Monday, February 04, 2008

4 de febrero 2008

No ignoro la gracia y el regocijo que debí haber causado en el listo del número de emergencias cuando le comenté mi situación.

- Veo un objeto inmóvil en el cielo que no hace mucho trazó una curvatura insólita desplazándose de izquierda a derecha cayendo sobre sí mismo unos buenos grados hasta levantarse con violencia hasta alcanzar la elevada altura que ahora mantiene, completamente quieto.

Yo mismo no podía creerlo. Acababa de terminar el capítulo de la luna de un exquisito libro de divulgación científica. Faltaba poco para que en el café Juan Valdez cerraran simbólicamente por quince minutos en apoyo a la marcha que se efectuaba al mediodía. Los marchantes se apuraban a los sitios de concentración con sus camisetas blancas y gestos decididos. Yo me mantenía al margen, vestido de negro, como habitual, con miedo a los posibles reproches que los manifestantes pudieran reclamarme por no usar una pintoresca camiseta que rezara: Colombia soy yo. Como si Colombia no fuera yo también. Precisamente porque Colombia también soy yo decidí mantenerme al margen, vestido de negro, en silencio, sin camisetas que aludieran a mi obvia nacionalidad colombiana como si de verdad alguien pudiera sospechar que Colombia no fuera yo o descreer de mi evidente nacionalidad colombiana, aunque bien podría pasarme perfectamente por venezolano, por mis rasgos físicos, pero a la hora de hablar el acento me delataría y la gente dejaría de dudar que no soy colombiano porque mi acento aunque poco claro es evidentemente colombiano, sea lo que sea lo que de esto se concluya.

El cielo era de buen augurio para los marchantes. Un espléndido día con un sol radiante y un cielo límpido. Pocas nubes, tan blancas como las camisetas de las muchachas más agraciadas que entraban al tumulto de manifestaciones. Luego de terminar el capítulo sobre nuestra amiga luna decidí contemplar un poco aquella belleza de una juventud envenenada en odio y podrida en divisiones.

- Por favor dígame el número de las emisoras locales para encender las alarmas

El chico listo del número de emergencias apenas podía creer lo que estaba escuchando. Seguro que anteriormente debía tener noticias de locos que llaman a informar sobre presencias extraterrestres y platillos voladores en el cielo pero jamás hubiera creído que él fuera a ser alguna vez testigo directo de aquella exuberante locura. Sin lograr reprimir del todo una risita burlona me preguntó si estaba viendo un objeto volador no identificado en el cielo. Le respondí convencido que sí. Y no lo hubiera creído del todo. Hubiera quizás sospechado que se trataba de un delirio, de una alucinación, de una válvula de escape a la tontería terrenal que impregnaba la marcha. Sólo que minutos antes me acerqué a mirar más claro el fenómeno y sin dejarlo de ver le pregunté al viejo del lado si acaso no veía ese mismo punto luminoso que yo estaba viendo. Me dijo que seguramente se trataba de un avión pero le repliqué que estaba totalmente quieto en el cielo, hazaña que es bastante improbable para un avión comercial. Le dije, seguramente es un globo. El viejo me miró como un bicho raro, volvió a ver ese punto blanco y se fue. No estaba delirando, se trataba de un fenómeno objetivo y el viejo era la prueba de que no se trataba de una percepción meramente subjetiva sino que tenía una realidad precisa verificada por la reacción del anciano.

- No le puedo dar el número de las emisoras para estos casos señor, lo siento.

Me respondió el listo del número de urgencias. Procedió a preguntarme mi ubicación y la posible ubicación del objeto. Me reservé mi nombre, porque ya era obvio que el listo estaba tomando provecho de la situación y no quería prestarme para sus impías burlas de necio. Me preguntó si estaba seguro de no estar viendo un avión. Un avión pasó dos veces cerca de ese punto, lo que me llenó de espanto por unos segundos. Y parecía que el avión atravesara el punto sin consecuencia alguna. O el punto se desvaneciera al paso del avión y reapareciera luego de un rato que el avión hubiera cumplido su trayectoria. Lo más probable también, y luego terminé de convencerme de ello, es que el punto se encontrara en un lugar mucho más distante del avión. En los bordes de la estratosfera. No, evidentemente no era un avión. Pero sufría por dentro por la conciencia de estar presentándome como un maniático, de esos que gritan en la calle sin que nadie los escuche, que huele a azufre, que llega el fin de los días y la gente agacha la cara y se pone las manos sobre las mejillas y se burla.

Necesitaba encender las alarmas, no a la manera de Orson Welles, porque estoy lo suficientemente fregado como para querer burlarme de alguien y simular una supuesta invasión extraterrestre; en este caso sería yo quien terminaría burlado pero nadie inventa una fantasía para lograr este objetivo tan concreto. No deseaba no ser tomado en serio pues estoy lo suficientemente fregado como para creer que en realidad algo existe afuera sosteniendo su mirada sobre el mundo a la manera del ojo divino del Guernica de Picasso.

Tal vez se tratara de un satélite metereológico, trataba de consolarme luego del fracaso comunicativo con el listo del número de emergencias. O quizás como me lo había sugerido alguien en otro momento un planeta visible gracias a la impecabilidad del cielo en ese instante. Pero un planeta no describe esos bruscos cambios de órbita Lo miré mientras estaba fijo colgado en el cielo. Tratando de hallar razones a mis ojos. Recordé las fotografías mostradas en los noticiarios hace poco de avistamientos de ovnis en Medellín. Objetos con una proporción geométrica cilíndrica y chata muy similar al que estaba observando en este instante. Los testimonios eran todo menos claros. No pude dejar de arriesgar analogías.

Con el paso del poco tiempo pude ver que contrario a lo que en principio parecía el objeto no se encontraba en absoluto estabilizado. Ahora caía de nuevo sobre el árbol que amputaba el cielo, el cual fue el punto más bajo en que cayó antes de alzarse de nuevo hacia más allá del destino de los aviones. Una vez lo perdí me levanté con el fin de sobrepasar el árbol que interrumpía la visión del objeto. Pasé sobre los carros, sobre la calle, sobre los marchantes que alzaban pancartas de odio disfrazadas de amor.
Una vez superado el obstáculo del árbol, en medio del aparcamiento de McDonald’s, bañado por los rayos del cenit del sol y refrescado por el viento de las montañas del oriente, puesta la vista al cielo, perdí desoladamente el objeto. No podía dejar de ver hacia el cielo como los idiotas. Los mensajeros del establecimiento me apartaban rudimentariamente de sus labores. Estaban llevando unas cajas de un lado a otro, yo sin comprender las razones. Un mensajero que recién llegaba contaba con ánimo cotidiano el accidente de una señora con un bus. Pregunté si la señora había muerto. El accidente tampoco era tan interesante. Sencillamente un carro manejado por una señora que choca un bus. En medio del tráfico y la manifestación. Volví a alzar la mirada al cielo. Me acerqué al árbol que en principio había estorbado mi completa visión de la trayectoria del objeto. Allí el árbol sacudía sus ramas como un baile ancestral. En el cielo no veía nada. Cerré los ojos y sentí que una polilla me pasaba sobre la nariz. Así que todo había sido una polilla, un error de perspectiva. Claro, tan idiota, desde lejos la blancura de la polilla contrastaba tan fuerte con el azul del cielo que parecía estar volando cientos de kilómetros consumida en él. Los aviones no la tocaban no porque estuviera tan lejos sino precisamente por estar tan cerca.

Un desamparo me albergó el corazón como una súbita muerte de Dios y me quedé paralizado por completo, allí en medio del gran estacionamiento de las comidas rápidas. Deseaba llorar o tirarme al suelo. No restaba más que gente yendo de un lado a otro con sus pancartas de nacionalismo exacerbado y yo había perdido la razón de la manera más lamentable. Me sentía un débil mental de primera. Quería internarme en la Monserrat por delirios y alucinaciones fortuitas a mediodía. No era posible que tanta literatura barata y fantasías de ufos y vida alienígena me hubieran carcomido el cerebro de esa manera. Siempre pensé que era tan razonable como para enfrentarme a ellas con un punto de vista distante y escéptico, ahora me encontraba sufriendo por la falta de magia en el universo y porque la Verdad estuviera de mano de gente asquerosa que incitaba a la guerra y el odio, a las tumbas asentadas en tierra y no a la vida por fuera, en otro espacio, la belleza de albergar otra realidad.

Respiraba hondo y en busca de la polilla que me había roto el corazón de infancia pude observar algo hermoso. Parecía una paloma y surcaba decidida el hermoso cielo con sus blancas alas que al sol parecían brillar con luz propia como poseedoras de un aura que difícilmente podría erradicarse de la vida humana. La vi volando resuelta en medio del vasto cielo que se abría en Bogotá esta tarde hermosa y sentí mi espíritu rebosante de felicidad

No la perdí de vista y fui detrás de este destellante espectro. Allá en el occidente. Mientras iba detrás de su irreal luminiscencia me percaté de algo real. Resultaba imposible físicamente que aquella paloma brillara con tal incandescencia desde la lejanía en que ahora la percibía. Por más blanca que fuera no podría jamás reflejar la luz del sol con aquella fuerza inusitada.

Atravesé hábilmente la avenida, esquivando carros que ondeaban banderillas blancas. Caminé sobre los prados sin temer tropezar con las ratas que habitan allí. Sobrepasé dos hombres de apariencia sospechosa que me vieron tan concentrado en el cielo que decidieron dejarme en paz. Palpaba el suelo con mis pies mientras me concentraba en hallar de nuevo la paloma.

La paloma ascendió hasta el cielo de nuevo más allá del alcance de los aviones. Se mantenía fija por un rato y luego desaparecía, como un guiño de ultramundo. De nuevo tomaba la forma de un planeta. Emitía vibraciones de Venus a los desengañados. Me sentí súbitamente muy perdido, a la deriva de una fuerza superior que me señalaba la dirección en la cual desaparecer completamente hacia la muerte o hacia la búsqueda de nuevos planos dimensionales de sensaciones e inteligencias. Los árboles que rodeaban el aire empezaron a arrojarme sus hojas como madres que lloran la despedida de su hijo en el momento en que nace. Cerré los ojos con la vista puesta en el punto luminoso que colgaba en mi corazón esperando saber obedecer a la orden de arrojarme de una buena vez hacia los fugaces autos que recorrían la autopista o saber esperar un huracán que se abriera en torno mío remontándome a los albores más fantásticos del universo en que la vida fuera una bendición. Miraba los cristales de los buses que con prisa iban por la avenida y predecía mi sangre en sus parabrisas, una cara deformada con una risa inocultable. Un nuevo nacer que me recibiera en el polvo del cosmos acariciando las ruinas de un sueño imposible. La inscripción de la palabra como la fundación de un planeta deshecho en lágrimas. Amor, sólo estoy bien y no preguntes demasiado.

Una nueva luz emergió de algún lugar remoto del horizonte y precipitó al viejo punto brillante hacia su dirección sin que este último lo alcanzara por completo y perezoso prefiriera quedarse de nuevo en otro sitio estratégico del universo en que me costaba reconocerlo y luego desaparecía y aparecía otra vez en un punto cercano pero siempre misterioso ejerciendo una sombría sensación de ambigüedad en mi materia.


Algo cayó desde los cielos, al momento en que el nuevo punto veloz iba ascendiendo hasta un horizonte más incierto en el que sin embargo su contorno se hacía mucho más claro que el original punto que me interesara. El tercer objeto caía a menos de cinco metros desde donde me encontraba, como un fantasma que fuera descendiendo protegido de un hálito ardiente. De nuevo cayó hacia un indeterminado lugar en medio de un mini bosquecillo improvisado en una de las separaciones de la autopista. Pareció perderse al tacto del primer árbol pero deseé ir hacia este punto para enterarme realmente de qué se trataba. En ese intento un gran camión pitó y me botó al lado de mi acera. Volví a ver hacia el cielo y de nuevo pude identificar los dos objetos. El primer punto seguía apareciendo y desapareciendo misteriosamente sobre una misma área del cielo. En cambio el segundo objeto parecía dibujar una elipse más definida en el horizonte que entre más lejana a la tierra estuviera parecía otorgarle mayor forma. Esta forma era muy similar a la de un satélite artificial.

Duré aproximadamente una hora con la mirada concentrada en el cielo. Luego perdí el rastro del punto, el cual pareció dejar de aparecer sencillamente para desaparecer por completo. El probable satélite también se perdió en el lugar más lejano del azul del cielo. Sentí una inmensa curiosidad por el objeto en forma de platillo ardiente que cayó a pocos metros míos. Los carros andaban a toda prisa por la autopista y sentí que mi hora de morir ciertamente había pasado. Me sentía fatigado, absorto, desamparado y confundido.

