Sunday, February 10, 2008
la brisa de la madrugada
A veces observo al espejo retrovisor y veo mi adolescencia. Un pasado tan pesado como la carga de Atlas. Y siento que allí ocurrió algo que no me afectó en lo absoluto. A pesar de que yo estaba presente y me ocurría precisamente a mí. Imágenes fugaces y luminosas, con estallidos de luz que impiden reconocer mi rostro y mis gestos; estando presente yo y nada parecía afectarme. Seguramente el desinterés propio de la edad, la falta de conciencia o el escaso desarrollo de un Yo maduro. Escucho rayos de la época y siento el pinchazo en el vientre. Sworn and Broken de Screaming Trees. Hacía un calor infernal, amigo, y ahora estoy jodidamente solo debajo de esta puta palma a la intemperie de los moscos que devoran mi rostro empadado en sudor. La noche brilla pero el horizonte es negro. Yo me empapo un poco de tiernas expresiones de los ojos y los escondo a donde nadie se interesa de mi universo adolescente. Las gafas ayudan, es verdad, me sirve ser una pequeñita mierda. Para eso sirve ser una pequeñita mierda, para que se pierda el interés en ti y se te mire como un díscolo ser frío y fuerte que puede soportar la humedad de este viento tóxico que te ahoga en la soledad de tu cuarto empapelado en las bandas que te gustan: soundgarden y otra mierda. Era verdad que a veces gritaba y lograba disimular este grito de cucaracha en una carcajada, así que no había problema, el chico desagradable sabe reir, sabrá afrontar El Mundo. También soñaba mucho en tiernos sueños y creo que es lo peor, que también soñaba cosas que no sabían afrontar El Mundo. Luego, mucho después, me metía una línea de cocaína y creía que lograba sobrevivir El Mundo, me empeñaba en podrir mis sueños, en aplastar con el zapato los tiernos sueños y en no soñar para no sentir, para no herirme, para no estar otra vez en la piel de esta repulsiva pequeñita mierda. Cuando el grunge se puso de moda yo seguía escuchando grunge a pesar de ser lo más distante de la moda. Cuando el grunge se puso de moda, el mundo de la moda siguió su rumbo superficial e idiota y yo seguí mi rumbo grunge, profundo y autodestructivo. Cuando huelo una lata de cerveza mi memoria se dispara a estos días. Mucha juerga sin diversión; muchos amigos para la soledad; ninguna mujer para un vasto amor refugiado en el corazón dispuesto a volverse trillas por alguna degenerada que estuviera tan llevada que se fijara en uno, con aletas de cucaracha incluída. Luego, mucho tiempo después, en el sports bar de una playa llevada a menos de los USA, la mujer de mis sueños adolescentes se sentó a mi lado a tomar Bourbon. Rachel se llamaba. Hermosa y llevada del carajo. Babe, contigo me hubiera perdido en el corazón de una América estúpida y enloquecida, con el consuelo del azul de tus ojos que me remontaría por siempre a un mar alterno en otra galaxia y sabría que allí pertenecía el verdadero bicho que no se cansaba de destrozarse el corazón. Rachel se encontraba en proceso de separación de un tipo idiota que no sabía valorarla, le restregaba a las chicas de los sueños playboy en su aplastada existencia y la jodía por haberlo jodido a él casándose con ella. Era un verdadero animal de playa caído en desgracia por una estúpida-clásica-mujer-americana que no valía un dime. Ella ahora lo sabía y lo detestaba, pero también se odiaba por no dejar de amarlo. Rachel, mi sueño adolescente materializado, has leído a Kafka? No lo había leído pero sus aletas de cucaracha sonaban al compás de mi corazón. Pero era una cucaracha interesada en animales de playa no en cucarachas de los agujeros araucanos del tercer mundo y las noches asfixiadas en miles de canciones en inglés dedicadas a ellas, las cucarachas americanas. Sobra decir que sólo pude apreciar el vasto océano de ese planeta de otra galaxia a través del telescopio de mi rancho arruinado: un planeta que repelía las misiones interesadas en ella. No quería follarla, no quería tenerla debajo de mis risibles brazos flacuchentos, no quería golpearle su culo con mis guevas. Sólo quería que me quisiera. Quería que ese planeta que desprendía con gracia su vida marítima susurrara a mi oído: te veo como tú me ves. Hey ah na na. Innocence is over. Hey ah na na. Over. Es de noche en la llanura araucana. Tomo una cerveza del refrigerador. Me siento en la sala y me tiro en el sofá. En la tele hay pocas opciones: programas eróticos en Globo, el canal brasilero; sexo pícaro en el canal peruano. Necesitaría estar un poco menos borracho para aguantarme Cartoon Network. Afuera las iguanas corren en busca o perseguidas por no sé quién o qué. El mundo no se mueve y el silencio de las estrellas me invita a mantenerme arrinconado. Mis amigos se han ido de farra esta noche y han preferido no llevarme esta noche. Mis padres duermen en la habitación de arriba junto a la habitación de mi hermana que también duerme. Estoy solo en la casa, me digo. Hay mucha cerveza en el refrigerador y voy a tomar hasta caerme muerto en la cama. Es lo que por general hago. Pero también sonrío, podré sobrevivir El Mundo. Hace un tiempo al pensar en estos años pensaba que no era más que un pajero. En realidad, practicaba con mucho interés la masturbación. En realidad, veía como volaba la leche por el cielo hasta el techo y volvía a mi cuerpo como una misión abortada a mitad de camino. Pajero significa autosuficiente. Y es que pensándolo, desde hace poco, nada me parece más falso que concebir como autosuficiente a una persona que gritaba sin gritar la necesidad de que alguien lo complementara. Que sufría realmente por falta de amor, por entrar al universo en el que la gente se besaba y se decía tonterías, el universo en que la gente se dedicaba estúpidas canciones de amor y se decía: con esta canción te recordaré por siempre, mi otra mitad. Sufría y recuerdo que ya antes de partir definitivamente de Arauca, en una fiesta de amiguitos de mi hermana, a un pequeño gilipollas que decía que ella le rompía el corazón y se ufanaba de ello y ponía ese estúpido disco, Pablo Honey de Radiohead, y se botaba en el suelo personificando un sentimiento ajeno, le apagué el equipo, le mandé a la casa y le dije que en presencia mía no volviera a hacer ese obsceno número que ya tantas veces había visto. Más bien, sabría decir que en mis años mozos de estar vuelto mierda era un perfecto auto-insuficiente. Ya parecía que no estaba enfermo. Sin embargo, la enfermedad se lleva en el alma. Uno cuando canta, canta en la enfermedad. Uno no respira sino enfermedad. Y cantaba enfermedad, hablaba enfermedad, miraba enfermedad. Incluso cagaba enfermedad! Lloraba en el baño de esa casa. Eso fue a comienzos del 97, si estoy tan mal. 10 años y esa imagen no se borra. Sentado en la taza y llorando. Tal vez estaba cagando pero tal vez quería morir. Fell on black days de Soundgarden. Estoy algo jodido. Estoy en quinto de primaria, en Bogotá D.C. LLevo un disfraz de payaso y hago un monólogo jodidamente largo y jodidamente bueno que provoca llanto en mi público escolar, toda la escuela de ese entonces y acto seguido los aplausos. Yo estoy al frente de todo un auditorio y sin creerlo me largo en un monólogo conmovedor de un payasito de 10 años y hago que los profesores se emocionen y que los niños lloren y que los padres se pregunten qué carajos hace ese niño allí pintado como un puto payaso. Es una obra, una obra de escuela. Una obra de escuela distrital. Una obra barata de primera. La noche anterior la estudié con atención y dedicación con mi madre. Pero soy un pésimo hijo. Mi madre era severa y yo se lo agradecía porque sabía no iba a fallar. No esta vez. Había encontrado mi profesión: más que actor, la de payaso. Resultó que me aprendí toda la obra, mis partes y las partes de los demás actorcitos. Como era natural ningún niño se aprendió por completo su obra y yo desde el telón les gritaba o les guiaba sus partes. Llegó el momento en que todos terminaron sus roles y el encargado para culminar la trama era mi monólogo. Me regué con otra voz, con otra vida y de allí, desde ese otro espacio, brotaron los aplausos, las lágrimas, la emoción. Había rapado desde ese algún otro lado algo que dirigí hacia mi lado de escolar rechazado por ser el peor en deportes. Otro día un pequeño discurso sobre 1492. Mierda de la conquista. Más aplausos. Qué memoria la de la pequeña mierda. No se volvió a saber nada más de la pequeña mierda. Seguía ausentándose del