Sunday, September 07, 2008

interior

Piensa en tu mente como una señal de radio con interferencia. A veces logras escuchar una voz, otras veces una canción que vagamente reconoces; te haces una somera idea de lo que está pasando en aquella frecuencia sin saber nunca su tema, si tiene tema, si realmente es una señal continua o puede ser que captes otras señales que a veces se atraviesan en esa frecuencia. Piensa en tu mente como que mente no existe. Las ideas no se tocan; se dice que existen como causa, porque gracias a ellas es posible realizar, "materializar", lo abstracto en lo concreto. Piensa ahora en tu gran arrogancia frente al universo. El hombre constantemente trata de lidiar con entidades a las que su razón no alcanza. La primera de ellas, su propio interior.

Ese hombre que me mira "inmerso" en el cristal, quién es el? De dónde aparece? Por qué devuelve esa mirada a mí, yo que lo miro? En sus ojos se revela una verdad incuestionable: él sabe quién soy yo mas yo no sé quién es él. Ese joven me devuelve la mirada con soberbia, como si siempre hubiese estado allí, donde yo jamás pudiera alcanzarlo. Estoy cansado, agotado, termino el turno de noche, otro día de mierda me espera.

Desde el instante en que decidí seguir viviendo, esto es, envejeciendo, cuando decidí alejarme de los problemas, ese día firmé mi acta de defunción. Invisible andaba por el mundo, sin hacer daño a nadie, sin meter la pinga donde no corresponde, como caminando muy erguido por donde no se puede uno desviar sin correr el riesgo de hacer volar el sombrero. Jugué a ser normal y lo intenté de corazón pero fracasé.

Siempre he considerado que la barba de un hombre lo es todo en su presencia. Nada me ha causado más repugnancia en la sociedad libre que aquellos lampiños que andan por el mundo sin vergüenza de sus mejillas lisas. Un maricón sin barba no es hombre, es una mujer cuya belleza no le fue correspondida. Mi barba es larga y firme como las fibras del mango. En mi barba se debate mi corazón que sabe que la historia de un hombre se lee en su rostro.

Vivía esta vida insignificante, y los chavales me decían: tu vida es un sueño. Tenía un apartamento hermoso en un bello barrio cerca a las colinas, donde iba cada mañana muy a las 5 a correr y llenarme los pulmones de aire fresco. Ya hace mucho de las otras vidas. Lo importante no es el dinero, lo comprendía ahora, el verdadero poder de un hombre radica en cuántos hombres están a su cargo. Y yo llegué a tener casi 150 hombres, todos dependiendo de mis decisiones, de mi temperamento, de si un día amanecía bien o si la noche se me había cagado con una golfa y debía desquitarme con el más muerto de hambre. Era un hombre de respeto que inspiraba la admiración y la envidia de muchos.

Pero no contaba con que las peores pesadillas que no me atrevía siquiera a soñar -pues incluso me obligaba a despertar para no verme con ellas- cayeran como suaves ráfagas de granizo sobre mis hombros. La cabeza no me daba para entender. El mundo hermoso que daba por hecho se volvía opaco y gris, como velado por el vaho de un duende maligno que se satisficiese con mi pena, y las certezas se volvieron interrogantes. Comprendí que el futuro era tan rígido como el pasado y alguien me contó que eso ya lo había formulado Einstein, diciendo que sólo con que alguien pudiera encontrar la manera de leer todos los elementos claves podría determinar con tanta certeza los eventos futuros como si de leyes físicas de impecable predictibilidad se tratase.

La mente es una cosa; la conciencia otra. Traté de comprender qué me pasaba. Por qué moría. Por qué esta grande tristeza se aferraba a mi corazón con sus dientes de cazador despiadado. Pensé en mil cosas pero no pensé en la muerte porque no comprendía qué(e) era la muerte. El cerebro no puede ir tan lejos. Llegué hasta la famosa instalación de Damien Hirst con el sugestivo título de the physical impossibility of death in the Mind of Someone Living(la imposibilidad física de pensar en la muerte). El ver a ese gran tiburón disecado allí, su exuberante volumen retraído en las profundas aguas de lo desconocido me llenó de lágrimas los ojos y rendido terminé arrodillado sollozando frente a los límites de mi razón.

La comunidad científica niega las bases de la muerte. Su premisa es ir contra el tiempo. Los mayores investigadores en campo de genética como en la biología, como el dr Roy Walford, se inspiran en esta certeza que, con tal arrojo, se atreven a predecir que dentro de poco la batalla contra la decadencia física estará ganada. Ahora se habla de la inmortalidad del ser humano. Se encontrarán las bases "culpables" del envejecimiento con el fin de postergar inimaginablemente las fronteras del cuerpo humano. El genio visionario Ray Kurzweil espera que en un futuro próximo, de hecho en el 2029 del cual predice -y Bill Gates lo reconoce como el científico con mejor alcance predictivo en cuanto Inteligencia Artificial-, podría pasar su mente a una computadora que no sólo pensaría como él, sino que de hecho sería él.

Yo no creo en una inmortalidad diferente a la que contemplaba Borges en ese hermoso cuento llamado Los Inmortales. Y quien conozca el cuento dudo mucho quiera llegar a ser uno de aquellos Inmortales, aún siendo Homero, aún siendo todos los hombres; por eso mismo. Sólo que no logro verme en el otro lado, porque en el otro lado ya no habrá quien vea y no puedo concebir que no exista un lado que no se vea. Su ser es ser percibido, como afirmaba el maravilloso obispo Berkeley. Cómo es posible entonces pasar desapercibido sin estar vivo? Se entiende acaso este grado altísimo de no-ser (comprendido en el no-saber)?

Ese hombre a través del cristal que ahora me observa fijamente, lo sé, es un ángel de la guarda. Próximamente estará por levantarse e irse. Ya no me volverá a ver jamás a la cara. Su vergüenza le obligará a bajar el rostro la próxima vez que lo busque, pues ya no estará. Ese hombre, ese joven, a través del cristal, "inmerso" en el cristal.... (que me observa fijamente como un cadáver asqueroso).

Tuesday, September 02, 2008

Abrázame

Me sostendrás en las noches? Brillantes serpentinas que son como claras frases de sentidos honestos dirigidos hacia un punto específico. Me sostendrás, dices, mientras me sueltas y me ves rodar abajo, abajo de la montaña en la que creía y pretendía estar, arriba, en la cima, arriba. Como sostener huesos sucios. Ser capaz de borrar el rastro. Entonces olvidar palabras. El alcohol se dice produce esta extraña enfermedad en el alcohólico que sabe lo que dirá pero en el momento de expresarlo algo como que se retrocede, algo como que se pierde y se desvanece; en las palabras, las palabras que nunca fueron dichas y se sabía estaban; pero no las palabras, el sentido de decirlo, sin jamás haberlo dicho y quedar sólo el silencio; y esta larga expiación, como un aire seco que se restó ante el freno del deseo trunco. Me dices, amigo mío, no tener tema y añoraría poder saber que no existen temas. Los temas son grandes como murallas infinitas clausuradas. El horizonte se cierra en nuestra angustia. 'El grito' de ɛdvɑ:ʈ mʉŋk no está como erróneamente se postula en la boca abierta sino en la atmósfera entera del cuadro; la boca abierta es la del hombre que devora el grito del universo. Su título original no fue 'El Grito' y es allí donde de nuevo se pierde la naturaleza de las cosas en su nombre olvidado. Su nombre original, el que le dio el pintor, fue Desesperación. Se dice que desde el muelle en el cual el personaje central del cuadro se detiene, y junto a él toda la agonía cósmica, se lograban infiltrar los despavoridos aullidos de las miles de mujeres del sanatorio mental de Christiania - nombre que recibía Oslo en la época de Munch-; entre esta legión de locas, la hermana de Munch, asilada allí, probablemente uniría sus berridos al de las otras mujeres, creando en el corazón del artista la atmósfera propicia para dejarse absorber por el ocaso nórdico de la angustia abismal y la impotencia de la razón frente a la ruina moral de la pretendida honestidad lógica de los acontecimientos que sencillamente se deshace en moronas en los rostros que se desfiguran constantemente por este terrible azotamiento de las todopoderosas circunstancias. Llevo una tristeza imposible, capaz de derribar un ejército de hombres, los mejores hombres, y de héroes, los más invencibles héroes. Pienso en Silicio Ramírez con gran anhelo. Ese modo de ser un artista abocado a la indefensión. Entendió, tal vez como Marcel Duchamp, que en el corazón del arte residía el gran secreto de desprender las cosas de su dimensión dada y la esencia de los objetos estaba cobijada precisamente en su no-lugar. Pero tal vez Silicio no tuvo la certeza de apoyarse en un discurso, como el artista francés, sino que él mismo, procedente de otra dimensión, era su propio remake, instalándose en los no-lugares en que su cerebro transgredía contra el vicioso y cínico impulso humano de pedir explicaciones. Albert Einstein hablaba de su misticismo como una "religión cósmica" que consistía en la admiración por la belleza del universo y, al tiempo, en una desbordada y ciega fe en la razón humana que pudiera comprender las leyes físicas que regían a todo el universo desde el origen hasta su fin más remoto, como parte de su teoría de la unificación de las ciencias o teoría del todo. Esta predisposición a la admiración de la belleza del universo es la única capaz de convertirnos en hombres de ciencia y al tiempo en abrirnos el corazón a la poesía. Mi amiga me comentaba que le explicaba a sus alumnos la teoría que afirma que cada vez que perdemos de vista una partícula ésta aparecía en otro universo paralelo al nuestro, similar a la noción de quienes creen que cuando dormimos en realidad nuestra conciencia despierta en otra vida, en otro mundo. Sus estudiantes decían: sí, bueno y qué? La magnífica belleza del universo, la única que nos hace comprender que la belleza es infinita y que por ende nosotros somos miserables, por ser tan poco inteligentes para entregarnos a ella, es la misma si la percibimos a través de un telescopio dirigido a los confines de la materia oscura, o si nos hiere al ver el hermoso rostro de una mujer o un hombre -puesto qué somos nosotros si no otra forma de configurarse el universo?-, o contemplar el bello cauce de un río:
- Mira, fíjate qué hermosura! - dice la abuela a cada momento, yendo de una borda a la otra, y toda ella está radiante, dilatados los ojos de gozo.
A menudo, extasiada en la contemplación de la orilla, se olvida de mí; permanece en pie ante la borda, cruzadas las manos sobre el pecho, sonríe y calla, sus ojos están llenos de lágrimas. Yo le tiro la oscura falda floreada
- ¿Eh? -se estremece- Me he debido quedar traspuesta, y estoy soñando.
- y ¿Y por qué lloras?
- Esto, querido, es de alegría; de alegría y de vejez- dice sonriendo-.
M. Gorki, Mi infancia.

Esta admiración por la belleza pura del recorrido esplendoroso de un majestuoso río implica una cierta ingenuidad. Una cierta estúpidez. La abuela de Gorki, como se puede apreciar en la novela, no era la mujer más sabia del mundo. Y sin embargo, era la mujer más sabia del mundo; ella era la vieja Rusia; la que le arranca en lágrimas el corazón al poeta "mal negocio". El primero de esos hombres...

Tú y yo y mi amigo silicio, no tenemos aquella desbordada fe en la razón humana. Nuestro sentido de "religión cósmica" surge a partir de una fe ciega en la fe humana. La fe no se explica, la fe no se soluciona; la fe no llega a otra parte que desde donde parte. No pretendo explicar al necio por qué nacimos muertos y por qué nuestra tristeza, como el reino de Jesucristo, no es de este mundo.

