Saturday, February 28, 2009

Visiones en fluorescencia

Friday, February 27, 2009

robots


Esta historia versa sobre robots del lejano espacio exterior. Pesados, grasosos, brutales, rancios, desagradables, suicidas y del peor mundo. Robots de metal pesado, sueños fulminados, podridos hasta en la médula de sus especializados diseños.

La premisa desde la cual se sustenta es muy sencilla: Un lugar distante a la deriva entre las estrella que alguna vez desarrollara una civilización similar a la humana en la tierra y cuya evolución haya estado marcada por una línea de progreso y discontinuidades científicas similares a las acontecidas en Occidente, que naturalmente desembocara en cierta elaboración tecnológica, sería un territorio con la suficiente "mayoría de edad" para responsabilizarse por el control de su propia evolución; naturalmente desprendiéndose de su condición natural y adaptando una segunda piel, un hardware más elaborado, artificial evidentemente, que garantizaría la persistencia de los logros de su civilización dentro de una coraza menos vulnerable, ampliaría el espectro de conocimiento a través de nuevos campos de percepciones y, por último, dilataría a tal extremo el horizonte de posibilidades de esta raza cósmica que le permitiría atravesar radicalmente la amalgama de acertijos que se esconde en las leyes naturales lo cual facilitaría como es de entender el encuentro con otras nuevas civilizaciones, en este caso, la de la tierra.

La primera reacción de uno de estos robots al llegar a la tierra fue vomitar. Empezó a sudar frío y fue necesario llevarlo a urgencias extravagantes. Era un robot drogadicto, en fase terminal, de aquella basura que toda sociedad civilizada nooswired quiere deshacerse: una boleta al tercer mundo del sistema solar y asunto solucionado: porquerías aberradas que se deberían de fritar en las hogueras del vómito de estrellas. Para qué querer uno de estos materiales de chatarra cuando se pueden tener productos de calidad espiritual?

- Capitán, soy incompatible con la configuración molecular de este planeta.

La contaminación que trajeron estas máquinas fue insoportable. Justo cuando empezábamos a resolver nuestros problemas de ambiente a punta de propaganda fundamentalista de los grupos verdes, los arroyos manaban cristalinos por las verdes praderas, los bosques del Amazonas se repoblaban. Las máquinas del otro espacio llegaron a estropearlo todo.

Mi nombre es Carlito Prouston Heston: uno de los sheriffs más guarros que haya tenido noticia esta vasta tierra de desperdicios humanos. Mi lactancia fue asignada a una zorra. Tenía que esperar en la puerta hasta que ella llegara al orgasmo con uno de sus clientes y de esta manera empezara a extraer la leche para poder alimentarme, muchas veces incluso mientras el acto terminaba de consumarse. En algo debió haberme afectado esta primera nutrición puesto que me es imposible contener las lágrimas. Nunca termino una oración y ya estoy tirado en el suelo, llorando con una honda amargura. Estoy totalmente frustrado es la verdad. Soy una ruina de persona.

A primera hora de la mañana mientras la mayoría de gente duerme yo me despierto asqueado del mundo y empiezo a correr. Trato de huir. Una profunda soledad se cierne desde los primeros rayos que empiezan a herir la retina. Un frío agrietador me asalta. El recuerdo de sus ojos cae abruptamente sobre mi indefensión. Voy por los descampados huyendo de mi propia degradación y la vislumbro a ella en la distancia. Quisiera poder llegar a ella, contar con su firmeza como el lucero de la mañana, luego todo no es más que penumbras y remordimiento por estar atado a esta vieja vulgaridad orgánica.

Qué soledad se siente, eh? Vas por las calles sudando y con las manos en los bolsillos, estás sufriendo de fiebre, deberías estar en el hospital, y en algún momento dices: soy un lobo estepario. Abruma la soledad. Quieres resistir y apretar tus ojos pero de nuevo estás llorando.


Me encontré con un hombre que hacía música silbando. Lo escuché durante largo rato. Abría los ojos y su melodía era dulce. Soplillos de melancolía que corrían por todo el conducto de sus vértebras fragmentadas. (+) agrietadas que pulverizan las inocentes emanaciones.
Separados del universo inefablemente.
La brutalidad era un juego de niños ante este presentimiento.
No me interesan ni mujer ni hombre.
Estoy enfermo de desilusión y desgano.
Un día no mío.

Como sheriff alguna vez encontré un planeta en la constelación de Orión. Un planeta desdeñoso para conmigo. Vida extraterrestre.

Hoy estoy con Luisa Valle. La encuentro en el centro de la ciudad. Hablamos y el sol da sobre nuestros cuerpos. La sensación de poder volver a inventarlo todo. Caer enamorados el uno del otro. La promesa. Una laguna oculta sobre un mágico cielo localizado en una parte que sólo ella y yo conocemos. Es nuestra parte de la tierra. Somos felices y nos abrazamos. La luna es el satélite que refleja su blanca piel. Su figura se desvanece a lo largo de la laguna. No existo sólo soy la confirmación de su belleza en este amor espinado que me hiere hasta brotarme lágrimas de un verdor insoportable.

Thursday, February 26, 2009

nostalgia



Existen palabras fundamentales. Ellas escapan de los usos ordinarios. Ellas rodean nuestra experiencia, la observan, se alejan de ella desde una distancia prudencial. Nosotros no podemos acceder a ellas. A esas palabras. Corremos en torno a ellas. Nos agitamos al intuirlas. Alucinamos ante su proximidad: nunca las poseemos en su distante danza. También creo que existen palabras importantes. Impregnadas de una solemne seriedad. Son de naturaleza delicada y vulnerable; si el hombre dirige su mirada a ellas las hiere, desgarra su impalpable velo. Estás dormido y la palabra te acaricia la frente, te observa un rato con una risa en sus labios y cuando presientes su mirada se desvanece en la penumbra de la que proviene. Eres un hombre desgraciado. Te levantas, sudado, envuelto en las pesadillas de las noches, falto de tacto hasta para saludar el día y ahí está de nuevo su ausencia; en tu corazón la carencia de esta dulzura que te pudiera acompañar a dar un paseo por el gélido firmamento matinal.

La espero sentado en las gradas de las canchas de la Universidad. En mis manos noto un ligero temblor. Debo disimular al máximo. No sabía que era de color gris hasta aquella mañana. Resulta que soy un hombre grisáceo, mis ojos son negros, por supuesto, pero mi carne es gris y contrasta al azul del cielo de esta mañana. Allá viene ella. Puras risas en su corazón infantil.

La noche pasada me había sentido terrible. Acudí a urgencias y las enfermeras me dijeron que debía tener paciencia.

Nos tomamos una gaseosa al frente de un parque verde. Ella me habla de su nuevo trabajo, con emoción; yo asiento a todo. En aquella esquina una amiga mía había abortado hace años. Ahora veo la esquina y no la escucho a ella mientras me habla. Recuerdo que aquella mañana Juliana, como se llamaba aquella chica, me pidió prestado dinero para completar lo del aborto. Le dije que respetaba su decisión y que no debía sentirse culpable por tomar las riendas de su destino, pues en aquel entonces para mí en eso consistía ser libre: oh pobre diablo! Por otra parte, la mayoría de muchachas actualmente abortan: para ellas es tan natural como dejar un novio o escupir un pedazo de carne rancia. Sobre las calles de la candelaria soplaba una espantosa brisa que te hacía crujir los dedos si te molestabas en doblarlos. El cielo sobre las montañas azules parecía un antiguo caballero embadurnado de petróleo. A lo lejos se lograban dilucidar las primeras estrellas que desconsoladas lloraban en el fulgor de sus radiaciones el destino de sus pueblos australes. Aquella noche habría de haber eclipse de luna pero, contrario a lo que sucede en tales fechas frente a estos “espectáculos de la naturaleza”, a poca gente parecía importarle el jodido eclipse. Uno se podía asomar a las calles y ver a la gente repantigada en sus chalecos de gamuza pretenciosa. A pesar de que era joven, bastante joven ahora que lo pienso, no tendría más de 22 años, me encontraba fatigado, completamente agotado de píes a mollera. Quería perderme. Acostarme en un lugar oscuro y silencioso del vasto universo en el cual nadie pudiera encontrarme y sin embargo no encontraba este espacio. La poca gente que aún quedaba a esta hora de la noche era lo suficientemente ruidosa y sus miradas tan desagradables que me sentía asqueado de todo en absoluto.

No quería seguir subiendo y bajando la misma estrecha calle del centro de la ciudad y dispensaba un descanso a mis inquietudes.

Entré a una vieja arepería y pedí una arepa y una pepsi-cola. Mientras preparaban mi pedido, podía ver, desde atrás de la espalda del muchacho que en silencio volteaba las arepas de un lado para otro, la oscuridad nebulosa que acecha los contornos de la homicida montaña que caracteriza a esta ciudad fea y vomitiva. Ociosamente sostenía la pajilla en mi boca sin separarla de la botella mas sin chupar de ella.

Cuando por fin la engalanada amiga Luna salió de su vergonzoso hospedaje para escupir su desdén a la ciudad escuché el lejano llanto de un niño que era despedazado desde antes de su nacimiento. No sabía qué sentir por él. Si pesar u orgullo. No sabía qué pensar de mi amiga; yo la había apoyado en su “decisión”, como si se tratara de una mujer digna y respetable aún cuando no fuera más que una ramera que consideraba tener un hijo un obstáculo de una larga y prominente carrera para satisfacer su sed de devoravergas y sólo pensara en la satisfacción del placer carnal, comprendiendo todo ese artilugio de vanidad femenina atropellarse por una musculosa espalda de cualquier patán y por fin llegar a la cúspide del discurso de liberación femenina en la exaltación grotesca por no ser más que el tapete que todo hombre pisa y escupe para seguir adelante, como si fuera un gol celebrado, una confirmación de su virilidad despreciable. Ella seguiría ese curso y entretanto a su hijo, en su propio vientre materno, le mutilaban ora un brazo ora una pierna, ora un sol, que sería el ojo de los sueños, le era succionado. Ese llanto se incrustó terriblemente en mi cabeza y me sentí amargado como nunca y aún cuando recuerdo que para ese entonces era joven, sentí una náusea terrible y un sentimiento de agotamiento que expresaba ese poco ánimo por seguir viviendo y respirando este ambiente tóxico. A pesar de que era joven y estudiaba filosofía, lo cual fácilmente me podía conducir a ser un perfecto cretino, no me sentía lo suficientemente cínico para sentir que me hacía feliz el despedazamiento de una criatura humana, aún cuando esta criatura seguramente hubiera sido horrorosa, tan brutal y estúpida como sus adolescentes padres y seguro, de haber nacido, se hubiera sentido digna de haber nacido y viera al resto de seres humanos por encima de los hombros, arqueando una ceja y estirando la jeta, hablando como una estúpida masa parlanchina: pero algo aquella noche no me hacía sentir feliz de saber mutilado a un feto.

