Wednesday, September 06, 2006

"La eternidad por fin comienza un lunes"

En lo que respecta a las últimas 8 horas he visto dos accidentes, ninguno con graves consecuencias. El primero fue a las 10 de la noche del domingo, mientras esperaba ese bus que nunca llegó, en la Boyacá con Américas. El frío se colaba por el culo y me deprimía ver la escena de los carros cansados llegando a la ciudad y las calles prácticamente vacías. Pensaba en ratas de alcantarilla, una ciudad carcomida de ratas de alcantarilla, fluctuando en las alcantarillas como las flotas intermunicipales fluctúan por la Boyacá. Así que no muy a lo lejos pude ver el humo de las chatarras. A pesar de la distancia no podía observar bien lo ocurrido, de ese modo era la espesura de la noche y el frío. Me acerqué con el presentimiento de accidente y, en efecto, corroboré mi sospecha. Unos hombres se bajaron de un coche subdesarrollado y corrieron al sitio exacto. Arranqué también a correr en esa misma dirección, con la esperanza de ver algo realmente horrible que me sacudiera. Ese letargo, esa horrible frialdad que me ha invadido los últimos días y me lleva a soñar con terremotos que destruyen Bogotá y me lleva a pensar que esta ciudad se merece una verdadera bomba. Se trataba de un viejo camión de acarreos, la llanta delantera se le había desprendido cuando se encaramó al separador. Al interior del camión un hombrecito de lo más triste hablaba por celular, tan triste que no lucía aterrado ni sorprendido. Los hombres odiosos del coche subdesarrollado hacían escándalo y le gritaban al hombre "seguro que está bien?". Volví la mirada y vi que habían otros dos coches comprometidos. Del carro más lejano salía una mujer con un bebé confundido. Los ojos del bebé eran los de un borracho trasnochado. La mujer quería corroborar que no se trataba de nada grave. Me dieron ganas de decirle a la señora que cubriera la cabeza de su bebé. Noté que el padre se devolvía hacia su mujer ¿a qué horas había salido? La abrazaba compasivamente. Entonces los tres se volvieron al coche, como reprimiendo haber olvidado algo. En ese instante salió una chiquilla de unos 11 años. Su salida del carro fue absolutamente histriónica. Se agarraba la espalda y lloraba desconsoladamente. El padre guardaba una compostura reservada actualmente sólo para la gente del campo: resignación absoluta. La madre la miraba fríamente. Los hombres odiosos del coche subdesarrollado corrieron hacia ella y gritaban, gritaban "llamemos una ambulancia". La chica se sentó en el paso y siguió llorando. Ganas de llamar la atención. Me largué y en vista de que el bus no pasaría me devolví a pasar la noche en casa de Kira. Hacía unos días en ese corredor que lleva de la casa de Kira a la Boyacá la policía había capturado un par de granujas. Uno le decía al poli que estaba equivocado, que si quería fuera a la casa del otro que vivía en ese mismo barrio y su madre daba razón de él. El presunto chico de mamá prefirió guardar silencio. Seguro que prefirió pasar la noche tras las rejas que la verguenza de ser enfrentado a su madre y que el oficial dijera "hemos encontrado a su chico en estas..." Absolutamente comprensible. El otro accidente ocurrió a las 6 am. De vuelta a mi casa, con prisa para terminar un trabajo idiota para la Universidad. Los pensamientos de esa hora son los más brillantes y los más duros de capturar. La gente iba en letargo a sus puestos de trabajo, sus estudios o sus diligencias de primerísima hora.Tarareaba una bonita canción interpretada por el genial Ian Brown: Be there- colaboración a U.N.K.L.E (proyecto de Dj Shadow). Esa canción justifica levantarse un lunes a primera hora de la mañana. Cerca de la Iglesia de San Ambrosio los cristales esparcidos por todo el concreto. Trancón neurótico, miradas que se encuentran, niños dormidos en la ruta, interrupción productiva necesaria para contar en la oficina... tantas mierdas que suceden un Lunes en la mañana. Me entraron unas súbitas ganas de vomitar mezcladas con un extraño sobrecogimiento de melancolía que me detuvo en seco. La culpa estricta es del color de la realidad, el frío, el golpe de la conciencia de que todo es pálido, real y ajeno. Algún día moriremos y los lunes seguirán siendo lunes. El accidente fue de lo más estúpido y anodino. Un bus de ruta que chocaba contra un cuatropuertas blindado de algún hombre importante. Los hombres de negro comunicándose por sus celulares de última tecnología desperdiciada. Los niños felices por otro rato de sueño. El hombre importante seguramente adentro de esos vidrios negros desesperado por perder la cita importante. Y los hombres insignificantes apenas veíamos y seguíamos derecho sacudiendo las cabezas del sueño. Hice el trabajo sin mucha demora y me tardé en la ducha contemplando lo reducido que me encontraba. Si la masa corporal de las personas es relativa a su voluntad de vida mi cuerpo está diciendo más por mí de lo que yo quisiera. Cogí un taxi que me costó la suma de $10.000 pesos. El taxista no supo coger la desviación por donde era y me hizo una vuelta larga. Tenía poco tiempo para llegar a clase de ese maldito histérico con ínfulas de importante pero no desesperé. Supongo que las cosas no importan mucho cuando sabes que vas a morir en un planeta que está solo en el universo. Supongo que poco importan las cosas cuando sólo eres un polvo de pasado que acaso alguna vez resistió a ser barrido. Así que llegué a la Universidad que te transforma y supe que estaba en medio de espías y colaboracionistas que en cualquier momento informarían que tengo el secreto y otra vez atentarían contra mi vida, en esa misma esquina del negro César, y me romperían de nuevo la cara y tal vez, en esta oportunidad, no podría recobrarme y volver a casa. Presencié la clase de 9 a 11 de la mañana, con mucho dolor en el estómago por la angustia. A las 11 pasadas me quedé de ver con Kevin Arnold. Al salir al punto de encuentro me di cuenta que aún no llegaba y me senté a esperarlo. Saqué un dulce y empecé a chuparlo. En ese instante un escalofrío cubrió mi pecho. Levanté la cabeza y vi como una marejada de tristeza y furia contaminaba el ambiente. Luego pude reconocer su sufrido rostro de cristo afeitado sin su Magdalena. Me dio pánico acercarme y sin embargo lo hice con una risa de par en par para contener las lágrimas. Él también se rió y creo que soltó un: Wepa! Ese Wepa que uno suelta cuando se apura una copa de aguardiente de esas que arden, arden bien adentro. Después del respectivo saludo atrofiado por el terror le llevé a mis lugares de preferencia para tomar alguito. Le dije: vamos allí que a esta hora está bueno, aún huele a cloro y hasta ahora se hace la limpieza. Cuando llegamos al Laberinto de Zeus encontré el sitio tal como esperaba, incluso mucho mejor de lo que había idealizado, puesto que la costeña tenía puesto un viejo radio con música de planchar a todo volumen. Kevin reconoció de inmediato el sitio y se acordó que allí alguna vez había puesto en la rockola un bolero que me dejó aniquilado para rato. Obviamente me hizo saber que el sitio contaba con toda su acquiesencia y que no esperaba más de mí. Pidió un jugo Hit grandotote y yo pedí una soda Bretaña. Luego de terminar nuestras bebidas me preguntó si íbamos a almorzar pero yo no quería almorzar, toda la conversación en el tapadero de video porno me hizo perder el apetito, así que lo convidé a otro de mis sitios predilectos para morir lentamente. De esta manera cruzamos un lúgubre pasaje comercial muerto que da con el portón de la cafetería del viejo Ley y otros negocios cerrados. Salimos a la 22 y al frente del Chung king lo convidé a entrar al Danubio Azul. Me pareció escuchar otro Wepa por parte de Kevin Arnold, sabía que estaba sufriendo y se regocijaba. Nos recibieron las caras largas de los viejos del centro y la indiferencia de la camarera que nos vomitó un "qué quieren" no recién llegados. Arnold se fue por otro jugo y yo preferí un tinto. Hablamos de lo que representaba buscar a Dios con pasión y no encontrarlo en ningún lado. También añoramos verdaderas blasfemias en nombre de un amor a dios desmesurado. En ese orden de ideas manifestamos nuestro compartido odio por Voltaire. Luego de mear pedí mi segundo tinto. Eso había dado tiempo suficiente para que la mirada agotada de Arnold diera en una mesa contigua de dos tipos cuarentones. Me hizo saber que eran ESCRITORES, poetas. Un poeta enseñándole poemas a otro ESCRITOR. Nos reímos con lástima. En cierto modo nos pareció vernos como ellos sólo que sin poemas, sólo que sin esperanza, sólo que más cansados y más viejos y más concientes de nuestra poquedad y nuestra falta de talento e inteligencia. En este sentido, ya estábamos rendidos y empezamos a vociferar contra la gente con talento. La vieja retahíla del "nada es para nosotros". Incluso probamos con las drogas, con el trago, con el sexo, con las letras. Por todos los medios la vida nos rehuía y siempre nos dejaba muy en claro que nuestra función en esta vida no era vivir ni mucho menos. Vimos el noticiero en silencio, salvo ciertas excepciones cuando Arnold me preguntaba cuánto ganaría aquél u otro aquél hijodeputa por salir en tele. Salimos a la 1 pm, le conté a Kevin que tenía un parcial de Inglés y él me dijo que no tenía nada más que hacer sino hasta las 6 que empezaba a dictar clases, que se iba para casa a almorzar. Me dio algo parecido a un aliento con el parcial y se despidió. Fui subiendo de prisa la calle 22 con ganas de llorar o ganas de morir o de hacer algo. Esas conversaciones con Kevin Arnold siempre hieren, dan en el punto de la llaga en que se vuelve a abrir y recobra el dolor.

Thursday, August 31, 2006

Ich Will noch lauter schreien

Dedicado a Linda Lee


Wenn du durch die Straßen gehst
sollst du leise sein
wenn du tust wovon du träumst
sollst du leise sein
wenn du siehst woran du glaubst
sollst du leise sein
wenn du sagst was du denkst
sollst du leise sein

wenn du fühlst das du lebst
sollst du leise sein
wenn du küsst was du liebst
sollst du leise sein
wenn du weißt wer du bist
sollst du leise sein
wenn du spürst das du anders bist
dann musst du lauter schreien

Freiheit
Ich will nicht leise sein
Freiheit
Ich will noch lauter schreien
Freiheit
Ich will nicht leise sein
Freiheit
Ich will noch lauter schreien

wenn du weißt was du willst
sollst du leise sein
wenn du siehst was du hasst
sollst du leise sein
wenn du fühlst dass du hoffst
sollst du leise sein
wenn du spürst das du anders bist
dann musst du lauter schreien

Freiheit…

Wenn ich spüre ,dass ich sterbe
dann will ich leise sein
Wenn ich fühle das ich lebe
dann will ich lauter schreien

Freiheit...





Friday, August 25, 2006

Vencido

Una falsa entrada. Cuando vio a Coe en la otra acera y ella no le reconoció, sintió haber envejecido mil años de un día para otro. Esa sensación de haberse desperdiciado en sueños ajenos lo tomó por sorpresa y no quiso soltarlo hasta no haber terminado con la cantina de 650. Recién terminada la guerra el tiempo ahora sobraba sin que las calles fueran suficientes para descargar sus frustraciones. Parecía estar repitiendo la misma rutina de autodestrucción, día tras día, bares tras bares, en busca de algo que le motivara a vivir en unas condiciones que jamás hubiera imaginado. Los antros en esos días parecían estar repletos de héroes y hombres desmoronados. Algunos optaban por cambiar sus venas a cañerías metálicas que les permitieran reinsertarse al campo de batalla en territorios africanos. Algunas veces Lucien pretendía olvidar lo que había presenciado y, en verdaderas escasas ocasiones, podía pretender vivir en otro sitio que no fuera en un planeta que había fracasado en la guerra de universos. Carolina Coe aún conservaba la misma mirada fiera. Aún parecía proyectar el mismo odio y la pasión de los años del tráfico de software bancario. Sabía por algunas fuentes que Coe también la había pasado mal durante los años de guerra. Ahora que la volvía a ver a través de la franja invisible del tiempo parecía como si ella nunca se hubiera ido. Una enana repulsiva se le acerca a Coe con una teta por fuera del escote. Una chirrienta voz le penetra los sesos provocándole escalofríos en medio de la serenidad de la embriaguez. La obscena enana le reclama al Fray Lucien que haya sido siempre un romántico muy en el fondo, muy a pesar de él mismo. Como aquellos basuriegos que lloran de congojo ante las novelas de Austen en las canteras del D.F. Lucien la observa con la calentura del etilismo, sin chistar palabras, sólo asintiendo con la cabeza como un idiota. La enana se complace de haber logrado su objetivo y se va en busca de otra mesa. Se escuchaban las palabras de los seres inteligentes de los otros planetas que habían colonizado el planeta tierra. Lucien parecía empezar a comprenderlos, saber sus intenciones. El bar man hace sonar en el infinomniplayer una canción que sonó para Lucien como un siglo que le da la bienvenida: Milla Jovovich - Beat on Ice... I see you, I see you... I see you breaking up the water... Canturreteó un rato en silencio, golpeando la barra con los dedos de silicona. Sinking to the botton... El tiempo que nunca había encontrado, la afable familiaridad del bar del centro. Watching reruns of my dreams. Pensó de nuevo en Carolina Coe. We fade away tonight. Y por primera vez se preguntó si alguna vez había llegado a amarla. Ahora Lucien no era más que el polvo del pasado que acaso alguna vez se resistió a ser barrido. Nada quedaba de aquellos grandes hombres que alguna vez sintieron centellear la vida en el fulgor de las bombas que estallaban. Nunca pensó que podría volver y ahora que estaba en casa se sentía miserable. El hombre se ha caracterizado siempre por una cosa: por más que sus sueños choquen contra su realidad, por más que haya dejado de ser el centro del universo desde Galilei, por más que se haya demostrado que el hombre no es las criaturas más inteligentes del universo desde el hallazgo realizado en el observatorio espacial Palomar, siempre hinchará el pecho y creerá que, de alguna manera, nunca fue una pieza suelta en el plan divino. Un falso sueño: la libertad. De nada servía la libertad a Lucien si ésta no era retroactiva. Por qué hablar de un futuro que no existe cuando aún quedan algunas cuentas que ajustar con el pasado? Si la libertad no sirve para volver atrás y arreglar las cosas que nos han hecho ser lo que somos la libertad no sirve para una mierda. Lucien soñó un rato con la boca abierta. Al rato el barman lo sacó del bar, como a quien le desagrada cumplir con sus deberes. Lucien de nuevo estaba en la calle y sintió que Carolina Coe en cualquier instante podía volver a cruzar esa acera.