colegio para cumplir su cita con el hospital. Se graduó de primaria siempre con mención de honor en disciplina. Muchas llamadas de atención por su desempeño social, pero buena disciplina! En bachillerato alguien muy muy cercano le dijo que era tan idiota como para poder graduarse de bachiller. Que no se preocupara. Y la verdad, no se preocupó mucho en hacerlo. Todos los años de bachillerato fueron una desgracia. Los profesores decían: la mejor época de la vida. No sabía a qué se referían. Claro, se refieren a la época en que los animales más fuertes se cogen a las animales más brutas. Se refieren a la amistad homoerótica de inflarse los músculos y reducirse el cerebro, darse una palmada en el culo y decirse: bien, Giovy, sos lo máximo! El colegio es la verdadera cagada pero en adolescencia el colegio no me importaba porque ya había sido oficialmente declarado bruto para lograrla. Tenía gafas, es cierto. Las viejas buenas y licenciosas se me acercaban con precaución y me preguntaban si era científico. Yo le preguntaba a los profesores de ciencia la manera de producir cocaína hasta finalmente conseguir la fórmula. Los tipos me pegaban hasta el cansacio. Alguna vez quise ser budista y les dije: el dolor no existe. Con ese interés de idiotas que quieren aspirar a la inteligencia pero que queda amputada en la mitad me golpearon de nuevo y me preguntaron: le duele? La verdad no me dolió pero dije que sí para que dejaran de golpearme. Era budista mas no idiota. Luego aparezco en Arauca. Allí no me golpeaban aunque ganas no les faltaban. Alguna vez alguien para insultarme me dijo: usted es tan poca cosa que nadie quiere pegarle. Pero muchos quisieron pegarme. Ya no estaba enfermo, si consideras que en ese entonces no era un alcohólico ya -y en este caso sí que estaba jodidamente enfermo. Me gustaba sobretodo ver el atardecer desde el tercer piso del edificio. A esa hora recuerdo que ponían Heaven besides you de Alice In Chains. No la volvían a poner sino entrada ya la madrugada. El resto era programación de playa y canciones de mierda de Rap: tupac shakur, snoop... No tenía VCR y como me encantaba tanto esta canción me empeñaba en volver a escucharla hasta la madrugada. En la espera vaciaba el refrigerador de cuanta mierda tuviera: entre esa mierda muchas latas de cerveza. Recuerdo que la primera vez que desocupé toda una caja (petaco) de latas de cerveza, y terminé la última, escuchando justamente Like the coldest winter chill heaven besides you.. hell within... me sentí como uno de los cuervos que en la mañana visitaban el palo que daba en la otra esquina, no la de la calle, sino la de la residencia, esos pájaros negros tan hermosos en su luto y tan madrugadores. Disfrutaba la canción totalmente ebrio, la cantaba, la bailaba, llenaba de la primera luz del día mi feo cuerpo y mi feo rostro, en el cielo, sintiéndome en el cielo. En efecto, el azul del video es totalmente conforme con el azul de la muerte de la noche y el nacimiento de los días de mierda. Y la brisa que llegaba a través del gran ventanal era un placer para el alma intoxicada. Terminaba la última lata al ritmo de una frenética y repetitiva canción de rap que me sentaba mal; el sol ya empezaba a ponerse impositivo; revisaba la nevera; con excitación veía que había "sido capaz" de acabarme toda una caja de cerveza: los adultos despertaban y maldecían aquel bicho borracho y degradante en la sala; yo me despedía y caía como muerto en la cama...
Monday, February 04, 2008
4 de febrero 2008
- Veo un objeto inmóvil en el cielo que no hace mucho trazó una curvatura insólita desplazándose de izquierda a derecha cayendo sobre sí mismo unos buenos grados hasta levantarse con violencia hasta alcanzar la elevada altura que ahora mantiene, completamente quieto.
Yo mismo no podía creerlo. Acababa de terminar el capítulo de la luna de un exquisito libro de divulgación científica. Faltaba poco para que en el café Juan Valdez cerraran simbólicamente por quince minutos en apoyo a la marcha que se efectuaba al mediodía. Los marchantes se apuraban a los sitios de concentración con sus camisetas blancas y gestos decididos. Yo me mantenía al margen, vestido de negro, como habitual, con miedo a los posibles reproches que los manifestantes pudieran reclamarme por no usar una pintoresca camiseta que rezara: Colombia soy yo. Como si Colombia no fuera yo también. Precisamente porque Colombia también soy yo decidí mantenerme al margen, vestido de negro, en silencio, sin camisetas que aludieran a mi obvia nacionalidad colombiana como si de verdad alguien pudiera sospechar que Colombia no fuera yo o descreer de mi evidente nacionalidad colombiana, aunque bien podría pasarme perfectamente por venezolano, por mis rasgos físicos, pero a la hora de hablar el acento me delataría y la gente dejaría de dudar que no soy colombiano porque mi acento aunque poco claro es evidentemente colombiano, sea lo que sea lo que de esto se concluya.
El cielo era de buen augurio para los marchantes. Un espléndido día con un sol radiante y un cielo límpido. Pocas nubes, tan blancas como las camisetas de las muchachas más agraciadas que entraban al tumulto de manifestaciones. Luego de terminar el capítulo sobre nuestra amiga luna decidí contemplar un poco aquella belleza de una juventud envenenada en odio y podrida en divisiones.
- Por favor dígame el número de las emisoras locales para encender las alarmas
El chico listo del número de emergencias apenas podía creer lo que estaba escuchando. Seguro que anteriormente debía tener noticias de locos que llaman a informar sobre presencias extraterrestres y platillos voladores en el cielo pero jamás hubiera creído que él fuera a ser alguna vez testigo directo de aquella exuberante locura. Sin lograr reprimir del todo una risita burlona me preguntó si estaba viendo un objeto volador no identificado en el cielo. Le respondí convencido que sí. Y no lo hubiera creído del todo. Hubiera quizás sospechado que se trataba de un delirio, de una alucinación, de una válvula de escape a la tontería terrenal que impregnaba la marcha. Sólo que minutos antes me acerqué a mirar más claro el fenómeno y sin dejarlo de ver le pregunté al viejo del lado si acaso no veía ese mismo punto luminoso que yo estaba viendo. Me dijo que seguramente se trataba de un avión pero le repliqué que estaba totalmente quieto en el cielo, hazaña que es bastante improbable para un avión comercial. Le dije, seguramente es un globo. El viejo me miró como un bicho raro, volvió a ver ese punto blanco y se fue. No estaba delirando, se trataba de un fenómeno objetivo y el viejo era la prueba de que no se trataba de una percepción meramente subjetiva sino que tenía una realidad precisa verificada por la reacción del anciano.
- No le puedo dar el número de las emisoras para estos casos señor, lo siento.
Me respondió el listo del número de urgencias. Procedió a preguntarme mi ubicación y la posible ubicación del objeto. Me reservé mi nombre, porque ya era obvio que el listo estaba tomando provecho de la situación y no quería prestarme para sus impías burlas de necio. Me preguntó si estaba seguro de no estar viendo un avión. Un avión pasó dos veces cerca de ese punto, lo que me llenó de espanto por unos segundos. Y parecía que el avión atravesara el punto sin consecuencia alguna. O el punto se desvaneciera al paso del avión y reapareciera luego de un rato que el avión hubiera cumplido su trayectoria. Lo más probable también, y luego terminé de convencerme de ello, es que el punto se encontrara en un lugar mucho más distante del avión. En los bordes de la estratosfera. No, evidentemente no era un avión. Pero sufría por dentro por la conciencia de estar presentándome como un maniático, de esos que gritan en la calle sin que nadie los escuche, que huele a azufre, que llega el fin de los días y la gente agacha la cara y se pone las manos sobre las mejillas y se burla.
Necesitaba encender las alarmas, no a la manera de Orson Welles, porque estoy lo suficientemente fregado como para querer burlarme de alguien y simular una supuesta invasión extraterrestre; en este caso sería yo quien terminaría burlado pero nadie inventa una fantasía para lograr este objetivo tan concreto. No deseaba no ser tomado en serio pues estoy lo suficientemente fregado como para creer que en realidad algo existe afuera sosteniendo su mirada sobre el mundo a la manera del ojo divino del Guernica de Picasso.