Invito a mi amiga a caminar por las viejas casas. Suena el celular. Es su novio. Ella empieza a contarle lo mismo que hace un rato me comentaba sólo que acompasado de empalagosas palabras cursis. Siento la necesidad de abstraerme de nuevo.

Ella está al frente mío, habla de las cosas que se hablan, tiene sus opiniones, su manera de expresarse frente a los otros y enfrente de sí. ¿Para qué la gente se encuentra con otra gente? ¿hay algo de lo que hablar? No estoy seguro. La gente se encuentra con uno y al tiempo terminan molestos.

Mi amiga dice que debe irse. Camino solo por la carrera 13 un buen rato. Me gusta caminar por estas aceras. Alguna vez un hombre me pidió que fuéramos a meter cocaína a una residencia, le dije que otro día. Otra vez un señor me enseñó todos los puntos que acababan de cogerle producto de un ataque con navaja el día anterior.

A veces recuerdo a Nadia.

Ella sale del teatro; al verme corre a mi lado y me abraza. Luego se suelta de mi cabeza y empieza a contarme la función. Yo la escucho sin ninguna atención particular en lo que me dice. Salimos a caminar un rato. Ella está radiante, feliz, casi saltando. Dice que ama la envoltura espiritual de los movimientos dramáticos.

En el café Astoria está Angelo, Laura y Marilyn. Siempre acalorados, vibrantes en sus inquietos cuerpos.

- Los ojos de millones de habitantes del orbe están sobre nosotros. No existen espacios íntimos. Aquellos que llamamos tristeza son los ojos del observador.

Salimos luego de un par de cervezas.

Una delicada llovizna sobre nuestros cuerpos.


Piamba habitaba en la luna. Padecía una extraña enfermedad que lo postraba en la cama. Veía el verano a través de su ventana y se preguntaba qué pasaría en aquel planeta azul que tanto admiraba. Su escritura sobre la diversidad biológica en los planetas exogalácticos era abrumadoramente tierna. Era el escritor favorito de los niños en la tierra y, sin embargo, él no conocía aquel planeta azul y no estaba en sus planes hacerlo por ahora debido a la enfermedad que padecía.


Tuesday, February 10, 2009

He was an unknown legend

Este post está dedicado a mi amigo Felipe que vuelve a su soledad y vuelve a dejarme en mi soledad. Gracias por estos días, amigo mío.




John Martyn:
1948 - 2009

El 29 de Enero se fue un gran compositor, guitarrista y cantautor de la música británica.

No diré nada sobre su vida, puesto que esta labor la hace mejor y peor wikipedia o google. Tampoco hablaré sobre sus discos o canciones, que indiscutiblemente fueron de las mejores de su época, por la misma razón: todo se puede encontrar en la Internet.

Qué encuentro en la música de John Martyn?:

Osadía, paz y sentimientos. Sinceridad por expresar un estado interior y una verdadera simbiosis entre el hombre y la música.

En una de sus últimas entrevistas, al ser grabado mientras lloraba cantando la canción que le había dedicado a su compañera sentimental tras haberse divorciado, Hurt in your heart, afirmaba al reportero:
a veces tienes que llorar, tienes que llorar.

Es esta honestidad artística la que se debería considerar en el ámbito del percibir las creaciones humanas. No se trata de las grandes elaboraciones, del espíritu estoico inamovible ante la tempestad: se trata del poder humano de sentir y expresar la vulnerabilidad ante las circunstancias. Sé que ustedes no entienden nada de esto. La verdad es que nada se puede apreciar en estos días. La enseñanza: todo se inclina ante las circunstancias. Alguna vez vi a un conejo soltar una lágrima al expirar el último suspiro de vida. Es esto lo que se llama el llanto de conejo? No sé.

La primera vez que escuché una canción de John Martyn no fue por su propia voz. Fue en un compilado de chill-out de Irma Records, en el cual se mezclaba su famosa canción: I don´t want to know about evil Esta misma canción ha inspirado las versiones de artistas como Carlos Santana y Muki.

Si ustedes no han conocido la obra de Martyn, uno de los grandes artistas británicos de las últimas épocas, sin duda alguna se trata porque han de ser imbéciles. Porque todo lo que no sea de los años 80's no les interesa, y los años 70's para ustedes fueron años mezquinos y miserables de hippies mal olientes.

Ahora bien, pueden pasar su vida sin jamás haber escuchado a Martyn, eso también es posible. No lo recomiendo. Tampoco debe ser bien visto admirar a un hombre que terminó gordo, con una pierna protésica y en silla de ruedas que terminaba derrumbado llorando las canciones dedicadas a la mujer que lo abandonó hace más de 30 años.

John Martyn!
El cantante-conejo de los divorcios entre galaxias no consumadas.

Tuesday, February 03, 2009

Vida fluyendo a través de los ríos de la fe



Tres condiciones básicas para el surgimiento de la vida, tal como la conocemos en el planeta tierra:

1- La luz solar. Responsable de la agrupación de las cadenas moleculares por acción de la luz polarizada. Según Pierre Rousseau, en su libro La vida Extraterrestre, esta luz polarizada produce dos tipos de giro en las sustancias de las cadenas moleculares; si es hacia la derecha se denominan dextrógiras y si lo hace al lado contrario son levógiras. Salvo ciertas excepciones, la gran mayoría de cadenas moleculares que conocemos en el planeta tierra son de configuración levógira. No sabemos qué consecuencias podría tener el hecho de que nuestra configuración fuera distinta si girara como dextrógira pero se supone que no alteraría mucho el curso de la vida en el planeta tierra. Sin embargo, un pequeño detalle alterado en la dimensión en que vivimos, como lo demostró el cuento Viaje por tres mundos de los hermanos soviéticos Abramov, implica la remoción de todo el Universo conocido.

2 – El efecto gravitatorio de la Luna. Si no existiera nuestra hermosa amiga, la cual es responsable de las mareas y las erecciones y el enamoramiento en el destino de la tierra, nuestro planeta giraría a una velocidad tan extraordinaria que esto hubiera ocasionado que los rayos solares, que hervían el caldo de minerales que era nuestro planeta en un principio, no hubieran tenido el tiempo suficiente para calentar lo suficiente las cadenas moleculares y nuestro proceso vital hubiera quedado, como se dice, a medias. La luna desacelera la vertiginosa rotación suicida de nuestro planeta, con su anhelante suspiro selenítico de desprenderse de nosotros para siempre y encontrar su propia suerte en el vasto mar de la melancolía universal. Mas nunca lo logrará si no se atreve a colapsar con nosotros, como lo hicieron sus otras dos hermanas según Horbigger, gran pensador olvidado de la Alemania Nazi.


3- Accidentes geológicos. Para que exista vida, según la experiencia en el planeta de atmósfera azul, es imprescindible que exista el desprendimiento tectónico que desgarra las entrañas de la superficie planetaria. Una montaña siempre ha sido sinónimo de una conciencia secreta que trama civilizaciones fracasadas. No es de extrañar que el colosal Monte Olimpo, que se erige orgullosamente sobre las arenas rojas de Marte, sea el origen de mitos pre-humanos que aún prevalece sobre las conciencias de grandes narraciones como la Biblia o las mismas Mil y Una Noches, tales como la montaña Kaf o el monte Sinaí. Titán se nos presenta de este modo como una exquisita tentación al contemplar su superficie surcada de maravillosos valles, agrietamientos y cordilleras similares a las del planeta Tierra, bañado en ríos extensos de gas líquido: lo que podría sugerir una nueva manifestación de la vida, no basada en el carbono sino en otra sustancia novedosa que aplastara nuestra concepción estrecha al entender la inteligencia del cosmos.

Sunday, February 01, 2009

Máximo

Las manchas de sangre en la cara debieron advertirme el curso funesto en que desembocó la noche. Voy al lavabo y me observo, un ligero corte en la ceja; la sangre es escandalosa pero no al nivel que me gustan los escándalos. Otra pelea de las que vengo cazando desde el incidente con Bliss. Estoy enfermo, paralizado en la cama, confinado a mis propias náuseas. No poseo ventanas y es algo con lo cual estoy conforme, puesto que no deseo saber del mundo externo. Las ventanas son para criminales; lo mejor que puedes hacer es liberarte de las ventanas.

Aquel día me había puesto mi sencilla ropa de ciudad, había pedido huevos rancheros en la Rioja, y examinaba con atención los clasificados para trabajo pero como siempre el único tipo de empleo que parecía proveerse desde aquellas hojas era el de prostitución y todo tipo de mercado sexual. Arrojé el periódico a la canasta de la basura y observé la manera en que la cajera me observaba, oculta detrás de su caja, con un ligero gesto de coquetería proveniente más desde la intimidación que del gusto. Volví mi atención a los huevos rancheros y empecé a comerlos manifestando un asco general por la acción de deglutir. ¿Cómo se puede manifestar el asco hacia el natural acto de deglutir? Levantas el tenedor, empiezas a mascar como reprobando tu existencia y con ojos de condenado agachas la mirada como si te avergonzaras de tener que defecar. Luego tragas y sacas la lengua, un poco negra del frío, y te quedas con la lengua por fuera durante unos 30 segundos. Repites la acción de levantar el tenedor, mascar durante largo rato un viejo chicle que habrás de cagar y vuelves y sacas la lengua. Esa es mi manera de comer y de ver el mundo, sobre todo los huevos, cuya textura viscosa me provoca náuseas, pero no puedo parar de comerlos y siempre que puedo pido huevos revueltos. Cuando veo los huevos revueltos servidos me sonrojo y vuelvo la mirada hacia alguna cajera que me ve coqueta detrás de su caja, luego levanto el tenedor, miro el trozo que está en su punta y lo pongo en mi boca, empiezo a mascarlo lentamente sólo para lograr irritarme aún más, cuando ya no siento el sabor de muerto del huevo lo trago y entonces saco la lengua y duro con ella por fuera unos 30 segundos, hasta que me repongo y entonces la vuelvo a meter a mi boca, que a esta hora ya me sabe inmundo, y vuelvo y tomo otro pedazo de huevo con el tenedor no sin antes volver a ver a la cajera que ahora me observa entre la sospecha y el asco que le produce mi manera de comer y ver el mundo.

