Thursday, May 04, 2006

No temas usar la tecnología para fines perversos. 2006 khz

Hacia esos neutrinos que te rompían el corazón.

Del viejo Umbral sale Electric Jay: - No han visto cómo la gente se ha vuelto mongólica? En serio. Siempre ha sido mongólica pero últimamente se ha puesto peor. Ahora reclaman la legalización de las drogas, mañana reclamarán la legalización del culo de vuestras madres. La droga, es gracioso, nunca ha pertenecido a ellos, el pueblo raso, y la reclaman como si fuera suya. Las malditas clases medias, embrutecidas por el sueño que les vendieron los 60's - Huxley y su combo de alcahuetes en el senado-, han considerado que es un deber legítimo del estado proteger su holgazanería y vicio. Ahora te diré el verdadero nombre del asunto: Salud Pública. Excesiva higiene mental contra los sueños americanos en reversa. Te contaré un secreto, viejo Lucien.

Karlo: -Eres el clásico estúpido chico de la calle. El que muere en las aceras. El del bonche en cada esquina. El centro de los impulsos de muerte. Ahora alguien cree que debes reconocer que estás en el fondo de toda esta mierda de tráfico cuando todo es absolutamente falso y nada de lo que sea presenciado debe ser archivado. De veras creíste estar haciendo una labor filantrópica? Un demonio más arrojado en la esquina del viejo Cesar y mañana, con toda seguridad, tendremos otro demonio, pisando tus talones, indignado, cresta levantada y bolso ensagrentado. Tus abyectos ojos no valen un centavo de donde provengo, viejo inherente a la miseria. Se repite la historia, una y otra vez, ya lo he visto como un patrón. Primero, el sentimiento de estar haciendo supremamente bien las cosas. Hasta llegas a levantar una casa, una familia, una bonita esposa. Luego, el estupor. La carencia absoluta de reacción a las humillaciones. No poder levantarte y ya estar afirmando con la cabeza como un mono domésticado. Crees que en este momento ya tu vida se ha resuelto. Pero, de repente, surge un detonante, una llamada de Carolina y crees poder volver a tus días de bruto callejero. Aún sientes ese vértigo, ese sentimiento de andrenalina que sube del culo hacia la cabeza. Pero tu cuerpo se ha puesto más pesado. La reacción a la violencia es diferente. Como si sintieras que el enemigo fuera humano, como si sintieras que también te has convertido en humano. Tus sueños replegados sobre tu barato traje de burócrata mediocre se han vuelto una pesada atadura.

Aún esperábamos a Electric Jay y ya empezaba a sentir los viejos violines corriendo como mulas desbocadas por el garaje del riesgo. Carolina Coe, pálida por lo que parecía una controlada sobredosis de cocaína exclusiva. Una estúpida pelmaza se bajaba los pantalones y mostraba su moreno culo lleno de ronchas. Me pareció haber dicho dos veces la misma frase. Siempre pasa cuando estás bajo el efecto de Santa Teresa.

Kiara sale, envuelta en una extraña pijama de seda con motivos orientales. Interrumpo algo? Mi sistema central nervioso a punto de colapsar. Kiara destapa una cerveza Kirin y escucha la verborrea mientras escudriña algunos archivos de su computador portátil. Debí haberlo supuesto. Como salido del sueño de Coleridge. Menos precisión en la información y pudimos haber saltado del gran cristal de tu apartamento. Es tiempo de llamar al taxi no sea que Coe detecte algo. No olvidar la leche.

Karlo: - Existe una improbable posibilidad de volver a verte. Pero no sé si conserves la misma vida, el mismo aspecto. Incluso, después de esto, una pequeña cirugía plástica no caería mal. Los.. inconvenientes.. trauma cráneo encefálico... tómalo como un pequeño pago a cuotas.


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Nota a pie de margen de esta entrada.

http://bumblebeeimmortal.blogspot.com/2005/02/luisinho-en-cuba.html



(El Eje: es una concesión abusiva del término de "Humano" - la hermosa máquina.blogspot)

Es rabia. Alguien me dictaba en la cabeza las letras a las 9 am. La vez pasada hablaba con mi tío y decía que existían horas de días pesadas, con pesadas se refería a cargadas de más energía negativa: hablábamos precisamente de las 3pm. Y acaso qué estabas haciendo el jueves a las 3 pm? Rascándote las bolas? Bueno, en el centro, en el eje, en donde provengo yo las cosas son bastantes distintas. Parece una constante, cada fin de semestre la calle recobra para sí lo que se podría llamar, si así lo quieres, a los demonios. Desde que entré a la universidad Tadeo Lozano he visto morir al demonio innumables veces bajo las mismas calles, en la misma espesura, el mismo territorio salvaje. No es raro. Hace 50 años estas calles eran propiedad de pillos y putas. Así que hace 50 años ver cómo se mataba con cierta periodicidad a un granuja, una marica, un desprevenido paseante debería ser cosa poco sorprendente. Luego se forjó allí una Universidad con nombre godo pero con algunas libertades nada conservadoras. La Universidad, como toda buena empresa académica, se fue haciendo a un prestigio, un "nombre", un reconocimiento y con este progreso también fue haciéndose a las caóticas calles que le rodeaban. Ahora, en lo que concierne a mi época, muchos vimos el majestuoso crecimiento de esa gran mole llamada biblioteca desde las estrechas ventanas de algun bar de mala muerte: Llámese Sí o El Paisa. Y desde adentro de esas estrechas ventanas tratábamos de relacionarnos o divertirnos u olvidar. No fueron pocas las veces que desde adentro de esas estrechas ventanas teníamos que salir para llevar a un amigo de hombros o salir tambaléando, con caras de imbéciles satisfechos, a sabiendas de una vida de mierda que un par de tragos jamás repararía. El demonio probaba, adentro de esas estrechas ventanas, en un sucio baño oscuro, los placeres de la heroína y sus desvencijadas agujas desde un inédito bar de amigos que jamás lo desampararían. También nos enamorábamos y peléabamos adentro de esas estrechas ventanas y afuera el atardecer nos abrumaba. La noche caía y las luces de la amable Universidad nos acobijaba, como una gran ramera, nuestro triste retorno metalero a casa. Pero hoy no es día para hablar de los que volvieron a casa. Hoy es día para hablar del demonio y decir por qué esas putas calles están malditas y por qué me siento orgulloso al vestir de negro y por qué... Desde adentro de esas tristes estrechas ventanas de bares de mala muerte empecé a apreciar una Universidad que se me antojaba paradisíaca y prohíbida al mismo tiempo. Prohíbida para mí, un triste filósofo borrachín del Rosario. Fue allí, desde el inédito bar donde el demonio se estaría chutando un poco de H, que escuché el llamado y sin más, dejé a mis amigos en la mesa para salir a contarle mi determinación al filósofo más honesto que jamás he conocido. Al verme llegar, el viejo se rió: pero has llegado con toda tu pinta kafkiana. En ese entonces era un muchacho un poco partícular: cabeza rapada, sombrero de paño, gafas rojas, gabán gris y zapatos de plataforma. Quería claudicar mis estudios de filosofía. También quería hacer una tesis de grado. Sobre el Ano Solar pero tampoco nadie la entendería. Sólo sabía que estaba enteramente fascinado por la potencialidad expresiva del culo. Pero a la gente no le interesa ese discurso y mucho menos a los idiotas filósofos. Sólo sabía que al ver un culo protuberante en la calle y mirar al cielo sentía cómo brotaban las lágrimas de mis ojos y quería de repente tomar un asidero, agarrarme de algo porque el cielo se me despedazaba y los culos seguían una dirección misteriosa en su violento querer decir primario que me arrojaba a las calles y me hacía beber y tener borracheras lloronas y comportarme de un modo poco apropiado para las sociedades anales. El culo, el cielo, la seguridad de que existía, se había ido hacia otro territorio que sólo imaginaba comprender en los delirios más penosos de alcoholismo y soledad. Lourdes 2003: qué imagen. Agotado de ser el santo del calvario anal decidí optar por una carrera más laxa, cuyas varas no golpearan tan crudamente mi lógica (microcósmica) visión del mundo. De ese modo, otro día, caminando con una vieja amiga bastante bruta del Politécnico -que me creía loco por leer mucho, cuando en realidad se trataba de todo lo anterior- me matriculé a la Universidad del Demonio. El primer día de clase no fue decepcionante en lo absoluto. Me recibió el viejo Marco con un pródigo pase de buena cocaína. Luego, antes de pasar a la siguiente clase, una fría cerveza en el inédito bar y remataríamos con un áspero porro. La serpiente había penetrado finalmente el paraíso prohibido. Allí conocí al Demonio y es Historia conocida el modo en que la calle lo reclamó. Cada fin de semestre alguien muere, es la cuota. Y siempre, así no lo quieras, tienes que desempeñar un rol en la función. El asesino, la victima, el culpable, el desprevenido espectador. A lo largo de estos semestres he sido todo gracias y por culpa del demonio. Fue el demonio el que me levantó el día que caí muerto. Resucité pero resucité siendo otro, con otro nombre, otra vida, otra cara. Luis, el que alguna vez anduvo luchando por el ano solar, ha muerto. Y siempre es en las mismas esquinas, impregnadas del mismo olor a muerte. Aprendí a reconocer el olor a diablo en Estados Unidos. Cerca al Lago Michigan, en pleno festival de Jazz en Chicago; en los estrechos caminos forjados a mano de la jungla de la Florida, en los cuales de la nada aparecían hombres con el rostro ensangrentado; en el downtown de Clearwater, en el que un cubano y un yankee representaban la clásica comedia de David y Goliat. Podías oler al demonio a metros preparando su cocido con la neurosis de miles de norteamericanos agobiados. Estados Unidos es una sociedad claramente satánica. En ningún otro sitio el metal tiene tanto sentido. Y veías a miles de demonios adolescentes, con los ojos encendidos, llagas en la piel, tatuajes con motivos crueles sobre sus brazos, como aquel chico de Texas que quería molerte a palos: Pain & Hate. En ningún otro sitio Heráclito tiene tanto sentido. Y empiezas a amar las armas y a comprender el verdadero sentido de la guerra y lo que realmente significan las calles, lo que realmente significa la vida en el Vingtième Siècle. Al volver, tus ojos también se han encendido y también te ha poseído la sed por la sangre. Vuelves al eje luego de una breve ausencia y reconoces cómo andan de locas las cosas por el olor a diablo. Tu amigo Demonio ya ha muerto y te ha dejado un mensaje bastante claro sobre las aceras. Luego se te acercaba Olga, la pesadilla de todo gomelo. Olga acostumbraba a enamorarse fervorosamente de todos los chicos lindos de la Tadeo. Era repudiada por ese aspecto, por los chicos lindos. Por otra parte, cuando se olvidaba de su tarrito de boxer podía pasar como una buena idiota pobre, con deseos de romperse el culo e improvisar una linda sonrisa con tal que le compraras un minuto a celular. Pero cuando se te acercaba por lo general ya no era la clásica buena idiota pobre sino que estaba ya bastante pasada en droga. Y tampoco te besaba, qué creías, que eras de los chicos más lindos de la Tadeo? Sólo se te acercaba por impulso de la sed y creía, mal, que si te mostraba el reciente chuzón en su tronco te ibas a apiadar y le ibas a regalar un sorbo de tu cerveza. Hasta que un día también te le emputaste y le dijiste que te dejara de joder, que no eras un puto centro de caridad alcohólica para la basura de las calles. Luego supiste cómo murió esa loca. Sí, de la misma manera que la habías visto una y tantas veces: toreando buses. La suponías una Santa Olga quijotesca que a falta de molinos batallaba contra vieja chatarra móvil. Hasta te sentías un poco identificado con ella. Con tantos impulsos de muerte y sin una maldita guerra. Si por lo menos tuvieras un arma. Y tumbabas a los niños lindos que desapercibidos pasaban por la carrera décima con diecinueve. Pero no ibas más allá. Y antes de que se terminara el semestre de la muerte de Santa Olga te cogieron con la guardia baja y los psiquiatras hicieron hasta lo imposible por colapsar tu sistema central nervioso. Cuando te enteraste de la muerte de Olga te cabriaste: cómo era posible que la loca que no tenía reparo en enseñarte frescas sus heridas hubiera muerto de una manera tan idiota, tan básica, tan poco espectácular. Atropellada! Una muerte muy obvia para una perra fastidiosa. Preferías imaginártela decapitada en un potrero aledaño, muerta en una descarnada pelea contra otros ñeros, acribillada por la brutal acción policial: pero atropellada! Es que ya los dioses no merecen una muerte decente? Cuando se tomó la decisión fatal de clausurar las guerras a favor de los canallas se empezó a ver a los grandes arrojados con una botella de vodka en los suelos de las calles, ebrios y tristes, desesperanzados y muertos de pena interior. Es como si los idiotas se tomaran las bibliotecas del mundo entero clamando por literatura de Deprak Chopra y relegarán a los genios del pensamiento al cuidado de los baños públicos.