Tal vez se tratara de un satélite metereológico, trataba de consolarme luego del fracaso comunicativo con el listo del número de emergencias. O quizás como me lo había sugerido alguien en otro momento un planeta visible gracias a la impecabilidad del cielo en ese instante. Pero un planeta no describe esos bruscos cambios de órbita Lo miré mientras estaba fijo colgado en el cielo. Tratando de hallar razones a mis ojos. Recordé las fotografías mostradas en los noticiarios hace poco de avistamientos de ovnis en Medellín. Objetos con una proporción geométrica cilíndrica y chata muy similar al que estaba observando en este instante. Los testimonios eran todo menos claros. No pude dejar de arriesgar analogías.
Con el paso del poco tiempo pude ver que contrario a lo que en principio parecía el objeto no se encontraba en absoluto estabilizado. Ahora caía de nuevo sobre el árbol que amputaba el cielo, el cual fue el punto más bajo en que cayó antes de alzarse de nuevo hacia más allá del destino de los aviones. Una vez lo perdí me levanté con el fin de sobrepasar el árbol que interrumpía la visión del objeto. Pasé sobre los carros, sobre la calle, sobre los marchantes que alzaban pancartas de odio disfrazadas de amor.
Una vez superado el obstáculo del árbol, en medio del aparcamiento de McDonald’s, bañado por los rayos del cenit del sol y refrescado por el viento de las montañas del oriente, puesta la vista al cielo, perdí desoladamente el objeto. No podía dejar de ver hacia el cielo como los idiotas. Los mensajeros del establecimiento me apartaban rudimentariamente de sus labores. Estaban llevando unas cajas de un lado a otro, yo sin comprender las razones. Un mensajero que recién llegaba contaba con ánimo cotidiano el accidente de una señora con un bus. Pregunté si la señora había muerto. El accidente tampoco era tan interesante. Sencillamente un carro manejado por una señora que choca un bus. En medio del tráfico y la manifestación. Volví a alzar la mirada al cielo. Me acerqué al árbol que en principio había estorbado mi completa visión de la trayectoria del objeto. Allí el árbol sacudía sus ramas como un baile ancestral. En el cielo no veía nada. Cerré los ojos y sentí que una polilla me pasaba sobre la nariz. Así que todo había sido una polilla, un error de perspectiva. Claro, tan idiota, desde lejos la blancura de la polilla contrastaba tan fuerte con el azul del cielo que parecía estar volando cientos de kilómetros consumida en él. Los aviones no la tocaban no porque estuviera tan lejos sino precisamente por estar tan cerca.
Un desamparo me albergó el corazón como una súbita muerte de Dios y me quedé paralizado por completo, allí en medio del gran estacionamiento de las comidas rápidas. Deseaba llorar o tirarme al suelo. No restaba más que gente yendo de un lado a otro con sus pancartas de nacionalismo exacerbado y yo había perdido la razón de la manera más lamentable. Me sentía un débil mental de primera. Quería internarme en la Monserrat por delirios y alucinaciones fortuitas a mediodía. No era posible que tanta literatura barata y fantasías de ufos y vida alienígena me hubieran carcomido el cerebro de esa manera. Siempre pensé que era tan razonable como para enfrentarme a ellas con un punto de vista distante y escéptico, ahora me encontraba sufriendo por la falta de magia en el universo y porque la Verdad estuviera de mano de gente asquerosa que incitaba a la guerra y el odio, a las tumbas asentadas en tierra y no a la vida por fuera, en otro espacio, la belleza de albergar otra realidad.
Respiraba hondo y en busca de la polilla que me había roto el corazón de infancia pude observar algo hermoso. Parecía una paloma y surcaba decidida el hermoso cielo con sus blancas alas que al sol parecían brillar con luz propia como poseedoras de un aura que difícilmente podría erradicarse de la vida humana. La vi volando resuelta en medio del vasto cielo que se abría en Bogotá esta tarde hermosa y sentí mi espíritu rebosante de felicidad
No la perdí de vista y fui detrás de este destellante espectro. Allá en el occidente. Mientras iba detrás de su irreal luminiscencia me percaté de algo real. Resultaba imposible físicamente que aquella paloma brillara con tal incandescencia desde la lejanía en que ahora la percibía. Por más blanca que fuera no podría jamás reflejar la luz del sol con aquella fuerza inusitada.
Atravesé hábilmente la avenida, esquivando carros que ondeaban banderillas blancas. Caminé sobre los prados sin temer tropezar con las ratas que habitan allí. Sobrepasé dos hombres de apariencia sospechosa que me vieron tan concentrado en el cielo que decidieron dejarme en paz. Palpaba el suelo con mis pies mientras me concentraba en hallar de nuevo la paloma.
La paloma ascendió hasta el cielo de nuevo más allá del alcance de los aviones. Se mantenía fija por un rato y luego desaparecía, como un guiño de ultramundo. De nuevo tomaba la forma de un planeta. Emitía vibraciones de Venus a los desengañados. Me sentí súbitamente muy perdido, a la deriva de una fuerza superior que me señalaba la dirección en la cual desaparecer completamente hacia la muerte o hacia la búsqueda de nuevos planos dimensionales de sensaciones e inteligencias. Los árboles que rodeaban el aire empezaron a arrojarme sus hojas como madres que lloran la despedida de su hijo en el momento en que nace. Cerré los ojos con la vista puesta en el punto luminoso que colgaba en mi corazón esperando saber obedecer a la orden de arrojarme de una buena vez hacia los fugaces autos que recorrían la autopista o saber esperar un huracán que se abriera en torno mío remontándome a los albores más fantásticos del universo en que la vida fuera una bendición. Miraba los cristales de los buses que con prisa iban por la avenida y predecía mi sangre en sus parabrisas, una cara deformada con una risa inocultable. Un nuevo nacer que me recibiera en el polvo del cosmos acariciando las ruinas de un sueño imposible. La inscripción de la palabra como la fundación de un planeta deshecho en lágrimas. Amor, sólo estoy bien y no preguntes demasiado.
Una nueva luz emergió de algún lugar remoto del horizonte y precipitó al viejo punto brillante hacia su dirección sin que este último lo alcanzara por completo y perezoso prefiriera quedarse de nuevo en otro sitio estratégico del universo en que me costaba reconocerlo y luego desaparecía y aparecía otra vez en un punto cercano pero siempre misterioso ejerciendo una sombría sensación de ambigüedad en mi materia.

Algo cayó desde los cielos, al momento en que el nuevo punto veloz iba ascendiendo hasta un horizonte más incierto en el que sin embargo su contorno se hacía mucho más claro que el original punto que me interesara. El tercer objeto caía a menos de cinco metros desde donde me encontraba, como un fantasma que fuera descendiendo protegido de un hálito ardiente. De nuevo cayó hacia un indeterminado lugar en medio de un mini bosquecillo improvisado en una de las separaciones de la autopista. Pareció perderse al tacto del primer árbol pero deseé ir hacia este punto para enterarme realmente de qué se trataba. En ese intento un gran camión pitó y me botó al lado de mi acera. Volví a ver hacia el cielo y de nuevo pude identificar los dos objetos. El primer punto seguía apareciendo y desapareciendo misteriosamente sobre una misma área del cielo. En cambio el segundo objeto parecía dibujar una elipse más definida en el horizonte que entre más lejana a la tierra estuviera parecía otorgarle mayor forma. Esta forma era muy similar a la de un satélite artificial.
Duré aproximadamente una hora con la mirada concentrada en el cielo. Luego perdí el rastro del punto, el cual pareció dejar de aparecer sencillamente para desaparecer por completo. El probable satélite también se perdió en el lugar más lejano del azul del cielo. Sentí una inmensa curiosidad por el objeto en forma de platillo ardiente que cayó a pocos metros míos. Los carros andaban a toda prisa por la autopista y sentí que mi hora de morir ciertamente había pasado. Me sentía fatigado, absorto, desamparado y confundido.