Mientras volvía a casa pensé en el fenómeno. La gente regresaba de la marcha, contenta por cumplir su labor ciudadana de marchar. Yo me había alejado del deber de ciudadano de participar en manifestaciones públicas. Pero por un momento también me sentí alejado de ser humano. Sentí que era lícito mirar al cielo y preguntar qué ocurre allá arriba mientras nosotros morimos como ratas acá en la gravedad de esta tierra. Me preguntaba sobre la naturaleza de las extrañas esferas. No quería volver a caer presa de la pasión y llamar a encender las alarmas. Naturalmente, en el momento en que cayó aquel objeto lo más razonable sería llamar y encender las alarmas. Algo cayó sobre la tierra esta tarde y no sabemos su naturaleza. Un pronóstico terrible oscureció el cielo bañado por los rayos del sol. Muy probablemente los puntos que presencié en el cielo fueran tan terrestres y groseros como la gente que levantaba pancartas y gritaba en las calles. No estoy seguro de nada. Aviones fantasmas de los Estados Unidos. Satélites espías de aliados o enemigos. Esferas pitagóricas de la verdad o resquicios de una tormenta solar. Objetos extraterrestres, extradimensionales o puertas abiertas a dioses Primordiales con voraz apetito de seres simples.

No puedo estar seguro de algo más que este sentimiento de despojo cruel que me alberga al pensar que seguramente no fui digno de ser llevado con ellos al mismo lugar al que se dirigía mi paloma incandescente.

Sunday, January 27, 2008

nota del día

Debo retraerme de hacer afirmaciones de carácter científicas - sea desde la ciencia social o la ciencia natural-. Me llega como una satisfacción. Es ciencia natural. Dudo que desde la ciencia social se llegue a verdades satisfactorias. Debe ser una proposición que surge desde una certidumbre científica similar a la de las ciencias naturales. Pero considero que es extra científica. Debo retraerme de hacer afirmaciones de carácter científicas, a menos que sean ciencia. Deberé someterme a la navaja de Guillermo de Ockham como si ésta se clavara directamente en el prepucio y me hiciera gritar de un dolor plenamente lleno de verdad de ciencia esclarecedora. Un fluido de sangre brota desde mi cerebro y yo devano la idea. Devano la idea deshaciéndome a la idea de un carácter científico como tal, como se concibe la ciencia moderna. Caspiroteó los dedos en busca de una música que vibre en la frecuencia de la respiración exangüe.

No hay tal atracción natural por el infierno. Por qué nos atraen tantas jornadas en el infierno? Porque embadurnados del mal pocas cosas se pierden al describir las bestialidades. Todo vale. Distinto al cielo. Donde en el intento por describir su grandeza padecemos perder todo su encanto. Como si nada valiera. Las palabras corrompen lo hermoso, se alejan de él, nos tortura su distancia.

Monday, January 21, 2008

Virgilio Nobrainski en exclusiva entrevista con el eminente Dr. Addictosawa

Después de incontables llamadas y búsquedas que me llevaron a localizarlo, y tras un viaje de casi 400 kilómetros por carreteras destapadas y olvidadas, encuentro el refugio de Kerberos Addictosawa en un paraje de una región deprimida y supersticiosa en la que el desarrollo científico que ha impulsado el notable científico parece un mito más de los que se teje en el interior de las viejas casonas al calor de la agüepanela y las velas.




No he terminado de aparcar el coche cuando a través de la ventanilla veo que sale de una destartalada casa la altiva Linda G, acompañada de 3 chiquillos que la agarran de las nagüas, como asustados por la presencia de un extraño y preguntándose a qué se debe la inesperada visita. Linda G, entrecerrando los ojos, me reconoce y dibuja una noble sonrisa en su cara. Espera a que termine de aparcar cerca a la sombra de un arbusto y la veo, como las campesinas, limpiándose las manos en la falda para salir a recibirme. Le dice algo a la más chiquilla y ésta se apresura adentro de la casa, seguro que para avisar a su padre de mi presencia.



En medio del afable recibimiento por parte de Linda G, en el cual le entrego algunas películas recientes que estoy seguro le agradarán y de las que en esta región es poco probable que tenga acceso, sale la pequeñita del principio y nos interrumpe con grácil coquetería: Está en el huerto. Le dice a su mamá cuando ésta le pregunta por su padre.



Me resulta difícil diferenciarlo en el huerto con tantos hombres trabajando. Finalmente se me acerca uno, con un tajo de zanahorias y hortalizas. Su extrema delgadez, su fígura desgarbada y jibada aún se conserva y debió haber sido suficiente para reconocerlo. No obstante, su rostro quemado por las intensas horas de jornada al sol, su creciente calva, su bigote raso, me impidieron creer que se trataba efectivamente de él. Sudado como estaba, con la ropa mojada de su propio esfuerzo, me lanza un abrazo pegajoso que me cuesta aceptar con agrado hasta que finalmente pienso: es él.



Me invita a tomar guarapo, me presenta a sus 3 nuevos hijos, contando la particularidad de cada uno, con el orgullo propio de un campesino que siente gratitud por la compañía y la amistad que sus retoños le brindan.


Nobrainsky: Innumerables veces se ha autorreferido a sí mismo como "un científico que indagó sobre la tristeza", no obstante, su obra ha sido objeto del desprestigio sobre todo luego de la publicación de los trabajos "O2: chúpame las bolas". Considera que se ha subestimado su trabajo?





Dr. Add: 02 fue fruto de un trabajo constante que me costó 10 años de esfuerzo e investigación. Todo fue a raíz de una intuición. En un principio nació como un pasquín universitario llamado "U2 chúpame las pelotas" pero en esa época estaba tan colocado que por mero accidente se publicó con el error tipográfico "02 chúpame las pelotas". No todo puede ser tan fatal en la vida, o, en mi caso, decidí refugiarme en el rigor -término terriblemente mal usado y mal traducido gracias al cabrito del Ortega y Gasset-, mejor dicho, en el amor a la ciencia para escamotear la fatalidad de la vida. En este sentido, más que esa frase tan obsoleta con que la gente trata de reducirme del científico que se encontró con la tristeza, soy el científico que miró el universo para olvidar la tristeza, no es nada nuevo, ni nada interesante, no soy un personaje excéntrico de la comunidad científica que viene a revolucionar los paradigmas. La gente viene hacia mí en busca de un carácter, de un personaje, una caricatura traducible a la gran pantalla y se defrauda. Soy un pensador con el culo en el telescopio, es eso tan interesante? Tan sólo un científico, es lo que se ha olvidado y se ha puesto el acento en la tristeza, cuando la tristeza pone el acento sobre nosotros y nos obliga a merodear este mundo perecedero, en nuestros coches, en nuestras mil maneras de mirarnos al espejo de mil modos al frente de una gran pantalla, en las navajas, en nuestras mil maneras de matarnos al espejo de mil modos frente a una gran pantalla... pero nadie nos observa y es lo real del asunto. Sin el amor que nos impulse a escapar, por fuera de la Galaxia o por dentro de ella, no somos sino unos condenados de la gravedad de nuestro planeta que es tan enano como Plutón. Es lo que mucha gente olvida, el poder real del amor y en él, un amor tan real como cualquiera, el amor al conocimiento, la ciencia y la técnica. Yo me masturbo cada noche con el sabor de la vía láctea en mis párpados, soñando con el día en que la estupidez y la soberbia ceda y de bienvenida al otro que nos conquista en los sueños y olvidamos tan pronto nos despertamos y nos apuramos a nuestros lugares de trabajos por la necesidad del qué comer. No vinimos a esta tierra a sobrevivir, vinimos a este magnífico lugar para soñar y explorar, ser explorados, encontrarnos, acariciarnos, ser amados y amar. Del resto no me hables, Virgilio, el resto me fastidia enormemente, sólo quiero perderme en mi mar de fantasía y así llorar largamente por no poder tenderle el brazo a ella y limpiarle sus lágrimas también, por la soledad que nos devora y nuestra indiferencia, con el dolor del otro sobretodo.



Nobrainsky: De todas las críticas que se escuchan en los medios académicos, hay una que a ud especialmente le gusta alentar provocadoramente. Dicen que su ciencia es para pijos y que usted más que un científico metódico es un gran farsante con pretensiones de rock star. Quiere responder algo al respecto?






Dr Add: Evidentemente no quiero responder. No es mi labor la de ser un alentador de chismes o habladurías malsanas. La academía es un medio muy mierdoso. ¿Lo dicen por mis tatuajes, por mi manía de llenarme de clichés mi cuerpo? Todo el cuerpo es un cliché muy del siglo XX. El sexo es un cliché que no sería malo de no ser tan desgarrador para algunos seres: los que están irrevocablemente por fuera de su universo discursivo. La educación no sería un cliché tan malo de no ser tan excluyente. Así mismo con todas las esferas de los cuerpos del control que amenazan con reducirnos a una definición precisa y unívoca. Lo que ofende a quienes se sientan en un escritorio a diagnosticar el conjunto de la raza humana es que efectivamente hasta los más leprosos disfrutan el sexo, porque todos tenemos vergas y vaginas y anos y bocas que claman por ser besadas; que efectivamente hasta los más idiotas aprenden y llevan consigo una educación a cuestas, no la formal porque la formalidad destruye, una educación más abierta que no por eso se enfrenta con menor profundidad a la espesura del cosmos que la que nosotros nos suministramos a punta de técnica y cálculo: todos creamos nuestras ficciones para comprobar lo que queremos...



Nobrainsky: ... Pero lo que usted me está diciendo en este momento es radicalmente contradictorio con lo que me dijo en la primera pregunta, cuando hablaba con tanta pasión del amor al conocimiento, la ciencia y la técnica.



Dr. Add: No sé. No sé si haya contradicción o no. A quién le importa? Le importa a Dios? Quién sabe. Le importa seguramente a los humanos, vivimos en un universo humano y nos comunicamos con humanos, una mierda, pero así es. Y los humanos se dan muchos aires, es lo que veo. Crean juegos y luego los vuelven reglas y luego terminan como pura dictadura hasta la tiranía. Así es el conjunto de la sociedad, es una mierda, pero así es. La contradicción no es algo que me rompa el coco. Amo a la ciencia desde la cabeza de la pilila hasta el final de los cojones. He tenido unos follones increíbles con la técnica: todo es técnica, nosotros somos técnica, el sexo es una técnica. Techné decían por ahí unos gilis. Creerles o no creerles, no importa. Por más bueno que la haya pasado apretándome el mico con los números no puedo dejar de ser conciente que el conocimiento es una puta cuya naturaleza es romper los cojones a quien se entrega a ella y maldecir a quien no la mira. Es todo lo que digo una contradicción? Es más evidente que es un sinsentido.



Nobrainsky: Pero seguro querrá responder a quienes en la actualidad lo acusan de "creacionista", entre ellos el doctor Chakovski Du Amsterdam que ha manifestado abiertamente el desprecio que siente hacia usted llamándole: "Ese tosco oscurantista del medioevo que mira el bing bang con los criterios de la Summa Theologica".

Dr. Add: Me cuesta creer que una civilización no sea un episodio normal en la vida de un sistema planetario, o, para ser más abiertos, de una galaxia. En nuestra misma tierra tenemos varias civilizaciones, sólo que somos tan estrechos de mollera que nos cuesta reconocerlas como tales: qué son pues las organizaciones de hormigas o de abejas. Y creo que aún hay alguna civilización en esta misma tierra que nos mira sin dejarse ver, más grande que nosotros y que no hemos podido ver porque nuestros lentes de investigación están empañados. De pronto somos su objeto de investigación. El Dr. Maurice Toulouse dijo alguna vez algo muy bonito sobre mi libro La cosmogonie d'une Malédiction: Si una rata de laboratorio se viera por accidente reflejada en el cristal que la encierra no miraría sino una rata insignificante. Kerberos es el experimento de un científico muy cruel.

Nobrainsky: Concuerdo con el Dr Toulouse en su apreciación. No obstante, su teoría cibernética y moral del centro de la tierra me parece desconcertante. Incluso, en conversaciones recientes con el célebre Dr Toulouse me pareció un poco más alejado del entusiasmo que en un principio pareció profesar por su obra.

Dr Add: No hay nada de desconcertante en mi obra Kyber-Sittlichkeit. Ante la dificultad de demostrar que el centro de la tierra está compuesto por una gigantesca bola de ferro-níquel yo sostengo que se compone del pecado original. Ahora bien, qué se entiende en términos científicos como le peché originel, como dicen los franceses. Yo, en mi condición de estudioso del cosmos, entiendo una abstracción de la lógica binaria y el gato de Schröedinger. La caída del paraíso es la carga que sella nuestra raza, es decir, la gravedad. La gravedad en todo el sentido que significa la palabra: gravedad como algo muy grave que nos sucedió a nosotros. En este orden de ideas, ante la imposibilidad de observación de esta carga moral sobre la raza en el núcleo del planeta, es un centro de pecado que existe y no existe al mismo tiempo. La co-existencias del pecado con el no-pecado sólo fue posible de observar gracias a la crucifixión del Cristo que cargó todo el sufrimiento de los hombres sobre su cruz. Fue la demostración suprema de la lógica cibernética que rige el planeta a los hombres primitivos de ese entonces, sólo que se carecía del contexto tecnológico para comprenderlo.

Nobrainsky: Interesante pero supremamente difícil para conceder. A veces, ¿no siente que se ha quedado solo y marginado de la discusión científica por sostener tan férreamente estas convicciones?

Dr Add: No sé qué es la soledad. La soledad siempre la he sentido en mi corazón no importa cuánto me hayan escuchado alguna vez, cuánto haya estado acompañado alguna vez. La soledad la siento cada vez que pongo el ojo en mi catalejo y observo las estrellas. En algún momento de mi vida pensé que la soledad se refería a un parásito que me estaba consumiendo. Luego de profundas investigaciones y experimentos a los que me sometí por mi propia cuenta me di cuenta que la soledad no estaba allí, en el interior de mi organismo, como había creído en un principio.