Qué espero? -y esto no te lo digo a ti, mi buen amigo, sino a otros lectores- Espero que la persona que entre a mi blog no se vuelva un lector tirano como el personaje de Kathy Bates en la película Misery, basada en la novela de Stephen King. No me juzgue porque mis escritos no le parezcan de calidad. Creo que la escritura muere cuando requiere de un certificado de registro de sanidad o aprobación intelectual invima. Esto es un diario de alguien que está perdido en una selva de palabras. Bien podría acudir a un auxilio, leer la cocina de la escritura de Cassany y aprender la estructura de los párrafos. Es decir, bien podría tomar de nuevo el volante y dirigirme a la cómoda carretera que las autoridades gentilmente nos han servido para recorrer los bellos paisajes del país de la escritura. Miles de mapas se han redactado con el fin de que no ofendas ni aburras a tus improbables lectores. Los conozco, los he leído y saben, me aburren. Por qué, porque no tienen fe. Porque son escupitajos del gobierno. Porque tienen un fin perverso. Porque te salvan de la locura, del aburrimiento, de la pesadez, de la oscuridad. Mi blog es una mierda, yo lo sé. A veces parece que andara en círculos, cierto? Que no avanzara. Que me perdiera cada vez más. Que me desaparezco en medio de la maleza, de la incomprensión, del caos; que no hay sino caos. Que soy como un auto que sólo acierta en encender pero que no avanza; eso es lo que piensas, eh. Es que ya ni piensas. El blog de Malédiction: un niño que llora. Lo que más me gusta de esto es que nadie comenta, que a nadie le gusta. Si le gustara al público, al colombiano, al bogotano promedio que se sienta en el internet y dice: hoy voy a entrar a divertirme al blog de Malédiction: joder, le metería la mano en el coño a tu abuela y esperaría que me acabaras a golpes con todo el gusto del alma. Si este blog se pierde en una maraña de ideas recurrentes, de quejas insoportables, de desesperación sin sentido, es porque seguramente voy por la selva tropezando, fallando. Me encanta fracasar. Apuesto a perder cada vez que puedo. Me gusta perderme. Me encanta aburrir. Pero sé que no apesto. Sé que no me vendo. Como reza la canción de stone temple pilots: I am I am I said I'm not myself, but I'm not dead and I'm not for sale.

Thursday, August 28, 2008

El caso de Jackie boy.

Mi nombre, como el de todos los héroes, es Jack. Jack Frustrations para mis amigos. Me llamaban el caradura de los Ojos Privados. Mi novia se llamaba Coral; apenas si sabía reir pero se consideraba una mujer feliz como cualquier otra. Era adicta a la cocaína y los videos de encuentros sexuales. Nada fuera de lo común para una chica de su tiempo. Karlizt Dietrik me comentaba que no sabía por qué a las chicas les gustaba tanto la cocaína. A Coral la conocí en una noche de amargura y soledad que me llevó a un sitio de striptease de los barrios bajos. Sillas metálicas bañadas en aluminio carmesí que como vectores homicidas te apuntaban al centro de la frente en medio de la penumbra en que el amarillo de la cerveza navegaba como tristes navíos condenados al naufragio en el absoluto de los sueños supérstites. Qué digo si ahora me encuentro muerto? Qué decir, con qué propósito conjurar aquella noche de ignominia silenciosa en medio de tanto ruido cáustico proveniente de aquellos dientes metálicos que proferían palabras al vacío del éter implacable de la crueldad de los elementos desperdigados en un sólo llanto universal? Este es mi punto o lo era, cuando estaba vivo. Aún buscando al viejo sabio, que vivía en medio de las alcantarillas y cloacas, con su rala cabeza todavía semianimal por los cabellos grises que le brotaban de su calcinada piel de ciudadano del infierno. Su pecho al descubierto, invulnerable a las terminales ráfagas de viento que sacudían edificios enteros y animaban a las almas purgadas a abrirse entre las grietas del asfalto en busca de un solitario caminante que se golpeara contra el pecho por el atrevimiento de haber nacido con un cráneo tan abierto y mutilado. Miro a ese vigoroso hombre, tan infranqueable sin importar su proverbial edad, la fuerza de la expresión de su rostro y el temple de los músculos de su cuerpo; en sus ojos una fuerza inauscultable reside y de su mórbida boca una sabiduría que habla a otras voces para una mente inabarcable. Es el aire de un dolor antiguo que se renueva en cada gesto de su ensombrecido paso por las calles y avenidas. Lo veo cargando un ramo de flores al punto ciego del barrio paria; quien se encuentra a su paso le rehuye y luego le olvida. Este hombre sabe los idiomas clásicos por una educación de dudosa proveniencia, es amigo de lo deshonroso sin que por ello su trono se vea aplacado por el peso de las miradas de los hombres. El río sigue su mezquino cauce de excrementos mientras yo observo allá a lo lejos un horizonte ajeno que me recuerda que en esta vida nada vale la risa ni la tranquilidad de los otros. Nacimos no para ser sosegados sino para experimentar al rojo vivo esta herida insondable de los tiempos que conjetura nuestra ilusión de los movimientos que se privan mutuamente. Pero esta es una historia de detectives que es preciso narrar desde un punto de referencia neutro, llamado mi voz impersonal, que sin embargo, como ya he demostrado, está muerta desde las raíces de sus esperanzas hasta su más tierna manifestación en palabras que se pretenden hilar la una tras la otra, como viejas claves de casos archivados que parecen sugerir un sólo enemigo sin revelarnos por absoluto el carácter de nuestra urgencia. Urgir las palabras para separarse de este cuerpo que sufre y es sufrido con su peso gravitatorio infernal de años sumados a años y espacios-lugares que se empeñan en rechazarte de una manera categórica en las determinaciones de un gran legislador que se han empecinado en demostrar que eres culpable del crimen que en realidad has cometido. Esta es una canción triste que una voz cantarina desearía dilatar para deshacer un auditorio compuesto de inválidos sociales. Coral estaba tan ebria que no podía diferenciar entre una pista de bailes y una sala de orgías en vivo. Hechizada por el ritmo de la música se sumerge en las olas de los movimientos libidinosos de los anónimos amantes; allí la brutalidad brota como una maldita hierba que devora todo punto de apoyo en el crujiente espacio. Látex y almohadas de plumas destrozadas en la mesa de sacrificios en que la piel se confunde con el cuero negro de las chaquetas que se razgan con la violencia de los impulsos ciegos con que los cuerpos se embisten los unos contra los otros: en una esquina una flema impersonal verde, tan familiar que podríamos ser nosotros, el ADN concentrado en este fluido, diseminado por anchas esferas de espacio desconocidos en un bordeamiento de sombra en que el rostro del hombre es una vulgaridad displicente contra la creación de esta angustia. Con mis años de experiencia en el campo de la investigación casuística de crímenes entre especies me atrevo a afirmar con toda seguridad que no hay otra ética que el que la bioética ejerce por dinámica propia. No existe un mayor culpable que el que sustenta el principio y el final de los tiempos junto al Tiempo mismo. Busco al viejo sabio y lo encuentro en las cloacas, arremolinado a su humilde fogata. También llamado El Viajero, se acerca por la vertiente inauscultable de la sombra y al oído susurra que se trata del viejo sexo. Un animal cuyas garras deshacen los vientres femeninos y obliga a corromper los anos de los marinos tras vastas extensiones de océano entre ellos y sus deseos. Me revela que mi misión se acerca a su fin. Nadie me creerá, dice, siendo un autista disfuncional, como me llaman en la comunidad. Coral no se reconoce. No sé cuál pierna es la de ella o si este brazo amputado fue el mismo que me abrazó en las galerías de la ciudad mientras contemplábamos los inflexibles rostros Man Ray de las muñecas que respiraban en el puerto la fragancia de un universo expirado. Pero llegaría hasta las últimas consecuencias de este código asesino que se inscribía en las voces lujuriosas que llamaban a la satisfacción de los órganos groseros. Arremetí primero contra el Sargento Dietrik, llamándole mentiroso infame. Me expulsó a patadas de las oficinas del Consultorio Ontológico Inc. En las cafeterías de San Victorino diseñé mi plan maestro. Pero para ello necesitaba de un ufólogo ferviente que hubiera registrado contacto de alguna manera. Lo encontré en un ancho descampado de la ciudad. Su muro de los lamentos. Toda roca es una buena manera de llorar por nuestra forma en que nuestra vida se organizó. Solos? Solos. Necesitaba al señor Silicio pero sus líneas fueron cortadas. Encontré la muerte. Coral como un maniquí inflexible que respiraba lo último de las extrañas fragancias de la noche. Ellos cantaban en la primera luz del día. Esto yo lo vi ya estando muerto. Por qué cantaban? A quién se levantaban estos madrigales cantos?


Boomp3.com
Tengo polio:
letras virgilio barco - nancy reagan
música:
la nueva división
www.myspace.com/lanuevadivision

Saturday, August 16, 2008

incluídme en tus rezos, que yo en mis masturbaciones pensaré en tu cabeza rubia

Me temo que no está en lo todo cierto, en su informe, mr Krüopinger. Sentir la diferencia. Recuerdo la primera vez que la sentí brutalmente con toda su fuerza. De la simon's house al sprawl donde me alojaba quedaba una escuela, una iglesia y un centenar de casas clásicas americanas que erguían como penes patriotas las banderas de los surcos estrellados. Ese día nos recibieron con gran profusión de abrazos, buenos deseos, un desayuno mediocre que consistía en una taza de café y un muffin. Ya en la tarde me había separado del grupo de cadetes Kerberos 77 y pedía cerveza a la mesera pero no encontraba a mi mesera, como dice la canción de Tom Waits. La primera expedición latinoamericana que debía despegar desde Cabo Cañaveral me cogió en pleno mono del componente Krüopi & Allien. Malditos colombianos, escuché decir al agente Castaneda, todos unos drogadictos. Acaso no me bastaba con sus muffins también debería sentir anhelos de anneke?
-Oh qué tenemos aquí? me dijo entonces Mario Iguarán, mano derecha y culo fiel de Castaneda- Si es un anhelante a escriva en plena órbita de Sirio 1.

En las iglesias se congregaban los padres de la nación en sus grupos de oración para rezar y combatir la decadencia del mundo. Siempre me ha interesado la interpretación bíblica desde que se descubrió a la gran ramera fumando en una esquina de Io en la expedición Apocalipsis How. Había bebido la mitad del bar y me habían sacado a patadas porque me había apropiado del omniplayer cinéstesico con música de los tempranos 90's. Caminaba a mi barrio de negros, no en busca de mi angry fix pero semejante, y me encontré con el grupo gospel de los 1000 días. Recuerdo haber entrado. Interrumpiendo las plegarias. Se me acerca un hombre de bigote rubio y me pide sentarme.
Me pregunta: de dónde eres criatura perdida?
Oh mi casa no tiene nombre, no hay modo, igual era imposible salir intacto.

Me sienta en el centro del grupo. Es el día juvenil. Una docena de ojos adolescentes y curiosos me recorren el cuerpo con la vista a manera de escáneres. Siento cómo se detienen esas miradas en mis tatuajes, preguntándose qué significan, cómo se detienen sobre mi piel morena y tostada, cómo repasan mi pelo como si estuviera lleno de vicio todo él al igual que yo. Me interrogan sobre Dios. Acaso he leído la biblia, sí, no la biblia literalmente sino del modo en que ellos lo hacen. Tengo que volver oh sí, sus cabezas rubias son generosas en recibir a las criaturas traviesas del señor. Estoy seguro que rezaron por mí aquella noche y sintieron repudio por mi lugar de origen. No ocultes el miedo bajo la sombra del odio. Yo les pregunto a qué se dedican. Por qué no cantan? Quería celebraciones, tal vez estaba buscando otro tipo de iglesia y di con la peor cuna de serpientes en el centro del estado más conservador, ignorante y claramente idiota de los Estados Unidos. Por qué no nos arrodillamos ante el ratón que nos promete un mundo de fantasía? Oh dios, te suplico porque el mundo no se vuelva del tinte Disney.

Se me deportó a los tres días a Bogotá a un centro de desintox para astronautas estropeados. No me recibieron medallas, ni aplausos. El dr Aldars sacó su risa socarrona desde donde no la tenía. Nos volvemos a ver viejo. Qué tal esta nueva recaída, eh?
Mal, herr doktor, pudo haber sido peor, más divertida.