Mi nombre es Máximo y mi cuerpo parece hacer honor a él. Soy un elefante, así me llaman por la exhuberancia de mis músculos y mi cuerpo. Cuando niño el zapatero me obligaba a pelear con los otros niños de la calle. Sólo perdí una vez y no precisamente con el más fuerte. Fue su rostro el que me paralizó. Supe enseguida que no podría pegarle a un muchacho con un rostro como aquel. Me quedé absorto en su fina boca, su nariz como trazada por un gran escultor de una edad de oro de una humanidad digna. No pude hacer nada. El muchacho se me acercó y me golpeó lo más fuerte posible en el estómago. No me dolió. Luego me propinó un puñetazo en la nariz que me la quebró. Yo estaba paralizado por su belleza. Cada vez que arrojaba su violencia sobre mí era como si un castigo divino me llenara. Quizás se debía a la satisfacción que me producía el verle descargando toda su rabia indignada contra mi fealdad la que me paralizaba. Yo me mantenía inerme, siendo castigado, golpeado, pero aún erguido, como una momia estúpida, mientras el muchacho me insultaba y me pateaba. Como no caía fue por una tabla y me la puso en la cabeza. Caí desmayado. Cuando me levanté el muchacho no estaba, el zapatero remendaba mi herida con la aguja con la que hilaba el cuero y me reprochaba el haber sido tan marica de no haberme defendido. Yo no pronuncié una palabra. Por la noche fui hasta la cancha del parque del barrio y allí me tapé los ojos, apreté bien duro mis muelas y traté de no llorar, de contener mi pena. Fue imposible, porque el dolor parecía venir desde adentro y rebosarme, entonces me escuchaba gimiendo y temblando, porque era todo lo que podía luchar contra ese desvanecerse, y empezaron a caer las lágrimas de mis ojos, de mis ojos de elefante y sentir el dolor del mundo cayendo sobre mi gigante cabeza hueca, que como decían, no valía nada, ni un centavo.

Pronto supe que el mundo de los hombres modernos estaba dividido en dos tipos: el de los niños bonitos y el de los guerreros. Si no eres ninguna de estas dos cosas te devorarán como yo devoro mis huevos. Prometí no volver a perder peleas y pretendí ser malo. Un día en que un obrero almorzaba de su coca le pedí que me diera el huevo frito que tenía y como no quiso dármelo le golpeé los riñones y el pecho hasta hacerlo desfallecer. Cuando llegué a la casa, a punta de eructos y pedos por haberme llenado con toda la comida del idiota obrero, mi madre me abrazó y me pidió que dejara de ser malo porque ella se estaba muriendo de amor. Le pregunté cómo era eso de morir de amor. Entonces levantó su blusa y me mostró su vientre henchido con una gran protuberancia oscura. No pude llevarla al hospital porque no tenía dinero. Le preparé una aguapanela y se la di mientras ella ardía en fiebre. Lloró hasta que por fin su alma se fue y me dejó sólo con mi cuerpo de elefante que esta vez no supo llorar. Me quedé observando su cara agotada, como aliviada por fin con el eterno sueño, y le cerré los ojos, le besé la mejilla y supe que no era un hombre malo.

Me fui a caminar queriendo llegar al fin del mundo y arrojarme desde ese gran abismo hasta el infinito en donde vuelan dragones y genios. Era un guerrero sin la fuerza necesaria para enfrentar la muerte. Llegué hasta donde un viejo brujo mexicano que me dijo que dejara de buscar el final del mundo en las calles o en los vastos desiertos del continente. El fin del mundo, según él, era el orificio sangrante del cual alguna vez fuimos arrojados a asumir el dolor inexorable de la vida. En las noches a veces me encojo, trato de extraer algún calor de mi piel y siento miedo al recordar las palabras del viejo brujo y recuerdo su mirada nostálgica, en la que prometió llorar por mi vida, y yo, en posición fetal que llaman, en posición fatal, en posición fatal siento frío, como si estuviera enfermo, paralizado en la cama, confinado a mis propias náuseas.

A Bliss la conocí aquella misma noche en el bar. Una joven con una hermosura que hería los ojos. Su cara aún no despertaba de los tiernos sueños infantiles, en cambio su cuerpo era un renacido vigor del plano femenino del cosmos. Me veía desde el extremo pero yo no podía sostenerle la mirada. Bajaba mis ojos y meneaba los hombros al ritmo de la música electrónica. Ella se acercó y me preguntó por qué esa soledad tan elucubrada. Volví la vista a un lado y le pregunté:


- Te llamas Cielo?
- Oh no, no hago parte de otra de tus alucinaciones etílicas. Mi nombre es Bliss, como bendición en inglés, mucho gusto. Puedes mirarme fijamente.
- Eso sería doloroso.
- Qué cosas dices!

Los amigos de Bliss la llamaron y empezaron a bromear. Yo me mecía por los prados de un paraíso lejano, me mordía los labios y empezaba a sentir la desintegración de la materia. Era posible ser desgarrado por el aíre y elevarse hasta las estrellas. La conversación con Bliss fue imaginaria y ella desde el extremo trataba de sostener su mirada en la mía, pero para mí era tan doloroso como fijar la vista en un sol de verano. No soy digno, pensé.

Un elefante en órbita. Los hombres a punta de tecnología de punta lograron la conquista al espacio. Las naves volaban a dimensiones inimaginables siguiendo estelas de antiguos reyes astros solares que murieron en un resplandor de primavera. El elefante es un animal exuberante que antiguamente fue considerado divino. Algunas religiones hindis en su visión del universo sostenían que éste era sostenido por un elefante. Cada vez que se removía de tristeza este universo era porque el elefante se estaba moviendo, pero por lo general mantenía bastante quieto y satisfecho en su postura natural. Cuando mi corazón se agita trato de no causar daño, de reservarlo al mundo y me encierro en los baños de los bares donde siento que se me anuda la garganta. Alguna vez me caí al suelo en un bar convertido en un Salto del Ángel del fracaso, empero el Sol siguió alimentando al clavel y eso me llenó de una alegría inconmensurable que me volvió a embargar de llanto.

Al salir del bar Bliss hablaba con un chico hermoso al que llamaban Kike. El muchacho usaba una camisa blanca con cuello en V. Una barba de tres días bastante conservada que le daba a su cara de niño una cara de adultez irresistible. El cuerpo del chico era algo más que una promesa de felicidad. Tenía buen gusto musical y una biblioteca aceptable en la que tenía un Moby Dick apenas ojeado y una Rayuela devorada. Le gustaba cocinar y la fotografía. Kike tenía una inteligencia visual increíble y osada. Al ser él también un astro nada le impedía mantener la vista en el radiante ensueño de Bliss. Hablaban sobre cine y los métodos de actuación. Yo era un elefante en órbita.

Me acerqué con pasos de elefante enfermo y viejo camino al cementerio de elefantes y le dije a Bliss:
- Ten cuidado con Kike, es un gilipollas. ¿Sabes qué es un gilipollas?
- Sí – me respondió y me hizo un gesto que me hizo comprender que entendía que gilipollas era un guevón.
- Sí – seguí diciéndole- No te vayas a enamorar de él. Eclipsa toda tu belleza

Ellos siguieron charlando y yo me fui a casa, reprochándome el dolor engendrado al haberme expuesto al sol de frente. Al llegar estaba sonando el teléfono. Se trataba de Aura, quien me decía que estaba con un chico hermoso y se sentía feliz, pero no quería casarse porque someterse era para perdedores. “Lo mejor es ser una material girl”… y todos sabemos lo feliz que es Madonna, seguí con el pensamiento.

Thursday, January 29, 2009

Te fuiste mi amigo

Vengo de una familia de compositores tristes y músicos sentimentales.

De alguna manera este blog es un reflejo de mis raíces, ¿por qué no dedicarle un espacio a la gente que me ha formado con su ejemplo y su tierna compañía?

Soy el fan de mis tíos músicos y a ellos les agradezco el gusto heredado por la música y las letras de desdicha.

Sunday, January 25, 2009

la verdulera vuelve



Otra vez viene el gran contestatario, el terrible desacralizador, el provocador de loteros y escandalizador de provincianas. Ay, ten cuidado Cartagena, que este hombre arrastra con todo en cuanto carnaval, congreso o infamia tengan el cortés parecer de invitar a un supuesto endemoniado con la receta del éxito.

Una amiga, gran seguidora de vida y obra de Fernando Vallejo, me dice que lo imagina sentado en la comodidad de su casa burlándose de la gente que lo odia y tanto se enfurece con lo que él escribe. Estoy de acuerdo con ella, sólo que no lo considero tan inteligente como para reir de sus admiradores y desprevenidos lectores que lo enaltecen; de todos modos no se burla de ellos de frente, a los cuales más habría de burlar.

Todo país requiere un intelectual mordaz y cada casa paisa un niño maldito. Prepárate Colombia: vienen más fotos de Vallejo, junto a Efraím Medina, haciéndose pasar como rockero septuagenario.

EL PARQUE DEL PERIODISTA
Rubén Vélez

Sergio Alonso: Hagámonos amigos del maestro Sietetruenos para que nos incluya en su próxima novela. Sería un negocio redondo: él dispondría de un tema suculento y nosotros no tendríamos que matarnos para conseguir la inmortalidad.

Marco Esteban: A esa lengua de fuego no la ponen en marcha las personas que le caen bien. Y hace bien: la literatura, para ser digerible, debe tener más de ajustes de cuentas que de declaración de amor.

Sergio Alonso: ¿Cómo ganarnos su animadversión? ¿Diciéndole que no basta con pasearse en taxi por una comuna "caliente" para empaparse del tema de moda de los muchachos sin dios ni ley? ¿Haciéndole ver que resulta paradójico que él, que se presenta como el gran desmitificador, se haya preocupado tanto por automitificarse?

Marco Esteban: Debe de pensar que la aureola de maldito seduce más que la de bendito. Y tiene razón. Si el respetable supiera que el anticristo de moda lleva una vida de buen burgués -armonía conyugal, apartamento confortable en un barrio seguro, "colaboradora del hogar", mascota, etcétera-, no lo tomaría por el fruto más tentador: el prohibido. Hay que esconder la cara rosada para que el mercado no se encoja de hombros.

Sergio Alonso: Pero, ¿no sería más perturbadora la exhibición de su verdad íntima que su exhibicionismo de autor maldito? Lo segundo está muy visto; lo primero, en cambio, todavía suena a herejía, a provocación...¿Cómo así que un hombre puede vivir felizmente casado con otro hombre por más de treinta años? ¿Cómo así que la homosexualidad puede establecer un dulce hogar? El maestro Sietetruenos, por haberse dedicado a épater a la burguesía a la manera de los poetas decimonónicos, ha dejado de dar las patadas más contundentes.

Marco Esteban: ¿Cómo se las arreglará para moverse por el mundo sin un bastón? ¿Tendrá ojos biónicos? El hombre es víctima de su propio invento; como tiene que cumplir con el papel de maldito, no puede dejarse ver con gafas. ¿Un Rimbaud cuatro-ojos? Eso sería tan contraproducente como un león alopécico.

Sergio Alonso: Hay que estar casi ciego para enterarse de la ceguera de los otros...

