirige a recuperar lo básico, que es la dignidad y el honor. Tanta mente abierta para nadie dispuesto a dar la vida, es una estupidez interminable. Puedes creerte el hombre más feliz y rebelde del mundo por fumarte un porrito - y encima creer invocar antiguas divinidades muertas - escuchar rock, follar golfas y vestirte como un pendejo, pero tu propia actitud no es más que una cara de ese horripilante pozo negro y sin sentido en que tratas de afirmar esa sonrisa de idiota mediocre que se resiste a colapsar con el caos de tu propio tiempo.

Mierda, pensó para sus adentros, debo procurar dejar de salir tanto. Esto no me hace ningún bien, llenarme de tanto veneno me asfixia y me perjudica. Es obvio que la gente de la calle es imbécil, sus pretenciones y palabras no son suyas sino de una sociedad envenenada, asesina y cruel: ellos quieren vernos en un lodazal de mierda y los jóvenes son los más dispuestos a aferrarse a él siempre que puedan tener un miserable sexo frío y aséptico. Esta es la democracia, la sicótica bárbara que ataca lo inexplicable y oculto: somos sus enemigos: los vampiros. Somos basura y desecho. Ellos irán con sus antorchas, sus ambiguas imágenes de la luz y su demencial símbolo de la paz dispuestos a invadir nuestros castillos, a enterrar nuestros hastiados corazones y desahogar toda esa sed canibal en nuestros rostros diferentes que los asusta hasta la muerte: porque delata su fealdad infinita.

El androide de gimnasio se acercó y empujó a la triste figura que apenas había pronunciado pocas palabras -sin que se le entendiera la mayor parte. El juglaresco rastafari también se había acercado y le había prometido romperle un bate de beisbol en la pálida cara. Las chicas se habían excitado. Tenían aún ese revanchismo barato que les propiciaba el espectáculo del fútbol.

Y yo decidí desaparecer en ese atardecer de domingo: de tiempo y espacio: desaparecí en un tiempo esputo: grises sombras: promesas de un bonito despojo arrancado de un tráfico de entre semana, esta belleza que ya no recuerda voces de Jeff Buckley ni Andrew Wood. Ya no suenas, recuerdas? Bebé con pistola que sale a disparar al espacio estúpido celeste de un día en que la chica fluía distante, a la distancia. Y crees que estás loquito pedazo de catre incendiario? No estás en su retina de televisón amable. Es hora de que te reúnas con las ratas de ayer, en el fuego que se resistió a revelar su silueta en la noche que para ti fue mejor ni existiera. Un grito amargo sería una inyección negra en el borde del ocèano sin superficie. Yo arrastré algunas olas de mar mientras partía: jugo subrepticio sin letras amargas que tragar para dar forma alguna. Y tú me pateas ese culo que ni siquiera me atrevo a tener en este sueño de almizcles disolutas.

-Chics... -seguía diciendo, mientras le retaban y sin que se le entendiera- este sol de domingo les pertenece todo a ustedes: es su brillo: es su culo: por favor, sean félices a su rayo. Yo sé la razón de su furia... ufff.. este sol de Domingo les pertenece y yo soy una luz sin día. Demasiada luz para aparecer ante el sol: soy demasiado culo para su vista y el culo ya está arriba, sin tener que ser visto, abrigándolos y alegrándoles la muerte. Esa piel curtida. Ya lo decía el muerto: ningún hombre soporta la desnudez del otro. Y yo soy como un culo que se broncea. Pero... estoy mal y muero: o sea, lato más que el mismo sol en sus cabezas. Dejénme relamer mi propia mierda que soy un culo bastante introvertido.

En ese instante un hedor se hizo manifiesto en toda la atmósfera. El cielo empezó a oscurecerse misteriosamente. Y una risotada se escuchó desde lejos. Una brisa inexplicable invadió a todos los presentes - incluso al ausente. Una legión de cuervos y chulos circundó la escena. De repente, apareció, nadie sabe de donde, una escultural mujer vestida con un estrecho vestido, como de seda, que le caía a través de una figura gitana. Su rostro era tan blanco como no se acostumbraba a ver por la región, tan blanco como de extranjera, incluso más. Un lacio pelo negro largo que le llegaba hasta la delgada cintura. Una cara irreprochable de no ser por unos extremados ojos negros hundidos de ultratumba.

El rastafari, haciendo dotes de galán:
-Hola, la Lilly Munster que faltaba. La hora en que salen los Freaks. Yo iría hasta los Carpathos por tu beso mortal.

La mirada de la recién invitada no podía ser más que de reproche. Fue tan severa la mirada que todos tuvieron que callar. Ella se acercó al precario efebo. Nadie recuerda haberle visto el torpe caminar de las piernas. Fue tan perfecto su acercamiento que pareció volar. Tomó por la mandíbula al simulacro de jamaiquino y giró tan fuerte de ella que le separó instantáneamente la cabeza del cuerpo. La sangre soltaba a chorros increíbles y el cuerpo demoro un poquito en caer definitivamente hacia la región en que los chistes están de más. La cabeza se vio rodar por la oscuridad del parque como una pelotita de fútbol golpeada por Pelé.

El hombre de negro, que hace poco estaba arrojado en una lomita del parque, ahora incorporado, sintió unas súbitas ganas de beber de aquel estúpido que ahora desangraba lo poco que tenía de real en vida. Le pareció estar rodeado de un grupo de buenos Kamarades que le invitaban a saciar su mórbido apetito.

Al tiempo que el renovado hombre se saciaba de la sed del desgraciado, la oscura gitana daba consejo a los estupefactos muchachos de barriada de domingo. Al androide de gimnasio, que aún se creía invencible por la ridícula forma que le había dado a su cuerpo hora tras hora en un gimnasio de hedor inmundo de sudor imposible de borrar, que aún conservaba una risa de idiota, le dijo, como una buena mami:

- Con esa risita de superioridad idiota lo más fácil para ti debe ser obtener un premio de Literatura o Cine. Sí, eso se traduce a dinero en efectivo, sin sudor en la frente: todo el sudor que necesitas expulsar lo restringes al gimnasio: buena idea, buen material para tus ideas. Aunque hace años nadie hubiera dado un peso por alguien de peso, ahora las cosas se revierten a tu favor: la frivolidad y la estupidez deben llenar las hojas de gente que apenas se esfuerza en leer cosas no mayores de 120 páginas. Debes estar lo más cercano posible al espíritu del ejecutivo, lo más cercano a su humor para ser vendido como un intelectual de la época. Tan cercano que procures que lo lejos que aún mantienes con él sea visto como marginal y nadie note la hermandad secreta que habeís trazado con él. Porque sos una puta, tanto de cuerpo como de alma, no me llamas la atención y no me provoca tu sangre. Ve a reir al gimnasio o a los clubes que sos la risa que delata la ignorancia de tus lectores. Ellos ríen contigo, creyendo que se ríen de ti -y en parte lo hacen- porque se ríen de ellos mismos. Y todo es una risotada, un conducto espiral de la estupidez que se conoce categóricamente, determinísticamente.