Tuesday, August 22, 2006

Trojan. El pase de cuentas.

Los malditos bloggers son incorregibles, mierda.

Escupió al botar el cigarrillo y salió de su casa. En la Avenida le hizo pistola a las gothic lolitas que le miraban el pantalón roto en el culo. Tomó el bus luego de larga espera. En el bus vio una chica que le gustaba, como le gustaban: camisa negra desgarrada que dejaba ver en su interior una blusa de mallas también negra, labios pintados de negro, sombra violeta y sonrisa de golfa de tres pesos. Hizo lo posible por sentarse a su lado pero un muchacho negro, usando ropa Emo, se le adelantó y el Troyano maldijo su suerte. Se sentó en el puesto desocupado del lado, de modo que podía verles. Una anciana se iba a sentar cerca pero al verle detenidamente improvisó un gesto de indignación y se sentó al lado de un garcon que chupaba mocos. El Emo ya había entablado conversación con la darkie y el Troyano apretaba sus puños. Sonó el celular Motorola del Troyano y pudo comprobar que se trataba de Tata, la puta perra prostituta zorra que le había propinado una cachetada el fin de semana.

Joder, qué mierda quieres Tata?
Te amo Heriberto, esa es la razón por la que te llamo
No me llames más Tata, no jodas.

Heriberto colgó con gesto exagerado, pero al voltear a ver ni la darkie ni el negro habían reparado en él. El Troyano escupió con tal torpeza y tan poca fuerza que el escupitajo fue a darle en un costado del pantalón. Se sentó al lado del Troyano un hombre que olía a chucha y a pedos y a muerte y a soledad. Maldijo su suerte el Troyano y entonó una canción de La Polla Records. Heriberto pensaba que sólo era cuestión de mala suerte el que le fuera tan mal en su triste vida. Nunca se le había presentado la oportunidad para hablar con las gothic lolitas y convencerlas que Gwen Stefani no era el único modelo femenino a seguir sino que también existía mucha gente, allá, en ese mundo fuera de la pantalla, que también podría enseñarles a ser rebeldes... debería existir, aunque Heriberto no conociera a nadie. Al bajar del bus, en la Javeriana, donde estudiaba el Troyano, sintió ganas de escupir a los payasos uniformados de su asiento cercano: el maldito negro Emo y la puta Darkie. En la Javeriana Heriberto abrió los pulmones y sintió que ahora sí estaba en su territorio. Saludó a un idiota de cresta roja y el de la cresta roja hizo como si no lo conociera. Heriberto sabía bien de quien se trataba: era un idiota que tenía un blog con 5.382 visitas y se hacía llamar: Síndrome de abstinencia al videodromo. Tenía que matar a ese sujeto, el Troyano lo sabía bien. Se fue al parque Nacional y se fumó dos porros junto a su amigo gaitanista enfermo de gonorrea. Cada uno tomó un audífono y el gaitanista le dijo al troyano: tienes que escuchar esta mierda, es jodidamente buena. Así que escucharon un rato un poco de The Casualties y se fueron a tomar Moscato a la tienda del viejo anciano. En su recorrido un punkero de poca monta se le acercó al Troyano y le dijo

Entonces qué parce... muy punkero con esa facha o qué
No, no señor, para nada
Piérdase parce si no quiere que lo levante a patadas
Malditos punkeros idiotas nunca hacen nada, sólo meter miedo
Ah sí.. a ver que le sabe esta riata

Gaitanista y Troyano corrieron a través de un valle muerto en la calle 45 con carrera 13. Gaitanista confesó a Troyano que le gustaba Tata. Troyano le hizo saber que no había problema, que tiraba muy rico y que le deseaba suerte. Lo del sexo era mentira, Troyano nunca había tenido sexo con una mujer a no ser que le pagara: obviamente Tata nunca se lo había follado porque le causaba lástima y no quería lastimarlo. A Gaitanista le dolió la confesión y quiso golpear a Troyano pero no se le lanzó porque sabía que era un hombre débil y, a pesar de todo, idiota. También el enfermo sentía compasión por el troyano: el cual no era malo sino de la pantalla hacia adentro. Todas las mujeres los prefieren negros o rubios, no les gusta los puntos medios. A veces olvidaba que pertenecía también a un planeta dentro de un sistema solar árido y olvidado. Gaitanista cantaba Karma Police y se agarraba la polla, presumiendo de ella al pobre Troyano que estaba tirado en la acera vomitando. El porro le iba mal a Heriberto pero no estaba dispuesto a dejarlo. Primero muerto antes que despojarme de La Polla Records y del Bareto. Su frase de cajón más reconocida. A los profesores no les hacía gracia. Troyano era de los que hablaba de anarquía en clase e interrumpía el trabajo de sus compañeros para decir:

Abajo el sistema

Por supuesto, el troyano era el hazmereir de clases. A las chicas inspiraba asco. Incluso a Sandra, que en un principio pensó que era inteligente. Luego de verlo bailando borracho esa noche juró jamás volver a ser vista con él. La única que lo amaba era Tata. Pero el Troyano despreciaba a Tata luego de saber que ella estaba con él porque le recordaba a su hermano retrasado mental que vivía en Miami. Y no es que el hermano fuera mala persona, sencillamente Heriberto creía que lo que él quería era algo más de informalidad en sus relaciones. Pero siempre se veía caído en el piso, vomitando bilis o bailando sin camisa en la tienda del viejo anciano.

Finalmente el Troyano tomó cartas en el asunto y se fue a vivir a Santa Marta y allí se hizo un escritor famoso y se le llamaba el Bukowski del caribe y nadie más volvió a saber de ese idiota.