2006 Khz: Esta historia me dejó un sabor amargo en la boca, sabor de canibal. No es que fuera un sabor que no reconociera. Lo mismo me había pasado en el 2003, día que me enteré de la triste muerte de mi amigo El Demonio. Es como la historia que alguna vez todos escuchamos: un chico libra una guerra virtual en un videojuego desconociendo que en efecto todos sus jugadas se están ejecutando en una guerra en el mundo real. Cuando escribí esta historia y a las 3pm de ese mismo día jueves ví, detrás de la estrecha ventana del módulo de Inglés la batalla, sentí que había hecho el guión perfecto para ejecutar en las calles de Eje. Ahora se estaba llevando a escena. Y me sentí responsable y molesto: por mi labor de pequeño Dios miserable. Como salido realmente de un sueño de Coleridge. La maldición implícita que lleva el malsano oficio de escribir. La primera vez que sucedió lo registré de este modo: Ese día fue extraño. Escribí esta historia: Luis, quedaba H en el medio, casi somnoliento... Escribía la muerte de mi amigo: lo mataba irresponsablemente con palabras que se consideran inofensivas. Escribir es una tarea peligrosa y criminal. Ahora sigo teniendo la misma impresión. Como si realmente una curva del tiempo me hubiera encontrado y me hubiera dictado ciertas palabras para prepararme para lo que vendría luego. Alguien llamado Karlo me habló a las 7:00 am. Con insistencia me llamaba a escribir algo muy personal, un reproche, un regaño, algo tan personal que me sacara de mí. La clase jamás arrancó. Tomé un café con una joven de arte. Ante ese primer café americano mañanero sentía cómo el miedo se iba apoderando poco a poco de mí. Me despedí de ella a las 9 am. Me dispuse en el centro de computo a escribir una suerte de reproche. Supuse que había sentido el olor a demonio de nuevo. Las primeras frases a la cabeza fueron: Eres el clásico estúpido chico de la calle. El que muere en las aceras. Quise seguir con otra frase: qué diferencia hay entre un inteligente que actúa idiotamente y un idiota que actúa con inteligencia? Pensaba en mi cicatriz, en el modo tan cobarde en que fui golpeado aquella vez en la esquina del viejo Cesar. Pensé en lo poca cosa que hubiera sido el haber muerto en aquel tiempo. Y me dolió el alma. Me dolió porque cuando escribes y vives en la calle llevas una vida doble. Porque realmente es muy difícil diferenciar a alguien que escribe idioteces para dárselas de malo con su pequeño séquito de lameculos a alguien que realmente las vive y las sufre. Me dolió porque es muy fácil ser periodista, sacar un blog y decir: tengo guevas. Y otra cosas es ser uno el que tiene las heridas en la carne, la presa fácil, el muerto del día. Y ser valiente no es usar eufemismos para describir al presidente. Tal vez, en este momento, me sienta más valiente que antes, cuando era el chacho de las aceras. Me siento valiente porque ando agotado y cada vez que veo un rapper veo venir el problema y prefiero conservarle la mirada con respeto a salir corriendo. Y bueno, un idiota que actúa con inteligencia seguramente termina su carrera, logra una buena vida, hasta hace un buen número de lectores para su blog: ahí tienen el caso del Juglar del Zipa o Blue elephant que no es más que un triste plagio a los pink invisible unicorns. Idiotas que no soportan que les digan lo malos y patéticos que son en realidad. Así que se riegan en idioteces porque nunca podrán regar verdadera sangre: no, para eso no son valientes. Y uno es el inteligente que actúa como un idiota. El que no terminó la carrera nunca por entrar en conflicto existencial con el universo. El que nunca consiguió trabajo por llevar una cresta. El que nunca recibe una buena bienvenida por llevar una cicatriz de marica en la cara. Uno es el clásico inteligente relegado de las buenas labores de la sociedad. Por decir que los derechos humanos son una caca. Y uno se vuelve el malo de la literatura por mostrar lo mediocre que puede llegar a ser un escritor como Efraím Medina (Porque ahora para ser cool toca decir que Gabriel García Márquez es pésimo -a pesar de haber ganado el Nobel- y Medina es el topos uranus de las letras) . Y uno se vuelve el malo del paseo en los Congresos de Filosofía por poner rojo al estúpido del Carlos Gaviria que no soporta una tesis contraria a su estúpida Filosofía Liberal. Y me burlo de lo idiota que uno pudo haber llegado a ser por tratar de llevar un pensamiento consecuente con su vida. De veras creíste estar haciendo una labor filantrópica? Sería más fácil si Dios existiera. Por lo menos podríamos sacarle una moraleja a cada acto. Por lo menos Dios dispondría las situaciones y las haría menos precarias. Me he vuelto profundamente católico en estos últimos días y cada vez que puedo me persigno y levanto una oración. Sé que Dios no existe pero me gustaría que existiera. Me gustaría inventarlo. Por otra parte, considero que es más seria una institución como la Iglesia Católica que un McDonald's.. pero, quién no mataría por una Big Mac ahorita? Estoy harto de rendirle pleitesía a instituciones tan idiotas como Mtv o CNN. Por eso, si me le arrodillo a alguien que sea a un cristo humillado y ensangrentado y no a un pobre idiota como Ashton Kuschner.

Un demonio más arrojado en la esquina del viejo Cesar y mañana, con toda seguridad, tendremos otro demonio, pisando tus talones, indignado, cresta levantada y bolso ensagrentado. Tus abyectos ojos no valen un centavo de donde provengo, viejo inherente a la miseria. Se repite la historia, una y otra vez, ya lo he visto como un patrón. Son las 3pm. El día está extrañamente seco. Ha cesado de llover luego de tantos días. Subo con prisa al examen oral de inglés. Voy pensando en inglés: what should we do? What should we do with Johnny? Subo las escaleras con prisa. Algunos compañeros de clase ya me han advertido. Surgen unas ganas incontenibles de ver hacia fuera. Temo que si no veo el horizonte la miopía vuelva pronto. Busco desesperadamente en el salón del segundo piso pero están unos chavales estudiando. Entonces me ubico en el mezzanine y me apropio de una ventana. La visión se dirige hacia la vieja esquina del bar El Paisa. Veo venir un grupo de muchachos. Al principio todo parecía solo cosa de juegos y bromas. Recordé a mi amigo El Caballo. Alguna vez en un día de lluvia lo vi correr por las calles de la candelaria, como un niño, gritando y empujándose con sus otros amiguitos. Así que me pareció gracioso y no puedo negar que haya tratado de reconocerlo entre los mechudos del jocoso grupo. Pero luego pude diferenciar el grupo. Unos eran mechudos y vestían de negro y otros eran, por decirlo de alguna manera, ñeros. Ahora ya los había detectado bien. La cosa parecía no ir muy en serio todavia, unos pocos e inofensivos empujones, así que me pregunté a qué se debía tal recocha. Seguí observando. Luego de los empujones un metalero se hizo de su cinturón de hebilla como arma y empezó a castigar a uno de los ñeros. Pude ver la diferencia de tamaños. Los ñeros como los rappers nunca superan los 1.60 de estatura por alguna extraña razón: seguramente se trata de una descompensación alimenticia que no los deja crecer ni los deja ser inteligentes: pero esta misma descompensación tal vez sea el impulso biológico que los mueve a ser hábiles y diestros a la hora de conseguir sus fines. Los otros metaleros, motivados por el ejemplo de su amigo, también hacen uso de sus cinturones y castigan al otro ñero. Los ñeros, por un momento, se encuentran bajo serios aprietos y parecen ya haber arrojado la toalla. Uno trata de escapar de los azotes de un metalero y se tropieza con el cinturón de un perro de un guardia de seguridad de la Universidad. Puedo ver ahora que hay guardias. Ambos en distintos lados de la calle, en todo el epicentro de la acción. No hacen nada en absoluto y sólo sirven para hacer tropezar a los combatientes callejeros. Luego de ver al primer ñero en el suelo, el metalero aprovecha para acorralarlo, con tan mala suerte y con tanta torpeza que también se cae. Por otra parte, el ñero de la calle contraria parece haberse recuperado misteriosamente y se enfrenta con coraje en contra de un metalero, el metalero por más hebilla que le da parece asombrado de la capacidad de resistencia del ñero (descompensación alimenticia). El tercer metalero sólo salta y sacude su hebilla, muestra del grado de andrenalina y euforia que tanto el público como el combate le ha generado. El metalero caído se recupera y sigue castigando al primer ñero. El segundo metalero sigue castigando al ñero sin que el ñero parezca lastimado. El primer ñero parece vencido y el primer metalero parece aprovecharse de esta situación. Ahora sólo lo golpea para complacencia del público. El segundo ñero entonces parece sacar algo de su camisa. Estoy seguro de qué es lo que ha sacado pero el metalero parece no haberse fijado. Ahora los dos metaleros en combate parecen revolverse con los dos ñeros y sólo ves un monstruo devorándose a sí mismo. Los ñeros emprenden la huída. Se ve al primer metalero, con chaqueta de Jean, ir trás ellos. El tercer metalero, parece haber asumido que les han vencido en el combate. El segundo metalero, enteramente vestido de negro, se devuelve hacia el bar del Paisa. Su aspecto también es de triunfador pero se le ve un poco agotado. Ahora qué es lo que veo. Sangre. Es sangre pero no se sabe de quién. Supongo que han reventado a un ñero. Parece cambiar de dirección en un acto entre medio desesperado y medio contenido. Ahora va hasta la esquina de la universidad. Trata de coger un taxi. Ahora veo que le sale sangre a borbotones. Está herido pero no sé bien en qué parte. Mierda: me veo a mí mismo. Año 2005. Voy tras un taxi. Pienso que muero. Una risa en mi interior me dice bien que no me han vencido. Sangre a borbotones . Mi chaqueta gris repleta de sangre. Pienso: a quién diablos han jodido? La señora del Garaje les reclama a los rappers: mire cómo le han vuelto la cara. Y pienso: a quién diablos le dañaron la cara. Oh no, mierda. Me toco el cachete. Sangre. No lo puedo creer. Es sangre pero no siento que saliera de mí. Como si hubiera caído encima del cuerpo de un cadáver. Jay: Mil: Dónde carajos están? Veo a los rappers. No quiero seguir luchando. Voy tras la quinta. Paro un taxi. Me para y antes de subir me ve tan jodido que sigue derecho. Casi me tumba. Voy sobre las comidas rápidas de Los Vecinos. Dos universitarios tontos: Vamos a pegarles un buen susto. Les digo: hey muchachos, cómo me ven? Doy media vuelta y les muestro medio cachete colgando. Uno vomita. Me da risa y sigo hacia la séptima. Pienso: joder y si me dieron en la aorta? Y si sólo tengo pocos minutos de vida? Me embarga una profunda tristeza. Pienso en lo poco que he vivido, en lo poco que he sido. Me gustaría dirigir mis pensamientos a cosas sublimes en ese instante pero sólo pienso idioteces: oh qué malo soy, veánme como me veo de feo todo lleno de sangre. Tomo un taxi. Me para. Vamos a la Clínica Negra de Universitarios Incompetentes. Le pregunto al taxista cómo me ve. Me dice: mierda, mal. Le digo: voy a morir? Le repito: voy a morir? No responde. Finalmente, tras una pausa: esperemos que no sea nada grave, sólo que se le va a notar resto. Pienso que tamaña idiotez. Me entra esa tristeza pero no puedo llorar. Siento que muero. Y me pregunto a mí mismo: Luis, en serio, voy a morir?