Thursday, March 22, 2007

Sin morir

Dedicado a los sueños imposibles,
o sea, a ti, Kira.

La historia que a mis padres les gusta contar, para abreviar, es que nací en un olvidado pueblo del Arauca, enfermé desde muy pequeño, estuve en innumerables tratamientos médicos y finalmente, terminamos llegando a Bogotá cuando yo contaba con 5 años. Antes de esa época realmente es poco lo que recuerdo. Pero las pocas cosas que recuerdo haber vivido contradicen radicalmente esta historia de mi propia vida.

No recuerdo nunca haber nacido y mucho menos como humano. En cambio, cuento con vagas visiones de esa época que me llegan por medio de sueños, flashes o delirios de fiebre. En estos extremos estados alcanzo a ver la figura de mi padre, un hombre bastante delgado, alto, un bigote rubio ceniciento, ojos grises y expresión severa. Él me recoge de una estación satelital. Recorremos juntos, de la mano, un aséptico corredor, tan blanco que enceguece. El hombre de seguridad le entrega lo que parecen ser unas llaves. Avanzamos callados una extensa avenida en medio de la noche. Había nacido.

Lo que en seguida se consideró sin mayor reparo como el curso de mi vida lo interpreto como la ardua tarea que llevó acomodarme a mi nueva condición. Por otra parte, nunca te has preguntado por qué la palabra "condición", con pocas modificaciones en su estructura, parece estar en el seno de la mayoría de idiomas del mundo? Si hubo una severa infección desde el principio es porque algo definitivamente no cuadraba en mi propio organismo. Y si lloraba a los 9 años, a la inescrupulosa luz nocturna del sanatorio respiratorio, con La isla del tesoro en mi regazo, rogando a Dios que me llevara por una buena vez y la enfermera no demoraba en volver para revisar la temperatura, era porque definitivamente algo no terminaba de cuadrar en mi propio organismo.

Y si demoré en aprender el habla y cuando la adopté la expresión se mofaba de mí y me violentaba como una perra dominatriz, era porque estaba mortalmente enfermo y la interrogación era el impulso básico de mi nueva condición humana.

Había escuchado decir que ellos vendrían por ti. Que ellos rastrean a los de su propia especie y es cuestión de tiempo para que te reclamen. La primera vez que presentí que algo extraño, pero a la vez terriblemente familiar, estaba realmente cerca fue en inmediaciones de la Zona Industrial en Bogotá, Colombia. Era un día espectacular, el cielo estaba totalmente despejado, el sol brillaba como un ano, la gente parecía ir y venir alegre. De repente sentí el hedor. Algo tan horroroso que te provocaba náuseas al instante. Pero lo resistí y empecé a sentirme mareado. El color de las cosas fue otro. La gente se veía tan horrible como en realidad era. Podías ver el grano que este adolescente había estado molestando, la cicatriz que aquella muchacha quería ocultar con un poco de polvos cosméticos, el pelo en la nariz que sobresalía del chacho de la oficina, el diente amarillo de la reluciente prepago que pasaba. Y tú empezabas a extrañar algo realmente sublime que te pudiera abrigar, más allá del hipócrita cielo capitalino, pero que podría esconderse en el subsuelo como un milagro en medio de la mierda. Y entonces viste tres espectros correr por el lado izquierdo, ir por el lado derecho, tan veloz que tu cuello no podía seguirlos. Hasta que sentiste el terror en todo el frente tuyo y dijiste: está es mamá. El resto que supiste es que te encontraron tirado en el césped, creyendo que estabas muerto. Dos ambulancias aparcadas y dos hombres tomando tu pulso.

Al otro día, la normalidad tímida que conoce el enfermo crónico. Al decir de los martasanos estabas perfecto. Pero yo sabía que había visto algo realmente cojonudo. Y me emocionaba sólo de pensar en qué podría ser. Le describí la visión a algunas personas un poco más abiertas a este tipo de experiencias y todos parecían querer creer pero al final siempre me decían: bueno, esas cosas suceden siempre antes de un desmayo. La única que pareció seguir en serio mi testimonio pareció ser la empleada de servicio que en ese entonces teníamos. Se llamaba Elsa.

Elsa en ese entonces vivía en una casa al sur en la vía al llano, en un típico barrio de invasión. Era una casa, según lo describía, con una estructura clásica del campo. Por este motivo, no era raro que el baño quedara fuera de la casa y tocara cruzar un poco de la loma para llegar a él. Tampoco es raro encontrar, en estas casas de la zona marginada de la ciudad, sólo una gran habitación para varias personas y cerca a ella, una pequeña salita, en la cual se encuentra la cocineta de gas y varias ollas. El caso es que Elsa dormía junto a su hermana. Una espesa noche de Mayo, la hermana de Elsa sintió unas ganas de ir al baño que le ganaban y por el temor obvio de atravezar parte de la loma sola llamó a Elsa que la acompañara. Elsa renegó un poco puesto que se encontraba en su quinto sueño pero finalmente fue tanta la insistencia de su hermana que se vio obligada a acompañarla. Cruzaron la lúgubre vegetación nocturna hasta llegar al baño. Elsa esperó a su hermana, evidentemente sin gusto alguno y aún renegando por la actitud canalla de la cagona de media noche. En esas se encontraba, cuando de repente pudo divisar algo que se movía cerca a los árboles que circundaban la humilde morada.

Cuenta que se quedó completamente paralizada. Fue en ese momento que pudo ver los dos monstruosos ojos. Comprendió, sin saber cómo, que se trataba de una mujer muy blanca, con ojos tan negros como los de cuervo y un cabello largo, lacio e igualmente negro. Pero Elsa se encontraba fija en los aterradores ojos de la aparición. Y en ese shock hipnótico divisó que se filtraba en medio de los ojos un horrendo dedo cadavérico, con una uña tan larga como de bestia, llamándola. Ella iba siguiendo la telepática orden, sin mover los píes, tan etérea como el sueño. A medida que se acercaba, el espectro parecía complacerse más. Fue tal el gusto de la aparición que no se molestó en mostrar los dos afilados dientes que escondía tras su macabra boca.

La hermana de Elsa, al salir del baño, encontró a su hermana yendo por la espesura de la noche a un lugar incierto, sin plena conciencia de ello. La llamó numerosas veces pero la mujer no parecía entender palabra. Así que fue hasta ella y la agarró de la palma de la mano. Notó que estaba helada. Vio en su rostro el letargo y le gritó. Apenas tomó conciencia Elsa. Estaba tan aletargada que tardó unos segundos en reconocer a su hermana. Y cuando reconoció a su hermana, y se enteró de la extraña situación, todo su cuerpo tomó conciencia del peligro y echo a correr hacia adentro con su hermana, sin dar explicación, sin emitir un sólo quejido, sólo echando a correr lo más rápido posible.