Caía la tarde. A lo largo de toda la conversación que sostuvimos y la minientrevista que me permitió publicar, nos tomamos cerca de 8 totumadas de guarapo. Su gesto ya estaba agotado, tanto por la conversación como por el trabajo forzado de la mañana. Me acompaña hasta el coche donde me despide. Mientras me alejo, lo veo a la luz del faro que alumbra su humilde casa. Sus nuevos tres hijos juegan entre sus piernas y la falda de su madre. Linda G, le pasa el brazo sobre sus hombros. Kerberos Addictosawa también espera impaciente hasta perderme de vista. No sé por qué de súbito me siento perdido.

Sunday, January 20, 2008

la nueva noche

Luisa atravesaba vastos campos adentrándose por las llanuras del Casanare. La crin del caballo ondulaba con el paisaje y golpeaba sus firmes brazos. El sol moría en la negra cabellera. Su pálido rostro resaltaba como un sol en el cenit de su vida bajo el agobio de una atmósfera renacida. De nuevo era una niña en el vasto campo que se abría para ella, montada en un recio caballo que dirigía a galope constante, el infinito celestial se abría y parecía no tener fin sino en el final del horizonte. Luisa resulta que no eres la niña corrompida que galopa por las llanuras del Casanare. Luisa se arroja boca arriba en un descampado del camino a contemplar las tempranas estrellas que ya aparecen en el firmamento de la tardía tarde. Son todas ellas soles, con inocencia muerde una raíz y estira sus largos brazos, son todas ellas días prometidos. El último refugio de la devastación es el paraíso de la inocencia. Para ellos, los animales que habitan en esta extensa lejanía, no ha pasado nada que pueda competirles, aún cuando todo les compete, primario combustible de los hombres. La verdad es que apetece morir en esta ráfaga de viento cálido. Los días de acero se acercan. El olor a muerte, a sueños de terneros amputados, el jabón de la sangre fresca, un ojo que aún no se cierra. Deja que la tierna res entre en ella y adentro siente con gusto como sus jugos gástricos se encargan de comprimir con toda fuerza el resto de la carne. Ella es la carne del ternero y vuelve a mirar a las estrellas de la noche con agradecimiento por brindarle semejante amante. La comunión con la bestia la hace una vez más poderosa en las extensas llanuras y vuelve a retomar el galope de su caballo fiel. La noche se hace más espesa en la sabana y una comparsa de lechuzas adorna como una corona el delicado paso que se abre en la sombra. Los caños como espejos que los cascos del corcel dividían infinitesimalmente al contacto con níveas rocas que resguardaban la promesa del despertar en tiempos mejores. Luisa se apea en el cadente llanto de la ribera y desnuda sus firmes pechos a la expectante luz del astro selenístico. Bajo su falda un monte endiablado devora las turbulencias de las cavilaciones de los embriagados sueños. Totalmente desnuda se sienta a contemplar el destino que presuroso sigue el aniñado caño. Su larga mano delicada se sumerge en el abatido elemento y se adueña de una larga rama que dormita bajo su lecho. La rama de un verde petróleo brilla como joya enseñoreada de la nueva noche. La arranca como un beso y la acaricia con la rosada vulva que se debate entre el enloquecido monte oscuro. El espíritu del caño, como un juego de chispas que juguetea en el centro de la corriente, arremolina la larga cabellera de la caliente loba y acaricia una tierna brisa con el susurrar de una vieja sabiduría. Un vehículo astral desciende a la orquestación lúbrica y respetuoso de no ocasionar ninguna molestia se sienta al lado de la muchacha para atestiguar un celestial orgasmo entre Luisa y la ramita verde. Son los seres que vinieron desde otro tiempo. Otra galaxia que vino a través de la noche. Luisa se masajea los suaves muslos y cómo quisiera que viniera ese macho cabrío a penetrarle su cándido culo para cerrar la noche con un estruendoso grito que rompiera la fantasía de la noche. Un pez lame el ano de Luisa mientras la rama le penetra constantemente hasta provocar la sangre por ruptura. La sangre navega por el interior del caño y los elfos que se laceraban las espaldas se masturban con el penetrante olor de muerte que les llega desde la otra orilla. El caballo se erecta y empieza a jadearse en regocijo al ver la rendición de la muchacha. Eyecta un potente chorro blanco a la nitidez de la noche y escucha las campanas de su propio vigor sañudo. Luisa convulsiona una vez más en su ardor frenético de ser poseída por el espíritu de la materia negra del universo. El caño limpió los últimos rastros de sangre. La luna brillaba sobre la copa de los sabinos enrarecidos. La sabana se extendía hasta el horizonte y el horizonte era implacable en contagiarte de su tristeza. Yo amaba a Luisa hasta los cojones. Un día supe que se tiró de un caño y no se volvió a saber más de ella. Se encontró su fiel compañero. Enloquecido, boca arriba, contemplando las estrellas. Luisa sucede que te llamabas Nadia.

Tuesday, January 15, 2008

horizontes implacables

Luisa atravesaba vastos campos adentrándose por las llanuras del Casanare. Su tez pálida delataba a los locales que no era o no vivía en la región. Era de la región, pero no vivía en la región, era una extranjera en su propio lugar de nacimiento. La crin del caballo ondulaba con el paisaje y golpeaba sus firmes brazos blancos. El sol moría en la negra cabellera y la vestidura de severo luto de Luisa. De nuevo era una niña en el vasto campo que se abría para ella, montada en un recio caballo a galope constante, el infinito celestial se abría y parecía no tener fin sino en el final del horizonte. El final del horizonte como la muerte. Una vez dices No quiero morir es irremediable tu muerte, le das material de primera a la muerte, eres un buen candidato a la muerte. Una vez dices No quiero morir estás listo para la muerte, estás irremediablemente vivo. Y alguna vez dices No quiero morir porque ya sientes el acecho de la muerte. Me gustaba hasta los cojones Luisa. Me hacía sentir despedazado su belleza altanera. Algunos atrevidos afirmaban que la razón de mi gusto desaforado por aquella muchacha moderna se debía a su indiscutible parecido conmigo mismo. Tan narciso me creían! Sin embargo era curiosa la manera en que nos repelíamos. Alguna vez camino a la misma dirección pude notar el modo en que ella apresuraba el paso. Yo lo apresuraba. Quería sobrepasarla. Ella quería sobrepasarme. Yo no la queria ver porque me hería su belleza. Bajé mi cabeza como es habitual. De soslayo noté que tenía baja su cabeza y esquivaba mi mirada. Tal vez tampoco quería verme. Me resultaba difícil creer que mi belleza le hería. Pero bajaba su cabeza y me resultaba fácil de imaginar que mi belleza también le heriría. En esa época me tatué un código de barras porque me sentía una mierda plástica de supermercado. Su mirada me causaba una tensión insoportable. En el bar no podía sostener su mirada y ella era cruel a propósito. En ese entonces andaba con una novia que me tenía hastíado y parecía que yo emitía vibraciones de gusto hacia Luisa. Suficientemente obvio para querer desmentir mis heridas. Ella pedía la música que a mí me gustaba y luego, acto seguido, alguna canción de mierda para fastidiarme. Esa fue nuestra comunicación. Eso fue todo lo que nos hicimos el uno al otro. Una pequeña complaciencia, una pequeña molestia. A pesar de que yo no haya dicho nada en toda la noche, mi cara la haya mantenido baja y sólo pudiera contemplar a esta chica en leves atracos en que la dirección de la atención se concentrara en algún lugar fijo: entonces la miraba: qué hermosa y fea: puta escuálida y vulgar que me llevas al cielo con tu presencia: jamás tuve contacto alguno con una chica tan garbosa y te veo: tan estúpida e indiferente: tomas desprevenida tu cerveza: estás tan cerca a mí: bebes tan groseramente tu cerveza: sacias tu sed de una manera tan lamentable y me llenas de sed: ardo como un lechón cada vez que pasas salvajemente cerca a mí y tu trasero me parece hermoso sin atreverme a verlo. La belleza se encarna en la estupidez de algunas chicas de una manera tan armoniosa que nos resulta imposible separar estupidez de belleza. La belleza de unas buenas nalgas es algo que palea las pretensiones a algunos hombres. Reducto insostenible de una evolución truncada: tu par de nalgas. Nunca te sostuve una mirada. Nunca te dirigí la palabra. Lo nuestro fue un idilio que me reprocho por ser el que soñaba. Tú no eras estúpida como yo hubiera querido que lo fueras por tener tanta belleza desgarradora en tu ser. Nunca quise medirme contigo y por eso jamás te dirigí la palabra Luisa. Porque ninguna palabra mía alcanzaría la gracia que tú ya en tu carne contenías. Luisa resulta que no eres la niña corrompida que galopa por las llanuras del Casanare. Luisa resulta que te llamas Nadia y me rompiste el corazón. Los ojos de Nadia fulguraban en inocencia, curiosidad y chispa. Pude morir en tu sonrisa pura y sincera. Tu cabello de la textura de los aceites del Olimpo, juguetón en la brisa del mediodía en que te conocí. Qué es ser disfuncional? Desde que tengo memoria para registrar los hechos que me acontecían en mi vida recuerdo haber sido una persona disfuncional. Pronto caí presa de la enfermedad y la enfermedad consumió toda energía que se apartara del instinto de supervivencia. Mi educación estuvo siempre alternada entre la escuela y el hospital. En la escuela hablaban del recinto escolar como la segunda casa. Mi segunda casa fue el hospital y mis maestros las enfermeras y doctores que revisaban mi caso. El hogar de la escuela siempre fue aterrador y mórbido. Era tan poco el tiempo que duraba en el aula que los niños del curso siempre me creían un elemento extraño. Por consiguiente, jamás dejaron de tratarme como un elemento extraño. Nunca pude lograr lo que se llama una integración. Mi desempeño en los deportes era pésimo y en primaria todo se reduce a tu rol en el deporte. Estaba en banca rota desde mi vida social como deportista. Los niños que mejor jugaban eran los reyes. Ellos tenían derecho a escupir sobre mí, ya que ni siquiera hacía parte de un sentimiento de identidad de aula al pertenecer tan poco tiempo en ella. En el hospital, mi segunda educación no iba por mejor camino. Compartir salas con niños muertos, con la tragedia, con la soledad y los incesantes pitos de ayuda que emergían de los otros cuartos y la respectiva amargura de las enfermeras. No entendía por qué no moría. En este momento estaba sufriendo un dolor agotador y asfixiante excesivo para un niño. En las clases un niño se me acercó y me preguntó por qué hablaba de la manera en que lo hacía. Yo hasta ahora descubría el habla. En casa el silencio imperaba. En el hospital todo eran quejidos. En el aula descubrí el habla y me juzgaban por el modo en que lo hacía. me preguntaban si era extranjero, si venía de otro país, de rusia o un país lejano en el que no se podía pronunciar bien el español. Quería comunicarme, quería expresar que era una persona diferente, similar, finalmente, una persona en este mundo y esta expresión se vio amputada de raiz. Ya nadie me prestaría oidos. Ya nadie me pondría atención. Era menos que un chimpancé asmático en ese instante. Era un niño enfermo y un niño enfermo es la peor desgracia y miseria que hay sobre la tierra. Un niño triste y solitario, un proyecto en ruinas que toca preservar por un sentido meramente histórico. Hace unos buenos siglos se hubieran deshecho de mí en un acantilado. Era desde ese entonces bastante evidente que mi vida no se conduciría por buen camino y que no sería de gran utilidad para el desarrollo de la civilización. Sobreviví. La adolescencía me retrajo a un letargo aún mayor, agravado por un sentido idiota de la rebeldía y una explosión fulminante de las hormonas. No podía dejar de hacerme la paja y soñar con tener alguna diosa de la televisión en mis horribles y quebradizas piernas de reúmatico para regarle un trago de leche que me salvara de caer en la autoautopsia selectiva y constante en que se resolvían mis púberes días. Retomé una vieja fantasía de la infancia para escapar de todo. Refugiarme en la escritura. En la infancia escribía cuentos fantásticos de dragones y bellas princesas. Algunos tenían giros inesperados y me gustaba repartirlos a las entradas de las casas junto a mi hermana que me ayudaba a crear los gráficos. Añoraba con brindarle algo de sueño y fantasía a los vecinos que sin precaución se acercaran a leer las hojas que repartía debajo de las puertas. Qué iba a imaginar que la imaginación de la gente estuviera más podrida que mis pulmones? En la adolescencia de nuevo me refugié en la escritura. Escribí hace poco "RETOMÉ" no estoy seguro que esa palabra sea la correcta. Tal vez la escritura nunca fue algo que haya dejado de lado. Lo que escribía ahora era confuso y lleno de ardor. Poemas en que las imágenes de la muerte y los campos santos no faltaban. Amor cruzado fatalmente con la muerte. Amor más allá de la muerte. Muerte sin haber cruzado el amor. Monotemas que me complicaban las horas. La escritura no se puede considerar un material acabado. La escritura se rehace, se recrea, se retoma, lo retoma a uno. La escritura como tal no existe. No existe un modo de escribir algo. No hay ningún lugar para agarrarse que le permita a uno asegurar que la escritura es un acto que se desplaza. La escritura no es una receta así como las recetas son imposibles sin un beneficio de fe. La escritura no admite fe alguna. La escritura es imposible porque es infinita. Si escribimos, escribimos como canallas. Un robot podría hacerlo mejor que nosotros. Si uno cree que lo que hace es escribir es porque funciona. Yo soy un disfuncional y me refugio en el cielo de la escritura. Yo soy escrito en ese cielo. Estoy muy marcado por ese cielo. Mi largo peregrinaje en el dolor de la vida contiene otro color a través de ese cielo que me imagina. Un relámpago que se desata en ese cielo me recuerda que no pertenezco a este terreno que se escribe....