Al metalero jamás le paró un taxi. Al metalero le dieron en la aorta. El metalero por un instante dejó su pretensión de ser el chico malo de la calle lleno de sangre y se tira al suelo. Está en el suelo y su amigo, de chaqueta de jean grita: Mierda, me lo mataron parce, me mataron a mi hermano, me mataron al Negro. No puedo resistir más esa estrecha ventana al interior de la Universidad y salgo corriendo. Llego a donde el Negro y lo veo torcer los ojos. Mierda, le dieron en la aorta, mierda, vas a morir viejo. Trato de tomar un taxi pero nadie para. El metalero de chaqueta de Jean sigue teniendo esa risa interior irreal que le hace creer que nada es cierto, que todo mañana va a seguir igual, va a llamar al negro y le va a decir: tamaño susto, mi negro y qué, qué vamos a hacer hoy? Esa risa interior que te hace creer que pese a que estás tirado en el piso, regando tu sangre en cualquier acera sucia, es irreal y te hace ver muy malo: esa risita estúpida es el demonio. Ahora veo que el negro sigue torciendo los ojos. Los paramédicos han llegado pero parecen resignados. Nunca llegó un taxi para el negro. Y le dieron en la aorta. Y era uno de los míos, entienden? Mataron a un chico vestido de negro. Y no soy metalero pero en algo me parezco a él. También alguna vez estuve sentado en el paisa tranquilo bebiendo con mis amigos. Sólo que jamás me tocó enfrentar unos ñeros. Y esos ñeros eran los otros y me sentí un blanco fácil. En cualquier momento desearían llevar al máximo su sed de sangre y se irían contra otro chico vestido de negro: sin contemplaciones. Sentí la risa estúpida del demonio en la gente. Volví la mirada y allí estaba media universidad. Viendo el grotesco espectáculo de la muerte del negro. Todos en su interior tenían la risa estúpida. Vi a la gemela y pensé que hasta ese punto alguien debería llegar para que ella le prestara atención a uno. Un chocoloco estúpido torcía los ojos para imitar al negro y hacer reír a su levante. Me dieron ganas de aplastarle esa cabeza gigante de mongólico. Negro, en serio, mierda, te vas a morir parce? No podrías dejar de ser un poco menos tú antes de estirar la pata? Ni muerto dejó su pose de metalero. Hoy no es día para hablar de los que volvieron a casa. Y siempre es en las mismas esquinas, impregnadas del mismo olor a muerte. Parece una constante, cada fin de semestre la calle recobra para sí lo que se podría llamar, si así lo quieres, a los demonios.

Thursday, April 20, 2006

A las 3:05 de la mañana se levanta agitado por el timbre incesante de su teléfono celular. Tal vez su sueño de ver la ciudad tomada por un grupo de vagabundos organizados se hubiera hecho real y Kiara sólo quisiera avisarle. La imaginaba en su clásica ropa interior negra, tal vez sin sostén, sosteniendo trémula un pedazo de porro corrugado. Kiara solía hacer este tipo de bromas cada vez que sentía que estaba a punto de arrojarse a través del gigante cristal de su apartamento. Contesta el maldito teléfono.
- Joder, Lucien, de verdad tienes que venir ahora mismo. Tienes que probar esta mierda que está realmente buena.
Lucien se encabrona. Era la voz de la chiquilla del súper: Carolina Coe.
- Mierda Caro, esos eran otros tiempos. Ahora soy padre de familia y tengo responsabilidades que atender. Todo un hombre nuevo.

Conoció a Carolina Coe en el tiempo en que se canceló la guerra contra Venezuela. Cuando era otro de los chicos que por un buen bistec podría explotar una iglesia sin chistar. En esas esquinas la encontró ofreciendo falsos documentos a los incautos que aún quedaban. Todo el mundo para ellos se reducía a la falta de oportunidades, de un negocio digno, de una vida respetable: si no llevabas un arma y apuntabas, nada de pan para comer muchacho. Carolina Coe era la típica amazona de calle con una cara afeada por su propia historia. Hija de busetero y de madre aseadora de la Pontificia Universidad Javeriana soportaba la mierda correr a diario por sus dulces ojos verdes de fiera al acecho. Carolina Coe, la distribuidora de visas americanas ilegales de noche y la estúpida chica de cajero del 7-eleven por día.
Carolina Coe insiste:
- Es algo nunca visto en las calles de Bogotá y queremos tu opinión profesional.

Lucien se alista. Su mujer se despierta y le pregunta a dónde carajos piensa ir. "Asuntos profesionales". Le besa su mejilla caliente y le acaricia un suave mechón que le cae al pómulo. Su mujer le pide no volver a las idioteces clásicas y la leche para la mañana. Lucien apenas se acomoda la corbata y sale.
En el corredor lo esperaba el bueno del Karlito y el marica roñoso Sebastián. Carolina, vestida completamente de cuero, como cualquier puta barata, le suelta una mirada de evidente burla. Lucien contiene la ofensa y apreta los puños adentro del gabán barato. Al lado de Carolina, el loco Chapulín. Chapulín se acerca y lo abraza con cariño fraternal. Lucien va directo al grano y pregunta el motivo de la singular reunión de macarras. Carolina se aleja y Karlito se acerca a Lucien, con gesto brusco, como con ganas de propinarle un puñetazo. Chapulín trata de suavizar la tensión.
- Se trata de una droga de gestación... nada maligno, al contrario, le llaman la Madre Teresa de las drogas.
- Pero sabes que no puedo con esa mierda Chapu. Soy lo que llamarías un desperdicio de guerra. Mi sistema nervioso está vuelto mierda. Me han prohibido hasta ver las novelas porque en cada momento, cada vez que bajo la guardia, me descubro como un nené, llorando. Lloro mucho, muchachos, mi umbral de dolor es muy alto según los psiquiatras y no puedo andar exponiendo mis nervios a los altibajos del pasado.

Carolina se acerca y le acerca su puño cerrado. Lucien agarra su puño y Carolina le entrega algo que él siente como uno de los microchips que solía manipular en sus días de calle. El familiar tacto de lo prohibido. Sebastián prende la luz de un corredizo que Lucien había pasado por alto. Carolina conserva su mirada de desaprobación sobre el pálido rostro del viejo.

Friday, April 07, 2006

Kids. Volume 5

Dedicado a Lain
surround me with your love.
I


Mudhoney sonaba, los chicos golpeaban incesantemente las rampas con sus tablas de skate, el calor achicharraba las ideas, la cerveza se calentaba y era hora de ponerse la camisa. Al salir del edificio Orange lo primero que pudimos ver fue la sonrisa de Braukunst en el Reino. Se encontraba plácido, sentado en una de las mesas que daban al exterior, junto un amigo. Lain se acerca y Braukunst de inmediato nos presenta con su amigo. Ese amigo tenía una mirada de loco ancestral que cautiva. Braukunst nos propone un paseo por El Parque de los Deseos. Lain asiente con la cabeza sin convicción. Nos despedimos. Más adelante, Lain: "Estás loco si crees que voy a acceder propósito Braukunst. Después del fiasco de ayer, no arriesgaré más pellejo. No más Gironés de La Fuente. No más ir regando sangre por las calles del crimen". Atravesamos las primitivas corporaciones que se gestan a partir de la soledad inmensa que te tira de un lado para otro y te encuentras de repente fuera del espacio, como un pobre simio sin infierno asegurado. No es que sienta la mierda correr por los ríos, como bien podría suceder un día o la disección de Dios en medio de una trama que se te escapa, como bien puede estar sucediendo en un complejo científico, pero no era esa mierda la que sentía mientras el sol tostaba mi cabeza camino al metro de una tierra gastada y árida, como un amor con un cuchillo, ambientes rojos y sonrisas incomprensibles, chicos que con la barba van a la coladera. La parcela de mundo que se destroza en bombas de hidrógeno en Tokyo. Tomamos el metro y la gente pasa encima de las cabezas, las lenguas por fuera, un chico con boso se desploma en convulsiones de arritmia. Jeune homme triste dans un metro. Las calles que va descubriendo el cristal del vehículo. Una extraña plaza. Talleres vacíos por una especie de mala festación, olor a opio puro, miradas de desconfianza, calles ardiendo deshabitadas. El metro repleto, la gente que pasa y va con bolsas y vidas huecas, el vecino que mira la novia del vecino, la perra que coquetea con el otro, el muchacho triste que se pega al walkman, la marcha industrial que se infiltra como un erótico shock electrico en el flâneur, adolescentes tristes al paso con sus madres vulgares, arrogantes ignorantes que emergen por todos los vagones, turistas molestos y chicos drogados. Las candilejas se apoderan del rostro de Linda Lee: Unforgettable, in everyway. And for ever more. That's how you'll stay. That's why darlin it's incredible, that someone so unforgetable thinks that I am unforgettable too. Al llegar al metrocable pudimos sentir el espeso humor de la gente, el ajetreo, la prisa, la morbosidad de los turistas -y nosotros éramos parte de ese espectáculo-, las cámaras que se empezaban a descubrir con una tonta desconfianza. Una fila larga nos esperaba.

II

Quién soy yo para juzgar?

El metrocable ha quedado solo y nos disponemos a devolver. El barrio Santo Domingo finalmente no resulta ser gran cosa más allá del imaginario colectivo de ser el barrio de los sicarios. Los turistas hacen el trayecto, suben como si descendieran al infierno dantesco y bajan como el poeta, intactos y felices de haber visto la miseria ajena sin quedar impregnados de ella. Más impresionante resulta el barrio aledaño: Caribe. Sus calles colindan con el triste río que fluye forzado a través de la mierda. El total de las calles y las casas fueron construidas encima del antiguo basural. Hay quien dice que si una familia pretende hacer funcionar una cocineta a gas sólo necesita cavar un tubo al suelo, así de fuerte es la concentración de gases tóxicos en la zona. En este barrio no hay metrocable: no resulta ser tan atractivo para los turistas morbosos, pues qué es Caribe si no otra cara de la miseria, una cara aún menos espectacular y digerible del infierno. Los hombres en la orilla del río levantan con obscenidad un arrume de basura. Los niños sin calzones van de lado a lado. En Santo Domingo el paseo torna otro color radicalmente contrario a la sin-razón de Caribe.

III

Me encontraba en METROCABLE con los pies encima de los asientos delanteros desocupados. Lain escupía maldiciones a los pájaros y yo empezaba a sentir que esa mierda se me estaba empezando a concentrar en los ojos y me quemaba el iris. Nos detenemos en otra parada y el joven oficial me pide bajar los pies. A la mierda todo! Me llenaba de tanta nostalgia sin razón o motivo aparente que era desconcertante la cara de dolor concentrada. Te acuerdas de aquel canal Lain? El que nos llevó hacia el lugar donde los faroles ardían sobre nuestros agotados, cada vez más lánguidos, cuerpos sin órganos. Bajo los pies ante la amenaza de un bolillazo sobre la cara de Addiction Kerberos. Multitud de chicos del chill out se suben en el carro de los dioses con nosotros. Ellos, entre 10 y 14 años, entran agitados, cómplices de miseria y aburrimiento con nosotros: el hastío de esta generación es evidente, sólo quieren un hueco donde meterla y un buen rato para olvidar sus vidas. Así que entran en algarabía, con sus jocosos cortes y su propio frenesí, todo un torrente de energía negativa dispuesta a llevarse por delante al estúpido que se cruce. El primero que entra es un moreno, metro y medio de altura, pelo verde, ojos saltones y prevenidos, nariz hermosa y labios carnosos, aproximadamente 12 años. El segundo es un renacuajo blanco, pelo rojo, mechón con un copete de churcos, cara depravada innata, risa de idiota, dientes rotos. El tercero, el más grande, con un corte tipo siete, cicatriz que le cruza la cara, manos vigorosas, ojos maduros, cejas firmes, expresión severa. El cuarto tiene trenzas a lo Jamaican Style. El quinto es un gordito marica que se conforma con quedarse callado. Nos observan con mírada de quiropráctico. Lain está absorta viendo la hermosa degradación de estos adolescentes salidos del hielo fulgurante del infierno. Ahí estamos, bajo un mismo coche, atravezando el nervio central de Medellín, suspendidos en la nada, un grupo de mocosos dispuestos a carcomerse la tierra de la superficie junto un par de chicos universitarios ingenuos. Al encontrar sus ojos con los míos se mueve ese hálito que tanto he experimentado con chicos de otras partes y es esa suerte de secreto al interior de nuestros ojos que nos hace reírnos, como si leyésemos una historieta graciosa al momento de cruzar nuestras miradas tristes. Lo mismo sucedió con un grupo de niños afroamericanos en Clearwater, razón por la cuál me despojé de mi último par de lentes rojos. Ahora sucedía los mismo al interior de un coche aéreo en Medellín.. de qué me despojaría ahora? Esta situación extraña también me solía suceder de chico cuando me encontraba con los ojos de algún retrasado metal o un mongólico: se reían al verme y me señalaban. De alguna manera siempre me he sentido el elegido de los extraterrestres, los retrasados mentales, los idiotas, los estúpidos, los niños, los ingenuos, los virginales... de alguna manera, los rezagos de la pureza siempre parecen evocarme.