Marco Esteban: Benditos sean los libros, que nos quitan la luz y nos dan luces.

Sergio Alonso: Malditos sean los libros, que nos dan la nada sexy aureola de notario.

Marco Esteban: ¿Ser niño terrible o ratón de biblioteca? Los chillidos del primero entretienen al mundo. Los del segundo, lo transforman. Saludos de Marx.

Sergio Alonso: ¿No hay que digerir la biblioteca fundamental para llegar a ser niño terrible? Saludos de Nietzsche.

Marco Esteban: ¿Qué te gustaría ser cuando seas grande? ¿Niño terrible o sex symbol? Tengo entendido que el segundo papel da más satisfacciones.

Sergio Alonso: Tienes muchos elementos de sex symbol; el pelo, las piernas, los ojos, sobre todo, los ojos... Y sin embargo... Para mí, que un astro ha conspirado contra tu felicidad.

Marco Esteban: Antes, sólo los maricas, los malditos y los seudomalditos pensaban que las gafas quitan puntos. Ahora, todo el mucho echa mano de los lentes de contacto: soy un símbolo de la postmodernidad.

Sergio Alonso: Se va nuestro inmortalizador... ¿Habrá visto todo lo que tenía que ver? ¿De pronto consideró que la tenue realidad de este parque no podría inspirarle un bestseller? ¿Sólo necesita el recuerdo del olor a marihuana para escribir un tratado sobre la tragedia postyonosequé de la juventud sin ideales ni ambiciones?

Marco Esteban: Se van sin las flores que pensaba echarle. ¿Te imaginas la cara que habría puesto ese "maldito" si lo hubiese tratado de gran gramático y apóstol del bien decir? ¿Te imaginas su retorcimiento? Él, que anda a la caza de anatemas y maldiciones, no me habría perdonado esa llovizna de agua de rosas.


Vélez, Rubén. LAS SIAMESAS ASESINAS. Transeúnte Editor. Medellín, 2004.

debajo de estas yermas tierras

"Si nosotros simplemente somos una microfibrilla ultramilimetrica de un sistema enorme que fue capaz de crear seres que desperdician su vida con grupos incuantificables de seres dentro suyo que tienen seres en si mismos que en su interior llevan seres". Ngeix
http://ocitsatnaf.blogspot.com/


Los gritos dieron advertencia del final. Yo vomitaba todo lo que había bebido la última noche tratando de lidiar con esta resaca providencial. Entonces las alarmas, el fuego, debieron haberme levantado y alentado a buscar resguardo, atropellar a los desesperados que no sabían qué dirección tomar y de este modo tratar infructuosamente de salvar mi pellejo. Los fantasmas habitan el departamento.

Afuera el sol brillaba y el azul del cielo daba un aspecto límpido a las calles devastadas. Si me asomaba a través de la ventana podía ver en un rincón de aquella plataforma celeste la nave nodriza que ahora proveía alimentación y ropa. Cuando niño corría en medio de las burbujas de jabón que soplaban en las plazas y nunca dejaba de defraudarme su futilidad, cuando al tocarlas desaparecían para siempre.


Dios vive arriba, en la nave nodriza. Vino desde las estrellas con su mensaje de salvación a la humanidad. Las voces que escuchan ciertos pacientes psiquiátricos poseen una existencia objetiva: tratarán de curarles pero jamás podrán tratar a las voces. Existen dos tipos de mente.
La tarde perfila una ciudad rendida.
Siempre tendremos una idea falsa de nosotros mismos.
Entes extraterrestres.
Nuestras vidas son novelas baratas.
El resultado es la posesión.

Una manera de tratar de comprender la naturaleza de ciertas creaciones humanas es aludiendo a la figura del genio. El genio no un don particular de ciertos hombres maravillosos, se trata de un caso de posesión del espíritu extraterrestre que impulsa el desarrollo de lo fantástico sobre la vida en la tierra.

Uno de los conflictos que vivimos los humanos tiene que ver con el choque de dos clases o razas de entidades extraterrestres que poseen y diferencian a los hombres. Existe la raza celestial de divinidades artísticas que se expresa como un profundo desasosiego sobre las condición humana. El ser humano es un ser perecedero, vulnerable a la muerte y el olvido cósmico. La raza celestial de predadores impone al hombre a la tierra y sus condiciones miserables.

Anoche soñé cómo un espíritu de una esfera demoníaca me poseía y de repente me volvía un sujeto extravagante, parecido físicamente a Phil Collins y con túnica morada sobre todo mi cuerpo.

Sentí que me volvía invisible en el grupo de AA entonces entré en pánico, la gente me observaba como cuidándose de mí, ya no quería más tinto ni más mierda superacional y me fui a recorrer los bares, agotándolos todos, cazando peleas y golpeando las mesas para que me llenaran de nuevo la copa.

Monday, January 19, 2009

No ordinary Morning





If there was nothing that I could say
Turned your back and you just walked away
Leaves me numb inside I think of you
Together is all I knew

We moved too fast but I had no sign
I would try to turn the hands of time
Then look to you for the reason why
The love we had passed me by

And as the sun would set you would rise
Fall from the sky into paradise
Is there no light in your heart for me?
You've closed your eyes, you no longer see

There were no lies between me and you
You said nothing of what you knew
But there was still something in your eyes
Left me helpless and paralyzed

You could give a million reasons,
change the world and change the times,
Could not give me the secrets of your heart
and of your mind
In the darkness that surrounds me now
there is no peace of mind
Your careless words undo me,
leave the thought of us behind
You could give a million reasons,
change the world and change the times
Could not give me the secrets of your heart
and of your mind
In the darkness that surrounds me now
there is no peace of mind
Your careless words undo me,
leave the thought of us behind


Por toda esta carnicería. Este sufrimiento que nos hemos ocasionado mutuamente. Leave the thought of us behind.

Un mundo natural



























K. me dice que tengo una visión horrible de las mujeres,
en donde el más bonito es el que consigue todo
le pregunto si acaso no es cierto
si acaso no es peor ser una puta de bonitos que no cobra
que tienen más mérito las putas
que cobran+
que se rebajan menos
porque no se dejan
besar
ni dicen las idioteces que dicen cuando se las come un bonito por una noche

quisiera operarme de nuevo}
de nuevo y de nuevo
hasta no quedar nada de mí

quisiera terminar como un monstruo plástico
nada natural
porque lo natural es cruel

y la belleza natural
y la inteligencia natural
y los chicos naturales
y el mundo natural
y las drogas naturales
y el comportamiento natural
todo eso es hermoso para ellas

y yo quiero ser lo más plástico posible
para olvidarme de este dolor
tan hijueputa
de no haber sido abortado
de haber sido salvado por la medicina
y no morir siendo niño
lo que debió haber sido el curso natural

mi infancia fue terrible, mi juventud estúpida
mi vejez va a ser una mierda

Friday, January 16, 2009

un fotógrafo estallado

Dedicado a Natalia.

Arrastrado por un impulso compungido Daniel se precitipitaba al firmamento de la noche estrellada al acecho de la curvatura de la tierra en el desierto de la Tatacoa mientras el polvo contaminaba su lente en pequeños gránulos de cometa estrellada. Subía entonces al viejo jeep y se perdía en el umbral de los espectros una vez logrado el producto final que luego le sería publicado en la National Geografic International junto a otras extraordinarias fotografías de reconocidos artistas en los lugares más bellos del planeta.

Por supuesto se trataba de los primeros años de oficio de Daniel Aristegui en el mundo de la fotografía, en el cual se le reconocía como un paisajista incansable y sus colegas le llamaban: "Daniel el ojo del paisaje" pues si algo lograban expresar tales composiciones era una insondable comunión entre el artista y su alrededor como un Dios que entra a dominar la escena y al estirar la mano es capaz de halar consigo el velo de las apariencias enseñando así la esencia de la creación.

Pero el reconocimiento profesional nunca fue la meta primaria de Daniel, cuyo deseo más elevado era la autorealización como individuo en la dominación arbitraria del lente que revelaba un estado espiritual del cosmos impreso en la sensación del observador; este último entendido como un vulgar ladrón de divinidades abismales.

Daniel Aristegui probó suerte en un cismo de la religión católica con elementos sincréticos de la India, que profesaba un profundo asco hacia todo ícono artificial diseñado por mentes orgánicas como lo eran las cabezas de los hombres que deambulaban por el mundo con sus pensamientos piojosos expuestos a la "mirada siempre compasiva de un sol cansado". Como Iniciado le era permitido seguir por leves períodos la práctica del fotografismo como una manera de permanecer anclado en un mundo despreciable. No obstante, su profesión cada vez le acarreaba más problemas con sus mayores que lo sentían un ser "de todas formas carente de alas e inspiración". Algún día un maestro comía uvas en el sendero del templo y cuando sintió que el fotógrafo se acercaba con sus ojos obscenos y ridículos le ordenó sentarse a su lado y le escupió en las zandalias.
- No entiendo cómo una persona tan ímpia puede vivir en un mismo techo junto a un sacerdote máximo.

Cada día era más evidente la incompatibilidad que existía entre el oficio del fotógrafo con las creencias puritanas acerca de la imagen que tenía la religión a la que Daniel quería pertenecer. Una nota que se encontró de aquellos días de angustias e interrogantes rezaba:

¿Por qué lloro por aquella estrella que apenas intuyo perdiéndose en el mar inasible de un universo precipitado?¿Debería alzar la voz a ti estrella, por qué me hablas con voces femeninas y me instigas a una pérdida de ser en mi rastro de cadáver roto? Me consuelo porque me sabes irrisible y recuerdas que alguna vez nuestros labios estuvieron juntos en las costas del océano atlántico. Yo te veía los grandes ojos de comunidad maya y supe la celebración con olor a sangre que había respecto mi sacrificio, empalado por los brujos que volaban por las noches místicas para reposar un segundo sobre una rama; en forma de cuervo se ocultaban para llorar por la suerte del tiempo expirado en un maremoto de agujeros negros.


No entiendo por qué me sorprendo al leer estas palabras de Daniel, si eran finalmente los temas que más le interesaban en vida, sólo que resulta imposible reprimir el llanto que busca mis puños, entonces siento la amargura de la vida cayendo sobre mi cabeza como un rubor extraviado que se respira en todo rincón en el cual trato de consolar la vista pero comprendo que lo único que me daba paz en aquellos días eran sus fotografías humildes, a ladrillos, a motas de polvo, ese fue su tema casi que obsesivo durante aquellos días en la orden de los hermanos del Cristo Ramayano.