Thursday, January 10, 2008

Sueños de Kerie Addictosawa




"Qué es? Qué es?" Despierto. Esa pregunta, la estaba formulando yo? Por qué me levanté preguntando eso? No era yo. Quién era en mi boca? Quién me preguntaba el qué de qué? Acaso la inteligencia. La inteligencia que poseo y se pregunta por quién la posee. La inteligencia que la vigilia atrapa preguntándose por la naturaleza de su captor. Quién es? Quién es? Quién se pregunta por lo que soy - por quien está?. Y sin embargo fueron esas cuatro palabras que pronuncié no bien despierto las mejores para despertar. Un pronunciamento hermoso, musical, proferido por mi boca, sin yo estar conciente de ello. Quéeees? Quéeees? Como si fuese una misma palabra. Sólo dos palabras. Una frase indiferenciada. Quéees? Como música desde las nieblas de un cosmos imperceptible. Dos elementos que en el cosmos colisionan emiten con seguridad calor. Kéez me emitió un frío que consume. La gravedad nos devoró hace varios milenios y las estrellas nos miran con tristeza desde su muerte espectral. 97% Hidrógeno no somos tan distintos a una inteligencia. No dejaremos de ser dos, para siempre. Para siempre solos.

Tuesday, January 08, 2008

Incontinencia

Me gusta lo que escribo. En realidad me gusta mucho, de lo contrario no lo haría. La mayor parte son guarradas sin fundamento. O un pañuelo de mocos de pijo de 26 años que aún no se ha acomodado al mundo. El valor del dolor es tragarlo y formar con ello un carácter, pero este blog entra de plano al terreno del culebrón: en qué drama mi vida se ha vuelto, yo pobre ceniciento. Esto revela que más que ser un pijo soy mucho más un anciano incontinente. El anciano ante la cercanía de la muerte pierde el sentido de la decencia. Me gustan las guarradas. Me gusta mear a la pantalla. A veces escupo a la pantalla como quien escupe al firmamento. Aborrezco lo que se llama "humor fino". El humor es esencialmente anárquico y en lo grotesco me regocijo. Me encanta el humor primario y burdo: un macarra le da al otro que está desprevenido con un palo en la cabeza: me cago de la risa. Aborrezco el humor político. No obstante, siento cierta atracción psicológica por todas las narrativas populares homoeróticas que pueden salir de estas pasiones políticas: Al presidente X se lo cogen por el culo, el senador Y se dobla ante la pija de la representante Z y ésta chupa las bolas al grupo Infinito. Tengo la capacidad de abstraerme del contexto político y me deleito ante la sediciosa imaginación sexual que conforman estos "debates". No me gusta la gente que deifica el humor y el impulso idiota de la risa. Detesto lo que se llama PUNK INTELIGENTE: a tomar por culo Odio a Botero: ese nombre es supremamente pretencioso y lameculos, su música es una lambada de pijos universitarios y las letras confirman que la cabeza plancheta de René Segura no es gratuita. No confío en la gente que tiene una risa en la cara. No confío en la gente desenfadada; ese desenfado como sentimiento de superioridad ante los otros que no pueden soportar la mierda del mundo. Últimamente cualquier cosa me arranca lágrimas. Últimamente las lágrimas desbordan mis ojos. Últimamente he perdido el control de mi llanto. Incontinente de ojos, cualquier cosa me agota con más frecuencia. Ya no puedo ver las noticias, ya no puedo leer los periódicos, ya no puedo escuchar la música, ya no puedo escuchar a otro hablando, ya no puedo ver a través de las ventanas de los buses, ya no puedo caminar por las calles, ya no puedo levantar la cabeza, ya no consigo hablar con mis amigos, ya no consigo levantarme de la cama. Me agarro las bolas por encima del pantalón y siento la tristeza profunda de mis genitales.

Friday, December 28, 2007

cálculos para el 2008

Que no son los cálculos renales, soy yo, soy yo y el sol, contra el sol y no yo. no es nada. palabras tontas. no existe el dolor, no el que lo deje a uno no ese
Malparidos hijosdeputa cálculos renales por qué no me consumen de una buena vez? por qué tardan tanto en llegar yo que deseo llegar a la crudeza de la tierra y vomitar como una prostituta con venéreas que se expone en la galería NoMa. Qué escribo? qué son estas tonterías? Malparidos hijosdeputa.

Se enjuagan los ojos
ante la posibilidad de padecer cálculos renales
nunca los he sufrido
pero deben ser sobremanera horribles
los dientes se apretan
la cara se contrae en gestos ridículos
los cálculos renales
que aniquilan todo sentimiento de fraternidad humana
están a la vuelta de la esquina
por qué debo tener la posibilidad real de llegar a este extremo absurdo de la enfermedad?
me pregunto incesantemente
es un estado supremamente crítico
el verse horas sentado
en el mismo baño
el mármol que se encoge y las horas que se alargan
estado inmisericorde y lamentable
yo que como una persona postrada en una pocilga pública
ahora me veo ante el advenimiento inminente de un estado de emergencia
lo que jamás funciona no debería hacerlo jamás
esto es una verdadera plasta de mierda infundada
se deben enjuagar los ojos
postrado ante la imposibilidad de hacer su cuerpo funcionar
cadáver caprichoso
no me recuerda una vida
una vergüenza
una condición putrefacta
no escondo el odio
la vida
depósito infundado de estiércol
cadáver caprichoso
sucio mendicante al que la vida le escupe
uno no deja de ser un cómplice de su miseria
y uno dice que odia para no verse tan ruin
así como el vagabundo blasfema a su benefactor
pero sigue bebiendo de esa agua sucia
llena de orines, sangre, semen, moco y flujo vaginal
pero en el interior uno no está más lleno que de cálculos renales

La noche es blanca
y todo se asemeja al cielo de los pulcros campos sacros
un pajarraco que rompe el cielo
vanidades fatuas en el abismo
la nostalgia que devora el recto
un leve destello del infinito
una indiferente mirada a las estrellas
comemos calladamente
en medio de un descampado anónimo
anoche bebimos de los dioses
hoy nos sentimos igual a ellos
en la soledad de nuestros agujeros
six feet under
se me enjuagan los ojos
soy de un llorar vacilante y gratuito
como anciano marica
que no retiene sus esfínteres
la muerte se me escapa
de mil maneras cada día
no quiero un júbilo
mi canción ya perdió su ritmo
como una prostituta en sequía que ha perdido su vocación
y deambula por los vastos trigales
me dicen: Johnny busca sombra
en busca de un fatal amor
una sola vez
para querer morir
por eso cálculos renales

Monday, December 24, 2007

Merry Christmas Monkey




Queridas criaturas nocturnas que aún visitan este viejo lastre, les traigo un presente de navidad con toda la humildad de un corazón podrido, como agradecimiento a la amistad brindada, la atenciòn prestada en algún momento del camino y las visitas esporádicas al tal vez más impopular blog de la galaxia.

the junkie's christmas

Thursday, December 13, 2007

final de los tiempos

My dear Professor Strowski, twenty years I was banned from my homeland, parted from my wife and son never to see them again. Why? Because I suggested to use the atomic elements for producing super-beings, beings of unimaginable strength and size. I was classed as a madman, a charlatan, outlawed in the world of science which had previously honoured me as a genius. Now here in this forsaken jungle hell I have proved that I am alright. No, Professor Strowski, it is no laughing matter ... Home? I have no home. Hunted! Despised! Living like an animal. The jungle is my home. Then I will show the world I can be its master. I will perfect my own race of people, a race of atomic supermen which will conquer the world.




Un tacto metálico sobre el rostro de Lisa de regreso al infierno cromado que estallaba sobre sus ojos compulsivos en torno a los reticulados del salón helado de Rusia 466. Sobrevivimos un mundo colapsado en bolsas de helio residuales desde los salones de manufactura abandonados. Allí está Hwyett arrojado a los frigoríficos hirvientes de la vieja estación espacial derrumbada en guerra. Pruebo un poco de ese aceite regado en los compartimientos del suelo. Allí está Hwyett librando una guerra perdida. El pecho se resiente a los gases de la atmósfera. Glóbulos oculares en explosión frecuente desde los suministros de video gratis. Lisa explora las bifurcaciones del no-espacio en que se juega la vida. "Todo cuanto actúa es cruel - Artaud" De nuevo al infierno. No hay regreso al final del mundo. Los babuinos corrían en manadas por las selvas de áfrica, los últimos refugios de esos culos rojos que quisieron resistir la ecmnesia aún se debaten en el enigma. El azul del cielo desapareció y los mares lincharon la cutrez del mundo. Un desgarre vertical de los brazos impedía cualquier intento de reparación en la psiché de una civilización humillada.

En el gran cristal del cosmódromo la vi partir. No me dejó tiempo de decir adiós. Quizás tampoco yo quería decirlo. La gente se aferra al cristal del cosmódromo y lo contempla por horas como si quisiera que no los dejaran solos. Tal vez yo también me aferre a esa plataforma vacía. Tal vez también tenga horas al frente de este cristal mohoso sin comprender que ella ya se ha ido. Paso horas sin sentido, paseando sin razón por los corredores de los salones de espera del cosmódromo. La misma imagen desgarradora de los rostros que se quedan. La misma cara de "mirar para adelante siempre" de quienes se van. Aún si les causa un dolor dejarnos, este mundo ya no corresponde a ellos. Mi corazón se atraganta de culpas en los pasillos muertos de un día de adioses definitivos.

El día despunta lentamente a través de los alfileres de llovizna. Paseo por los barrios negros con las manos en los bolsillos de la chaqueta. Los traficantes recogen a las putas que aún quedan, agotadas hasta el pellejo, y se van a buscar calor en sus cuartos de residencias baratas que colindan la zona. Finalmente encuentro un antro en el que poder refugiarme un instante. Dos cervezas, varios cigarrillos y varias canciones demoledoras. "Stargazar you call the shots an I take'em" Una bella guaricha se acerca y me pregunta si quiero bailar. Sí nena pero no quiero besarte la boca con aliento de pene. Bailamos y me cuenta de varios negocios en el viejo mundo. No me interesa. Quiero volver a la barra. Quiero volver al silencio y a la tensión entre el bartender y yo. Tal vez odiaba mi vida. Tal vez quería decirme que odiaba en lo que me había vuelto, esa ficción de haber sido algo mejor alguna vez. Otra vez la guaricha sentada a mi lado. Otra vez interrumpiendo la canción con su chillona voz. Estaba harto de las mujeres. Estaba harto de que me rompieran el corazón. Estaba harto de su sexo artificial. Estaba también cansado de mí, de ser tan femenino, de ser tan poco macho. Sólo quería cantarme para mí esta canción que dice: "dreams like this must die, dreams like this must die". Estaba harto de su exigencia. Estaba harto de que uno nunca fuera lo suficiente para su chica. Estaba harto de las demostraciones. Estaba harto del mundo, sí, eso era. Estaba harto de que uno nunca fuera lo suficiente para este mundo de mierda. Y la guaricha seguía hablando y hablando. Le miraba sus bellos ojos azules. Esa risa de doble intención. Ese pelo rubio cenizo sobre su cara reseca y aburrida. Quería que se callara. Me la imaginaba debajo de un hombre sucio hace unas pocas horas. Me la imaginaba gritando y gimiendo de placer. Me la imaginaba confesándole que era el mejor sexo que había tenido. Y ahora estaba acá hablándome e interrumpiendo las canciones que yo programaba para sosegar el ánimo. Me imaginaba que ella era de las que creía que el sexo era de lo mejor de la vida, de esa clase de mediocres. Nunca se largó. Nunca paró de hablar. Supongo que era de la clase de mediocres que dice que necesita compañía. Pero yo no era compañía. Al salir la mañana era negra. Los alfileres de llovizna todavía herían. Ya no quedaban putas ni malandros.

Me consuelo pensando en los miles de millones de receptores neuronales que se fueron atrofiando e inutilizando a lo largo de mi mala vida. Todos ellos representan las posibilidades de haber sido lo que hoy no soy. Allí está Hwyett dirigiendo una orquesta. Allí está Hwyett decodificando los códigos genéticos en bien de la humanidad. Allí está Hwyett puliendo una tesis. Allí esta Hwyett... aún con ella. Me imaginaba atravezando el espacio. Su mirada sería de excitación frente a lo nuevo. Ahora sé que no quiere ver las estrellas y cuando partió se quedó fija en el planeta azul. Adivinando qué punto era Hwyett. Preguntando por qué se vería tan pequeño y por qué ya no se veía. Preguntando en qué pequeña proporción del espacio de aquel minúsculo planeta se habría perdido Hwyett. Como un perverso juego de zoom en el que los confines se borran entendería que yo tampoco existía desde las distancias infinitas.