IV

Los chicos hablaban sobre el modo como se habían comido a "La caballa". A Lain le pareció gracioso que unos chicos tan pequeños hablaran de estos temas sin que fuera claro que a sus edades pudieran mantener una erección. Yo me concentraba en seguir sus magníficas historias como historias de abuelitos precoces. También comentaban sobre a quién le iban a hacer el cruzado, sobre a quién le tenían ganas y a qué hiju'eputa se la iban a cobrar. Qué vidas tan fascinantes y llenas tenían estos pequeños hampones. En mis 24 años de vivir en la cloaca no he tenido un día tan excitante, vertiginoso y profundo como el vivir diario de estos chicos. Quise tomarles una foto, hacerles un video, llevarlos para siempre en mi escurridizo corazón. Pero el ocaso se fue angostando de mí y ya nada parecía pertenecerme. Quise cargarme uno de estos muchachones y propinarle un tiro en la frente, cerciorarme que jamás me harían daño a mí ni a ninguno de los míos pero no era yo ni nadie de los que no tengo. Mientras tanto los bellos delincuentes reían y echaban pedos. Toda una sensación de sobrecogimiento antisocial llenó mi espíritu: jamás podré ser tan feliz como ellos, jamás podré ser tan malo y tan bello como ellos. Recordé a sus madres, pobres idiotas incapaces de hacer algo en contra del flujo de hormonas de sus pequeños rufianes. Y ellos: que sólo nos parecen unos chicos que sueñan con comprarles una nevera. Chicos tan comúnes y tan extraordinarios se bajan del coche y nosotros tras de ellos. Morenito, si estás por ahí vivo en una vieja calle del barrio Santo Domingo, recuérdame y piénsame para bien, ten una risa para mí como antes. Morenito si estás vivo. Al bajarnos a la estación todo fue dinámica y movimiento. Una corría para un lado, el otro burlaba un transeúnte por otro lado, todos se dispersaban y convergían en un mismo horizonte. Con Lain quisimos correr a su ritmo, pegarnos a su dinámica, volvernos ellos. Nunca lo seremos, en algún momento de nuestra vida todo se jodió y nos volvimos demasiado los otros, los que van por el METROCABLE persignándose y agradeciendo a la vida no ser de los chicos malos. En una columna un pequeño Buda, un hermoso regordete niño con la cara completamente ovalada, se desparramaba en lágrimas desbordadas de ninguna esperanza en absoluto.

- Esta es nuestra oportunidad, chaval. Dijo Lain

Programamos el celular al modo de cámara y salimos corriendo para tratar de pescar este último milagro que el día en Medellín nos ofrecía. Corrimos a la escena del crimen ontológico. La demostración de que todo se había ido realmente al cuerno y que Dios hace muchos nos había abandonado. Si un niño tan increiblemente hermoso, y grotesco al tiempo, llora tan desconsoladamente en el brazo del oficial es prueba de que hemos fracasado como humanidad. Los niños vientos van y vuelan de un lado para otro. Se acercan a rescatar a su amiguito pero Buda se aferra a su grotesco cuerpo y sigue llorando de un manera milagrosa. Un llanto que te tocaba y te llegaba hasta lo más profundo de los centros de dolor y belleza. El renacuajo se da cuenta que tratamos de grabar y se ríe. Sabe que también somos perversos a nuestra manera. "Por qué graban al niño llorar?" No supimos. Sólo que fue una mala maniobra. Grabamos antes de tiempo y el Buda jamás apareció. Nuestros datos empíricos y formas de registrar la evidencia se quedan cortos ante la magnificencia del universo. Dios (o su fracaso) está ahí, frente nuestros ojos y nosotros somos incapaces de presenciarlo al estar más preocupados por la hora de apretar el botón de Rec.

Tuesday, April 04, 2006

2049



Cuando los vagabundos desalojaron el Partido Social Demócrata Sangre Rebelde del gobierno de la ciudad, las cosas se pusieron realmente locas. Lo primero fue el derramamiento de mierda alrededor de las avenidas fluctuantes del norte de ciudad Bogotá antigua. Hasta se ofreció una suma ridícula por la cabeza del lider comunitario Heron (Un poco de historia, chico: Heron fue alcalde de la ciudad hace aproximadamente unos 50 años atrás -cuando Bogotá era sólo una- y fue el fundador del movimiento arrogante-insurgente de vendedores callejeros con sicariato propio). Obviamente Heron estaba respaldado por su séquito de hijosdeputa y la tarea resultaba absurdamente peligrosa. El colmo fue cuando cada calle empezó a sindicalizarse y salir a la calle dejó de ser una experiencia sencilla para convertirse en una dura prueba de supervivencia, inteligencia e influencias. Lucien obviamente no contaba con ninguna de estas capacidades. Menos en los últimos días, en los cuales, para él, cada lugar parecía llevar grabado el sello de la tragedia. Antes de la revolución de los vagabundos, su hermana había sido aplastada tras caerle encima una valla holográfica de la corporación argentina de estética AXE. Su cuerpo, días después, fue remodelado con calcinas de plomo y devuelto a casa de padres en un pueblo del norte de Colombia. Ahora Lucien, quien era un inepto, vivía de la pensión correspondiente a su hermana. Lucien había generado una agorafobia patológica extremadamente triste y cruel para el espectador. Temía a cada calle, cada edificación, si veía una valla cerca se podía cagar literalmente del susto. En el momento en que la ciudad fue tomada por la acción aprovechada de los vagabundos y la inoperancia de los cerdos socialdemócratas fumadores de orégano, Lucien se encerró en su pequeño apartamente sirviéndose del caos como excusa. La Cartesiana, el barrio donde vivía Lucien, fue uno de los últimos barrios en sindicalizarse; pero Lucien, como ya se dijo, fue uno de los primeros en encerrarse. Algún día, en medio de la monotonía y la seguridad del encierro, un hombre con alas llegó de Europa a las ventanas del apartamento de Lucien. Lucien nunca había presenciado personalmente tal maravilla de la ciencia, a pesar de haber visto unos detallados informes en los noticieros internacionales de la telefricción. Lucien lo hizo seguir sin reparar en el casco de marca Angelzone Inc. Inspección de rutina, pareció sugerir el hombre en su pobre español. Lucien no entendía qué podía estar buscando un hombre tan importante en su humilde apartamento de hombre mediocre. Lo que a simple vista parecía una visita errónea, un mal entendido, cosa de segundos para confirmar el despropósito, se convirtió en cosa de horas, de búsqueda infructuosa y compulsiva. Cayó la noche en el viejo apartamento de La Cartesiana y el Angel seguía escudriñando cada rincón de casa, cada cajón de armario, desde lo mínimo hasta lo máximo. Lucien, sin llegar a comprender lo que sucedía, trataba de portarse acomedido con el huésped extranjero. Le ofrece un té de coca o una aromática de cosmos, pero el Angel se muestra displicente siempre que Lucien se le dirige. Finalmente, siendo más de la media noche, Lucien cae en sueño al frente del ordenador. El Angel, aprovechando la situación, se quita su traje blanco y prende el dispositivo de ultrasonido bass y hace sonar a su banda americana favorita de metal. Salta y se retuerce con los golpes ultradigitalizados de la música frenética. Una prostituta morena sale del dispositivo de ultrasonido bass y danza un generoso striptease para el Angel europeo. Mientras tanto del ordenador se impulsa la telefricción, que empieza a soltar alarmas sobre la situación de desorden público en el centro administrativo de las calles de Bogotá antigua. Lucien se levanta entredormido y cree alucinar un angel culiando una vieja prostituta morena con prótesis de vulvas en sus gastados pechos de rosa marchita. Quieres saber el sexo de los ángeles? La mente. Fue la jodienda entre un halo y un invasor de la memoria lo que reveló que las cosas se estaban pudriendo muy en el fondo, tal y como Lucien lo imaginaba. El apartamento parecía haber volado mil millones de años de alguna manera. No se trataba no de haber dejado de ser parte de la serie de apartamentos del conjunto, actualmente era como si estuviera en medio de la exigüidad de la superficie lunar de Saturno. Lucien cayó en pánico y el Angel se acercó a él con expresión de fastidio evidente:

- Darwin se está rascando la barriga, viejo.

Tuesday, March 21, 2006

L'histoire d'un jeune homme suicidaire:

Hierba Mala.
Marzo 20, Lunes.

No me quedé el viernes en Bogotá sino una hora, me habría gustado tomarme un café con usted, tal vez el otro semestre, o antes, no sé, igual no fue muy grave lo mío: me tomé unas pepas con alcohol y no recuerdo nada más. Lo peor es que fallé porque estaba en una tienda cerca del apartamento y conocían a mi hermano. Fue una bonita laguna. Lástima que fue corta, esperaba una permanante, y al despertarme lo primero que ví fue una ballena vestida de enfermera que me trataba como crash test Jason. La comida fue buena: gelatina tres veces al día y, como si fuera peor, me prohibieron el café por un buen tiempo. La próxima, estoy seguro, no fallo: voy a usar una buena dosis de plomo.

Luis, por favor cuéntele a mis compañeros a ver si justifico dejarlos botados con los trabajos. Si es posible consígame el mail de VIvian que, ilusa, llamaba día y noche. No quería hablar con ella, ni con nadie, pero quisiera por lo menos despedirme y no puedo hablarle.

Jay.

Thursday, March 16, 2006

Distorted Circuitry.. III OOO III

La llamada que entró al celular fue falseada. Sólo era estática. Cuando el viejo Traszö subió al sistema vehicular, lo primero en afirmar Rudy fue: una molécula con ideología. Los alcahuetes de la zona rieron: el no-registrado amor se desplegaba sobre el vástago del cerebro de Rudy Trucker. Traszö: si era lenguaje lo que veía morir no puedo determinarlo. Rudy Trucker se cabrea y va sobre la marcha de manifestantes que serpentean en ondas de canabís: por qué este gobierno de mierda no hace nada con estos parásitos? Por qué tener que hacerlo todo yo? Cada paso que doy es un universo que nace y otro que muere. Los ladrillos se aflojan de las edificaciones y el super noche rodea los perros que brotan rabia de sus hocicos. Una película porno requiere ser interrumpida en este instante. Informar sobre el asunto a la gente insecto de Minraud. Sus lentes ardían en modos espasmódicos. El flamante rojo blanco que explotaba te hacía encoger los huevos de verdad y todas esas olas de espíritu azul sobre las enloquecidas cabezas de los agentes de Trucker: un desastre, un autoproclamado desastre hermoso. Las calles se pudren en esta totalidad del instante que especula mutar la totalidad de un universo paralelo de lengua sin órbita. Me han interceptado realmente. No más palabra, cuándo podrán callarse. El cielo empieza a decir muchas verdades que podrían incriminarte seriamente muchacho. De ser así hasta el cielo tiene que arder en rojo blanco. La cinta de la realidad, cuando empiezas a sentirla en su consumo, realmente te empieza a encoger los huevos. Obviamente se trataba de un temor conocido para Rudy. Por qué lloraba entonces en su familiar paisaje de muerte digindustrializado? Cada vez que miro atrás no encuentro realmente ese absoluto de Dios que acabo de derrotar: nada tan triste como un viejo Dios derrotado al que no encuentras. Basta de pasantimos, es hora de restituir esta mierda de ciudad con una original técnica de cirugia plástica que me ha enseñado el bueno del Nelsón Red. Los juegos de la galería emitían destellos de alerta roja para los iniciados. Sabía que era el final de todo pero no podía dejar de sentir que era una maniobra mal orquestrada. En el canal del río otro episodio de suicidio del chino. Lo estás volviendo en un hábito cada vez menos interesante. Sueños asaltados por el recuerdo de un jardín de armas nanobiológicas: puedes concebir un Orfeo más romántico para Cynthia. No esperes otra llamada, te darás cuenta que el cinematográfo te lo va a revelar como el canto de un triste gallo. Una determinación para escupirle la cara a Rudy.

Sunday, February 26, 2006

ENNUI:

Martes 23 de Febrero de 1982.

Me pide que guarde un secreto. El día empieza.