Mientras volvía a casa pensé en el fenómeno. La gente regresaba de la marcha, contenta por cumplir su labor ciudadana de marchar. Yo me había alejado del deber de ciudadano de participar en manifestaciones públicas. Pero por un momento también me sentí alejado de ser humano. Sentí que era lícito mirar al cielo y preguntar qué ocurre allá arriba mientras nosotros morimos como ratas acá en la gravedad de esta tierra. Me preguntaba sobre la naturaleza de las extrañas esferas. No quería volver a caer presa de la pasión y llamar a encender las alarmas. Naturalmente, en el momento en que cayó aquel objeto lo más razonable sería llamar y encender las alarmas. Algo cayó sobre la tierra esta tarde y no sabemos su naturaleza. Un pronóstico terrible oscureció el cielo bañado por los rayos del sol. Muy probablemente los puntos que presencié en el cielo fueran tan terrestres y groseros como la gente que levantaba pancartas y gritaba en las calles. No estoy seguro de nada. Aviones fantasmas de los Estados Unidos. Satélites espías de aliados o enemigos. Esferas pitagóricas de la verdad o resquicios de una tormenta solar. Objetos extraterrestres, extradimensionales o puertas abiertas a dioses Primordiales con voraz apetito de seres simples.
No puedo estar seguro de algo más que este sentimiento de despojo cruel que me alberga al pensar que seguramente no fui digno de ser llevado con ellos al mismo lugar al que se dirigía mi paloma incandescente.
Sunday, January 27, 2008
nota del día
No hay tal atracción natural por el infierno. Por qué nos atraen tantas jornadas en el infierno? Porque embadurnados del mal pocas cosas se pierden al describir las bestialidades. Todo vale. Distinto al cielo. Donde en el intento por describir su grandeza padecemos perder todo su encanto. Como si nada valiera. Las palabras corrompen lo hermoso, se alejan de él, nos tortura su distancia.
Monday, January 21, 2008
Virgilio Nobrainski en exclusiva entrevista con el eminente Dr. Addictosawa
No he terminado de aparcar el coche cuando a través de la ventanilla veo que sale de una destartalada casa la altiva Linda G, acompañada de 3 chiquillos que la agarran de las nagüas, como asustados por la presencia de un extraño y preguntándose a qué se debe la inesperada visita. Linda G, entrecerrando los ojos, me reconoce y dibuja una noble sonrisa en su cara. Espera a que termine de aparcar cerca a la sombra de un arbusto y la veo, como las campesinas, limpiándose las manos en la falda para salir a recibirme. Le dice algo a la más chiquilla y ésta se apresura adentro de la casa, seguro que para avisar a su padre de mi presencia.
En medio del afable recibimiento por parte de Linda G, en el cual le entrego algunas películas recientes que estoy seguro le agradarán y de las que en esta región es poco probable que tenga acceso, sale la pequeñita del principio y nos interrumpe con grácil coquetería: Está en el huerto. Le dice a su mamá cuando ésta le pregunta por su padre.
Me resulta difícil diferenciarlo en el huerto con tantos hombres trabajando. Finalmente se me acerca uno, con un tajo de zanahorias y hortalizas. Su extrema delgadez, su fígura desgarbada y jibada aún se conserva y debió haber sido suficiente para reconocerlo. No obstante, su rostro quemado por las intensas horas de jornada al sol, su creciente calva, su bigote raso, me impidieron creer que se trataba efectivamente de él. Sudado como estaba, con la ropa mojada de su propio esfuerzo, me lanza un abrazo pegajoso que me cuesta aceptar con agrado hasta que finalmente pienso: es él.
Me invita a tomar guarapo, me presenta a sus 3 nuevos hijos, contando la particularidad de cada uno, con el orgullo propio de un campesino que siente gratitud por la compañía y la amistad que sus retoños le brindan.
Nobrainsky: Innumerables veces se ha autorreferido a sí mismo como "un científico que indagó sobre la tristeza", no obstante, su obra ha sido objeto del desprestigio sobre todo luego de la publicación de los trabajos "O2: chúpame las bolas". Considera que se ha subestimado su trabajo?

Dr. Add: 02 fue fruto de un trabajo constante que me costó 10 años de esfuerzo e investigación. Todo fue a raíz de una intuición. En un principio nació como un pasquín universitario llamado "U2 chúpame las pelotas" pero en esa época estaba tan colocado que por mero accidente se publicó con el error tipográfico "02 chúpame las pelotas". No todo puede ser tan fatal en la vida, o, en mi caso, decidí refugiarme en el rigor -término terriblemente mal usado y mal traducido gracias al cabrito del Ortega y Gasset-, mejor dicho, en el amor a la ciencia para escamotear la fatalidad de la vida. En este sentido, más que esa frase tan obsoleta con que la gente trata de reducirme del científico que se encontró con la tristeza, soy el científico que miró el universo para olvidar la tristeza, no es nada nuevo, ni nada interesante, no soy un personaje excéntrico de la comunidad científica que viene a revolucionar los paradigmas. La gente viene hacia mí en busca de un carácter, de un personaje, una caricatura traducible a la gran pantalla y se defrauda. Soy un pensador con el culo en el telescopio, es eso tan interesante? Tan sólo un científico, es lo que se ha olvidado y se ha puesto el acento en la tristeza, cuando la tristeza pone el acento sobre nosotros y nos obliga a merodear este mundo perecedero, en nuestros coches, en nuestras mil maneras de mirarnos al espejo de mil modos al frente de una gran pantalla, en las navajas, en nuestras mil maneras de matarnos al espejo de mil modos frente a una gran pantalla... pero nadie nos observa y es lo real del asunto. Sin el amor que nos impulse a escapar, por fuera de la Galaxia o por dentro de ella, no somos sino unos condenados de la gravedad de nuestro planeta que es tan enano como Plutón. Es lo que mucha gente olvida, el poder real del amor y en él, un amor tan real como cualquiera, el amor al conocimiento, la ciencia y la técnica. Yo me masturbo cada noche con el sabor de la vía láctea en mis párpados, soñando con el día en que la estupidez y la soberbia ceda y de bienvenida al otro que nos conquista en los sueños y olvidamos tan pronto nos despertamos y nos apuramos a nuestros lugares de trabajos por la necesidad del qué comer. No vinimos a esta tierra a sobrevivir, vinimos a este magnífico lugar para soñar y explorar, ser explorados, encontrarnos, acariciarnos, ser amados y amar. Del resto no me hables, Virgilio, el resto me fastidia enormemente, sólo quiero perderme en mi mar de fantasía y así llorar largamente por no poder tenderle el brazo a ella y limpiarle sus lágrimas también, por la soledad que nos devora y nuestra indiferencia, con el dolor del otro sobretodo.
Nobrainsky: De todas las críticas que se escuchan en los medios académicos, hay una que a ud especialmente le gusta alentar provocadoramente. Dicen que su ciencia es para pijos y que usted más que un científico metódico es un gran farsante con pretensiones de rock star. Quiere responder algo al respecto?

Dr Add: Evidentemente no quiero responder. No es mi labor la de ser un alentador de chismes o habladurías malsanas. La academía es un medio muy mierdoso. ¿Lo dicen por mis tatuajes, por mi manía de llenarme de clichés mi cuerpo? Todo el cuerpo es un cliché muy del siglo XX. El sexo es un cliché que no sería malo de no ser tan desgarrador para algunos seres: los que están irrevocablemente por fuera de su universo discursivo. La educación no sería un cliché tan malo de no ser tan excluyente. Así mismo con todas las esferas de los cuerpos del control que amenazan con reducirnos a una definición precisa y unívoca. Lo que ofende a quienes se sientan en un escritorio a diagnosticar el conjunto de la raza humana es que efectivamente hasta los más leprosos disfrutan el sexo, porque todos tenemos vergas y vaginas y anos y bocas que claman por ser besadas; que efectivamente hasta los más idiotas aprenden y llevan consigo una educación a cuestas, no la formal porque la formalidad destruye, una educación más abierta que no por eso se enfrenta con menor profundidad a la espesura del cosmos que la que nosotros nos suministramos a punta de técnica y cálculo: todos creamos nuestras ficciones para comprobar lo que queremos...
Nobrainsky: ... Pero lo que usted me está diciendo en este momento es radicalmente contradictorio con lo que me dijo en la primera pregunta, cuando hablaba con tanta pasión del amor al conocimiento, la ciencia y la técnica.