Debió haber sucumbido en algún punto porque algún día, antes de que saliera el sol, salió corriendo como un vil ladrón, escapando por las cañerías y tropezando en los precipicios que rodeaban el lugar. Apareció en una ciudad portuaria en la cual cambió su cámara de fotografías menospreciadas por un fin de semana con prostitutas. De allí tomó un vuelo para Colombia en donde se internó por el período de once meses en una clínica psiquiátrica y allí solía abstraerse de las actividades en grupo para encerrarse a dormir durante todo el día, con las cortinas cerradas y sin prender ninguna luz o en ocasiones sólo la del televisor que ronroneaba como un ratón en sus sesos.

Su cuaderno de apuntes de aquellos días no tiene mayor interés pues allí solía anotar cosas que carecen de total pertinencia, cosas como ejercicios que los psiquiatras le proponían-elaborar metas y propósitos- varios números telefónicos y e-mails de los compañeros con los que simpatizaba.

Saldría corriendo a través de las aceras bañadas por las fragantes luces nocturnas de los locales y en medio de un infernal tráfico de viernes se colaría por el marullo de autos y personas hasta que la reconociera a lo lejos, levantaría la mano con una risa franca en los ojos, se arrojaría sobre su abrigo de terciopelo y ella se rascaría la cabeza; entonces consentirían en ir y cuando llegaran se sentirían felices y hasta el final se consumirían en la ebriedad de la noche; rebozantes de vida hasta que el deseo les hiciera arder el corazón. Terminarían juntos en un ritmo frenético que avanzaría rítmicamente en la gravedad del otro cuerpo.



Perdió la perspectiva de la Tatacoa sintiéndose incapaz de volver a tocar un paisaje. Los cuerpos se encerraron sobre sí mismos y toda la luz, movimiento y volumen parecían descender del cosmos para imprimirse sobre los ejemplares más hermosos de la raza humana. Se fijó en los modelos como una manera de alcanzar los arquetipos de la perfección. Se especializó en la fotografía de modelos pero como el hombre le parecía un animal tosco y sentía aversión hacia el pene, el cual sospechaba era una irresponsabilidad social ignorar en las sesiones, se concentró en la fotografía de mujeres modelos.

La primera fase de su nueva etapa fue relativamente exitosa. Sus desnudos fueron recibidos de buen agrado y en ocasiones algunos juegos de luces estallados sobre la carne presa de las modelos causaron la admiración de colegas y críticos del arte de masas.

Karl Krauss Sánchez, el famoso crítico postmodernista, se expresó con estas palabras llenas de elogios sobre la primera muestra fotográfica de Aristegui:

Si mi principio de realidad estuviera un poco más dilocado de lo que está, creería que estaríamos sobre un jet, ya sobrepasada la barrera de sonido, teniendo a Berlin literalmente debajo de nuestros zapatos, recibiendo un shot de metadona de cada seno erecto de las hermosas diosas de la decadencia que presenta Dani... mi partner del concepto visual.


Por otra parte, el periodista Kerberos dijo de esta presentación:

Vine por compromisos morales con Daniel, porque me llamó anoche diciéndome que sufría un terrible mono, que estaba enamorado de una modelo la cual le había llamado "idiota" y ahora quería un poco de paz interior y no quería estar solo al lado de gilipollas de la talla de Karl Krauss ni de críticos estúpidos que fueran a arrugar sus horribles jetas de mediocres, ni de putas, ni intelectuales ni artistas. Así que me quería acá, poco he visto de sus fotos la verdad. Me he quedado en una esquina, tratando de soportar lo insoportable que es una galería.



Esa noche Karl Krauss se fue a culear con un artista underground con cara de boyacense que acostumbraba a usar pestañina, un polvo de baja y asquerosa fidelidad.

La modelo a la que se refería Kerberos la solían llamar Kami La Alien. En una sesión en que se Daniel Aristegui alistaba las luces empezó a portarse como una malcriada y amenazó con orinarse en el set si no le tomaban fotos con gafas de Hello Kitty. Terminaron barriendo el set que no sólo estaba orinado sino lleno de una espuma que presumiblemente era de semen recientemente eyaculado. Esto provocó tanta decepción en Daniel que empezó a llorar en una esquina y La Alien se le acercó y le dijo que era peor que un orangután mongólico, que su debilidad moral la asqueaba, que sentía asco por su aspecto, que parecía un mendigo con sífilis vencida.

Entendió Daniel que el cosmos era cruel. La belleza que amasaba sobre la carne de los arquetipos no siempre correspondía a la apacibilidad que le inspiraba la orquestación de los elementos dispuestos en un paisaje.
Las fotografías que quiso tomar luego pretendieron tratar de denunciar la fachada de la asquerosa condición humana con ojos verdes y una risa de tarde primaveral. Sólo que las modelos pronto empezaron a distanciarse. Ninguna le contestaba su teléfono celular. Los mensajes al correo electrónico nunca eran contestados. Ya no le saludaban en la calle y cuando entraba a un bar y alguna de ellas estaba sobre la barra cogía la cartera, se disculpaba con el barman, pasaba a su lado, lo veía de pies a cabeza y se iba sin siquiera despedirse.
El barman que era un hombre muy simpático se acercaba a Daniel con brusquedad y le decía, escupiéndole intencionalmente la cara:

- Largo de aquí blandito. No queremos gente que demande la fealdad inherente a la belleza de los arquetipos. Aquí donde me ves soy un ser hermoso y angelical, repleto de músculos y con unas nalgas bien formadas. Pero podría humillarte al frente de tu santa madre si fuera necesario. Porque para ser bello es necesario ser mierda, si no eres mañoso no atraes papi. Así que largo perro.

El estudio de Aristegui quedó desierto. Donde antes rondaban centenas de ejemplares hermosos sólo se veían cartones donde Daniel escribía cartas a sus enemigos:

- Te voy a romper las bolas
- Creo que esa foto está buena como postal de sitios en donde sería placentero defecar
- Sí, es muy buena propuesta. Si fuera idiota, feo y no tuviera dignidad.
- Es muy buena gente, sólo si no tuviera esa esposa que le mete monedas en el culo y le hace hablar cosas preciosas.

La Alien había dicho que en las sesiones Daniel acostumbraba a sacarse su pene y decirle a las muchachas: "mami muestra ese culo para tu fotógrafo". Como era una puta con prestigio, que contaba con el respeto de todos esos irrespetuosos idiotas de medios, se le cerraron las puertas a Daniel y ya nadie quería recibir sus "intentos adolescentes de alcanzar la ficción de la fotografía".

En la tercera fase Daniel consiguió una novia a la que llamaba Morenito y trató de alcanzar la verdad en la sencillez de su mirada triste.
Morenito lo abandonó.
Veía a Morenito en todos los lugares solitarios de la ciudad. Empezó a tomarle fotos a los sitios fantasmas de la ciudad. Y él mismo se perdió en esta soledad, donde no tenemos más registro de su vida u obra.

Tuesday, January 13, 2009

El parque del Periodista




En esta ocasión, el último día que estuve en Medellín pude conocer El parque del Periodista, guiado por Victor y su amiga Soledad, los cuales cumplían su rol respectivo de Virgilio y Beatriz en una zona de la ciudad por mí desconocida.

El pequeño parque se trata del lugar suburbano por excelencia de las ciudades y pueblos donde se reúnen las distintas tribus, los jóvenes convergen alrededor del gusto por las drogas y tanto traquetos como proxenetas desarrollan sus actividades con relativa libertad, alrededor de una policía que sólo interviene en los casos necesarios.

En el libro LAS SIAMESAS ASESINAS, Rubén Vélez presenta a manera de pieza teatral el diálogo reiterativo y oscilante entre dos maricas maduros y fracasados que recorren los mismos lugares eternos de una ciudad asfixiante en la búsqueda de la realización de un deseo que ya les repele, excluyéndolos del discurso imperante del placer y situándolos en la dolorosa realidad de lo indeseable.

A continuación reproduzco la recreación que hace Marco Esteban y Sergio Alonso, coproantagonistas de la novela-teatro de Vélez, del Parque del Periodista en cuyos alrededores pueden despreciar las diversas especies que lo recorren:

EL PARQUE DEL PERIODISTA


MARCO ESTEBAN: Oh libertad que perfumas las montañas de mi tierra, deja que aspiren mis hijos tus perturbadoras esencias...

SERGIO ALONSO: No nos hagamos ilusiones, que este parque no huele a Eleusis. Seguiremos en las mismas, eso sí, un poco menos tensos.

MARCO ESTEBAN: Islas libertarias que huelen a semen, islas libertarias que huelen a mierda, islas libertarias que huelen a yerba... Y después dicen que la ciudad de la eterna primavera y la eterna tiradera ya no es habitable.

SERGIO ALONSO: Lástima que estos muchachos prefieran la traba a la trabazón de los cuerpos.

MARCO ESTEBAN: ¿Hemos venido a aspirar o a suspirar? Creo que la pasaríamos mejor si sólo pensáramos con los pulmones.

SERGIO ALONSO: Huy, hermano en la cannabis, si no fuera porque tienes un no-sé-qué de caníbal, me sentiría en un mundo cabal... Huy, hermano, hoy me siento raro; en vez de sembrar cizaña, me ensaño con un manojo de yerba maldita.

MARCO ESTEBAN: Cuando yo tenía la edad de estos alienígenas, me trababa a punta de libros; y claro, cogí fama de intelectual, y a veces me invitaban a encuentros cercanos con la profundidad y la trascendencia. Uno de los círculos sublimes que más frecuenté se llamaba "Grupo de Prospectiva Medellín 2000". Ahora caigo en la cuenta de que no adivinamos ni una: no hay ningún parecido entre la ciudad de postal que imaginamos hace treinta años y la ciudad de cartel de hoy día.

SERGIO ALONSO: ¿Ni siquiera aparecieron en tu bola de cristal los treinta bares, los diez saunas y las cinco discotecas donde podrías encontrar la felicidad? ¿Ni siquiera adivinaste los círculos donde te tocaría esperar a Godot todas las noches?



Vélez, Rubén. LAS SIAMESAS ASESINAS. Transeúnte Editor. Medellín, 2004.

Sunday, January 11, 2009

Luz de mil inviernos


9

Al otro lado del río, el humo se elevaba en una recta columna; era un simple movimiento que se abría expandiéndose en el cielo. No había un soplo de aire ni la más pequeña onda sobre el río, y todas las hojas estaban quietas; el único movimiento ruidoso era el de los papagayos cuando pasaban como relámpagos. Ni siquiera el pequeño bote de pescadores alteraba el agua; todo parecía haberse congelado en la inmovilidad , excepto el humo. Aún cuando se elevara tan recto hacia el cielo, había en él cierta alegría, y la libertad de la acción total. Y más allá de la aldea y el humo estaba el resplandeciente cielo del atardecer. Había sido un día fresco, el cielo estuvo despejado y la luz era la luz de mil inviernos, de corta duración pero penetrante y expansiva; esa luz iba con uno a todas partes sin abandonarlo en ningún momento. Como un perfume, estaba en los lugares más inesperados; parecía haber penetrado en los rincones más secretos del propio ser. Era una luz que no dejaba sombra y las sombras perdían su profundidad; debido a ello toda sustancia perdió su densidad; era como si uno mirara a través de todo, a través de los árboles al otro lado del muro, a través del propio ser, tan opaco y tan desnudo como el cielo. La luz era intensa, y estar con ella implicaba ser apasionado, no con la pasión del sentimiento o el deseo, sino con la pasión que jamás se marchita ni muere. Era una luz extraña, lo exponía todo tornándolo vulnerable, y lo que no tenía defensas era amor. Uno no podía seguir siendo lo que era, uno había ardido, se había consumido sin dejar cenizar, y repentinamente nada hubo sino esa luz.