Se infiere en medio de la avalancha que ya estoy entrando al Paraíso de Piratas. Le muestro el recibo al depósito. Salón 409. Vaciado de un depósito. Como es usual 15 minutos tarde para la función del maniquí rosado. Se proyectan pinturas post-impresionistas en el televisor desde el laptop de la profesora. Es inevitable que te sientas post-impresionista, cierto? Me parece que la cinta de la realidad se encoge mientras se achicharran el resto de sus estratos. Juanita, la profesora, pide una apreciación sobre un cuadro. Siento la presión lingüistica sobre mi espalda y me fastidia, entiendo que se espera que la mejor apreciación sea la mía. Así que empiezo a mal modular mi boca. Juanita, la profesora, entrecierra los ojos esperando satisfacer su petición implícita. Así que me dejo hablar y las palabras fluyen con torpeza y fuerza de mi encorvado cuerpo. Me encuentro hablando sobre la comunicación de lo humano con lo natural, los aspectos salvajes e indomables del mismo costado de la expresión humana: no creo nada de lo que digo pero sigo nadando en un mar que no me concierne. Paro de hablar y mis ojos se disparan otra vez. Las cosas parecen seguir bien su rumbo e infiero que las palabras que acabo de decir se pudieron infiltrar de algún modo en el curso de la clase sin mayor conflicto. La profesora hace un break. Quiero aprovechar para ir a comprar un café. Pienso que si compro el café ahora cuando termine la clase no me quedará mucha alternativa para combatir el hueco de dos horas. Me abstengo de comprar el café. Leo un poco. La clase vuelve a comenzar. Imágenes transferidas a un televisor de mala resolución desde el laptop de Juanita, la profesora. Me conmueven la mayoría de cuadros. Es inevitable sentirme algo post-impresionista. La clase termina. La profesora, Juanita, llama a lista. Cuando dice mi nombre respondo: Yo!. Yo? Ahora quedo oficialmente desocupado en la mañana. Son las 8:30 am y tengo un hueco hasta las 11 am. Solicito a Lain a las redes. Lain está offline. Salgo del Paraíso de Piratas. Me encuentro caminando con determinación como si tuviera un sitio al cual ir urgentemente. Recuerdo el capítulo de Los Simpsons que a Kevin Arnold le encanta citar : Está Lenny en medio de la nueva carretera super veloz y dice o piensa: "sería genial ir tan rápido si por lo menos tuviera un lugar a donde ir". En la esquina encuentro el mismo paisaje cálido y familiar de siempre. El negro César, envuelto en su chaleco azul, con la cuenta del dinero; las dos hijas, a las cuales no termino de diferenciar completamente, con los celulares en la mano; la mujer de César, humilde y sabia, a cargo del carro de dulces y cigarrillos. En esa esquina se me dio muerte el año pasado. Pero renací por acción de un chico que me decía El Demonio. En realidad le decía Demonio a todo el mundo y a su vez él era el llamado Demonio. Pero dadas las circunstancias que provengo del Infierno y le creo al Demonio cada vez que me llamaba Demonio yo soy el verdadero Demonio: Un Demonio sin seguidores ni lucha. En ese mismo paisaje cálido y familiar fue dado de muerte algo de mí y mucha sangre se desparramó en esa misma esquina. Me levanté guiado por la mano del Demonio que me llamaba El Demonio y dejé algo de mí muerto en ese mismo lugar. No entiendo cómo tanta vida puede permanecer en ese mismo espacio que se revistió de la negación de mi propia condición. Una chica se queda observándome con intriga y supongo que debe ser extraño ver a alguien parado en un mismo sitio sin hacer nada más que contemplar un pedazo de piso en concreto. Para mí ella también resulta extraña. La ropa que usa, la forma de ver a los demás, el modo en que lleva su pelo, las preocupaciones que le atañen a su vida diaria. Me parece demasiado bizarro con esta chica que a pesar de compartir una misma lengua, ser educados en una misma universidad, ser de una misma generación seamos tan ajenos, tan extraños el uno al otro como dos seres de dos dimensiones, dos planetas, dos universos diferentes. Me averguenzo profundamente y siento que en cualquier momento voy a romper en un llanto infranqueable de pura marica borracha, prostituida, humillada y desgraciada. Recuerdo los días en que me embriagaba a las 7 de la mañana y me era fácil huir de este tipo de pensamientos, colgado en una rockola, programando rock barato. Fue tan estúpido ese período de mi vida. Jamás logré resolver nada y todos los problemas se incrementaban más y más. Me jodí completamente. Empecé a volverme tonto. Si tenía problemas de dicción el tiempo del alcohol empeoró todo. Si tenía problemas para relacionarme el alcohol creo una frontera aún más grande para comprender al otro. Ahora veo que muchas de mis taras son fruto de ese estúpido tiempo de alcoholismo y alcahuetería. Siento que si fuera un travesti estaría más feliz, por lo menos ocuparía mi tiempo en cosas lindas. Me reprendo por no ser marica, ni genio, ni travesti, ni prostituta, ni drug-dealer, ni inteligente, ni lindo, ni regreso: todo tendría sentido, un sentido. Yo te vi pero me fui en medio. Luego de ver a la muchacha cruzar la esquina para dirigirse a la universidad siento que debo hacer algo, debo verme en medio de algo. Paso la quinta que siempre es triste. Bajo por la calle 24 y veo que el Laberinto de Zeus ya ha abierto. En la séptima me cruzo con un grupo de muchachas del instituto Sonria. Me dan un volante del Laberinto. Lamento que no tenga burundanga. Lamento no haber sido un francés que está de vacaciones extrañas en una ciudad fea y desordenada observando con justa distancia todo lo que a su alrededor sucede. Sigo derecho a La Florida. Demoro un buen rato mientras la mesera se desocupa. Le pido un chocolate. Mientras espero trato de leer un poco. Realmente no puedo leer mucho debido a una anciana que se ha quedado viéndome. En alguna ocasión en mi temprana juventud pensé que mi belleza era del pasado: si en los años 50's hubiera vivido sería lindo. Ahora sé que no es cierto. Tal vez mi belleza no pertenezca a ningún sitio. Me tomo el chocolate sintiendo caer en un mar de desesperación y de locura. Recordé la vez que ella rompió en llanto en ese mismo lugar. Uno no puede imaginar cuán fácil es caer en llanto encima de una vieja tasa de chocolate. Me tomo el chocolate y pago en la caja. Me detengo a ver la cajita en que se clasifican las cuentas de las meseras. La número 8 permanece vacía. En la séptima un arrogante sol arde sobre las cabezas grises de los bogotanos. Me devuelvo sobre la calle 22. Los viejos cinemas porno ahora caídos en desgracia y vueltos universidades me afligen. Alguna vez entré a un viejo cinema porno: si tú vas a hablar de tristeza tienes que referirte a estos viejos cinemas pornos. Películas italianas en cinta rosa rotando continuamente sobre la calva cabeza de viejos ancianos libidinosos. El encuentro de dos amantes anónimos conducidos por el deseo de desplegar su ansia de amor en un breve rato rojo de sillón de cuero. Me detengo en el puesto de dulces y cigarrillos que se encuentra al frente de la Universidad Central. Compro un dulce, por supuesto Halls negro. Me detengo en el semáforo para cruzar la quinta. Solicito a Lain a las redes. Lain está online. Un desolado paisaje industrial parece expandirse del lugar en que hago la conexión. Intermitentes infrarrojos sobre los cerebros de la gente que se proyecta en los hologramas. Un miedo invertebrado que te paraliza. Los viejos profetas de las telecomunicaciones como siempre autoproclamando sus determinaciones tecnológicas. Quisiera perderme en este mundo tan familiar, aséptico y lógico. Perderme a través de las líneas telefónicas. Convertirme en pura energía telepática y hacer de lado la pesada prisión de la carne. Puedo observar que ya casi dan las 11 y sigo el camino al Paraíso de Piratas. Le enseño el recibo al depósito. Salón 604. Clase de Funcionalismo y Estructuralismo. La profesora debe tenerme un alto grado de afecto, el corte pasado pese a no haber presentado el trabajo principal fui la mejor nota. El chico Mushroom conectado a un Ipod de poca memoría. Le pregunto qué escucha y me responde que The Used. Le digo que lo mío no es el Emo: él lo sabe. Al llegar la profesora un grupo de chicos mentecatos empieza su exposición sobre las sociedades post-industriales. Preferiría no escucharlos, no determinar las tonterías que dicen. Imposible pero esta vez logro reprimirme el deseo de estropear su nota como lo hice con el grupo que trabajó el tema de las máquinas inteligentes. Hace tres clases otro grupo de la clase salió comentando su deseo de verme muerto. Soy un idiota porque es obvio que estoy demasiado sobrecalificado para la clase que esta gente está recibiendo en tercer semestre: yo parezco no entender eso: me odio por ser tan petulante e imponente: me odio por estar aún en la universidad, por ser un idiota atrasado. Al final de la clase tuvimos un lindo diálogo con la profesora sobre el amor en tiempos cybernéticos. Ella no sabe que para mí el amor es una pantalla susceptible de cobrar realidad virtual. Ella no sabe que el amor salió del espectro interactivo. Ella no sabe que mi amor es Lain. Mi última frase fue: incluso en el acto sexual estamos solos. La profesora me responde: es cierto Luis, pero eso sólo demuestra nuestra incapacidad absoluta para dar amor y ser amados. Ich habe keine Lust. Salgo de clase al mediodía y encuentro a Paola y a Leo. Les propongo ir por un café a Oma. Al llegar el scratch de un tornamesa nos invade nuestros sistemas audio. Se presentaba un Dj de Berlín por ocasión de Bogotrax. Lo primero bueno que he escuchado en lo corrido del semestre desde que abrieron el espacio los jueves para cuanto hippie se encarame a destrozar un computador. Nos sentamos y Paola y Leo hablan de cosas francamente estúpidas. Leo se despide y bajo con Paola a esperar en la brújula a que llegue la hora de la otra clase. Paola adopta entonces una tonta postura de echar hijueputasos sin ningun propósito. Me mama su actitud, tanto por lo falsa como por lo pesada. Diana se detiene y saluda a Paola. Como es costumbre dirige su torpe cara de caballo en mí como despectiva. Le pregunta a Paola por qué anda tan amargada: me da risa porque es obvio que Paola está fingiendo para pasar de muy crítica conmigo. Paola no sabe responder. A la una subimos a la sala de computo. Paola se encuentra con Karen y se pierde de mí. Me gusta estar solo en esta clase, me permite expresarme con mayor destreza. El profesor nos manda a crear el personaje de caperucita roja. Me extiendo en describir a una caperucita rosada bogotana: adolescente, punkera, drogadicta, medio puta. Lamento cuando se terminan las dos horas de clase sin haber terminado de definir todo el rico espectro psicológico de mi caperucita. Al salir de clase le pido a Karen que me acompañe a comer un pedazo de pizza. Entramos a Working Class y pido una hawaiana. Nos hacemos en el piso más alto. Karen saca su almuerzo de su bolso. Interrogo a Karen sobre las dos bandas de jazz a las que le sirve de manager. Me confiesa posteriormente que ella se ha educado en conservatorio y es cantante. Ahora entiendo de donde proviene su manera sobria de vestir y de expresarse. No deja de parecerme increíble el hecho de que Karen cante. Hablamos sobre la formación en la academía y la formación que luego ella recibió por su propia cuenta, fuera del estándar académico. Acompaño a Karen de vuelta al Paraíso de Piratas luego de una charla tendida sobre la música, el artista, la técnica, la academia y el Lenguaje. Cuando se va Karen vuelvo al clima del salón de computadores desechados y siento otra vez que la soledad no me da abasto. Me aburro pronto y salgo a esperar a que llegue Jay. Jay no hace mucho me había comunicado que se iría de plan kafkiano pero regresaría a las 5 de la tarde. Espero un largo rato pero nadie aparece. Quisiera que apareciera un viejo indigena vagabundo y me dijera que ha leído todo mi campo energético y se ha dado cuenta que soy Nawal y que de ahora en adelante debería emprender un camino reservado para gente como yo: mi deber estaría en el infinito y no en esta pálida dimensión de estupidez desorbitada. Luego de casi 30 minutos de espera veo la alta figura semi-oriental de Jay junto a una bajita chica con apariencia de Hardcore. Junto a la hardcorera acompaño a Jay a tesorería. En las escaleras empiezo a interrogar a la chica hardcore y me dice que su nombre es Vivian. Le pregunto qué hace y me dice que ya se graduó de diseño industrial, o sea no hace mayor cosa. Jay vuelve y les propongo ir a Quiz 4 22. Jay está triste pero nunca lo demuestra, hace días que he estado observándolo. Por qué una persona triste siempre está cerca a otras personas tristes? Porque sólo una persona triste soporta la tristeza de otra persona triste. Al llegar a 4 22 Jay me muestra música de su mp3. Me gusta una banda llamada The Steel. Charlamos con Vivian sobre música y en efecto es una fanática de la música hardcore. Le pregunto a Vivian si conoce gente con bandas de hardcore. Pronto me doy cuenta que soy demasiado joven para gustarme el hardcore punk old school y demasiado viejo para gustarme el emocore. Sus amigos de bandas tienen aproximadamente mi edad, lo que realmente no quiere decir mucho. Le recomiendo que me advierta si en alguna banda hardcore con influencias similares a las mías necesitan un bajista. Vivian se acomoda y se quita la chaqueta. Aparece un gran tatuaje de una rosa bordeando todo su brazo. Voy al baño pensando sobre el tatuaje. Al volver le confieso haberla visto antes: te vi la vez pasada en Corner y ese tatuaje que tienes te está cubriendo otro que tenías antes en forma de tribal, cierto? Ella se sorprende. Jay me pregunta por qué sé que antes el tatuaje era un tribal. Elemental mi querido Jay, elemental. Conforme pasa la noche el bar se va llenando. Una chica con cara de sonsa se queda viéndome y yo no sé si es porque le parecí lindo o le parecí increiblemente monstruoso y deformado con una cicatriz en medio de la cara. Trato de no volver a verla. Los músicos vallenatos llegan justo en el momento en que empezaba a sonar deftones. Llámamos a Leo y ella dice que llega en una hora. Una amiga de Vivian llega y se sienta. Al momento llega el novio, un altísimo moreno salido como de Kenia con el corte de pelo un poco más bajo que el mío. Le da risa los comentarios tecnopáganos que surgen de Jay y mis respuestas. El cantante vallenato se ríe y se mueve casi como si se cagara. La chica con cara de sonsa aplaude y se contornea al "ritmo" del acordeón. El novio de la amiga de Vivian dice que se dirige al concierto de Orishas. Mierda! Todo el tiempo lo estuvimos ignorando. Llega Leo y le decimos que tenemos que ir a Orishas en ese preciso instante. Salimos detrás del atractivo moreno. Recogemos a dos amigos suyos en el clásico bar metalero El Paisa. Cogemos el sur de una ciudad cruel en busca de los amables sonidos mágicos de Cuba que trae consigo Orishas. Vivian empieza a cantar Si tu no vuelves de Miguel Bosé en versión italiano. Se manda una lindísima voz esta chica. La policía acordonó todos los alrededores de la Plaza de Bolívar de modo que la entrada se veía lenta e improbable. Leo llama a su novio y se encuentran a los pocos minutos. En la avenida Jiménez Jay detiene un colectivo rojo, todos subimos en él para ir a casa de Eme. El colectivo se encontraba lleno siendo los más perjudicados Jay y yo. Parecíamos un par de palos torcidos. Una mujer desocupa un puesto, se sienta Leo y yo encuentro un modo más cómodo de ir en este colectivo. Tras un considerable tiempo llegamos al barrio de Eme. En la fiesta de grado de Eme me aburrí como una vieja puta sin cliente. Eme se encontraba demasiado ocupado atendiendo las visitas, Jay en labor de conquista a Vivian y Leo recostada a su novio. Al tiempo llega Paola con su novio y Karen pero esto no significa nada para mi estado de ánimo. Llega el plato de lechona y me doy cuenta que esa era la finalidad de mi visita, compartir un plato en honor al grado de Eme. El novio de Leo hace chistes estúpidos. No tengo ganas de reir y parece que la lechona se va a inundar de mis lágrimas. Termino mi plato y antes de entregarlo el novio de Leo coge con habilidad impresionante el pedazo de cuero que había dejado. "El marrano dio su vida para que usted disfrutara de su cuero", remata el novio de Leo. Me aburro a borbotones. Luego de 15 minutos de ser el hongo del paseo me pregunto sobre mi función en la fiesta: ninguna. Me largo al patio y me conecto de nuevo con Lain. Sonido de ultra estática atravieza las sábanas, las cuerdas que las sostienen vibran y de nuevo al cerebro sólo llega la absoluta imagen de su traducción algorítmica en medio de la noche.