Dr. Add: No sé. No sé si haya contradicción o no. A quién le importa? Le importa a Dios? Quién sabe. Le importa seguramente a los humanos, vivimos en un universo humano y nos comunicamos con humanos, una mierda, pero así es. Y los humanos se dan muchos aires, es lo que veo. Crean juegos y luego los vuelven reglas y luego terminan como pura dictadura hasta la tiranía. Así es el conjunto de la sociedad, es una mierda, pero así es. La contradicción no es algo que me rompa el coco. Amo a la ciencia desde la cabeza de la pilila hasta el final de los cojones. He tenido unos follones increíbles con la técnica: todo es técnica, nosotros somos técnica, el sexo es una técnica. Techné decían por ahí unos gilis. Creerles o no creerles, no importa. Por más bueno que la haya pasado apretándome el mico con los números no puedo dejar de ser conciente que el conocimiento es una puta cuya naturaleza es romper los cojones a quien se entrega a ella y maldecir a quien no la mira. Es todo lo que digo una contradicción? Es más evidente que es un sinsentido.
Nobrainsky: Pero seguro querrá responder a quienes en la actualidad lo acusan de "creacionista", entre ellos el doctor Chakovski Du Amsterdam que ha manifestado abiertamente el desprecio que siente hacia usted llamándole: "Ese tosco oscurantista del medioevo que mira el bing bang con los criterios de la Summa Theologica".
Dr. Add: Me cuesta creer que una civilización no sea un episodio normal en la vida de un sistema planetario, o, para ser más abiertos, de una galaxia. En nuestra misma tierra tenemos varias civilizaciones, sólo que somos tan estrechos de mollera que nos cuesta reconocerlas como tales: qué son pues las organizaciones de hormigas o de abejas. Y creo que aún hay alguna civilización en esta misma tierra que nos mira sin dejarse ver, más grande que nosotros y que no hemos podido ver porque nuestros lentes de investigación están empañados. De pronto somos su objeto de investigación. El Dr. Maurice Toulouse dijo alguna vez algo muy bonito sobre mi libro La cosmogonie d'une Malédiction: Si una rata de laboratorio se viera por accidente reflejada en el cristal que la encierra no miraría sino una rata insignificante. Kerberos es el experimento de un científico muy cruel.
Nobrainsky: Concuerdo con el Dr Toulouse en su apreciación. No obstante, su teoría cibernética y moral del centro de la tierra me parece desconcertante. Incluso, en conversaciones recientes con el célebre Dr Toulouse me pareció un poco más alejado del entusiasmo que en un principio pareció profesar por su obra.
Dr Add: No hay nada de desconcertante en mi obra Kyber-Sittlichkeit. Ante la dificultad de demostrar que el centro de la tierra está compuesto por una gigantesca bola de ferro-níquel yo sostengo que se compone del pecado original. Ahora bien, qué se entiende en términos científicos como le peché originel, como dicen los franceses. Yo, en mi condición de estudioso del cosmos, entiendo una abstracción de la lógica binaria y el gato de Schröedinger. La caída del paraíso es la carga que sella nuestra raza, es decir, la gravedad. La gravedad en todo el sentido que significa la palabra: gravedad como algo muy grave que nos sucedió a nosotros. En este orden de ideas, ante la imposibilidad de observación de esta carga moral sobre la raza en el núcleo del planeta, es un centro de pecado que existe y no existe al mismo tiempo. La co-existencias del pecado con el no-pecado sólo fue posible de observar gracias a la crucifixión del Cristo que cargó todo el sufrimiento de los hombres sobre su cruz. Fue la demostración suprema de la lógica cibernética que rige el planeta a los hombres primitivos de ese entonces, sólo que se carecía del contexto tecnológico para comprenderlo.
Nobrainsky: Interesante pero supremamente difícil para conceder. A veces, ¿no siente que se ha quedado solo y marginado de la discusión científica por sostener tan férreamente estas convicciones?
Dr Add: No sé qué es la soledad. La soledad siempre la he sentido en mi corazón no importa cuánto me hayan escuchado alguna vez, cuánto haya estado acompañado alguna vez. La soledad la siento cada vez que pongo el ojo en mi catalejo y observo las estrellas. En algún momento de mi vida pensé que la soledad se refería a un parásito que me estaba consumiendo. Luego de profundas investigaciones y experimentos a los que me sometí por mi propia cuenta me di cuenta que la soledad no estaba allí, en el interior de mi organismo, como había creído en un principio.
Caía la tarde. A lo largo de toda la conversación que sostuvimos y la minientrevista que me permitió publicar, nos tomamos cerca de 8 totumadas de guarapo. Su gesto ya estaba agotado, tanto por la conversación como por el trabajo forzado de la mañana. Me acompaña hasta el coche donde me despide. Mientras me alejo, lo veo a la luz del faro que alumbra su humilde casa. Sus nuevos tres hijos juegan entre sus piernas y la falda de su madre. Linda G, le pasa el brazo sobre sus hombros. Kerberos Addictosawa también espera impaciente hasta perderme de vista. No sé por qué de súbito me siento perdido.
Sunday, January 20, 2008
la nueva noche
Luisa atravesaba vastos campos adentrándose por las llanuras del Casanare. La crin del caballo ondulaba con el paisaje y golpeaba sus firmes brazos. El sol moría en la negra cabellera. Su pálido rostro resaltaba como un sol en el cenit de su vida bajo el agobio de una atmósfera renacida. De nuevo era una niña en el vasto campo que se abría para ella, montada en un recio caballo que dirigía a galope constante, el infinito celestial se abría y parecía no tener fin sino en el final del horizonte. Luisa resulta que no eres la niña corrompida que galopa por las llanuras del Casanare. Luisa se arroja boca arriba en un descampado del camino a contemplar las tempranas estrellas que ya aparecen en el firmamento de la tardía tarde. Son todas ellas soles, con inocencia muerde una raíz y estira sus largos brazos, son todas ellas días prometidos. El último refugio de la devastación es el paraíso de la inocencia. Para ellos, los animales que habitan en esta extensa lejanía, no ha pasado nada que pueda competirles, aún cuando todo les compete, primario combustible de los hombres. La verdad es que apetece morir en esta ráfaga de viento cálido. Los días de acero se acercan. El olor a muerte, a sueños de terneros amputados, el jabón de la sangre fresca, un ojo que aún no se cierra. Deja que la tierna res entre en ella y adentro siente con gusto como sus jugos gástricos se encargan de comprimir con toda fuerza el resto de la carne. Ella es la carne del ternero y vuelve a mirar a las estrellas de la noche con agradecimiento por brindarle semejante amante. La comunión con la bestia la hace una vez más poderosa en las extensas llanuras y vuelve a retomar el galope de su caballo fiel. La noche se hace más espesa en la sabana y una comparsa de lechuzas adorna como una corona el delicado paso que se abre en la sombra. Los caños como espejos que los cascos del corcel dividían infinitesimalmente al contacto con níveas rocas que resguardaban la promesa del despertar en tiempos mejores. Luisa se apea en el cadente llanto de la ribera y desnuda sus firmes pechos a la expectante luz del astro selenístico. Bajo su falda un monte endiablado devora las turbulencias de las cavilaciones de los embriagados sueños. Totalmente desnuda se sienta a contemplar el destino que presuroso sigue el aniñado caño. Su larga mano delicada se sumerge en el abatido elemento y se adueña de una larga rama que dormita bajo su lecho. La rama de un verde petróleo brilla como joya enseñoreada de la nueva noche. La arranca como un beso y la acaricia con la rosada vulva que se debate entre el enloquecido monte oscuro. El espíritu del caño, como un juego de chispas que juguetea en el centro de la corriente, arremolina la larga cabellera de la caliente loba y acaricia una tierna brisa con el susurrar de una vieja sabiduría. Un vehículo astral desciende a la orquestación lúbrica y respetuoso de no ocasionar ninguna molestia se sienta al lado de la muchacha para atestiguar un celestial orgasmo entre Luisa y la ramita verde. Son los seres que vinieron desde otro tiempo. Otra galaxia que vino a través de la noche. Luisa se masajea los suaves muslos y cómo quisiera que viniera ese macho cabrío a penetrarle su cándido culo para cerrar la noche con un estruendoso grito que rompiera la fantasía de la noche. Un pez lame el ano de Luisa mientras la rama le penetra constantemente hasta provocar la sangre por ruptura. La sangre navega por el interior del caño y los elfos que se laceraban las espaldas se masturban con el penetrante olor de muerte que les llega desde la otra orilla. El caballo se erecta y empieza a jadearse en regocijo al ver la rendición de la muchacha. Eyecta un potente chorro blanco a la nitidez de la noche y escucha las campanas de su propio vigor sañudo. Luisa convulsiona una vez más en su ardor frenético de ser poseída por el espíritu de la materia negra del universo. El caño limpió los últimos rastros de sangre. La luna brillaba sobre la copa de los sabinos enrarecidos. La sabana se extendía hasta el horizonte y el horizonte era implacable en contagiarte de su tristeza. Yo amaba a Luisa hasta los cojones. Un día supe que se tiró de un caño y no se volvió a saber más de ella. Se encontró su fiel compañero. Enloquecido, boca arriba, contemplando las estrellas. Luisa sucede que te llamabas Nadia.