Pocos meses después del suceso en la Zona Industrial, encontré un tumulto extraño en medio del pecho. Empecé a espicharlo frente al espejo, tomándolo como una suerte de acné caprichoso que se había depositado en esta inusual zona. Salió algo realmente escabroso. Era un líquido amarillo, pérfido y putrefacto. No descansé hasta no ver que había salido por completo. Pero meses después el bulto aparecía y reaparecía. La última vez fui a ver al doctor, me lo extirpó él mismo y guardó la extraña sustancia en una muestra de tubo...

Monday, March 05, 2007

mujer

Fue Bufalino quien escribió en Bluff de Palabras que el feminismo había sido la única revolución que la humanidad conoce en la cual los amos se sublevan contra los esclavos.

Me confieso un incapacitado mental para escribir sobre la mujer. Lo lamento porque finalmente a ellas les gusta los homenajes. Pero no podría escribir una chica chonqueta o componer Mujeres de Ricardo Arjona.

En cambio, sólo les puedo dedicar esta canción.
Thank you for the roses
Thank you for the roses

Tuesday, February 13, 2007

ángel




Delerium - Angelicus

"Podré vivir hasta que florezca este Adonis?"
Ria - Natural City


Ocurrió luego de la crisis nuclear entre Norcorea e Irak. Desde casi todos los rincones del mundo pareció verse el mismo fenómeno. Una espesa nube rosa cubría la totalidad del cielo, a veces rayos plateados rugían y murmuraban rompiendo el terroso techo que incomprensiblemente se había formado. Los aviones no pudieron despegar más y las aves parecían haber desaparecido por completo. La comunidad científica, por supuesto, ideó la respuesta más rápida para comprender el suceso aunque no generó convicción y las tesis expuestas no tardaron en ser abucheadas por el gran público. En la ciencia no estaba la respuesta. Los predicadores celosos de sus creencias interpretaron a favor de sus iglesias la incertidumbre acrecentada. Un célebre ufólogo convocó a otro suicidio masivo. Los filósofos se travestían en las calles. Los físicos jugaban al yo-yo en sus laboratorios. Los niños mutilaban las muñecas con los dientes. Las amas de casa compraban los periódicos de la farándula. La farándula se hacía a la cienciología de L- Ron Hubard. Yo me emborrachaba cada tarde, desbordado de nostalgia y melancolía. En fin, que Dios se había presentado y el pecado seguía inerme. Pero había suficiente ciencia como para preocuparse por el destino del hombre. Ya no se soñaba con volar a través de las gélidas galaxias. Todo lo que concernía al estúpido hombre post-nuclear era la extensión absurda de la existencia y la calidad de vida. Habíamos perdido el cielo y sólo parecía importar en las tabernas. Chicago era el imperio de la tolerancia y la ciudad más pacífica. Solía beber junto a un antiguo astronauta de la misión Gather Rocks:
- Algo se escapó de TrES-1. Un sórdido invierno en las rocas. Todo un desierto esperando tu muerte. De repente, un silbido enloquecedor. Lágrimas de ángel en tus ojos. Sabías que este tipo de espejismos era algo natural bajo estas condiciones. Pero la risa de un niño te hacía pensar dos veces si no era algo real, como si hubieras aterrizado en el jodido cielo. Imposible, fue lo que pensé. Todos mis camaradas nos devolvimos en silencio. Imposible, fue lo que dictó el juez cuando le revocó la licencia a Dave.

El terruño celestial se desvaneció por los cielos, con la misma naturalidad en que surgió, después de la crisis nuclear entre Norcorea e Irak. Los científicos callaron y los pastores hablaron mucho. 25 años en que el mundo perpetúo su soledad cósmica sin aparente trauma. Pero los borrachos sabíamos que algo había entrado en la tierra de manera definitiva. Las pruebas eran difíciles pero irrefutables. Algo en la sensación parecía comprobarlo. Era como vivir toda una vida a través de una ardiente mirilla invisible.

Soñé después de las noticias. Soñé en el trasbordador Eileen cruzando la bóveda celeste. Estábamos siendo azotados por una fuerte tormenta galáctica. Llovía y la nave daba tumbos. Alguien gritaba sin miedo, como si fuera una reacción natural del cuello al desgarrarse. Entonces las visiones aparecieron. Pasaba junto a la cabina de Andrea cuando lo vi pasar. El trineo de Santa surcando el espacio sideral. Los dos quedamos en shock, cruzamos la mirada como si con ella cerraramos un secreto mortal. Abajo, en la cabina de compresión de gravedad las cosas tampoco andaban para nada bien. Así que le pregunté a Anita si había visto lo mismo que yo. Me respondió: claro, vi el tren de Chicago arder en la pista. Llamé a la Tierra y fue cierto. Un tren en Chicago se descarriló de la vía. De esta manera supe que estábamos en presencia de una entidad extraterrestre. Porque todas estas visiones eran imposibles y algo, de alguna manera, estaba sacando de nuestra mente las fijaciones más absurdas. Al despertar, me sentí menos solo en el universo: ya esa inteligencia había entrado en contacto.

En las noticias el transbordador Eileen se reportaba como pérdida absoluta del sueño del Espacio. Yo, en principio, no debería existir en este tiempo de la Tierra. Debería procurar permanecer invisible ante los A.L (Agentes Lógicos) si no quería ser regresado a casa, a la muerte, en las ciudades del futuro.

Tenía que cumplir una misión por lo pronto. Ir al rescate de los Niños Sagrados de Indonesia. Ellos llegaron a la Tierra hace 25 años. En la época que el cielo desapareció. Tras la crisis nuclear entre Norcorea e Irak. Luego de la bomba. También les llamaron Los Hijos de la Bomba. Unas criaturas excepcionales, en todo caso. Rechazados por sus madres en el nacimiento: la mayoría de ellas con severas heridas en diferentes partes del cuerpo, si no con múltiples mutilaciones. Los centros asistenciales los reportaron como niños con graves alteraciones genéticas, e incluso hubo quien afirmó que se trataba de despreciables mutantes. Si bien cuando nacieron eran niños monstruosos, con algunos órganos vitales externos, la ciencia no tardó en descubrir que de algún modo milagroso estos órganos se acomodaban a su posición "normal" sin sufrir alteración alguna. Muchos de ellos nacieron siendo siameses y a muchos de ellos, por esa obsesión médica de la normalidad, los asesinaron al tratar de separarlos. Los que se salvaron demostraron que eran más perfectos siendo 2 que 1.

Además de estas consideraciones puramente "médicas" lo que más fascinó a la opinión pública era el aspecto de estos niños a medida que maduraban. A los dos años la piel les cambiaba su original aspecto moreno y se veían tan blancos como un mármol. Los ojos tornaban amarillentos, como si sufrieran alguna clase de hepatitis. Algunos incluso desarrollaban una cómica cola al final de su columna vertebral(obviamente la clase media estadounidense no se cansó jamás de decir que eran duendes demoníacos).