Tiro un dado hacia arriba. Vuelve a caer a mi mano. No me fijo en el número. Lo vuelvo a tirar arriba. Vuelve a caer a mi mano. Lo vuelvo a tirar. Esta vez no lo atrapo. Sigo mi camino, con la impresión de haber jugado a los dados, de haber perdido con los dados.

Tuesday, December 04, 2007

guns

Danny Bermuda fue un buen muchacho. Algo callado y bastante introspectivo, pero de todas maneras un chico intachable. Veo a Danny atravesar las aceras. Su paso lento, seguro, las manos en los bolsillos, su cara un poco baja, todo sugiere un ánimo respetuoso y resignado con la vida, su vida, que de todas maneras no es tan mala para resentirse. Veo a Danny cruzar la calle bajo el sol estallado de un día que terminará mal de todas maneras, bajo el estruendo de las negras nubes que terminarán por consumirlo todo. Danny tiene esa cara de parecer no percatarse de nada, pero sin embargo estar cavilándolo todo al mismo tiempo. Tiene una cara inteligente y sus notas de universidad respaldan esos ojos que no se detienen en los de su padre en la mesa. En el cuarto se encierra por horas enteras. Su madre lo ve en el computador todo el tiempo. Danny tiene una linda novia que agrada a su madre. Se llama Sofía Whitehead. La ve en el campus. Cuelga de ella a la salida y se despiden en las tardes. Por la noche, temprano, hablan un rato por messenger y ella es feliz mostrándole los nuevos emoticons. Danny en las noches está conciente de que algo ha salido irremediablemente mal. No ha sido algo súbito, ni algo terriblemente demoledor que lo detenga en las calles o lo haga hablar solo. Igualmente han ocurrido cosas extrañas. Lo veo en el café Oma comentándole a Mónica y Nicolás sobre lo ocurrido en clase de mecatrónica hoy. El profesor le preguntaba sobre una fórmula que se estudió todo el semestre y de la cuál él tenía una excelente habilidad para resolver. No recordaba nada de ello. Recuerda, sin embargo, haberse quedado inmóvil frente al reloj que daba frente al aula. No tanto fijado en el reloj sino en la refracción de la luz en él. Veía los rayos de la luz dividirse en la máquina de tiempo y sentir una lágrima bordear sus ojos. Cuando el profesor quiso sentir respaldado los conocimientos impartidos en su mejor estudiante éste no pudo retribuirle la enseñanza y sólo lo pudo ver con ojos de idiota. El profesor se sintió amenazado de repente. Lo retó a salirse de clase, pues pensó que se burlaba de él. No obstante, Danny nunca sintió en el profesor ninguna rivalidad y ahora encontraba sorprendente verse como un rival del académico. Obligado por el profesor tuvo que salirse de clases. No lo vi humillado. Estaba sobre sus pensamientos aún. Como una mordedura enfermiza de nulidad en el espacio. Escuché que Nicolás le decía que seguramente se trataban de celos de parte del profesor. El profesor era de una célebre fealdad que impedía que cualquier persona con dos dedos de frente le tomara en serio. En cambio Danny, con su pinta de jugador de soccer americano, su sonrisa triunfadora, sus hombros anchos, ojos inteligentes, era el sueño de toda mujer inteligente y el devorador deseo de las muchachas más feas a las que se dirigía el ridículo profesor. Danny se fue a la clase de guitarra y allí trató de aprender algunas canciones de pearl jam pero por su pinta cualquiera creería que se trataba de un clon de Jerry Cantrell. Tocaba con una rabia irracional que en momentos asustaba a Jimmy, el maestro de clase, que con su culo chato y su risa de hippie rezagado solía tener delirios de maestro del kindergarten y trataba a los muchachos como "compadritos" y a las chicas como "nenas". Pero Danny al fin de la clase sabía que algo había terminado muy mal con su vida tal y como había sido planteada, si ese era el caso. Sofía lo llama y le invita a alquilar unas películas y tal vez a algo más interesante si sus padres iban a un cóctel que ella sabía estaban invitados. Pero Danny sabía que por más que le gustara el sexo y presumir de su buena performancia con ellas y sobre todo, que después del acto las chicas se le acercarán al oído y en tono de confesión mortal le alabaran diciéndole que era el mejor sexo de sus vidas... por más que supiera todas esas cosas Danny hoy no quería sino encerrarse en su cuarto a llorar porque hoy se sentía terriblemente inmundo y cochino. Quería encontrar un lugar donde pudiera morder de sus puños y pegarse a la cara y decirse: eres un cerdo Danny Bermuda, no entiendes que me causas asco y repulsión? Al llegar a la casa la madre le invitó a un té. Danny se sentó en la sala y se lo tomó con ella. Le preguntó por Sofía y él le contesto que estaba bien. Ella se detuvo en la hermosa cara de su hijo y realmente preocupada le comentó que no lo veía bien. Él le respondió que no estaba bien y se echó a llorar sobre sus pechos. Por un momento pudo contemplar el buen trabajo del cirujano estético sobre los pechos de su madre pero en seguida le dio asco llegar a pensar esto. Ya sus amigos le habían dicho en tono de recocha que su madre estaba buena y él, sabiendo que era cierto, les había dicho que les iba a reventar si seguían viendo con esos ojos a sus madres y luego reían por tener unas mentecitas tan sucias. En la ventana del apartamento que quedaba en los cerros orientales se veía el sol matando una ciudad entera y se sentía un poco más cálido el corazón sabiendo que desde esta altura se estaba a salvo. La madre le dijo a Danny Bermuda que todos teníamos nuestros malos días. En las noches Danny Bermuda se hizo una pajita en su cuarto y se acostó. Pero no pudo dormir. Llegaba el recuerdo del mal trato de ese ser inmundo de su profesor. Se veía en el corredor. Veía que Nicolás le tenía envidia. Mónica no quería saber más de él por lo que le había hecho a Alicia. Su portero lo detestaba. Su madre se acostaba con el doctor Arbeláez. Su padre era un completo idiota que se encerraba en su cuarto a estudiar filosofía y escribir sobre política en El Tiempo. Todo el mundo tenía que ser tan idiota? Las noticias eran aberraciones de moscos revoloteando en un mismo bollo de mierda. Las mujeres eran fosas hambrientas de un sexo que consideraran igual de digno a sus miserias. En la calle la gente parecía olvidar sus preocupaciones diarias y voltear a ver esos ojos asquerosos en torno a él y Sofía o su grupo, evidentemente por tener una composición genética más afortunada que el resto de monstruos que circundaban la contaminación de una ciudad con aires de baño público y mezquindad. Hoy era la salida a la finca del Pensador Jaramillo. Otra tanda de mierdas y voces de funciones orgánicas groseras levantándose para ser escuchadas más que para decir algo realmente importante. Su padre era admirado y tenido como un hombre tenaz por publicar artículos en contra del presidente de turno. Pero para Danny era claro que toda esta clase no era sino un aglutinamiento de ranas croantes en un pantano sucio. Ranas que croaban tan fuerte como sacaban la lengua para tragar las moscas. Un pantano putrefacto que hedía a mierda, toda esta clase intelectual, mientras a su madre el doctor Arbeláez se la metía por el culo el padre era condecorado y tenido como un hombre tenaz, que, sin embargo, era incapaz de satisfacer a su propia mujer y ser respetado por su hijo. Danny, en cambio, soñaba con algo más modesto. Más de su propio carácter. Ser el cantante y guitarrista de una banda de rock y llegar a ser tan grande como lo fue Kurt Cobain. Sabía que Kurt a los 16 había dormido debajo de los puentes y él, en cambio, debajo del Hilton de Cartagena. Sin embargo, le favorecía su aspecto personal y su talento. Tenía mucho talento el muchacho. Un futuro asegurado como ingeniero no era suficiente para él. Tendría dinero, sí. Y chicas, tal vez. Pero quería ser rockero. Su arrogancia era suficiente. Sabía que la rebeldía era una farsa, una pose. Todo es talento. Quería hacer rock de verdad, you know, Hendrix... En la noche se encontró con Sofía y fueron al cine. Ella veía la película y él estaba ansioso por comer más cotufas. Así que salió al final y se atragantó de cotufas. Sofía al salir del cine se enfadó y le dijo que se había perdido el final. Que la película era una mierda sin el final. Que todo se definía en el final y era precioso. Él sólo dijo que le aburrían esas mierdas y que quería encontrarse con Alejandro. Fueron a la casa de Alejandro y allí la novia de Alejandro se desnudó y bailó un rato. Luego Danny y Sofía se fueron. En el carro ella quiso chupárselo pero él no estaba de humor para ello y la dejó en su casa. Veo cruzar el parque a Danny. El sol le hace ver la cara más blanca. En la tarde lo veo bronceado. Se fuma un cigarrillo de marihuana en el balcón de su apartamento. Escucha Down in a hole de Alice in chains: I'd like to fly, but my wings have being so denied. La majestuosidad del cielo es tal que no se corrompe con la vida humana; de esta manera siempre tendremos atardeceres sublimes, porque no han sido hechos para la medida del hombre. El sol de la tarde choca fuerte contra las paredes de concreto de los edificios de Danny. Sus ojos logran recibir algunos rayos y en cambio desprenden algunas lágrimas que nosotros no creeríamos en esos ojos. Porque Danny no es el tipo que uno cree llora. Pero lo hace. Personalmente me detengo más en el llanto del obrero que entierra a su compañero caído de la torre de Danny; no por motivos sociales, o de pronto, la razón es que el obrero lo llora con más fuerza al pensar que tal vez pudo haber sido él el caído y no su compañero. Danny jamás pensará que él será el próximo, sin embargo, algún hilo de baba se le escurre en las comisuras que le hace temer que algo terriblemente malo ya está sucediendo, aunque de un modo tan metódico que quizá él ni se percate. Como una terrible enfermedad mortal que no es mortal porque no es de la carne. Todo se fue a la puta mierda, sabe.

Monday, November 26, 2007

Desde Micomicolandia

Extracto de un gran texto de Cisterna Rota en Micomicón.

- En este momento me encuentro ansioso por su pronta llegada a Bogotá y a la expectativa de poder volver a hablar de viejos güevones y destrozarnos con nuestra sola presencia que concebimos como un improperio del peor gusto a gran escala.

Mierda!



A usted nunca le interesó Heidegger ni su carta al humanismo, pero desde que escuchó el entusiasmo del Viejo Güevón (así bautizó al director del seminario junto a Luciano en un bar aledaño a la universidad), ufanándose de haber estudiado en Alemania, su apatía se tornó en repudio. El hado hala su estómago, lo revuelve, lo convierte en una cámara de gas. Debe esperar el final de la reunión como lo ha hecho desde la primera sesión tres semanas atrás. El viejo emite comentarios graciosos, resistiéndose a aceptar que la próstata le ha crecido tanto que orinar le resulta más incómodo que defecar en algún baño público; aunque claro, el gran conocedor del pensamiento alemán, nunca tuvo que acudir a ese tipo de lugares: siempre en compañía de expresidentes, de rectores y altas personalidades, es el eminente Filósofo Rey preocupado por los ignorantes acechados por la guerra, de los cuales es portavoz aunque sus gestos delaten el desdén que le suscitan. El Viejo Güevón vocifera los encuentros intelectuales que llevará a cabo en el aula máxima, adelanta parte de las agudas interpelaciones que le hará a los invitados, juzga hechos plasmados en el diario, hace alarde de su versatilidad, aclara que él no es un sistema de pensamiento porque sólo los grandes genios hacen grandes obras y él es un tipo normal, dice Cuando estuve con Jurgen Habermas en Frankfurt caminamos conversando sobre la ética discursiva. A usted el hado lo increpa con cavilaciones y arrepentimientos de su propia cobardía, a esa que lo condujo a inscribirse en la facultad de filosofía y letras porque temió quedarse en casa evocando todo lo que no ocurrió en su vida, y luego lo conmina a imaginar al Filósofo Rey con los pantalones abajo diciéndole a Jurgen Por favor tócame no aguanto un segundo más. Usted intenta sonreír, pero la carcajada es abortada al mirarla a ella, a la asistente del Viejo Güevón y más que a ella, a sus glándulas mamarias asomadas pálidamente por un tímido escote. La pobre sólo interviene cuando el Filósofo Rey se lo permite; ella habla con el mismo entusiasmo sin que eso obste para que el hado le haga sospechar a usted que está enamorado y que el Viejo Güevón intentó acostarse con ella y que si ella no accedió fue en virtud de que nadie en la institución universitaria le pierde la pista a su gran filósofo. El hado le dice a usted o usted al hado cómo ella terminó siendo la asistente de un filósofo cuando a fuerza de su entrepierna hubiera podido acceder a la gerencia de un banco; en el vasto campo del pensamiento sólo deben haber sujetos de la estofa del Viejo Güevón, o bizcos como una compañera que escucha y anota cada comentario, o con erupciones coloradas como las del tipo que levanta la mano tratando de rebatir al maestro esgrimiendo palabras que usted desconoce, o gordos como el par de estudiantes que cuchichean en una esquina y al terminar cada sesión se le acercan al viejo enseñándole algún libro costoso e ilegible. El viejo acaba de hablar.

Extracto de un gran texto de Cisterna Rota en Micomicón.