Tuesday, January 15, 2008
horizontes implacables
Thursday, January 10, 2008
Sueños de Kerie Addictosawa
"Qué es? Qué es?" Despierto. Esa pregunta, la estaba formulando yo? Por qué me levanté preguntando eso? No era yo. Quién era en mi boca? Quién me preguntaba el qué de qué? Acaso la inteligencia. La inteligencia que poseo y se pregunta por quién la posee. La inteligencia que la vigilia atrapa preguntándose por la naturaleza de su captor. Quién es? Quién es? Quién se pregunta por lo que soy - por quien está?. Y sin embargo fueron esas cuatro palabras que pronuncié no bien despierto las mejores para despertar. Un pronunciamento hermoso, musical, proferido por mi boca, sin yo estar conciente de ello. Quéeees? Quéeees? Como si fuese una misma palabra. Sólo dos palabras. Una frase indiferenciada. Quéees? Como música desde las nieblas de un cosmos imperceptible. Dos elementos que en el cosmos colisionan emiten con seguridad calor. Kéez me emitió un frío que consume. La gravedad nos devoró hace varios milenios y las estrellas nos miran con tristeza desde su muerte espectral. 97% Hidrógeno no somos tan distintos a una inteligencia. No dejaremos de ser dos, para siempre. Para siempre solos.
Tuesday, January 08, 2008
Incontinencia
Friday, December 28, 2007
cálculos para el 2008
Malparidos hijosdeputa cálculos renales por qué no me consumen de una buena vez? por qué tardan tanto en llegar yo que deseo llegar a la crudeza de la tierra y vomitar como una prostituta con venéreas que se expone en la galería NoMa. Qué escribo? qué son estas tonterías? Malparidos hijosdeputa.
Se enjuagan los ojos
ante la posibilidad de padecer cálculos renales
nunca los he sufrido
pero deben ser sobremanera horribles
los dientes se apretan
la cara se contrae en gestos ridículos
los cálculos renales
que aniquilan todo sentimiento de fraternidad humana
están a la vuelta de la esquina
por qué debo tener la posibilidad real de llegar a este extremo absurdo de la enfermedad?
me pregunto incesantemente
es un estado supremamente crítico
el verse horas sentado
en el mismo baño
el mármol que se encoge y las horas que se alargan
estado inmisericorde y lamentable
yo que como una persona postrada en una pocilga pública
ahora me veo ante el advenimiento inminente de un estado de emergencia
lo que jamás funciona no debería hacerlo jamás
esto es una verdadera plasta de mierda infundada
se deben enjuagar los ojos
postrado ante la imposibilidad de hacer su cuerpo funcionar
cadáver caprichoso
no me recuerda una vida
una vergüenza
una condición putrefacta
no escondo el odio
la vida
depósito infundado de estiércol
cadáver caprichoso
sucio mendicante al que la vida le escupe
uno no deja de ser un cómplice de su miseria
y uno dice que odia para no verse tan ruin
así como el vagabundo blasfema a su benefactor
pero sigue bebiendo de esa agua sucia
llena de orines, sangre, semen, moco y flujo vaginal
pero en el interior uno no está más lleno que de cálculos renales
La noche es blanca
y todo se asemeja al cielo de los pulcros campos sacros
un pajarraco que rompe el cielo
vanidades fatuas en el abismo
la nostalgia que devora el recto
un leve destello del infinito
una indiferente mirada a las estrellas
comemos calladamente
en medio de un descampado anónimo
anoche bebimos de los dioses
hoy nos sentimos igual a ellos
en la soledad de nuestros agujeros
six feet under
se me enjuagan los ojos
soy de un llorar vacilante y gratuito
como anciano marica
que no retiene sus esfínteres
la muerte se me escapa
de mil maneras cada día
no quiero un júbilo
mi canción ya perdió su ritmo
como una prostituta en sequía que ha perdido su vocación
y deambula por los vastos trigales
me dicen: Johnny busca sombra
en busca de un fatal amor
una sola vez
para querer morir
por eso cálculos renales
Monday, December 24, 2007
Merry Christmas Monkey
Queridas criaturas nocturnas que aún visitan este viejo lastre, les traigo un presente de navidad con toda la humildad de un corazón podrido, como agradecimiento a la amistad brindada, la atenciòn prestada en algún momento del camino y las visitas esporádicas al tal vez más impopular blog de la galaxia.
the junkie's christmas
Thursday, December 13, 2007
final de los tiempos
Un tacto metálico sobre el rostro de Lisa de regreso al infierno cromado que estallaba sobre sus ojos compulsivos en torno a los reticulados del salón helado de Rusia 466. Sobrevivimos un mundo colapsado en bolsas de helio residuales desde los salones de manufactura abandonados. Allí está Hwyett arrojado a los frigoríficos hirvientes de la vieja estación espacial derrumbada en guerra. Pruebo un poco de ese aceite regado en los compartimientos del suelo. Allí está Hwyett librando una guerra perdida. El pecho se resiente a los gases de la atmósfera. Glóbulos oculares en explosión frecuente desde los suministros de video gratis. Lisa explora las bifurcaciones del no-espacio en que se juega la vida. "Todo cuanto actúa es cruel - Artaud" De nuevo al infierno. No hay regreso al final del mundo. Los babuinos corrían en manadas por las selvas de áfrica, los últimos refugios de esos culos rojos que quisieron resistir la ecmnesia aún se debaten en el enigma. El azul del cielo desapareció y los mares lincharon la cutrez del mundo. Un desgarre vertical de los brazos impedía cualquier intento de reparación en la psiché de una civilización humillada.
En el gran cristal del cosmódromo la vi partir. No me dejó tiempo de decir adiós. Quizás tampoco yo quería decirlo. La gente se aferra al cristal del cosmódromo y lo contempla por horas como si quisiera que no los dejaran solos. Tal vez yo también me aferre a esa plataforma vacía. Tal vez también tenga horas al frente de este cristal mohoso sin comprender que ella ya se ha ido. Paso horas sin sentido, paseando sin razón por los corredores de los salones de espera del cosmódromo. La misma imagen desgarradora de los rostros que se quedan. La misma cara de "mirar para adelante siempre" de quienes se van. Aún si les causa un dolor dejarnos, este mundo ya no corresponde a ellos. Mi corazón se atraganta de culpas en los pasillos muertos de un día de adioses definitivos.