Los Hijos de la Bomba estuvieron en la mira pública todo este tiempo. Por eso no fue extraño que cuando cumplieron 16 años se volvieran un fetiche cultural y muchos de ellos fueran utilizados como modelos para marcas como Dior, Gucci, Burberry, Ralph Laurent y Versace.

Los Niños Sagrados de Indonesia, como les conocimos luego, empezaron a morir prematuramente. Morían durante las sesiones de fotos, morían durante los estudios médicos, morían en las escuelas lujosas de Beverly Hills, morían en las ferias de exhibición de fenómenos en los pueblos. El primero en morir se llamaba Hans. Sus últimas palabras fueron: he encontrado el camino. Y se desvaneció. El acta de defunción daba como causa de su muerte Paro Cardíaco. El segundo en morir, Little Mati, exclamó durante un paseo en el campo: el camino se está construyendo. Y sufrió una combustión espontánea. Entonces los científicos locos y parasicólogos se aficionaron a seguir a estos extraordinarios niños con la esperanza de que murieran y dijeran algo que les ayudara a completar el acertijo. Pocos contaron con suerte, muchos de estos niños eran protegidos con recelo por sus portentosos padres adoptivos. No obstante, siempre satisfacían el morbo del público y revelaban las últimas palabras de sus queridos hijos fetiches. Todas las proposiciones de muerte tenían algo que ver con un camino. Y los especuladores del mundo estaban encantados construyendo el rompecabezas de la extinción de los Niños Sagrados.

Y estoy ardiendo y me araño la ropa. Salgo del Motel Arizona gritando. Me arrojo a la sucia piscina. Pero sigue doliendo. Algo me está haciendo daño. Es como si estuviera soñando a carne viva. Los huéspedes salen espantados y sé que me están observando pero no sé controlarme. No entienden que me ha cogido nuevamente las 4 am desprevenido. Y estoy seco y solo, solo ardiendo en llamas. En mis sueños ardo y me consumo. Son mis sueños que me asaltan. Son mis sueños que me llaman por mi nombre. Ardor de amor. Es algo familiar? algo que me haya ocurrido antes? Los A.L pronto llegarán en sus cohetes y vendrán por mí. Estos shows no me son permitidos. La fuga tiene que ser nítida, como mi amor. Pero me revuelco un rato en el interior de mis sueños. El agua brota a montones de mi cuerpo. Me ahogo. He muerto y renacido. Puedo gritar y reír. Pero no puedo estar a gusto. Déjame ir al Espacio, conocer tu secreto, besar los túneles del infinito. Jamás podré estar de vuelta allá arriba. En la escotilla, rozando los gases del universo, en el salvaje paisaje del absoluto.

Karl era su nombre. Lo encontré en una jaula para animales en la Feria de Esperpentos en Wichita, Kansas. Sabía que fallecería en menos de doce horas. Tendría que robarlo. Ya la pasma del tiempo me había pisteado durante tres semanas tras el escándalo en el desierto. Era cuestión de horas para salvarlo. Me acerqué con cautela al circo. Estaba tan concentrado que me fue imposible advertir al enano fisiculturista. Creyó que se trataba de un ladrón de gallinas y me agarró a bastonazos. Luché y forcejeé con el enano. Improvisé un salto mortal que maltrató considerablemente al pequeño musculoso. Pensé que lo había derrotado cuando sentí de repente un fuerte dolor en los testículos. Era el enano que me estaba mordiendo las güevas. Traté de desprenderme de él pero más aferraba sus molares en mi sexo. Sentí que me desfallecía. Empezaba a sentir calor allá abajo, era la sangre que corría de mis pelotas. Me abstenía en lo posible de gritar, era lo peor que podía hacer si no quería ser masacrado por una horda de payasos, mujeres barbadas y malabaristas. Pero el enano me estaba ganando la batalla. Jamás creí que un enano de circo contara con una mandibula tan férrea. Supuse que ésta sería mi ridícula muerte. Estaba perdiendo todas mis fuerzas cuando empecé a escuchar un canto divino, algo como los cantos gregorianos, y una luz cegadora pareció nutrirme desde adentro. Obvié el dolor y comencé a reír. Abracé al enano como si fuera mi hijo. Le persigné su cabeza pelada y quise besarlo. Estaba volviéndome loco del dolor y del placer. Fue cuando pude clavarle un mortal puño definitivo en la corona de su cabeza. Subió su infantil mirada hacia mis ojos como en tono de pregunta. Me hice de tripas corazón y le propiné otro puño a su hermosa cara incomprendida. El enano parecía estar llorando y al ritmo de su llanto seguía maltratándolo (pese a que sintiera que los golpes me los estaba dirigiendo a mi mismo y que llorara largamente junto al enano). Finalmente, de su cara sólo se podían apreciar dos inquietos ojos verdes desbordados de lágrimas. Sentí pena por el enano. No quería llevarme ninguna vida en esta misión. Pero desafortunadamente no todas las cosas en este mundo son color de rosa y siempre hay alguien que paga las consecuencias. Miré a través de mi pantalón y vi que chorreaba sangre a la altura de mi pene. Sabía que el enano me había destrozado las güevas. Me recosté al lado del ridículo cuerpo sin vida del enano. Lloré hasta el amanecer.

-Karl, es hora de irnos, joder
-El camino... el camino...

Karl sólo repetía "el camino.. el camino" como un maldito perturbado. Supuse que el dueño del circo lo había estado instigando con el fin de que revelara algo del misterioso camino y que Karl, traumado por ignorancia, sólo decía esta palabra como esperando que algo divino viniera a completarle la oración. Le dije que olvidara por un instante "el camino" y aprovechara para escapar. Karl asintió con risa boba y me siguió por el espesor del monte.

Wednesday, February 07, 2007

deftones en Colombia - 06-02-2007



I think god is moving.

Era el comienzo de un agitado día de vueltas burocráticas. Me preparaba para ir al Distrito Militar a sacar el duplicado por pérdida. Me preparé para las respectivas fotos, afeitarme y acicalarme. Algo me retuvo, no sé qué fue. Tal vez fue la conversación con Adán Smish. Él se responsabilizaba por todo el revuelo causado por el calentamiento global.

-Tío, te lo aseguro. Yo soy uno de los culpables del calentamiento global.

Y no es que Adán Smish sea fumador, taladre bosques o le encante quemar árboles. No es que Adán Smish sea un mal escritor narcisista al que le encante arruinar miles de hojas viendo sus torpes escritos finalmente en papel impreso. No. Adán Smish es un realizador de cintas caseras gays. Ciego, cree que las películas pornos son las causantes de todo el desorden climático. "Con toda esta gente cachonda, cómo no va a arder este pobre planeta?" Se pregunta, convencido, Adán Smish.

Desperdicio toda la mañana corrigiendo el argumento de la próxima cinta de Adán Smish: ATENAS 400 A.C. La inspiración surgió cuando Smish confirmó el rumor de que los primeros filósofos griegos eran homosexuales y probaban con drogas. Este descubrimiento para Smish desencadenó toda una serie de frenesí inspirador y una potencial fuente de creación para sus videos, a los cuales califica de "bastante vulgares y huecos". La verdad es que no le veo ningún problema a que los videos sean vulgares y superficiales, nadie pretende incrementar su cultura al alquilar una cinta porno. Pero Smish difiere de mi tesis y ha investigado sobre la cultura griega para su próxima película.