Thursday, August 10, 2006

Puertos - 1 día de clase

Lain no podía dormir. Le molestaba el colchón tan duro. No encontraba acomodo para su barriguita. Se levanta muy temprano, a eso de las 4 am y me dice que necesita algo. Se lo paso de mal agrado y le digo que necesito dormir un poco más para poder asistir a clase de la mañana. Un rato después dice que no puede dormir definitivamente y le digo que se pase a mi cama. Finalmente accede e intenta acomodarse debajo de mis cobijas. Estoy molesto porque sé que me va a resultar difícil levantarme temprano. Estoy terriblemente enojado y molesto. No entiendo por qué ultimamente me he vuelto así: tan amargado. La misma Lain me lo dice constantemente: ya ni te aguanta tu mamá, Luis. Y es verdad, parece que sólo me dirijo a ella para fastidiarla. Me aguanto la rabia y percibo lo injusto que soy tratando de esa forma a Lain, pobrecita, finalmente no es fácil su situación y sí, mis camas apestan para una mujer embarazada. Estaría mejor en su camita, en su casita, pero ella quería estar conmigo y no le importó soportar la incomodidad para estar a mi lado. Y yo, de paso, la trato como un culo. Debo ser una bestia o algo similar. Respiro y la abrazo. Le abrazo la barriguita y siento que establezco una conexión con la niña. Y me calmo de nuevo. Sé que todo está bien con ellas dos a mi lado y me siento el hombre más afortunado del mundo por tenerlas. El sueño vuelve a mí y sueño cosas raras, locas. Algo relacionado con Andrés H. Finalmente el sueño termina en un paisaje amable y surrealista. Suena el despertador y otra vez vuelvo a rabiar. Le pido a Lain que lo apague y duermo otro rato a su lado. Cuando vuelvo a despertarme veo el celular y son las 8 de la mañana. Me estreso. Mierda, tengo clase a las 9 am y es de Noticieros y es famoso el profesor por su exigencia. Me levanto de un brinco; Lain me dice: ya no alcanzas a llegar, quédate otro rato conmigo. Me embarga la rabia y pienso: claro, la mujer es el origen de todo mal, el hombre siempre ha sido un perdedor en el instante en que la mujer llegó a la tierra. Me arrebatan las ganas de hacer un performance a lo William Tell, al mejor estilo Burroughs con Joan. Así que intento con mi peor cara de loco y le sonrio hipócritamente . Salgo del cuarto exclamando chocherías incoherentes. Me afeito. En la ducha me reprendo por el modo en que respondí a Lain. Ella no merece mis histerias y lo que ella me propone nunca es para mi mal, como yo suelo pensar, sencillamente ve las cosas de una manera más sencilla que lo que yo hago. Por alguna razón los amigos de Burroughs decían que Joan era muchísimo más inteligente que él. Llego como un perrito arrepentido, luego de bañarme, y le pido disculpas, le doy besos a su mejilla pero sé que ya nada le va a sonar como real, que ya cometí un error, ya le falté el respeto y que todo lo que haga le va a parecer melosería cula. Ella no reacciona sentida conmigo sino que parece comprenderme. Una de las cosas que me fascinan de Lain es esa: a veces su comportamiento es el de una anciana sabia, a pesar de su corta edad. Le pido a Luz Ayda que no me caliente demasiado el chocolate para poder tomármelo a la ligera. Me termino de cambiar y me despido de mi amada Lain y de mi chiquita. Bajo y veo que Ana ya está desayunado. Le pido el chocolate a Luz Ayda y me genera mucha simpatía el hecho de que esté al clima preciso en que me lo puedo tomar de prisa sin quemarme, ni que esté muy frío. Salgo de mi casa de buen ánimo. Como dice la gente que no piensa demasiado: con ganas de devorarme el mundo. Saludo al vigilante y sigo derecho. Hace más de un año que me ha dado en pensar que cualquiera podría confundirme con el vigilante, no sé por qué, no tengo argumentos racionales para pensar en eso, pero siempre que lo saludo es como si el vigilante pensara: este chico podría pasar por vigilante también. Cuando cruzo el caminito ese, me detengo a pensar: taxi o bus? Si cojo taxi gasto la plata de un modo imbécil y no han sido pocas las veces que me he frustrado al pagar una tarifa cara de taxi para llegar a una clase a la cual el profesor no asiste. En el momento en que cruzo esa avenida fatal, pasa un bus y lo tomo sin echarle más cuerda al asunto. No tengo el Ipod pero a quién carajos le interesa. Finalmente es un juguete caro y estúpido. Una droga en sus casos más extremos que te aísla de la realidad y te deja haciendo las mismas muecas que un mal ácido. A mi lado hay un chico que es muy distinto a mí. En el bus sueño con el día en que sea entrevistado por algún desocupado o algún mediocre patético que quiera pasarse de listo a mi nombre. Es algo raro, uno siempre está listo para una entrevista, dar la respuesta oportuna, propinar la puntada oportuna, el comentario mordaz. Pero nunca nadie lo va a entrevistar a uno. Autoentrevistas he leído unas y muy buenas: Susan Orlean y Pedro Almodóvar (la segunda, cortesía de Ana's Ghost) . Pero las autoentrevistas "suspicaces" de Efraim Medina en sus libros son lamentables. El bus hace su recorrido sin mayor percance. Paro el bus cerca a Mandarina y se baja primero una chica que creo reconocer pero no recuerdo bien dónde. Bajando por la carrera 4 con altura de la 24 siento de nuevo ese viento de muerto recorrer mi cara. Los primíparos empiezan a aparecer en la esquina del negro César. Todos llegan con tanta expectativa, llenos de sueños y metas. Llego tarde a clase y no logro ubicar el módulo 6. Otro misterio de la universidad es que a pesar de llevar ya tantos años en ella siempre el primer día me rajan con un módulo x que, da la casualidad, jamás había reparado. Cuando por fin logro localizarlo la puerta se encuentra cerrada. Severa expresión para una puerta. La abro y pregunto al profesor: aún puedo entrar?. -Sí, por hoy sí puede. Me responde. Veo a los compañeros de clase. Reconozco al grupo femenino de Eyreen. También veo el grupo de los futbolistas, entre ellos a un chico al que llamábamos Egomaniac. A sus 18 años se desempeñaba como director de cortos, escritor, periodista cultural, crítico musical, discjockey, futbolista y rastafario. El perfecto idiota que toda universidad añora. Es gracioso que una persona tan mediocre se pueda desempeñar tan bien en una universidad. En mi caso, sin embargo, la universidad me ha costado un gran esfuerzo. Los profesores se sienten intimidados al ser descubiertos. Como un profesor que decía que los silogismos pertenecían a la gramática. Al final me humilló y barrió con mi nombre como quiso valiéndose de su posición de poder. Al no poder competir intelectualmente conmigo, mchos profesores prefieren ser arbitrarios. O aquél que decía que las pretensiones "bucólicas" se referían a las pretensiones apocalípiticas. Lo corregí y luego mantuvo en ascuas mi nota. Recuerdo a un farsante profesor de filosofía del derecho en el Rosario que sin escrúpulos decía que Kant afirmaba que el ser humano poseía ideas innatas. Le repliqué que las ideas no eran innatas, sino las categorías. Se sonrojó. Al final del semestre me dejó. Para pasar sin problemas la universidad tienes que ser un mediocre. Traga entero. No te molestes en pensar. Asiente con la cabeza. Se un Juglar del Zipa, se un colombianito más. Eso es ser inteligente. Yo toda la vida he sido un idiota. En clase me espanto al comprobar que el profesor es de aquellos que creen tener el derecho de enseñarle a pensar a sus estudiantes. Trato de pasar desapercibido pero tampoco entiendo por qué no puedo. Quisiera ser como la Topo, una idiota útil que pasa su vida sin molestar o agradar a alguien. El profesor me lanza dos veces miradas de desconfianza. Sobre todo cuando habla de ideologías políticas. Joder, no creo en la política. No soy un maldito adolescente que proteste por la injusticia social, tampoco tengo el suficiente dinero como para que nada me afecte. La política sólo es para gente supremamente imbécil que no se ocupa de sus asuntos. La vez pasada en Unicentro pasó a mi lado Gustavo Petro y me miró con cara de super héroe. Qué ha hecho él por mí? Maldito idiota. A punto de terminar la clase pienso: tienes que ser inteligente, saluda a algún grupo, intégrate. Se termina la clase y quedo como desarmado. No puedo ni voltearme a saludar, ni hacer conversación. Qué clase de comunicador social soy yo? Salgo como si fuera un fantasma y me dirijo a la sala de computadores. Hablo un buen rato con el Wardealer. Le hago saber mi desagrado con el clima sexual que se vive en los primeros días en la universidad y terminamos compartiendo nuestro disgusto por los patéticos adultos con síndrome peter pan. Finalmente War me habla de grupos que me suenan como murmullos en la noche. Al mediodía me gana el hambre y me despido del hombre loco del eje para buscar almuerzo. Voy a Luna Verde y siento la falta que me hace Lain. Estar allí sentado, sin ella, no es lo mismo. Recuerdo el día que estábamos en el otro Luna Verde y vimos a un hombre norteaméricano con un ataque de tembladera espantoso. Lo vimos pasar con su bandeja hasta la mesa en un estado patético de tembladera. Qué tiene? Qué tiene? Pude ver en su caucásico rostro unos espectaculares hematomas. Fue golpeado, seguramente. La camarera quiso llevarle la bandeja hasta su mesa pero el hombre se negó categóricamente. Se hizo a un puesto al lado del nuestro. Seguía temblando irremediablemente y apenas podía sostener la cuchara con la que llevaba la sopa hasta la boca. Lain estaba visiblemente preocupada por el pobre hombre. Finalmente terminé preguntándole: Mr. are you okay? El hombre se voltió y me miró con cara de extrañeza. Volvió a su plato de sopa, trémulo y prevenido, respondió, en voz baja: Yes, I do. Traté de ir al baño pero un indígena se encontraba cagando y preferí mejor no esperar y no entrar. Al volver Lain secreteaba con la camarera. Lain ya no quería almorzar. De repente, un fuerte olor a sudor se había instalado en el restaurante. El olor provenía del hombre extranjero. Volví a ver al pobre hombre y noté un nuevo hematoma, éste en la región trasera de su cabeza. Seguramente es el que le provoca la tembladera, dedujimos con Lain, no sin seguir preocupados. Lain no soportó más el olor y dijo: maldita sea, ese gringo me dañó el almuerzo. Antes de irnos el hombre me lanzó una mirada tan triste como sólo la imposibilidad del lenguaje sin transmitirse puede ser de triste. Una tristeza religiosa. Fuimos a Postres y Lain pidió un delicioso postre de limón. Hablábamos sobre las posibles causas de los hematomas. Seguramente se trataba de un viejo turista depravado en busca de aventura homosexual en barrios poco seguros y allí recibió la paliza. No sabíamos. Habían tantas razones. En ese instante de divagaciones, un hombre de aproximadamente 60 años entra con unas gafas rojas, pelo largo y ceniciento. Otro patético Peter Pan. Nos reímos y se desvanece el recuerdo. De nuevo estoy en la mesa, tratando de comer una torta de acelga que me provoca reir y llorar al mismo tiempo. De nuevo a la universidad, voy pensando en lo pobre que finalmente soy. Pienso que no conozco a nadie realmente rico y que seguramente todos mis amigos están tan destinados al fracaso como yo. Empiezo a recapitular los actos mi vida y me doy cuenta que desde pequeño estuve predestinado a la pobreza, al fracaso y a la humillación. Pierdan toda ilusión. Este mundo no espera nada de ustedes. Vamos a fracasar magistralmente. No tenemos talento, ni inteligencia y mucho menos gracia. No podemos ofrecer nada al mundo y el mundo nos va a devorar con ansia. Al llegar a las puertas de la universidad vuelvo a ver todo ese río de muchachos universitarios. Ahora me siento tan diferente a ellos. Antes aspiraba a grandes cosas. Me veía como un cruel magnate. O como un déspota director de medios. Pero jamás imaginé llegar tan bajo. Subo al Oma y pido un americano. En él un gordito bastante desaliñado se queda observando a las rubias de la universidad. Él siente que algún día ellas podrán llegar a ser suyas. Él siente que algún día será del grupo de los privilegiados y dejará su triste condición. Él jamás esperaría que lo más seguro es que fracase, tanto en su vida como en su profesión. Y que estas chicas jamás lo voltearán a ver. Y que tampoco va a importar mucho en ese entonces. Porque ellas engordarán, su belleza se irá, se amargarán y posiblemente irán a las listas de pobreza de este país - recuerda que la mayor parte de pobreza en Colombia la concentran las mujeres cabeza de familia. Me da risa, el gordito y la actitud que adopta para alcanzar sus anhelos. El modo en que sus maneras reflejan las ideas preconcebidas que tiene de la gente de éxito. Voy a clase de inglés. En clase de inglés una perra barrigona se ríe cuando le digo que: I love Koalas. Luego voy directo a clase de política. Sólo asisitmos tres personas. A las 4:15 termina la clase y agradezco porque me da tiempo para llegar al ensayo. Salgo de prisa a coger transmilenio. Una metalera se demora en pagar y pregunta idioteces al servidor. Le lanzo una mirada de desprecio, pero a esta hora no sé si mi mirada refleje algo más que cansancio. Ella me sostiene la mirada. Los ojos son un órgano abyecto. La metalera se va y espero que se pierda en el horizonte de una ciudad infinita. No quiero verla más. Es de esas personas que uno ve y se agota con tan sólo una vez de verla y desearía jamás volver a ver. Cojo el bus para el norte. En el trayecto me voy preguntando: Por qué tanto resentimiento? Por qué tanto odio? Por qué siento que he fracasado? Llamo a Ana y le pido el favor que mande a Luz Ayda a la 116 para darme el bajo a las 5:15. Me responde que bueno. En el bus me molesta tanto universitario. Me encanta la temporada de vacaciones. Se ve poco gilipollas. En el centro sólo se ven oficinistas, gente común, indigentes y uno que otro gaijin. La temporada de estudiantes se llena de farsantes, gente molesta, creída, pseudodrogadictos, juglares del zipa y toda esa escoría de humanidad que se hace pasar por linda. Mi suegra llama y me reporta la soledad de Lain en withdrawal. Llamo a Lain. Me haces falta amor. Si estuviera contigo me sentiría tan feliz. Cuando Lain está lejos yo también lo estoy. Mi mirada va a otro lado. Estoy en presencia pero es como si un mico telepático me estuviera manejando a larga distancia. Mi cuerpo sólo proyecta carencia y deseo. La risa desaparece de mis labios. Mi piel se vuelve superflua. Llego a la 100 y llamo a Ana para que le diga a Luz Ayda que ya puede alcanzarme el bajo. El bus no tarda en llegar a la 116. Espero un buen rato. Luego de 10 minutos llama mi papá informándome que ya Luz va en camino. Si tuviera el Ipod estaría escuchando Sand River de Beth Gibbons: Autumn Leaves, beauty's got a hold on me. Un buen atardecer para escuchar Beth Gibbons. Insisto en la cuestión del color. Hacemos el intercambio con Luz Ayda. Ella me da el bajo; yo le doy la maleta. Alcanzo a tomar el J72 que me devuelve a la Caracas y me deja en la 57. Veo algo que hiere mis ojos. Me bajo del Transmilenio y es como si hubieran acabado de matar a alguien y yo no supiera. Las cosas marchan de una manera sospechosamente normal. Trato de calcular cuántas muchachas que veo en la zona pertenecen a la vida y cuántas sólo pasan de largo. Una se queda viéndome. Sigo derecho y otra vez siento el peso de una mirada sobre mi lánguido cuerpo de muchacho escuálido. Volteo a ver y son dos amigos de Lain. Me alegra encontrarlos en ese momento de soledad y angustia. Se trataba de Sampai y de Diego. Nos saludamos efusivamente y me preguntan por Lain. En la casita, ella está en su casita. Me preguntan qué hago en ese sitio tan sórdido y les digo que voy para ensayo. Sampai me rodea y me pregunta si lo que llevo es un bajo. Sí, es un bajo. Diego me insiste en que le recuerde a Lain que mucha gente de su universidad le manda saludos y que la extrañan. Sé que es verdad. Lain es rara, sabe comportarse con la gente. Diego me dice que P. Intensa le manda saludes. Le prometo que le diré. Seguimos el camino y nos despedimos. Me alegra haber encontrado ese par de chicos. Antes de llegar al sitio de ensayo, me detengo a leer una ridiculez. En el teatro del lado estaban presentando "Lecturas macabras". La entrada era de "aporte voluntario". Pienso que si es tan fundamentada como el ciclo de cine tecno-anarquista más valdría estar desgranando el mar. En esas estaba, cuando a lo lejos veo llegar a J. S. Él aún no me ve, pero prefiero esperarlo antes que entrar solo. Finalmente me alcanza. Me dice que le gusta mi chaqueta. Le respondo algo sobre Bi. Otra vez me doy cuenta que soy malo para comunicarme con la gente. Pero finalmente una banda de punk la conforman desadaptados y me desadaptación es bien recibida en el grupo. Entramos a la salita chill out. No demora en llegar Javichuelas con su mamá. Entramos al estudio. En el otro estudio ensayaba una banda de grind. Necesitaban un bajista. En un momento pensé en ofrecerme pero luego pensé en la serie de trabajos que me deparaba este semestre. Conectamos equipos y tengo tiempo suficiente para afinar mi triste bajo. Al rato llega The Flare. Empezamos a ensayar Efecto Doppler. Luego seguimos con U.C.I. Probamos con la canción de The Flare "puños en el bolsillo". Alcanzamos a componer una nueva canción. La canción era algo incoherente. Empezaba con ennumerar los servicios de un reservado, luego profesaba su odio por Dios, en el intermezzo enumeraba los libros de la biblia que había que fumar, volvía de nuevo con el odio hacia Dios y terminaba con los precios de los servicios del burdel. Seguimos ensayando infinitamente las 4 canciones. Para descansar tocamos 4,3,2,1 de The Adicts y seguimos con el ritmo frenético. Al final sentía la camiseta pegada a mi cuerpo llena de sudor. El mango del bajo se convirtió en un gigantezco falo lubricado y mi cabeza se agitaba como pera de boxeador. Repetimos las 4 canciones para perfeccionarlas y dejamos el ensayo. El clásico recorrido hacia la Caracas se ha convertido en el espacio en que discutimos las cosas del grupo; a la vez, también se ha convertido en uno de mis espacios preferidos, ya que dejamos el automatismo de los instrumentos para hablar como personas. En la Caracas, Javichuelas se despide junto su mamá y nosotros seguimos camino a Moby Dick. En Moby Dick reciben a The Flare con su grupo "preferido": Placerdo. Me da risa. Luego de Placerdo sigue A forest de The Cure y eso nos mejora el ánimo. Nos quedamos 10 minutos más y nos vamos hacia la séptima. Bajamos un poco, a la altura de Ortizo, alcanzo a ver el bus que sirve tanto a a J. S como a mí. Lo cogemos de inmediato. The Flare se lamenta: uy... buena esa, pirobos. No le hacemos caso y nos subimos. Nos demoramos un rato para que el busetero nos devolviera el cambio. J. S se baja un poco antes que yo. Cuando me bajo, voy directo a la tiendita. Un borracho me pregunta el nombre y le digo: no tengo. Compro un trident y el borracho sigue insistiendo: oiga, señor sin nombre, ud qué toca. Lo ignoro. Empieza a retarme y decirme que si soy un rockero. Al escucharle decirme rockero me indigno y le digo: toco música carranga. El borracho hace cara de cansancio y me ignora. Me siento mal porque alguna vez fui como él. Sigo mi camino. Al llegar a casa sólo se encontraba Luz Ayda en la penumbra. Prendo el computador y en MSN chateo un rato con Ana`s Ghost y Mil Barras. Al rato aparece Amhin del célebre -no por eso bueno- grupo comercial pop Peinados Nuevos. Me invita al mismo concierto de Lyzzy Terrorist en BarHaus del que tanto habían hablado J.S y The Flare en Moby Dick. La verdad no me entusiasma el evento. Pero el recuerdo de BarHaus invade mis pensamientos de hermosos recuerdos. No precisamente a causa sino más bien a pesar del lugar, me remonto a la noche en que la precariedad de las instalaciones y del sonido de una frustada fiesta pro-corto me condujo a los brazos de Lain en el frío de una olvidada esquina.