El día despunta lentamente a través de los alfileres de llovizna. Paseo por los barrios negros con las manos en los bolsillos de la chaqueta. Los traficantes recogen a las putas que aún quedan, agotadas hasta el pellejo, y se van a buscar calor en sus cuartos de residencias baratas que colindan la zona. Finalmente encuentro un antro en el que poder refugiarme un instante. Dos cervezas, varios cigarrillos y varias canciones demoledoras. "Stargazar you call the shots an I take'em" Una bella guaricha se acerca y me pregunta si quiero bailar. Sí nena pero no quiero besarte la boca con aliento de pene. Bailamos y me cuenta de varios negocios en el viejo mundo. No me interesa. Quiero volver a la barra. Quiero volver al silencio y a la tensión entre el bartender y yo. Tal vez odiaba mi vida. Tal vez quería decirme que odiaba en lo que me había vuelto, esa ficción de haber sido algo mejor alguna vez. Otra vez la guaricha sentada a mi lado. Otra vez interrumpiendo la canción con su chillona voz. Estaba harto de las mujeres. Estaba harto de que me rompieran el corazón. Estaba harto de su sexo artificial. Estaba también cansado de mí, de ser tan femenino, de ser tan poco macho. Sólo quería cantarme para mí esta canción que dice: "dreams like this must die, dreams like this must die". Estaba harto de su exigencia. Estaba harto de que uno nunca fuera lo suficiente para su chica. Estaba harto de las demostraciones. Estaba harto del mundo, sí, eso era. Estaba harto de que uno nunca fuera lo suficiente para este mundo de mierda. Y la guaricha seguía hablando y hablando. Le miraba sus bellos ojos azules. Esa risa de doble intención. Ese pelo rubio cenizo sobre su cara reseca y aburrida. Quería que se callara. Me la imaginaba debajo de un hombre sucio hace unas pocas horas. Me la imaginaba gritando y gimiendo de placer. Me la imaginaba confesándole que era el mejor sexo que había tenido. Y ahora estaba acá hablándome e interrumpiendo las canciones que yo programaba para sosegar el ánimo. Me imaginaba que ella era de las que creía que el sexo era de lo mejor de la vida, de esa clase de mediocres. Nunca se largó. Nunca paró de hablar. Supongo que era de la clase de mediocres que dice que necesita compañía. Pero yo no era compañía. Al salir la mañana era negra. Los alfileres de llovizna todavía herían. Ya no quedaban putas ni malandros.
Me consuelo pensando en los miles de millones de receptores neuronales que se fueron atrofiando e inutilizando a lo largo de mi mala vida. Todos ellos representan las posibilidades de haber sido lo que hoy no soy. Allí está Hwyett dirigiendo una orquesta. Allí está Hwyett decodificando los códigos genéticos en bien de la humanidad. Allí está Hwyett puliendo una tesis. Allí esta Hwyett... aún con ella. Me imaginaba atravezando el espacio. Su mirada sería de excitación frente a lo nuevo. Ahora sé que no quiere ver las estrellas y cuando partió se quedó fija en el planeta azul. Adivinando qué punto era Hwyett. Preguntando por qué se vería tan pequeño y por qué ya no se veía. Preguntando en qué pequeña proporción del espacio de aquel minúsculo planeta se habría perdido Hwyett. Como un perverso juego de zoom en el que los confines se borran entendería que yo tampoco existía desde las distancias infinitas.
Tiro un dado hacia arriba. Vuelve a caer a mi mano. No me fijo en el número. Lo vuelvo a tirar arriba. Vuelve a caer a mi mano. Lo vuelvo a tirar. Esta vez no lo atrapo. Sigo mi camino, con la impresión de haber jugado a los dados, de haber perdido con los dados.
Tuesday, December 04, 2007
guns
Monday, November 26, 2007
Desde Micomicolandia
- En este momento me encuentro ansioso por su pronta llegada a Bogotá y a la expectativa de poder volver a hablar de viejos güevones y destrozarnos con nuestra sola presencia que concebimos como un improperio del peor gusto a gran escala.
Mierda!
A usted nunca le interesó Heidegger ni su carta al humanismo, pero desde que escuchó el entusiasmo del Viejo Güevón (así bautizó al director del seminario junto a Luciano en un bar aledaño a la universidad), ufanándose de haber estudiado en Alemania, su apatía se tornó en repudio. El hado hala su estómago, lo revuelve, lo convierte en una cámara de gas. Debe esperar el final de la reunión como lo ha hecho desde la primera sesión tres semanas atrás. El viejo emite comentarios graciosos, resistiéndose a aceptar que la próstata le ha crecido tanto que orinar le resulta más incómodo que defecar en algún baño público; aunque claro, el gran conocedor del pensamiento alemán, nunca tuvo que acudir a ese tipo de lugares: siempre en compañía de expresidentes, de rectores y altas personalidades, es el eminente Filósofo Rey preocupado por los ignorantes acechados por la guerra, de los cuales es portavoz aunque sus gestos delaten el desdén que le suscitan. El Viejo Güevón vocifera los encuentros intelectuales que llevará a cabo en el aula máxima, adelanta parte de las agudas interpelaciones que le hará a los invitados, juzga hechos plasmados en el diario, hace alarde de su versatilidad, aclara que él no es un sistema de pensamiento porque sólo los grandes genios hacen grandes obras y él es un tipo normal, dice Cuando estuve con Jurgen Habermas en Frankfurt caminamos conversando sobre la ética discursiva. A usted el hado lo increpa con cavilaciones y arrepentimientos de su propia cobardía, a esa que lo condujo a inscribirse en la facultad de filosofía y letras porque temió quedarse en casa evocando todo lo que no ocurrió en su vida, y luego lo conmina a imaginar al Filósofo Rey con los pantalones abajo diciéndole a Jurgen Por favor tócame no aguanto un segundo más. Usted intenta sonreír, pero la carcajada es abortada al mirarla a ella, a la asistente del Viejo Güevón y más que a ella, a sus glándulas mamarias asomadas pálidamente por un tímido escote. La pobre sólo interviene cuando el Filósofo Rey se lo permite; ella habla con el mismo entusiasmo sin que eso obste para que el hado le haga sospechar a usted que está enamorado y que el Viejo Güevón intentó acostarse con ella y que si ella no accedió fue en virtud de que nadie en la institución universitaria le pierde la pista a su gran filósofo. El hado le dice a usted o usted al hado cómo ella terminó siendo la asistente de un filósofo cuando a fuerza de su entrepierna hubiera podido acceder a la gerencia de un banco; en el vasto campo del pensamiento sólo deben haber sujetos de la estofa del Viejo Güevón, o bizcos como una compañera que escucha y anota cada comentario, o con erupciones coloradas como las del tipo que levanta la mano tratando de rebatir al maestro esgrimiendo palabras que usted desconoce, o gordos como el par de estudiantes que cuchichean en una esquina y al terminar cada sesión se le acercan al viejo enseñándole algún libro costoso e ilegible. El viejo acaba de hablar.
Extracto de un gran texto de Cisterna Rota en Micomicón.
Monday, November 19, 2007
it's just a web log.
Además que la canción es bastante buena - es mi lado emosexual, lo confieso, me gusta the matches: un grupo divertido con buenas canciones: además de ésta está Dog eared page- lo subo porque resulta de algún modo una manera de reírnos de los sustos de la vida y los pequeños accidentes al que los padres nos tenemos que ver a diario con nuestros pequeños suicidas. Hoy en la mañana me senté a ver con mi pequeña suicida el video, bailamos la canción, pues al parecer a ella también le resultó divertida, y vimos juntos el para-nada-profesional-video un par de veces y ella no pudo ser indiferente con los morraquitos que aparecen, al parecer también lo disfrutó. Uno tiene que celebrar la vida cuando tiene oportunidad. Desafortunadamente algo tan sencillo se olvida fácilmente y es el lado oscuro de la vida el que constantemente nos recuerda ello: el simple placer que se puede extraer de las cosas simples y llanamente bonitas. La cosa es que el accidente de mi pequeña suicida no pasó de ser un gran susto y, supongo, su primer gran golpe en la vida. Me alegro de que algo negativo y que, definitivamente se pudo haber evitado, no haya pasado a mayores y se haya convertido en una experiencia en el fondo positiva que nos permite aprender tanto a nosotros, los padres de ella, como a ella, la pobre, para que vaya conteniendo un poco aquellos impulsos locos y desmedidos frutos del obvio desconocimiento de las simples leyes naturales que nos rigen en este planeta tierra.
Saturday, November 17, 2007
el escorpión del punzón estridente
Monday, November 12, 2007
islote imaginario
Estamos en un estado de absoluta recesión de los sentidos. Rojo cobalto de las mañanas llenas de esputo en las aleaciones irónicas. Salgo del metro bajo la coartada de una tenue brizna de lluvia sobre las calles barridas de silenciosos asesinos. Recuerdo los malos días - aunque reales - cuando los objetos entraban en contacto con la piel y uno realmente podía sentir y decir: camino sobre la calle, toco el poste; he ahí la tenue brizna de lluvia sobre mi cabeza, coartando las lágrimas. He ahí los elementos, los rayos del universo ocasionando efectos sobre el interior de mi cadáver. La protección te priva. El cosmos es un centinela que arrulla a las mucamas en su hora más triste. Y yo soy un escritor jodidamente malo.