ATENAS 400 A.C:
La historia surge con el famoso Proemio de Parménides. EL filósofo va por el sendero menos transitado por los hombres, acompañado sólo de una yegua. Antes de entrar a la cueva, una diosa con cara de pocos amigos le dice que la entrada tiene un valor sexual. Así que el filósofo tiene que hacerle un poco de sexo oral antes de proseguir. El filósofo continúa el camino, pero la yegua queda copulando con la diosa: algo de sexo lésbico zoofílico. Al llegar al fondo de la cueva encuentra la famosa esfera, que es la verdad: la verdad es circular, no admite diferencias entre perspectivas. La esfera , que es en realidad un ano, empieza a estremecerse de placer y le grita con desespero que la labor del hombre de conocimiento es penetrarla. Parménides vuelve con ese conocimiento a Atenas y arma su propia escuela de muchachitos. Ahí vendría un corte y se mostraría a los miembros de la escuela haciéndo un gang-bang al atormentado Parménides.

De esta escuela de muchachitos se formaría Sócrates. Sócrates detesta a Protágoras, que afirma que el hombre es la medida de todas las cosas. Al verle la polla a Protágoras se siente engañado y le dice: claro, a ti te conviene decir que la verdad es una cuestión relativa, así te curas en salud de tus pequeños dotes. Así que inventa un método, la mayéutica. La mayéutica consiste en poner en duda la sexualidad de los muchachos hasta que estos terminan, finalmente, accediendo al encuentro carnal con el ya envejecido filósofo. Un amante enamorado de Sócrates declara ante el ágora que el viejo filósofo está copulando a todos los jovencitos. Lo condenan a servir de secretario a Prótagoras o a la muerte. Prefiere la muerte.

Un joven febril, formado en la nueva escuela, asiste a la terrible muerte de su maestro en cárcel. Conmovido por esta visión, decide convertirse en él y emprende la honorable tarea de hacer hablar a su maestro muerto con sus opositores. A este apasionado joven lo llamaban Platón, por la enorme espalda que había adquirido luego de haberse puesto muchas veces de rodillas ante su sabio profesor. Smish, en gran medida, se identifica con Platón, en cuanto cree que el filósofo fue el primer cineasta. O sea, se refiere a la alegoría de la caverna.