Tuesday, July 25, 2006

Peligro Bio-Lógico

Recapitulemos desde aquel instante en que recordé la capacidad de escribir en un idioma extinto al que llamábamos Español. Recuerdo que no contaba con más de 20 años, estudiaba filosofía y odiaba la vida. También recuerdo haber tenido una familia, un psicoanalista especialista en desórdenes de sueño y unos amigos con los que hacía monerías propias de la edad. No recuerdo bien el origen de tales cosas, sólo recuerdo que contaba con esa seguridad de alguien que tiene un lugar al cual llamar hogar. En este momento es como si viera a través de aquel prisma a un muchacho completamente distinto de mí: se aleja de un centro comercial en decadencia del centro de una ciudad a la cual no reconozco, en las manos lleva una bolsa de una sustancia extraña, lisa y blanca. Se sube a un vehículo monstruoso y sórdido, se sienta en un asiento de dolor indescriptible, perfumado de olores inimaginables para la mente más retorcida. De la bolsa saca un producto ancestral de forma rectangular, de superficie lisa y transparente, forrado por papel desde su interior. En el interior cuenta con una abertura que descubre un objeto circular de plástico policarbonado y una capa finísima de aluminio. Veo en el post-adolescente acurrucado los ojos tristes del hombre humilde que se conforma con poco. Paro la transmisión y voy al bar de Tardes de Lluvia a tomar un draft de heroína granulada. En el centro de la mesa alguien dice: Joder, este olor a jarabe de tos vencido me está matando. El barman pasea hacia el infinomniplayer y hace sonar una canción de unos 100 años atrás: Milla Jovovich - Beat on Ice. Ahora supongo que sólo soy parte de ese polvo del pasado que se resiste a ser barrido. Llega Al, el chico de los músculos hasta en el culo, bromea con Hernia y trata de saludarme pero sus ojos no aguantan el asco. Voy a mear en el no espacio de la verguenza de ser orgánico. Mi semblante se opaca al reprochar no poder recordar los viejos días. El tiempo no existe, sólo es el pasado que se extiende en el olvido. Si yo fuera una puta tendría más dignidad. Vuelvo al Tardes de Lluvia. Hernia se acerca y expulsa un grosero: Dios, de veras has metido la pata! Supongo que ya les ha llegado la noticia a sus torpes aparatos de recepción. El barman hace cara de estar cumpliendo un deber que le desagrada. Me entrengan. Karlo, si estás viendo el video pornográfico sabrás que soy culpable por lo que me acusan. Logré engañar a los productores del prisma retrocediendo a esos días. La visión detrás del prisma sólo enseñaba la sangre esparcida de unos ojos tristes que se conforman con poco. Por mí ya ni preguntes. Nunca tuve un pasado.

Monday, July 17, 2006

Punk Song #1

Al estilo de Swift aventuro una modesta proposición, una sencilla canción para unas tonadas simples de punk.

OTRO DÍA PODRIDO EN LA CLOACA.


Es otro día perdido, otro día podrido en la cloaca.

Mis amigos me han dejado
La cerveza ha escaseado
La coneja me ha tumbado
Tanta angustia es hilarante.

Telarañas, telarañas
Consumen mis entrañas
Quiero un golpe,
Quiero un golpe

Es otro día perdido, otro día podrido en la cloaca.
Si tuviera una herida en mi cara
No tendrías que pensar, preguntarte demasiado
Por qué actúo, por qué accedo
Si me cuesta respirar
Si me cuesta despertar
Tanta mierda que corre en las canteras
Me pregunto si acaso basta
Olvidarme de este mundo
Quiero un golpe
Para despertar
Entender… que este dolor es cierto
Comprender… que a nadie pertenezco
Si me he galeado toda la tarde entera
La saliva espesa flotando sobre mi camisa
Sin más ojos que una ostra arrellanada
Los remaches tecnológicos de la industria farmacéutica
Jamás concibieron provocar tal desarraigo sobre las terrazas
Ahora me considero un producto perdido de la economía de mercado
Hasta mis amigos me han dejado
Como un simio que empieza a figurar conspiraciones
La Cerveza me ha faltado
La coneja empieza a tornarse filosófica respecto sus posiciones sexuales
Tanta angustia es discordante

Telarañas, más arañas
Mi sentido de la realidad
Quiero un golpe
Quiero un golpe.

Si es otro día perdido
Otro día podrido en la cloaca
Prefiero que me follen
Que me destrocen la cabeza
Con un yunque industrial
Si es otro día perdido
Otro día podrido en la cloaca
Si tuviera una herida en mi cara
Bastaría para llenar el espacio vacío

Las horas intermitentes
En que no paro de soñar
Sobre travestis que miran de soslayo



Vomita: sobre mí
Vomita: sobre mí
(4x)


Escupe, escupe

no tengas miedo, afuera los Escrúpulos.
(2x)

Thursday, July 13, 2006

Informe

A las 16:15 minutos me recoge Don Diego. La reunión pretende pasar por informal, pero no deja de ser molesta al hacer parte, a todas luces, de un frío y metódico plan de lo que los ingenieros de Palomar desarrollan en sus supuestos sobre la interacción de los seres humanos. De inmediato observo el por qué de la celebridad mundial de Don Diego: más allá de tratarse de sus logros académicos es famoso por su fastidiosa arrogancia. Recuerdo el episodio en la entrega de premios Andrés Bello, en la cual se autoproclamó el único científico serio de ese mal logrado continente llamado Suramérica. En ese instante se ganó el recelo de toda la comunidad científica del mal logrado continente y la simpatía de todos los periodistas, en especial aquellos con pretensiones gonzas. Don Diego me recibe cordialmente y su marcado tono chileno no favorece la sensación de mareo que me ha acogido todo el día. Al preguntarle sobre el informe responde que no descarta sea otro truco de Lucien en la órbita de marte. Le confieso que al principio creía lo mismo pero a la vez no pensaba que la ingenuidad de la comunidad científica de Palomar fuera tal como para volver a caer en el mismo error. Don Diego deja escapar una risita de superioridad y dice: tal vez más necesario que un epistemólogo postmoderno lo que necesitamos es un comité de ética kantiana. Fuerzo una risa hipócrita mientras atravesamos Mulholland.

Wednesday, July 12, 2006

Extraterrestre

Como filósofo especialista en temas de paradigmas culturales y transformaciones epistemológicas he sido llamado por el observatorio astronómico Palomar en California. Me han hecho llegar los informes al hotel en Los Angeles. He pasado una noche de perros, vomitando bilis y con una fiebre de 40 grados. Dejo los informes a un lado, mientras espero la recuperación y veo un rato la transmisión de Oprah reloaded. El tema del día es la rebeldía de algunos órganos protésicos con sus enajenados cuerpos. Una boca furiosa declaraba penosas confesiones acerca de la precaria higiene de un muchacho del Sur al que llamaban Timmy. Me llama Mónica y me pregunta irónicamente si la cambiaré por alguna puta de Beverly Hills. Le digo que no es hora de joder, ni siquiera he podido salir del maldito hotel a dar un paseo: aún no puedo superar el sentimiento de oquedad que me acoge luego de un largo viaje en avión. Mónica me cuelga el teléfono y me dice que me vaya al carajo, no le interesa gastar minutos a larga distancia en un perdedor patético que no ha superado la adolescencia postraumática. Un brazo sujeta alrededor del cuello a un obtuso torso disecado en la televisión y siento que voy a extrañar este tipo de programación cuando vuelva a mi viejo estudio en Bogotá.

Sunday, July 02, 2006

Tengo un rubí en mi corazón. Un secreto que quisiera compartir contigo. Adentro de mí hay felicidad, alegría, un mundo que quisiera abrirte al tuyo. Si tan sólo me pudieras ver, si tan sólo prestaras atención en lo que tengo que decirte. Que es hermoso lo que quiero contarte, un chiste, un secreto, una confesión o un sueño. En mí tengo un mundo que no se ha descubierto pero está con ansía de expresarse. Palabras de infancia, sed de amor, inocencia por manifestarse. He compuesto una canción sólo para ti que proviene del fondo de mi garganta. Que tengo sed de tu atención, de tu risa. También desearía susurrar las rondas de las niñas, llegar a ti en palabras con perfume de rosa de oro. Gritar que te amo, que te necesito. Gritar que soy feliz, que soy niña, que te necesito, que no necesito de tu crueldad. A veces quisiera, como las demás, reclamar y hacer berrinche. No quiero ofenderte y desearía dibujar en mis labios una sonrisa. Es todo lo que desearía poder hacer con el fin de no agredirte: es mi rostro un escándalo y no comprendes la belleza de mi tragedia. No tienes razón para acercarte a mí, entiendo, pero tampoco tienes porque reprochar la forma de mi dolor en mi cara. Sólo que, en las noches, cuando me encuentro más indefensa, doy paso a la irónica fantasía: y en ella me besas y me acaricias la cara, y puedes ver el rubí que aguardo en la profundidad de mi alma. Ambos compartimos el mismo sol que abriga los corazones humanos y nos bastamos. No importa que el lenguaje fluya torpe de mi boca, ríes con mis ocurrencias, sueñas con mis sueños, amas con la palabra que te otorga amor. Y cuando llega la primera luz del alba es lo peor porque entonces recuerdo lo fea que soy. Y cuando lo primero que hago es cruzar la puerta y las miradas me reprochan, me rechazan, me siento avergonzada y humillada por existir. Y cuando las palabras que dirijo con honestidad al cielo de los humanos son entrecortadas por la condición de mi repugnante boca me siento sobrecogida de pena. Y son palabras que se pierden y son mundos de infancia sin piso en el cielo de los humanos que aman, besan y ríen. Y entonces siento que empiezo a odiar a toda la hijodeputa humanidad porque ellos nunca han reparado en mi belleza. Nunca han entendido el brillo que viene en el fondo negro de mis tristes ojos rechazados. Y empiezo a sentir que no hay felicidad. Siento que la noche me viola con sus torpes esperanzas. El padre ha corregido mis vulgares sentimientos de resentimiento contra las personas que no son como yo. Recuerdo lo que ha dicho sobre la naturaleza incomprensible de los arcángeles: si un humano llegara a verlos seguramente pensaría que se trata de un demonio, puesto que su belleza es tan compleja que sólo la inteligencia divina puede apreciarla en su infinita compasión. Soy acaso un arcángel? Por qué, entonces, siento que no me basta el amor infinito del creador y me duele tanto tu indiferencia?