Monday, November 19, 2007

it's just a web log.



Además que la canción es bastante buena - es mi lado emosexual, lo confieso, me gusta the matches: un grupo divertido con buenas canciones: además de ésta está Dog eared page- lo subo porque resulta de algún modo una manera de reírnos de los sustos de la vida y los pequeños accidentes al que los padres nos tenemos que ver a diario con nuestros pequeños suicidas. Hoy en la mañana me senté a ver con mi pequeña suicida el video, bailamos la canción, pues al parecer a ella también le resultó divertida, y vimos juntos el para-nada-profesional-video un par de veces y ella no pudo ser indiferente con los morraquitos que aparecen, al parecer también lo disfrutó. Uno tiene que celebrar la vida cuando tiene oportunidad. Desafortunadamente algo tan sencillo se olvida fácilmente y es el lado oscuro de la vida el que constantemente nos recuerda ello: el simple placer que se puede extraer de las cosas simples y llanamente bonitas. La cosa es que el accidente de mi pequeña suicida no pasó de ser un gran susto y, supongo, su primer gran golpe en la vida. Me alegro de que algo negativo y que, definitivamente se pudo haber evitado, no haya pasado a mayores y se haya convertido en una experiencia en el fondo positiva que nos permite aprender tanto a nosotros, los padres de ella, como a ella, la pobre, para que vaya conteniendo un poco aquellos impulsos locos y desmedidos frutos del obvio desconocimiento de las simples leyes naturales que nos rigen en este planeta tierra.

Saturday, November 17, 2007

el escorpión del punzón estridente

Ger amanece con un insulto en su boca. Coge el primer bus del día hacia el centro. Hace una mañana horrenda, con visos de hostilidad en los primeros rayos de un enfermo sol que logran filtrarse a través de las espesas capas de inmundas nubes grises (del mismo color del asfalto en el que aún se apoyan los sueños de las cabezas de los indigentes). Su escuálido cuerpo se resiente sobre el frío mortal que avanzaba desde las lomas. Llegó a su destino. Todo se hace familiar a fuerza de costumbre. Los rayos empezaban a ganar terreno a las nubes. Se detuvo un instante en medio de la prisa habitual de la calle y dejó que el rey astro le calentara el rostro. Anoche había soñado algo terrible. Estaba sentado en una mesa adornada. Algo le llamaba desde arriba. Cuando quiso ver, es decir, cuando levantó la vista, sintió un río de lágrimas sobre la cara, a la altura de los ojos. Se tocó y palpó la sangre. Se pudo ver en tercera persona con el rostro empapado de un rojo claro y vibrante. Luego todo se volvió oscuridad y fue cuando se levantó. Aún estaba oscuro allá afuera. Se desalentó porque sabía que no recobraría el sueño. Amaneció con un insulto en su boca. Como si alguien lo hubiera dejado allí; dejaron un insulto en su boca, es decir, sobre su boca. Un insulto apenas sostenido por su dentadura equina. Algo palpitaba a la altura de su frente. Como una nube luminosa que explotaba encima de sus párpados. Sintió escalofríos y pensó en la figuras que se describen como nubes en los monitoreos de actividades cerebrales. Temió que de alguna manera estuviera participando de la muerte de su cerebro como en un tipo de experiencia extrasensorial aún no determinada pero posible. Estuvo un buen rato trabajándole a esa hipótesis sin pensar siquiera en el sueño que lo acababa de levantar. Cuando ya estaba casi convencido de su muerte cerebral sintió un halo de esperanza en ver por un segundo una chispa determinada, fuerte y objetiva cerca a su cama. Había hallado la fuente de la nube que se había imaginado con todo terror. Era su celular que estaba palpitando. No le habían llamado. Siguió su camino luego de que el sol volviera a ser opacado por una sucia nube. Recordó la aversión de Nietszche por las nubes pero también recordó que él ya no era estudiante de filosofía. Recordó su estancia en Orgum Fields. En ese entonces acostumbraba a usar una placa de metal sobre su rostro. Allí conoció a Margarita. Margarita era una chica que estaba refugiada allí de sí misma supuestamente por depresión. Una chica malcriada e insolente de todas maneras. En todo caso recordó la ocasión en que a media noche llegaron por ellos desde el otro espacio. Él se encontraba leyendo, como siempre, en su cuarto, vestido de una piyama azul celeste y un gorrito montañero ridículo que le daba un aspecto lamentable de Goofy. Margarita, dos cuartos a la derecha, estaba en una escena pseudo-erótica con su compañero que rayaba con la ternura humana y la náusea divina. Fue cuando llegaron por ellos desde el otro espacio. No podía referirse a los invasores como humanoides, primero por lo despectivo del término y segundo porque no tenían nada de humanos, es decir, de despreciables. "Queremos que nos enseñen a amar" Les dijeron de una manera que Ger intepretó como telepática. Los llevaron hacia un espacio cómodo y familiar que les daba la impresión de estar metidos en una fiesta rave. Allí los humanos, con todo lo despectivo del término, se preguntaron por las intenciones de sus raptores. ¿Quieren vernos follar o qué? Definitivamente eso no era lo que estaba en los planes de los extranjeros. Ger empezó a sentir como se derritía la placa de metal de su rostro. La carne se derretía. Los senos crecían. Los ojos se hinchaban. El corazón latía maniáticamente. Ahora estaban metidos en una fiesta rave y bailaban. Cada uno sintiendo la música de la manera en que le llegaba. Ya no existía el espacio diferencial de las opiniones. Una comunión sabática junto sus creadores. Los límites corporales no dejaban de ser una idea absurda a las luces del sueño cósmico que les penetraba y prendía como un elemento fundamental del todo que había sido relegado a segundo orden durante muchos años de olvido. Ahora hacemos parte de ese árbol universal del amor que atraviesa el infinito. La expansión de la conciencia divina en expresión inocente sobre el reconocimiento de nuestros dolores que marcan la historia de un esfuerzo universal. Las ciudades arrogantes se morían bajo los envenados imperios que marcaban la necesidad de un nuevo volver hacia el espíritu que yacía tristemente aplastado bajo los metros y las pisotadas de la miseria. Las renuentes mulas se consumían en su propio fuego de soberbia. La justa lluvia celestial caía sobre sus cuerpos y les amputaba como finos hilos de plata los dedos y los órganos sexuales a los que aferraban sus lígeras vidas con tanta prepotencia. No tenían corazones de hombres sino corazones de bestias y por ello sus mujeres eran lanzadas en ristre contra las paredes y los comercios sexuales por no ser más que unas sucias guarichas incapaces de pensar en algo más grande que los órganos de sus amantes. Los hombres aprendieron a hervirse de verdad como los animales asquerosos que eran dentro de la sopa de su propia existencia. Los niños gritones eran aplastados por un celo angelical que les abria la capa de los sesos y les entraba directamente al cerebro para hacerlo sufrir como ellos lo hacían con esas pobres hormigas que jamás les hicieron nada a ellos y, sin embargo, eso no las eximía de sus malvados juegos en los que con un pitillo las atravesaban de par en par y las ponían, como si fueran masmelos, a arder al calor de una vela de cera. A los futbolistas se les amputaba las piernas y Ger, recuerda, gozaba con eso, con ver lo mínimos que se veían sin piernas y sobre todo, sin fútbol. Así que ese era el amor universal que Ger aguardaba, la furia del rechazado, el resentimiento de un macaco encerrado en ardientes celdas internas. Llegó Ger a su destino y la lluvia cayó, esta vez sin herir de verdad a nadie, no más que a los pobres indigentes, a los chicos que venden chucherías en la calle, a los vendedores de mango y coco. Eso le fastidió mucho a Ger. Que la buena gente siempre pagara la mierda de los cabrones que están en la cima. Ellos se estresan en medio del tráfico imposible de la ciudad en sus coches y vehículos blindados. La otra gente agarra gripas y muere, porque no tiene a donde arroparse. Y Ger estaba metido indudablemente en medio de estos mundos hostiles y crueles sin cristalizar una sola idea de su vida en algo concreto.

Monday, November 12, 2007

islote imaginario



Estamos en un estado de absoluta recesión de los sentidos. Rojo cobalto de las mañanas llenas de esputo en las aleaciones irónicas. Salgo del metro bajo la coartada de una tenue brizna de lluvia sobre las calles barridas de silenciosos asesinos. Recuerdo los malos días - aunque reales - cuando los objetos entraban en contacto con la piel y uno realmente podía sentir y decir: camino sobre la calle, toco el poste; he ahí la tenue brizna de lluvia sobre mi cabeza, coartando las lágrimas. He ahí los elementos, los rayos del universo ocasionando efectos sobre el interior de mi cadáver. La protección te priva. El cosmos es un centinela que arrulla a las mucamas en su hora más triste. Y yo soy un escritor jodidamente malo.

Como si el todo no fuera el negro del cielo en una noche invernal como esta. Qué es el todo y cuál es su relación con nosotros? Ahora que volamos: cómo nos relacionamos con el Todo, la Nada, lo que Siempre ha aguardado, lo que Acecha y lo que NADA ESPERA DE NOSOTROS?

Es tarde. Yo quiero crear un sueño, entiendes? Escribí un manual de cómo robar dulces sueños.

Mag era el albatroz más atroz.
Rey en cambio era el arcoiris.
El océano era inerme ante las piedras
que los justos lanzaban
contra la atroz mag
Mag esa noche se fue
de picada contra las rocas
Rock la roca
lamió de su sangre
y se dijo mientras mugía
La sangre de esta atroz
desliza la futilidad del cosmos
en mi noche bruta
que ya nada quiere comprender.

Por qué no darle crédito a la gente que cree en la realidad del destino? Acaso no es ésta otra forma de entender la dirección del tiempo? Es tan lógico decir que venimos de la muerte y nos dirigimos al nacimiento como presuponer que del nacimiento nos dirigimos a la muerte. Pero nuestro conocimiento se acostumbró a considerar que lo conocible es lo que se dirige al nacimiento y el umbral de lo misterioso es lo que avanza hacia la muerte. Se acepta que quien apuesta al conocimiento del futuro está errado, porque se subyuga fácilmente a la tiranía del pasado. Para Dios no es problema; él es eterno, su existencia no está subordinada a las dinámicas del tiempo. Para nosotros tampoco debería ser problema; el presente no parece sino hacernos recordar que nacimos muertos.

En realidad la cuestión no es tan sencilla. El presente se puede llenar tanto de luz y vida que basta con vivir un instante de pleno goce para decir que en ese momento la vida es hermosa. Me he acostumbrado tanto a fijar la atención en los aspectos puramente negativos, en diseñar una acusada crítica de los sistemas sociales y de la realidad, que a veces olvido casi por completo la felicidad que uno puede arrancar del mundo. Tal vez no me pueda referir a una felicidad trascendental, ni a una felicidad (εὐδαιμονία) en el sentido aristotélico... pero sobra decir que olvidar la suprema felicidad que se puede desprende de un instante sencillo y precioso es más propio de cínicos y de idiotas que de verdaderos seres humanos. Y cuántas veces olvidamos vivir en pos de una actitud estúpida que nada ofrece!

Alguna vez leí en una entrevista que Cioran, el gran pensador pesimista del siglo XX, respondía ante una pregunta sobre su ser generoso y amable que se contradecía a aquel radical del texto: "uno puede ser pesimista en el pensamiento pero no en la vida". Cierto es que uno puede ser un nostálgico empedernido, un ser triste por naturaleza, no esperar muchas expectativas de cosas que uno ya sabe le son excluídas; de esto no se desprende que uno pueda dejar de sentir amor por alguna persona, por algún objeto, de buscar puntos de apoyos por más endebles que en determinado momento resulten. Tampoco se desprende que uno deje de sentirle el sabor a las cosas, perder la armonía de las grandes composiciones, encontrar alegría en un buen rato junto una buena compañía. AÚN CUANDO TODO EN DETERMINADO MOMENTO PUEDA CAER COMO UNA AVALANCHA EN CONTRA DE LA CABEZA DE UNO Y SÓLO LOS TRISTES OJOS SE EMPAPEN DE LÁGRIMAS YA AJENOS A LA UNIDAD QUE UNO ALGUNA VEZ CONFORMABA.

Aprendí a ser pesimista gracias a un cura bastante sabio. Decía que su vida siempre había estado marcada por un profundo pesimismo. Cuando le preguntaban por qué era tan pesimista, él acostumbraba a responder: "Bueno, nunca espero nada de nada o espero siempre lo peor. Así, por ejemplo, si me llegan noticias de alguien o algo y al enterarme veo que son malas, ya me las esperaba y las acepto, y si son buenas, en cambio, me pongo profundamente alegre y agradezco a Dios por su generosidad, ya que no me las esperaba". De esta manera comprobé que era más sensato e inteligente no esperar nada o esperar siempre lo peor que ser un optimista obstinado que siempre se estará frustrando al ver sus expectativas continuamente truncadas o, sencillamente, en el mejor de los casos, aliviando cuando sus expectativas sean cumplidas. En ese instante, entendí que ser pesimista podría conducir a una vida más feliz.