Un hombre es alejado de toda la manada de idiotas de su lado. Es digerido por el gran espíritu cósmico que lo succiona hacia una órbita ininteligible para el hombre común. El hombre sufre y llora. Luce desesperado. Como un perro con ántrax se retuerce ante semejante luminosidad. La sabiduria es tan vasta que le cuesta asimilarla. Tras soportar mucha pena en este nuevo universo verdadero y confrontar su propio espíritu de farsante, empieza a llenar sus pulmones de un nuevo aire, su mirada ya no es la misma, sus pensamientos ahora son claros y reales. Finalmente, el renacido hombre se hace al nuevo mundo y sólo le resta la pena para su anterior estado de ignorancia e infelicidad, mentira y opinión. En este feliz punto, la misma fuerza, el mismo espíritu, el mismo duende burlón, lo devuelve a su lugar de origen. Y el hombre es desgraciado nuevamente. Sabe que su experiencia es tan original para la estupidez del hombre común que sólo remitirse a ella le acareará desgracias y desprestigio. Piensa melancólico sobre la verdad, el bien, la justicia y la belleza: todas esas bondades que su inmediato anterior estado le otorgaba. Aborrece el viejo mundo -o sea, donde se encuentra ahora- que le parece falso, tonto, malo, injusto, horrible, idiota, estúpido. Y lo llama "el mundo de sombras" en comparación al perfecto mundo en el que vivió, el cual era pura luz y belleza. Un hombre de sombras jamás ha visto luces, por lo tanto, sobra hablarle de luces, sobran las palabras bellas y justas. Este hombre entiende no más sombras. La tarea de Platón se reduce a traducir el mundo de la inteligencia al lenguaje del bruto. Palabras brutas para el bruto podrán remitir, así sea por medio de la carencia, a la promesa de una belleza cierta.
Por eso Smish es realizador de cintas pornográficas. Porque es demasiado metafísico para ser filósofo, demasiado sensible para ser literato, demasiado justo para ser crítico. Y le gustan las sombras sobre todo. Porque le encanta todo el entramado conceptual que se esconde en la superficialidad del sexo. El cuerpo, cómo pintarlo? El sexo, cómo sentirlo, sin estar ahí presente? Y sus películas quisieran ser ausencia. Aspiran al llanto del espectador, que se entiende incapaz de estar en ese cuerpo que goza y se entrega, ahí en la pantalla. Y él, detrás, con la impotencia de la soledad y su propio cuerpo, descorpóreo y asexuado, anhelando un respiro de amor sobre su hombro.
Atenas 400 a.c culmina con el triunfo de la Filosofía encarnado en la gran polla de Aristóteles clavada en el joven Alejandro Magno, quien luego surcaría los mares, expandiendo la intriga griega y un mito sobre la verdad: que es única, verdadera, bella y justa.
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Le digo a Smish que extraño en esta retorcida historia a Heráclito, el señor de los opuestos. Se queda pasmado. Observándome fijamente, suelta un regaño: eso es depravado, Luis.
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Smish se va de la casa al mediodía, tramando una nueva historia sobre el resplandor de Roma. En cambio, yo siento que debo ir a comprar bananos y moras para la casa. Estoy en la caja registradora, preguntando por el precio de los bananos y escogiendo las mejores moras, las más negritas, cuando Santos me llama.
-Chip se consigue dos entradas
-Dos entradas para qué - pregunto
-Para deftones, marica.
El chico de la caja registradora se impacienta. Yo trago saliva. Mierda, ya había perdido todas las esperanzas. Y de repente siento que puede ser real. Puede ser cierto que vaya a ver por fin a Deftones. Mierda, eso no puede ser.
- Tiene por lo menos la mitad de la boleta?
- Ni un chango - Respondo
- Pues llame a Chip a ver si le presta.
Pago los bananos aún temblando. Algunas moras verdes se colaron en la bolsa. No importa. Salgo de Frutas y Verduras y llamo de inmediato a Chip. Mierda, que se conseguió dos boletas. Joder, no tengo un chango. Puede prestarme, le pago la próxima semana. Seguro marica le pago. Ahora era real. Lo que pronosticaba un día de vueltas burocráticas-militares parece cambiar de color. De un segundo a otro. Es increíble. Chino Moreno, por fin te veré. Hijo de puta.
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A las 6 de la tarde, al frente del Palacio de los Deportes, se ve un grupo algo grande de jóvenes rockeros. No es tan grande como lo esperaba encontrar, pero sí es lo suficientemente grande como para saber que hay un concierto. La policia como sabuesos hambrientos ostentando sus risibles bolillos. Los hippies tratando de vender cualquier porquería a cualquier idiota pro-hippie. Los revendedores tratando de recuperar lo perdido. Me percato de toda esta gente clásica de un concierto de rock pero no observo a Chip ni a Santos por ningún lado. Me siento en una lomita a esperar. El frío hace temblar las piernas. Me reprendo al mismo segundo: qué será este temblor: emoción o frío? Me da pena de mí mismo: tan grande y aún con emociones. Al lado tengo a dos ladrones de poca monta. Me agradan porque en cualquier instante me pueden hacer daño. Al otro lado, una pareja de hippies. El hippie rubio se va, me imagino que a fumar bareta y se queda su novia gorda. Ella devora todo lo que tiene en un bolso. La miro con bastante compasión: siempre me han fastidiado las mujeres que comen mucho. Me ofrece un cigarrillo: "mejor compartirlo que perderlo a la entrada" Le agradezco y llamo a Santos: Joder, dónde putas andan?
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Faltando un cuarto para las siete, veo el cuerpo engrandecido de Santos. No deja de sorprenderme, hace un año eran tan flaco como yo y ahora anda tan grande como un integrante de la banda Rammstein -sólo que morenito. Todo este tiempo que lo estuve esperando, fue una búsqueda infructuosa del modo de ingresar por prensa. A la entrada de Prensa estaba una pequeña golfa llamada Diana. Cada segundo que ella hablaba era una pista clave para entrar del modo más estúpido posible.
-Que los de Canal Capital no están en lista pero están permitidos
-Que si preguntan por Alejandro pueden seguir
Así que le dije:
- Vengo de un medio pequeño
Ella me respondió
-Sin escarapela no hay entrada
Le dije que había fundando hace poco, hace un mes, y que como el plan de medios se hizo hace dos meses no había alcanzado pero de hecho estaba invitado. Finalicé diciéndole: Diana, créeme. Ella se sorprendió que supiera su nombre: Awwww. Pero fue demasiado evidente que me estaba pasando por listo y no me dejó entrar.
Santos llegó de todos modos con las dos boletas. Sonreí satisfecho y agradecido. Pero no faltaron los percances. "Oiga, será que me dejan entrar la correa" Me golpié la frente, sorprendido de la ingenuidad de mi amigo. Le hice saber que la única forma era dejarla con la gente de la entrada. En ese momento salía un amigo de Chip del parqueadero y Santos dejó la correa con él. Ahora el problema era la cajetilla de cigarrillos. Tampoco la dejaban entrar. La regateamos con un vendedor y le dio 1000 pesos por ella. Bien vendida, por lo menos. Ahora sí, estábamos adentro.
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A las 7 estábamos adentro del Palacio de los Deportes. No teníamos prisa, ninguno de los dos quería fastidiarse con las bandas teloneras colombianas. No se trata de un gesto de desprecio por el rock nacional y sus bandas: sólo es una visión realista: las bandas colombianas son demasiado malas y ninguna merece telonear una banda tan genial como Deftones sencillamente porque ninguna le puede dar la talla. Y eso fue lo que tristemente comprobamos apenas entramos. Sonaba Raíz y apestaba. Las guitarras eran totalmente predecibles y aburridas. Santos se fijó en la voz:
- Esa voz sirve más para el tropi-pop que para el hardcore.
Le respondí:
-Sí, es como Fonseca.
Gracias a Dios no demoraron mucho los payasos esos y se despidieron. También agradecí que no fueran igualados y se atrevieran a hacer un cover: pues por lo menos no lo hicieron cuando llegué, tal vez antes, nada raro, igual. Las luces se prendieron. Pude ver la gente de VIP y prensa. Los tontos de Dr Krápula se pavóneaban de un lado para otro. Qué hacían allá si su música es como el polo opuesto de la tristeza de Deftones? También estaba el mono estúpido de Koyi K-Utho. Los medios, los "verdaderos", no demoraron en reconocerlo también y correr a entrevistarlo. Es fácil entender por qué. Los Koyi K-Utho son unos moja prensa, unas vedettes y eso le gusta a los medios "verdaderos". Al lado llegaron los apestosos Pornomotora. Ese idiota que tiene una cresta tan postiza como su música, como su "propuesta", como todo el rock nacional: una cresta falsa.
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Son las 8 y ya se ha asomado dos veces un gordo con pinta de chicano. La gente cree que es Chino y lo ovaciona. Él dice: chi, chi. Y la gente lo aclama. Suena Snoop Doogy Dog. Parece ser irónico porque a los que nos gusta el metal en Colombia por lo general odiamos el rap. Pero en USA es diferente y bueno, la influencia Hip Hop es bastante evidente en Deftones. Santos dice: esta es la música que le gusta a esta gente. Pero ya no quiero escuchar esa mierda de rap fiestero, quiero a los deftones. La gente grita: Deftoooones, deftooones, deftooones. Santos dice: esta gente cree que es un partido de fútbol. Antes de que acabe de reir se apagan las luces y la guitarra empieza a tronar.
Be quite and drive (far away) suena y la gente aún está confundida. Demasiado bueno para ser real. Y allí están los 5 deftones. Los guitarristas, antaño rastas, ahora meniando frenéticamente una melena demasiado largo. Chi Cheng furioso tira del bajo que vuelve a él y sigue golpeando ese bajo inclemente. Stephen Carpenter no falla una nota a pesar de la velocidad. Abe Cunninghan destrozando la bateria, con una energía casi de banda de garaje. Frank Delgado, el nuevo integrante, haciendo más delirante la escena sonora con estruendos que sólo un teclado demoníaco podría lograr. Y ahí, el gordo chicano, el increíble frontman de la banda, Chino Moreno, saltando y gritando, como un chaval, con su peturbadora voz que va entre lo divino a lo satánico.
Acto seguido, como para no escapar del ensueño, la fantasía de My Own Summer. El público grita a toda voz: shove it, shove it, shove it. Y la mejor banda californiana del momento no parece reservar entrega y amor a su público. Saltamos y gritamos, no lo podemos creer. Si digo que estábamos al borde de las lágrimas, no exagero.
Aún permanecen complaciendo a su antiguo público, al que pertenezco, ese público que no compró la boleta para escuchar el último albúm o la canción que rotan por Mtv, sino ese público fiel que esperó casi 10 años para verlos y cantar a su lado. Suena Engine 9 y la voz de Moreno, justo al estallido de los locos teclados de Delgado, se mezclan con el grito de la audiencia: un grito desesperado, loco y alegre: orgásmico.
Una de las canciones que más esperaba oir y cantar esa noche era la desoladora Digital Bath. Muy calculada y fría para mi gusto. Aunque la voz de Moreno no desilusiona, esperaba un poco más de sentimiento. En cambio, Bored que predecía bastante artificial fue realmente crispa-huevos. No sólo por las variaciones de la estructura original, sino porque en realidad se vio la simpatía que generó el público bogotano en la banda.
Luego de Bored siguió Roots la cuál realmente no puedo calificar desde un criterio imparcial porque sencillamente en ese momento me enloquecí. A mi lado otro chavo parecía estar pasando el mismo trance. Ya no importaba ni mierda: estaba experimentando a Deftones y comprobando una vez más porque era una de mis bandas favoritas y que algo en mí aún andaba fiero, presto para brincar.
Obviamente no faltaba el mercadeo. Para eso vino la banda, no? Y empezaron las canciones del último albúm. Sonó Hole in the earth con un increíble preludio sampleado, extractado seguramente de algún Star Trek. Una canción fantástica, que enseña la maduración de una banda a sonidos más introspectivos.
Algo que jamás esperé fue escuchar Passenger en vivo. Siempre me pareció una canción tan elaborada y compleja que consideraba que se trata de una presunción de Estudio. Pero ahí la interpretaron y fue tan bonita y bien lograda que se me hizo agua en la boca. Porque deftones es una banda que no titubea en demostrar lo buena que es y lo muy superior que es a otras bandas que se conforman con el rótulo de ser legendarias o tener una buena imagen. Otra cosa que hay que agregar es el buen trabajo de los realizadores del concierto por tener un sonido pulcro. En este momento me sentí respetado como fan y melómano: tanto por la banda como por los organizadores. En un país que es tan difícil ser respetado y la mediocridad es tan arrogante, lograr un espacio de perfección es una bendición -si no un milagro.
Y para no tener que retractarme sino para confirmar mi sospecha de que estaba siendo respetado, casi me caigo al suelo cuando empiezo a reconocer las primeras tonadas del hermoso cover: NO ORDINARY LOVE de Sade. Y fue hermoso, por no decir otra cosa. Pocas personas la cantamos, pocas personas la disfrutamos realmente, porque esas pocas personas somos aquellas que hicimos hasta lo imposible por ir al concierto, lo imposible por conseguir las canciones inéditas de la banda y comprar la mayor parte de su discografía: una retribución cariñosa a los amorosos fieles de la única banda que le da un estatus al Nu Metal.
Pocas cosas quedan para decir de lo que siguió. Ya en ese momento podía morir feliz. Pero seguían las buenas razones para seguir vivo: Around the fur, la enigmática canción nueva Kim Dracula y la enérgica 7 words, en la que Chino Moreno literalmente se puso de ruana a Colombia - bueno, la bandera de Colombia-. Un enloquecido fan pudo subir al escenario a saltar junto a sus ídolos. No demoraron los gorilas en derribarlo y devolverlo -no sin sus buenos puños de por medio-. Pero en ese perfecto momento, todos los fanáticos fuimos ese fan. Él hizo lo que cualquiera, de tener la oportunidad, hubiera hecho. Yo grité, como manera de apoyar a ese pobre diablo, que era yo en medio del éxtasis. Fue bajado y de nuevo el embrujo: ellos son deftones, nosotros unos pobres mortales.
Siguió Change. Frank Delgado justificó su permanencia en la banda y el cielo parecía gritar: I watch your changes in you. Otra memorable canción para la memoria. Por último Head Up, en la que presintiendo el final todos brincamos y gritamos, agradecidos de haber visto una de las mejores bandas de rock del momento.
Las luces se prendieron, Abe Cunninghan regaló las baquetas y la realidad volvió a ser sorda. Otra vez volvió Snoop Doogy Dog. La gente bajaba con mirada grata en sus ojos, los cuerpos cansados y una línea curva en sus labios.
Gracias Deftones!
(si quieren ver un poco de deftones en Colombia: x digital horror x)