Sunday, August 10, 2008

el mundo se torna fugaz y fantasma

El mundo se torna fugaz y fantasma. Recuerdos como todo el mundo tengo, abundantes en belleza y melancolía, melancolía entendida como la imposibilidad de retornar a casa. Ahora estoy a flor de piel ante este nuevo asalto de la memoria. Recuerdo que tuve muñecos, paredes, padre y perro. Un mundo real que se fue cayendo a pedazos donde quiera deseaba descansar la vista. Era joven y el mundo era grande; no conocía las calles, la gente que me rodeaba tenía nombres tan curiosos como las plantas, podría reir con tanta fuerza como llorar y el llanto me venía a bien; conocía el modo de encontrar las lágrimas al interior de mi cerebro y ordenarlas que salieran, con ellas controlaba. No era bueno con las palabras; no podía decir Gabriel sino siempre Grabiel; así no es niño, no sabes hablar; no podía decir triste sino tistre; así no es niño, no sabes decir triste.

En la época que escribo la gente iba a los centros comerciales, soñaba con salir de la pobreza, se miraba ante las fotografías de la publicidad pretendiendo reconocerse en alguno de esos gestos. En esa época la gente iba a sitios llamados restaurantes a comer suculentos platos y soñar con el día en que todos los almuerzos fueran tan sabrosos. En la época que trato de explicar me venían los recuerdos la gente tenía tanta capacidad adquisitiva que podían elegir a su antojo la ropa de manera que pudieran expresar algo, identificar algo.

Mi padre trabajaba como productor en una pequeña empresa fílmica que había montado ante la imposibilidad de encontrar un empleo tradicional y de esta forma se escondía para poderse humillar con más desfachatez ante sus colegas que lo veían como una persona sin talento ni inteligencia. Él también vivía para el sueño y solía escribir largos guiones sobre historias de amor urbanas. Él se sentaba en los cafés, pedía un vaso de agua y me decía que algún día se iría lance en ristre contra todos los cineastas luego de haber recibido las mejores condecoraciones y reconocimientos de sus pares; trabajaba duro para ello. Yo no entendía pero tenía un padre a quien amar y un perro del que cuidar.

En la televisión empezaron a matar a la gente. Sobretodo a la gente que conocía mi padre. Mi padre se sentaba y decía hijueputa y luego se perdía al interior del patio. Mis muñecos me miraban tan absortos como yo había quedado. Mi padre no conocía mucha gente y nunca nos visitaban mucho. A veces solía encontrarlo borracho hablando sobre el porvenir de la industria y el papel que él jugaría. Decía que serían tiempos de renovación, de conciencia.

El día que mi padre le dijo a mi madre que se volviera puta él me cargaba en sus fuertes hombros y ella le tiró un zapato a su ojo. Le sangró y tuvieron que llevarlo al hospital de urgencia. A la semana mi madre se prostituía. Al regreso por las tardes me traía dulces, se sentaba frente a mi padre; él por lo general estaba tan inconciente que se sacaba la polla y la obligaba a chupársela y yo presenciaba el espectáculo con una barra de chocolate entre los labios.

En esa época los niños teníamos juguetes que correspondían a la cartelera de cine. Yo tenía al obeso Maco que resultaba muy gracioso junto su compañero, el genial marciano Roye. Me gustaba defecar y untar de mierda mis muñecos. Luego en clase la maestra me pegaba con la regla en la cabeza porque no sabía escribir bien el dictado. Me decía que debía escribir de una forma amena, clara, entretenida y sin adornos. Yo tenía una casa y unos muñecos y unas paredes y un padre y un perro y no he hablado del perro. El perro se llamaba catalino y vivía en el patio del inquilinato. En el patio del inquilinato una chica llamada Bica fumaba marihuana y culeaba con su novio. A nadie le gustaba que un chico andara cerca de Bica. Pero Bica tenía una risa dulce y extinguida. Me decía que yo era como un noble enclaustrado en el cuerpo de un bobo. Me gustaba la manera tan solemne en que me decía que los sueños de la infancia eran un turrón de azucar. Yo me escondía debajo de mi perro y veía como Bica se besaba con su novio de cabellos largos.

Hace unos años la gente se reunía y discutía sobre las palabras. Era una manera de reafirmar la clase. La gente que usaba palabras ostentosas era por lógica dialéctica gente vulgar. En cambio, decir las cosas con palabras que se consideraban corrientes era de clases educadas y altas. No decían cabello los ricos, ni tampoco rostro. Ni decían sueños argentados. Ni decían hambre apabullador. No decían hasta luego, decían chao. No decían hola, cómo estás; decían quiubo, todo bien. Ay la profesora me pegaba unos reglazos en la cabeza. Ay los muñecos apestaban a mis propias heces fecales. Ay la Bica me decía: chico te molestaría recoger el vómito de tu perro?

Yo supongo entonces que las paredes no me necesitaban, tampoco mis odiosos muñecos embadurnados de mi propia mierda, en ocasiones de sangre, en ocasiones de llanto, porque lloraba mucho, como una soberana marica, lloraba mucho por mis sueños argentados en un mundo rudimentario. Mi padre tampoco me necesitaba porque me pegaba con su bastón en las pantorillas y decía que no había nada más desagradable que mis pantorillas y mis raspadas rodillas, ni mi flacuchento culo que no se molestaba en tirarse pedos y llenar de pedos la habitación y ser tan ordinario que eran pedos sigilosos y callados pero de un olor impregnante, que terminaba por destruir todo, entienden, destruían todo esos pedos, en primera instancia mi nombre, luego mi carne, después mi vida y terminaban por destruir también las paredes y a mi perro catalino y a mi pobre padre que no soportaba mis insoportables pedos.

No diré que el big bang sea el producto de un pedo de un dios de la antimateria estúpido tal como lo soy yo pero sería bonito que lo dijera alguien con credencial científica o teológica para que la gente dijera que se trataba de una teoría revolucionaria en el campo del entendimiento del cosmos. En cambio yo soy lo suficientemente idiota como para decir que el big bang es producto de un pedo de un dios idiota y la gente se aburre pronto de esas salidas en falso, esas suposiciones erráticas y de todas maneras fáciles de ver las cosas. En todo caso, quién no está aburrido de este blog?

Con el tiempo descubrí gente que sabía tirarse pedos. Me decían, oye, gaznate de alimaña, he aquí mi motocicleta. Y entonces recorrían todo el salón con un prolongado pedo que uno se preguntaba cómo era posible retener las heces dentro soltando tal cantidad de reverberación en el trasero del muchacho. En esta época ya todo se había acabado. El universo sobre todo. Yo vivía en un recuadro de sobrevivencia que habían mantenido algunos humanos frente al duro invierno de la venganza azotada por las constelaciones en las palabras de los hombres. Le interesa algo? Para su conocimiento todo ahora es duro. Ya no existen mujeres con las que los hombres puedan soñar. Los trabajos son básicos. Prender el fuego, chupar orificios de anos enfermos. La carne reseca resquebrajada con los fuertes vientos huracanados es una tira de dolor no más que sostiene hambres apabullantes. Yo recuerdo la atmósfera azul, los sueños, la esperanza, a mi pobre padre, a mi perro, a la Bica. Todos hicieron parte de lo mismo.

Y sobreviví yo que soy un tarado entienden. EN mi edad adulta hice un blog y no lo leía sino gente muy estúpida, era divertido porque lo leían para aburrirse pronto y decir: saben, yo puedo escribir una mejor mierda que eso. Le hablo de blog y usted no sabe ni siquiera qué significa muerte. La existencia obedece a aquella desolación abrumadora llamada tiempo. Pero el tiempo no es uno sólo como no es uno sólo quien se encuentra solo sino que es más que una aniquilación acompasada de murmullos internos. Y el tiempo que no es solo tiene su tiempo así como la muerte que no es solo una contiene su muerte. Al tiempo lo componen una simultaneidad y una corriente de tiempos que hacen posible que el tiempo se extienda y se olvide así mismo llegará el día en que en nuestra dimensión el tiempo evolucione al nivel del tiempo de las partículas y tampoco sepamos reconocer el tiempo como vivir en él contrariando su curso. La palabra tiempo carecerá de tiempo, es decir de sentido. La muerte debe componerse de un nacimiento llamado así mismo una extensión de muerte que expresa diferentes niveles y cursos de muerte en el marco de la muerte que ya no es la muerte que comprendemos como la bendición que sierra las voluciones sino una fatiga que devora los pasos que anduvo. La belleza es un dolor incomensurable que nos obliga a aspirar esta muerte y cuanto más nos duele más sentimos esta vida chocante en contraposición con esta agonía infinita que se representa en lo inconcebible. La belleza es infinita y el dolor que produce no aprehenderla nos conecta por dialéctica a la vida que debemos abortar en nuestro propio seno arrancando toda arteria que brota y vuelve a aferrarse al corazón. Ahora, esto no es un blog, esto es una manera de tornarse fantasma.