Desafortunadamente, a lo largo de la vida, he dado con otra clase de pesimistas a los cuales su manera de asumir el pesimismo, desgraciadamente, los ha llevado a vivir una vida muy lejana a la que se considera una vida feliz. Hablo del pesimista de la calle. El pesimista que ha perdido toda ilusión en la vida y que no encuentra más razones para sostenerse como individuo en una sociedad. Esta clase de pesimistas, que serían como la variante prostituida del verdadero pesimismo, por lo general derivan en las drogas, el crimen, el adulterio y la vida marginada de toda verdadera vida. No digo que probar las drogas, el crimen, el adulterio y la vida marginada sea un pecado y un estigma para toda la vida, como por lo general la sociedad mojigata lo asume. Por lo general un drogadicto, como lo entiende Burroughs también, es alguien que vive al límite, en un estado de emergencia permanente. Lo triste es que una vida desemboque en estos estados de crisis y no exista ningún otro remedio para estas personas puesto que la primera cosa en encontrarse gravemente infectada, casi que gangrenada, es la voluntad.

Este pesimismo callejero dista de la lucidez del primero ya que no está en pos de la gratitud del instante y la resignación por las cosas malas de la vida. Es un pesimismo ciego que se niega a ver las cosas hermosas de la vida y que chilla tontamente por las desgracias que conlleva la misma vida. Considero que a este tipo de pesimismo gratuito es el que se refería Cioran, cuando decía algo como: "en la vida uno no puede ser pesimista" Porque este pesimismo no es ni siquiera conciente de las cosas a las cuales uno tiene que chocar como un sol que explota en una galaxia. En realidad, nunca he visto una persona tan complaciente y tan idiota que un drogadicto sumido en el vicio, capaz de aceptar que Hello Kitty es Dios con tal de tener una charla, un amigo u otra papeleta por otros 5 minutos más. Nunca han visto esa risita estúpida y vulgar de la gente que está tan desgarradoramente entregada a una sustancia?

El presente: puede darnos noticia de nuestra muerte en vida o de nuestra verdadera vida. Sin privilegiar las posturas hedonistas, que a la vez son una mala comprensión de la felicidad, considero que la vida está en saber disfrutar de los instantes bellos en el momento y de tener la sabiduria de reconocerlos y no dejarlos pasar ni tirarlos por la borda sentados ante un televisor o un periódico, sobre todo colombiano.

Me extendí porque me siento en deuda con una persona que hace de cada uno de mis días en que me encuentro con ella un paraíso. Es capaz de aliviar una tensión en el alma y de compensar cada momento de entrega a ella. Me enseña a respirar de nuevo y me trae sabiduria ante la maraña de algunos problemas realmente insignificantes que nublan mis pensamientos. Es capaz de devolver el tiempo y de hacerme de nuevo niño, no el niño que fui, niño triste y taciturno, sino un nuevo niño que ella compone a partir de sus juegos.

Ella hace que el presente me recuerde que nací vivo.

Tuesday, November 06, 2007

EL primero en no partir siempre fui yo. Como un niño pobre que enaltece cualquier cosa me aferro al aire que me vitaliza mientras veo los cohetes zurcar el cielo. Atrás me espera Salomón con una sonrisa. ¿Debo voltear a verlo o notará mi vergüenza? Todos dicen que el viejo Kerbie debe de cuidarse de estos viajes de exploración. No lo tienen por cobarde sino por precioso. Como si comprobar __ fuera una cosa del otro mundo y lo eximiera de toda responsabilidad frente al universo. Miro la palma de mi mano y escupo sangre en ella. Finalmente puedo contentarme con ser un tuberculoso elegante.

En la casa considero que vive un ano extraterrestre. La gravedad física parece no alterarle sin embargo las lágrimas le devoran. Desde la noticia de la nueva exploración espacial poco como y no tengo aliento. A veces me pregunto si ese culo extraterrestre no es el mío, como si hubiese dejado de ser mío, por falta de uso o por parecerle lamentable, ese culo se ha exteriorizado y no se deja afectar por la gravedad física, de hecho ¿no lo vemos orbitando en el porche? pero siente una particular atracción, enfermiza diría yo, por todo lo que tenga que ver con rememorar y sentir culpa. Porque ya a esta altura, Kerbie, debes entender que algo hice malo o no hice en ese tiempo que estuve afuera. Salomón está afuera de la casa esperando que le saque las autenticaciones.

Me encierro en el viejo cuarto y comienzo a empapelarlo de viejas tonalidades. Todos estos retazos cuentan historias, tan particulares, que en un momento no parecen ser las mías. Salomón ya se ha ido.

Saturday, October 20, 2007

resaka

Ayer volví a la vieja Interzona. Una fuerte lluvia sobre los cuerpos tumbados. Ojos inexpresivos que decían: está bien, por hoy voy a ser humillado de nuevo. Café frío sobre las mesitas de madera. El frío que penetraba los huesos y ese deseo constante de no poder ahogar más el llanto, cuándo lloraremos finalmente? Veía el mundo a través de un ventanal velado por una cortina opaca y desvencijada. Un piano mudo en la esquina que parecía destinado a los fantasmas, las melodías muertas. Mi cabeza no podía aguantar su peso y me tumbaba sobre el viejo sofá amarillo. Ya nada es ni siquiera lo suficiente triste. Me agoto bastante rápido. Oíste lo que decían estos estúpidos? Es fastidioso. Hablan y no paran de hacerlo. Todo está frustrado. Ya ni siquiera lo suficiente. En medio de la lluvia encuentro al Mañas. Deténgase en este instante. No hay prisa, igual es el único imbécil que aún me lee. Escuche esta canción:



No hay razón para esperar 10 años para reconocer lo bueno, cierto?

En medio de la lluvia encuentro al Mañas. Aún sigue la misma risa estoica e inocente. Lo miro desde la distancia pero sé que permanece cerca a la calidez de mi corazón. Aún cuando todo alrededor se congela. Por fin me mira y sonríe. Yo también sonrío. La lluvia agrietaba la ciudad pero veía a un viejo amigo y era razón suficiente para desear llorar de nuevo. Porque uno no siempre se encuentra con los viejos amigos, menos en medio de la lluvia y cuando está tan agotado. Nos estrechamos la mano. Ya no la aprieta tan duro como solía. Un bus pasa y nos baña. Siempre nos sucedían esas cosas. Finalmente, nos conocimos siempre en las peores. Pero pasa lo que siempre pasa. De estos encuentros repentinos y emotivos uno siempre quiere escapar lo más pronto posible. Intercambiamos teléfonos que jamás sonarán de parte de ellos y sabemos que nos hemos ido. Ya desde el colegio se veía que íbamos a ser unos fracasados de viejos y hoy me lo encuentro, bañados por un bus, en medio de la lluvia, confirmo que seguimos siendo los mismos perdedores patéticos del colegio y me entristece pensar que las cosas no mejorarán para nosotros. Por eso me gusta encontrarme con el Mañas de vez en cuando, en la calle, inesperadamente, por sorpresa, porque él es uno como yo, otro que no tiene ninguna oportunidad en el mundo. De alguna manera se siente esa tensión, ese desespero en nuestro encuentro, esa humillación de recordarnos lo pequeños que somos mutuamente y lo alto de nuestros vuelos, lo grandes que nos imaginamos, sin ser nadie, sin llegar a ser nadie porque en este mundo no tenemos ningún chance.

Me encuentro con D. en el café y ya estoy terriblemente empapado. Como una nutría en el desierto. La última vez que me vi con ella en este café no estaba bañado en lluvia sino vomitado. Me acababan de vomitar en un bus. Y ahora estaba de nuevo vomitado, empapado por la ciudad. D. siempre me ve en las peores y es una bruja sabia que sabe callar y no dar consuelo ni reír. Me quito los zapatos y camino por todo el café descalzo. Salimos a la carrera séptima con todo la resistencia de mi parte a moverme. Bajando unas cuadras nos encontramos con el Master Count. Hablamos sobre René Rebetez, el mayor escritor de ciencia ficción de Colombia. Nos despedimos. Master Count, parece como si se hubiera desecho de algunos años o ¿es que nunca fue tan viejo? Cómo saberlo. Le confesé que andaba sin empleo y que quería dictar cursos pero que no tenía ningún conocimiento sobre nada. No me dijo nada porque sabía que era cierto. Se fue y me dijo que le echara ojo a un libro cyberpunk colombiano "Bandidos y Hackers". Pero no entiendo cómo me lo dijo si ya se habia ido. Seguramente conté mal la historia y jamás hablé con el Master Count. O lo hice pero no era posible. O toda la historia está errada. Seguramente eso porque luego resulté caminando por el cubo, sin zapatos, bailando I wanna be adored de Stone Roses, quebrándome las plantas de los píes por el frío. Nada de esto es posible y real. Y sus gafas herr luis? Me pregunta D y me entero que jamás se ha ido pero no puede ser posible porque todo este tiempo estuve malditamente solo como un insecto en un vaso de soda.
I don't have to sell my soul, is already in me
I don`t need to sell my soul, is already in me
I wanna be adored

Bueno luego me fui a ver con Linda Lee y no entiendo por qué si ella nunca se movió llegó a mí. Estábamos en esa ratonera hippie de Chuchaquén y yo tenía supuestamente unas bolsas debajo de las medias. Entramos a la función de cine. Vimos una película genial, de New York, sobre las relaciones sexuales modernas. Sabes, me siento algo Bowie: i don´t believe in modern love. Excelente película, una mezcla afortunada entre Godard, Fassbinder y Gus Van Sant. Short Bus. Sus escenas explícitas me recuerdan a las teorías del teatro de Artaud: la puesta en escena de lo imposible, la cruedad que es la soberana anarquía de la imaginación. La primera escena en particular en la cual vemos a un hombre flexionando sobre sí mismo a fin de poder chuparse su propia polla y luego correrse en su boca. Una película sublime que puede llevar a las lágrimas en determinados momentos en que uno siente toda el peso de sus personajes: la culpa, el desamor, el desarraigo, la futilidad del sexo, el absurdo y el completo vacio de la vida moderna. Toda esa energía particular de los personajes que pueden llevar a fundir toda una ciudad como volverla a llenar de luz. Porque es un canto del amor desencantado. En palabras de uno de los travestis: como los años 60's sin la esperanza. No lamento que no exista un Academy Award al actor que mejor interprete su primera penetración, no porque el ser de la actuación no se manifieste, sino porque los come mierdas de la Academia jamás entienden nada.

Un besito, buenas noches Angelita!

Thursday, October 18, 2007

Tue, 11 May 2004 09:33:18 -0500

Welcome to Kokaine Fashion... different sounds here. There we long, clear. Dedos destrozados. Sabías que estabas en uno y ese era tu espacio reservado en la técnica de los autómaticos de la banca. Es como una nueva etnia que se prepara para el abismo sin saberlo. La niña de ojeras color violeta y rojo, los crisantemos como coronas ahogadas en su oceánica inconciencia. La noche como un tapiz de carne cortada, en los sueños de un nombre inaprehensible para ella y sus múltiples invocables rosas. Los monstruos susurran ese nombre que deberías saber, innata, impronunciable. Pero es la cocaína y sus estados de conciencia atrofiados, estados alterados de una conciencia subliminal que se desplaza casi hasta el final de sus días. Son los dragones que decoran de tinta roja el lugar para las geishas tecnológicas. Stars Denied. Nosotros tocamos sus pulsiones esenciales como las amalgamas mecánicas de las avenidas desiertas que llevan la ruta 66 en sus frentes. Remake and high school, decadence and robots everywhere. Pero es la party hard la que prefería y era encontrarse en la mañana como un loco zombie en la calle 100 mientras las vans pasaban a miles de velocidades y caer del frío, caer blanqueado en las sanducheras y pasar largo y alto. Hastío en la sed de una nueva borrachera y quedar sentado, perdido en el espacio, como un espectro que no cesa de difuminar su rostro. Techno. Energy Drink. Kokaine. Whore. Emergency. Black dress. Techno. Kokaine. Pills. Black magic Woman all around. D>as Boot.- La noche comprende que Karlos es la mejoría de un reverso como aduciendo las grandes flores que en la noche tomarías para ofrecer a la chica del komputo como Producto vencido. No Free Sex-. Adviniendo la danza de los pródigos y el ancestro te respira en tu traquea. Fumas un porro. Lías nuevamente el porrillo. Adviertes el diablo y eres tú ese diablo mórbido con ojos rojos sonriendo en medio del dance de ese bote. Mary se desenvuelve en mañanas viciados como los popcorns que rebotan los digitos de hackers inéditos en una noche trajinosa y desalentadora. El negro Isis pregunta para la juerga: are You fucking dead? Are U dying sir? Pero ella aparecía en los fulgores de su aerovan como una chica renacida y pura. Virginal de manera hipócrita y escándalosa como una ramera impúdica. No gifts for her weeding. No gifts. Todo es como un dancing y tal vez arrojar las camisas a los centenarios, entonces mostramos nuestros endebles cuerpos muertos a las chicas cyber que se cuelan entre los parques. EL Polaroid no alcanzaba a reflejar sus ojos azules ya tan apagados en las noches de los retóricos pinchadiscos que surtían. Lías tu porro y te asfixias en el suelo embadurnado de orina y semen. La puta te agarra desprevenido, te besa y te la chupa. Pero estás incapacitado. You're not fun. Así que no te sirve la picha y ella te mira con desilusión y se va enfurecida como una niña inmersa en el Polaroid rosa. Te sientas a la deriva y te agachas, reprochas tu poca capacidad viril y en posixión fetal no eres fun. Piensas que tienes el peor sexo del mundo. Un sexo de anciano. Un sexo de anciano de 60 años tal vez sería mejor que el tuyo. Joven impotente y candidato a un infarto prematuro. Joven senil. Te pinchas el brazo decadente y vas por el centro de la miseria, las ratas en tus pantalones y palomas en tu cabeza. Es oscuro y te ves tan peligroso que los ladrones ni te miran. Estás post-war y derivado. Très Très Bien. Tu pelo enmarañado cubre tu barba sucia. Tus ojos son dos botones artificiales. StadtKind. Stadtkind. Sales a la ciudad como si esta fuera tu campo de batalla. La noche te violenta y las chicas te violan. Sobrevives como un miserable. Andas volando por millones de tarjetas de crédito rotas por el tijerazo definitivo. Welcome, this is Drug Fashion. Only dirty people allowed, We give u the credit card of no having idea. Nothing at all. Estás tan tarde para la vida. Negra noche consume tu destino de nariz enferma y hambrienta. Por andar de callejón entre callejón. Y conocer gente de mal en peor. Y saber que eras una nutria, un desagrable bicho en el pantano. Y tratar con miserables jíbaros. Y encerrarse pasmado a darse contra la cabeza. Escuchar una convicción y saber que era de otra persona. Entonces entender que eras esclavo de aquellas poderosas piernas femeninas. La mujer como una representación fálica de la incapacidad de compenetración. Y en la alcoba encerrados y copulando mientras las narices se reventaban. This is Kokaine Fashion. This is where I heal my hurts. La niña corta su risa para mirarte fijo y reprocharte el último rezago de razguño en la mejilla. Pero entonces estabas deambulando como loco y solías gritar incoherencias a la gente que venía en motos, porque te jurabas el poeta de la peste, el elegido entre toda esta gente basura con la que andabas. Y ya en la noche todos eran familiares a ti y tú les eras tan familiar que no se sorprendían con tus aventuras en las tablas carcomidas por los gorgojos microscópicos. Correr, tranzar. Es tan demasiado tarde en la prisión y ya estás hecho añicos. Mañana no es morir sino gozar diferentes mundos, otros loops reanimantes y más tal vez de esa kokaine succionadora de pudor añejo.