Tuesday, June 27, 2006

Streetfighter

I. Tech. Hi. Tech. Soy anarquista. No quiero estar solo. Pero es mi destino. Ser el primero que rompe el alba en Ciudad Sensación. Soy un ídolo. A pesar de no poder negar. Que fui el primero en querer ser normal. Pero fracasé en el intento. Que fui el primero en prostituirme en las aceras. Pero, admitámolo, sin la mayor vanidad del caso. Soy tan triste y tan porfiado. Todo un chico del centro para los expertos. También deseé ser el tiempo, estar en él, nombrarme en él. Soy con la fuerza de una erección del agujero negro. Y estoy como el sol que niega la luna. Cachorrito de las aceras, en manos de los expertos. Soy como una mujer que niega el sol. Pero mi mano conduce a los caminos que ella despreciaba cuando entraba en corto circuito con la mirada azul de chico golpeado al atardecer de un día en el que el fraile estuvo. Mal humano: culo vertebrado sin apelativos. Ojos podridos al oriente, en el sol rojo de los llanos. Sol que nunca estuvo como lo que soy en medio de la luna. Culito delicioso y depravado, a dónde te diriges en el encablado. Web hackeada en el paradigma de Gutenberg. Qué es lo que lloras en el sol rojo desaparecido de los llanos del oriente? Sin nombre en la fricción absoluta de un desierto sin orientación definida. De repente sentí que el demonio me agarraba una nalga absoluta. Una nalga del absoluto. Ser una prostituta regalada sin la mayor vanidad del caso. Mi palabra no vale una concha sifilosa en mar de propuestas interesantes para Lo Fray. Y si conjuro al que maldice debe ser por un motivo. Mortistar colapsó en el instante en que te iba a mandar la imagen en que reía porque parecía estar contento. Cuatro timbres incesantes y metódicos son los primeros en levantar al primero que rompe el alba en Ciudad Sensación. Tristeza es la que pregono cuando levantas la mirada en busca de algo más allá de estos ojos. Hay quien piensa que no duermo, como quien piensa que duermo en las calles, mismo lugar donde muero y me levanto cada noche, en busca de un alarido que me haga recordar su fría ausencia paranoica. No sabes de donde vengo muchacho, es lo que me hace verdaderamente excepcional. Ni tienes idea de los hornos de dolor en que estos ojos estallados se han cocido. Para otros el dolor fue tan obvio, dice una canción de Delerium, genial dueto de los incomparables Rhys Fulber y Bill Leeb. Expresión de un verano trágico. La música de Shazz sonaba en Hell's Oaks. Hablamos de cuatrocientos años luego de los sucesos mágicos. Soy tecnología. Soy limitado. Soy caos. Proyecto de un futuro abortado. Una rama del universo que jamás se debió haber dado. Ahora conjuro las maldiciones, no sin razón. Una explosión atómica en la cabeza: placer sin distancia: dolor sin distancia: pinchazos de heroína a las 2 de la mañana; cogiendo como burro incorpóreo; desprendido como lagartija; follando a tu amigo; respirar conteniendo el aliento; placer sin medida; explosión de heroína pervertida; una concha amiga que respiraba en tu brazo; mientras te ibas de heroína a las 2 de la mañana, follando como una marica, sin reserva, en medio de esa oscuridad inexistente que te absorbía del brazo. Etéreo en sus agitados brazos que desesperados gritaban por más placer perverso. J'en te rend ton amour. En la autopista, solitario, caminando. No tendría tanto miedo si no tuviera esa fastidiosa certeza de regresar un día a esa autopista. Los carros apresurados pasaban, el sol hacía crujir la carne de la cara, el sudor evaporaba las enzimas de la esperanza. Entonces aparecían los espantos en medio de las desoladas autopistas. Ebrio entendía que razón de ser hombre es razón de dar muerte. Quienes piensan que como cucarachas y ratones por la noche deben entender que ningún mito es suficiente para comprender mi enigma. Odio haber muerto de sentimientos humanos. Y como el fraile innombrable quisiera despojar de todo corazón las palabras a las que me someto. Luis "escupitajos" alta-tecnología. En la espesa noche dar razón de muerte. Una batalla de otro orden. Dejar sin cimientos esta farsa que se dado en llamar Luis "la-noche". Como cuando la encontré en medio de París bohemio. Romance a-la concreto. Vampiros libidinosos que se encuentran tras la tercera copa. Ahora podemos apreciar el silencio de un amor verdadero. En le Quartier Latin el brillo de sus ojos opaca La Seine de mi euforia. La abrazo y cancelo la noche con un beso inconmensurable mientras recuerdo la muerte de Palermo. Un pinchazo de heroína no vendría mal a las 8 de la mañana mientras las palabras tratan de expulsar dolor que infringen. Soy otro-. Otra fue mi vida y otro el lenguaje del que fui compuesto. No dar razón a quien no conozca más vida inteligente que vida humana terrestre. Secreto y callar. Secreto y nacer. Creer, creer de nuevo en el brillo del sol divino que enceguece nuestros miserables ojos. Creer en silencio mientras descubres su verdad al tiempo que se hace la luz y la niebla. Ardo por su verdad y por su alegría. La vida humana me repugna, la verdad de la boca del hombre apesta. Rezo por el recreado, suplico una salvación de órganos. Cristo: soy yo, el que no pertenece: I. Tech. Hi. Tech. Soy anarquista. No quiero estar solo. Pero es mi destino:


Demon
you-lift me up.

Tuesday, June 06, 2006

6-06-2006

Todo empezó anoche bajo el enviciado cielo de Night City. Obligando mis agotadas piernas salí hacia TransInfierno bajo la incesante lluvia ácida. Sombrilla en mano esquivaba los enloquecidos coches que se divertían chapoteando los charcos sobre los taciturnos paseantes. En el puente ayudo a un hombre con pinta de John Constantine a cruzar debajo de mi paraguas. Salgo a la 170 y allí me encuentro con Kira. Cogemos el expreso a la Marly y hago lo posible por asegurarle un puesto azul. Al llegar tomamos un taxi que nos sube hasta la montaña donde se ubica su universidad. Ya es demasiado tarde para poder alcanzar el bus que acostumbra a salir. El chofer forcejea un buen tramo con las curvas y las tinieblas que rodean todo el camino. Tampoco se molesta en disimular el pánico que le provocamos al advertirle cuidado a la vuelta con los ladrones. Al llegar buscamos una caseta disponible para comprar algo de comer pero todo está cerrado. Debajo de un desfiladero, una luz amarilla resalta con amargura. Bajamos hasta el punto de la luz pero sólo vemos una bodeguita desocupada. Al volver la cara sobre el mirador de la ciudad, escuchar los perros que ladraban con furia y percibir los pocos silbidos de los guardias el terror nos toca por primera vez. Subimos la escalada venciendo frío y hambre. No dejo de asociar el nombre del módulo: K, con el Cubo K de la muerte. Es en este módulo K que disponemos pasar de largo hasta el día 6 del mes 6 del año 2006. Aguardamos un rato al guardia para que nos abra el módulo y podemos ver en el tablero climático que estamos a 3 grados centígrados. Arriba analizamos la cuestión del alimento con Bola. Decidimos hacer vaca y me ofrezco a la terrible empresa de bajar a la ciudad por alimento. Bajo de nuevo por el Cubo K de la Muerte y tardo un cuarto de hora esperando el regreso del guardia que pueda abrirme la puerta. Finalmente llaman un taxi y no demora más de lo racional en llegar. Subo con ímpetu y le explico la situación, el hombre entiende pero también me explica que tanto la zona, como el día y la hora me dificultarán llegar a mi cometido. Bajamos a toda velocidad por el mortal desfiladero de esa universidad helada, en un par de ocasiones siento el taxi volar por baches y obstáculos. De nuevo estoy en la Interzona. Y luego bajar por chapinero, los típicos travestis con el culo al aire y te preguntabas cómo podían soportar el mortal frío. Una puta robando a un ladrón de mala muerte. Pollo triste a la Broaster y pasar de largo la noche en el Cubo K de la muerte, editando en la Universidad de Kira.. algo alejado de la civilización. El hombre vuelve a subir la empinada con mayor dificultad pero, curiosamente para ser taxista, sin menor pizca de aborrecimiento por la lejanía de la carrera. Subo algo satisfecho por la buena compra de la merienda y porque percibo que el buen chofer me ha hecho caso en cuanto no cobrar por la espera. De nuevo en el Cubo K de la Muerte y le pregunto cuánto le debo. Un precio justo que alegre me dispongo a pagar. Le pago y puedo observar en su cara la contextura del hombre enano. Algo espeluznante para el contexto. Le alcanzo el billete y el hombre lo recibe con su desnudo cubo de carne que tiene a cambio de manos. Me asalta la repugnancia y me reprendo de inmediato. También es un ser humano. Pero quién está satisfecho con esa situación. Por otra parte, me siento humillado por mi falta de pericia y percatarme de la triste condición de mi chofer hasta finalizado el viaje. Recuerdo que en un punto en el recorrido me sentí cómplice de calles con el enano al hacer un rápido recuento de posibles lugares de comidas y zonas aledañas para realizar mi compra. El mocho me entrega el cambio con dificultad, en medio de sus dos amputadas manos y ahora lo veo como un triste espejo de mi deplorable condición en el mundo. Era espantoso enfrentar esta realidad en medio de la nada a media noche, pero lo que veía no estaba más lejos del horror y el asco de sentirse uno. Si bien el enano daba un aspecto satánico en medio de la noche del bosque citadino sin sus dos extremidades tal vez tampoco yo me salvaría y daría un aspecto horrendo en medio de la bruma con mi rostro y tal vez tampoco tú darías una buena impresión en medio de esta honda noche con tus latidos socarrones. Somos los infrahumanos, los colonos de la nueva noche.

Tenía que celebrar de algún modo el insignificante día 6-06-2006. No creo en estas cosas pero fue un día loco. Todo empezó anoche con el taxista enano sin manos. Bueno, para rematar tenía que ver este clásico del gore con que se da inicio a otra temporada de Zinema Zombie: braindead... muy gracioso, reí como perra. Y realmente salí con el estómago revuelto. No he dormido mucho en estos días y ando agotado: el sentimiento de expectativa que algo grande se está cociendo en medio de los escombros es mayor.

Feliz día y recuerda siempre: demons are a girl's best friend.

Monday, May 22, 2006

PSYCHOLUIGY

Jerry, probando su peor acento sureño:

- Sabes a lo que me refiero, hombre? Cuando me refiero a estar pasando un buen tiempo en Hell's Oaks, rodeado de las más hermosas mujeres, bebiendo unos drafts de Budlight, bailarinas go-go moviendo el trasero a ritmo de la última rola de los Nekromantix. Sabes a lo que me refiero, eh, tal vez otra escena típica en el Hell's Oaks pero nada como para no ser narrado por un arruinado director de B-movies. Hombre, tal vez no sería tan raro si, de repente, no hubiera perdido el control de mis ACTOS (Jerry levanta su oceánica mirada y el azul celeste de los ojos se pierde en el límpido horizonte de la playa de Clearwater)


Jerry había soñado la noche anterior con el día que le dieron salida de la prisión estatal de Florida. La calurosa y desesperada despedida de sus compañeros de N.A., las palabras del viejo Billy en su acostumbrado rincón en la biblioteca: Lárgate de este puto estado, ya conociste el demonio, no hay razón para que sigas en este camino a la muerte. Supongo que le era difícil contar el sentimiento de aprehensión que sintió el día que recogió sus pocos armiños y tuvo que volver afuera. En la prisión había logrado eso que afuera nunca había conocido: adaptación. Ahora dejaba lo que en pocos años había logrado construir: leales y desinteresados compadres, un espacio, un hábito e incluso un nivel mínimo de seguridad. Ahora volvía al salvaje mundo de las calles, más viejo y agotado que nunca. Rendiría cuenta a esa sociedad aterradora que había satanizado durante los incontables años en los patios.

Así que aún andábamos recorriendo Orlando, disfrutando de algunas libertades no civiles que habíamos decidido tomarnos por nuestra propia cuenta antes de nuestro definitivo viaje hacía la CCAFS (Cape Canaveral Air Force Station). Jerry parecía más ensimismado que de costumbre. Le pregunto en forma de broma: miedo? Se levanta de la barra, visiblemente ofendido, arroja la jarra de cerveza sobre el suelo y sale al ardiente sol de mediodía: ustedes, malditos colombianos drugdealers, no saben otra cosa que producir mierda de mala calidad. A las 16:00 lo encuentro arrojado, profundamente dormido, borracho, en el paradero de buses Greyhound. Trato de recuperarlo para llevarlo a la residencia: déjame motherfucker colombian drugdealer, déjame morir. Una niña se abraza de la falda de su republicana madre, el padre observa la escena con ostensible asco. Esto es trabajo para los malditos cubanos, no tengo velas en este entierro. Un chico de Tallahassee me ayuda a cargarlo hacia el taxi y lo llevo de nuevo a su cuarto en la residencia. Pido una Budlight cerca a las turbias aguas de la vieja piscina de la residencia. Una mujer ebria de St Louis se acerca tambaleando: Oye chico haitiano, estás dispuesto a brindar un poco de compañia a una triste chica ? La llevo hacia una oscura mesa, detrás de la mesa de billar y le empiezo a acariciar sus resecas piernas. Desesperada me hunde su lengua y me aprieta la cabeza contra la suya. Una mano artrítica obliga a mis dedos apretar su concha. La aparto y termino mi cerveza. Arrojo dos billetes sobre la mesa y me largo. Ella grita algo que no trato de traducir.