Como si el todo no fuera el negro del cielo en una noche invernal como esta. Qué es el todo y cuál es su relación con nosotros? Ahora que volamos: cómo nos relacionamos con el Todo, la Nada, lo que Siempre ha aguardado, lo que Acecha y lo que NADA ESPERA DE NOSOTROS?
Es tarde. Yo quiero crear un sueño, entiendes? Escribí un manual de cómo robar dulces sueños.
Mag era el albatroz más atroz.
Rey en cambio era el arcoiris.
El océano era inerme ante las piedras
que los justos lanzaban
contra la atroz mag
Mag esa noche se fue
de picada contra las rocas
Rock la roca
lamió de su sangre
y se dijo mientras mugía
La sangre de esta atroz
desliza la futilidad del cosmos
en mi noche bruta
que ya nada quiere comprender.
Por qué no darle crédito a la gente que cree en la realidad del destino? Acaso no es ésta otra forma de entender la dirección del tiempo? Es tan lógico decir que venimos de la muerte y nos dirigimos al nacimiento como presuponer que del nacimiento nos dirigimos a la muerte. Pero nuestro conocimiento se acostumbró a considerar que lo conocible es lo que se dirige al nacimiento y el umbral de lo misterioso es lo que avanza hacia la muerte. Se acepta que quien apuesta al conocimiento del futuro está errado, porque se subyuga fácilmente a la tiranía del pasado. Para Dios no es problema; él es eterno, su existencia no está subordinada a las dinámicas del tiempo. Para nosotros tampoco debería ser problema; el presente no parece sino hacernos recordar que nacimos muertos.
En realidad la cuestión no es tan sencilla. El presente se puede llenar tanto de luz y vida que basta con vivir un instante de pleno goce para decir que en ese momento la vida es hermosa. Me he acostumbrado tanto a fijar la atención en los aspectos puramente negativos, en diseñar una acusada crítica de los sistemas sociales y de la realidad, que a veces olvido casi por completo la felicidad que uno puede arrancar del mundo. Tal vez no me pueda referir a una felicidad trascendental, ni a una felicidad (εὐδαιμονία) en el sentido aristotélico... pero sobra decir que olvidar la suprema felicidad que se puede desprende de un instante sencillo y precioso es más propio de cínicos y de idiotas que de verdaderos seres humanos. Y cuántas veces olvidamos vivir en pos de una actitud estúpida que nada ofrece!
Alguna vez leí en una entrevista que Cioran, el gran pensador pesimista del siglo XX, respondía ante una pregunta sobre su ser generoso y amable que se contradecía a aquel radical del texto: "uno puede ser pesimista en el pensamiento pero no en la vida". Cierto es que uno puede ser un nostálgico empedernido, un ser triste por naturaleza, no esperar muchas expectativas de cosas que uno ya sabe le son excluídas; de esto no se desprende que uno pueda dejar de sentir amor por alguna persona, por algún objeto, de buscar puntos de apoyos por más endebles que en determinado momento resulten. Tampoco se desprende que uno deje de sentirle el sabor a las cosas, perder la armonía de las grandes composiciones, encontrar alegría en un buen rato junto una buena compañía. AÚN CUANDO TODO EN DETERMINADO MOMENTO PUEDA CAER COMO UNA AVALANCHA EN CONTRA DE LA CABEZA DE UNO Y SÓLO LOS TRISTES OJOS SE EMPAPEN DE LÁGRIMAS YA AJENOS A LA UNIDAD QUE UNO ALGUNA VEZ CONFORMABA.
Aprendí a ser pesimista gracias a un cura bastante sabio. Decía que su vida siempre había estado marcada por un profundo pesimismo. Cuando le preguntaban por qué era tan pesimista, él acostumbraba a responder: "Bueno, nunca espero nada de nada o espero siempre lo peor. Así, por ejemplo, si me llegan noticias de alguien o algo y al enterarme veo que son malas, ya me las esperaba y las acepto, y si son buenas, en cambio, me pongo profundamente alegre y agradezco a Dios por su generosidad, ya que no me las esperaba". De esta manera comprobé que era más sensato e inteligente no esperar nada o esperar siempre lo peor que ser un optimista obstinado que siempre se estará frustrando al ver sus expectativas continuamente truncadas o, sencillamente, en el mejor de los casos, aliviando cuando sus expectativas sean cumplidas. En ese instante, entendí que ser pesimista podría conducir a una vida más feliz.
Desafortunadamente, a lo largo de la vida, he dado con otra clase de pesimistas a los cuales su manera de asumir el pesimismo, desgraciadamente, los ha llevado a vivir una vida muy lejana a la que se considera una vida feliz. Hablo del pesimista de la calle. El pesimista que ha perdido toda ilusión en la vida y que no encuentra más razones para sostenerse como individuo en una sociedad. Esta clase de pesimistas, que serían como la variante prostituida del verdadero pesimismo, por lo general derivan en las drogas, el crimen, el adulterio y la vida marginada de toda verdadera vida. No digo que probar las drogas, el crimen, el adulterio y la vida marginada sea un pecado y un estigma para toda la vida, como por lo general la sociedad mojigata lo asume. Por lo general un drogadicto, como lo entiende Burroughs también, es alguien que vive al límite, en un estado de emergencia permanente. Lo triste es que una vida desemboque en estos estados de crisis y no exista ningún otro remedio para estas personas puesto que la primera cosa en encontrarse gravemente infectada, casi que gangrenada, es la voluntad.
Este pesimismo callejero dista de la lucidez del primero ya que no está en pos de la gratitud del instante y la resignación por las cosas malas de la vida. Es un pesimismo ciego que se niega a ver las cosas hermosas de la vida y que chilla tontamente por las desgracias que conlleva la misma vida. Considero que a este tipo de pesimismo gratuito es el que se refería Cioran, cuando decía algo como: "en la vida uno no puede ser pesimista" Porque este pesimismo no es ni siquiera conciente de las cosas a las cuales uno tiene que chocar como un sol que explota en una galaxia. En realidad, nunca he visto una persona tan complaciente y tan idiota que un drogadicto sumido en el vicio, capaz de aceptar que Hello Kitty es Dios con tal de tener una charla, un amigo u otra papeleta por otros 5 minutos más. Nunca han visto esa risita estúpida y vulgar de la gente que está tan desgarradoramente entregada a una sustancia?
El presente: puede darnos noticia de nuestra muerte en vida o de nuestra verdadera vida. Sin privilegiar las posturas hedonistas, que a la vez son una mala comprensión de la felicidad, considero que la vida está en saber disfrutar de los instantes bellos en el momento y de tener la sabiduria de reconocerlos y no dejarlos pasar ni tirarlos por la borda sentados ante un televisor o un periódico, sobre todo colombiano.
Me extendí porque me siento en deuda con una persona que hace de cada uno de mis días en que me encuentro con ella un paraíso. Es capaz de aliviar una tensión en el alma y de compensar cada momento de entrega a ella. Me enseña a respirar de nuevo y me trae sabiduria ante la maraña de algunos problemas realmente insignificantes que nublan mis pensamientos. Es capaz de devolver el tiempo y de hacerme de nuevo niño, no el niño que fui, niño triste y taciturno, sino un nuevo niño que ella compone a partir de sus juegos.
Ella hace que el presente me recuerde que nací vivo.
Tuesday, November 06, 2007
En la casa considero que vive un ano extraterrestre. La gravedad física parece no alterarle sin embargo las lágrimas le devoran. Desde la noticia de la nueva exploración espacial poco como y no tengo aliento. A veces me pregunto si ese culo extraterrestre no es el mío, como si hubiese dejado de ser mío, por falta de uso o por parecerle lamentable, ese culo se ha exteriorizado y no se deja afectar por la gravedad física, de hecho ¿no lo vemos orbitando en el porche? pero siente una particular atracción, enfermiza diría yo, por todo lo que tenga que ver con rememorar y sentir culpa. Porque ya a esta altura, Kerbie, debes entender que algo hice malo o no hice en ese tiempo que estuve afuera. Salomón está afuera de la casa esperando que le saque las autenticaciones.
Me encierro en el viejo cuarto y comienzo a empapelarlo de viejas tonalidades. Todos estos retazos cuentan historias, tan particulares, que en un momento no parecen ser las mías. Salomón ya se ha ido.