Monday, July 28, 2008

alteridad del universo en sueños

El estudiante cae encima de las viejas tapas empolvadas de los gruesos libros de física y matemáticas que lleva estudiando por su propia cuenta durante semanas y que lo han alejado de la atención primordial que debe prestar a los exámenes y trabajos para responder ante la universidad. Esta vez acuden los mismos sueños, una y otra vez, esos mismos sueños en que los paisajes intuidos de una ciudad conocida se confunden con atajos de miedos y horror que lo paralizan frente su escenario familiar pero retorcido que parece dar la impresión de haberse perdido nuevamente en unas circunstancias obvias que lo reducen a la imposibilidad de encontrar respuesta en el único espectro que las hay, es decir, dentro de sí mismo. De dónde surgen estos sueños? no lo sabe, a pesar de su vivencia casi objetiva. Camina por un vecindario aledaño a la pensión donde habita en Bogotá, por sus escombros nocturnos, de repente cruza una esquina y se haya saliendo de unas colinas que bordean la frontera de la ciudad, sabe que no puede pasar por aquella calle estrecha y destapada que tiene a su frente y prefiere seguir la carretera de la gran avenida llamada Circunvalar; allí pregunta el modo de volver a su viejo vecindario y un hombre le indica una ruta que debería ser segura; unos pasos más encuentra un viejo billar donde rudos hombres beben cerveza y escuchan música; no sabe si confiar en ellos, tienen ese aspecto de resentidos que ya no se preocupan por la vida del desprevenido. Es un viejo paradero de flotas intermunicipales varadas a mitad de la noche y camiones de carga que no despacharán sus encargos hasta un par de meses; esa luz amarilla y sucia de orines contaminados impregnan el territorio que no da lugar a una salida con vida sin preocupaciones. Se despierta aún sintiendo el frío del conocido espacio. Cuando recuerda lo que soñó comprende que no es la primera vez que se enfrenta a este panorama desolador, su corazón se desgañita como una esfera de la realidad que se quebrara ante el encuentro de los ojos de un viejo espanto que se despertara para tomar aire. Entra al computador y allí permanece un buen tiempo distrayendo sus preocupaciones con las páginas de pornografía gratis que ofrecen los servidores piratas de la Universidad. Un gigantesco negro atraviesa con su erecta verga el trasero de una puta rusa que se relame ante el lente de la cámara digital. El estudiante escucha black metal y se rasca las pelotas mientras la escena lo termina de excitar por completo y pretende parar de analizar la naturaleza verídica del órgano del actor y piensa en los ensayos escritos a partir de la diferencia entre las cualidades de verosímil y veracidad en la literatura de fines del siglo XX. "Si quiero escuchar a la jodida Callas me gustaría hacerlo sin necesidad de tener que escuchar una maldita guitarra eléctrica estropeando su voz; si quiero escuchar a Motörhead detestaría castrar a Lemmy y cambiarle su melena por un peluquín victoriano". Comprende que entre más sabe más debe cuidarse de los viejos miedos que acosaron a sus antepasados. No son supersticiones vanas que arropaban las creencias ignorantes de pueblos salvajes que aún no estaban iluminados por el halo protector y soberano de la razón y la ciencia universal. Estas preocupaciones le atacan como lanzas de incertidumbre desfalleciente que no le dan la opción de respirar. Es porque no existen evidentemente tales cimientos de claridad y aspiración racional del comportamiento del universo que se puedan comprender en los límites de una lógica alumbradora de explicaciones predictivas desde un caldo de cultivos de bácilos olvidado por los creadores como lo es el planeta mierda, es decir, el planeta tierra, planeta de visiones y divisiones. Pronto se aburre de ver el brutal porno que le reduce a la condición de antigravedad que sustenta los movimientos mecánicos de la gente diestra en el acto de copular. Se esfuerza por olvidar los miedos, por olvidar las propiedades que se desconocen de la materia y de la energía, por no hablar de las propiedades de la antimateria, olvidar el por qué parece abundar más materia en el universo que rastros de antimateria y otra vez volver a la conclusión de que nada se puede derivar desde este rincón de absurdófagos que sueñan con una mejor vida en otro espacio-tiempo que derivara en el olvido de la conciencia, núcleo doloroso y hostil de todo escape a medias. Una colonia residencial edificada hacia lo alto, conectada a través de ascensores, pasillos y pasos deslizantes. Finalmente el estudiante encuentra un sitio donde habitar. Es pequeño, sin embargo suficiente. Una cama para una persona, un televisor al frente, una mesa de noche y un escritorio al lado que contiene un block y un lapiz para escribir. Todo lo que necesita por el momento. En la terraza construcciones metálicas de arquitecturas similares a las del artista Erick Van Egeraat se alzan con formas que simulan derretirse ante un ocaso estival de dimensiones épicas como las representadas por El Bosco. De nuevo la ciudad ha sido todo lo que ha tenido entre sus ojos. Nada le maravilla y es otra hormiga dentro de la gran maquinaría alumínica que le rodea. Pero su corazón cismático sigue perteneciendo a las galaxias en colapso. De nuevo el atajo que lo conduce al desvío. Mitad roca caliza, mitad sugerencias de un bosque mutilado. Leña y troncos calcinados a su camino, volver a caer y levantarse apoyado en un saliente de roca que podría ser sedimiento de huesos porosos. La grieta al interior de la espesura finalmente llega a un descampado. He allí un viejo restaurante. El sabor de gasolina en el interior de la tráquea se hace imposible, como si fueras un ser para el nitro. Estúpendo día para comida en campiña. Los hombres llevan pedazos grandes de lomo y canastas de cerveza para regocijar su apetito; es que el apetito de los hombres buenos es insaciable. Para llegar a ellos detrás de la cocina es necesario pasar por donde los suministros de abundante comida. Es carne sembrada que nace desde el mismo interior de la greda. El cerdo cuelga en sus iluminados ganchos por su propia voluntad. Pronto empieza a atravesar por sus pieles lisas. Una piel tan noble que podría ser humana. Un cerdo que cuelga agarra una sierra y empieza a mutilarse sus propias extremidades. Es interesante ver la maestría con que se amputa una pata; ahora es necesario ver cómo se las arreglará para cortarse la otra. Desde lo que en el hombre se llama el omoplato empieza a cortar con la sierra y sube -hay que ver que está colgado patas arriba- hasta el bajo vientre. La sangre brota y abre un camino para que del interior del alimento surja su interesante composición llena de tripas, órganos y coágulos de colores rosáceos y vino tintos. Las trompas de los marranos se vierten en tarros de plástico y metal que se despachan de inmediato a los grandes calderos donde los hombres esperan bebiendo de sus cervezas. Es como si se comieran entre el uno y el otro-vecino sin mayor interés que vaciar la lata de cerveza de sus manos. De nuevo encuentra su lugar y esta vez podría llegar a su hogar, de este inmenso paisaje que mejor conoce, pero entiende que está atrapado entre la espuma que nace de la sangre que brota de los cadáveres mutilados. La espuma del universo que te permitiría atravesar vastas dimensiones universales tal como lo comprendieron Einstein -Rosen. Es cierto que no llegaría a su lugar panorámico donde podría apreciar la muerte del universo devorada por las aguas oceánicas de un mar que no pidió nacer. El estudiante es terrible, es terrible. Otra vez este familiar sueño de deambular por una ciudad cuyo nombre conoce y en cuyas calles se podría pasear toda la vida. Pero la vida que él comprende no existe, es parte de un sueño cuyo despertar ha llegado como una tábula aplastante de vidas no imaginables. El cerdo se detiene en sus ojos y sin miramientos se orina en la greda desde la que nace. En esta espuma de pavor ya podría volver a verse con la inocencia de sus ojos cuando niño. Un atardecer en el que se quedara fijamente contemplando el infinito azul desde el porche de la casa de su abuela en esa calle sin pavimento pues no se requieren cimientos para esta tristeza. Las lechuzas zurcan los cielos nocturnos como si conocieran sus nombres. No existe una muerte a la que esperar siempre que esto no es más que una espera. Las estrellas, un presagio de la muerte que alguna vez lloró invocándolas. El contacto se ha realizado en el desasosiego interior de una noche velada con la ventana clausurada. Las propiedades de la materia que desintegraron a los dioses. Una energía negativa reposada sobre el ronquido del estudiante que golpea sus libros en sueños y sabe que antes antes antes antes antes antes.... antes estuvo acá. Ahora se encuentra nuevamente en sueños y se pierde y es cuando recuerda las imágenes dolorosas provenientes de este delirio, pues no sabe a dónde tomar luego de haberse reconocido en quien vive el sueño que él no recuerda haber sido alguien que se acostó, sudando, preguntándose por qué el universo está adentro de su totalidad de subátomos.

Sunday, July 13, 2008

friend of me



Ahora que los lazos se han roto completamente, a pesar de que las palabras se encuentran de vez en cuando, pero el lazo se haya podrido de tanto uso, del trajín de tantas manos puestas en este lazo, decido escribirte por este medio; pues tengo la seguridad de que sigues visitándolo así sea para confirmar que ya no escribo en él, o por morbosidad de que algún día como hoy pueda soltar mi mierda y decir: ahí está el maldecidor pintado; porque la sustancia no es cómo maldecirlo sino tal vez cómo lograr no decirlo en absoluto pero es un imposible ese silencio en él, eh. No parar de escribir y de expresar cosas aún cuando nada se exprese en absoluto en este influjo deseado habilitado en desarrollar un suprematismo absurdo en que el propio contenido niega el fondo o viceversa o no reversa o vista inversa o travestido verso o travesti versado o ni lo uno ni la posibilidad siquiera de lo otro así pues un jamás. Qué es eso que no quiero decirte? Con tanta claridad poder decirlo y tú conformemente cerrar tus ojos y responder un no como si habláramos un mismo idioma, como si nuestra carne fuera la misma y si nuestros ojos pudieran ver lo mismo y así entendernos y poder comunicarnos de una forma tan transparente como la leche de camella y de esta manera tú poder negarte a aquello que no sabes de mí pero que en la ilusión de unas palabras precisas no pensar otra cosa que tu deseo, no pensar otra cosa que tus manos estrujando mi cuello, no pensar otra cosa que tu soberanía sobre mi territorio, tu manera de torcerme el pescuezo y verme asifixiar en este amor tan inexpresable que ojos muertos se resisten a parar el llanto. Sé que eres una mujer muy lista. Tan inteligente que este país realmente no te merece. Mis problemas son nimiedades para una mujer tan interesante como tú. Con claridad contemplas lo primordial y sabes qué es lo secundario; de esta manera me estrujas y me tuerces el pene como si no tuviera memoria, como si se parara por su propia voluntad y mis ojos que lloran en mares ya no te importaran porque para ti es como si ya los hubieras visto. No sientes las lágrimas que caen sobre tus músculos rígidos mientras me aprietas el sexo con tu vulva caníbal, una vulva con dientes de animal que me destroza el sexo con la legitimidad del veredicto de que mi carne es de la misma materia que la tuya. Una vulva tan categórica no se merece a un sujeto tan escurridizo como yo; alguien que no tiene la decencia de decir las palabras que tiene en la punta de la lengua. Yo soy un sujeto tan puro y beato y tú eres una romana que se divierte mientras me devoran los leones o acaso el fuego de mi propia pasión. Porque sabes que nací para el sacrificio. Te diviertes mientras tu látigo de cuero lacera mi carne porque para ti es como si también se rompiera en jirones tu propia humanidad, tu propia compasión por la debilidad que es lo que más desprecia tu lúcido juicio en tu proceder con los otros -que de alguna manera se comprenden en tu ser natural-. Es imperdonable que pierdas un minuto de tu atención en cosas que no son de un interés primordial. El futuro que se proyecta en tus prematuros años es vasto y no merece desperdiciarse en un ser repulsivo que no dice, que no puede exclamar lo que se le ordena que vomite. De vuelta en el transmilenio de aquel día que te dije adiós sentí un estremezón de una naturaleza tan extraña que supuse que estaba enfermo. Esa noche me levantaron sueños terribles; la gente caía sobre los edificios; su grito aún al mediodía, ese grito que se quedó sellado en mi memoria. Supe que mis días en el planeta eran cortos y supe que nuestra carne era de una materia tan distinta que todas nuestras oraciones no habían sido sino malentendidos. Es la hora en que los terribles sueños aún siguen perturbando, como una ventisca de invierno para recuperar el verano en que tu cuerpo me es necesario como expuesto a una infinita jornada en el desierto y tú un espejismo que me obliga en su ilusión de negar la existencia de todo posible desierto en mi corazón y la carencia de sombra ante este sol que petrifica toda palabra posible. Por qué el todopoderoso nos creó del lodo y no de la arena, simple arena? Así me desmoronaría y la marea lamería mis dolores arrastrando hacia el olvido toda la pena que me posee y me estremece, como invadido por extrañas intuiciones de otras posibilidades expresadas en el jamás. Si lo digo sería tan banal su traducción en tu maduro cerebro que sentirías lástima de mí al no poder confesarlo. Pero me abstengo de su revelación no sólo por no sentir tu pena sino porque soy incapaz de alguna vez ponerlo en palabras humanas que tú pudieras entender fuera de ti misma; es decir, palabras que no pudieras comprender sino siendo otra. El beso de la mortalidad ante el infinito de un azul celeste que nos contempla sin reparo en una misma condescendencia despectiva. Cuentos, historias, fábulas, mitos y leyendas. Duerme de esta manera. Que no te asalte un sueño que no sea una ficción intencional. Crees que nunca me perdiste porque de alguna manera aquí sigo. No trato de hacerte ver las cosas mejor de lo que tú puedes, nadie podría; tocaría hacerte ver las cosas de la peor manera para que pudieras imaginar el cómo se resiente mi cerebro al escuchar tu voz diciendo que tienes una mejor vida. No me perdiste, como siempre tienes la Razón; recuerdo cómo reíste ante la anécdota que te conté de la mayoría de niños que se despedían de sus heces fecales cuando bajaban la cisterna.