Jerry grita desde la otra habitación. Jerry grita barbaridades. Jerry y sus recuerdos de infancia. Jerry y sus gritos. Jerry y sus inconfesables temores. Jerry y su patética vida. Jerry y sus pesadillas. Jerry y su temor a las calles. Jerry y su deseo de volver a la prisión estatal de Florida. Jerry, el convicto republicano. Esta vez había soñado que los retretes se habían revelado: "Era algo loco, repulsivo. Bajabas la llave del retrete pero éste no succionaba la mierda sino que, al contrario, siempre te devolvía un bollo de mierda mucho más grande que el anterior". No veo la gravedad del sueño pero su cuerpo empapado en sudor refleja su obvia preocupación por el mal sueño. Intento comunicarme con los técnicos del proyecto en CCAFS pero las líneas siempre permanecen ocupadas. No entiendo qué interés pueda suscitarle al proyecto un viejo psicótico ex-convicto y, al mismo tiempo, puedo ver con claridad la angustia que le genera a Jerry la sola idea de un viaje hacia el espacio exterior. No obstante, al medio día recibo la correspondencia del Mayor Greko con los tiquetes hacia Cabo Cañaveral y una breve disculpa por el retraso.

Al arribar al puerto somos conducidos hacia una cabina especial de Información Clasificada. En el umbral de la puerta aparece un hombre rojo con gigantes cachos en su cabeza, ojos hundidos y un hocico bestial vestido con traje de colección verano Armani. La impresión de su rostro me hace caer de la silla. Jerry me levanta con fuerza y con asombro observo que permanece inerme. El minotauro se sienta en su escritorio burocrático y con una risa socarrona bromea con los hombres de seguridad ubicados detrás de nosotros. Se disculpa conmigo por presentarse sin su camuflaje humano y se presenta como el Mayor Greko de las fuerzas aliadas del espacio cósmico Dimensión 7. Jerry lo saluda como si fuera un viejo amigo e incluso me sorprendo al verlo haciendo preguntas sobre la mujer e hijos del Mayor.

- Sabes qué es lo que quiero decir, Luis? Cuando hablo de estar en Hell's Oaks, departiendo unos buenos tragos, rodeado de las más hermosas mujeres y, de repente, perder el control de los ACTOS? Conjuro de íncubo, intuición de nigromante, precisión de neurocirujano. Como para un guión de película B. Oler las legiones de hombres muertos que van por tu motocicleta. Hacerte a una sierra eléctrica y gozar del dolor de los que ya no sueñan. Destapar el watergate de los infiernos. Por poco llegar a ser el héroe de la historia, a menos que te metas con la persona menos indicada. Así que al mes te enteras que aquella bella chica rubia, con la que pasaste entera esa noche de placer luego de Hell's Oaks, era la hija del Sheriff. Te buscan por todo el jodido estado y harto de huir decides enfrentar a la bestia de su padre. Logras burlar el sistema de seguridad de su hermosa casa en los suburbios de Tampa, gateas entre los tejados y finalmente localizas su cuarto. Sacas el arma y, en el momento en que vas a disparar en todo el medio de sus castañas cejas, sientes otra vez el pútrido olor a muerto viviente. Sientes una perforación en tu hombro izquierdo y entiendes que serás cena de Freddy Krugger. Te levantas y pateas a los jodidos monstruos para hacerte un camino al escape. En ese momento el Sheriff se percata de tu presencia y la indignación vuelve a su cara. Así que con el rifle prueba su maestría en el tiro al blanco. Te da justo en todo el culo y caes nuevamente. Los demonios se abalanzan sobre tu cuerpo y tratas de serpentear. Pero ahora llega todo el jodido cuerpo policiaco y te acusan de miles de homicidios en el condado Pinellas. Los zombies se han ido y te preguntas si no son producto de tu imaginación contaminada de películas de 3 am en moteles de camino. Así que las pantallas de televisión no tardan en llenar su programación con tu foto y tu nuevo nombre: El demonio de Florida.

Jerry conoció al Mayor Greko en los días de jucio. El Sheriff finalmente nunca pudo comprobar que los cuerpos que Jerry había destrozado con su sierra eléctrica no estuvieran muertos anteriormente. Sin embargo, como lección moral y estética se sentenció a Jerry a pasar una buena temporada en la prisión estatal de Florida. 25 años. Condena injusta para Jerry, quien hubiera deseado haber sido sentenciado perpetuamente a la cárcel. Condena injusta para el Mayor y los miembros de la colisión, quienes sabían la realidad de los hechos y veían en Jerry un enardecido visionario victima de la arbitrariedad de algunos sectores políticos. Así que el Mayor Greko habló a Jerry sobre el ambicioso proyecto de dirigir una pequeña base espacial vía marte. Jerry, en ese entonces, jamás pensó salir con vida de prisión. Posteriormente, Jerry anhelaba fervorosamete no salir jamás del perfecto bizarro mundo que había construido durante 25 años.

El traje transhumano que me habían preparado se estropeó debido a los varios kilos que había ganado durante la larga espera a una respuesta certera en varias ciudades de Florida. En ese entonces conocí a Jerry, en las playas de Clearwater. Era inevitable encontrarlo cada vez que entrabas al beach bar. Allí estaba, camisa playera abierta y sus mismos cuentos sobre el Hell's Oaks. Incluso los chicos que concurrían el lugar solían burlarse de sus historias: "Allí está el viejo Jerry, ve y le dices que te cuente una de Freddy Krugger o Chucky" Porque el viejo tenía la penosa costumbre de creer que esas historias eran ciertas y, en muchas ocasiones, aseguraba que estas películas no eran más que registros históricos de hechos que en realidad habían ocurrido alguna vez en los Estados Unidos. Así que el día en que levanté mi cabeza y pude concentrarme en la marquilla de su collar monté en cólera y, altanero, lo empujé y le exigí que me dijera cómo era posible que tuviera el mismo que sello que mi collar: S.P. CCAFS. "Calma, muchacho, tranquilo, amigo, no sé qué carajos me preguntas". Abofetie al viejo y casi llorando, ebrio y desesperado, seguía preguntándole qué hacía con esa identificación. Como era de esperarse, no tardó en llegar la poli y mi visa corrió riesgo de ser decomisada por agresión a un ciudadano americano. Luego de 24 horas en la comisaria, cuando ya daba todo por perdido, casi no reconozco en ese impecable ejecutivo el rostro de Jerry. " Me ordenaron sacarte de este hueco, muchacho, pero tienes que controlarte, amigo, no todos estamos dispuestos a tolerar las cachetadas de un ciudadano de cuarta categoría". Tuve que someterme a una dieta rigorosa de 3 semanas para que el traje me volviera a ajustar.

Monday, May 08, 2006

Kira




Quiero agradecerle al cielo, al cyberspace, al Dios de la Internet la llegada de Kira a mi vida. Ella fue el motor durante los duros días, ella fue la esperanza y el anhelo. El día que la conocí y ella me odió era un muchacho sin cimiento en el penoso insomnio de las 4 am. Más le valió al cielo, al cyberspace, al Dios de la Internet haberme arrojado a la cloaca. En esos días ví una película llamada Ghost World. En uno de los diálogos, la chica le dice al patético adulto: Un mundo como éste no vale la pena si dos personas como nosotros están solas. Pero el amor es cuestión de sincronía y aún no era nuestro tiempo... Y ninguno pudo negar haberse enamorado de ese otro extraño que sufría tan similar, que ardía en una pena interior tan parecida. Ambos estábamos conectados pese a la distancia atractiva que ofrecía una aséptica pantalla. Luego, por esa extraña obsesión de ambos de odiarnos, de odiar todo lo semejante a nosotros, no pudimos seguir y hacíamos lo imposible por herirnos para olvidar nuestras heridas propias. Nos distanciamos, pero aún en la distancia seguíamos pensando en aquel gemelo doloroso con el que habíamos compartido un silencio a medianoche, detrás de una línea telefónica. Fueron muchas las borracheras tristes en que el único nombre que le expresaba a la luna fue Kira. Y nadie parecía entender nada, el mundo parecía seguir siendo igual de cruel, pero en la cueva sólo fue ella quien escuchó el llanto del hombre más feo del mundo. Tal vez la risa prohibida que no se escuchaba pero se intuía al otro lado del virus fue la que impulsó a la bestia a abrirse paso por el mundo de los mortales. En busca de ella. Esos días pensaba en la necesidad mística implícita de encontrar y perder a Kira. Por otra parte, supe que ella también preguntaba por el monstruo al que había empujado a salir a la luz para encandilarlo con su desprecio. Otra vez escuché el zumbido del abejorro pero esta vez no iba a caer. Allí estaba, como siempre había parecido estarlo, sencilla en silencio y soberbia. Por primera vez pensé que esas noches no fueron en vano y que los impetuosos sueños que alguna vez tuve de sumergirme en la pantalla se aplacaban con su tímida y cálida risa de niña herida. Ese atardecer, en el que caminaba cerca a ella por primera vez en la vida, fue el más precioso de mi vida -a pesar y a causa de presentirlo el último atardecer de mi vida. Y pensaba en la muerte con la razón de mis últimas noches a mi lado. Pensaba en que ahora podría morir feliz. Y cuando compartimos, calladamente, la vieja Paranoid Android que ambos escuchábamos en silencio detrás de nuestros ordenadores, cuando nuestros dedos expresaban desesperadamente el deseo de querer tocarnos allá, en esa remota parte del mundo donde se encontrara ese otro, consideré que ya había llegado a la cima más alta a la que un abejorro puede llegar. Ya podía morir. Realmente la mente le había ganado la pelea a su triste condición física. Y me perdí con el brillo de la noche y no quise volver. Fui asaltado, apaleado, quería morir desesperadamente para llevar mi historia a donde los viejos recuerdos siempre resplandecen. Allí estaría Kira, al otro lado de la pantalla y yo, sentado a su lado, ausente en su pregunta sobre el destino del zumbido que alguna vez la irritó y la cautivó al tiempo.

Dígamos que por alguna extraña razón no morí cuando debí hacerlo y la vida me premió con sus besos, su compañia, Crystal en la entrada de chá-cha, su muerte y resurrección, su vida. Ahora han pasado 8 meses desde que encontré a Kira y me siento el hombre más afortunado de este triste planeta mongólico. 8 meses desde que casi caigo de emoción en esa esquina en que ella me brindó por primera vez el secreto de sus labios. Y temblaba, de frío, emoción, gratitud y felicidad. Y nadie creería que esta historia es cierta si no pudiera decir que próximamente alguien más va a entrar en ella. Hoy cumple 5 meses de concebido Tomás, que será la prolongación del secreto mejor guardado de la red por 5 años. Y hoy cumple 22 años ella. Doy gracias al cielo, al cyberspacio, al Dios de la Internet y al Dios del mundo circundante la maravillosa compañía que me han brindado los dos seres más especiales del universo: Kira y Tomás.

Thursday, May 04, 2006

No temas usar la tecnología para fines perversos. 2006 khz

Hacia esos neutrinos que te rompían el corazón.

Del viejo Umbral sale Electric Jay: - No han visto cómo la gente se ha vuelto mongólica? En serio. Siempre ha sido mongólica pero últimamente se ha puesto peor. Ahora reclaman la legalización de las drogas, mañana reclamarán la legalización del culo de vuestras madres. La droga, es gracioso, nunca ha pertenecido a ellos, el pueblo raso, y la reclaman como si fuera suya. Las malditas clases medias, embrutecidas por el sueño que les vendieron los 60's - Huxley y su combo de alcahuetes en el senado-, han considerado que es un deber legítimo del estado proteger su holgazanería y vicio. Ahora te diré el verdadero nombre del asunto: Salud Pública. Excesiva higiene mental contra los sueños americanos en reversa. Te contaré un secreto, viejo Lucien.