Monday, January 22, 2007

And again the rain falls down



Regresamos a casa, después de una breve interrupción mortal, de nuevo al universo. Subo la mirada y veo la luna: hasta allá extendimos nuestras galácticas piernas. Recién regresamos, luego de mucho tiempo estancados en este nocivo planeta. Hace mucho vinimos de allá, del cielo, de las estrellas muertas que aún proyectan su luz como una voz que clama el recuerdo, como un grafito en la pared de algún mal bar del centro que suplicara: RECUÉRDAME. ACÁ ESTUVO PEPE. Un sueño empozado en el alcohol y la nimiedad, bañado en tristes canciones que sólo a pocos dicen algo. Un viejo romance se escribe en las galaxias, con garras de demonio, trajinado como calzones de puta barata y el corazón de virgen de provincia. Hoy observo ese universo del que descifré algún pensamiento, olí alguna ruina, del cual fui alguien para caer de nuevo en ese pozo del olvido. Y allá me dirijo con lo limitado de mi intelecto. Recuerdo una vez más los ojos esquizos de Andrew, cuando por torpeza revelaba que había visto luces allá en el cielo oscuro de la sabana y los muchachos del centro se burlaban y bromeaban entre ellos: Andrew ha visto extraterrestres: está tan loco el pobre. Y yo me quedaba afuera, en el porche del centro, sentado junto a Andrew y le pedía que me dijera realmente que había visto y él, creyendo que lo tomaba por idiota, como los otros, se rebelaba en contarme sus inocentes visiones del cielo. Y yo lo lamentaba, porque realmente me hubiera gustado creerle. Entonces le pedía que fuéramos hacia el lado más oscuro del jardín para contemplar las estrellas. Y una vez allí, ya no miraba las estrellas sino el estupefacto rostro de idiota de Andrew, sus ojos desorbitados siguiendo no sé que rumbos, y sentía que acaso él podría llegar a desantrañar esos secretos de la espesa materia negra que revoloteaba mi cabeza y sentía que yo no podía hacer nada más que caer y caer en esta lluvia de tinieblas de pensamientos siniestros y mediocres que no conducirían a nadie y sentí que si acaso algo me podía revelar Andrew sería tan abyecto que lo usaría, sólo a mi favor, no a favor de nadie, ni de su buena imagen, pues jamás hay problema en que un idiota conserve su fama de idiota pero YO... y realmente sentí que había perdido el aura del universo. Y recordé entonces las primeras veces que veía la Torre Colpatria en compañía de mi padre. Sentía un vértigo irresistible y unos profundos deseos de aferrarme al suelo, suplicar porque jamás me levantara de este suelo. Mi padre parecía adivinar mis pensamientos y verme los ojos de la misma manera en que yo miraría años más tarde los ojos de Andrew en un centro de desintoxicación a las afueras de Bogotá. Pero eso lo pienso ahora- Ahora que camino por las calles descampadas de chapinero como en una vieja novela del salvaje oeste contada por Louis L'amour. Ahora que la situación parece ser tan concreta y la destrucción de la vía láctea poco importara en comparación a la destrucción sistemática de los nervios. Luna, te ruego por la suerte de los hombres, tú que orbitas en dirección a nuestra miseria, fría y elegante, por nuevos siglos. Tú, que tienes la capacidad de influir mares y vientos, te ruego por mi destino, te ruego por los hombres de antes y de ahora que fuimos incapaces de escapar. Luna, te ruego porque tú quedarás a cargo de estas ruinas luego de nuestra partida, luego de nuestro encuentro con nosotros mismos, en el vasto universo. El diablo quedará a sus expensas, una visión deprimente, como el anciano que huele la ropa interior de los amores de su adolescencia al recordar los días que jamás volverán a ser. Y tanta tinta desperdiciada replegará la biósfera como una condena de las supuestas astutas almas que se atreviaron a desafiar los arcanos ya inscritos en nuestra raza. Jódanse todos y para la puta madre...