Sunday, June 15, 2008

luz baja

Esta es la hora en que no he escrito una sola palabra. Su vida una distancia considerable. Como una estrella que observara a lo lejos de mil millones de años luz. Siempre se dijo que para él la escritura era un acto más espiritista que literario. Toca remontarnos seguramente a aquella visión matinal de muerte. Desperdicio de teléfonos celulares titilando a la mediana luz azul de la reciente alba de pesadillas en el interior del horizonte del cuarto cerrado. Cómo se escribe sobre lo que no se sabe? Y sin embargo tener que escribirse. Ser su biógrafo. Debo hacer uso de una muletilla para expresar mejor lo que no siento, es así que digo: bueno, a manera de: bueno, es necesario remontarse a aquella conversación cuando le confesó... pero no lo siento; no porque no esté de acuerdo sino porque ese sentimiento ya se desvaneció. Así que nada como no empezar por donde se debiera. El sabor de su beso aún dentro de él, aunque ese sentimiento ya se haya desvanecido. La mañana de su muerte... vaya manera de comenzar, con la mañana de su muerte y se pudo terminar en ello, en la mañana de su muerte y vaya manera de terminar y vaya manera de ir y vaya manera de no decir nada y sin embargo ir al interior de lo que sólo tiene una superficie. De súbito se sintió feliz. Se encontró ríendo ante la carretera atestada de camiones de carga. Como menos que un idiota reía. El sol sobre la cabeza le achicharraba los pensamientos. Los ojos se abrían con avidez claramente revelando su estado de letargo en que no quería protegerse de los rayos de mediana tarde. La cerveza nadando en su cerebro, como si hubiese vivido toda una vida allí, al borde de aquella avenida, sin más preocupaciones que ocuparse del aire que emanaba de las grandes máquinas y llenar los pulmones con una risa que contenía todo el dolor de su desprendimiento con el mundo en la brillantez de sus dientes mientras brillaban al sol en una estruendosa sonrisa. Estas palabras son la idea de la correspondencia entre un comando que dirijo según oprimo a unas teclas que desaparecen en la oscuridad del escritorio y sin embargo nada dicen sobre él y la tarea aún se prolonga. Es mejor guardad silencio, no convocar los instantes llenos de gozo y de solacidad en que nos perdemos en medio de las rocas blancas de las estrechas callejuelas de una ciudad condenada para encontrar la manera de hacernos sentir importantes el uno al otro, cierto? Entonces las sombras nos huyen y los perros perezosos en sus casas deciden no reparar en nosotros y los loros nos saludan sin entender qué decir y el césped se levanta de la tierra para arroparnos en un centro en el que la dicha nos encuentra. Mejor guardad silencio, no entenderías, sencillamente no es tarea de un biógrafo explicar estos instantes. La idea de explorar sistemas solares la puede brindar el violar las dimensiones y todo está quebrado en nuestra idea de memoria. Palabras que no hacen mella. Si tu tristeza es escandalosa ellos querrán sacar jugo de ella y hacer parte; querrán apartarte del universo que has creado para habitarlo y envilecerlo; le llenarán de consignas y significados con el fin de cubrirte de mierda el vehículo de creaciones que habías montado. Como si te sellaran la segunda boca, esa única voz que creías incapaz de hacer callar, para hacer hablar a la otra que nace de los residuos digestivos. Y en ocasiones surgen a manera de lágrimas lagañosas. En el fondo de la mezcla de sal y porquería se erige un oso terrible que acecha a la aldeana vulnerable. Las tripas se me salen de un lugar que ya no es mi cuerpo, de la pantalla del computador, explotan las tripas y la sangre espesa y negra forma un relieve que si te detienes es un horizonte en un lejano campo, yo salgo corriendo a donde me arrastre y el viento sopla viciado allí donde me presto a caer desde los abismos de los últimos rezagos del paisaje empañado en coágulos. Las oraciones deben fracturarse en períodos que pretendan abarcar vida como si la vida se fracturara en aquellas oraciones fundamentales que marcan un ritmo narrativo en el fantasear de las pulsiones. Escribía la historia del escritor cuando las naves del enemigo interceptaron enterrado entre la bragueta y la carne de la verga. Salí bañado en sudor de miedo y el ronroneo asmático de los helicópteros me persiguió hasta las máscaras de sombra en los descampados de las vastas regiones desoladas de la ciudad. Haces de luz de color azul policía sobre las fibras impenetrables de los rumores diferenciados de una nueva colonia en sitio. En condiciones tan desesperadas un escritor sólo puede aspirar a la crónica roja que respalde el resultado. Crea tu error cuanto antes posible y de esta manera dirígelo a los torbellinos de voces que entrelazan como una fábrica de mierda de producción en masa . Allí están las palabras, las voces, los vocablos, las cachiporras sobre la cabeza. Y al margen las fábulas aleatorias de dedos que se destrozan al interior de las burbujas de los sueños. No llevo una palabra escrita sobre él pero él siempre estuvo metido hasta la médula de estas frases que me mordían el cuello poniéndome la verga erecta como una flor imponente en su hermosura aún cuando todo lo que restaba en el paisaje era muerte. Muerte junto su imposibilidad de llamarle vivimos un instante hermoso juntos.

Tuesday, June 10, 2008

Les bourgeois de Calais

Pienso que un artista es el peor trabajador del mundo puesto que pocas veces crea lo que se le encomienda, al obedecer otros impulsos y condiciones que el propio material artístico le impone como tema.






Les Bourgeois de Calais fue un monumento encargado a Auguste Rodin con el fin de homenajear un sentido específico de patria y grandeza en nombre de los seis mártires de Calais que se ofrecieron de voluntarios al monarca de Inglaterra Eduardo III para liberar del sitiamiento inglés al importante puerto francés.

Rodin se desprende de los ideales de nación y valores patrios que demandaban el monumento para retomar el tema desde el punto de vista humano; humano entendido como las posibilidades plásticas del carácter que moldea la carne en un momento histórico determinado. La potencialidad de llegar a traducir el alma de un hombre en cada linea acentuada de un músculo, en los contornos de la cara, en el gesto mismo del instante en que el hombre alcanza su plena realización en una épica de los cuerpos que se debaten entre la mezquindad de las circunstancias y la contención de la grandeza del espíritu.

El arte debe velar por el alma humana, por su salvación. No sirve a patriotismos ni a valores de la época. No sirve al egoísmo del artista y sí a la grandeza de su realización como instrumento de una voz que busca su expresión en el silencio de los gestos.

Les bourgeois de Calais es una serie infinita de reproducciones y representaciones de un instante de entrega, de amor por el otro y de sumisión a las fuerzas de mal; momento espectacular protagonizado por los líderes más valiosos de una comunidad en un momento crucial en que el pueblo se consumía en la enfermedad y el hambre. Desnudos, humillados, a cuestas con herrajes vulgares que les mancillaban su nombre, en forma de burla atados de las manos con las llaves de la ciudad.

Rodin no representó la grandeza de una nación, ni de los valores franceses ni su espíritu noble. Vemos el drama de una rendición, de un agachar la cabeza para la supervivencia de un pueblo, de un sentido valeroso y heroíco que aún perduraba en el corazón de los hombres. Nos recuerda y nos escupe a la cara, a nosotros que nos vestimos y nos pretendemos erigir aún cuando nuestro honor no valga un centavo, que en el mundo hubo un tiempo en que existían hombres, valerosos líderes que generosos de corazón morían por el destino de sus pueblos: los mártires; los burgueses que se han desprendido de todas sus comodidades para rebajarse, reducirse, experimentar algo peor que la pobreza que es la humillación y sin embargo, en sus rostros aún perduraba la nobleza, la riqueza de su carácter, la fuerza y el valor de su personalidad.

Monday, June 02, 2008

just breathe

En la sala de espera un chico delgado, de gafas, pelo largo negro, se queda observándome entre la mofa y la desconfianza. Le sostengo la mirada como si fuera un enemigo de campo de guerra. Se arrellana al largo sillón verde y se cruza de brazos como un niño regañado. Me doy cuenta de que creo desconfianza en la parca sala de espera de cirugía ambulatoria. Una chica que parece llevar un sueño atrasado de varios días se cubre hasta la boca con una grusa cobija de lana, dejándola a la altura de los enrojecidos ojos para verme de una manera francamente desconfiada. Aunque el doctor no lleve bata lo reconozco por el modo arrogante y desenfadado con el que se mueve por el espacio clínico. Los otros se mueven como intimidados por un signo de lo que lejos corresponde a la hospitalidad y sí al dolor, la muerte, el prolongado sufrimiento. El doctor como si pretendiera ignorar todo lo que inspira una clínica se mueve irreverentemente entre las cabezas de los pacientes y familiares. Antes de llamarme ya me había levantado y ya estaba cerca a él. Me mira de pies a cabeza, como si ya me estuviera examinando aún desde un principio, vestido y actuando con regularidad yo también. Por un momento nos quedamos fijos y en silencio, como sabiendo de antemano que ninguno de los dos era un buen bicho. Este doctor, con la barriga que lleva, el gesto de los gruesos labios, la mirada que se proyecta como incisión, es un hombre de bajas pasiones, seguramente con un apego hacia algún licor y su cinturón tan apretado en el corpacho debe ser menos rígido de lo que aparenta y ante las primeras piernas abiertas debe saltar gozoso como un infante. Por mi parte, qué decir, es apenas obvio que el doctor me descubre apenas me poso sobre su juicio. Ya en el consultorio, el doctor, algo incómodo, trata de soltarse un poco la camisa. Le paso los resultados de sangre. Mucha sangre. Por qué tiene tanta sangre. No sé doctor. Fuma? No. Bueno, los días previos al examen había fumado, pero ocasionalmente. Estos no son los resultados de un fumador ocasional. Entonces qué es doctor? Ud qué hace? No hago nada, doctor, estoy desempleado y no estudio. Debe hacer sin duda algo para que salgan estos resultados. O sea, entendería si usted trabajara manipulando químicos. O acaso consumiéndolos? Fue lo que quiso decir el doctor? Entonces por qué no lo dijo? Bueno, el caso es que tiene la sangre muy contaminada para su edad hijo. Y eso en sentido práctico que significa. Silencio. Esto perjudicaría mi operación. Oh no, claro que no, según estos resultados puede operarse sin ningún problema. Ah bien. Silencio. Sin embargo, debe cuidarse porque esto puede generar problemas en el futuro. Silencio. Bueno, gracias doctor. Muy bien, suerte entonces en la operación.
Mente y cuerpo están desconectados. Qué es lo que quiere el espíritu es tan distinto al cuerpo. El cuerpo calla mientras lo otro se permite grandes vuelos a expensas de lo desconocido; va volando por las colinas y vuelas sobre las noches en que los niños tímidos se acuclillan sobre su propio calor en las rodillas porque el frío ya no permite otro plazo y nuestras alas arriba bajo el tibio suspenso de la luna. La realidad inflama de estar enferma. En la clínica muy puntual. Una niña con labio leporino asiste también a esta hora. La veo y la compadezco por el dolor que va a tener que soportar. He leído que la gente que sufre de labio leporino por lo general padece retraso mental. No creo que el universo sea universal. Finalmente entre más conocemos más nos damos cuenta de nuestra ignorancia absoluta. Qué tópico suena esto. No creo que la niña tenga retraso mental, actúa como cualquier niña de su edad, tal vez un poco albiriscada para la situación en que se encuentra, la misma que yo, a unos pocos minutos de someterse a una complicada cirugía, pero la niña debe aguardar mucha esperanza y felicidad de su intervención, por ello tal vez su comportamiento agitado. Su comportamiento agitado consiste en levantarse del puesto e ir y venir de un lado para otro de la sala, mirar descomplicadamente los muñecos en la televisión, hablar con su padre por el celular y decirle que quiere verlo antes de que se vaya. Yo trato de fijarme en el televisor pero no puedo. La doctora llega y yo me levanto a saludarla. Le quiero pasar un papel pero este se desliza de mi mano cayendo al suelo. Lo recojo. Es obvio, estoy nervioso. Ella, por un minuto, mientras mi madre habla, se queda viéndome fijamente, como si se preguntara si este muchacho con vida sería su mesa de operación en la que efectuaría los cortes acostumbrados. Por lo general a los doctores y médicos les resulta más fácil concebirte como un material óptimo de trabajo que una persona con una vida externa, es decir, una vida distinta al cuerpo, que se mueve por el mundo, sueña y ambiciona como todas, tiene relaciones sociales y desempeña una función en la sociedad. No sé si yo desempeñe una función en la sociedad, el caso es que para la doctora soy su paciente. Para mi hija soy su padre. En fin. Me demoran un rato en trámites médico burocráticos. Estoy harto de ellos. Toda la semana he estado lidiando con este tipo de vueltas. Así que acá estoy. A pocos pasos de la sala de cirugía, repitiendo mi cédula de ciudadanía, llenando formas, que nadie va a responder por mi vida en caso de... que es voluntario en caso de... Finalmente el sensato de la sala dice por qué no que sus padres se hagan cargo de ese papeleo y él vaya pasando. Me pasan a la clásica salita en la que te desnudas y te pones una bata. Complacido veo que ahora las batas para los pacientes no tienen esa horrible abertura que te deja con el culo al aire. Para rematar de lo bueno ahora te dan una especie de pantaloneta con la que te aseguran que nadie se fijara en tu culo mientras te anestesian. También me dan una especie de chancletas a las que no les encuentro el derecho. Inmediatamente me pasan a la sala de cirugía. Me acuestan en la camilla escritorio; la doctora ya ha instalado los tacs y radiografías, los estudia. Las enfermeras hacen su labor y yo sólo las observo. Les molesta que las observe, lo sé. Me preparo para todo el dolor posible; sé que el cuerpo en condiciones normales no conoce la palabra insoportable porque lo insoportable está por encima del umbral de la vida. En un brazo me toman la presión arterial. En el otro se detienen un rato. "Es todo el dolor que te provocaremos" Dicen en forma de chiste, trato de reir. Es una aguja. En una época las agujas me parecían juego de niños. Recuerdo la segunda operación a la que me sometí; mi vena ya cansada de exámenes médicos se resistía a ser agujereada de nuevo, tomaron tres intentos para por fin "agarrarla", puesto que ella parecía un niño travieso que juega a la hora de la seriedad. Yo también reía y me hacía gracia la vena; la anestesióloga, una mujer madura muy guapa, me pedía una y otra vez perdón, yo le insistía: trate de nuevo doc, ella se tiene que dejar. Al tercer intento, bastante doloroso, por fin la vena cedió. Ahora las agujas me provocan espanto. Veo el catéter que insertarán y me parece del tamaño de un camión. Trato de no detenerme en él pero no puedo dejar de fijar la mirada. Penetran la aguja con precisión y suelto un pequeño grito que me indigna, pues no solía quejarme por estas cosas. Ahora conectan una rudimentaria máquina al lado de donde me conectaron al suero. Me fascina lo básico de su funcionamiento a base de perillas y puntillas. Quisiera poder manejar una de ellas. Encima ponen una gran bandeja que parece tan pesada que la máquina no pudiera sostenerla. La doctora le brinda las instrucciones a su ayudante. En ese momento llega otra persona a la que no he visto, habla con las enfermeras, dice que es practicante, algo así, viene del San Ignacio y la enfermera que ha estado conmigo le da la bienvenida de una manera cordial. Todo el ambiente en la sala es cordial y amable, me agrada, me siento a gusto. La enfermera entonces me coloca una mascarilla, me dice que inhale, es sólo oxígeno, me doy cuenta de cuando cambian al módulo de anestesia y pienso joder no tan rápido me cogerán y ya voy contando dos y el blanco...