Ven hacia mí
Ven hacia mí
Ven hacia mí

Friday, February 24, 2006

viernes 24 de febrero

Waiting for a guide..

He tragado un silencio tan profundo que parece resquebrejar todo espectro de la existencia. Me observo en el gran vitral y pienso con indulgencia: cuánto tiempo toma torcer una vida de esa manera? Hasta que punto he llevado este gesto? Me encuentro con una tristeza tan evidente que escandaliza. Ni siquiera yo mismo puedo con esos ojos que permanentemente observan hacia adentro: buscando no sé qué respuesta a qué pregunta. He devorado todo un mar de silencios que perfectamente puede ir más allá de lo humano hacía la frontera helada de la máquina industrial. Un silencio que sólo conoce y se concede a la máquina. Una operación latente en espera de su momento para volver al ensordecedor silencio de su propia condición. Sabes qué es sentir la tristeza de un motor apagado? En ocasiones se me da por pensar que soy el hombre más triste del universo. Observo a esos chicos que pasan con sus grandes afros, una risa gigantezca y me digo: no, ellos no pueden tener idea de las cosas que estoy sintiendo. Pero suelo acordarme de 0 impregnado de muerte y ya no me siento solo en mi silencio. Soy un diablo sin redención ni refugio en su estridente silencio. Observo al espejo a ese hombre derrumbado que me he encargado de estropear y derramo el café sobre la mesa. Wow, gran novedad, pienso. Grito: fuck. Veo el tinto esparramado sobre la mesa y no me produce ningún tipo de sentimiento. Lo alcanzo hacia el mostrador. Me vuelvo a sentar. Pienso en las cosas que han pasado durante el día y se me congela el cerebro. El silencio sigue, el olor a muerte perdura, el clima sigue siendo triste. Estoy aburrido y este aburrimiento agota todas las esferas de lo expresable. Si pudiera tener un acceso, una esperanza, otro color de las cosas. Puedo notar cómo la gente empieza a verme como un extraño, un loco, un criminal.

Monday, February 20, 2006

Jueves, 16 de Febrero. 2006

THE PEOPLE FILL THE CITY BECAUSE THE CITY FILLS THE PEOPLE.

Salgo a la calle con prisa, me acomodo la chaqueta mientras voy corriendo. Los audífonos tambalean de un lado para otro. Logro acomodarlos en mis prominentes orejas. Cruzo la Pepe Sierra con cuidado. Espero el bus que nunca llega. Una vieja vagabunda se me acerca y dice algo. Me quito los audífonos y le pido que lo repita. Repite pacientemente: que tenga cuidado joven, pronto va a haber un terremoto. La miro como vieja loca. El bus nunca llega y salgo apurado a la estación de transinfierno. Al tiempo que subo las escaleras de par en par me reprendo por mi actitud con la vieja loca. Qué es lo que nos hace creerle a un estúpido de pelo engominado en telefricción hablando sobre el tiempo, acreditado por Ingeominas, con gráficos de respaldo, y nos hace rechazar la lectura de la tierra de una vieja loca y zarapastrosa? Así que decido hacerle caso a la vieja loca y pensar que esta maldita ciudad será devorada por un volcán, un terremoto o alguna desgracia similar. No obstante, tener cuidado para qué sirve? Tener cuidado no impedirá que me caiga encima el puente de la 90 mientras voy estripado con los demás pasajeros. Pero la vieja quiso expresarme su preocupación llevada por algún motivo desconocido. Yo seré el estúpido que no sabré cómo tomar las precauciones cuando esta ciudad se pudra. Me bajo en la 26 y siento que alguien me toma el codo. Estoy dispuesto a devolverme y romperle la cara. Se trata de Carolina, la amiga de Jay. Dice que me vio desde el momento en que tomé el expreso, ella iba en él, pero le era imposible acercarse puesto que ambos estábamos a dos extremos. La escucho sin interés, con tristeza por parte de ella, no sé qué sentido tiene el que me busque conversación. Una chica con cara de Estudiante del Rosario, es decir reprimida, cuida atentamente nuestro diálogo -más monólogo de Paola. Me bajo en la estación de la 22 y Carolina se lamenta no poder seguir "charlando" más conmigo. En la 24 sigo con el camino apresurado pero de vez en cuando me detengo a ver las primeras planas de El Espacio, el desfile de travestis y adolescentes prostitutas, huelo el andado de las lacras y la atención curiosa del comandante. En cualquier momento todo estallará y me encontraré solo. Ya ha pasado. Todo estalla y yo en el medio. Alguna vez iba con mi amigo Jaime por la carrera séptima con 21. Una pandilla de ladrones sentimentales robaban la cartera de un podrido viejo asiduo al cafetín. Agentes encubiertos del DAS sacan sus armas y nos rodean. Los pandilleros sentimentales también sacan sus armas. Todo el mundo se esparce y en el medio Jaime y yo hablando sobre Chico Buarque. Otro pandillero sale de la nada a respaldar a sus compañeros pero en el instante llegan más viejos gordos del DAS. Tanto ladrones como agentes en un instante, una fracción de tiempo, un segundo, se detienen a vernos y seguramente todos piensan: qué carajo hacen estos dos en medio? Ese instante se convierte en un siglo mientras un hilillo de sudor cubre mi frente. Vuelve el ruido, los gritos, las caras asustadas, el viejo al borde del infarto, los pitos de los carros en las calles: nos recobramos y ya todo ha pasado: los agentes han capturado a los pandilleros, el viejo observa con indiferencia su billetera intacta, un chiste malo al lado del almacén y Jaime diciendo: no joda Luis, la última vez que vuelvo a caminar con usted, no entiendo porque siempre me ocurren las situaciones más surreales justo junto a usted. Fue de las últimas veces que salí a caminar con Jaime. Durante todo el día seguí sintiendo esa extraña impresión de ser un desastre natural, un terremoto, un incendio, un volcán, una implosión...

Tuesday, February 07, 2006

Lunes, 6 de febrero

Recuerda Kira que al salir era noche. Luego todo devino azul. La amable brisa de madrugada sobre nuestros tibios rostros. También, es cierto, había mucha tristeza. Recordé las mañanas de Clearwater. Una brisa marina enfriaba los silentes cuerpos dormidos. Era el primero en levantarme en las mañanas tan azules como explosión de orgón. Una ducha fría agredía los sueños incompletos. Recuerda Kira que al salir todo devino rostros, pero estos se fueron perdiendo conforme trascurría la luz del día. Tu rostro era un pictograma chino en chips de un misterioso ordenador que yo controlaba sin entender siquiera. En algún otro tiempo me solían llamar El Diablo. Tal vez por la innegable cuestión de que a todo lo que toco lo impregno de muerte. También tú has ido adquiriendo esa fragancia. He aprendido, entre otras cosas, a esperarte sin recelo. La luna espera sin recelo su amante, las construcciones esperan las estrellas que chocan, el cuerpo espera la hierba que crece, la piel espera la mañana que sopla. Pensaba que un caos simulado en ningún sentido es caos. Pero me llamo Kronos. Deseo crear una ficción rosa con todo lo que a ti te suceda de malo. Deseo prostituirme, callar y explotar, a veces hasta monstruo, en ocasiones río, besos que nadie comprenda, racionales actos de absurdo, como arrojarme a las aceras y amputarme las extremidades, suplicar un escupitajo, cocaína en ambientes lujosos y exclusivos, artificiales amantes que provoquen la envidia de Karlo. Qué clase de hombre tendría que ser en este mediodía para sentirme menos triste? Mi destino estaba escrito como santo. Soy como una computadora diseñada para el clero estropeada por el uso de un pornógrafo hacker. Qué clase de Dios me querría ahora? Me veo al espejo y es como si no me reconociera: hasta tan lejos ha llegado la farsa. Recuerdas Kira que acaso me conociste ergüido? Cómo nos jodimos tanto? Ya ni siquiera la noche soporta nuestro brillo. También, es cierto, tuvimos nuestros momentos. Ahora somos cueva sin cobijo. He aprendido, entre tantas cosas, a disfrutar del hielo.

Thursday, January 26, 2006

Parque de Bolivar. 4

INTERIOR/MUSEO DE ANTIOQUIA/DÍA

Lain toma un ópera y Luis bebé un café negro. El informante Zero Abstract descubre unas fotos polaroid en la mesa de aluminio. Luis mira con desconfianza una familia lugareña. Lain se retira por un instante y Zero Abstract propinas unas breves indicaciones a Luis. Lain vuelve y Zero Abstact se despide áspero.

EXTERIOR/MERCADO POPULAR/DÍA/

Lain conduce con prisa, de la mano, a Luis que luce fatigado. Luis se detiene en una de las tiendas callejeras y compra cuatro bolitas de opio. Lain apura a Luis y mientrás éste es arrastrado por ella, se va restregando los dientes con los dedos. Al llegar a la entrada del café programado, pueden observar que se encuentra cerrado. Lain deja caer al asfalto el endeble cuerpo de un Luis deshecho.