Krishnamurti, en Diario- EDITORIAL HERMES. 1985;261

Thursday, January 08, 2009

La artista del espacio

La tarde es de los punkeros, y en esta había luna. Era extraño para ella, ahora que lo pensaba, porque no recordaba haber visto alguna vez una luna en su planeta.

Jen era una arquitecta del polvo interestelar, su sombra jugaba en medio de nebulosas y gases, ella saltando de un lado a otro, con su nave pincel fija en determinadas direcciones que sólo ella estaba en poder de determinar y una vez dirigía su propulsión de figuras, esperaba la explosión con los ojos cerrados, los labios revelando una sonrisa y su mechón de cascabeles jugueteando en la profunda soledad del cosmos extinguido.

Luisa sabía que el espectáculo estaba dirigido a ella y su corazón saltaba de felicidad al ver las emergentes configuraciones estelares que golpeaban sus sentidos desde la inmensidad celestial. Era su amante la que desde un punto lejano del espacio, sin esperanzas de volver alguna vez a verla, dibujaba para ella, soñando con su corazón de niña, sus manos en el pecho y un sueño de agradecimiento por ser amada hasta el final de los últimos destellos de delicadeza.

Jen te agotas. No dejes que te agoten. Jen sigue siendo la artista del espacio; las emociones que como palabras te asaltan en la madrugada y me quitan el frío y me llenan de alivio al pensar lo feliz que seremos de nuevo, en un imposible, inmersos en este sueño, abrazados, abrazados hasta unirnos en donde lo bello es posible, con todas tus figuras explotando en medio de galaxias abortadas que expiran para ofrecer gamas de rosas y colores para no sentirme de nuevo sola.

Te hago llorar Luisa. No fue necesario haber estado en este mundo. Ni que nacieras. Ni que sufrieras. Fuiste una posibilidad nada probable. Me tomaste por la parte de atrás y me hiciste retroceder a un punto incierto en que no nos conocíamos, porque me tocaste lo que no conocía de mí misma. La cabeza regaba sangre hasta un punto preocupante, porque empezaba a caer y soltaba mi cuerda de vida, como un montañismo en los picos de la miseria que te arroja a los destellos de un sol voraz para fundir tu rostro en su oculto trance.

No dices nada perra miserable. Si todo fue un desleírse en tu infecta carne de insecto con una elástica cavidad bucal en la que devoraste mi cabeza, con los ojos adentro, y yo veía tus tubos traqueales succionando hacia un circo orgánico, que festejaba tu mierda triste, celebraba tus desechos vulgares encima de nuestros sueños, lo que armábamos antes de caer rendidos en un coma etílico que revelaba lo miserables que se habían vuelto nuestras grandes esperanzas de perras famélicas. Significa que me muero de risa mientras pienso y escribo y repito estar presente en estos escombros de esperanzas.

Mejor sería desaparecer y hacer explotar nebulosas en destellos de sueños invidentes.

La artista del espacio se levanta en su bata roja y me da un beso a la mejilla:
- Hola linda, sabes que amaneces como un sol para mí
- Mentiras, estoy fea y despeinada y horrible. Mi aliento sabe a coño. Me muero de ganas de llorar Jen, qué fue lo que pasó para que me sintiera tan horrible?
- Mi amor el café es el único

Mejor Jen traga y apoya tu frente en la mía.

Estamos en Carulla con Elvira y Jen se detiene, dice que va a explotar y suelta un llanto. Ahora está llorando Jen. Yo no puedo llorar, no siento nada, es como si estuviera muerta. Elvira es una sombra falsa. Resulta que sólo estuvimos Jen y yo. Y Jen llora como si hubiera estrenado un luto, pero se levanta y me dice:
- sabes Luisa, eres un sol para mí
Y yo no puedo llorar porque es como si estuviera muerta

Detesto que Jen se levante tan temprano.

Caigo finalmente rendida de sueño y abrazo a Jen, le digo que me agrada su calor, pero ella sólo se queda detenida observando mi rostro.

Monday, January 05, 2009

O androide que odiaba as mulheres


El androide que odiaba a las mujeres

Por Louis Bourdon

trad. Luis Elvira


Esquirlas de Antonia soñaba con los campos de batalla de la guerra de las máquinas, fraguando una conspiración en contra del doctor Otrora y lanzándose cabeza en llamas frente a los cuerpos metálicos de las tanquetas anti-motines, como un paisaje estallado en explosiones y escombros, en el cual pudiera escuchar cantos evangelizantes en el último momento de expirar para siempre.


Erwin era un androide borracho que gustaba de la música grunge y sentarse en las tardes en los columpios de los parques infantiles que le recordaban a su propio hijo, al cual había perdido en los litigios al considerársele un androide disfuncional y depresivo al cual su propio dominio era claro le resultaba inaprensible.


Me gustaba consolarme del dolor del mundo en el bar de arriba, en el cual acostumbraban a dejar el ten de Pearl Jam sonando toda la tarde, la cerveza, no entraban chicas, el sol sobre los tejados de la ciudad a los cuales podías observar desde la ventana de aquel bar y refugiarte en el horizonte como último refugio para opacar las lágrimas; ya sabes, ya sabes. Como lo mismo de siempre, una manera de respirar en el mundo pero sin disturbar a nadie, nadie se percataba de tu presencia y tu sorbías tu cerveza helada fijo en el sol desfalleciente de aquella tarde de imprecaciones mudas, absorto en tus pensamientos, tus renovadas nostalgias, como con nuevas alas zurcando los cielos de las brillantes tristezas, y sintonizado en su propio ritmo, en su propio ritmo de vértigos; ay, ya sabes, el cansancio tiene sus maneras de menearse en tu cabeza.


Erwin lo miro a él. Es un androide borracho sin esperanzas. Alguna vez quiso también entrar en las disputas de las guerras de máquinas pero ya antes de haber entrado lo había aplastado su propio miedo, sus culpas, ese remordimiento atascado en su corazón de polímero.


También Esquirlas de Antonia mira a Erwin, pero esto yo no lo podría saber, supongo que ella también lo habrá mirado, por la forma en que observa el mundo. Alguien dijo alguna vez algo brillante en el prólogo de su propio libro: esta diatriba nace de la inquietud que me causa lo inquietante. Esquirlas de Antonia sabe que Erwin no es el androide que recibirá la beneficiencia del estado ni de los hombres.


Erwin está sentado en el parque infantil, meciéndose en su propio columpio de incertidumbres, con una mano agarrada al oxidado hierro y la otra con una botella de ron. Está borracho, cómo más cabe imaginarlo, pero no muerto, sino deseoso de muerte, vitalmente lleno de tinieblas en sus propios ojos de pasmado de la muerte.


Erwin sabe que allá afuera hay tanta vida, tanta felicidad de por medio, tantos deseos y lujuria; manifestaciones eróticas para no morirnos. Pero resulta que Erwin es tan feo como yo, es un pobre hijueputa, eso es, un pobre nada, un idiota a lo sumo. Alba le dice a Erwin: Erwin no eres filósofo, ni periodista, ni hetero, ni gay... no eres hombre ni eres robot. Qué eres Luis, nada. Dime qué te crees Erwin. Acaso hay que ser algo y no sólo un idiota androide.


Mire Erwin no tiene el pelo castaño, ni tiene una risa matadora, no tiene una inteligencia deslumbrante, ni gran cuerpo, es tonto, parece un idiota, un bobo, Erwin se parece tanto a quien lo observa desde este bar de arriba que me resulta horrible hablar de él, me resulta horrible escribirlo.


A Erwin una mujer no se lo follaría a la primera noche de conocerlo, eso se lo ha dicho su propia ex-androide la noche pasada. Erwin qué es. Si no fuera por su hijo, al que se lo han arrebatado, sería una pobre lata yonqui tirada en la cloaca, y a esta conclusión llegó su ex-androide, junto a su amiga Salx. Por otra parte a las anteriores androides que tuvieron relaciones con Erwin por pura desfachatez les encanta presumir de que tiran cada noche con el primero que conocen; sí, para reafirmele su idiotez de haber amado puras putas.


A Erwin la única manera de estar con mujeres, es decir, del género humano, es pagando, descargando de su tarjeta de emergencia. Vamos a imaginar el cuadro:


Son las tres de la tarde de un viernes en el que en todo caso no habrá sexo con ninguna desconocida. Erwin va a sacar una declaración extrajuicio a una notaría. Después de la diligencia se sienta a tomarse una cerveza para aliviar la sed. Allí la camarera lo ve con algo de pesar y simpatía. Una chica simpática. Le encantaría hacerle el amor, ahí mismo, y luego irse y pensar en lo fascinante que fue hacerle el amor a esa perfecta extraña, con un color de piel tan fascinante, con su pelo rubio aún recogido de los deberes. Pero ella lo mira como con pesar y piensa: qué desperdicio de chico este androide. Entonces Erwin sale ya medio muerto de aquella pretensión de refrescarse, sólo para morirse de sed en ser deseado, y termina en una barricada de frente de guerra, dispensando monedas a una tragaperras y de allí sale una manguera en forma de vagina y él la conecta a su miembro, empieza a descargar todo su dolor sobre esta máquina y la máquina le dice "karlo me estás tallando el hombro" pero perdura hasta terminar. Se pone los pantalones muerto de la tristeza por tener que pagar algo que muchos consiguen con sólo mostrar sus caries. Y la máquina le dice: te espero pronto guapo.







Tuesday, December 23, 2008

diccionario hueco

Siguiendo el ejercicio elaborado por Elsy Rosas Crespo en el post Diccionario de su blog Ensayista, y acorde con esta temporada de reflexión etílica e introspección indulgente, me dispongo a hacer mi propia versión del ejercicio.