Wednesday, January 17, 2007

Back again in this shithole



En el intercentro me solían llamar El Demonio.
Música para extraterrestres satánicos.

Así que recordé las palabras del chamán: existen en el mundo fuerzas que velarán siempre por quitar lo mejor de ti, entes invisibles pero reales que se refugian en ciertas inteligencias menores para apoderarse lo que de antemano ha sido siempre tuyo: todo tu talento, tus ambiciones, tus sueños se verán anulados por influencia directa del virus que alberga estos espíritus menores (tan llenos de sarcasmo, chascarillos e ironía) El día calienta. Son las 11 de la mañana. Pago un café internet y reviso si hay algún aviso de Karlo. Karlo es el chico que madruga a confirmarte lo que ya sabes.

Wednesday, January 03, 2007

Poesía Menor de Antioquia

Epitafio
Poeta menormenormenormenormenor
menormenormenormenormenor enorme
13 de octubre, muerte de manuel bandeira (1956)
José Paulo Paes


Este es un homenaje a un poeta de tierra caliente (para usar el calificativo de Mutis). Licenciado en Lingüística y Literatura, con Maestría en Docencia Universitaria, no contamos con otro gorgoteo urbano del prospecto pifiado de poeta maldito sino con el triste canto de un docente de tierras olvidadas. Cuántos pupitres solos? Cuántos soles desperdiciados? cuántas tardes de desamor en un zaguán oscuro sin la luz de una luna desamparada? Ausencia y soledad son los magníficos temas que nos presenta en su libro Poemas para leer en el Bus este tenor de melancolía y anonimato con nombre de Poeta: Rubén Dario Lotero.

Qué ganas más irresistibles me entran de hacerle una necrológica!


El sueño de una noche


Cierra la puerta
y pasa de prisa la cerradura
como si dejara a alguien por fuera

Con los cuadernos del liceo
(hoy no abiertos)
entra en su cuarto
y prende la televisión
buscando no estar sola
pues en casa ya todos duermen

Aún teme la noche
como cuando niña
después de escuchar cuentos de duendes
que sobrevolaban los tejados
y se entraban a los dormitorios
igual que el viento
así
de pronto


En el fondo de la casa
la cocina silenciosa
como un fogón de leña apagado
es extraña
como habitada


Pero ella ya duerme
y cruza el pueblo en sueños
sobre las ancas de su cuerpo adolescente

Vuela sobre las azoteas
donde se esparce rojizo el menudo fríjol
Sus brazos se abren como alas
y sus ropas rozan las antenas de televisión


Bajo sus pequeños senos
siente el aire que sube
desde las aceras
recorridas por los perros solitarios
y pasa junto a las carreteras elonadas
de las afueras


Escucha un conjunto de voces
como de coro de iglesia

El amanecer alojado en la ventana
llamea en sus ojos
y siente su cama detenida
al borde de un nuevo día


Luna


Pasa en silencio
por encima de las ruinas
la luna sin casa


En el bus

El hombre de cara arrugada cierra los ojos: en
una mano la lotería; la otra, agarrada al tubo del
bus para no caerse. Se tambalea. Deberá sentar-
se. Alguien le da el puesto. Se sienta, se agacha
preocupado y se agarra la cara entre las manos.
Viejo. Cansado de andar calles, de ofrecer lote-
ría. No podría estar más arrugado.


Lluvia


Después de la lluvia
pedazos de cielo
ocultos entre la hierba


Consejo


Ama lo más cercano:
la sinuosa geografía de tus cobijas
la vieja mesa que te acompaña
los hermanos gemelos de tus zapatos
y el trago de agua que bebes
en alguna hora de la árida noche


El sol


Como el ocioso muchacho del campo
que baja al pueblo en semana
el sol
se pasea en vano por la calle:
todas las muchachas están en clase
y las bicicletas
encadenadas en el patio de recreo


Camino a casa


Cuando preocupado me he bajado del bus y camino hacia mi casa, el viento que sube por la calle me refresca, me alisa los vellos de los brazos y lo escucho silbar en el hombro.


Entonces me calmo y observo cada cosa que encuentro en la acera: colillas de cigarrillo, papeles y los yerbajos que crecen en las junturas del cemento.


De cada casa sale un aliento diferente: un canario, una flauta y una balada de radio que se descuelga desde un balcón y que continúo cantando calle abajo.


Dos hermanos


Todos los domingos al atardecer
los dos hermanos solteros
apagan la televisión
salen de su pequeño apartamento
y en silencio bajan hasta el patio
Mientras el que trabaja en una lavandería
se sienta en la acera
y calienta sus manos entre las piernas
el otro (que es rector en una escuela pública)
va hasta el arbusto más cercano
y una a una le quita
las hojas secas o dañadas

El regreso


Con la tierra negra en el rostro
y en la cuchilla del azadón
regresan al pueblo por el camino
padre e hijo oyendo radio


A sus espaldas los arados
adelante sus perros

En casa los espera el agua del baño
el plato de fríjoles en la mesa
y el tosco lecho con el cristo encima

Niña


La pequeña prostituta aún es una niña
cuando persigue juguetona
la verde lagartija
que de improviso aparece entre las piedras


Sentencia


Amor
donde quiera que estés
y quien quiera que seas
no somos nada separados


A las seis


A las seis terminan sus labores
el río busca donde pasar la noche
y lleva consigo el recuerdo de la lluvia


Francisco Antonio Cano. "Horizontes"



Transcurrir


Aunque no nos importe
el río sigue corriendo
sucio y oscuro
y los campesinos siembran
y recogen las cosechas
en el campo
Habrá nubes y estrellas en el cielo
y a la ciudad
seguirán arribando viajeros

Aunque no los veamos
los camiones continuarán su ruta
por la autopista
y llegarán nuevos muertos
a los cementerios

Mujeres

Aún hay mujeres
que desde la penumbra de los cuartos
y sentadas junto a las ventanas
se quedan como detenidas
horas
en un único pensamiento
en una sola cara ausente
Mujeres de rostro pálido
y de brazos tenuemente delgados
transparentes a la luz de la mañana

Pasará el día

Pasará el día como un tren bulloso
y yo me quedaré como siempre
esperando esperando
con los lentes en la mano
los ojos indefensos
la piel indefensa
y sin palabras


LOTERO, RUBÉN DARÍO. Poemas para leer en el bus Premio Nacional de Poesía Universidad de Antioquia, 1991