Cuál es esta horrible música que tienen encendida? En algún lado, a un volumen insoportable, suenan pitos y ritmos embrutecedores, bestiales. Llegan de un lugar muy cercano, ahora lo siento en toda mi oreja, no puedo separarme de este ritmo absurdo. Es una música vulgar y grosera. Qué es lo que tengo cerca a mi cuerpo? Por qué estoy todo mojado? Debo estar en un ambiente húmedo y frío. Todo es blanco. En qué horrible isla me hallo?
Abro los ojos y encuentro que he salido de la operación. Tal y como lo imaginaba. Sin embargo nada es tal y como lo imaginaba. Es como si me hubieran extractado de otra dimensión. En esta los colores, las personas, las cosas han sido levemente modificadas para que no se note el plagio. Todo es radicalmente distinto bajo su apariencia de normalidad pero se trata de una realidad más agresiva, más pálida y seca. Recuerdo la primera vez que me operaron. Siempre el despertar ha sido lo horrible. Un largo tubo me rasgó la traquea. Me encontraba en una bonita habitación, mis padres allí, todos dándome consuelo, ya estaba despierto, ya todo estaba bien y sin embargo mi tráquea estaba destrozada. Me recomendaron tratar de sentarme para ver cómo reaccionaba. Me llevaron un jugo y en seguida lo vomité completamente. Un dolor terrible en todo el centro de la garganta me hacía imposible creer que todo estaba bien. La segunda vez, una operación más complicada, estaba más irascible y menos tolerante. La historia clínica estaba descaradamente sobre mis piernas. Nunca he tolerado ese gesto tan peyorativo de los doctores de instalarte junto a tu historia clínica como si fueras un escritorio más en el que apoyar las cosas. Estaba nervioso, tiré la historía médica lejos con mis piernas y hacía todo lo posible por llamar la atención de las enfermeras. En ese mismo momento acababa de llegar una niña por urgencias victima de una bala perdida en el centro de la ciudad. Veía con odio a las monjas y enfermeras. Ellas trataban de sacar todo el provecho de la fortuita tragedia y especulaban al respecto; incluso decían que se trataba de la hija de un trabajador de la clínica. Toda esta experiencia me conmocionó mucho y fue lo primero que dije cuando finalmente se me libró de los grandes ganchos que sostenían mis dientes y me impidieron el habla a lo largo de una semana.
Le dije a la enfermera sobre el agua en mi cuerpo. En efecto, se estaba regando del catéter el suero. Ellas me explicaron que eso sucedía cuando se pinchaba el catéter para aplicar medicamentos. En mi cara tenía aún la máscara de oxígeno y aunque al principio me molestó al poco tiempo estaba bastante acostumbrado a ella y me di cuenta que podía respirar por la nariz cosa que me alivió. Le pregunté a la enfermera si me veía muy hinchado y le pedí inmediatamente paños de hielo. No me llevó los paños hasta que no le preguntó a la doctora y ella me dio la razón. La doctora entonces empezó a hablar de cuentas conmigo en ese estado, yo bastante molesto le dije que evidentemente no se podía entender conmigo dadas mis circunstancias, que hablara con mis padres. Me hizo quitar la máscara y empecé a sufrir porque el aire no fluía de la misma manera. Me tuvieron en sala de operación más de las dos horas programadas sin ningún motivo por ello; yo sabía que me estaban reteniendo sin necesidad, sin embargo traté de no ser molesto y sólo veía con ojos de aburrido a la enfermera mientras hablaba de sus cosas con una amiga. Finalmente me pasaron a una pequeña sala de recepción donde debía verme con mis familiares. Mi madre pasó y me observó, yo ya estaba estable y no tenía de qué quejarme. La monja le dijo a mi madre que probáramos un líquido para ver cómo lo asimilaba. Ella fue hasta la tienda de la clínica y me llevó un jugo de manzana que tomé rápidamente, pues estaba sediente y sentía el cuerpo en perfecto estado así que no tuvimos problema. Estuve otras dos horas en esta sala mientras mi madre hacía las vueltas para darme salida. En estas dos horas fue poco lo que hablé y no fue sino hasta el final cuando logré atrapar la atención de la monja enfermera, ya envejecida, al confesarle que me hubiera gustado llevar una vida religiosa, fuera de preocupaciones mundanas. Una vez terminados todos los trámites, la despedida fue rápida y poco espectacular. En la sala de espera de cirugía ambulatoria otros familiares de otros pacientes fijaron su atención en aquel muchacho que salía en silla de ruedas, pero yo traté de esquivar sus miradas. Desde aquel momento hasta la presente he llevado una buena recuperación. Ayer me quitaron unos tapones y una placa que tenía en la nariz lo que ha permitido que pueda mejorar mi respiración. Aún me cuesta pero es cuestión de días para que de nuevo me encuentre respirando mejor que nunca. Un tío alguna vez me dijo: quién no controla su respiración no es capaz de controlar ni su propia vida. Había sabiduría en estas palabras tan elementales y desde ese instante, en mi adolescencia, soñé con el día en que pudiera controlar la respiración, algo que desde muy niño perdí debido al asma. Ahora aspiro poder practicar el método que enseña Antonin Artaud de respiración teatral para alcanzar un nivel de plenitud metafísica elevada.

Wednesday, May 28, 2008

Fronteras

Cruzo la frontera. El borde que debí cruzar. Algo me atraía a ese terreno desierto. Una risa obsesiva y demencial que colmaba de vaho los cristales en el frío. Era un anciano vagabundo de sucias barbas grises que me señalaba a través de su roído guante y me decía: no eres el futuro, amigo. Yo empiezo a golpear el teclado con los puños cerrados y las teclas se van desparramando como un desastre ínfimo. La carne en el fregadero se va pudriendo y su olor me penetra hasta la llamada boca del estómago, es decir, la segunda boca, y me dispara la náusea hacia el jardin; allí me encuentro expulsando ese líquido viscoso gris de mi barriga y las ... se tapan el rostro y las naves me muerden el culo y los cortes axiales de las tinieblas me penetran el cerebro hasta exprimirlo lleno de sangre podrida. Lo que busco es una inyección que despierte mi función moderadora de sentimientos. Le arruino el refugio a Eribio Gusto y le reclamo mi dosis. Allí, en estos laboratorios clandestinos vimos nacer a Reiner, la hermosa chica que se derretía hasta los zapatos como un ensueño de mercurio. Voy colgado inmerso en los sueños contrabandeados al país de los que están en coma en medio de un escampado cuyo homicida estigma le da el carácter de una zona infestada de radioactividad. Allí, al frente del centro de salud, espero mi dosis de meticocaetileno, al acecho de todas las escurridizas criaturas que crepitan los muros de contención. Yo tuve una representación de la lengua de una separación en el desgarre de un tejido muerto. Alguna mierda se tiene que inventar mientras el reloj marca los minutos muertos. Me invento un amigo imaginario. No soy yo, ni siquiera es lo que quisiera ser; ni siquiera es él quien quisiera que yo inventara o fuera inventado. El miedo siempre se desarrolla de una manera superficial. Él responde el inmenso suspensivo desplegado en mis sueños con sus propias pesadillas; así mismo despliega un abismo entre los posibles destinos del sueño con su manera de encubrirse tras mi fracaso lingüístico. Ahora es como si la cabeza se retorciera de una manera antianimal, antihumana, y se fijara en esos paisajes limpios en que la niñez asomaba tras la sonrisa de una mujer que sabe te abandonará a los pocos días. Yo voy andando por las calles escupiendo y cayendo como un perro en sus últimas que es azotado por la sarna ontológica de los sueños invasivos en las arterias negras de lo que pudimos haber desarrollado en otro tiempo de nuestras apegadas vidas. Un punzón agudo se fija en el tejido blando de mis ojos a sabiendas de que allí fastidiara lo suficiente para hacerme temblar, pero nada es tan terrible como para querer explotar la cabeza con dinamita, a la manera de Pierrot el loco, o la hay y tendríamos que estar sencillamente locos para entender que vivir es suficiente para explotar la cabeza llena de dinamita sus costados. Un olor a mierda me despierta de mi leve letargo que es de una vida. Ahora grandes cantidades de mierda me caen a la cabeza y me mancillan la palabra, la voz, la intención de querer decir algo que se separe y olvide de todos estos grandes montones de mierda que van cayendo y me llegan hasta los hombros y cada vez con más facilidad me alborotan de manera que pierdo el habla, hasta que soy obligado a devorar esta mierda para tener que respirar y encontrar una salida que se olvide de toda esta mierda llegando hasta el cielo. Dos grandes tubos me ahogan en la mierda y yo desnudo y desesperado, llorando y rogando, pierdo la sensación de tener que expresar palabras y tener que decir muchas cosas que no sean un rogar por ser separado de estas montañas de mierda que me vencen mientras me aplastan con arrogancia en su impregnante olor a barrigas satisfechas y otras tristes que sin embargo se alimentan y hacen un proceso de digestión. Así que la mierda sólo llega hasta la altura de la boca y no muero, sencillamente poco puedo hablar, ¿cierto?, poco que decir. La mierda además es graciosamente maleable y permite algún movimiento en el cuerpo así que presa del aburrimiento y el asco siento que la verga se me ha parado y, erecta y decidida como la verga de un mongólico, me hace algún placer toda esta textura, me palpo la verga y la agito entre los montículos de mierda y sueño con estar en el recto de alguna modelo europea. Por qué no tengo cuerpo si cuerpo es lo que soy? Por qué la percepción de la realidad depende de nuestros sentimientos encarcelados en estos agonizantes cuerpos que se afligen en el no reconocimiento de los otros cuerpos? Ningún ser humano es igual a otro y nosotros no somos seres humanos, exploramos a tientas el universo de lo no real. Tengo tanta dificultad en respirar y creer que estoy vivo. Una máquina estropeada de café está más viva que yo. Quisiera haberle dado un uso más responsable a estos tejidos que para algo deben servir, cierto? o si no por què no los amputamos, verdad? por qué cargamos con tanto desperdicio como una casa abandonada a su propia suerte. Y nuestros penes están enfermos. Mira que mi cuerpo empezó a hablar y contó su propia versión de los hechos, en su lenguaje tan particular que nadie entendió y fue destinado a su propia suerte. Mira que mis lágrimas encontraron otra vía de escape y resulta que no pude llorar. Sí; folla, fornica como un cosaco, folla, fornica; fornicación es la mano en el ojo obligando a que sueltes la lágrima cuando todo tú estás tan seco y podrido que no podrías reconocerte. Ahora cruzaré otra frontera, volveré a ella con un visado particular, un seguro clínico que es como una garantía de que no te joderán si no te meten algo en la picha primero, esta vez al verdadero reino, la verdadera gracia, lo que se concede cuando uno quiere cerrar los ojos y totiar la cabeza como si estuviera dando puños a una botella verde. Y en el reino del país del coma te escribiré, te recordaré que allí también puse mi banderilla de fracaso y omniimpotencia para que la tuya aquel día no caiga sola. Soy tu arcángel y tú intercerderás por mí mientras ella indiferente piensa en la manera cortés de deshacerte de ti por ir tras la búsqueda de una portentosa polla porteña y tú en sus ojos encuentras el amor que yo sentí por ella y sientes que el círculo se ha llenado de una manera horrenda mientras con el pasar de las horas te das cuenta que tu boca se encuentra con la de ella como dos tubos de succión que por accidente se sincronizan y empatan una terrible máquina que funcionará de una manera nunca programada en las tuberías del cielo gris. Mira que el cuerpo tendrá la última palabra y nuestra respuesta será la misma; llenar el cuerpo de tierra mientras se apuesta por una memoria y una bondad que haga justicia con su propia mal lograda vida de boca-culo-ojos. De la isla de las quimeras brotó un pintor cuyo mérito era arrancarle los ojos a los espectadores de sus cuadros.