A

A: Un grupo de rock insignificante que tuvo como único hit una canción llamada Nothing.
Adicción: Entrar a una residencia a hacer de todo menos lo que todo el mundo hace en una residencia.
Æ: Un arcaísmo muy elegante cuya pronunciación puede ser Ash, como la protagonista de la película de cyberpunk Avalón.
Aforismo: Lo contrario a una frase célebre.
Amor: Su sombra es asfixiante
Ano:
Aszeta: mi amigo mío
Axxón: una buena revista

B

Baal: Una voz que se debe omitir
Belleza: Estrellas que existen sin enterarse de tu llanto
Boca: La extensión defecante del ano.


C

Canto: recuerdo de un alivio abandonado en los primeros tiempos
Corazón: un vaho sin cuerpo que fracasa en el otro
Cristalizarse: es fragmentarse

CH

Chapinero: la mayor caterva de farsantes presumidos, ignorantes e insignificantes del cagadero bogotano.
Chacal: Tan diletantemente infértil como el sarcasmo.blogspot.com... pero sin sarcasmo.

D

Desgracia: ser feo, pobre y tonto.
Dominga: el primer día de la destrucción.
Divinidad: Una niña negra que llora porque ha perdido el limón que debía vender esa noche.

E

Estebana: mi mejor amiga y mi amor infinito.
Ectoplasma: la materia de los hombres.
Elvira: mi patético yo plástico.
Enigma: en los últimos dos años, mi música favorita
Extraterrestres: desadaptados en el mundo.

F

Fracaso: la universidad que te descubre
Facebook: es para idiotas, por eso tengo cuenta allí.
Fetiches: la banda de mi amigo a cuyos conciertos voy, así sea el único en asistir junto a su novia y su mejor amigo.

G

Gay: Respetar si no es para propósitos hipócritamente popstars, ni se confunde con ser gótico.
Guarro: No importa cuán guarro seas siempre habrá alguien más guarro que tú

H

Húmeda: lo más cercano al amor que te puede manifestar una chica
Humanidad: insoportable
Humanismo: ignorancia empacada al vacío

I

Irreverente: tenía sentido serlo aún en el siglo XVIII
Imaginación: la cara inteligente de la razón
Imitador: por lo general tiene más éxito que a quien imita

J

Jocoso: fastidioso
Jodido: desesperación que te postra en el lecho de cama alguna veces, finalmente en el lecho de muerte; también en el lecho marino; y también en el lecho marital.

K

Kids: la primera película que me vi de Larry Clark, en el 96.
K Dick, Philip: Añadió los delirios inhumanos a la ciencia ficción.
Kunst: corromperse concientemente.

L

Lujuria: Mantenerla tan discreta como las otras necesidades groseras del cuerpo humano (defecar, sonarse, cortarse las uñas)
Lección: jamás molestarse en decir ni escuchar una lección; la experiencia es la única lección.
Literatura: Fosa común abierta en que los chulos se agasajan relamiendo los restos disecados.

M

McCarthy, Cormac: Escribe para personas no para lectores
Mesura: ofrecer el agujero del culo a tu atacante.
Maravilla: estar vivos aún
Mendicante: tener una sonrisa para todo el mundo
Mágico: el amor

N

Norman Mailer: por fin se murió ese viejo (quiero ser como él cuando anciano)
Navidad: es para vivir la pobreza juntos y estar felices de estar ahí, acompañándonos, repletos de amor el uno por el otro.

O

Ogro: los profesores de escuela
Ostracismo: ser católico y conservador
Oración: al Arcángel San Miguel.

P

Prostitución: es penosa la que no es conciente; no la que se hace de manera honesta, directa, desprovista de eufemismos (ej: liberalidad, arte, política, experimentación, universidad, alcohol).
Prisión: Colombia es prisión
Prístino: una palabra ridícula

Q

Querer: sufrir
Quark: violencia subatómica
Quásar: antes considerados como agujeros blancos causaron gran desilusión; aún no se han descubierto los agujeros blancos propuestos por Einstein, los cuales podrían ser generadores potenciales de universos. Sin embargo la onda destructiva del Quásar comprueba que tras un gran desastre se desarrolla una gran belleza.

R

Rockola: después de agotar todas las canciones conocidas, agotar las desconocidas.
Roger Revision: la vida vegetal persevera
Ruinas: la saliva de las amantes que perduraron en la piel rechazada
Subvalorado:
Agotado:
Despreciado:
Cuestionado hasta la última consecuencia

S

T

U

V

X

Y

Ybone: una gran compañía este año, mi prima.

X

Y

Z

Sunday, December 14, 2008

Cómo crear personajes odiosos (caso Dr House) según Dylan Thomas





Hasta ese contrato, nunca había pensado Cribbe en escribir una novela. Pero sin desanimarse ante el hecho de no saber distinguir a la gente - el mundo es para él una amorfa masa indiferenciada, con la excepción de algunas celebridades y de sus jefes en el departamento, pues nada de lo que pueda decir o hacer la gente le interesa si no se relaciona con su carrera literaria-, no desanimándose tampoco lo limitado de su invención, comparable a la de una ardilla o una rueda de molino, se sienta en una silla, se remanga la camisa, se afloja el cuello, aprieta bien la pipa y se pone a estudiar fervorosamente la mejor manera de alcanzar un éxito comercial sin tener talento alguno. Pronto llega a la conclusión de que las ventas rápidas y las famas efímeras sólo llegan de la mano de novelas con títulos fuertes como Dispuesto a todo o Los dados de la muerte, de novelas proletarias que tratan de la conversión al materialismo dialéctico de chicos de la calle, con títulos del tipo de Lluvia roja para ti, Alf, o de novelas como Melodía en Jauja, con un oscuro protagonista ligeramente cojo llamado Dirk Conway y la historia de su amor con dos mujeres, la lasciva Ursula Mountclare y la pequeña y tímida Fay Waters. Y en seguida descubre, en las orgullosas revistas de circulación mensual, que las ventas menos importantes resultarán de novelas como El zodíaco interior, de G. H. Bidet, despiadado análisis de los conflictos ideológicos que surgen entre Philip Armour, físico impotente de fama internacional, Tristram Wolf, escultor bisexual, y la virginal, exótica y dinámica esposa de Philip, Titania, profesora de Economía de los Balcanes, y estudio de cómo personajes tan altamente sensibilizados -con el perfume de la era postsartriana- se relacionan mientras comparten un trabajo por el bien de la Existencia, en una clínica de la Unesco.

Dylan Thomas, en El visitante y otras historias. Club Bruguera. 1981: 145-146
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Sobre el no saber distinguir a la gente ya Blaise Pascal se había referido en estos términos:

DISCERNIMIENTO DE LOS ESPÍRITUS

17. A medida que se tiene más espíritu se ve que hay más hombres originales. Las gentes comunes no encuentran diferencia entre los hombres.

Blaise Pascal, en Pensamientos. Ed. Sarpe. 1984: 33

Thursday, December 11, 2008

Danilo ha muerto



No conocí su filosofía, sé que fue de los primeros filósofos en Colombia, uno de los primeros en crear las escuelas de filosofía de la Universidad Nacional y de los Andes. Pero mi visión de Danilo Cruz Vélez no fue la del filósofo respetado por la academia y la llamada vida cultural del país.

A Danilo Cruz Vélez lo conocí en julio de este año cuando ingresé al pabellón de psiquiatria general en la Clínica Monserrat. Al principio no sabía quién era, no era sino otro de los muchachos bien acompañado de unas voluptuosas enfermeras que le daban de comer en la boca y le limpiaban los restos de la ropa. Luego, en una actividad de terapia ocupacional me senté a su lado y vi, con amargura, cómo a pesar de su cuerpo reumático y su poca movilidad ponía mucho más empeño y entusiasmo en elaborar las trenzas de papel que lo que yo podía, casi siempre dejando la tarea sin terminar para indignación de Patricia, la terapista a la cual ya yo había conocido cuatro años en circunstacias similares.

Este hombre, nacido en Caldas, aún a pesar de sus dientes rigurosamente asentados en los cauces de sus labios debido a la edad seguía despertando las pasiones de las mujeres. Recuerdo así mismo como doña Rita Strauch se apoyaba en su mano y esto generaba la risa de las enfermeras, las cuales le decían a doña Rita: "uy doña Rita cómo es de lanzada". Un hombre cautivante y encantador, aún en las penumbras del alzheimer que ambos sufrían, podía imaginarlo en sus años mozos, con su pelo bien engominado hacia atrás y su conversación intelectual conquistando los corazones de las bogotanas de medio siglo atrás.

A la hora del almuerzo su respuesta ante todos los platillos era un categórico "muy delicioso" o "muy bueno" para alegría del personal de comidas y las mismas enfermeras que se complacían de lo fácil que resultaba alimentar al paciente. Después de la hora del almuerzo iba hacia el jardin en el cual tomaba el sol junto su amigo Luis y con un radio de pilas empezaban a escuchar música. A veces, los domingos, se reunía con ellos doña Rita y entonces las enfermeras ponían rancheras que todos cantaban, como niños abandonados, mientras el sol calentaba sus cabezas.

Algunos días se acostumbra en la clínica a hacer la reunión comunitaria, que se pretende una integración entre personal y pacientes para resolver dudas o manifestar quejas o para hablar de un tema cualquiera que permita, eso, integrar la comunidad psiquiátrica. De estas reuniones son famosas las acotaciones de don Ernesto, un hombre que lleva interno allí desde la fundación de la clínica. Incluso se ha abierto un grupo de facebook en honor a él. Don Ernesto tiene un problema en la boca que hace muy difícil la comprensión de sus palabras, pero siempre deja clara su insatisfacción personal con el estado actual del mundo. ALguna vez una residente se burló de sus palabras. Luego se burló de unas palabras que yo dije. Después me vengué y le dije frente a toda la comunidad que era una niña ingenua que no tenía derecho a burlarse de las palabras de los pacientes, que como futura psiquiatra dejaba mucho que desear y que mi problema era precisamente ese, que como Ernesto, muchas veces el problema consistía en no ser comprendido, en ser burlado, por la manera en que se dicen las cosas, pero lo que se dice jamás lo comprenderán, porque entonces se echarían a pensar y seguramente pensar les haría daño. Desde ese día me hice amigo de Ernesto, igual ya era amigo del señor Gaviria que decía ser el partner de Ernesto. Entonces nos sentábamos los tres a la mesa y discutíamos sobre el estado del mundo, que para Ernesto no era otro que el de "decadencia" y este término tan hermoso se le entendía bastante bien. Ernesto pasa las tardes leyendo a Josemaría Escrivá Balaguer y su ética en el bolsillo.