Karlo: -Eres el clásico estúpido chico de la calle. El que muere en las aceras. El del bonche en cada esquina. El centro de los impulsos de muerte. Ahora alguien cree que debes reconocer que estás en el fondo de toda esta mierda de tráfico cuando todo es absolutamente falso y nada de lo que sea presenciado debe ser archivado. De veras creíste estar haciendo una labor filantrópica? Un demonio más arrojado en la esquina del viejo Cesar y mañana, con toda seguridad, tendremos otro demonio, pisando tus talones, indignado, cresta levantada y bolso ensagrentado. Tus abyectos ojos no valen un centavo de donde provengo, viejo inherente a la miseria. Se repite la historia, una y otra vez, ya lo he visto como un patrón. Primero, el sentimiento de estar haciendo supremamente bien las cosas. Hasta llegas a levantar una casa, una familia, una bonita esposa. Luego, el estupor. La carencia absoluta de reacción a las humillaciones. No poder levantarte y ya estar afirmando con la cabeza como un mono domésticado. Crees que en este momento ya tu vida se ha resuelto. Pero, de repente, surge un detonante, una llamada de Carolina y crees poder volver a tus días de bruto callejero. Aún sientes ese vértigo, ese sentimiento de andrenalina que sube del culo hacia la cabeza. Pero tu cuerpo se ha puesto más pesado. La reacción a la violencia es diferente. Como si sintieras que el enemigo fuera humano, como si sintieras que también te has convertido en humano. Tus sueños replegados sobre tu barato traje de burócrata mediocre se han vuelto una pesada atadura.

Aún esperábamos a Electric Jay y ya empezaba a sentir los viejos violines corriendo como mulas desbocadas por el garaje del riesgo. Carolina Coe, pálida por lo que parecía una controlada sobredosis de cocaína exclusiva. Una estúpida pelmaza se bajaba los pantalones y mostraba su moreno culo lleno de ronchas. Me pareció haber dicho dos veces la misma frase. Siempre pasa cuando estás bajo el efecto de Santa Teresa.

Kiara sale, envuelta en una extraña pijama de seda con motivos orientales. Interrumpo algo? Mi sistema central nervioso a punto de colapsar. Kiara destapa una cerveza Kirin y escucha la verborrea mientras escudriña algunos archivos de su computador portátil. Debí haberlo supuesto. Como salido del sueño de Coleridge. Menos precisión en la información y pudimos haber saltado del gran cristal de tu apartamento. Es tiempo de llamar al taxi no sea que Coe detecte algo. No olvidar la leche.

Karlo: - Existe una improbable posibilidad de volver a verte. Pero no sé si conserves la misma vida, el mismo aspecto. Incluso, después de esto, una pequeña cirugía plástica no caería mal. Los.. inconvenientes.. trauma cráneo encefálico... tómalo como un pequeño pago a cuotas.


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Nota a pie de margen de esta entrada.

http://bumblebeeimmortal.blogspot.com/2005/02/luisinho-en-cuba.html



(El Eje: es una concesión abusiva del término de "Humano" - la hermosa máquina.blogspot)

Es rabia. Alguien me dictaba en la cabeza las letras a las 9 am. La vez pasada hablaba con mi tío y decía que existían horas de días pesadas, con pesadas se refería a cargadas de más energía negativa: hablábamos precisamente de las 3pm. Y acaso qué estabas haciendo el jueves a las 3 pm? Rascándote las bolas? Bueno, en el centro, en el eje, en donde provengo yo las cosas son bastantes distintas. Parece una constante, cada fin de semestre la calle recobra para sí lo que se podría llamar, si así lo quieres, a los demonios. Desde que entré a la universidad Tadeo Lozano he visto morir al demonio innumables veces bajo las mismas calles, en la misma espesura, el mismo territorio salvaje. No es raro. Hace 50 años estas calles eran propiedad de pillos y putas. Así que hace 50 años ver cómo se mataba con cierta periodicidad a un granuja, una marica, un desprevenido paseante debería ser cosa poco sorprendente. Luego se forjó allí una Universidad con nombre godo pero con algunas libertades nada conservadoras. La Universidad, como toda buena empresa académica, se fue haciendo a un prestigio, un "nombre", un reconocimiento y con este progreso también fue haciéndose a las caóticas calles que le rodeaban. Ahora, en lo que concierne a mi época, muchos vimos el majestuoso crecimiento de esa gran mole llamada biblioteca desde las estrechas ventanas de algun bar de mala muerte: Llámese Sí o El Paisa. Y desde adentro de esas estrechas ventanas tratábamos de relacionarnos o divertirnos u olvidar. No fueron pocas las veces que desde adentro de esas estrechas ventanas teníamos que salir para llevar a un amigo de hombros o salir tambaléando, con caras de imbéciles satisfechos, a sabiendas de una vida de mierda que un par de tragos jamás repararía. El demonio probaba, adentro de esas estrechas ventanas, en un sucio baño oscuro, los placeres de la heroína y sus desvencijadas agujas desde un inédito bar de amigos que jamás lo desampararían. También nos enamorábamos y peléabamos adentro de esas estrechas ventanas y afuera el atardecer nos abrumaba. La noche caía y las luces de la amable Universidad nos acobijaba, como una gran ramera, nuestro triste retorno metalero a casa. Pero hoy no es día para hablar de los que volvieron a casa. Hoy es día para hablar del demonio y decir por qué esas putas calles están malditas y por qué me siento orgulloso al vestir de negro y por qué... Desde adentro de esas tristes estrechas ventanas de bares de mala muerte empecé a apreciar una Universidad que se me antojaba paradisíaca y prohíbida al mismo tiempo. Prohíbida para mí, un triste filósofo borrachín del Rosario. Fue allí, desde el inédito bar donde el demonio se estaría chutando un poco de H, que escuché el llamado y sin más, dejé a mis amigos en la mesa para salir a contarle mi determinación al filósofo más honesto que jamás he conocido. Al verme llegar, el viejo se rió: pero has llegado con toda tu pinta kafkiana. En ese entonces era un muchacho un poco partícular: cabeza rapada, sombrero de paño, gafas rojas, gabán gris y zapatos de plataforma. Quería claudicar mis estudios de filosofía. También quería hacer una tesis de grado. Sobre el Ano Solar pero tampoco nadie la entendería. Sólo sabía que estaba enteramente fascinado por la potencialidad expresiva del culo. Pero a la gente no le interesa ese discurso y mucho menos a los idiotas filósofos. Sólo sabía que al ver un culo protuberante en la calle y mirar al cielo sentía cómo brotaban las lágrimas de mis ojos y quería de repente tomar un asidero, agarrarme de algo porque el cielo se me despedazaba y los culos seguían una dirección misteriosa en su violento querer decir primario que me arrojaba a las calles y me hacía beber y tener borracheras lloronas y comportarme de un modo poco apropiado para las sociedades anales. El culo, el cielo, la seguridad de que existía, se había ido hacia otro territorio que sólo imaginaba comprender en los delirios más penosos de alcoholismo y soledad. Lourdes 2003: qué imagen. Agotado de ser el santo del calvario anal decidí optar por una carrera más laxa, cuyas varas no golpearan tan crudamente mi lógica (microcósmica) visión del mundo. De ese modo, otro día, caminando con una vieja amiga bastante bruta del Politécnico -que me creía loco por leer mucho, cuando en realidad se trataba de todo lo anterior- me matriculé a la Universidad del Demonio. El primer día de clase no fue decepcionante en lo absoluto. Me recibió el viejo Marco con un pródigo pase de buena cocaína. Luego, antes de pasar a la siguiente clase, una fría cerveza en el inédito bar y remataríamos con un áspero porro. La serpiente había penetrado finalmente el paraíso prohibido. Allí conocí al Demonio y es Historia conocida el modo en que la calle lo reclamó. Cada fin de semestre alguien muere, es la cuota. Y siempre, así no lo quieras, tienes que desempeñar un rol en la función. El asesino, la victima, el culpable, el desprevenido espectador. A lo largo de estos semestres he sido todo gracias y por culpa del demonio. Fue el demonio el que me levantó el día que caí muerto. Resucité pero resucité siendo otro, con otro nombre, otra vida, otra cara. Luis, el que alguna vez anduvo luchando por el ano solar, ha muerto. Y siempre es en las mismas esquinas, impregnadas del mismo olor a muerte. Aprendí a reconocer el olor a diablo en Estados Unidos. Cerca al Lago Michigan, en pleno festival de Jazz en Chicago; en los estrechos caminos forjados a mano de la jungla de la Florida, en los cuales de la nada aparecían hombres con el rostro ensangrentado; en el downtown de Clearwater, en el que un cubano y un yankee representaban la clásica comedia de David y Goliat. Podías oler al demonio a metros preparando su cocido con la neurosis de miles de norteamericanos agobiados. Estados Unidos es una sociedad claramente satánica. En ningún otro sitio el metal tiene tanto sentido. Y veías a miles de demonios adolescentes, con los ojos encendidos, llagas en la piel, tatuajes con motivos crueles sobre sus brazos, como aquel chico de Texas que quería molerte a palos: Pain & Hate. En ningún otro sitio Heráclito tiene tanto sentido. Y empiezas a amar las armas y a comprender el verdadero sentido de la guerra y lo que realmente significan las calles, lo que realmente significa la vida en el Vingtième Siècle. Al volver, tus ojos también se han encendido y también te ha poseído la sed por la sangre. Vuelves al eje luego de una breve ausencia y reconoces cómo andan de locas las cosas por el olor a diablo. Tu amigo Demonio ya ha muerto y te ha dejado un mensaje bastante claro sobre las aceras. Luego se te acercaba Olga, la pesadilla de todo gomelo. Olga acostumbraba a enamorarse fervorosamente de todos los chicos lindos de la Tadeo. Era repudiada por ese aspecto, por los chicos lindos. Por otra parte, cuando se olvidaba de su tarrito de boxer podía pasar como una buena idiota pobre, con deseos de romperse el culo e improvisar una linda sonrisa con tal que le compraras un minuto a celular. Pero cuando se te acercaba por lo general ya no era la clásica buena idiota pobre sino que estaba ya bastante pasada en droga. Y tampoco te besaba, qué creías, que eras de los chicos más lindos de la Tadeo? Sólo se te acercaba por impulso de la sed y creía, mal, que si te mostraba el reciente chuzón en su tronco te ibas a apiadar y le ibas a regalar un sorbo de tu cerveza. Hasta que un día también te le emputaste y le dijiste que te dejara de joder, que no eras un puto centro de caridad alcohólica para la basura de las calles. Luego supiste cómo murió esa loca. Sí, de la misma manera que la habías visto una y tantas veces: toreando buses. La suponías una Santa Olga quijotesca que a falta de molinos batallaba contra vieja chatarra móvil. Hasta te sentías un poco identificado con ella. Con tantos impulsos de muerte y sin una maldita guerra. Si por lo menos tuvieras un arma. Y tumbabas a los niños lindos que desapercibidos pasaban por la carrera décima con diecinueve. Pero no ibas más allá. Y antes de que se terminara el semestre de la muerte de Santa Olga te cogieron con la guardia baja y los psiquiatras hicieron hasta lo imposible por colapsar tu sistema central nervioso. Cuando te enteraste de la muerte de Olga te cabriaste: cómo era posible que la loca que no tenía reparo en enseñarte frescas sus heridas hubiera muerto de una manera tan idiota, tan básica, tan poco espectácular. Atropellada! Una muerte muy obvia para una perra fastidiosa. Preferías imaginártela decapitada en un potrero aledaño, muerta en una descarnada pelea contra otros ñeros, acribillada por la brutal acción policial: pero atropellada! Es que ya los dioses no merecen una muerte decente? Cuando se tomó la decisión fatal de clausurar las guerras a favor de los canallas se empezó a ver a los grandes arrojados con una botella de vodka en los suelos de las calles, ebrios y tristes, desesperanzados y muertos de pena interior. Es como si los idiotas se tomaran las bibliotecas del mundo entero clamando por literatura de Deprak Chopra y relegarán a los genios del pensamiento al cuidado de los baños públicos.