EXTERIOR/PARQUE DE BOLIVAR/DÍA

Tríos de adolescentes gordas con pantalones apretados, blusas ombligueras y el mismo tatuaje tribal en el coxis pululan el lugar. Precarias alamedas atiborradas de sujetos con aíre malicioso, sentados en el borde de las húmedas bancas, trajes gastados y miradas de calumnia. En un costado de la plaza un grupo de vagos de todas las calañas contemplan sin asombro el espectáculo de un hombre que grita a todos vientos el final de estos tiempos. Su discurso en este contexto adquiere un sentido sobrecogedor del cual Luis no escapa. Empieza a asentir torpemente con la cabeza y decir con sigilo resguardado: este es el fin del mundo, de veras que lo es. Lain ignora su capricho. En la fuente, permanece un grupo de solitarios ancianos tristes que tras los rayos del sol pierden el brillo de sus claros ojos. Conforme avanzan camino al atrio de una catedral embrujecida, hordas de travestis y putas adolescentes van adueñándose del parque. Travestis culonas y pícaras que no se molestan en mirar tanto al muchacho como a la chica, marcados con similares tribales en las partes inferiores de sus espaldas cargadas de semen y deseo, keeps me get in down. Luis quiere seguir, sin más razón que la de su melancolía por los caminos del crimen, Lain lo detiene: nada hay acá, tal vez trampa de Zero Abstract, no puedo sino oler el sucio olor a traición, estamos pretty fucked up Luis, don't ya think? Luis considera que no hay mejor momento para ir por una soda. En el girón de la fuente se detienen. Una clásica cantina de los años 80's, fuente de soda. En la barra oscurecida, una fila de putas rubias se despavila, los clientes con cabeza gacha en su cerveza, levantan la cabeza al ver la figura de los dos jóvenes maricas. Dame una cerveza, Marge. Dice Lain. /elipsis/ En la juguería Condorito Lain pide una milkshake y Luis un ponche. Las putas con sus matronas descansan apaciblemente en el interior del sitio. Una familia de gente arruinada respira con dificultad el aíre contaminado que proviene de las resecas ramas de los árboles del parque. Lain empieza a sentir la paranoia y las prostitutas van despejando el lugar. Un chico con una herida similar a la de Luis les pide dinero. Se cansa de esperar una respuesta y parte mientrás se riega en madrazos. Luis ahora es primo de infamia con ese chico de la calle. Tres tristes adolescentes guarras se sientan en la acera de la calle y se quedan con cara de idiotas absortas en el panel de reflexión.

Saturday, January 21, 2006

Medellín. 3

Scratched en una mañana nueva, una ciudad apenas aparente. Las manos llenas de manchas de sangre y sólo pensar que los zapatos traídos no combinan con el traje. Lain ofrece el café y recuerda lo necesario que era prescindir del par con el fin de dar espacio al mini laboratorio de nano-armas biológicas. "Pero me veo ridículo"- Le replico. Se devuelve y se ríe: ay Luis, para verte ridículo sólo te bastas a tí mismo, no culpes unos pobres zapatos gastados de gamuza, ellos nada tienen que ver con tú ridiculez innata. Maricones se revolotean afuera y reclaman para sí mismos bananos y amores del trópico que nadie accede. "Cállense" - Grita Spider Lain. Estoy en el baño, concentrado en el mármol que falta para completar la serie de treces intercalados y empiezo a sentir ese ardor que viene desde la atmósfera silente. Como si de repente la cinta de la realidad empezara a crujir mientras quema los estratos más inconcientes de nuestro ser en medio de nuestras matrices más arraigadas. Lain llama a la puerta: estás bien artiste? Respondo: He sucumbido al buscar tu interior, como si estuviera inserto en una extraña Pscyence Fiction. Infinita tristeza inexplicable me tumba al suelo, sin oportunidad de esquivar el golpe. Lain me levanta, me da aire, los maricones que gritan en la calle, el sonido de las tablas de los chicos que practican el skateboarding, el olor a bazuco de los vagabundos. Braukunst se acerca, pregunta por nuestra situación y nos informa de la cita en el Museo de Antioquia. Una misión peligrosa pero compensatoria. No entiendo nada pero Lain me tranquiliza, pan comido, repite incontables veces. Lain se dispone a servirme de cicerone en una ciudad/provincia que se contrae en medio de la más horrible asfixia y contaminación. Atravesamos un par de cuadras en esa farsa de tres estaciones, pretenciosamente llamada Metro, no sin antes detenernos en los sensibleros murales "sociales" de Pedro Nel Gómez. Uno en especial provoca risa, en el cual se percibe la figura de un minero fortachón notablemente afectado hasta las lágrimas por el mal trato de sus jefes. La figura es caricaturesca hasta el absurdo, nos apretamos conjuntamente el pecho con Lain y dejamos saltar un estruendo que rayaba en el vómito de lo que recién presenciábamos pero no éramos capaces de retener en nuestro juicio. Antes de llegar al Museo, vemos que contamos con tiempo y nos sentamos a tomar un brandy en un viejo cafetín del centro. El cafetín está ocupado casi exclusivamente por viejos maricas, un par de maricones jóvenes que se arreglan apenas reconocen las sombras nuevas, una vieja obscena que acomoda sus tetas caídas y otra vieja amargada. La música de corazón no puede ser más apropiada, reconozco una de Leo Dan en el intervalo y los pasos tristes de la vieja caída en desgracia que aún se resiste y deja escapar una mirada de pura lascivia al cliente que va entrando al extraño cubículo de espejos roídos y depravados. "Puta sin resignación" Exclama Lain.

Wednesday, January 18, 2006

Medellín número 2

Domingo 8 - Viernes 13

AL llegar a casa desempacamos maleta y desarmamos a Lain. Lain se cubre de seda y ahora parece transformarse en una incesante araña voladora, desafiante, misteriosa y rutilante. Braukunst parece un poco decepcionado al encontrar sus típicas guaridas cerradas. El fisco se ha puesto más arrogante en estos días y las medidas extremas nunca dejan de ser oportunas en estos tiempos de escasez y carencia emocional. Nikka lía un cigarro y tal vez para distensionar el ambiente programa Beth Gibbons en el cd player. Paseo por el apartamento encontrándolo semejante al de Fernando en La virgen de los sicarios, en la adaptación por Barbet Schroeder al cine. Al igual que Alexis se me antoja arrojarme al suelo, pasar la tarde viendo cartoons por tele. Pero ya es de noche, todos andamos agotados, ebrios y paranoides. Pedimos chop suey para un mes y nos acostamos.

Saturday, January 14, 2006

Medellín

Domingo 8 - Viernes 13.

El día anterior Lain aparece en las wires: "Parto a Medellín mañana a primera hora". Lo más seguro, mientrás caía la lluvia sobre mi cabeza y por consiguiente se agravara más la gripe que la noche anterior me había desvelado, era que la siguiente sería una muy tediosa semana puesto que no creía reunir el dinero necesario para poder acompañarla.

Mi padre llama mientrás consumo café con leche en la tienda asquerosa. Puedes ir muchacho, me dice. Todo parece ir marchando lentamente. Una nueva conexión. Espero la respuesta de Lain. A veces se pierden las telecomunicaciones, pero siempre se renuevan tras unos minutos de matusalénica espera. "Está bien, puedes ir. Mañana a primera hora en Tequila Ice".

A las 8:10 de la mañana del Domingo vuelve a aparecer en las redes. Estoy atrasado y le pido algo más de tiempo. Lo otorga sin mucho entusiasmo. Voyageur. 8:20 de la mañana, por primera vez se puede apreciar la simpática figura de quien en tiempos anteriores hubiera pertenecido exclusivamente a las pantallas de juegos de video. Salta hacía mí con una doble patada mortal y le propongo recompensar el tiempo perdido en la cafetería de los reflejos en los cristales. Ella pide un café con leche y un pan de bono (las diosas también comen pan de bono), yo pido un tinto doble. En ese tiempo, mientrás yo me encuentro absorto con las pericias del Fresh Prince ella empaca sus armas en mi maletin de viejo beatnik trasnochado.

Tomamos un taxi hacia el norte. No demoramos mucho en llegar al viejo edificio de conspiraciones satelitales. Tocamos y una vieja bruja se acerca con los suministros. "Es hora de partir chaval" Exclama Lain antes de salir corriendo. La alcanzo antes de interceptar el automóvil. En el interior del coche VW se encuentran la hermana, Nikka, junto su esposo, Michéle Braukunst, el cual conduce.

Nikka hace el conteo de las armas y provisiones que trae Lain. Braukunst me inspecciona con su mirada rígida mientrás enciende un cigarrillo Laramie. "Cómo sé que no eres un soplón de la pasma". Le respondo sin titubeo: carezco un síndrome de desconfianza inmediata que provoca que ningún Poli crea una palabra de lo que digo. Nikka sonríe. "Deja al crio tranquilo, si lo trae Lain no causará mayor problema".

El pequeño VW no parece poseer la potencia suficiente a la que el inclemente Braukunst lo somete. Los demás carros tragan el polvo de nuestra estampida salvaje mientrás se vuelven diminutos a la distancia que les sometemos. Volamos a través de los baches del Magdalena Medio, el olor a gasolina lo es todo, Lain sale por una ventana y le apunta el dedo corazón a una vieja primitiva que suelta temblorosa el rosario que hace poco sostenía. Bad boys. El sol sobre nuestras cabezas, jazz bebop a todo volumen haciendo de los kilómetros cosa del pasado. Una ardiente botella de tequila circulando el interior del endiablado coche. Lentes oscuros que aplastan el imponente sol de la tarde. Una carretera eterna que aparece y desaparece en los paisajes de selva ardiente en cuartos oscuros de filminas quemadas.

A las 6 de la tarde el sol muere y la ciudad desbarrancadero nace. A través de un extremo de la carretera, en cercanías a la comuna nororiental, puedo observar la figura prepotente y morena de un chico al que le llaman Rodrigo D. No Futuro. "Oye Brau... para el coche un momento". Me acerco a su miseria, le pateo las bolas, le abofeteo su estúpido rostro, escupo sobre él y recuerdo que en algún instante poco cierto D. No Futuro se llamó toda una furia, un desencanto manchado, una no-salida: D. No Futuro se llamó un pelaíto que no duró nada pero sigue latiendo y expeliendo un olor amargo a quien pasa por sus costados.

Saturday, January 07, 2006

Viernes, 25 de noviembre. Conoces el crystal?