Friday, May 23, 2008

si el universo se expande por qué no ha de ensancharse mi pecho y mi corazón?

Hoy es viernes y me he quedado dormido en el bus aún no son las 3. La idea de tener un diario es atractiva siempre se tenga una vida con que llenar. Me he levantado tarde y mal. Aún siento que no he descansado pero ya la cama me estaba echando a gritos, como un perro callejero. Me baño, me restriego las pelotas, me enjabono el trasero, dejo caer el chorro en mi cabeza; esto me conforta y trato de prolongarlo; es agradable el agua caliente sobre el cuerpo, sobre la cabeza, sobre la cara; brinda una sensación de bienestar y seguridad que emana de su cándido vapor sobre la aspereza de una piel mal nutrida. Me cepillo los dientes; un gran placer cepillarse y creer que en el acto se estrenan nuevos dientes: la verdad es que el mugre sigue, no se desaparece, la caries se alimenta, la placa bacteriana perdura. Reparo unos segundos de más sobre el espejo. Veo a aquel caballero de ojos tristes, con una figura lamentable y una expresión que provoca burla. No dije figura triste porque no soy el Quijote y de alguna manera siempre me he identificado más con el noble gordo y enano del Sancho Panza. También tengo complejo de gordura y de enanura. No he perdido mi sentido de realidad. Sé que mi estatura está bien, en ocasiones soy alto, en ocasiones tengo buena estatura; sé que mi peso está mal, que estoy muy delgado, que me dan pena mis brazos de alas de pollo. Pero en lo que los sicólogos actuales llaman la autoimagen soy un hombre gordo y enano. Quisiera ser exhuberante y lucir una gordura imponente, llegar a un sitio y ser de esas personas que todo el mundo dice: éste va a acabar con el menú. En cambio inspiro pena y asco; mi delgadez extrema me tiene en vilo. Desearía ser enano y que los niños me tendieran su mano exclamando sorprendidos a sus madres: pero qué hombre tan pequeño, si hasta yo lo supero en estatura. Y yo le miraría directo a los ojos con qué rabia pero ni siquiera podría alcanzar con mis brazos a la corona de su cabeza. Recuerdo que cuando pequeño vi por el barrio polo a aquel actor que personificaba a Max en el seriado Te quiero Pecas. Emocionado se lo señalé a mi madre y ella me dijo, como lo más natural del mundo, pues vaya y pídale un autógrafo. Salí corriendo excitado, con bolígrafo en mano y papel. Le tendí la mano y él me miró con asco. Al ver que no sería correspondido le pedí el favor de que me firmara el autógrafo. En ese momento se puso sus gafas oscuras y subió su mirada hacia su acompañante. En ese momento me percaté que era el "gringo", también de la misma serie, que ahora si mal no recuerdo está protagonizando una novela, también haciendo de gringo. A mí no me causó ningún interés aquel actor y traté de insistir en el pequeño Mac pero aquel, como ofendido por un agravio, siguió su camino parado muy erguido y orgulloso, sin reparar en mí. Me sentí tan miserable y triste que quise tenderme en el suelo a llorar pero mi mamá sólo acertó en decir que se trataba de un enano muy creído. Allí pensé que de quedarme enano sería un enano muy gentil y sería feliz autografiando a pequeños como yo, que ya a mi edad superaba con creces la estatura del actor. Sin embargo, al ser dos años mayor que mi hermana, me aterrorizaba el hecho de que ella, casi en secreto, pues aquello se volvió casi un tabú en casa, me superara por poco la estatura. Siempre asimilé que todos los defectos del mundo iban a parar en mí por el simple acto de reparar en ellos. Como cuando muy pequeños me mandaron a la tienda y en ella se encontraba un hombre ebrio y desagradable, gritando y apostando al dominó; reparé en su horrible rostro, su párpado cayendo infamemente sobre uno de sus ojos y él, tan miserable en su aspecto, no hacía sino gritar y vociferar con alguna esperanza de ganar, pues siempre perdía. A los pocos días me veía al espejo y veía que tenía el párpado caído en el mismo ojo que el de aquel horrible hombre. Lo asimilé como un castigo; aquel sería mi castigo: siempre que juzgara la fealdad de los otros aquella fealdad se posaría en mí de manera que jamás podría entrar a juzgar si un hombre era horrible pues estaría negando mi propia apariencia. Súbitamente sentí una gran congoja al pensar en el futuro de la humanidad cuando el agua escasease. Aquello que me llenaba de gran alivio no podría extenderse demasiado puesto que pronto nuestras gargantas arderán en sed y nuestros cerebros resecos en su propio sudor enloquecerán. Sentí una gran tristeza por mi hija y de verdad que aspiré la mejor suerte a aquellas invaluables expediciones que se han emprendido en busca del menospreciado líquido. Alguna vez el Aszeta me contó del problema del agua mientras nos embriagábamos en chapinero; yo, presa del espanto y la angustia, le conté a la madre de mi hija mis inquietudes, pues en aquella época aún vivíamos juntos, pero para ella no era sino un pretexto más para soltar la lágrima, una manera más de sufrir por algo "sin importancia" aún cuando era de importancia vital para las expectativas de la humanidad y sobre todo de mi hija y qué sería de sus hijos si los tuviera, cómo sufrirían los pobres, así que, la solución, hija, si te amas y amas la humanidad, no te procrees; se lo dije suavemente, soltándole todo el tufo etílico, a sus nuevecitos oídos, tan bella ella, como duerme, indiferente a la mierda del mundo, sus sueños, qué serán y recuerdo aquella canción de barenaked ladies que bailábamos juntos: when you dream, what do you dream about. Desayuno caldo de papa con pan. Mi mamá me pregunta si quiero mantequilla y le respondo que no. Encuentro accidentalmente la mantequilla a mi lado y pienso por qué no, así que unto un poco de mantequilla en el pan que imperceptiblemente se iba desintegrando de mis manos, cayendo al antebrazo. El periódico está allí abierto de patas como una prostituta indiferente. Leo las noticias sin mucho interés, es como si comprendiera todo, como si no fuera necesario leer el contenido y ya saber recibir los mensajes entrelineas brutalmente. Como una noticia aparece en la primera página que pronto se estrenarán nuevos capítulos de los simpsons y pienso en todo lo idiota y banal que es el periódico. Paso a la parte de cultura porque a veces salen datos interesantes, sin que por ello sean bien tratados o por lo menos dignamente tratados. Allí veo que en la segunda página hay una reproducción-obra de Beatriz Gonzáles y entiendo que es muy buena cosa. La artista ha sabido valerse del medio popular del periódico para manifestar a través de una austera serie de imágenes repetidas su posición sobre la constante e indolora manera en que la injusticia es re-presentada en el país aludiendo directamente a la imagen de una emprendedora mujer que luchaba por los derechos de su comunidad y fue asesinada impunemente por los paramilitares sin que aquello causara mayor traumatismo en la conciencia de la gente-consumidora de horror y olvido. Le muestro emocionado la imagen a mi madre, quien dice que también la había visto y le había parecido hermosa, que deseaba calcarla para hacer diseños en pirograbado, pero que consultada la opinión de otros miembros de la familia les había parecido un motivo feo y sin gracia. Mi mamá no había leído la noticia ni la explicación de la imagen por lo que pronto supe, así que al contarle sobre lo que versaba y la importancia de la imagen, el renombre de la artista, la denuncia en el trasfondo le resultó más llamativa diciéndome que la guardaría entonces, le dije que de no hacerlo ella la cogería para mí. Esto me hizo pensar en lo que se critica actualmente del arte contemporáneo que se escuda en el discurso y no en la obra misma. Para mi madre la imagen había resultado bonita per-se. Evidentemente la belleza no es el criterio exclusivo de la valoración de la obra, mas, aún sin el discurso, puede el arte cautivar todavía por medio de otros recursos, tales como la provocación, la extrañeza, el cacheteo? Tal vez se diga que es ingenuo y ridículo criticar una obra sencillamente porque me parece bonita, yo aprecio sobremanera que se dirija sin miramientos a un público indefinido y logre cautivar por su propia cuenta. Igual, le dije a mi madre que tenía ojo de artista por haber sabido identificar la belleza en algo que a la mayoría no le parecía atractivo por sí y tuvieran que ir al contexto para entender: de alguna manera sentía que yo entraba en este grupo, pues había leído primero su justificación y luego la había visto ya predispuesto. Siempre he lamentado no haber heredado ese talento natural en ella de dar rienda suelta a su creatividad a través de las manos, haciendo cosas, inventando con materiales, con texturas, creyendo apasionadamente cada vez en la bondad de una nueva técnica. Y, a la par con ese talento, esa capacidad de observación y reconocimiento de lo interesante visualmente. Amanezco con unas ganas irresistibles de escuchar "Sparring Partner" de Paolo Conte, aquella hermosa canción que hace parte del soundtrack de la película 5x2 de Ozon. La crítica se cagó en esta película y dijo: ah bonito experimento formal. A mí me afectó mucho, sobre todo el tema de la película, lo podridas que están las relaciones. Vimos esta película con Kira con nuestro matrimonio ya en crisis. Fue tan triste. Así como existen películas que dan feliz bienvenida a las relaciones también parecen haber unas que se vuelven las películas de la relación pero ya en su muerte, en sus últimos días: la película del fin por decir algo. Uno se sigue riendo pero sabe que ya uno está muerto. La operación que me harán en 8 días no será más que la manipulación de un cadáver, suena ilegal, pero resulta que es con el consentimiento del muerto, hoy viernes firmé mi consentimiento. A pesar de toda esa amargura que me iba embargando encontré colores en la conversación con una buena amiga que he hecho en estos días pero a la cual ya le manifesté mi pesar al temer que sea sólo amistad de una semana y el resto de los días ya todo se desvanezca en la bruma de lo desplomado. No entiendo por qué las cosas siempre se entierran en el lodo y uno sólo puede respirar de la humedad de la muerte. Despierto y no son las 3 aún.

Wednesday, May 14, 2008

hija, acaso le metiste un poco de heroína a mi marihuana?