También había allí un muchacho que estaba preparando su tesis de filosofía precisamente en la discusión de la psiquiatria y la antipsiquiatria. Alguna vez en una reunión comunitaria una paciente se quejó de las pastillas que le estaban dando, que no veía el resultado después de 30 años tomándola y que se sentía igual de mal. Entonces el muchacho que estudiaba filosofía dijo un chiste que me provocó náuseas, dijo: más platón y menos prozac. Le respondí que precisamente lo bueno era más prozac y menos Platón, que Platón ya era suficiente para enloquecer el mundo. Así discutimos un cuarto de hora, él a favor de la postura de "la palabra", el psicoanalisis, el logos; yo a favor de los electrochoques, las pastillas y todos los químicos que sirvieran para espabilar el sistema nervioso. La conversación iba y venía, cada vez cada uno de nosotros sacando los argumentos más rebuscados. Lo que en principio fue una respuesta automática se empezó a acolorar más, el muchacho filósofo se cogía la cabeza cada vez que yo levantaba la mano para pedir la palabra y cuando él pedía la palabra yo empezaba a temblar como un demente. Hasta que una voz de ultramundo sacudió la sala con unas palabras que no pudieron ser más adecuadas:
- Esto es absurdoooooo

Era Danilo Cruz Vélez, quien desde una esquina había escuchado toda la discusión y ya, al igual que los demás presentes, no toleraba más bizantismos. La reacción de la sala fue de aplausos ante la contudencia de la frase de Danilo Cruz Vélez y el muchacho con el que reñía pareció relajarse y me dijo, a modo de confidencia: por eso es uno de los mejores filósofos del país. Yo también reí y no tuve más remedio que sumarme a los aplausos. El viejo siguió hablando, ya nadie lo escuchaba porque lo había dicho todo, él empezó a preguntar que dónde estaba, qué cuáles eran los distinguidos personajes que discutían y por qué decían tantas cosas absurdas.

Hoy que vi su foto en el periódico El Tiempo, anunciando su triste muerte, no le reconocí en la foto, seguro de sus años mozos. En el recuadro no mencionan nada del tiempo que estuvo interno en la Monserrat. Ya hace mucho había muerto para la mal llamada vida cultural del país. Nunca le vi visitas, pero las enfermeras me decían que lo visitaban sus parientes cada mes. Y cuando vi su recuadro, reconocí su nombre y todo el cuadro se me hizo claro una voz de ultratumba llegó hacia mí de nuevo:
- Esto es absurdoooooo

Fue la enseñanza que en lo personal me dejó Danilo Cruz Vélez. El Olimpo lo tenga en su gracia

Wednesday, December 10, 2008

Carta sin destino

Una cosa es cierta y tal es que cada vez me estoy quedando más solo. Acá en órbita espacial, a gravedad cero, el cuerpo y la mente responden de una manera sustancialmente distinta a como acostumbran en la tierra. Cuando era joven era uno de esos muchachos colgados a la música y su compañía me era tan imprescindible como el aire. Todos los momentos que consideraba fundamentales en mi vida debían tener por consiguiente un tema, una canción que justificara su grado de intensidad; en última instancia la vida dejó de ser tan relevante y sólo era un gran compilado de canciones, como un saco roto de canciones fragmentarias, inconexas, divergentes. Necesitaba escribir con música, bailar con música, amar con música, cenar con música, dormir con música: lo era todo para mí, entiendes Karlito? Sin sospechar era parte del archivo, otro conejillo de indias para la industria de la banda sonora. La idea era probar hasta qué punto una persona podía descascararse el cerebro al exponerlo a altas dosis permanentes del óxido de la música popular en cualquiera de sus acepciones. Luego, en las investigaciones de contraste, se concluyó que no sucedía el mismo fenómeno con las grandes piezas musicales llamadas clásicas, y en menor caso con la música antigua, los madrigales o las sonatas cortas para piano. Cuando pude comprobar la teoría -que de todos modos ellos ya comprendían- fui arrojado a las cloacas de la ciudad, sediento de agotar hasta la última gota de bar que encontrara a mi paso, con un craving nasal aplastante que me arrojaba hasta los escombros de las construcciones en busca de cantidades de cal para poder obstruir el olfato. En ese entonces morí para la música y tuve que vomitar oceánicas cantidades de acordes, notas, letras y atmósferas que pudieran involucrarme con los sentimientos musicales. Sucedía que era de noche, estaba encima del techo de un automóvil viejo, observando las estrellas y sentía de repente que el pecho se me dilataba y empezaba a golpearlo con fuerza, totalmente en contra mía, me arrojaba entonces con todo y yo al suelo y empezaba a luchar en contra mía, como un imbécil y apretaba las mandíbulas fuerte no fuera a proferir un ay y seguía esta batalla hasta quedar inconciente, sin más guarnición que mi propia imposibilidad de darme una certera muerte. Luego estaba en un camino destapado en una arteria rota de un pueblo ardiente y se me acercaba Alina y me decía: estás una mierda, chamo, te han engorrado el culo? El sol estaba a cuarenta grados y yo usaba esas mierdas de sacos de lana así que sudaba como un demente pero entonces le reprochaba a ella que jamás se fijara en un tipo que no fuera guapo, esa mierda de la inteligencia no contaba y finalmente tampoco yo era inteligente por tener cara de idiota. Todas las golfas del mundo saben que los guapos la pasan mejor que los feos. Sólo que no es un estado eterno y de repente a los guapos les sale barriga, calva, se llenan de hijos y problemas y están allí, sentados al frente de una tienda, observando las piernas de las morenas, recordando esos momentos de sexo que ya les son tan ajenos como a cualquiera que nunca los tuvo, con un aliciente tan pequeño que no le alcanza para volverse a recobrar. Ni siquiera mencionar qué pasa con ellas cuando las tetas pierden gravedad, los coños quedan colgando como trapos secos y la cara a fuerza de ocultar las lágrimas se agrieta. Todas las porristas baratas están destinadas a la soledad, pues al sólo desear a los chicos lindos y ganadores ignoran todo el mercado de veteranos desencantados y perdedores que quedan por explotar en las universidades y oficinas. Comencé a hacer maromas espaciales. Como consecuencia era apenas lógico que me llegaran toneladas de mierda a la casa como respuesta. Lo que se entiende como cronista del espacio. Al tomar en serio el significado de crónica comprendí que la agonía no era sólo una consecuencia material de mi insignificancia, llevaba años espesándose en las distintas esferas de la tierra. Publiqué mi vilipendiado reportaje: "Crónica de un universo terminal crónico" Instaba a la gente a dejar de reírse como una idiota, a parar los estudios en colegios y escuelas, a dejar de asistir a bailes, a no obedecer ni desobedecer a los gobiernos. Bajo la pregunta y respuesta: "Qué es lo mejor que puede hacer alguien que sabe que morirá mañana? Nada" descubría que mi artículo trascendía el ámbito de la crónica para volverse un manual del desaliento y la desidia. Yo también termino siendo una porrista barata destinado a la soledad. Como la más puta y la más boba, siempre a un lado de las fiestas. Una vez probé un artefacto que prometía "aplastarte hacia arriba". Dentro de sus múltiples bondades se ufanaban de escupirte culo arriba como sólo a los diablos les estaba permitido. Un aparato a propulsión con una seudoantimateria llamada depresión tácita. Medía tu nivel de jodidez y te llevaba a dar un paseo por las nubes hasta aplastarte la cabeza en medio de la presión atmosférica. Recuerdo que desde niño ya manifestaba este primitivo temor. Otro día que le estaba dando cachetadas a mi verga sentí un espasmo en la columna como si el líquido amniótico estuviera purgado en contra de gilipollas y pensé que el pequeño reptil estaba tomando ventaja de la situación. Alina no me volvió a hablar y supe que salía con un hombre menos guapo que yo, lo que es decir mucho, pero no me reconfortaba en absoluto ya que ella no me había brindado ni siquiera la posibilidad de enamorarla, de mostrarle el pequeño monstruo que se esconde en la coraza de la gran flema con ojos. Cuando la gente está feliz y tú estás amargado es horrible verles a la cara. Te parecen vulgares bestias que sólo quieren estrangularte. Pero cuando la gente está feliz y tú estás tan feo como esta gente algo sucede que logras entrar en onda con ellos, no obstante siempre tienes la soga en el cuello. Luego vino el globo espacial y observaba como una gran cola se desplegaba desde la tierra y en poco tiempo arrojaba a los hombres hasta más allá de la estratósfera, en una región que claramente se puede definir como extraterrestre. Lo quise probrar yo también, ya que la supuesta depresión tácita no había funcionado y sólo daba como resultado la fiambre de una horda de sujetos ridículos que antes de morir levantaban su oración a Thom Yorke y besaban sus discos fosilisados de Ok computer. La noche anterior al viaje en globo fui hasta lo de Grumos Bill y le pedí una prostituta. Cuando llegó la prostituta a mi cuarto, desenvainé mi navaja y poniéndosela al cuello le dije que hiciera su mejor representación de prostituta. Entonces se empezó a jalar el cabello y gritar y decir que no era puta, se desgarró sus vestiduras pidiendo el divorcio, afirmando que además yo era el primero de su vida y que me amaba como sólo una mujer podía amar a Cristo. Le pagué el doble de lo que correspondía, la aplaudí y la llevé a cenar a un restaurante de comidas árabe. Mientras se tragaba los kebabs con avidez le dije que me encantaban las mujeres con franqueza al comer pero las mujeres que comían mucho ya me daban asco. Pedimos una botella de whisky John Thomas y volvimos a la habitación; allí hicimos el amor borrachos y luego fui al baño a tratar de orinar pero la cistitis me lo hizo imposible, provocándome ardores imposibles, me arrojé al piso sucio del baño y luego vomité; me bañé y me acosté junto a ella, todavía tenía rastros de sudor en su espalda y se la besé. Ella me agradeció el gesto, devolviéndose suavemente, agarrándome de la barbilla y diciéndome: pequeña cucaracha duerme. Mientras ella roncaba yo sentía las lágrimas caer en mi cobija. Era la primera y última vez que estaría con ella y ya estaba de nuevo profundamente enamorado. Un defecto de carácter; no soy del tipo que busca chicas para acostarse, soy del tipo que busca chicas para enamorarse. Al otro día estaba en medio del globo del espacio. Desde las cámaras para la televisión me preguntan: unas últimas palabras para antes de su viaje señor Aguevado? Le contesto: No amigo, soy malo para improvisar y el habla no es mi talento. Sin embargo fueron las últimas palabras que el mundo conoció de mí. El cordón que estaba atado al globo no sobrevivió el dolor imposible de la atmósfera y sin un comando en cabina me condené a deambular por la eternidad en este espacio vacío tan cercano al planeta azul y sin embargo tan separado a él. Ayer encontré una lata de coca-cola flotando y recordé que tenía una novia a la que amaba con todo el corazón y solíamos sentarnos a tomar cocacola toda la tarde y mirar el atardecer como un par de idiotas. Entonces aparecía una estrella a la distancia y yo le decía: para ella estamos fritos. Ahora entiendo, Karlito, que cada vez me estoy quedando más solo.