La luz escarlata invade el espacio rojo de la habitación. El labial es todo y algunas latas de cerveza arrojadas al rincón sudeste del cuarto. Un espectro pálido aparece en el paisaje. Se trata de un escuálido hombre sin camisa y pelo enredado. Se asoma a una incierta ventana y percibe el aroma del alba renacido. Se observa que la flácidez le invade todo su ser como si un peso interno le aprisionara la conciencia. Se arroja de nuevo al cuarto. No le ves pero sientes que llora. Un llanto aún más fuerte tal vez por su impulso violentamente retenido. Es el día de un hombre joven triste que amanece en el horizonte de una ciudad indiferente. "Lo que realmente me conmovia en esa mañana" - confesaría dos horas más tarde en el desayuno " fue la certeza de saber que esa estrella del alba ya no iba a significar lo mismo en las mañanas que venían". Al tomar el bus sentía una rabia interior, un desprecio generalizado, aún sin explicar las fuentes de su propio oprobio. Si alguien volteaba a verlo sentía que debía estar más pálido y demacrado que de costumbre. Los audífonos servían para aislarlo de los estúpidos ruidos habituales de la mañana. Aún quería sentirse aislado del estúpido ruido no sonoro de la vida que transcurría por los cristales del bus en que iba. "No iba en un bus de personas, se lo puedo asegurar, iba en un móvil de zombies". En la Universidad no encuentra a nadie más que los habituales adictos que deambulan por los callejones buscando amigotes, compinches y alcahuetes que puedan acolitar su jornada habitual de destrozar sus hígados. En Oma se siente frío y vulnerable. Llega tarde a la proyección de los trabajos finales. Al llegar no tiene sino ansias de vomitar su miserable punzada en el corazón. Nadie entiende, nadie realmente puede entender qué es lo que significa querer a veces ir por el camino de los buenos sentimientos aunque esto implique arruinar los sentimientos de otros. Frases de cajón? Te parecen frases de cajón mis miedos? Qué soy yo más que la ruina de una frase de cajón? Y mi tristeza.. a qué orden pertenece? Es real? Es sincera? Wandering Star. Luis exclama duro para que todo el salón escuche: quiero que Cermeño vea el corto. Se sienta en la primera silla que ve y resulta próxima a las sillas de las chicas lindas. Ellas lo voltean a ver con intriga, él esquiva esos estúpidos ojos fálicos. Se vuelve a proyectar el corto de Luis. Se piden opiniones del corto, él no da ninguna. Luego se proyecta R-ojo. Esta vez, en una pantalla más grande, puede contar los innumerable horrores que se produjeron y siente pena por el falso gusto y consentimiento de los otros. Paola se ve muy contenta y satisfecha con el producto final, él se siente distante (del sentimiento) de su amiga. Sale temprano del salón oval para asistir puntual a la cita con su mala amiga. Llovizna, el día se ha puesto tan gris como su semblante. Siente la humedad como un fresco alivio en sus resecos labios. Su mala amiga tarda en llegar como es de costumbre. "Si por lo menos fuera linda, la espera valdría la pena" Encuentra de nuevo a Paola. Paola está con el grupo de Topo. El grupo de Topo quiere festejar la buena nota y el final de semestre. Él promete acompañarlas más tarde. Buscan un sitio pero todo está colmado. Deambulan tontamente un buen rato. La mala amiga llega. Él la introduce con Paola. La mala amiga es mala persona y es mala mirada. Paola se aburre después de un tiempo y no demora en contactar un viejo amigo para esquivar el mal ambiente de la mala amiga. Libby aparece. Espera a otro amigo. Esperan en comunión. Él confiesa que esquiva a Jay. Jay no tarda en aparecer. Él promete acompañarlo más tarde. "Más tarde era la expresión de hastío en ese instante". Jay se pierde en la penumbra del sol de 4 de la tarde junto a Libby. Jay vuelve y él lo introduce con la mala amiga. Sabe, por malicia, que los dos están hechos de la misma materia. Como era de esperarse, la mala amiga se siente atraída por Jay. Él se siente satisfecho de su pronóstico. De la improbabilidad aparece la hechizada figura de Linda Lee. Está deshecha. Cree que su semestre se ha ido a la cloaca. Ni siquiera le dirige la palabra a él. Él ahora siente que sobra, más que de costumbre, estorba, fastidia. Lain tarda 12 minutos en dirigirle la mirada. Su comentario provoca mayor rechazo en ella y puede ver cómo se desvanece en su desprecio. "Sólo quería darle a entender que estaba con ella.... nada más tonto, siempre estamos solos" Le gritan desde un coche. Él no escucha. La mala amiga lo empuja con el firme propósito de hacerlo ver en ridículo. Él acude al llamado no sin antes hacerle entender con la mirada a la mala amiga, Angela, que le disgusta sobremanera sus modos bruscos. Sabe que Angela no interpreta esa mirada como él desea y se va cabizbajo a atender sus negocios. Parten hacía el crepúsculo de la derrota cantada de Lain y él permanece en un reverente silencio ya entendido que sus palabras no agregan más que repugnancia a los oídos de Santa Lain. Llegan hasta La Macarena. Al entrar se percata de la existencia de dos chicas hermosas que toman cerveza y esperan plan para la noche. Sabe que son hermosas a priori, no insiste en comprobarlo y no se atreve a mirarlas. Sabe que una mirada puede ser una cachetada al ego maltratado de ella. No quiere maltratar más lo que ya deshecho anda. Quiere matar a todas las chicas lindas, quiere matar a todos los profesores que la han jodido, quiere patear a sus amigos traidores, quiere haber estado en ese momento con ella, levantarse y decirles a todos esos gilipollas "este es el momento en que ustedes pueden aplastar a alguien grande, porque saben que no son nada al lado de ella, ella que es genial a pesar de ustedes, ella que les recuerda lo poco a lo que han llegado en su vida: expriman este instante en todo su esplendor, pues otro grande como ella jamás surgirá en sus precarias vidas" La perra de su mala amiga asume la pose de estar más allá del bien y del mal. Ahora dice que "lo académico" poco vale.. ella que lloraba ante un tres, ella que trasnochaba por el reconocimiento de su patético decano alemán, ella que lloró ante las envenenadas palabras de él cuando un día despectivamente dejó caer El Anti-edipo en la mesa y le sentenció: jamás esas guías que te devoras como mandamientos sagrados te harán entender las palabras escritas en este libro. Ahora ella quería aparentar una desfachatez aparente en el verdadero dolor de Linda Lee. Pero las palabras de él no eran bien recibidas y en silencio quería matar a todas las pequeñas cosas que infligieron dolor a lo que más amaba. La mala amiga finalmente parte, aparentando tener mejores cosas que hacer. Los dos que quedan saben que realmente no va a ningún lado. Los dos que quedan se abrazan un rato y escuchan en silencio el cd de Joy Division que recién acababa de quemar él para ella. Al oscurecer bajan a inmediaciones de la Universidad. Buscan algo qué comer. Él sale y acuerda una cita para el día siguiente. Al volver encuentra a Leo junto al chico que a todas las chicas encanta con su aspecto de idiota. Leo le informa que Jay está adentro. No demora Jay en salir y saludar. Entran finalmente al sitio. Está Paola algo ebria junto a su viejo amigo, algunas muchachas, algunas conocidas por miradas, otras desconocidas enteramente, está el profesor junto a una linda pretendiente, Leo y Jay. Jay le habla sin motivo alguno del Dow Jones a Lee. Leo confiesa que jamás se sintió tan a gusto con un hombre tan femenino como él, él que se sabe las canciones de Britney Spears, él que puede hablar jocosamente del mal gusto de sus amigos para vestir y peinar, él que está al límite de un implante de senos. Lee se aburre pronto y le pide largarse pronto. Ella trata de acordar alguna cita con alguna amiga, es necesario para ella recobrar un poco de aliento con alguna vieja amiga y él no parece ser para nada alguna vieja amiga. Ninguna de las viejas amigas aparece y ella decae silenciosamente. Intentan devolverse pronto a casa. Finalmente la convence de estar junto a él otro rato. Se devuelven por un oscuro paisaje que le hace sentir estar en el fondo de otra ciudad que se mueve a otro ritmo. Diminutas gotas recorren los cuerpos de la pareja. Ella busca los techos. Al bajar por la misma calle interceptan al Wintermute. Él grita entusiasmado: Winter. Un muchacho de cabeza rapada se devuelve junto a su pareja, protegidos de la llovizna por una oscura sombrilla. Entablan una conversación breve y concisa debido al clima y al horario de los cinemas. La pareja en sombrilla sigue su rumbo, la pareja sin sombrilla se da cuenta que no tiene rumbo en Night City. Terminan en Corner. Se hacen en una esquina. Piden mucha música de New Order para percatarse de la poca música que en el bar tienen de New Order. Entrada la noche unos niños bonitos se sientan en la mesa de atrás. Él se da cuenta del buen dinero con el que cuentan y por un momento tiene el impulso de mancharse la conciencia. Al parecer ellos se dan cuenta. Lee va al baño y los niños bonitos dirigen la conversación hacía la presencia de Kerberos. Empiezan a discutir sobre la desconfianza que les generan los punks. Kerberos se retuerce: "estos chicos desconocen que no soy un punk al igual que ignoran que Tool no es una banda de punks. Tampoco saben que si fuera realmente un punk ya su dinero no reposaría en sus bolsillos y seguramente su belleza tampoco en sus rostros". Kerberos permanece en silencio temblando de odio. Ahora los lindos se percatan de la herida que marca el rostro de Kerberos. Empiezan a comentar odiosamente la película de Brian de Palma, Scarface. Antes se hubiera sentido elogiado ante la comparación, ahora se siente denigrado. Por qué es que la gente se siente con el derecho de salar las heridas? Qué es lo que hace que ellos se sientan tan lejos de él como para burlarse no estando sino a una sola gota de que la locura desborde del corazón de Kerberos y termine volviéndolos uno como él. Lee vuelve y Kerberos deja de lado el horror que recorrió su alma unos segundos antes. La noche se vuelve más negra. En un bar extraño terminan rodeados de hip hoppers. Bailan un rato y se pierden en los ritmos de canciones familiares a la radio. Lain se ofrece dejar a la señorita Kerberos en el bus. Ella se pierde en el corazón de Night City. Se encuentra con una vieja profesora, la saluda desde la distancia y sigue. Cae agotada en una silla de una tienda de mala muerte. La bruja que atiende la espanta groseramente. Él hubiera deseado estar en ese momento para matar la grotesca vieja. En el camino ella se encuentra con un gordo estúpido y canalla care culo. Él hubiera deseado estar en ese momento para escupirlo y matarlo. Ella llega adolorida y triste a su casa. Él hubiera deseado con todo su corazón estar junto a ella, pero ya estaba muy lejos.

Monday, January 02, 2006

Miércoles, 23 de Noviembre.

Si el tiempo concediera el instante en que el abejorro se contrajo, tal vez, sin más tapujos que el que ofrece el orden de un discurso que se destroza a sí mismo, cuántas veces se tiene la ocasión de llorar a uno mismo, te preguntamos. Y tal vez tu respuesta no exista. Conecté mi cabeza a un licuador de sentidos, luces de carencia, para a l e l o. Tu intervención en ella. Laura me reclama una vieja añoranza de palabras en el televisor de la plaza intermitente de las flores marchitas. Y era cháchara y basura para su mejor amiga que ahora refulgía en sendas noches de negación a sí misma. Pero siempre había sido lo mismo, sólo que señorita Luis no lo reconocía en ese momento de luces halógenas en la ciudad derrotada de un abismo que era él en esa racha. Si esa pantalla revelaba costas de confort asegurado, se estropeaba la nariz en noches que parecía morir sin retener distancias. Qué otra cosa no fuera la muerte a Marilyn si no la sonrisa negada por el moreno Salinas? Cada puta en esa zona sabía cuidar su culo a su manera. Pero las letras llegaron a Laura como un estallido inesperado de ser en sí misma sin preparación para la pequeña muerte que le depararía en Bahía Cochinos esa tarde. El sol era rojo en los ojos de un muchacho algo pervertido que se hacía diversión en la maña de molestar a las turistas italianas. No existía el momento más propicio para tomar sus cosas y largarse pero ebrio de licor y desamor Laura había procurado por continuar el paso de las horas. Alguien descubrió su mirada muerta y lo delató a las autoridades impertinentes. El profundo frío de Chapinero no demoró en cubrirle su rostro y el sudor de ansiedad penosa empezó a descubrir su vieja piel tras la máscara. Te veo enfermo, le replicó la profesora. Su color no era distinto al color de un viejo mármol de baño público. Llamó por su teléfono móvil a Luis, terminaron por beber un barato ginebra en un oscuro y sórdido bar de metal. Marilyn encaprichaba a los habitantes de paso con sus fragancias a paisajes exóticos de una sensualidad socarrona. Quién daba razón ahora del vuelo de ese abejorro atormentado que ahora se escondía en las sonrisas de mujeres pendencieras que abrumaban las tardes de vaho ilusionista y actos de drama desmedidos? El sobre la cabeza de los normales, el sol sobre las noches, el sol sobre el recuerdo que mataba en vida las mejores ideas de Laura. De nuevo en una situación de emergencia. La Calva adhiere un poco en el ritmo de las horas. -Nada que aprendes. De ese modo su mejor amiga desatendió el asunto al llamado de las ninfas. La luz quemaba en hordas de infección la retina letrada de Laura. Madame Luis desaparecía al instante en que el temor parecía llamarlo por su nombre. El doctor Injerto se divertía a expensas de la historia clínica. Hola, mi amor, acá estoy... Hola!. Siempre se enfrascó en el cristal húmedo de los años. Y llevábamos miles de años consumiendo sustancias tóxicas y follándonos en comunión. Ten en cuenta que yo estaba allí. Pero de allí nadie salió cuerdo. Ten en la cuenta de mis días mi estancia en la comunión perpetua del sexo que me negaba. Los ojos que eran para ver también sirvieron como agujeros en los casos explícitamente necesarios en que no entendíamos la razón de la dirección en que se encaminaba su objeto grosero. Me parece recordar de nuevo los años de cocaína, ron y coca cola, las 4 amigas coordenadas y el vecindario de los muertos. Sabes? No fueron años en que sintiera haber sido humano. Era como una gran roca que aspiraba y sentía hambre, el más puro deseo de consumir y ser consumido. Y mi consumidor se llamaba Arwe. Y mi distribuidor se llamaba Arwe. En los momentos más patéticos usabamos grandes lentes de sol para disimular las ojeras que delataban la vulgar apetencia por la sustancia. Donde el mar reposaba nosotros parecíamos desafiar los límites del ensueño y descubríamos nuevos parajes, nuevos modos de comunicación y entonces empezaba a experimentar viejos recuerdos de telepatía perpendicular. Recuerdo también haber sido rebautizado por las chicas que jamás estuvieron: me decían El Diablo. Entre ellas Marilyn era la más atrevida. Posaba su lengua ardiente en mi trasero cada vez que no la dejara llorar a la sombra de un mal amor no correspondido. Laura era la más introspectiva. Finalmente todos descubrimos que carecía de sexo. Nada más cercano a un angel había visto en vida. Un angel que rogaba por su corrupción y aniquilación entera: una bomba antimateria para mí como cena, por favor. Su mejor amiga era la chica de los ojos carmelí y la sonrisa estropeada. Ella era el paraíso perdido. Mi mayor pecado fue haber entrado a su órbita sin previsión alguna de su muerte interna. La señorita Luis soñaba con hacer cine para gente desfavorecida, es decir, para sí misma. Su mayor falacia consistía en creer que no era una chica y pasar su homosexualidad de manera descarada y grotesca sin un tinte de maquillaje. Yo no era la quinta, sólo desaparecía y aparecía según conveniencia. Yo no tenía nombre ni manera de hacerme llamar. Nunca supieron de mi existencia de no ser por los malos sueños que les levantaba mojadas en sudor, lágrimas y excitación. Alguna vez me rebautizaron El Diablo pero tampoco de ello tenían idea las 4 amigas. Soy culpable y pregunto por la suerte del abejorro. La suerte en el tiempo que hubo de transcurrir entre el momento que lo creé y el instante en que se perdió de mi ficción.