2006 Khz: Esta historia me dejó un sabor amargo en la boca, sabor de canibal. No es que fuera un sabor que no reconociera. Lo mismo me había pasado en el 2003, día que me enteré de la triste muerte de mi amigo El Demonio. Es como la historia que alguna vez todos escuchamos: un chico libra una guerra virtual en un videojuego desconociendo que en efecto todos sus jugadas se están ejecutando en una guerra en el mundo real. Cuando escribí esta historia y a las 3pm de ese mismo día jueves ví, detrás de la estrecha ventana del módulo de Inglés la batalla, sentí que había hecho el guión perfecto para ejecutar en las calles de Eje. Ahora se estaba llevando a escena. Y me sentí responsable y molesto: por mi labor de pequeño Dios miserable. Como salido realmente de un sueño de Coleridge. La maldición implícita que lleva el malsano oficio de escribir. La primera vez que sucedió lo registré de este modo: Ese día fue extraño. Escribí esta historia: Luis, quedaba H en el medio, casi somnoliento... Escribía la muerte de mi amigo: lo mataba irresponsablemente con palabras que se consideran inofensivas. Escribir es una tarea peligrosa y criminal. Ahora sigo teniendo la misma impresión. Como si realmente una curva del tiempo me hubiera encontrado y me hubiera dictado ciertas palabras para prepararme para lo que vendría luego. Alguien llamado Karlo me habló a las 7:00 am. Con insistencia me llamaba a escribir algo muy personal, un reproche, un regaño, algo tan personal que me sacara de mí. La clase jamás arrancó. Tomé un café con una joven de arte. Ante ese primer café americano mañanero sentía cómo el miedo se iba apoderando poco a poco de mí. Me despedí de ella a las 9 am. Me dispuse en el centro de computo a escribir una suerte de reproche. Supuse que había sentido el olor a demonio de nuevo. Las primeras frases a la cabeza fueron: Eres el clásico estúpido chico de la calle. El que muere en las aceras. Quise seguir con otra frase: qué diferencia hay entre un inteligente que actúa idiotamente y un idiota que actúa con inteligencia? Pensaba en mi cicatriz, en el modo tan cobarde en que fui golpeado aquella vez en la esquina del viejo Cesar. Pensé en lo poca cosa que hubiera sido el haber muerto en aquel tiempo. Y me dolió el alma. Me dolió porque cuando escribes y vives en la calle llevas una vida doble. Porque realmente es muy difícil diferenciar a alguien que escribe idioteces para dárselas de malo con su pequeño séquito de lameculos a alguien que realmente las vive y las sufre. Me dolió porque es muy fácil ser periodista, sacar un blog y decir: tengo guevas. Y otra cosas es ser uno el que tiene las heridas en la carne, la presa fácil, el muerto del día. Y ser valiente no es usar eufemismos para describir al presidente. Tal vez, en este momento, me sienta más valiente que antes, cuando era el chacho de las aceras. Me siento valiente porque ando agotado y cada vez que veo un rapper veo venir el problema y prefiero conservarle la mirada con respeto a salir corriendo. Y bueno, un idiota que actúa con inteligencia seguramente termina su carrera, logra una buena vida, hasta hace un buen número de lectores para su blog: ahí tienen el caso del Juglar del Zipa o Blue elephant que no es más que un triste plagio a los pink invisible unicorns. Idiotas que no soportan que les digan lo malos y patéticos que son en realidad. Así que se riegan en idioteces porque nunca podrán regar verdadera sangre: no, para eso no son valientes. Y uno es el inteligente que actúa como un idiota. El que no terminó la carrera nunca por entrar en conflicto existencial con el universo. El que nunca consiguió trabajo por llevar una cresta. El que nunca recibe una buena bienvenida por llevar una cicatriz de marica en la cara. Uno es el clásico inteligente relegado de las buenas labores de la sociedad. Por decir que los derechos humanos son una caca. Y uno se vuelve el malo de la literatura por mostrar lo mediocre que puede llegar a ser un escritor como Efraím Medina (Porque ahora para ser cool toca decir que Gabriel García Márquez es pésimo -a pesar de haber ganado el Nobel- y Medina es el topos uranus de las letras) . Y uno se vuelve el malo del paseo en los Congresos de Filosofía por poner rojo al estúpido del Carlos Gaviria que no soporta una tesis contraria a su estúpida Filosofía Liberal. Y me burlo de lo idiota que uno pudo haber llegado a ser por tratar de llevar un pensamiento consecuente con su vida. De veras creíste estar haciendo una labor filantrópica? Sería más fácil si Dios existiera. Por lo menos podríamos sacarle una moraleja a cada acto. Por lo menos Dios dispondría las situaciones y las haría menos precarias. Me he vuelto profundamente católico en estos últimos días y cada vez que puedo me persigno y levanto una oración. Sé que Dios no existe pero me gustaría que existiera. Me gustaría inventarlo. Por otra parte, considero que es más seria una institución como la Iglesia Católica que un McDonald's.. pero, quién no mataría por una Big Mac ahorita? Estoy harto de rendirle pleitesía a instituciones tan idiotas como Mtv o CNN. Por eso, si me le arrodillo a alguien que sea a un cristo humillado y ensangrentado y no a un pobre idiota como Ashton Kuschner.

Un demonio más arrojado en la esquina del viejo Cesar y mañana, con toda seguridad, tendremos otro demonio, pisando tus talones, indignado, cresta levantada y bolso ensagrentado. Tus abyectos ojos no valen un centavo de donde provengo, viejo inherente a la miseria. Se repite la historia, una y otra vez, ya lo he visto como un patrón. Son las 3pm. El día está extrañamente seco. Ha cesado de llover luego de tantos días. Subo con prisa al examen oral de inglés. Voy pensando en inglés: what should we do? What should we do with Johnny? Subo las escaleras con prisa. Algunos compañeros de clase ya me han advertido. Surgen unas ganas incontenibles de ver hacia fuera. Temo que si no veo el horizonte la miopía vuelva pronto. Busco desesperadamente en el salón del segundo piso pero están unos chavales estudiando. Entonces me ubico en el mezzanine y me apropio de una ventana. La visión se dirige hacia la vieja esquina del bar El Paisa. Veo venir un grupo de muchachos. Al principio todo parecía solo cosa de juegos y bromas. Recordé a mi amigo El Caballo. Alguna vez en un día de lluvia lo vi correr por las calles de la candelaria, como un niño, gritando y empujándose con sus otros amiguitos. Así que me pareció gracioso y no puedo negar que haya tratado de reconocerlo entre los mechudos del jocoso grupo. Pero luego pude diferenciar el grupo. Unos eran mechudos y vestían de negro y otros eran, por decirlo de alguna manera, ñeros. Ahora ya los había detectado bien. La cosa parecía no ir muy en serio todavia, unos pocos e inofensivos empujones, así que me pregunté a qué se debía tal recocha. Seguí observando. Luego de los empujones un metalero se hizo de su cinturón de hebilla como arma y empezó a castigar a uno de los ñeros. Pude ver la diferencia de tamaños. Los ñeros como los rappers nunca superan los 1.60 de estatura por alguna extraña razón: seguramente se trata de una descompensación alimenticia que no los deja crecer ni los deja ser inteligentes: pero esta misma descompensación tal vez sea el impulso biológico que los mueve a ser hábiles y diestros a la hora de conseguir sus fines. Los otros metaleros, motivados por el ejemplo de su amigo, también hacen uso de sus cinturones y castigan al otro ñero. Los ñeros, por un momento, se encuentran bajo serios aprietos y parecen ya haber arrojado la toalla. Uno trata de escapar de los azotes de un metalero y se tropieza con el cinturón de un perro de un guardia de seguridad de la Universidad. Puedo ver ahora que hay guardias. Ambos en distintos lados de la calle, en todo el epicentro de la acción. No hacen nada en absoluto y sólo sirven para hacer tropezar a los combatientes callejeros. Luego de ver al primer ñero en el suelo, el metalero aprovecha para acorralarlo, con tan mala suerte y con tanta torpeza que también se cae. Por otra parte, el ñero de la calle contraria parece haberse recuperado misteriosamente y se enfrenta con coraje en contra de un metalero, el metalero por más hebilla que le da parece asombrado de la capacidad de resistencia del ñero (descompensación alimenticia). El tercer metalero sólo salta y sacude su hebilla, muestra del grado de andrenalina y euforia que tanto el público como el combate le ha generado. El metalero caído se recupera y sigue castigando al primer ñero. El segundo metalero sigue castigando al ñero sin que el ñero parezca lastimado. El primer ñero parece vencido y el primer metalero parece aprovecharse de esta situación. Ahora sólo lo golpea para complacencia del público. El segundo ñero entonces parece sacar algo de su camisa. Estoy seguro de qué es lo que ha sacado pero el metalero parece no haberse fijado. Ahora los dos metaleros en combate parecen revolverse con los dos ñeros y sólo ves un monstruo devorándose a sí mismo. Los ñeros emprenden la huída. Se ve al primer metalero, con chaqueta de Jean, ir trás ellos. El tercer metalero, parece haber asumido que les han vencido en el combate. El segundo metalero, enteramente vestido de negro, se devuelve hacia el bar del Paisa. Su aspecto también es de triunfador pero se le ve un poco agotado. Ahora qué es lo que veo. Sangre. Es sangre pero no se sabe de quién. Supongo que han reventado a un ñero. Parece cambiar de dirección en un acto entre medio desesperado y medio contenido. Ahora va hasta la esquina de la universidad. Trata de coger un taxi. Ahora veo que le sale sangre a borbotones. Está herido pero no sé bien en qué parte. Mierda: me veo a mí mismo. Año 2005. Voy tras un taxi. Pienso que muero. Una risa en mi interior me dice bien que no me han vencido. Sangre a borbotones . Mi chaqueta gris repleta de sangre. Pienso: a quién diablos han jodido? La señora del Garaje les reclama a los rappers: mire cómo le han vuelto la cara. Y pienso: a quién diablos le dañaron la cara. Oh no, mierda. Me toco el cachete. Sangre. No lo puedo creer. Es sangre pero no siento que saliera de mí. Como si hubiera caído encima del cuerpo de un cadáver. Jay: Mil: Dónde carajos están? Veo a los rappers. No quiero seguir luchando. Voy tras la quinta. Paro un taxi. Me para y antes de subir me ve tan jodido que sigue derecho. Casi me tumba. Voy sobre las comidas rápidas de Los Vecinos. Dos universitarios tontos: Vamos a pegarles un buen susto. Les digo: hey muchachos, cómo me ven? Doy media vuelta y les muestro medio cachete colgando. Uno vomita. Me da risa y sigo hacia la séptima. Pienso: joder y si me dieron en la aorta? Y si sólo tengo pocos minutos de vida? Me embarga una profunda tristeza. Pienso en lo poco que he vivido, en lo poco que he sido. Me gustaría dirigir mis pensamientos a cosas sublimes en ese instante pero sólo pienso idioteces: oh qué malo soy, veánme como me veo de feo todo lleno de sangre. Tomo un taxi. Me para. Vamos a la Clínica Negra de Universitarios Incompetentes. Le pregunto al taxista cómo me ve. Me dice: mierda, mal. Le digo: voy a morir? Le repito: voy a morir? No responde. Finalmente, tras una pausa: esperemos que no sea nada grave, sólo que se le va a notar resto. Pienso que tamaña idiotez. Me entra esa tristeza pero no puedo llorar. Siento que muero. Y me pregunto a mí mismo: Luis, en serio, voy a morir?

Al metalero jamás le paró un taxi. Al metalero le dieron en la aorta. El metalero por un instante dejó su pretensión de ser el chico malo de la calle lleno de sangre y se tira al suelo. Está en el suelo y su amigo, de chaqueta de jean grita: Mierda, me lo mataron parce, me mataron a mi hermano, me mataron al Negro. No puedo resistir más esa estrecha ventana al interior de la Universidad y salgo corriendo. Llego a donde el Negro y lo veo torcer los ojos. Mierda, le dieron en la aorta, mierda, vas a morir viejo. Trato de tomar un taxi pero nadie para. El metalero de chaqueta de Jean sigue teniendo esa risa interior irreal que le hace creer que nada es cierto, que todo mañana va a seguir igual, va a llamar al negro y le va a decir: tamaño susto, mi negro y qué, qué vamos a hacer hoy? Esa risa interior que te hace creer que pese a que estás tirado en el piso, regando tu sangre en cualquier acera sucia, es irreal y te hace ver muy malo: esa risita estúpida es el demonio. Ahora veo que el negro sigue torciendo los ojos. Los paramédicos han llegado pero parecen resignados. Nunca llegó un taxi para el negro. Y le dieron en la aorta. Y era uno de los míos, entienden? Mataron a un chico vestido de negro. Y no soy metalero pero en algo me parezco a él. También alguna vez estuve sentado en el paisa tranquilo bebiendo con mis amigos. Sólo que jamás me tocó enfrentar unos ñeros. Y esos ñeros eran los otros y me sentí un blanco fácil. En cualquier momento desearían llevar al máximo su sed de sangre y se irían contra otro chico vestido de negro: sin contemplaciones. Sentí la risa estúpida del demonio en la gente. Volví la mirada y allí estaba media universidad. Viendo el grotesco espectáculo de la muerte del negro. Todos en su interior tenían la risa estúpida. Vi a la gemela y pensé que hasta ese punto alguien debería llegar para que ella le prestara atención a uno. Un chocoloco estúpido torcía los ojos para imitar al negro y hacer reír a su levante. Me dieron ganas de aplastarle esa cabeza gigante de mongólico. Negro, en serio, mierda, te vas a morir parce? No podrías dejar de ser un poco menos tú antes de estirar la pata? Ni muerto dejó su pose de metalero. Hoy no es día para hablar de los que volvieron a casa. Y siempre es en las mismas esquinas, impregnadas del mismo olor a muerte. Parece una constante, cada fin de semestre la calle recobra para sí lo que se podría llamar, si así lo quieres, a los demonios.