Y'e This is Kokaine Fashion. You can't get no sleep. This is where We heal our hurts. We are all stadtkind. We are all Whores. This is Drug Fashion. Only pretty people allowed. We're no dying.. just we're all melancholics. Euphorics. Melancholics. Like Chrisantemus. Melancholia, mon cher. Welcome to Kokaine Nacht. StadtKind allowed.


Tuesday, October 16, 2007

2

NO EXISTE UN PUNTO DE EQUILIBRIO ENTRE EL AFUERA Y EL ADENTRO QUE SE PUEDA SUSTENTAR SATISFACTORIAMENTE.

Aquellas calles a las que por ordinario acostumbraba a caminar eran pródigas en horror y misterio. Las miserias humanas eran exhibidas sin pudor alguno sobre las aceras, los corredores y las esquinas. Abrumado por espantosos chirridos de puertas, el chasqueo de la tenue llovizna sobre los añosos tejados y los ágiles pasos de algún gato sobre los antejardines decidió apresurar disimuladamente el paso. Mas esta noche parecía más tenebrosa que cualquier otra y terribles presentimientos parecían guarnecerse tras el rabillo de sus ojos.
Debajo de una leve llovizna, de apariencia inquietantemente inofensiva, la arquitectura de imitación inglesa le penetraba con una indeterminada sensación, por completo nueva a su habitual indiferencia por la configuración de las formas que le circundaban.
Esta vez pudo localizar la dirección de un nuevo chirriar de puertas. Al ver el interior le cautivó una figura femenina que apenas se podía imaginar, por lo cual se vio obligado a detener su atención en el cuadro. En efecto se trataba de una joven dama que gesticulaba de una manera sobreexagerada. Jeremías no podía reprimir esa ansía por llegar a la verdad inherente de la extraña escena.
Un paso hacia adelante le descubrió la parte oculta del cuadro. Otro joven, que al claroscuro de la noche sugería apariencia de desharapado, gesticulaba de igual manera y apenas podía expresar monosílabos y balbuceos.
Visiblemente conmovido por la desesperanzadora escena, Jeremías decidió emprender nuevamente el viaje de regreso a casa. Volvió a bajar la cabeza, esmerándose con todo el corazón para no prestar demasiada atención al curso de sus agitados pensamientos en la oscuridad de la noche. ¿A qué lugar desquiciadamente alumbrador podría llevarlo su cabeza en una noche tan triste como la que andaba? Mejor no pensar y seguir de largo, decidió y así lo hizo.
A su paso tropezaba con borrachos y hombres lo suficientemente drogados como para precavirse de ellos. Unos ni siquiera le inspiraban sentido de alarma puesto que ya no tenían fuerza ni para sostenerse ellos mismos. Pero entonces les veía en la cara el abandono moral al que se sometían y prefería volver a cruzar la acera.
Todas estas calles a las que estaba acostumbrado a recorrer camino a casa eran la evidencia más clara de la decadencia espiritual de sus habitantes. Y el terror que lo poseía, particularmente esta noche, quizá manifestaba un rasgo de debilidad imperdonable en su carácter. Un niño travieso que se encontrara despierto a estas altas horas de la noche podría gastarse una buena broma sólo con tomarle sigilosamente del hombro: con toda seguridad vería al robusto Jeremías gritar como niña o echándose a la carrera como un colegial cobarde.
En un instante sintió que alguien le seguía sus pasos. Al girar discretamente la cabeza creyó reconocer un fornido hombre tras sus pasos. No caería en el absurdo de revelar su instintivo miedo echándose a correr sin razón alguna. Agilizó sus pasos hasta donde pudo para tomar ventaja del desconcertante acechador nocturno. Cuando lo creyó perdido volvió a tomar el ritmo.
Un breve destello blanco que apenas distinguió en su campo de visión le alertó nuevamente que las cosas no iban por buen camino. En este punto, conectado de la forma como estaba más con su corazón que con su cabeza, pudo comprobar con algo de extrañeza no el espanto sino la insondable tristeza de la presa. Más que pensar, sentía algo que traducido a palabras podría ser: ya no hay nada más que hacer, todo está perdido.
No sé si entiendan plenamente el sentimiento de Jeremías, no era completamente desesperanza sino algo parecido al desamparo y al desalojo.
Fue entonces cuando se produjo el encuentro en medio de las afables gotitas de lluvia que apenas se sentían esa noche.
Jeremías adelantaba sus pasos de un modo frenético hasta que tropezó con una prominencia impredecible en una abandonada calle estrecha. Se intentaba recuperar con pudor de la penosa circunstancia cuando, a la altura de las rodillas, se percató de la extraña depresión animal que tenía casi al frente suyo. Era un extraño hoyuelo con cualidades casi orgánicas que parecía respirar, como si de verdad estuviera vivo.
Lo trató de alcanzar para detallar mejor cuando algo que venía del interior de este mismo hueco lo alertó:
No me toque!
¿Cómo así que habla? Pensó Jeremías y se acercó más para comprobar que no se trataba de un dispositivo electrónico con una cubierta similar al cuero.
Tiempo sin verlo, frente a frente Jeremías.
Jeremías creyó caer en los abismos más oscuros de la locura al escuchar a esta monstruosa depresión proferir su nombre ¡así, tan familiarmente! Sin lugar a dudas se trataría de una broma, de un malentendido, de algo que seguramente tendría su razón de ser en un futuro bastante próximo.
¿No me reconoce? Sin rodeos le cuento que soy su culo, en persona.
Jeremías pensó en los chascarrillos infantiles, en las vulgaridades de la adolescencia, en las perversiones de la edad adulta, pero nada se le asemejaba tan obsceno como lo que recién acababa de escuchar, salido de la voz de este vacío. Luego, conectado a sus sentimientos como estaba, comprobó que no sentía diversión alguna en este episodio sino que, al contrario, su tristeza parecía agigantarse y su desarraigo no tener fin.
Jeremías pasó el resto de su vida en un pequeño pueblo al norte de Colombia y por las noches siempre se le veía en la mecedora contemplando las estrellas hasta bien entrada la noche, cuando finalmente entraba a la casa y preparaba el último café del día.
PERROS

En más de una ocasión Fernando Vallejo ha declarado que ama a los perros de la calle al punto de considerarlos como sus propios hermanos. Por mi parte, considero que mi sentimiento hacia los perros callejeros no es tan distinto en sustancia. No obstante, es un amor condicional, mediado por el horror y el asco que me producen. Amo a los perros de la calle, sin embargo su existencia la presiento como un insulto. Que existan perros sarnosos invadiendo las calles es una ofensa de la urbe, de la paisajística. Sus hocicos babosos me dirigen a la infamia del ser humano y por eso los amo cuanto más los aborrezco. Del escritor, en cambio, podría decir lo mismo o incluso mucho menos.

Me encontraba tomando unas jarras de cerveza en el bar Coda, en Lourdes, al tiempo en que empezaba a discutir con aquel irlandés, alto y feo, sobre si en realidad U2 era la mejor banda Irlandesa de todos los tiempos. La verdad considero que decirlo es injusto con la propia Irlanda. Yo, que considero a U2 al nivel de Michael Jackson, Madonna, Oasis, Blur y en definitiva todas las bandas de rock farsantes que en realidad no son rock sino otra cosa, yo me encontraba indignado al encontrar a un irlandés que decía que U2 era la mejor banda de rock de Irlanda, porque se me antojaba que decirlo era como si un colombiano dijera que Juanes o Shakira son los mejores rockeros del país, cuando en realidad es falso, cuando en realidad ellos mismos son falsos y cuando en realidad existen mejores bandas de rock pero que sencillamente no se difunden.
El irlandés me preguntó:
Bueno, si no es U2 cuál es la mejor banda de rock de Irlanda?
En ese momento, en incluso ahora, no sabía cómo responder a la pregunta por gran parte de mi ignorancia sobre el país. Pero estaba, como lo estoy ahora, completamente seguro que U2 no era, ni lejos, la mejor banda de Irlanda. Eso le respondí y el irlandés me vio como si fuera un idiota, además que estaba lo suficiente ebrio para confirmárselo, así que decidí no insistir en el asunto demasiado, relajarme y pedir otra jarra de cerveza para mí solo.
El irlandés se encontraba saliendo con un muchacho incluso más joven que yo. Tendría unos 20 años y parecía un zarrapastroso inconsciente recién salido de un pogo en Rock al Parque. El irlandés le acariciaba las piernas como los hombres con éxito le acarician las piernas a sus mozas. Cuando el irlandés volvió a mí de nuevo para preguntarme si conocía a Wilde el chico me lanzó una mirada de fiera resentida porque seguramente creería que le estaba robando a su mentor, padre y amante.
El irlandés me aseguró:
Oscar Wilde nació en el mismo barrio mío en Dublín.
Sospeché que me estaba tratando de impresionar y le repliqué que me quedaba con Joyce. El irlandés me volvió a ver como si fuera un idiota y no volvió a dirigirme la palabra en toda la noche, para tranquilidad de la pequeña fiera. Así que estuve sentado un buen rato solo, en la penumbra, pidiendo música al barman y una que otra jarra de cerveza.
Llevado por la ira y los principios del delirium tremens salí del bar y me dirigí a la plaza de Lourdes. Allí descubrí que estaba en el mismo centro del mundo y que era el hombre más abandonado a la miseria de la tierra entera. Dios pudo haber cometido una tragedia en ese mismo instante pero ni siquiera se acordaba que yo sufría abandonado en este pequeño deposito de estiércol llamado plaza de Lourdes. Yo le llamaba Dios a toda la orquestación de ridiculez que se apresuraba a mover en este mundo circundante como si en realidad tuviera un sitio a donde realmente ir. Estamos estancados hace muchos, pero más que suficientes, eones en esta miserable tierra y no nos preocupamos por volver a escapar hacia nuestro origen.
Los vendedores callejeros que aún quedaban espichados sobre la plaza y algunos vendedores de celular trasnochadores veían el hastío divirtiéndose a mis expensas. Fue cuando la cogí contra los perros y me lancé a golpearlos, a darles patadas y puños. Ladraba como ellos, jurando comprender su lenguaje y traté de intuir su alineación bélica conspirando contra mi existencia. Por mi parte me defendía como podía pero ya no podía correr hacia ningún sitio: ya ellos me habían localizado en su radio de acción y yo era su enemigo primordial número uno.
Finalmente también los perros se cansaron del juego y terminaron también por dejarme solo. Sólo uno me acompañó, me siguió hasta lo que fuera la pensión donde me hospedaba. Hablamos durante todo el trayecto, sobre mujeres, sobre política, sobre la infancia y sobre todo del agotamiento del deambular por las calles, de la falta de sentido de seguir recorriendo una y otra vez las mismas calles, si ya no existían historias, si ya no existían amigos, si ya ni siquiera nosotros mismos éramos susceptibles de existir durante mucho tiempo más.
Me revisé los bolsillos y aún tenía algún dinero con el que podría seguir bebiendo pero ya todos los bares estaban cerrados. Miré a los ojos a mi colega y le dije adiós.