Voy manejando por la carretera vacía que bordea la ciudad. El cielo empieza a adquirir ese tono azuloso oscuro que anuncia un amanecer soleado y benigno en todo caso. La estrella de la mañana ya hace su magistral aparición, justo en el campo de visión al cielo que me permite el marco del vehículo. Atrás está Karlo durmiendo la borrachera pero yo siento deseos de tomar otra cerveza. En el discman del carro suena shadow of the sun de audioslave. Canto de vez en cuando: i can tell you why people die alone!! pegándole al volante con una furia disparada. Mi deseo añora esas escenas de película americana en que una bella autostopista hippie detiene el carro y dice algo como echa a volar la fiesta maestre. Nos detendríamos un instante, justo en medio del desierto de Los Ángeles, yo la besaría apasionadamente, el frío de la mañana cada vez se aplacaría con el incesante rayo del sol, le levantaría su vestido de verano y le metería mi verga a su ardiente coño. Los dos sudaríamos como animales hermosos del primer día de creación. Su aliento sería puro lsd y sus gafas estarían estampadas de motivos de blotter art. Yo mordería una cañita mientras la penetro con rabia por no ser el hombre que está haciendo el amor con ella sino ser el universal del fiestero recoge bellas autostopistas. En este instante dejaría de ser yo para interpretar obediente mi papel de gigoló precario e insuficiente; en este instante vuelvo al coche, vuelvo a la canción de audioslave, se difumina el último astro y el sol es indiferente a la ventisca que arrecian las montañas. De repente es como si sintiera que ya no puedo ser feliz de ninguna manera. Ningún sueño me alcanza como sosiego. Revuelvo entre la basura del carro con la esperanza de encontrar un cigarro medianamente fumable pero sólo logro ensuciarme de sustancias viscosas los dedos. Allí en la esquina va un hombre cargando a caballo a su hijo más pequeño, agarrando de la mano a otro niño y seguido de una mujer gorda de pasos fatigados. Al ver la miserable marcha pienso en procesos biológicos, pienso en penetraciones, en semen, en manchas de excremento. Pienso en lo triste que es el sexo cuando ya no hay esperanzas, cuando sólo un espacio corporal puede cobijar toda la tristeza de un hombre. Luego el vientre se hincha y todo es una desgracia con el hijo. Y cuando muere el hijo no hay sensación más absoluta de tristeza y desamparo, porque entonces este mundo se devora el rezago de inocencia que surge de su callado palpitar de corazón. La vida de los pobres es una noche que asciende detrás de mi cráneo que quiere sedarse ante su amenaza pero ya siente su sombra en las hundidas ojeras. Entiendes que nadie está a salvo de la miseria y que la miseria es omnipotente, que te cierra la boca en el momento en que más hambre aguantas y estás solo entre una estampida de vidas apresuradas e indiferentes. Algún mediodía nos sentaremos en el césped, indiferentes como todos, mientras los carros nos envenenan con su brisa, y compartiremos el poco pan y el refrescante jugo, miraremos al horizonte como todos y nos sentiremos felices con lo nada que tenemos en el universo, sin importar ya nada sino estar juntos y respaldados, sentir la fuerza del amor en la cercanía del otro y no nos detendremos a pensar ni a mirarnos muy de cerca como no miraremos muy de cerca al otro que causamos asco, soltaremos una risa justa y el mundo será nosotros.

Thursday, May 08, 2008

que los cumplas muy feliz


O sea tenía que salir
con los bolsillos llenos de lugares comunes
tangos en estado de merecer
por ejemplo un chamuyo misterioso me
acorrala el corazón
por ejemplo pensé en no verte y temblé
por ejemplo fuiste papusa del fango
por ejemplo siento angustias en mi pecho
por ejemplo alma otaria que hay en mí
por ejemplo el amor escondido en un portón
por ejemplo su lento caracol de sueño
por ejemplo no hay luz en mis ojos
por ejemplo paseo mi tristeza
por ejemplo quería besar tus manos
por ejemplo ya me voy y me resigno

pero a los quince años los tangos suenan como
lejanos bombardeos
como ráfagas que hieren siempre a otros
como fuelles que avivan la hoguera del vecino
nunca como el contrabando de nuestra dulce
infamia
como la pústula de ternura que nos afecta
hasta la raíz del pelo
como nuestra vergüenza a la intemperie

a mis quince años de las once y cinco
los tangos no se apoyan en mis huesos
sino en la gran claraboya del mundo
y eso
está alto
y sobre todo lejos

el cielo llueve con todos sus bandoneones
pero hasta que la gran claraboya no se abra
su aguacero de bochorno no empapará mi rostro
no tomará el aspecto de mis lágrimas

esto es pulpa de tango y el resto verdurita
en vista de lo cual decido irme a lo del viejo
baldomero
a su altillo de pulida miseria

baldomero es un fantasma remendón
tan flaco que el viento le silba en las mandíbulas
a su lado tiene un balde rigurosamente oxidado
donde extrae clavitos que muerde y saborea

baldomero es por sí solo una hazaña
alguien que esperó en vano a goya o modigliani

sabía que ibas a venir dice mirándome por
sobre la media suela clavada y el taco de goma
lo sabía porque sos normalmente egocéntrico
tenés tu autoculto de la personalidad
cumplís quince y querés de algún modo
calibrar el eco de tan gloriosa celebración
pero a mí no me molesta
al contrario me entusiasma verte tan cándido
en tu orgullo sin trastienda
tan lleno de signos y de auspicios
de vastos presagios es decir de fatigas

botija no sé en realidad qué decirte
quince años es una edad linda para no morirse
claro no me refiero a esa poca muerte que
reclama pésames y puteadas
más bien quiero decir que es una edad linda
para no morir de rutina de orden
incurable e infeccioso
para no morir de certificados
de disculpas
de prudencia
de tendríamos que

y sin embargo no sé qué decirte
no creas que me callo sólo porque aprieto estos
clavitos con los labios
en realidad no sé qué decirte porque ninguna
lección sirve
hoy tenés una mirada dulce esplendorosa
y mañana o pasado no te reconocerás de tan
amargo
hoy mirás a las muchachas de la lluvia
las muchachas del sol
y tu primera taquicardia de homenaje te deja
débil con las cejas en alto y una nostalgia
que empieza en los riñones

tu suerte y tu desgracia
es que podés empezar a comparar
digamos el contrabando de emociones que
aparece algunas tardes en la mirada
negra de tu viejo
o la perplejidad con que tu madre todavía hoy
mueve las manos sin anillos
o el conmovedor sortilegio con que tu hermana
ablanda tus durísimos reposos
o la vacación que se toma tu abuelo cuando
cuelga la escafandra en el ropero
o la rompiente soledad de tu abuela cuando
moja el pan en nuestro vino tinto
o la solidaria ira con que el primer amigo te
embauca honestamente

con qué
compararlos con qué

acaso con la miseria remolona que una vez
viste desde la ventanilla del 126
con el descalzo invierno de los pibes que te
examinan con truculencia como si fueras
el apolo doce o la aurora boreal
con los primos de la sirvienta que se
masturban frente al televisor
con el tío estudiante que en horas de disección
pone un cigarrillo en los labios ceniceros
del muerto
(...)


compararlos con qué
con las floraciones y los escollos
y los secretos y los raptos y las indigencias
ejemplares
con el bochorno y el espanto que infectan
diariamente las noticias
con el aprendizaje de la crueldad
con los testigos del aprendizaje
eh compararlos con qué

es horrible el horror
pero qué cierto

mientras termino esta media suela
andá vaciando tus bolsillos
de boletos y pétalos y contraseñas
de diamantes de vidrio
de tus oros de lata

convencete botija
se te acabó la única vacación que nos otorgan
vaciá de una vez los bolsillos
vacialos de esos salmos a nadie
de esas mentiras de colores

llegó la hora de la desmemoria
la hora de hacerte la decisiva morisqueta frente
al espejo roto

ya sé
todavía la infancia anda remolineando por tus
bronquios tus encías tu páncreas tus rodillas
no se decide a abandonarte así no más
vos mismo sentís que tu estatura te queda
grande como un capote de la guerra del
catorce

cuando nadie te ve te aferrás al meccano y al
yoyó como si los desdichados juguetes
pudieran salvarte
este presente brusco te tomó evidentemente de
sorpresa
no estabas preparado para el mal aliento ni
para tu primera erección ni para el
epiléptico que viste derrumbarse
sin embargo eso es bueno
es decir necesario

mirá los remendones como yo tenemos tiempo
de pensar entre taco y taco
lo importante es que adviertas que el mundo es
jodida pero remediablemente injusto
lo importante es no rezar líbranos de todo mal
nadie se libra

por lo menos nadie se libra matriculándose en
humanidades
ni tomando diurético los lunes
ni mudándose al camposanto
ni aprendiendo alquimia por correspondencia
ni abriendo en sueños las dóciles piernas de
miss universo
ni escribiendo una oda sobre kennedy u otros
cabrones igualmente simpáticos
ni regando los cardos con ternura
ni congraciándose con los psicodélicos
ni vacunándose contra la polio
ni fornicando un sábado de gloria

no hay posible exorcismo
nadie se libra
la única fórmula es asumir el mal
digerir el mal
y hasta ayudarlo con un buen laxante
las brujas de salem como es obvio
son un caso de estreñimiento colectivo

me voy baldomero digo
no te olvides grita todavía
este mundo es injusto
tate tranqui viejo no me olvido
catarsis sí estreñimiento no


Mario Benedetti. El cumpleaños de Juan Ángel.
1970

Monday, May 05, 2008

heaven scent

Hoy quise llorar. Pero por más que intentaba no podía. Fui al baño. Me encerré. Traté de expulsar esas lágrimas que tenía adentro. Pero no salía nada. Por qué esas repentinas ganas de llorar? No sé. Pero lo que me resulta más inconcebible es por qué no lloré si tenía tantas ganas. Inventé un disimulo de lágrimas. Me tapé los ojos e hice buu buu. Pero las lágrimas no salieron. Què ganas de llorar y el día fue tan triste. La mayoría de gente se contentaría con un día de lunes festivo, un pedorro día festivo como le llama mi único amigo que he conocido en el planeta tierra, sólo que él no es de este siglo, él es un griego y con eso digo todo, con eso sé que lo destruyo todo, sé que me leerá y sé que lo destruyo todo. Él, él el domingo lloró por mí, por mi suicidio, y mira que sigo viviendo, mira que sigo escribiendo, aunque la verdad es que el sábado me suicidé y razón tenía el griego en llorar por mi muerte porque ese mismo sábado ocurrieron tantas cosas que no fueron tan coloquiales como para no matarme y él fue el único que me comprendió, es más, creo que muchas veces es él el único en comprenderme, incluso cuando se escape a mi comprensión, incluso cuando yo no comprenda muchas de las cosas que escribo y que siento, es él quien me comprende y yo ya no sé si él se comprenda, tal vez yo lo comprenda, tal vez yo quiera estar a su lado y decir: sé el frío que estás padeciendo... pero eso es decir mucho, aún cuando yo sea experto en decir mucho, a él no lo puedo nombrar, porque es él el único que me comprende, el único que sabe el lugar de mi nacimiento y sin embargo el único capaz de saber por què morí de esa forma tan horrible. Y él lloró, sí, lo sé, porque él me lo dijo, él me dijo que lloró por mi muerte y se sintió más sólo que un hijueputa, porque ahora estaba sólo, sencillamente por eso, porque ahora ya no estaba el pintonón. Sencillamente por eso.

Hoy le dije que estaba muy triste. Muy putamente triste. Que sufría de una enfermedad llamada depresión y que era natural que estuviera tan triste. Pero tenía esas arrugas en la frente que no se me hacían, ese entrecejo tan contraído, y ella decía que me veía normal. Debo ser un animal para no llorar. O no debo amar para no llorar. Y sin embargo amo mucho. Amo todo. Amo el lugar modesto que se ocupa en el universo y sé que yo no soy de esta tierra, sino de un planeta ajeno, él me lo ha dicho y a él le creo. Alguna gente ha usurpado nuestras conversaciones y no ha entendido nada. Estoy tan ebrio que ya nada importa y sin embargo esta tristeza es arrasadora y me dirige a una niebla infinita en la cual me pierdo.